¿Habéis visto esas camisetas y jerséis llenos de lentejuelas que forman un dibujo u otro según hacia qué lado las "peines"? Me encantan. Son casi adictivas. Y a mis hijos les pasa lo mismo. Es ver a una niña luciéndolas y correr a jugar con las lentejuelas. ¡Qué invento!
No tardaron mucho en expresar su deseo de tener la suya propia, pero yo sólo encontraba de corazones o estrellas. Y esas seguro que luego no se las iban a poner porque les conozco. Las usarían de juguete y no les veía yo mucho recorrido.
Afortunadamente me topé con unas graciosísimas de los minions. Son personajes que les hacen mucha gracia a mis churumbeles así que pensé ¡Éxito seguro! Que estuvieran en el departamento de niñas no me frenó. Para mí que eran muy unisex.
Me las llevé sin pensármelo dos veces. Y acerté. Fliparon con las camisetas. Se las quisieron poner en el acto y no dejaban de peinarlas hacia arriba y hacia abajo de mil maneras.
El padre me llevó aparte y me susurró: "Oye, ¿eso no es de chica?". Le confesé que sí, pero que a mí me parecía muy unisex. Al verles tan ilusionados el padre me dio la razón.
No es que piense que el rosa es de chicas o el azul de chicos, ni mucho menos, pero son mis propios hijos los que de repente gritan horrorizados. "¡Eso es de chicas!" y salen huyendo horrorizados. Me pasó con uno pantalones morados y con una camiseta rosa. Eran de corte de chico, pero no hubo manera de convencerles porque (Tachán, tachán) sus amigos se iban a reír de ellos si les veían. Es una pena pero es así.
El caso es que se la pusieron muy contentos y triunfaron allá donde fueron porque la verdad es que son chulísimas. Pienso comprarme una en cuanto vea una de mi talla. Como he dicho. Son adictivas.
Cuando descubrieron que el sol se reflejaba en ellas y los convertían en bolas de discotecas ya fue el summum.
Mostrando entradas con la etiqueta Ropa. Mostrar todas las entradas
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viernes, 19 de mayo de 2017
domingo, 30 de agosto de 2015
Dos felices tigres
Nada más llegar de las vacaciones tocó correr al hipermercado para llenar la nevera, porque ahí no había nada a lo que hincarle el diente. Agarré el carro y me presenté entre los lineales dispuesta a llenarlo de cositas sanas, que de cositas ricas ya habían estado llenos los meses anteriores. Pero cometí un gran error y me metí de lleno en la sección de ropa infantil.
Los precios llamaron poderosamente la atención y al final el carro se llenó con cuatro pijamas mantas, tres chandals y algo que comer y cenar ese día. Conclusión: menos cosas pendientes para la operación vuelta al cole, pero otra excursión al super pendiente para, esta vez sí, llenar la dichosa nevera.
Entre las ropita tengo que destacar, por méritos propios, los pijamas manta de tigres. Son preciosísimos y suavecitos. Y causaron sensación entre las fierecillas. ¡Vamos! Que con el calor que hacía y no querían quitárselos de encima. Estaban taaaaan monos y achuchables. Lo cierto es que no me corté y les di unos cuantos abrazos de oso. Tantos que tuvieron que salir huyendo.
Los precios llamaron poderosamente la atención y al final el carro se llenó con cuatro pijamas mantas, tres chandals y algo que comer y cenar ese día. Conclusión: menos cosas pendientes para la operación vuelta al cole, pero otra excursión al super pendiente para, esta vez sí, llenar la dichosa nevera.
Entre las ropita tengo que destacar, por méritos propios, los pijamas manta de tigres. Son preciosísimos y suavecitos. Y causaron sensación entre las fierecillas. ¡Vamos! Que con el calor que hacía y no querían quitárselos de encima. Estaban taaaaan monos y achuchables. Lo cierto es que no me corté y les di unos cuantos abrazos de oso. Tantos que tuvieron que salir huyendo.
miércoles, 1 de julio de 2015
Etiquetas chulas para tenerlo todo controlado
Ahora que estamos en plena época de campamentos vienen muy bien unas etiquetas fáciles de poner en la ropa y cosas personales de los peques. Bueno, ahora y siempre, porque tener marcada la ropa es muy importante cuando hablamos de nuestros hijos, y más si son despistados como los míos.
