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sábado, 31 de diciembre de 2011

¡¡¡Feliz 2012!!!

Ya estamos en otro año. Y parecía que este no iba a acabar nunca. Mi embarazo, parto y estenosis aórtica congénita de Iván me lo han hecho muy laaaargo. Ahora a pensar todo bueno. Nuevo año, ilusiones nuevas.

Lo partimos en casa de mi suegra. Me puse un poco guapa porque normalmente no veo motivo, pero en Navidad y Noche Vieja me pareció una buena ocasión.

Llegamos del belén gigante a casa para poner la calefacción, porque luego iba a volver con el bebé de madrugada. Daniel iba a quedarse a dormir con las abuelas, pero dejarles también a Iván me parecía abusar. Subí yo sola mientras Raúl me esperaba en el coche. Tuve que cargar a Iván a toda mecha porque estaba muerto de hambre. Afortunadamente Daniel estaba roncando plácidamente en el coche. Lo que iba a ser cuestión de diez minutos se alargó lo indecible: dar de comer a los gatos, encender la calefacción, coger pañales, más ropa de recambio para Daniel, unas cuantas cosillas más que me parecieron totalmente imprescindibles...Total: más tiempo de la cuenta. Con niños nunca se llega pronto a los sitios.

Por fin llegamos a casa de mi suegra. Comimos estupendamente y alguien habló de que el niño se tumbara a dormir una siesta, pero no era una opción después de la cabezadita del coche, así que estuvo hiperactivo durante toda la tarde. Mientras la abuelita Chari hacía la cena, la bisabuela Paca se sentaba tranquilamente a descansar, papá Raúl jugaba a juegos de mesa con su hermano... Mamá Dácil se ocupaba de las dos fieras con ocasionales ayuditas de los allí congregados. Hubo un momento en que mientras con un pié mecía a Iván en el cuco del cochecito, en la otra pierna tenía sentado a Daniel reclamando mimos y por una oreja oía a mi marido invitarme a jugar con ellos. ¿¿Y con qué juego?? ¡¡¿¿Con la nariz??!! Raúl se hizo cargo de la situación. Colocó a Iván en un lugar estratégico de la mesa para que yo pudiera mecerlo mientras clavaba la vista en el tablero. Mientras él despistaba un poco a Daniel. El mayor de mis hijos se cansó enseguida de la estrategia de su progenitor y se fué a darle la tabarra a su abuelita a la cocina. Por fin pude jugar una partida a un juego. Se llamaba Safari y era muy entretenido. Todos los jugadores veían la carta de un animal no muy conocido y tenían que adivinar de qué país era, su longitud, su peso, longitud de la cola... Cómo engañaban los dibujos de los bichos. Claramente no gané. Pero me lo pasé muy bien.

Cuando la partida se acabó oí llorar a Daniel en la cocina. Se había portado mal tirando cosas a la abuela y ésta le había reñido. Reforcé la regañina mientras le llevaba a hacer pis. Un buen rato después Daniel nos enseñó su dedito al grito de "pupa". Tenía una enorme ampolla. Lo más seguro es que se hubiera quemado con el horno, pero nadie recuerda haberlo visto acercarse a él y tampoco el niño se puso a berrear de dolor cuando se quemó. Tendré que pínchársela, pero lo dejo para mañana porque no me apetece pelearme con él.

Finalmente se fue a dormir casi a las once. Iván estuvo un poco pesado con sus lloros, pero también acabó cayendo más o menos a esa hora. Yo me metí a acostar a Daniel. Me tumbé a su ladito y cuando estaba a punto de traspasar el umbral de los sueños, me llamó mi marido para tomarme las uvas. ¡Me las había pelado y limpiado. ¡Qué amor de hombre! Cómo todos los años hice trampita y empecé a comérmelas en los cuartos. Es que si no me atraganto.

¡Por fin habíamos pasado de año! ¡Feliz 2012! Besos para todos y a brinda con un vino blanco espumoso que había traído mi cuñado de Francia. Ummmm. Buenísimo.

Feliz año a todos. Que cada día esconda una sorpresa maravillosa que nos haga mejor personas y más felices. Que olvidemos las cosas tontas y nos concentremos sólo en lo importante. Que queramos mucho y que nos quieran...

Y que pueda dormir al menos siete horas seguidas alguna noche de este nuevo año que entra, porfiiiiiiii.

Cómo el bebé había cogido un sueño muy profundo estuve esperando hasta la una, pero ya no pude más y le di el biberón dormido para irme a casa con él. No aguantaba más con los ojos abiertos. Raúl se quedó jugando a los juegos de tablero con su hermano. ¡Qué vicio!

En la calle parecía que eran las seis de la tarde en vez de la una y pico de la madrugada. Muchísima gente iba de un lado a otro. incluso niños y bebés. Llegué a casa sin problema. Me las prometia muy felices, pero Iván tenía otros planes. Darme la matraquilla durante lo que quedaba de noche.

El belén gigante







Parece que a Daniel le llaman mucho la atención los belenes. No podemos llegar a la guardería sin hacerle una visita la que han montado en el vestíbulo. Y cuando nos vamos... Más de lo mismo. Podría pegarse horas pegado a las figuras navideñas. Muchas veces me lo tengo que llevar a rastras.

