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domingo, 17 de octubre de 2021

Cumpleaños de cine: Iván

Con el pequeño no pude "despreocuparme" tanto como con Daniel. Con 10 años el acompañante adulto era imprescindible. Y ese acompañante adulto iba a ser yo. No porque Raúl tuviera un morro que se lo pisaba, aunque he de confesar que lo pensé durante un momento, sino porque tenía que quedarse en casa a currar, a ayudar a Daniel a estudiar exámenes y a asistir online a la tutoría del mayor.

Así que el día elegido hicimos todos los encajes de bolillos necesario para que todo cuadrara y pudieran venir al cumple todos los amigos que había invitado Iván. Un compañero se vino a comer a casa, otro se acercó a nuestra puerta y con el resto nos encontramos en la puerta del cine. Allá que fuimos muy ilusionados a ver una comedia familiar francesa cargados de palomitas. La película la habían elegido los interesados a través del canal de discord e iban muy ilusionados pensando que sería algo parecido a Padre no hay más que uno de Santiago Segura, pero lo que nos encontramos fue un desmadre de drogas, algún desnudo, sexo no explícito, chistes políticamente incorrectos y cambio de cuerpos indiscriminados. A ver, que la película está bien y yo me reí muchísimo, pero familiar, familiar... yo no la encasillaría en ese tipo de cine, a no ser que hablemos de hijos adolescentes, entonces sí. Lo cierto es que mi diversión se vio empañada por el miedo a que el argumento se pasara de la ralla en más de uno y dos ocasiones.

Eso sí, los peques estaban encantados. Se retorcían en sus butacas y comentaban los puntos más gamberros a voz en grito. Las dos personas que estaban en al sala debían estar acordándose de todos nuestros antepasados y en plan mal. Yo les llamaba al orden y volvían a comportarse hasta la siguiente sobrada.

La verdad es que estuvieron a sus anchas y se lo pasaron pipa. Uno de los peques miró a su alrededor cuando se encendieron las luces y exclamó: "Hala, Dácil, ¡has reservado una sala entera de cine?", mira, que risa me entró, pero no. Lo que pasó es que estábamos casi solos y les dio una sensación muy chula.

Por cierto, también fue gracioso cuando nos fuimos a sentar y justo una de nuestras butacas ¡no tenía asiento! Estaba rota. ya es mala suerte que de toda la sala, juuuuuusto en nuestra fila estaba la butaca rota. Ni corta ni perezosa les insté a cambiarnos a la fila de detrás. Me hicieron caso tímidamente porque eso de sentarse en asientos que no eran los suyos les daba palo y se pusieron a buscar sus números de butaca. "Pero, vamos a ver, ¡si ya nos estamos sentando en la fila que no nos corresponde sentaros donde os dé la gana!" y así lo hicieron. La timidez les duró hasta que empezaron los chistes en la pantalla.

De la sala salieron entusiasmados porque habían visto una peli de mayores y con el plan de no contarles nada a sus padres para poder ir a también a la segunda parte, porque ellos tenían clarísimo que iba a haber segunda parte. Están muy poco acostumbrado al cine europeo. Yo no lo veo tan claro, pero perdí en el debate. Lo que sí hice fue romperles las ilusiones asegurando que yo misma les contaría a los progenitores lo inesperado del contenido que habíamos presenciado. "Hemos sido engañados", exclamé, "¿Vosotros que recomendación de edad pensáis que tenía la peli", unos pensaban que +13, otros que +18. En realidad el PEGI es de +7 y el trailer no hace sospechar nada raro fuera de una típica película familiar. Un par de ellos habían visto el trailer y me dieron la razón. 

Mientras disfrutaban de sus pizzas y burritos comentamos uno por uno los greatest hits más burros muertos de la risa. También hubo algún que otro baño en refresco, como viene siendo lo habitual en todas las salidas con niños. También aceptamos el reto de aguantar el picante de la salsa del burrito de unos de ellos y el de decirle palabras en coreano a otro para que nos dijera qué significaban. Por lo visto había aprendido algunas palabras viendo vídeos en coreanos en YouTube, flipo. Por supuesto echamos manos de mi móvil y de google translate, que ahí el resto no tenía ni idea de coreano. Así nos enteramos que hola era una palabra compuesta que incluía la palabra relativa a adiós: annyeonghaseyo y annyeong.

