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martes, 20 de febrero de 2024

Chefs de Yllana

Tan irreverentes como siempre y con un humor absurdo que a veces parece que hasta se les va de las manos, Yllana vuelve a llevar al teatro una obra singular, original y descacharrante: Chefs.

En esta ocasión se narran las peripecias de un chef caído en desgracia y su camino a la reconquista de la gloria. Un camino lleno de sangre, violencia y situaciones totalmente surrealistas. La compañía se caracteriza por construir la historia a base de gags, onomatopeyas, muecas y gesticulación exagerada.

También puede ocurrir que acabes manchado o gaseado si te sientas muy cerca del escenario. O que te lleves una somanta de platazos de papel.

No negaré que cae en lo chabacano y asqueroso, pero me sigue haciendo gracia. No lo puedo evitar. Incluso los momentos en los que ellos mismos se parten porque pasa algo con lo que no contaban o la escena se va de las manos. Como por ejemplo cuando le meten polvos de talco en el ojo a uno de los actores sin querer o rompen un plato porque la intensidad de la escena va in crescendo y se quedan todos en plan "WTF" y luego se parten junto con el público.

Desde luego, sobra decir que no es una obra para niños, pero mis adolescentes la disfrutaron muchísimo. Hasta el troll de Iván se partía de la risa mientras se quejaba de que siempre le llevábamos a sitios a los que no quería ir (si fuera por él se pasaría todo el día pegado a las pantallitas ainsss)

Salimos del teatro muertos de la risa y comentando las escenas más impactantes. Aprovechamos que estábamos por la Latina para acercarnos a Yatai Market, un mercado de street food asiática. nos pareció muy curioso y lo pasamos muy bien. Pero creo que prefiero elegir entre un sólo menú, que recorrerme puestos leyendo cada menú para elegir lo que quiero. Ya de normal me cuesta mucho elegir XP

sábado, 24 de junio de 2023

Celebraciones de fin de curso

El tiempo pasa volando y ya tenemos la época preferida de los niños encima: ¡El verano! Esas vacaciones en las que se pueden olvidar del cole porque no hay amenaza de examen a la vuelta, ni trabajos que entregar... Y si les han puesto deberes son voluntarios y no va a haber nadie esperándolos. 24 horas libres 7 días a la semana durante más de dos meses. ¡Como para no celebrarlo por todo los alto!

Y menudas fiestas se han montado lo peques. El mayor, me vino un día y me suelta que sus amigos y él querían ir a un restaurante de carne brasileña para poner broche de oro al fin de curso. Y tan de oro. ¡¿Qué pasó con el McDonald! ¡¡Qué tienen entre 13 y 14 años!! Y ya quieren ir a asadores de carne.

En fin. Ha sido un curso duro. Han trabajado muchísimo. Y han conseguido pasar limpios. Bueeeeeno. Se lo merecen. Y si es algo puntual... ¡y qué narices! Que me hace ilusión que tengan buen paladar y no se conformen con comida rápida.

El caso es, que al final, no salió barato, pero tampoco tan caro. Era una restaurante de esos que te van trayendo diferentes tipos de carnes hasta que te hinches por unos 15 euros. Lo único que era obligatoria consumir una bebida y un postre y eso subía el precio del menú casi 10. Pero valió la pena, porque Daniel vino entusiasmado. Por lo que contó los debieron tratar muy bien porque debe ser raro ver niños de esas edades por ahí. O eso me imagino yo.

El más peque también se lo pasó genial. El última día de cole les montaron un fiestón flipante con baños de espuma, atracción de wipeout, castillo hinchable, espectáculo de magia y ciencia... ¡Jolín! Me hubiera encantado ir.

Al día siguiente, los padres les montamos un picnic pantagruélico en el que nos pusimos las botas a lo bestia mientras los peques jugaban con las pistolas de agua. Ahí sí que pude ir y me lo pasé muy bien. Los planes de que cada padre lleva algo para comer, o bebidas o menaje para comilona en el parque me encantan.

Y no contentos, el sábado les hicimos felices volviendo a Running Sushi in market, que les encantó la otra vez que estuvimos. Como la otra vez salimos de allí rodando porque todo nos resultaba delicioso y apetecible. Antes de la hora que te dan para que te comas todo lo que quieras pescar de la barra rodante ya estás harto de sobra, pero la tentación es tan grande que no puedes evitar caer en la tentación unas cinco o seis veces de más. Es una lugar muy divertido y original. Encima la decoración es la de un mercado oriental que mola un montón.

Ahora los peques a disfrutar del verano a tope :)

miércoles, 4 de mayo de 2022

Dans le noir? Cenando a oscuras

Como ya adelanté en el anterior post, el viernes nos fuimos a cenar a un lugar muy original. Se llama Dans le noir? y es una propuesta novedosa y muy divertida. Nos proponen cenar totalmente a oscuras, atendidas por camareros invidentes, con lo que los papeles se intercambian. Ahora los que nos sentimos perdidos somos los comensales, a los que de repente se nos priva del sentido de la vista. Y los que nos ayudan con mucha amabilidad y desparpajo son nuestros camareros, que por cierto, animan la cena con sus chistes y bromas. Tengo que decir que todo el personal es muy agradable y solícito.

La reserva se hace a través de la página web y es muy fácil de realizar. Un día antes se ponen en contacto contigo para preguntarte si tienes alguna alergia o intolerancia. Ahí les puedes comentar todo lo que necesites.

Mucho cuidado porque, en Madrid, está ubicado en la Plaza Biombo, 5, y lo dice claramente en todos los lados, pero mira que nosotras y otra pareja nos confundimos y nos fuimos a la calle Biombo, 5. Menos mal que el camarero de una terraza cercana nos vio muy despistados y vino en nuestra ayuda.

