miércoles, 13 de diciembre de 2017

Los Superpreguntones XXL

En esta casa tenemos dos superpreguntones de campeonato. Su curiosidad no tiene límite: ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Quién era...? ¿Qué pasó en...? ¿Cómo se hace...? Por eso la colección de Los Superpreguntones nos parece todo un acierto para estimular sus mentes inquietas y alimentar esa curiosidad maravillosa.

Me encanta verles con sus caritas pegadas sobre los libros comentando las preguntas y riéndose de los comentarios de las simpáticas imágenes. por supuesto, no tardan mucho en buscar a papá o a mamá para compartir su sapiencia recién adquirida y dar pie a más y más preguntas y más y más respuestas. Es un proceso de su crecimiento fascinante, como diría Spock.

Ahora, gracias a Boolino, ha llegado a sus manos Los Superpreguntones XXL y no pueden estar más entusiasmados con este tomo de lujo. Para empezar, es enorme y muy llamativo. En cuanto lo vieron se les iluminaron las caritas. Primero, porque ya saben de qué iba y, segundo, porque era incluso más bonito que los tienen en su estantería.

Pero las sorpresas no terminaron allí. Al ver la portada, pensaron que el tema eran los animales, los insectos o la naturaleza, pero al abrirlo, descubrieron alborozados que toca un poco de todos los temas: el universo, la meteorología, geografía, flora y fauna, dinosaurios, el ser humano, la prehistoria y la historia, ciencia, temas curiosos... En total 365 preguntas muy originales, una para cada día del año.

Aunque las fieras ya se han leído más de una al día. Es lo que tiene pertenecer a la generación de la inmediatez y las prisas. De todas formas, les comprendo. Una vez empiezas con la primera pregunta es casi imposible parar.

Quiero terminar el post transcribiendo la reseña de la contraportada porque creo que describe perfectamente la utilidad de este tomo:

"Dicen los sabios más listos que no hay que irse a dormir sin haberse hecho una pregunta al menos, buscando saber un poco más.

Para ayudar a todo el mundo en esta interesante tarea Los Superpreguntones proponen una pregunta para cada día del año, con su correspondiente respuesta, en un deseo por generar nuevas preguntas y así hasta el infinito.

Este libro tan grande, tan XXL, está pensado para que pequeños y mayores se sienten a su alrededor, pasen las páginas, las comenten, disfruten con los dibujos y, lo más importante, se despierte la curiosidad, que es la fuente del conocimiento".

martes, 12 de diciembre de 2017

Blanca Navidad en Covarrubias

El finde anterior al puente cayó en Covarrubias una buena nevada y los niños rezaban porque quedara algo de nieve cuando ellos llegaran. A mí no sé si me hacía tanta gracia, pero puestos a congelarnos por lo menos que sea en plan blanca Navidad. Yo es que siempre tiro por lo alto.

No nos defraudó el tiempo porque cuando llegamos algo de nieve quedaba. No era un extenso manto, pero la suficiente para los juegos más locos. Era mediodía cuando entrábamos por la casa y Raúl se disponía a encender la chimenea. Ese día comimos cerca de la misma para disfrutar del calorcito que desprendía.

La calefacción está muy bien, pero la chimenea es más rápida. De eso doy fe. El salón era la única estancia en la que se podía estar a gusto en ese momento. En cuanto llenamos la barriga y mami se echó una mini siesta, Raúl nos echó a todos a la calle para ver el ambiente navideño del pueblo.

Habían hecho adornos a mano para decorar los lugares más emblemáticos y molaban un montón. Luces en las calles, enormes bolas blancas en el árbol y figuras preciosas en el arco y el ayuntamiento. Se lo han currado un montón.

En el arco habían montado el tradicional mercadillo navideño con un montón de puestos artesanos. Podíamos encontrar desde originales botas de vino, hasta joyas únicas, pasando por cuadros, figuras de barro maravillosas, cestería... Bueno, un montón de cosas chulísimas.