Han llegado a mis manos las de Petit Fernand que son monísimas y muy fáciles de poner. Además tienen un pack Campamento muy muy completo para que los niños tenga todo con su nombre y controlado: 60 etiquetas para la ropa 1 línea, 40 etiquetas autoadhesivas de 1 línea, 10 etiquetas autoadhesivas de dos 2 líneas, 20 etiquetas autoadhesivas Mini, 5 etiquetas autoadhesivas Equipaje y 10 etiquetas autoadhesivas Zapatos. Han pensado en todo. Un puntazo es que te lo envían en 48 horas y no cobran gastos de envío.
Mis hijos se lo pasaron genial diseñando sus propios modelos, aunque yo casi pierdo la paciencia y los mando a la porra. "Que si ahora quiero un dinosaurio, o mejor un cohete... No mamiiiiii, que lo que me gusta es el caballero. Esta vez de verdad de la buena que síiiiiii" "Vale, vale" respondía yo tras cambiarlo mil veces, "Y ahora de qué color quieres la etiqueta", "¡Negra!" exclamo el grande, "¡Gris!" le secundó el segundo. "Uuuy, creo que os está llamando vuestro padre..." En cuanto acudieron a la llamada falsa cambié los colores por diferentes rojos y azules que destacan más y ¡son colores más alegres! Juas juas juas...
"Mamiiiiii, que no nos llamaba papi... ¡Uala! ¡Qué bonitaaaas!" los dos peque pegaron sus naricillas a la pantalla hasta darse un cosque con las cabezas. Después estuvieron preguntando por ellas hasta que las tuvimos en nuestras manos. ¡Y como molaban! Daniel se puso a ojear la la libretita dónde venían durante un buen rato. Como si se tratara de un libro. Cuando descubrió las pegatinas de monstruos que vienen entre las etiquetas se puso contentísimo. "¡Para mí, para mí!" Exclamaba, pero ya le dejé claro que cuatro para él y cuatro para Iván.
En la misma libretita ponen las instrucciones de uso y de mantenimiento. Con lo poco que me gusta la plancha y en esta ocasión la cogí gustosa. El proceso no puede ser más fácil. Esperamos a que la plancha alcance los 200º (modo lino), pegamos la etiqueta en el lugar elegido, ponemos encima el papel protector que nos incluye, ponemos la plancha encima, contamos doce segundos ¡y ya está! Tenemos que esperar 24 horas a usar esta prenda para que se fije bien y luego ya resiste lavadoras, secadoras y lo que le eches. Y además quedan preciosas.
Otro invento que me ha encantado son las pegatinas para los zapatos. Con eso de que se los quitan cada dos por tres para saltar en colchonetas, hacer juegos o ir a piscinas hay que andar con mucho ojo. Encima, en casa muchas veces les compramos el calzado igual y luego me encuentro a uno chancleando y al otro quejándose de que ya no le caben. Así no hay dudas. Vienen con un protector que garantiza la resistencia al roce y a la transpiración.
Y también muy útiles son las etiquetas adhesivas para vasos, tazas, carpetas, libros, mochilas... Y todo lo que el peque necesite llevarse consigo. Son tan bonitas que quedan como un adorno del objeto. Y resisten lavavajillas y microondas. Éstas me ayudaron a pegarlas los chiquillos porque les hacía mucha, muchísima ilusión.
Ahora están encantados con sus pegatinas. Daniel se queja porque las de la ropa no se las he pegado por fuera en vez de en la parte del cuello. Menos mal que en todos los objetos que marcamos pusimos las pegatinas bien visibles...
Por cierto, en su web tienen una página que llaman talleres con manualidades geniales para hacer con los peques que me parece fantástica: juegos, flores, marionetas... Dan muchísimas ideas muy chulas para hacer con ellos estas vacaciones.