Por eso decidimos hacer una excursión de tintes navideños para aderezar un poco las aburridas vacaciones del pequeñín. Nada mejor que el belén gigante de San Lorenzo del Escorial. Se trata de un montón de figuras de gran tamaño distribuidas por las calles principales del pueblo.

Al principio a Daniel le dieron un poco de respeto. Incluso en algún momento gritó: "Sutoooo", pero finalmente se fue emocionando con el nacimiento, las jirafas, el molino, el horno de pan, el rebaño de ovejas, el burro caído en las escaleras... Y terminó disfrutando el día.

Vimos sólo el grueso del belén, nos comimos unos deliciosos sanwiches y volvimos corriendo a Madrid habíamos quedamos a comer en casa de mi suegra.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Las fieras de mis niños


Las vacaciones de Daniel no han sido tan terribles como me esperaba. Incluso ha habido momentos entrañables. Por ejemplo cuando jugué con mis niños a la cocinita. Daniel cocinaba y nos daba de comer a Iván y a mí. Le acercaba la comida de plástico a su hermanito y éste sonreía encantado.

También ha habido momentos negros. Ahora mismo me viene a la memoria una vez que Daniel se hizo caca en los pantalones, se movió muchísimo mientras le limpiaba y acabó ensuciando muchísimas cosas. De fondo tenia los alaridos de Iván que quería bracitos. Un horror.

Raúl me ha ayudado mucho. Todo lo que ha podido teniendo en cuenta que tiene que trabajar.

Lo importante es que creo que lo tengo controlado. Más o menos.

El anestesista


Hoy fuimos a ver al anestesista. A mi me sonaba raro que nos citaran a una semana y media de la posible fecha de la operación. Cuando llegamos y la enfermera nos pidió una analítica inexistente empecé a olerme que sólo era un paripé por tenernos tan abandonados. La cara de la anestesista cuando le dijimos la fecha de la operación me confirmó mi sospecha. La pobre no sabía que decirnos.

Al final terminó hablándonos de la operación. Lo que tendría que haber hecho el cirujano. El caso es que al peque nos lo tendrían ingresado mínimo una semana y probablemente más de quince días. Los primeros días estarían en reanimación hasta que respondiera bien. De la operación saldría completamente entubado. No nos lo explicó para que no nos asustáramos al verle.

Nos dió un bajón a los dos tremendo. Raúl hasta se mareó. Yo creo que fue del calor infernal que hace siempre en ese hospital, pero el dice que era del mal rollo que le estaba entrando. Al final nos fuimos con mal cuerpo de ahí y preguntándonos por qué se empeñaban en amargarnos las Navidades de esa manera. ¿No nos podían haber dicho todo esto más adelante? La nueva fecha que nos han dado es para el nueve de enero. Y con tanta antelación lo más probable es que nos la vuelvan a cancelar.

En fin, seamos positivos y pensemos que nuestro pequeñín por fin pasará por quirófano y que pronto estará en casa como nuevo. Si nos lo hubieran operado la primera fecha que nos dieron ya sería sólo un mal recuerdo.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Papá cuida de los niños

Un día de estas Navidades Raúl decidió quedarse en casa para echarme una mano con los chiquillos. "No te preocupes. Haz lo que tengas que hacer que ya me ocupo yo de todo". Sin creermelo me metí a limpiar la cocina. A los cinco minutos ya tenía ahí a Daniel enredando. Lo saqué a rastras y busqué a mi marido. Pensé que estaría con Iván, pero no. Estaba sentado frente al ordenador.

"¡¡Raúl!!" exclamé con un tono poco amistoso. Me volvió a asegurar que se ocuparía él de todo. Bueeeno. Otra vez con las manos en la masa.
De repente oigo a Iván protestar un poco. Decidí echar un vistazo por si acaso. Cual no sería mi sopresa cuando me encuentro al bebé en una hamaquita y a Daniel haciéndole carantoñas casi encima de él. Del padre ni rastro. Sentí que las venas de la sién me latían a mi por hora. "¡¡¡¡RAÚUUUUL!!!"

Mi querido consorte apareció como si tal cosa. "¿Qué pasa? ¿Qué pasa?" me dijo tan tranquilo. "Nada, nada. Que tu primogénito está a punto de aplastar a su hermano. Como ves pocas cosa" le contesté sarcástica. Me dijo que era una exagerada. La gota que colmaba el vaso. Le enuncié una retahíla de accidentes funestos ocurridos entre hermanos. Es lo malo de trabajar leyendo periódicos, que te enteras de todos los sucesos. Al final me dio la razón, pero ya no me volvió a convencer de que dejara a los niños en sus manos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Hasta pronto mami, no tardarás en volver

La abuelita Matilde se ha ido a Las Palmas, porque visto lo visto la cosa se alarga y no vemos el final para que operen de una vez a Daniel. Mi madre tiene cosas pendientes que resolver en su hogar y también tendrá ganas de estar con sus otros dos hijos y su querida nieta Natalia. Ella me asegura que ahora la importante soy yo por lo que estamos pasando, pero entiendo que nos quiere a los tres por igual y también le apetece pasar parte de las Navidades con mis hermanos.