Allí nos dijeron que el río estaba helado y que era digno de ver, así que cogimos a los niños y nos encaminamos a visitarlo. La verdad es que era todo un espectáculo. Creo que nunca lo había visto así. Los peques tiraban piedras a la superficie dura a ver si podían romperlo, pero les resultó muy difícil.

Vimos a los patos buscar huecos para nadar. Tenían que estar helados los pobres, aunque no parecían notar el frío. Por el camino encontramos nieve y los chiquillos se lo pasaron bomba jugando con ella, aunque ya habían estado un buen rato empapándose con ella en el patio de la casa.

Madre mía. Yo no sé cómo tienen esa resistencia a las inclemencias del tiempo cuando se están divirtiendo. Sólo diré que olvidamos llevar guantes y ellos como si nada manipulando la nieve. De vez en cuando les obligábamos a parar y a darnos las manos para calentárselas o a que se las metieran en el bolsillo, hasta que nos dimos cuenta que lo que se estaban metiendo en el bolsillo eran cachos de hielo. ¡Que locura!

Les ordenamos tirarlo inmediatamente y nos obedecieron a regañadientes. Les amenazamos con un castigo muy gordo si volvíamos a pillarlos guardando elementos peligrosos en la ropa. De aquí a la pulmonía sólo hay un paso.

Al poco, volvimos a las calles y nos pasamos por la Colegiata para ver el Belén. Lo han puesto muy bonito, y a los niños les gustaron mucho los peluches de animalitos que colocaron entre las figuras, pero a mí me pareció mucho más original el del año pasado con los muebles antiguos y ubicado en el exterior. Este año lo han puesto a un lado del altar y queda  muy escondido.

También fuimos a ver el Belén de El Jumer, una tienda de fontanería, reformas y ferretería. Se lo curra mucho porque hay agua corriente, una figura que se mueve y se hace de noche y de día. A los peques les encantó.

Nos dimos una última vuelta por ver iluminado el pueblo y a casa, que yo ya me estaba poniendo azul, aunque si hubiera sido por mis hombres allí seguíamos.




lunes, 11 de diciembre de 2017

Juvenalia 2017, un paraíso para los niños

Este puente ha sido muy movido y ha terminado con un colofón de lujo: una visita a Juvenalia, la feria de los niños y los jóvenes. Y todo gracias a un sorteo que han organizado desde Qué hacer con los niños, una web muy chula para hacer planes de ocio en familia.

Cómo yo no soy de Madrid, Juvenalia me sonaba como algo lejano, pero en cuanto le conté a Raúl que había ganado cuatro entradas para la edición de este año se le iluminaron los ojos. "Ey, yo de pequeño iba a allí y me encantaba" ese tirón de recuerdos fue lo que me ayudó para convencerle de volver un día antes del pueblo y pasar el domingo por la feria de los niños. Se hizo bastante el duro, pero al final cedió. Estaba claro que a él también le apetecía darse una vuelta a ver que había.

El domingo nos presentamos en Ifema con muchas ganas de divertirnos. Le habíamos echado un ojito al programa y habíamos encontrado un montón de cosas interesantes. Nada más acceder, a los niños se les salieron los ojos y no lograban decidir a qué ir primero. Pero enseguida se les quitaron las dudas y corrieron que se las pelaban a un hinchable larguísimo que ocupaba una buena parte del largo de la sala. Era un circuito muy chulo que acababa en tobogán. Y un poco más allá del tobogán... ¡Un cine 6D!

Allá que fuimos para saber de qué iba eso del 6D. Al final resultó ser un simulador de montaña rusa igualito al que nos habíamos subido en la feria de las fiestas del barrio y que tanto les había gustado. Así que salieron de allí la mar de contentos.

Y reanudaron su carrera hacia el siguiente objetivo con unos pobres padres pisándoles los talones y gritando que no hacía falta correr.

