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lunes, 31 de diciembre de 2012

Osorio

El primer día en Gran Canaria mi familia nos llevó a un sitio precioso. Se llama Osorio y yo no lo conocía. por lo visto era privado y pasó a manos públicas porque sus dueños no podían mantenerlo. Es una finca increíble. Nos lo pasamos genial haciendo el picnic y paseando por una de sus rutas. Era muy facilita y los paisajes valían la pena. Daniel y Natalia trepaban por los troncos y las rocas, se metían en las cuevitas, exploraban todos los rincones. Iván intentaba hacer lo mismo, pero aún es demasiado pequeño.

Vimos vacas, cerdos, ovejas... Mi niño mayor le sacó el máximo provecho a los prismáticos. Mi hermano también había traído los suyos, así que su prima la acompañó en la exploración.

Lo pasamos tan bien que repetimos el domingo. En esta ocasión se nos unió mi cuñada Marian, que no había podido ir la primera vez porque estaba trabajando. Tuvimos la oportunidad de ver un pájaro carpintero en acción.












domingo, 30 de diciembre de 2012

Viajar es un horror

No hay viaje a Gran canaria que no nos espere una sorpresa. En esta ocasión nos cambiaron d eun día para otro de Iberia a Iberia Express con la única opción de devolvernos el dinero de los billetes y quedarnos sin vacaciones si no estábamos de acuerdo. Supongo que era una cuestión de cuadrar estadísticas para la compañía aérea. Tragamos con la esperanza de que no hubieran más repercusiones. Pero sí que las hubieron.

No habíamos contado con que al cambiarnos a la compañía low cost el avión iba a ser más pequeño con lo que nos quedamos fuera doce pasajeros. Es lo que llamo timo legal. Compras tu plaza con unas condiciones, firmas un contrato en que casi te falta vender tu alma y finalmente llegas tan feliz y se te queda cara de tonto cuando te dicen que no hay nada de lo prometido. Resignados a una nueva aventura nos dirigimos a la oficina de Iberia para nos arreglaran el lío que nos habían formado. Otra sorpresa: ¡No hay plazas en ninguno de los vuelos de Iberia! Sólo nos podían ofrecer plazas en un vuelo de Air europa que salía a las doce menos cinco y hacía parada en Fuerteventura. Después de levantarnos a las cinco de la mañana porque nuestro vuelo salía a las ocho y media íbamos a llegar a nuestro destino casi a las seis de la tarde (hora canaria). Inhumano si pensamos en los peques.

A pesar de que nos iban a alargar el viaje tantísimo sólo nos compensaron el desayuno y nos daban una misera por el overbooking. Menos mal que fuimos a cobrar a la oficina de Las Palmas de Gran Canaria, donde una chica mucho más simpática y honrada que la de Madrid hizo las cosas bien y nos dio una compensación casi cuatro veces mayor que la que nos daban en nuestro aeropuerto de origen

A Daniel le conté que la bruja Iberia nos quería arruinar el viaje y que teníamos que tener mucho cuidado con ella. Acechaba en cada rincón para jororbarnos, así que teníamos que tener mucho cuidado. La bruja Iberia es muuuy maaaala. A pesar de que nos esperaban tres horas por delante tuvimos que ir corriendo a todas partes por miedo al overbooking. Tuvimos que desayunar en la T4, recoger a toda prisa la maleta facturada, salir pitando para sacar la tarjeta de embarque del nuevo vuelo a la T2... Cuando tuvimos nuestros asientos asignados respiramos tranquilos.

Tuvimos una vuelo horroroso. Daniel durmió las dos horas y media de puro agotamiento, pero Iván sólo duró una horita con los ojos cerrados. Enseguida le enttraron ganas de recorrerse el avión y de entrar en lugares prohibidos como el baño o el área de los azafatos. Teníamos lloros cada cinco minutos. Cuando por fin llegamos a Fuerteventura nos tocó sacarnos una nueva tarjeta de embarque y hacer tiempo otras tres laaargas horas. Comimos unos bocadillos escasos y muy tristones. Al bebé le di un potito que compramos en una farmacia. Luego estuvieron corriendo los dos de un lado a otro. Una pena que Raúl descubriera una zona de juegos infantiles justo cuando tocaba embarcar.

Éste vuelo fue muy cortito, afortunadamente. los cuatro devoramos las chocolatinas que nos regalaron durante el vuelo. Me temo que dábamos un poco de pena con nuestra hambre voraz, nuestras ojeras, la piel pálida y nuestro agotamiento.

¡Por fin llegamos a nuestro destino! Y la bruja Iberia había perdido. Cómo ya dije fuimos a buscar nuestra compensación y la chica que nos atendió nos la recalculó según las molestias recibidas, con lo que salió casi cuatro veces más de lo que nos daban en Madrid. Esta bruja Iberia intentando timarnos hasta el último momento.