Se ha despedido de Daniel con tristeza porque se lo pasan muy bien juntos, pero no creo que pase mucho tiempo hasta que se vuelvan a ver porque algún día nos tocará a nosotros pasar por quirófano. Es inevitable.

martes, 27 de diciembre de 2011

Pintando con papá


A Daniel le encanta pintar con su padre. Raúl dibuja uno de los personajes favoritos del peque y él los pintarrajea. Tiene suerte de que esto de pintar se le dé bien a mi marido. Yo sería incapaz.

El chiquitín disfruta haciendo rayajos sobre el dibujo. Papá le va pasando los lápices. "¿Quieres el rojo?" le pregunta. "Sí, sí, síiiiii" Contesta entusiasmado el pequeñín. Y se afana en dejarlo lo más bonito posible.

Cuando llevan un rato, su progenitor le pregunta si ya está acabado. A veces dice que sí y lo cuelgan en la pared de una estantería. Y otras dice que no, con lo que Raúl le pasa otro lápiz de color para que siga con su obra de arte.

Ya tiene un buen montón de cuadros adornando la estantería.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Lo operan, no, lo operan, no...Esto es un cachondeo

Ya me han vuelto a llamar de cirugía. Me dijeron que el cuatro de enero me daban fecha, pero a la media hora llamaron a mi marido para decirle que no, que se había vuelto a cancelar y que nos retrasaban al nueve. Me llamaron primero a mí, pero con los dos fieras no oí el móvil.

El caso es que al final me lo vacunaron de la gripe y resfriados in extremis y todavía no tiene cita con el cardiólogo. Me dijeron que llamara el dos de enero para pedirla. Pienso llamar aunque al final me lo operen de verdad el nueve. No quiero arriesgarme. Iván lleva ya más de un mes sin revisión.

Espero que esta vez sea verdad. Me da mucho miedo que metan a mi hijo en el quirófano, pero con tantas cancelaciones casi me están haciendo desearlo. Mañana le tengo que llevar la anestesista. ¿Será eso una buena señal? Sera la definitiva. A ver lo que no pudo Papa Noel lo consiguen los Reyes Magos.

domingo, 25 de diciembre de 2011

El cumpleaños de Raúl


El lunes fue el cumpleaños de mi marido. El día anterior, el de Navidad, me había quedado en casa porque no tenía ganas de fiestas sino de tranquilidad, y al final me pegué toda la mañana haciendo las páginas del chino y toda la tarde haciendo la tarta de cumpleaños de Raúl (Tarta al whisky). Así que no descansé nada.

A Raúl le hacía mucha ilusión invitar a tropecientos mil familiares y como era su cumple me plegué a sus deseos. Estuvimos todo el día preparando la merienda. Intenté dormir un poco, pero la ley de Murphy se cebó en mí con saña y no hubo manera. Así que cuando vía que eran las siete y allí sólo había aparecido al abuela de Raúl torcí el morro. No estaba para bromas con tanto sueño acumulado. Mi marido intentó calmarme porque me conoce. Yo, desde luego, no quería chafarle el cumpleaños, así que me armé de paciencia y esperé, esperé y esperé a que llegaran. Algunos fueron llegando, pero el grueso entró por la puerta hacia las ocho. Yo había puesto a mis niños guapísimos, pero a esas horas ya estaban los dos en pijama.


Daniel se lo pasó bomba jugando con un primo suyo. Aprovechó que nuestros invitados fueron unos tardones para irse a dormir tarde. ¡Nada menos que a las once! Y el día anterior lo había traído su padre de casa de su tía a las ¡doce y media! Venía catatónico el pobre. No se despertó ni cuando le pusimos el pijama. Este niño se me está asalvajando. El día de Navidad le habían regalado cosas muy chulas: unas orejeras de Papa Noel muy graciosas, unas zapatillas de estar por casa, una caja de lacasitos con ventilador incorporado... Y lo mejor un libro superchulo de animales y troquelados. A él le gustó todo. A mí me lo enseñaron todo al día siguiente. A mi también me había traído cositas: una bufanda preciosa hecha a mano y una bola efervescente para un baño de relax (¿¿¿Cuando???).


Al final lo pasamos muy bien en el cumple de Raúl y a los invitados les encantó mi tarta. ¡Menos mal! porque me costó un mundo hacerla. A los niños les di tarta de Nochebuena de dos chocolates y turrón, porque la tarta estaba demasiado calada. Por si acaso...

Jo jo jo ¡Feliz Navidad!




Ya ha venido Papa Noel y se ha ido. Nos ha dejado un regalito a cada uno, pero el mejor es el que les ha traído a mis dos soles. Esta mañana Daniel ha venido corriendo a buscarnos a la habitación. En un principio se ha dirigido a la salita de juegos, pero mi madre ha sido rápida y ha podido redirigirlo a nuestro cuarto.