Pero cómo iban a aminorar la marcha si habían encontrado una verdadera maravilla: ¡las burbujas! Te metes dentro y haces el cabra maravillosamente. Una pasada. Era uno de los juegos chulísimos que había montado Fundación Mapfre.

A mis niños les costó un pelín pillarle el truco al asunto, pero en cuanto se hicieron con ellas no había quien les parara. Daban vueltas y más vueltas. Lo más divertido era cuando se quedaban atrapados boca abajo y tenía que venir un monitor a darles el empujoncito. Les veías patalear muertos de la risa.

Los monitores iban de una pelota con niño a otra haciéndolos girar, dándoles la vuelta o ayudándoles a dar vueltas de campana. Se veía que también se lo estaban pasando pipa. Creo que en esa atracción deberían dejarnos entrar a los padres para jugar un poco a la pelot... esto... ayudar a los peques jajaja

Iván le cogió un poco de miedo a quedarse boca abajo, pero enseguida vio la solución. Se daba la vuelta muy cerca de la valla, justo donde estaba yo. Así, si se quedaba patas parriba, su madre le devolvía a la posición original de un empujoncito y listo. Allí estuvieron mogollón de tiempo.

Y de ahí se pasaron al... ¡golf! Nunca hubiera puesto la mano en el fuego de que les fuera a gustar este deporte pero, mira por donde, les flipó.

Tanto, que quisieron repetir en el stand de la Federación de Golf de Madrid, pero había bastante cola y decidieron seguir con su recorrido.

Cambiamos de pabellón y entonces lo vieron... ¡un tobogán gigaaante! Pero que de cosas chulas había en Ifema este puente. ¡Madre mía que pedazo de tobogán hinchable! Nada menos que de diez metros de altura.

Allá que enfilaron ambos sin pensarselo dos veces. Se tiraron sin miedo, ni terror, ni nada. Y no repitieron porque les pasó lo mismo que con el golf, que justo en ese momento se formó una cola de espanto. Que suerte tuvimos de llegar un poco antes y poder tirarse la primera vez sin esperar.

La cosa fue de hinchables porque se metieron de cabeza en la zona Wipeout, que emula a un conocido programa de televisión basado en batacazos. ¡Vaya si se dieron tortazos! ¡vaya caídas! Casi me dolían a mí, pero ellos se levantaban exultantes. Alucino con los niños.

Primero se metieron en un circuito en el que unos esforzados padres les tiraban unas bolas gigantes con bastante puntería. Volaban niños, pero ellos encantados.

Luego pasaron a las bolas gigantes. En esta prueba tenían que saltar de pelota en pelota sin caerse.

También existía otra prueba similar, pero con tubos en vez de pelotas. Los míos se lo pasaron bomba dando brincos en ambas.

Luego les tocó en la asesina barredora. Madreeee. Que velocidad llevaba. Y cómo iba barriendo niños en su recorrido.

El nombre no se lo han puesto por casualidad. No. Aquí también volaban. Ostras que golpes. Y ellos tan pichis que salieron de la máquina tortur... estooo... de pura diversión.

Esto no acaba aquí, aunque mis hijos aseguran que fue lo que más les gustó de Juvenalia. Es que habían muchísimos más hinchables y se ve que mis hijos pensaban seguir agotando sus fuerzas en ellos mientras le quedara aliento. El siguiente fue el del salto mortal. Mortal porque los chiquillos se despeñaban desde una altura considerable. Pero no creáis que dudaban lo más mínimo antes de lanzarse a la colchoneta. ¡Y repetían! Los muy locos...

Lejos de cansarse se tiraron a lo banzai a otro hinchable con un tobogán de donuts. Allí Iván tenía que tirarse con un progenitor porque medía menos de 1,30 y no le hizo la más mínima gracia, pero no le quedó más remedio.

Al principio, convencí al padre para que le acompañara, pero como se quiso tirar dos veces a mí también me tocó deslizarme por la cuesta a velocidad de vértigo.