Han llegado a mis manos las de Petit Fernand que son monísimas y muy fáciles de poner. Además tienen un pack Campamento muy muy completo para que los niños tenga todo con su nombre y controlado: 60 etiquetas para la ropa 1 línea, 40 etiquetas autoadhesivas de 1 línea, 10 etiquetas autoadhesivas de dos 2 líneas, 20 etiquetas autoadhesivas Mini, 5 etiquetas autoadhesivas Equipaje y 10 etiquetas autoadhesivas Zapatos. Han pensado en todo. Un puntazo es que te lo envían en 48 horas y no cobran gastos de envío.
Mis hijos se lo pasaron genial diseñando sus propios modelos, aunque yo casi pierdo la paciencia y los mando a la porra. "Que si ahora quiero un dinosaurio, o mejor un cohete... No mamiiiiii, que lo que me gusta es el caballero. Esta vez de verdad de la buena que síiiiiii" "Vale, vale" respondía yo tras cambiarlo mil veces, "Y ahora de qué color quieres la etiqueta", "¡Negra!" exclamo el grande, "¡Gris!" le secundó el segundo. "Uuuy, creo que os está llamando vuestro padre..." En cuanto acudieron a la llamada falsa cambié los colores por diferentes rojos y azules que destacan más y ¡son colores más alegres! Juas juas juas...
"Mamiiiiii, que no nos llamaba papi... ¡Uala! ¡Qué bonitaaaas!" los dos peque pegaron sus naricillas a la pantalla hasta darse un cosque con las cabezas. Después estuvieron preguntando por ellas hasta que las tuvimos en nuestras manos. ¡Y como molaban! Daniel se puso a ojear la la libretita dónde venían durante un buen rato. Como si se tratara de un libro. Cuando descubrió las pegatinas de monstruos que vienen entre las etiquetas se puso contentísimo. "¡Para mí, para mí!" Exclamaba, pero ya le dejé claro que cuatro para él y cuatro para Iván.
En la misma libretita ponen las instrucciones de uso y de mantenimiento. Con lo poco que me gusta la plancha y en esta ocasión la cogí gustosa. El proceso no puede ser más fácil. Esperamos a que la plancha alcance los 200º (modo lino), pegamos la etiqueta en el lugar elegido, ponemos encima el papel protector que nos incluye, ponemos la plancha encima, contamos doce segundos ¡y ya está! Tenemos que esperar 24 horas a usar esta prenda para que se fije bien y luego ya resiste lavadoras, secadoras y lo que le eches. Y además quedan preciosas.
Otro invento que me ha encantado son las pegatinas para los zapatos. Con eso de que se los quitan cada dos por tres para saltar en colchonetas, hacer juegos o ir a piscinas hay que andar con mucho ojo. Encima, en casa muchas veces les compramos el calzado igual y luego me encuentro a uno chancleando y al otro quejándose de que ya no le caben. Así no hay dudas. Vienen con un protector que garantiza la resistencia al roce y a la transpiración.
Y también muy útiles son las etiquetas adhesivas para vasos, tazas, carpetas, libros, mochilas... Y todo lo que el peque necesite llevarse consigo. Son tan bonitas que quedan como un adorno del objeto. Y resisten lavavajillas y microondas. Éstas me ayudaron a pegarlas los chiquillos porque les hacía mucha, muchísima ilusión.
Ahora están encantados con sus pegatinas. Daniel se queja porque las de la ropa no se las he pegado por fuera en vez de en la parte del cuello. Menos mal que en todos los objetos que marcamos pusimos las pegatinas bien visibles...
Por cierto, en su web tienen una página que llaman talleres con manualidades geniales para hacer con los peques que me parece fantástica: juegos, flores, marionetas... Dan muchísimas ideas muy chulas para hacer con ellos estas vacaciones.
sábado, 18 de octubre de 2014
Pijamas de ositos
En el hipermercado de al lado de mi casa siempre sacan ofertones por temporadas y hay que estar ojo avizor porque vuelan. Las botas de agua las pillé por los pelos y el pijama manta acabo de descubrirlo entre los lineales. También han pasado a formar parte del contenido de nuestro armario.
En realidad, el único que necesita la gustosa prenda es el mayor, porque el pequeño está bien surtido con lo que ha heredado, pero es que los vi tan monos que caí en la tentación y les llevé uno a cada uno. Además, compré otro más sencillo para Daniel y así tengo recambio para cuando lo meta en la lavadora.