Toda la familia, excepto Iván que estaba en el país de los sueños, hemos ido a la salita de juegos a ver que nos había traído Papa Noel. Mi niño mayor no ha hecho caso de las zapatillas y se ha dirigido escopetado hacia el regalo de su papá. Dió igual lo que le dijéramos, estaba empeñado en abrirlo él, así que le dimos el gusto. El gordito de rojo le había traído unos ricos bombones de autor. A mami le trajeron un libro didáctico sobre cómo escribir cuentos infantiles. A la abuelita unos preciosos pendientes. A Iván un gusanito de actividades para colgar en un lateral de la cuna. ¡Le encantó! Estuvo un buen rato aporreándolo con locos movimientos de manitas. A Daniel unas zapatillas y una pijama de Spiderman... Y llegó el momento de abrir el gran regalo conjunto para los dos chiquitines.

Nada más rasgar un poco el papel de regalo Daniel gritó entusiasmado. "¡Cocinita, cocinita!". Entonces se puso nervioso y tuvimos que ayudarle a desenvolverlo. A su papi no le resultó fácil montar el juguete con el chiquitín pululando impaciente a su alrededor, pero al final estuvo montada y pudo ponerse a jugar. Papa Noel había acertado de pleno. Era imposible apartar al chiquillo de su juguete nuevo. Lo mejor es que estaba tan ensimismado con su minipimer, su fuego de cocinita que sonaba, los cacharritos... Que nos dejó a los adultos desayunar tranquilos. No puede decirse lo mismo de Iván, que se cansó antes que su hermano de su juguete nuevo y reclamó nuestra atención con grititos desaforados. Mi madre se tomó su café acunándole cariñosamente.

Raúl quería pasar el día de Navidad con su amplia, extensa y juerguista familia. Lo entiendo. Yo soy más tranquila, pero admito que cuando voy me lo paso bien, aunque llega un momento en el que estoy agotada y la fiesta parece no terminarse nunca.

El caso es que este año me supera la idea de meterme de lleno en semejante jolgorio. Menos mal que Raúl ha sido comprensivo. Él se fue con Daniel y yo me quedé en casa con Iván y mi madre. No quiero que se lleve al bebé porque pienso que aún es muy pequeño para meterlo de lleno en la vorágine familiar navideña. El peque es feliz comiendo, durmiendo e interactuando con adultos de forma calmada.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Nochebuena en petit comité




Como yo no estaba para muchas fiestas, la Nochebuena la hemos celebrado en mi casa. Con Raúl, los niños y mi madre. A medio día fuimos a comer con mi suegra porque no la íbamos a ver en casa de mi cuñada esa noche. Daniel se lo pasó tan bien que se saltó la siesta a la torera. Pensé que lo íbamos a pagar caro, pero el niño se portó muy bien toda la tarde. Excepto cuando le dió un cabezazo a Iván que estaba dormido. El pobre se llevó un susto tremendo.

Comimos estupendamente y con el café nos tomamos unos nevaditos caseros que hice con la termomix y que encontré en el blog de Las Cosas de Ana. Estaban buenísimos. Tanto que Raúl se quiso llevar algunos a casa para tomarlos después de cenar con un vino dulce.

Volvimos un poco temprano a casa porque había que hacer la cena. Yo me metí en la cocina mientras Raúl jugaba con Daniel y mi madre se ocupaba de Iván, aunque al final me ayudó un poco en la cocina. La cena la saqué del mismo blog de los nevaditos. La hice rápido porque eran platos muy fáciles. El postre lo había dejado preparado el día anterior.

La verdad es que mis comensales quedaron encantados y yo como una reina. El menú fue: de primero consomé de pescado y mariscos en vaso de cristal adornado con tres gambitas; después salpicón de marisco; de segundo solomillo de cerdo relleno de mousse de foi grass, aderezado con mermelada de cebolla y envuelto en hojaldre; y de postre tarta de chocolate negro, turrón y chocolate blanco con nueces. ¡Estaba todo buenísimo! Daniel casi se duerme encima del postre porque el pobre ya no podía mantener los ojos abiertos. Fue lo que más le gustó. Daba gloria ver cómo se llevaba la cucharita llena de chocolate hasta los topes y se lo comía dos carrillos. Cuando estábamos dando buena cuenta de los nevaditos y el Pedro Ximenez mi chiquitín se rindió. Le llevé en brazos a la cama y se durmió a mitad del segundo cuento.

Entonces recogimos, preparamos todo y Raúl y yo nos sentamos para disfrutar de una tranquila velada frente a la tele. Cuando se tiene dos niños pequeños ver la tele tranquilo es un lujo.

No fue una Nochebuena al uso, pero yo la disfruté al máximo. Necesitaba tranquilidad.

viernes, 23 de diciembre de 2011

¡¡¡Vacaciones!!!

Mi chico ya está de vacaciones. Menos mal que yo estoy de baja por maternidad porque si no habría que hacer malabarismos entre mi marido, mi suegra y yo para cuidar del peque. Cosas de la NO conciliación.

El chiquillo está emocionado porque sabe que el lunes no vuelve al cole y, encima, este fin de semana viene Papa Noel a traerle regalitos. ¿Puede pedir más?