Eso derivó a que Iván escribiera la canción de cumpleaños feliz en el traductor y acabáramos cantándosela en japonés:  Otanjōbiomedetō, otanjōbiomedetō, watashitachi wa anata o negatte imasu. Debíamos ser todo un espectáculo. Menos mal que había poca gente.

Entonces determiné que era el momento perfecto para que los amigos le dieran su regalo. Había usado el método "padres ponen u dinero y madre se encarga del regalo", así que cuando dije que ahora le iban a dar su regalo se pusieron todos pálidos: "¿Regalo? ¿Qué regalo?". "Éste regalo", les contesté yo enseñándoles el flamante paquete, "¿Y eso qué eeees?", exclamaron casi todos. Pobrecitos, si es que les hacemos un lío tremendo con nuestros tejemanejes. Les expliqué que sus padres habían puesto el dinero y que yo lo había comprado, pero que el regalo era de su parte y les animé a adivinar lo que era. Todos estuvieron de acuerdo en que tenía que ser un Iphone. "¡¡¡Que no es un Iphone!!!!", repetía yo una y otra vez, pero ellos empeñados. Hasta que Iván lo abrió y ¡tachan! un super reloj de esos que te miden todo, te dicen el tiempo, tiene linterna y hasta te ayudan a relajarte con ejercicios de respiración. Yo es que flipo. Los peques se quedaron alucinados. Iván un poco menos porque era uno de los regalos que quería, no se lo habíamos dado en la celebración familiar y, supongo, que algo se olía. Pero eso sí, estaba muy emocionado de tenerlo, por fin, en sus manos. Ahora sólo tenía que esperar que su padre le hiciera la puesta a punto.

Y ahí, mas o menos, fue cuando se aburrieron del restaurante y me pidieron emociones más fuertes. Así que acabamos en la zona infantil del Mc Donald para que hicieran el cafre a voluntad y quemaran energías. Y ahí ya pude yo relajarme un poco, aunque me lo estaba pasando pipa con la charla de lo peques y no me hubiera importado que continuara un poco más.

A riesgo de menoscabar mi sueño nocturno me pedí un café con helado como premio a mi labor de cuidadora infantil del día y les compré un helado a los peques cuando me lo pidieron. El broche final perfecto para el día. Cuando les anuncié que se acababa el cumple no se querían ir. ¡Buena señal!

La verdad es que pensé que ir sola con cinco niños de 10 años iba a ser una experiencia muy estresante y agotadora, pero se portaron tan bien que lo disfruté. Eso sí, agotada debía estar porque aún con café por medio me quedé frita bastante temprano.

 

sábado, 16 de octubre de 2021

Cumpleaños de cine: Daniel

Este año no ha habido la tradicional fiesta temática de cumpleaños. El año pasado ya nos encontramos con una situación pandémica que hizo imposible una celebración al uso, así que nos montamos el fiestón en casa, que tampoco estuvo nada mal. Lo pasamos genial en la fiesta Fortnite y me quité la espinita porque yo ya veía que me iba a comer todo lo comprado para la ocasión. De hecho, el regalito para los invitados (gorras de la marca) las repartimos a posteriori entre los amigos y tuvieron mucho éxito. 

Ante la experiencia pasa, este año no preparé nada. Se necesita antelación suficiente para poder hacer una fiesta de este tipo, ya sea para comprar adornos, planificar la merienda o hacer las manualidades pertinentes. Así que este año, como no sabía en qué condiciones íbamos a estar para los cumples de los peques me dejé ir.

Cuando se acercaba el momento tocó tomar decisiones importantes y decidí imitar a una amiga que resolvió el tema cumpleaños con una salida al cine. El primero en cumplir es Daniel y, como ya es un chicote de instituto, preparé todo para que se fuera con sus amigos al cine... ¡sin acompañante adulto! Fue una decisión un poco estresante, pero al final vivimos en un barrio que es como un pueblo, el cine está muy cerca y el grupo es bastante responsable (sin olvidar que no dejan de ser niños de 12 años). 

Decidí comprar las entradas un miércoles por dos razones: que es el día del espectador y que los fines de semana las familias suelen tener planes. Pero no me di cuenta que justo el día que compré las entradas los peques iban a salir más tarde del instituto con los cual no les iba a dar tiempo de comer antes de ir al cine. debatiendo con el resto de padres salió la solución: Prepararía mochilas de tela para cada uno con un bocata, palomitas, una bebida y una chocolatina. Así comerían en la sala mientras disfrutaban de la película.