Una vez en el restaurante, nos dan la bienvenida, nos explican cómo funciona el tema y accedemos a la sala en fila y haciendo un trenecito, ya que en muy breve no vemos absolutamente nada. El camarero nos guía hasta nuestros sitios con gran destreza y nos advierte amablemente que está prohibido moverse del sitio o levantarse. Si se quiere abandonar la sala hay que pedirle ayuda a él.

¡Ah! Y tenemos que recordar que para llamar su atención hay que decir su nombre, nada de gestos o aspavientos porque ahí nadie ve nada. Además, nos pide encarecidamente que no gritemos. Cuando no vemos tendemos a subir el volumen de la voz porque no calculamos bien las distancias, pero con tono normal nos escuchamos todos perfectamente.

Para mí, lo mejor de este sitio es que el menú es sorpresa. No sabes lo que estás comiendo, así que agudizas los sentidos del tacto y del gusto para adivinarlo. Es muy divertido comentar lo que cada uno cree que está comiendo. Algunos sabores no son tan fáciles de identificar. Y eso que la comida es muy tradicional, para intentar que sea del gusto de todos... o casi todos. A mí, personalmente, me encantó todo lo que me pusieron delante.

Nosotras elegimos el menú completo con dos copas de vino para cada una. Constaba de un primer plato, un segundo plato y el postre. Todo por 54 euros por persona. No es barato, pero para una ocasión especial a mí me valió la pena.

Cada plato tiene tres o cuatro comidas diferentes, fáciles de comer con la mano, porque ya os digo que con los cubiertos es imposibles. Al menos para mí. Algún alimento requería de cuchara, pero eso no me resultó tan difícil como pinchar comida sin conocer su ubicación. Sólo con el tacto se come estupendamente.

La verdad es que pensé que terminaríamos duchadas en el vino, pero nada de eso. Al contrario. Creo que extremas mucho las precauciones y todo va como la seda. Mi amiga se agobió un poco al principio con la oscuridad, pero enseguida se dejó llevar por el juego de descubrir sabores.

Salimos de allí encantadas con la experiencia. Desde luego es una forma muy diferente de cenar.

Y cuando salimos de allí seguimos con el juego de Escape city box que teníamos entre manos para dar caza al asesino en serie que nos traía de cabeza y que se había cargado ya a cuatro inocentes mujeres.

jueves, 15 de julio de 2021

Las Hamburguesas de Don Oso y los helados de Eccolo Gelato

El día que fuimos a ver La función que sale mal nos encontramos con el tema de que empezaba a las ocho de la tarde y terminaba sobre las 21.30. Justo cuando solemos cenar. En realidad, como en la web ponía que duraba dos horas con descanso, pensamos que terminaría sobre las diez de la noche y que, entre pitos y flautas, llegaríamos a casa casi a las once, así que nos decidimos por una merienda cena por la zona, que es pleno centro de Madrid.

Teníamos muchísimas posibilidades, pero, no sé por qué, me emperré en ir a una hamburguesería que me pareció que tenía buena pinta que se llama Don Oso. No tuve que convencer a nadie porque, por lo visto, el padre ya había ido, sólo que a otra de las tres que hay en Madrid, y dio el visto bueno enseguida. Nosotros fuimos a la que está en la calle de la Cruz.


Como soy una agonías llegamos prontísimo a las inmediaciones del teatro Calderón, con lo que decidimos dar una vueltita. Craso error, menudo infierno. Encima había optado por pantalones largos porque pensé que a lo mejor a la salida del teatro refrescaría. Después de un rato de arrastrarnos por sol y la Plaza Mayor con la lengua fuera convencimos al pater de familia para sentarnos en la terraza fresquita de Don Osos, porque, la verdad, es que en esa callecita dónde tiene ubicadas las mesas del exterior corría una brisita que valía su peso en oro. 

Cada uno pidió su hamburguesa de las dimensiones que le dio la gana: grande, mediana o pequeña, con doble de carne o no. Aunque todos coincidimos en los extras: Queso y beicon. Dejamos los champiñones para otra ocasión. 

Fue morder la hamburguesa y derretirnos de gusto (no de calor, que allí se estaba genial). ¡Pero qué delicia! Estaba buenísima. Tanto que los churumbeles hicieron el intento de pedir otra, pero a mí me pareció demasiado, que también habíamos pedido patatas para acompañar y no quedaron ni los restos. En vez de ceder ante otra fiesta de carne y queso decidimos acabar con helados para todos.

Lo cierto es que tenemos mas que claro que vamos a volver a por más a Don Oso porque además de sabrosas hamburguesas, el servicio nos pareció excelente. Menudo camarero más majo que nos tocó.

No tuvimos que ir muy lejos para buscar el helado. Poco más allá nos topamos con Eccolo Gelato, una heladería de productos artesanos que nos pareció un broche final de lujo para nuestra merienda cena tempranera. A mí se me metió entre ceja y ceja pedirme uno de pistacho porque ya llevaba tiempo con el capricho insatisfecho. Qué bueno estaba. Pero no me quedé sin las ganas de probar los que pidieron el resto de la familia de almendras, coco, menta con chocolate y chocolate con avellanas. Riquísimos todos. El sabor de Daniel me costó conseguirlo. Tuve que robarle una cucharadita porque no quería compartir el muy egoísta. Casi nos cuesta un follón de pre adolescente, pero valió la pena. Oye, que yo estoy todo el rato compartiendo de todo con ellos. Sólo faltaba que me negara un mínimo de su helado.

El caso es que entró un poco de morros en el teatro después del episodio del robo por parte de su madre (fue una auténtica traición por mi parte), pero enseguida cambió el gesto porque la obra fue, divertidísima no, lo siguiente. Menudo hartón a reír.