Yo estoy temblando porque me toca cuidar del bebé y del peque sola y durante todo el día. Saldré adelante porque millones de madres los hacen día a día y yo no voy a ser menos (aunque estoy segura de que me dará más de un ataque de nervios de más). Lo que más temo son los lloros en estéreo. Me bloqueo y nunca sé a cual atender primero. Ojalá que estén los dos de buen humor y pasemos unos días estupendos.

La carta a los Reyes


Un día, me encaminaba con mi hijo al parque, cuando, de repente, salió corriendo hacia un buzón. Lo señalaba y muy emocionado gritaba "Reye, reye, cata, reye". No sé quien le habría contado lo de la carta a los Reyes Magos, pero el caso es que lo sabía y él no la había echado aún. "Quieres echar la carta a los Reyes Magos?" Le pregunté. Muy sonriente extendió su manito y me dijo "Dame". Le tuve que explicar que yo no tenía la carta, pero que esa misma tarde haríamos una.

Cómo mi niño aún no sabe leer ni escribir me rompí la cabeza para idear de qué manera podía él contribuir. Al final se me ocurrió coger un catálogo de juguetes, papel, tijeras y pegamento. "Las tijeras sólo las usa mami" le advertí. El se hizo el dueño y señor del pegamento. Yo le enseñaba las páginas, él decía lo que quería y yo lo recortaba y él le ponía el pegamento y lo pegaba en el papel. Más o menos. Lo malo es que lo que le solía llamar la atención eran los dibujos de adorno. Más que los juguetes. Pero el caso era hacer una actividad navideña que le pudiera entretener. La diversión terminó abruptamente cuando me despisté un segundo con el bebé y Daniel se hizo con las tijeras. "¡Se acabó la carta!" Me enfadé.

Pero hoy la hemos retomado porque me ha vuelto a preguntar por ella. Así que nos hemos sentado otra vez a elegir juguetes. Hasta ha mirado un par para Iván. Este chico tiene un corazón de oro. O eso, o que se los piensa birlar en cuanto le lleguen al pequeñajo.

Cuando le he ido a recoger he llevado la carta. Se la ha enseñado emocionado a sus profes y a sus compañeritos. No la ha soltado en casi todo el camino. De vez en cuando se la llevaba yo, pero en cuanto se acordaba me la pedía. De hecho se despegaron una par de juguetes, pero no pasó nada porque le llevé un sobre, así que cuando llegamos al buzón metimos todos los trozos en él y alcé a mi chiquitín para que tirara la carta. Le gustó tanto la experiencia que me pidió otra carta para echar al correo. Le prometí que haríamos otra mientras nos encaminábamos al parque.

Los Reyes Magos en crisis

Había oído decir que a los Reyes Magos también les estaba afectando la crisis, pero no pensé que la cosa fuera tan exagerada. Este año no sólo no les han traído ningún regalito a los niños cuando les han ido a visitar a la guardería, sino que además se han llevado sus chupetes. No hubiera sido una mala idea si hubieran avisado con antelación y no a la salida de la clase.

No me quedó mas remedio que llamar a mi madre de urgencia. "Mamá, que lo Reyes Magos se han llevado los chupetes en el cole y ahora van para casa a hacer lo mismo", silencio de "mi madre se ha quedado a cuadros". "¿Queeeeeeee?" me llegó desde el otro lado del teléfono. Se lo volví a repetir. "¿Que los Reyes qué?" Insistió sin enterarse de la media la mitad. "Mmmammaaaa, tengo a Daniel a mi ladito escuchando atentamente todo lo que digo. Haz el favor de abrir la puerta a los Reyes que van a HACER DESAPARECER TODOS LOS CHUPETES DE LA CASA" recalqué ya al límite de mi paciencia. "Hija, que tonterías dices" me responde tan tranquila. "¡Mamá! Que hagas desaparecer los chupeteeeeees" me giré a mi hijo y añadí "Quiero decir, que se los dé a los Reyes que van para allá". Colgué a mi madre sin tener muy claro si me había entendido. A los cinco minutos me estaba llamando. "Ya estoy en la habitación de juegos, ¿de qué juguetes me estas hablando?" "¡Chupetes! ¡CHUPETES! ¡¡¡¡CHUPETEEEEEEEES!!!" grité exasperada en plena calle. Supongo que la gente pensaba que estaba loca. "Ah, vale, hija. Es que se te oye muy mal" y me volvió a colgar. En fin. Que sea lo que dios quiera.

Una vez en casa, mi madre me criticó duramente la medida de hacer desaparecer los chupetes. Ella piensa que eso sólo hará sufrir al niño, que hay que dejarle con el vicio hasta que lo deje el solito. Me imagino a Daniel con treinta años y sacando de un cajón del escritorio un chupete porque se está estresando. Yo le expliqué que había que quitárselo porque al año siguiente ya iba al cole de mayores y había que quitarle todos los vicios de bebés.

Cuando llegó la noche Daniel se puso como un loco. No quería dormir y clamaba por un pitu con todas las fuerzas de sus pulmones. Agotada le dije que le pidiera el chupete a la abuela que había escondido uno y no se lo había dado a los Reyes. Me giré hacia mi madre esperando que me alargara el chupete, pero se había quedado de piedra y no reaccionaba. "Mami, dame el pitu" le dije. "¿Después de todo lo que me has dichoooo?" protestó. Pero como me vio la cara de cansada cedió y sacó uno de donde los había escondido.