El plan consistía en que vinieran a casa directos, dejaran sus mochilas del cole, cogieran las mochilas de la comida y ¡al cine! Por cierto, la peli la eligieron ellos en unas de sus jornadas de parque: Shang Chi y la leyenda de los diez anillo. Daniel prefería Free guy, pero ya la habían quitado. 

Luego la idea es que fueran a un restaurante de comida rápida, que Daniel seleccionó de los que nos quedaban cerca, para comentar la peli a gusto o lo que les diera la gana disfrutando de una pizza, una hamburguesa, un burrito o lo que les apeteciera. Por último, volverían a casa, le entregarían el regalo a Daniel, que teníamos nosotros y cada mochuelo a su olivo, que al día siguiente tenían clase.

Le di al peque el código QR de las entradas impreso, el dinero para el restaurante y me encomendé a todos los santos para que la cosa saliera bien.

No puedo decir nada de primera mano porque no estuve allí, pero según los niños se lo pasaron genial y estaban muy emocionados ante su primera salida oficial sin padres (Se ve que cuando van al parque solos no cuenta).

Mientras el mayor se iba de juerga y cachondeo con sus amigos, a Iván le organicé un plan alternativo con un amigo pata que no se quedara solo y tristón en casa, porque, lógicamente, el hermano no le invitó a la fiesta con sus colegas. Nos fuimos a un Burger con zona infantil en el que se lo pasó muy bien y acabamos en casa del amigo tablet mediante. Así me pasó que me costó la vida arrancarle de allí y cuando llegué a casa todo había terminado: regalo entregado, cada niño en su casa y ni una foto del acontecimiento. Esto me pasa por delegar en el padre, aunque él se defiendo asegurando que fue una locura.

Es caso es que se lo pasaron bomba todos. Con eso me quedo.

El cumple del pequeño lo cuento en otro post que también tuvo mucha miga.


jueves, 15 de octubre de 2020

El cumpleaños de Iván

Este sábado dimos por terminado la temporada de cumpleaños infantiles de este año con el día de Iván. Vale que la cosa coleó hasta el lunes, que era fiesta, pero el último día especial oficial y en el que ya di mis último esfuerzos al respecto fue el sábado.

Aunque la celebración comenzó el viernes por la noche con una cena encargada en Taco Bell. Este tipo de comida rápida no son santos de mi devoción, ni del de Raúl, por eso no suele ser frecuente ir a un burger o a una pizzería en esta familia. Ni siquiera pedir comida fuera. Hasta las pizzas de las cenas cine las hacemos caseras o , como mucho, las compramos congeladas en un supermercado (casi nunca). Así que una cena por todo lo alto a base de porquer... digooooo, delicattesens plástico... digoooo, artificiales a la par que deliciosas, son toda una novedad para estos peques.

El caso es que convencimos al más chiquitín de la familia para que eligiera su comida especial cumpleañera en una local de restauración especializado en tacos (que era lo que quería comer), en vez de en la famosa franquicia de comida basur... digooo, rápida mexicana. Pero para que no se quedara con las ganas le compramos sus burritos plasticosos en la cena del viernes. No había crío más feliz, porque, como ya iba viendo yo, lo que él quería de verdad eran sus cutre burritos y no otros. Disfrutamos a tope nuestra cena burrito cine y nos fuimos a la cama con un peque la mar de ilusionado.

El día especial en cuestión comenzó de la mejor de las maneras: ¡con tortitas! Eso sí que es un desayuno especial. Y nada más acabarlo el peque se vistió y se fue con su padre a elegir su tarta. En su cabeza tenía una deliciosa con un montón de nata, que es lo que más le gusta, pero acabó viniendo con una de Tiramisú. 

A mí, desde luego, me hizo feliz, porque me encanta, pero todavía no entiendo el por qué de su elección. Le gusta, pero es un sabor como muy particular. De hecho, al pobre Daniel no le gustó nada, con ese regustillo a café tan rico mmmmm...

La verdad es que acabamos empachadísimos entre los burritos gigantes y la tarta. Además, utilizamos los hielos de colores y sabores que habíamos hecho el día anterior para animar nuestros vasos de agua (idea también del cumpleañero), así que ¡hasta el agua engordaba ese día!

Como era de esperar, uno de los deseos del chiquitín para disfrutar de su día era jugar a videojuegos con su padre, así que estuvieron un buen rato construyendo su mundo minecraft la mar de entretenidos.