En casa todos estaban deseando vernos. La prima Natalia se quedaba a dormir para disfrutar más de sus primos. Entonces llegó el momento de abrir los regalos que Papa Noel les había traído en la casa de la abuela Matilde. Este año Papa Noel se ha pasado un pelín con lo regalos. Hablaremos con él para que el próximo año sea más austero. Entre los paquetes del pueblo de la tía de Raúl, lo que trajo en Madrid y lo de Las Palmas de Gran Canaria se han juntado mil juguetes.

Los peques accedieron encantados a la habitación para jugar que les había habilitado la abuela Matilde y a la que no le faltaba ni un detalle. Abrieron los paquetes jubilosos a pesar del agotamiento extremo. Coches chulísimos, la caravana de Lego, un kit de bombero completísimo, una tortuga para la bañera graciosísima... Y, la verdad, he de confesar que no sé que más les trajeron. Entre el cansancio, y que en la habitación de los juguetes también habían muchas cosas que no había visto antes me confundo. Yo no veía la hora de meterme en la cama.

Nos costó convencer a los niños para que se fueran a dormir. Con tantos juguetes no me extraña. Al final logramos descansar por fin.

Un instrumento muy original

Cuando vi esta manualidad en el blog de Maribel, B aprende en casa, no dudé en ponerla en práctica yo también. Estaba dispuesta a devorar dos polos en pleno inverno a pesar de correr el riesgo de ser tachada de loca, pero no hizo falta. A Raúl se le ocurrió que los palitos que le va dando la pediatra a Daniel en cada visita para que se porte bien valían perfectamente para construir el original instrumento musical.

Efectivamente, con dos palitos de médico (valen los de los polos), tres elásticos, y una pajita conseguimos un estupendo instrumento de viento que enamoró a los peques. Daniel lo tocaba encantado e Iván lo intentaba, pero sin conseguirlo.

He de confesar que, por mucho que soplé, no conseguí hacer que emitiera sonido alguno. Mi marido y mi hijo me miraban sorprendidos sin comprender que es lo que hacía mal. ¡Que le vamos a hacer! Soy torpe hasta para las cosas más sencillas.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Ivancete gruñoncete

Mi hijo mayor ya le ha puesto mote cariñoso a su hermanito: Ivancete gruñoncete. "Porque llora mucho", explica. La verdad es que este bebé es muy sonriente, pero también un tiranito. En cuanto le tuerces sus planes se pone a gruñir y a berrear.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Frente al ordenador

Tan pequeños y hay que ver que bien usan todos los cacharros modernos. Iván le va dando alegremente con su dedito a la pantalla táctil de mi móvil y me la va liando cada vez más y Daniel maneja el ratón estupendamente.

Cómo mi chico mayor tiene informática en el cole, pensé que no sería mala idea "prestarle" mi portatil para que fuera practicando. Le puse unos juegos online de diferente dificultad y el peque se dedicó a hacer tartas maravillosas, deliciosos helados, preciosas casas en el lago y, el que más le gustó, extraños robots de lo más originales.

Raúl dice que va a buscar juegos parecidos para descargarse en la Tablet y así tener a Daniel entretenido en momentos difíciles, como por ejemplo viajes en avión, sala de espera del médico o momentos de tedioso aburrimiento.

jueves, 27 de diciembre de 2012

¡¡Feliz cumpleaños papá!!

Ayer fue el cumple de Raúl y lo celebramos en casa de mi suegra. Nosotros llevamos la tarta y la abuela Chari puso el resto del menú. Daniel estaba deseando llegar para volver a jugar con su pizza de madera. Decidimos dejar los regalos de Papa Noel de las abuelas en su casa para que tengan cosas nuevas con las que jugar. Allí nos reunimos con la madre de Raúl, su abuela y sus hermanos. Todos dispuestos a pasarlo bien y festejar el cumpleaños por todo lo alto.

El pobre festejeado tenía un resfriado inoportuno que le impidió disfrutar del vino, pero no del cariño de sus allegados que le fueron entregando sus regalos unos por uno.

Como no teníamos velas de cumpleaños, su madre le puso delante una vela normal para que la soplara. A Daniel le encantó la idea y ayudó a su padre con sus pulmones.

Lo mejor para los peques fue ayudar a desempaquetar los regalos.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Más regalitos de Papa Noel

De vuelta del pueblo de los tíos de Raúl nos fuimos directamente a casa de las Chari y Paca. No llegamos a comer con ellas, pero con las viandas que nos habían proporcionado desde dónde veníamos y los langostinos de las abuelas hicimos una comida merienda magnífica.