A Daniel el contamos que era un secreto y que sólo se lo podía poner de noche, cuando los Reyes duermen, porque sino vendrían a quitárselo. A Raúl no le gustó mucho la idea "Le va a coger manía a los Reyes. Éste se vuelve fan de Papa Noel" arguyó.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Ajó

Hay que ver lo listo que es mi chiquitín. Con dos meses escasos ya sabía decir "ajó" y te regalaba unas sonrisas estupendas con hacerle un poco de caso. El "gu" se le resiste. Con su hermano fue al revés. No paraba de decir "gu, gu, guuuuu" a todas horas, pero el "ajó" no le gustaba nada. Lo que empezó a decir pronto es el "papapapapapapaaaaa". Yo, por si cuela, no paro de decirle a Iván "mamamamamamaaaaaaa". A lo mejor me sorprende y cualquier día me llama. No creo. A estos bebés les suele gusta mas la "p" que la "m". No sé por qué.

Ahora, Iván tiene dos meses y trece días y no veas cómo se mueve. ¡Qué soltura! Tiene el cuello de un toro y la fuerza de un elefante. ¡Cómo patalea! Y mueve los bracitos como si fuera un molinete. Lo mejor de todo es ver babear a la madre.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La gran perreta

Hoy fui a buscar a Daniel a la guardería como todos los días. Como está mi madre voy sin carrito y al peque le toca ir andando. Son quince minutos largos a paso de adulto, pero Daniel se los recorre como un campeón.

El caso es que el chiquitín salió a mi encuentro con una amplia sonrisa, como siempre. La profesora me entregó el conjunto de láminas y fichas que habían hecho durante el primer cuatrimestre y una felicitación navideña casera junto con las "notas" en las que me comentaban que mi niño había superado los objetivos y que controlaba perfectamente los esfínteres excepto cuando se despista (pues en casa no controla nada). Muy contentos los dos nos sentamos en un banco del cole a merendar y admirar su trabajo. Cuando acabamos le di la manita y nos dirigimos a casa. No habíamos andado mucho cuando al peque se le metió entre ceja y ceja que tenía que volver al cole. Cómo le había recogido muy pronto aún estaban las profes en su clase así que accedí. Entró en la guardería cómo una bala. Vió a una de sus profes y salió del recinto con la misma velocidad. Yo estaba ojoplática.

Una vez fuera, se sentó en el suelo de la plaza y se negó a moverse. No sé que le pasaba. Le cogí en bazos porque quería llegar al parque antes de que anocheciera para que jugara un poco... Y empezó la gran perreta. El chiquillo se puso a berrear como un loco. Menos mal que por allí casi todo lo que habían eran padres y nadie se sorprendió mucho. Agarré como pude al niño y me dirigí a casa mientras sermoneaba con falso tono calmado a mi hijo. Más de quince minutos de trayecto cargando con el culebrilla de Daniel. ¡Con lo que pesa! Y con sus gritos en mi oído. Mi lumbago clamaba al cielo, pero no se me ocurría otro modo de llegar a casa.

A la altura del coche de monedas el peque se calmó un poco y me pidió que le montara. Yo aluciné. "¡¡¿Con lo mal que te estás portando?!! Ni lo sueñes. Te monto cuando te portes bien". Pensaba que la cosa no podía ir a peor, pero fue a peor. Llegué a casa agotada. Solté al chiquillo y me derrumbé en el sofá. Mi madre me miraba asombrada y me preguntó que había pasado. Le conté todo muy enfadada.

Daniel había dejado de llorar. Me puso su mejor cara de gatito y trepó hasta mi regazo con lastimeros "Mami, mamiiiiii". No se puede ser rencorosa con un niño de dos años y medio, así que lo abracé con mucho mimo y le expliqué la situación, aunque sabía que no me estaba escuchando.

Luego estuvo toda la tarde más feliz que unas castañuelas y haciendo de las suyas. Todavía me pregunto que pasó.

Otra vez cancelada

Nada. No hay suerte. Han vuelto ha cancelar la operación. Esto es un sinvivir. He llamado a la secretaria del cardiólogo por si hay que hacerle una revisión al pequeñajo. Con esto de los retrasos va a cumplir el mes desde la última vez que lo vio y me gustaría saber si ha empeorado o no. A lo mejor se está convirtiendo en una de esas urgencias que hacen que no llegue nunca el día de la operación. En fin. Paciencia y a seguir para alante.

Las cosas de Daniel

Este niño tiene unas salidas sorprendentes. El otro día le pregunté que le iban a traer los Reyes y me dijo "Todo", al poco se lo preguntó mi madre y le dijo "Nada". ¿Se habría portado mal y sabría que los reyes traen carbón a los niños malos?

En otra ocasión, le estaba vistiendo cuando apareció su padre y le dijo "Hola guapo". El niño se giró hacia Raúl y le contestó un sonoro "Buuurp". Y no creáis que añadió nada más.