Por supuesto, también hubo hueco para los juegos de mesa, sobre todo para Ratland, que es uno de sus preferidos. Y para el rol, con una partida un pelín surrealista a Dungeon World. Seguimos con nuestra campaña, en la que nuestro grupo está investigando un misterio con un dragón, un culto basado en el pedazo de bicho, pueblos de hombres lagarto, traiciones, elementales, etc... 

Los mejores momentos los protagonizaron los peques que estaban muy hype, como dicen ellos, con el tema de que, por fin, les hemos dejado ver la serie de Ataque a los titanes... y ¡como me estoy arrepintiendo. Se cargaban a todos sus enemigo épicamente, haciendo extrañas piruetas y cortando sus nucas salvajemente... a veces, hasta con pequeñas dagas de ratero. En fin, que paciencia hay que tener...

La aventura de esa tarde empezaba cuando nos encomiendan la misión de proteger a un diplomático de los hombres lagarto, encargado de llevar un mensaje de paz de una de la ciudad de los hombres con el fin de trabajar juntos y acabar con las desgracias y pobreza que la aparición del dragón ha traído a la isla. Salimos en comitiva y a Iván no se le ocurre otra cosa que decir que él va sigiloso.

"Pero a ver, Iván, que tú puedes ir sigiloso, pero caballo va a ir haciendo toco toc toco toc", le advirtió su padre

"Eso lo harán los de los otros. El mío hace tic tic tic", se emperró el chiquillo

"Que no, que los caballos no hacen eso. Tendrías que cargar tú con el caballo"

"Ah vale, puesss"

"¡Que no!", zanjó el padre viéndolo venir.

"Pues mi caballo hace toco toc toco toc, pero el de los demás hace cataplaaaaaam tataplooooom, así que el mío va MÁS sigiloso" argumentó el pequeño ladrón.

El máster se lo pensó un poco y acabó aceptando barco como animal acuático por no retrasar más la partida.

Otra fue cuando llegamos a nuestro destino y nos da la bienvenida un druida hombre lagarto con gran ceremonia.

"Valientes aventureros. Nuestro pueblos os agradece vuestra colaboración para trabajar en la unión de ambos pueb... ¡¿Queréis dejar de hacer el idiota?!"

Tan inmersa estaba en el discurso que no me había dado cuenta que ambos peques estaban haciendo el mono en sus sillas.

"Pero papi, yo estoy meneando el cuerpo FUERA del juego, eeeeeeh. El hombre lagarto no me ve", comenzó a justificarse el más pequeño.

"Y yo me estoy rascando el sobaco en casa, jolín. En el pueblo de los hombres lagarto. Estoy muy atento y poniendo una cara así, como de concentración y un poco de mala leche...", le siguió el rollo el mayor.

"GRUAAAARL", dije yo. Y se acabaron las tonterías por un ratito.

Pero eso no fue lo más surrealista, tendríais que ver nuestras caras cuando aparece el pedazo de dragón del que escapamos por los pelos y casi muertos en nuestra primera aventura y va el primogénito y se lanza en plan banzai a su cuello. Por el camino se le cae la espada, así que le ataca con el escudo y le rompe una uña. Tras lo cual, el dragón le aparta cual insecto y le quita la mitad de su vida.

Entonces su madre, que es clériga con CEREBRO, hace un hechizo para que la enorme bestia le coja un miedo irracional a su bastón y se las pire con tanta suerte que le sale la tirada del siglo. El bicho se espanta cual gatito asustado y dice "alas, para qué os quiero".

Con lo que sólo queda un peque enfurruñado con su entrometida madre porque, en realidad, él ya lo tenía dónde quería e iba a matarlo de una forma extremadamente épica, rebanándole la nuca con su escudo y blablablabla... Ya no escuché más y les mandé a todos a la cama con bronca incluida por ir llamando la atención de sanguinarios dragones y no estar a lo que hay que estar. pero una bronca flojita, porque estábamos celebrando el cumple de Iván y no era cuestión de acabar el día de malas...

lunes, 5 de octubre de 2020

La fiesta de cumpleaños Fortnite con amigos... sin amigos

En esta casa los cumpleaños de los niños se celebran como una especie de festividad navideña, una quincena salpicada de días especiales. En una situación normal, empiezan con el día en el que nació el mayo (velas, tarta, canción y nuestro regalo), sigue con la fiesta en familia del mayor (velas, tarta, canción, regalo en casa de las abuelas), continúa con la gran fiesta temática con amigos de ambos niños (Fiestón, juegos, regalos, merienda chachi, tarta, velas, locura máxima), sigue con la fiesta en familia del pequeño (velas, tarta, canción, regalo en casa de las abuelas) y suele terminar con el día en el que nació el pequeño, quince días después del día en el que nació el mayor (velas, tarta, canción y nuestro regalo). En medio de los días especiales emoción, expectativas, intriga... Lo dicho, como si fuera Navidad. Un maratón agotador para mí, para ser exactos. Pero en general lo pasamos genial y con eso ya vale la pena todo el esfuerzo.