El caso es que los pijamas parecen disfraces de osito y me tienen enamorada. Y no sólo a mí. A los niños también. Sobre todo a Iván, que hasta me protesta cuando se lo quito por las mañanas. Daniel dice que le molesta un poco la capucha, pero me ruega una y otra vez que no lo devuelva porque es "taaaaan bonitooooo".
Así que ahora los tenemos cada dos por tres "haciendo el oso" con sus nuevos pijamas-disfraces".
En realidad, el único que necesita la gustosa prenda es el mayor, porque el pequeño está bien surtido con lo que ha heredado, pero es que los vi tan monos que caí en la tentación y les llevé uno a cada uno. Además, compré otro más sencillo para Daniel y así tengo recambio para cuando lo meta en la lavadora.
El caso es que los pijamas parecen disfraces de osito y me tienen enamorada. Y no sólo a mí. A los niños también. Sobre todo a Iván, que hasta me protesta cuando se lo quito por las mañanas. Daniel dice que le molesta un poco la capucha, pero me ruega una y otra vez que no lo devuelva porque es "taaaaan bonitooooo".
Así que ahora los tenemos cada dos por tres "haciendo el oso" con sus nuevos pijamas-disfraces".
lunes, 12 de mayo de 2014
¡Jolines con las tijeras!
En la clase del mayor están haciendo sus pinitos con las tijeras. Un mal necesario desde mi punto de vista, porque, está claro que tienen que aprender, pero ¿a costa de la ropa y el pelo? Supongo que el que más y el que menos ha llegado algún día a casa con trasquilones para horror de su madre (yo lo he hecho), pero no recuerdo haberme customizado la ropa hasta el punto de hacerme un agujero en el culo del pantalón, aunque el peque jura y perjura que no fue él, ni sabe quien pudo ser el perpetrador, tengo en mis manos una camiseta llena de miniagujeros de la que afirma lo mismo y es imposible que no se haya dado cuenta de que le estaban haciendo el destrozo.
Ya son tres las ocasiones en las que ha regresado a casa con agujeros en la ropa o un peligroso corte en su rapado cabello. Como esto siga así, y sumándole que vamos a playeras por mes y pantalones cada dos meses para tirar a la basura, esto es una ruina.
Cuando era pequeña mi madre me amenazaba con vestirme con un saco cada vez que regresaba a casa con un agujero. En mi caso el suelo del patio estaba recubierto de punzante picón (piedrecillas volcánicas llenas de aristas) y lo difícil era salir impoluto de los juegos en el recreo. ¡Pero este niño tiene cemento del normal y corriente! Y aún así me deja la ropa hecha unos zorros.
Cómo siga así no va ir con saco, ¡sino en paños menores!, que para eso nos viene el calorcito y buen tiempo. Ya lo estoy viendo: saliendo del cole con el bañador convertido en falda hawaina a base de tijeretazos.
Espero que se pase pronto esta época o tendremos que pedir un préstamo para poder vestirle.
Ya son tres las ocasiones en las que ha regresado a casa con agujeros en la ropa o un peligroso corte en su rapado cabello. Como esto siga así, y sumándole que vamos a playeras por mes y pantalones cada dos meses para tirar a la basura, esto es una ruina.
Cuando era pequeña mi madre me amenazaba con vestirme con un saco cada vez que regresaba a casa con un agujero. En mi caso el suelo del patio estaba recubierto de punzante picón (piedrecillas volcánicas llenas de aristas) y lo difícil era salir impoluto de los juegos en el recreo. ¡Pero este niño tiene cemento del normal y corriente! Y aún así me deja la ropa hecha unos zorros.
Cómo siga así no va ir con saco, ¡sino en paños menores!, que para eso nos viene el calorcito y buen tiempo. Ya lo estoy viendo: saliendo del cole con el bañador convertido en falda hawaina a base de tijeretazos.
Espero que se pase pronto esta época o tendremos que pedir un préstamo para poder vestirle.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Mi pedido de percentil
¡He participado en una promoción de Madresfera! Que ilusión. Cuando me llegó el email de que me habían seleccionado para la prueba de Percentil me dieron ganas de empezar en ese mismo segundo, pero estaba en el trabajo y tuve que tragarme la impaciencia hasta la noche.