También aprovecharon para entrar en uno de escalada muy chulo con salientes y cuerdas. Lo pasaron genial emulando a Spiderman.

Sólo la zona de Lego fue capaz de sacarles de los hinchables.

Iván se emocionó con las figuras de Star Wars y con la exposición, mientras su hermano se metía en un taller a experimentar con el millón de bricks a su disposición.

Pero, de repente, algo captó su atención e hizo que lo dejaran todo para correr a coger los mandos de unos videojuegos. Evidentemente.

Por un momento me fastidió que se engancharan a las consolas, como siempre, pero luego pensé "Por fin un respirito". Aproveché para saludar a María José, autora de varios cuentos infantiles, como el de Elefante y Miguel, y voluntaria en Apadrina la Ciencia, con los que organizaba un taller muy chulo. Les pregunté a los niños si querían hacer el taller de ciencia, pero de camino se encontraron las Nintendo Switch y volvimos a perderles. Que rollo esto del lado oscuro de los videojuegos.

Sólo pude sacarlos de allí chivándoles que había una taller de cocina muy cerca de allí. Por fin conseguí su atención (más o menos) y les llevé al taller de shushi, que al final no estaba tan cerca. Enseguida se interesaron en poner las manos en la masa, pero había que apuntarse y hasta las dos no había hueco así que no les quedó otra que esperar.

Conseguimos convencerles para visitar el piso de arriba para ver qué más había. En realidad, yo quería pasarme por Mamá tiene un plan y Ocio para peques, que sabía que tenían su stand allí, pero mis hijos se recorrieron el área en menos de cinco minutos y dictaminaron que todo lo que allí había era para bebés. Mentira porque en Ocio para peques había un taller de Flexbot que prometía muchísimo, pero no quisieron pasarse. Me temo que ya andaban sobre excitados. Demasiadas opciones de ocio en sólo una mañana.

Al final, nos tuvimos que bajar tras ellos sin poder saludar a nadie. En cuanto volvieron al piso de abajo se nos colaron en la zona de las videoconsolas retro de Arcade Madrid. Ainss. No tienen remedio.

Como ya no quedaba mucho para que comenzara el taller de shushi les dejamos que se viciaran de nuevo con las pantallas. Lo sorprendente es que, llegada la hora, no protestaran demasiado y enfilaran bastante obedientemente hacia el Stand de Ludoteque, los que organizaban el taller.
Allí les pusieron un delantal, una cinta japonesa en el pelo y ¡a cocinar! En muy poco tiempo tenían montados tres deliciosos rollitos de shushi de salmón.

Yo me las prometía muy felices porque a estos pequeños no les gusta el salmón, pero se ve que si lo hacen ellos con sus manitas sí porque Daniel se los zampó de una tacada. Iván se comió uno muy a gusto y me pidió que le envolviera los otros dos para comérselos más tarde.

Ninguno pensó en sus esforzados papá que llevaban toda la mañana corriendo tras ellos. Menos mal que por la tarde logré convencer al pequeño de que me diera uno de sus shushis. ¡Estaba buenísimo!

Y hasta aquí nuestro salto a Juvenalia. A eso de las tres salíamos por la puerta con dos peques protestando y suplicando por volver a entrar. Confieso que yo estaba agotada de tanto correr de una zona a otra. ¡Cómo debían de esta ellos! Es verdad que nos dejamos muchísimas cosas: los juegos gigantes de Cayro, la tirolina gigante de los Bomberos Unidos sin Fronteras, el circuito de seguridad vial de la policía... Y muchísimas cosas más. Madre mía. Habían tanta cosa que es como para ir todos los días del puente. Un detalle que se agradeció era el de las botellitas de agua repartidas por toda la feria para los niños.

Estas dos fieras ya claman por hacer tradición Juvenalia y volver todos los años. No son listos ni nada. Lo cierto es que lo pasamos genial y agradecemos muchísimo a Qué hacer con los peques por el sorteo del pack de cuatro entradas que ganamos.