Ayer le dije que le iba a llevar la abuelita a la guardería y en vez de enfadarse me dijo "neda coche, neeeeda coche". Me estaba pidiendo monedas para echar en el coche que hay de camino. Para no discutir le dí una moneda de cincuenta céntimos que se guardó muy contento en su mochila. Cuando le fui a buscar me pidió que le llevara al coche. "No, cariño" le dije "Mamá no tiene dinero". Entonces se paró en mitad de la calle, rebuscó en un bolsillo de la mochila y sacó los cincuenta céntimos "Coche, coche" exclamó triunfal. Ni que decir que tuve que ceder. Encima le tuve que cambiar los cincuenta céntimos por el euro porque es lo que cuesta que se mueva el trastito de marras.

martes, 20 de diciembre de 2011

Otra posible fecha para la operación

Esta mañana no he podido resistir más y he llamado yo a la secretaría de cirugía cardíaca. La secretaria me aseguró que estaba a punto de llamarme. Si no entran urgencias nos lo operan el 27 de diciembre. El 26 de diez a once de la mañana habría que ingresarlo y la intervención se haría al día siguiente sobre las ocho y media. Vamos a ver si esta vez es la definitiva.

La mala suerte ha querido que coincidiera con las vacaciones de Navidad de Daniel. Me da pena que esté en casa sin sus padres, pero las cosas vienen como vienen y lo que hay que esperar es que no nos la vuelvan a cancelar.

La otra historia es mi pobre madre, que se va a tener que pasar las vacaciones en Madrid. Con lo poco que le gusta esta ciudad. Además, está lejos de mis hermanos y fuera de su casa, con lo casera que es ella. Vaya Navidades más raras las de este año.


lunes, 19 de diciembre de 2011

Lloros, lloros y más lloros

No sé que le pasa últimamente a Daniel que ha abierto el grifo y parece que no tiene intención de cerrarlo. Intento calmarlo con besos, abrazos, cariños, ruegos, promesas, gritos, amenazas... Nada funciona. Lo peor es que no quiere dormir, no quiere comer... ¡No quiere nada!

Llora para entrar al baño, dentro del baño y para salir del baño, antes, durante y después del desayuno, comida, merienda y cena, mientras juega, si está viendo la tele, en el orinal, si le haces un cariño, si no se lo haces, si lo llevas a la cama, cuando lo despiertas... ¡Qué está pasando! Mis nervios no resistirán esto por mucho tiempo.

Por las noches tiene pesadillas constantes y llora y grita sin consuelo.

Mi madre opina que son los celos. Yo me digo: calma, paciencia, no puede durar. ¿Que ha pasado con mi niño sonriente? ¡Quiero que vuelva!

Intento hacerle todo el caso del mundo, pero Iván también me necesita. Mi niño mayor le hace muchos mimos a su hermano pequeño, pero luego con los adultos todo son rabietas. En una semana le dan las vacaciones de Navidad. Por el bien familiar y de mi estado nervioso, esperemos que se le haya pasado.

Estoy muy preocupada por este cambio. Sobre todo, porque no veo que factor externo puede haber influido así en él. Sus papás y abuela Matilde no paran de mimarle, va al cole como siempre, le llevo al parque de vez en cuando, sigue viendo Dora erre que erre... ¿Qué ha cambiado?

viernes, 16 de diciembre de 2011

Gracias

No es ningún secreto que estoy pasando por un mal momento. La cardiopatía de Iván me ha cogido por sorpresa y no sé muy bien como tomármela. Intento normalizar la situación, porque, dentro de la gravedad de la afección, tiene solución. Me digo que si hubiera sido asmático o alérgico a algo hubiera que tenido que controlarlo médicamente igual. La clave está en integrarnos en una rutina que no dé demasiada importancia a la situación. Por lo menos hasta que haya consecuencias visibles y espero que ese día no llegue nunca.

Hay altibajos y no siempre consigo mirar a mi hijo sin que se empañe la vista, pero disfruto de cada momento feliz que pasamos en familia. Vamos, que este pequeño bache no logra enturbiar los buenos ratos. Afortunadamente. Estoy segura de que Iván se irá recuperando poco a poco y que en el futuro hará una vida normal. No será un Gasol ni un Nadal, pero podrá jugar una liguilla de colegio o un partido con los amigos, que ya es mucho.

Desde este pequeño espacio en el que expreso el día a día de mi vida con hijos me gustaría a agradecer a mi familia, a mis amigos, a todos los blogueros, a los médicos que han tratado a mi hijo, a las enfermeras que lo han cuidado, etc... todos los ánimos, consejos, oraciones, palabras de aliento que me han dedicado. Muchas gracias Raúl por estar a mi lado siempre, muchas gracias mamá por el esfuerzo que estás haciendo para venir a ayudarme a Madrid, muchas gracias a mis hermanos por estar siempre ahí, a la familia por tenerme siempre en sus pensamientos, a mis amigos y blogueros por preocuparse y preguntar... Gracias Mayte por regalarme el libro que has escrito dedicado para darme una alegría, que tú dices que ha sido pequeña, pero que yo te aseguro que ha sido muy grande... Gracias a todos.