Me metí en la página emocionada con el objetivo de adquirir sólo lo necesario y no dejarme llevar por los caprichitos. Percentil es una web de compra de venta de ropa casi nueva para niños (algunas de las prendas, incluso totalmente nuevas). Con la reciente vuelta al cole habían muchas carencias en el armario de mi chico mayor. Me sorprendió que la búsqueda fuera tan fácil. Se podía restringir la talla, el sexo, si buscaba ropa o calzado, por marca, por tipo de prenda... Todo facilidades. Lo único que eché en falta fue un "ordenar por precio".
Me costó mucho decidir con qué me quedaba y con qué no. El presupuesto que nos daban eran de 20 euros y vi demasiadas cosas monas a un precio de risa. Al final me quedé con dos pantalones de pana, uno de tela y una camisa preciosísima para las ocasiones especiales. Metí los códigos que me habían proporcionado y me dispuse a esperar el paquete con ilusión.
Tardaron menos de una semana en entregarme el pedido. Lo abrí ansiosa y me encantó lo que vi. Hasta habían incluido una nota de presentación. Daniel no se mostró muy cooperativo a la hora de probarle la ropa y mucho menos en posar para su desesperada mamá. Eso sí, se lo pasó bomba poniendo posturas imposible y muecas grotescas cada vez que saltaba el flash. Al final me rendí y me limité a probarle la ropa sin documentación gráfica que acompañara a la sesión. Fue una dura lucha ponerle y quitarle los pantalones.
Estaba guapísimo con la camisa. Los pantalones le quedaban grandes, pero es que los había pedido de una talla mayor para que le valieran éste y el próximo año. Siempre hago lo mismo para aprovechar la ropa el mayor tiempo posible, aunque no estoy segura de que sea un plan efectivo porque con la fiera de mi niño llegamos al final de la temporada con desgarrones, agujeros, telas cedidas, manchas imposibles de quitar...
Me metí en la página emocionada con el objetivo de adquirir sólo lo necesario y no dejarme llevar por los caprichitos. Percentil es una web de compra de venta de ropa casi nueva para niños (algunas de las prendas, incluso totalmente nuevas). Con la reciente vuelta al cole habían muchas carencias en el armario de mi chico mayor. Me sorprendió que la búsqueda fuera tan fácil. Se podía restringir la talla, el sexo, si buscaba ropa o calzado, por marca, por tipo de prenda... Todo facilidades. Lo único que eché en falta fue un "ordenar por precio".
Tardaron menos de una semana en entregarme el pedido. Lo abrí ansiosa y me encantó lo que vi. Hasta habían incluido una nota de presentación. Daniel no se mostró muy cooperativo a la hora de probarle la ropa y mucho menos en posar para su desesperada mamá. Eso sí, se lo pasó bomba poniendo posturas imposible y muecas grotescas cada vez que saltaba el flash. Al final me rendí y me limité a probarle la ropa sin documentación gráfica que acompañara a la sesión. Fue una dura lucha ponerle y quitarle los pantalones.
Estaba guapísimo con la camisa. Los pantalones le quedaban grandes, pero es que los había pedido de una talla mayor para que le valieran éste y el próximo año. Siempre hago lo mismo para aprovechar la ropa el mayor tiempo posible, aunque no estoy segura de que sea un plan efectivo porque con la fiera de mi niño llegamos al final de la temporada con desgarrones, agujeros, telas cedidas, manchas imposibles de quitar...
jueves, 15 de noviembre de 2012
El estilo astronauta
Con el frío y la lluvia toca desempolvar el maravilloso conjunto impermeable y acolchado que le compré a Daniel en su día y que ahora me va a hacer una gran servicio con Iván. A mí me parece que tanto uno como el otro están guapísimos con él, además de calentitos y resguardados de humedades, pero el resto del mundo no puede evitar una sonrisita al verlos tan equipados. Puede que sea por el rojo chillón del tejido (Fue una oferta fantástica y no había opción para elegir el color), o quizás por la forma que tiene... No sé. El caso es que la mayoría de amigos y conocidos aseguran que ambos niños parecen astronautas vestidos de tal guisa. Estoy por vestir a Iván así en carnaval y triunfar en el parque. Lo malo es que para esa época ya lo tendrán muy visto.