Las abuelas tenían guardado lo que había dejado Papa Noel en su casa. Para Iván unos barcos y un avión y helicóptero del Imaginarium muy graciosos y para Daniel una Pizza de madre y velcros que había que adornar con los ingredientes. A elegir entre: peperoni, anchoas, queso o champiñones. ¡Una monada! Daniel estaba encantado preparándonos porciones el gusto de cada uno. Incluso Iván pegó despegó alguno de los ingredientes. El pack venía con un cortado y un plato para la pizza, también de madera.

Agotados con tantas emociones llegamos por fin a nuestra casa. Y allí... ¡Más regalos! En la habitación delos juguetes nos esperaban más sorpresas. Papa Noel sólo se había comido uno de los dos polvorones que le dejamos, pero se había bebido todo el Jerez. Y los renos habían dado buena cuenta del agua.

Al abrir el primer paquete, Daniel se encontró con un timbre para bici chulísimo. "Se ha equivocado Papa Noel" dijeron padre e hijo "Si no hay bici", pero sí que la había. El paquete más grande era una bicicleta sin pedales para el mayor de los niños. Iván recibió un gracioso avión de Little People, que también gustó a su hermano.

Ese día llovió muchísimo, con lo que Daniel sólo pudo estrenar su bici por el pasillo, pero al día siguiente le llevamos a probarla al parque cómo es debido. Iba contentísimo, aunque echó en falta a sus amigos. A Iván lo llevamos en su patinete heredado para que también fuera sobre ruedas.









Descontrol, caos y mucha Navidad

La familia se trasladó a un pueblo en el fin del mundo, donde ni siquiera había cobertura para nuestros móviles, para pasar una Navidad de lo más bucólica. Y lo logramos. Los peques disfrutaron al máximo de las vacas, los conejos, lo caballitos y demás animalitos de granja que pastaban a su antojo en los corrales dispersos por todo el pueblo.

Los columpios eran del año de la tana, pero por eso mismo tenían un encanto especial. A los niños les encantó. Lo pasaron pipa. Sobre todo, en el balancín doble.

Los días fueron algo caóticos, aunque logramos que Iván no perdiera los horarios y pudo hacer sus siestas e irse a la cama a la hora acostumbrada, con Daniel no pasó lo mismo. Transnochó e hizo siestas a deshora para disfrutar del jolgorio como el que más.

Una noche nos disfrazamos de superhéroes: Daniel de Hulk, papá de Spidermán y mamá de la Gata Negra. Iván ya hacía tiempo que estaba roncando. Cada familiar tuvo su momento estela gracias a las orejas de reno, una bandas con mensajes graciosos, el disfraz de Papa Noel de la perrita Luna... Nos reímos mucho. Al mi niño mayor lo que más le gustó fue el paseo que le dio su primo Pablo en su moto. Después no había quien le bajara del vehículo.

Lo más divertido ocurrió en la fiesta de Nochebuena. Vestimos al mayode Papa Noel y le pintamos barbas blancas. Papá y mamá también se pintaron las barbas y se pusieron gorritos navideños. De repente empezamos a oir ruidos extraños en el desván. Unos golpes que parecían cascos de renos en el tejado llenaron de ilusión los ojillos de Daniel. Las luces se encendía y se apagaban. Cuando los niños bajaron de nuevo al piso de abajo les estaba esperando Mamá Noel. Daniel se llevó un susto tremendo. Se agarró a mí y ni dejó de llorar hasta que la ilustre personaje le señaló los tres sacos llenos de regalos que portaba. Entonces se le pasaron todos los males como por arte de magia y se prestó voluntario para repartirlos. Pero, dio la casualidad, que ninguno de los que sacaba era para él y se aburrió de repartirlos.

Pronto empezó a oir su nombre y se abalanzó raudo sobre los paquetes. Mamá Noel se portó de fábula y le trajo una bola de cristal de esas en las que nieva si se agita, un juego de mesa que tiene muy buena pinta, pero que aún no hemos tenido ocasión de estrenar, un libro con Cd de villancicos, un juego de manualidades que trae dos tipos de tijeras con las que es imposible que se corte, un estuche de Spiderman de pinturas... El peque estaba entusiasmado. Pero el regalo que más le gustó fueron los prismáticos. Se pasó un buen rato mirando las farolas por la ventana con ellos.

A Iván le dimos sus regalos al día siguiente. Un juego de apilar figuras chulísimo, dos libros preciosos, unos coches apilables, una hucha preciosa...

¡Vamos! que no se pueden quejar. Y los adultos tampoco.

El venticinco pasamos el tiempo de la comida de navidad en la carretera para no pillar atasco. Los niños comieron antes de salir y se echaron una reparadora siesta por el camino. Confieso que yo también caí en los brazos de Morfeo.