El regalo de la abuela Matilde


La abuela Matilde se ha vuelto muy práctica con los años. Viaja con una maletita muy chiquitita para no tener que facturar. Por eso llegó a mi casa con un fajo de billetes como regalo, que ocupan poco y dan alegría. Nada más entrar por la puerta me alargó el sobre y prometió a su nieto Daniel que, además de los billetitos, caería en sus manos algún juguete por parte de la abuela.

Cómo es lógico me consultó a mí. ¿Que le gusta a tu hijo? TODO, contesté yo, los coches y camiones, los puzles, las cocinitas, los bebés, los muñecos, los carritos, las construcciones... La pregunta es ¿Qué no le gusta a este niño? Hasta la ropita le emociona. Su abuela Chari le regaló un gorrito con pompón hace poco y el pequeñajo no hace más que pedirme que se lo ponga "Popooooooon, popoooooon". Esta mal que lo diga yo, pero es que da gusto regalarle lo que sea porque es muy agradecido.

El caso es que no me decidía por ninguna cosa y mi madre comenzaba a impacientarse. A Iván le dije que ni se le ocurriera comprarle nada. Ya lo hará más adelante, pero no quiero acumular más trastos y el bebé no se iba a enterar de nada.

Un día pasé por casa de una amiga diez minutos para que me diera una cosa para Iván. Daniel se metió disparado a la habitación del niño de mi amiga, que es de su misma edad. Cogió un tren de miles de colores y se puso a jugar. Tuve que arrancarle el juguete de las manos y sacarlo de allí a rastras. No nos podíamos quedar porque mi amiga tenía que irse. "¡Ten, teeeen!" gritaba como un descosido. Ya harta de oirle le dije "Si quieres un tren pídeselo a la abuela". "Buela ten, buela ten" fue repitiendo todo el camino de vuelta a casa. En cuanto llegó corrió hacia mi progenitora al grito de "Ten, teeeeeeeen". "¿Quieres un tren? Pues la abuela te va a comprar un tren" Le aseguró mi madre muy feliz. Dicho y hecho, al día siguiente mi hijo tenía su tren multicolor, que recibió con una emoción intensa. Se pasó toda la tarde jugando con él y esta mañana lo primero que pidió después de beberse su bibe fue el "teeeeen".

El regreso al parque

Con los días soleados me armé de valor y me decidí a ir al parque con los dos niños. Parece una tontería pero creí que sería más complicado controlar a Daniel con el carrito de bebé por le medio. El hecho es que el mayor necesita salir y jugar y no puedo condenarlo a casa todas las tardes por mi inseguridad. Así que en cuanto vi el sol esplendoroso que hacía esa tarde me decidí y le pregunté al peque si quería ir al parque. La respuesta fue instantánea "Síiiiiiiiiiiiiiiiii". "Pues entonces tienes que cogerte bien al carrito y no bajarte del patín porque si no se nos hace de noche y nos tenemos que ir a casa. Tantas ganas tenía el pobre que me obedeció sin rechistar. Sólo hicimos una paradita en un chino para comprar un set de cubo, pala, rastrillo y regadera porque el plan fue improvisado y no había traído nada. Estaba segura de que si subía a casa a por los juguetes no volvería a bajar.

La verdad es que con la ayuda de los otros padres del parque la cosa no fue para tanto. Iván cestuvo casi todo el tiempo dormido. Y cuando se despertó anduvo de brazo en brazo entre mis amigas, así que pude atender tranquilamente a mi hijo mayor.

Al final es más el miedo al momento que el momento en si mismo. La verdad es que nos lo pasamos muy bien.

jueves, 15 de diciembre de 2011

La lámpara de la habitación de juegos


"Sa rotoooooo" chilla Daniel señalando al techo mientras me peleo con él en el cambiador para quitarle el pijama y ponerle la ropa.
"Sí, se ha roto. Tenemos que comprar una y ponerla" le respondo. Se refiere a la lámpara del cuarto de juegos. Un día se rompió el plafón y en vez de comprar un repuesto decidimos cambiar la lámpara entera por una más mona (era la que venía en la casa cuando la compramos). Pero como ocurre siempre, lo hemos ido retrasando y retrasando por falta de tiempo. Normalmente hubieran pasado años, hasta que por fin hubiéramso visto una oferta en cualquier catálogo de los que te envían a casa y nos hubiéramos hecho con una, pero en este caso, nuestro querido retoño nos lo recordaba todos los días.

"Papaaaaaaa rreglar, ta rotoooooo" insiste todas las mañanas.
"Sí, papá lo va a arreglar, pero primero tenemos que comprar una"
"Comprá, comprá, compráaaaaaa" nos machaca.
"Que sí, que la vamos a comprar cuando tengamos tiempo"
"Mañana" es lo que dice cuando hay que hacer algo, pero no se sabe cuando, o no quiere hacerlo y lo posterga a un mañana que nunca llega.

Bueno, pues cansada de oirle hemos comprado la dichosa lamparita. Nos ha costado un pastón, 60 eurazos, pero es taaaan bonita. Tiene forma de cohete y al chiquillo le ha encantado. Dice Raúl que va a pintar una luna en el techo para rematar el efecto. Pero eso en otro momento que tengamos tiempo...