A partir de hora voy cargada con los pantalones hasta la guardería y allí lo cambio rápidamente para prepararle contra las inclemencias del parque.
A partir de hora voy cargada con los pantalones hasta la guardería y allí lo cambio rápidamente para prepararle contra las inclemencias del parque.
miércoles, 11 de enero de 2012
Mi príncipe
Cuando nació Daniel cayeron regalos de todas partes. Muchos quisieron contribuir a aumentar el armario del bebe y me entregaron verdaderas maravillas de la moda infantil. La realidad es que esos conjuntitos solo se los puse una o dos veces. Al menos una vez porque me hacia ilusión. La mayoria de las veces lo tenia empijamado. Incluso para salir a la calle porque era lo mas comodo. Tanto para él como para mí.
En vista del resultado, esta vez le han caído a Ivan pijamas preciosos que han contribuido a resaltar su belleza (babas, babas). Entre todos ellos, el de biberones de la hermana de Raul, el de rayas rojo y gris de Mara, una amiga de Chari, el de las tortugas de la tía Lola... Me gustaría destacar el de Ana, una amiga de mi madre, no solo porque con él puesto mi niño parece un príncipe (para deleite de las abuelas) sino porque lo acompañaba una nota de animos para mí que me emocionó. También le regaló un abrigo blanco monísimo que combina con el pijama.
A pesar de mi preferencia por los pijamas, todavía algunos familiares y amigos han insistido en comprarle ropa elegante para ocasiones especiales, que le voy poniendo, aunque con menos regularidad que los mentados pijamitas.
Otra preciosidad que le ha caído a mi chiquitín son unas chaquetitas hechas a mano tanto por parte de una amiga de mi suegra como de su abuela politica. Ambas son prodigiosas tejiendo. Y un abriguito rojo que tambien le regalo una amiga de mi suegra... Bueno y otras mil cosas. La verdad es que si me pongo a enumerar todas las prendas maravillosas que han venido a engrosar el armario de mi bebe no acabo. Y eso que este niño ya estaba surtido gracias a su hermano. Tiene más ropa que yo.
sábado, 7 de enero de 2012
El pijama manta
Mi suegra le ha hecho una regalo magnífico a Daniel: Dos pijamas manta. Yo no sabía que existían, pero son un invento. Resulta que son prendas que se ponen encima del pijama normal y ya te puedes despreocupar de que se destape porque el niño está perfectamente abrigado durante toda la noche. Gracias a esto yo puedo dejar de levantarme cada hora, dos horas, para comprobar que mi hijo sigue tapado con el edredón. Eso me da más calidad de vida, aunque el bebé sigue martirizando mis noches con saña.
Hasta hace poco le ponía al chiquillo los típicos saquitos, pero cuando lo pasé a la cama me pareció peligroso, porque el pequeñajo estaba empecinado en escaparse todas las noches y a mi me daba miedo que se tropezara y se diera un buen golpe en la cabeza. Así que surgió el problema de los catarros y refriados nocturnos. Menos mal que Chari está en todo y se le ocurrió la solución. Me encantan los pijamas. A veces hasta me da envidia. A ver si encuentro uno de mi talla para pasar menos frío cuando me levanto a hacerle el biberón a Iván.
Hasta hace poco le ponía al chiquillo los típicos saquitos, pero cuando lo pasé a la cama me pareció peligroso, porque el pequeñajo estaba empecinado en escaparse todas las noches y a mi me daba miedo que se tropezara y se diera un buen golpe en la cabeza. Así que surgió el problema de los catarros y refriados nocturnos. Menos mal que Chari está en todo y se le ocurrió la solución. Me encantan los pijamas. A veces hasta me da envidia. A ver si encuentro uno de mi talla para pasar menos frío cuando me levanto a hacerle el biberón a Iván.
sábado, 5 de febrero de 2011
El astronauta
El otro día salí de mi casa con tiempo de sobra para ir a la guardería porque tenía que mandarles una carta a mia abuelos y pensé que en Correos habría mucha gente, pero al final terminé bastante rápido así que me dió tiempo a pasarme por Prenatal, que ahora está de rebajas.
Nada más entrar lo vi. Era un conjunto plasticoso tipo Michelín de abrigo con capucha de quita y pon, pantalones y guantes. Todo por 14,18 euros. ¡Tirado! Qué pena que el color fuera un poco, demasiado, chillón.
Lo bien que se iba a revolcar mi niño en la arena húmeda con esos pantalones. Adios a los resfriados.
Sin pensármelo dos veces los compré y me dirígí a la guardería decidida a ponérselos ese mismo día. Allí mismo le cambié los
pantalones. Causó sensación. Sus cuidadoras dijeron que estaba guapísimo.
Después en el parque tuve opiniones para todos los gustos. Algunos pensaban que era un conjunto perfecto para la arena y que el niño iba muy bien equipado, otros que no parecía que abrigase mucho, otros que, desde luego, no se me iba a perder con ese colorado tan vivo... En lo que más se coincidió fue en que parecía un astronauta con tanto michelín. Yo, desde luego, opino que está guapísimo. Como siempre.
Nada más entrar lo vi. Era un conjunto plasticoso tipo Michelín de abrigo con capucha de quita y pon, pantalones y guantes. Todo por 14,18 euros. ¡Tirado! Qué pena que el color fuera un poco, demasiado, chillón.
Lo bien que se iba a revolcar mi niño en la arena húmeda con esos pantalones. Adios a los resfriados.
Sin pensármelo dos veces los compré y me dirígí a la guardería decidida a ponérselos ese mismo día. Allí mismo le cambié los
pantalones. Causó sensación. Sus cuidadoras dijeron que estaba guapísimo.
Después en el parque tuve opiniones para todos los gustos. Algunos pensaban que era un conjunto perfecto para la arena y que el niño iba muy bien equipado, otros que no parecía que abrigase mucho, otros que, desde luego, no se me iba a perder con ese colorado tan vivo... En lo que más se coincidió fue en que parecía un astronauta con tanto michelín. Yo, desde luego, opino que está guapísimo. Como siempre.
martes, 25 de enero de 2011
Los guantes
¡Qué invento lo guantes que le compró mi hermana a Danielito en Toledo! Ahora ya no va con las manos moradas del frío por la calle. La gente me miraba mal. Seguro que pensaban: "¡Qué mala madre que no le calienta las manos a su hijito de ninguna manera!". Y el niño resistiéndose con todas sus fuerzas a meter sus manitas dentro de unas confortables manoplitas o, por lo menos, dentro de su saquito de la silla. No había manera. Hasta que cayeron en mis manos esos guantecitos de dedos. Ahora Daniel tiene libertad de movimiento. Y puede agarrarlo todo, comerse las galletas tranquilamente y decirle adios a los coches con toda tranquilidad. Ya no hay motivo para quitarse lo guantes y dejar las manitas a la interperie. Por fin vuelvo a ser una buena madre. No es que me importe lo que piensen los demás. La mayoría está opinando sin conocer el contexto. ¡Que puede saber un señor de la calle del caracter de mi hijo!
Lo importante es que el pequeñajo no tenga las manos congeladas cada vez que salimos a la calle.
jueves, 9 de septiembre de 2010
Sensaciones termicas

Las madres que dicen que saben exactamente lo que quiere su bebé o son brujas o videntes. Para mí es imposible. Hay veces que acierto de casualidad. Y si llora con la boca bien abierta y berreando a todo volumen: o tiene hambre o se ha hecho daño con algo.
Lo que peor llevo es la climatología. ¿Tiene frío? ¿O calor? Lloriquea porque no le he puesto la ropa adecuada y está incómodo. Lo cierto es que las madres tendemos a pensar que el chiquillo pasa por lo mismo que nosotras. Eso por las noches y en esta época del año se puede traducir como una locura.
Y así me paso estas noches de paso del verano al invierno y que nunca sabes que tiempo te va a hacer. Cómo una madre idiota yendo de una habitación a otra tapando y destapando en concordancia conmigo y mi temperatura corporal. Por supuesto, el niño a veces se resfría y otras llora porque tiene calor y sed. Porque la cruda realidad es que no sentimos y padecemos igual, con lo que no siempre acierto.
viernes, 13 de agosto de 2010
El obrerito

Se puso como un cristo y con la ropa que le habíamos puesto parecía que lo habiamos disfrazado de obrero de la construcción, así que le pusieron un pañuelito en la cabeza para rematar el cuadro y le hicimos una sesión de fotos completísima. ¡Estaba para comérselo!
lunes, 10 de mayo de 2010
El extraño caso de la ropa menguante
Un día, estaba poniendo la lavadora cuando Raúl dejó caer la bomba: "¿Te has dado cuenta de que la mayoría de la ropa de bebé no se puede meter en la secadora?". Un profundo silencio le contestó. Mi materia gris se puso en funcionamiento. ¡No me lo puedo creer! El misterio estaba resuelto. No era Danielito el que crecía sino la ropa la que menguaba. Cada cuatro o cinco días una talla. Con razón a la semana ya no le venía. El niño sonreía constreñido en su pijamita inconsciente de la extrema torpeza de su mamá como ama de casa.
martes, 27 de abril de 2010
Se me asa, se me resfría
Con este tiempo tan loco una no sabe como vestir al pequeñajo. Unas veces lo arropas amorosamente para salir a pasear por los Campo Elíseos del mismísimo infierno y otras le colocas unos pantaloncitos cortos con los picecillos al aire para que coja todas las corrientes gélidas de las esquinas. Por las noches no me atrevo a quitarle el saquito por si acaso coge frío, pero se pega unas sudadas impresionantes. Menos mal que una amiga me ha hablado de una saquito de entretiempo, que se ha convertido en una urgencia que debemos adquirir por el bien de nuestro retoño.Por otro lado, Daniel parece inmune a todo esto. Ya este chorreando sudor o con la piel fría el sonríe y llora lo que es normal en él. Pero para mi es una tortura el momento de elegir la ropa cion la que irá a la mañan siguiente a la guardería. Si le destapo mucho cogerá frío cuando sale de casa por la mañana, pero a medida que pasan las horas se me asará si lo abrigo demasiado. Porque no creáis que las chicas de la guardería están ahí para cambiarte al bebé a capricho. Bastantes malabarismos harán para ocuparse de su grupito de chiquillos. Sólo de pensarlo me echo a temblar.
La verdad es que estoy deseando que llegue el verano de una vez. Tendré que estar mojando todo el día la cabeza del niño y poniéndole cremita en la piela cada cinco minutos, pero al menos sabré que hoy, mañana y pasado hará calor.
miércoles, 27 de enero de 2010
El problema de las tallas
Con este panorama sólo queda comprar a ojo de buen cubero o llevarte al enano para probarle. Aunque esto último no es tan fácil porque el hijo no me ha salido muy sumiso y a veces no le apetece.
De todas maneras, en general, al pequeño le está quedando pequeña la ropa de seis meses. Algo preocupante si tenemos en cuenta que el 25 cumplió cuatro meses. Al final la ropita que me dejaron en herencia de otros bebés conocidos me ha durado muy poco. Me alegro de no haberme gastado el dineral en su momento para que Danielillo vaya guapo por el mundo. Pero mirando al futuro y viendo lo que crece este muchacho, me temo que el dineral me lo voy a gastar de aquí en adelante.
martes, 29 de diciembre de 2009
Contrastes meteorológicos
En la isla un día lo tuvimos que tener un rato en pañales porque el pobre se asaba. Y eso que estábamos en pleno diciembre. Los paseos se podían alargar tres horas. Nos sentábamos en terracitas a tomar algo. Eso sí que es vida.
A nuestra vuelta a Madrid, Daniel y yo nos dimos de frente con un frío polar que duró muy poco, ya que a día de hoy se han suavizado las temperaturas, pero aun así, estamos hablando de frío. Al enano no le hizo mucha gracia cambiar la ropita cómoda veraniega por el buzo agobiante una talla más grande que él. Cuando le ponemos el gorro comienza a llorar y no para hasta que le coges para meterlo en el carro. Porque, eso sí, este niño es un juerguista y le encanta salir a pasear. Lo mejor es que se suele dormir en el carrito.
Para la madre también han cambiado las cosas de pasear tranquilamente bajo un sol abrasador o bajo la lluvia y el frío.
Pasado mañana volvemos a Las Palmas de Gran Canaria, así que vuelta al calor y a los largos paseos.
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