Este año la cosa ha cambiado bastante y nos ha traído los cumpleaños COVID: ni parques de bolas, ni multiaventuras, ni fiestas en el parque, ni fiestas con amigos en casa... La salud es lo primero y cumpleaños va a haber muchos más.

Eso es lo que les dije a las fieras cuando les solté la noticia bomba: No va a haber fiesta con la familia ni fiesta con los amigos. Sólo las de los días. Eso sí, en sus días tienen derecho a elegir la comida que más les guste. Daniel apostó por la cocina japonesa e Iván se tiró a por los burritos mexicanos. Unas elecciones excelentes que les ayudó a sobrellevar la desilusión.

Lo que más les dolió, lógicamente fue la cancelación de la super fiesta temática con amigos, pero para eso también hubo premio de consolación. "Chicos, vamos a celebrar la mejor fiesta de amigos sin amigos de la historia de los cumpleaños de esta casa", ese era el reto. Y creo que lo logramos. Éste año habían elegido Fortnite como tema principal.

El viernes por la tarde todos pusimos de nuestra parte para hacer una decoración grandiosa (alguna más que otros, pero bueno). Nos quedó chulísima.

Y al día siguiente, una menda madrugó para tener preparado un delicioso desayuno, a base de pepitos de crema y muffins de chocolate variados llenos de figuras fortnite bailarinas, además de unos barquillos con rayas rosas que estaban bien buenos, para cuando los churumbeles se levantaran. 


Todo muy poco sano, pero hizo que empezáramos el día de la mejor de las maneras, con sonrisas llenas de azúcar y chocolate.

Tras recoger el desayuno (y lavarnos los dientes a fondo), nos pusimos a revolver en los disfraces para hacernos nuestras skins personalizadas al gusto de cada uno. 

Iván y yo lo tuvimos claro desde el principio, pero Daniel necesitó unas tijeras y una camiseta vieja para darle el toque que quería. 

Quedamos muy guays, así que hicimos sesión de fotos antes de montar el parkour en el salón. 

Utilizamos sillas, el sofá y la mesa de comedor. Pusimos vasitos en las sillas para aumenta la dificultad e hicimos el recorrido unas cuantas veces para hacernos con él. 

Luego fuimos a buscar las pistolas láser y comenzó el juego de puntería. Uno tenía que llegar hasta la mesa de comedor mientras otro le disparaba y cuando llegaba se daba la vuelta y podía disparar a su agresor. 

Fue muy divertido. Aunque hubo algún rifi rafe porque el mayor tenía mucho morro y en cuanto podía se tapaba disimuladamente el sensor de impactos.

Para no acabar en batalla campal de verdad, cambiamos el registro a hacer el recorrido de diferentes maneras cada cual más difícil: llevando un globo a toques, esquivando cojines, sorteando respaldos de sillas...

Cuando se cansaron del parkour comenzó el tiempo de turnos de videojuegos... evidentemente, a Fortnite. 

Mientras tanto yo preparaba el juego de los peces. Ellos habían preparado unas piscipedias (cada uno la suya) sobre estos animalitos del juego, que si los pescas te dan diferentes poderes. 

En nuestro caso te podían dar más turno, o minutos de youtube, o actividad en familia, o elegir la peli de la cena cine, elegir que comer ese día... 

Y también metí peces troll (eso no se lo esperaban y fue una risa), en los que se leían mensajes como: Pon la mesa, obedece a la primera, recoge tu habitación...

Metí un papelito en cada globo, los inflé, les puse clips para poder pescarlos y construí las cañas de pescar. Ya sólo quedaba llenar la bañera, meterlos todos dentro y llamar a los churumbeles para que empezara la pesca. Les encantó el juego. Yo era la ladrona comerciante, también pescaba y luego podía intercambiar dependiendo del valor de cada uno.

Pactamos que todos teníamos que haber pescado al final el mismo número de peces y nos pusimos manos a la obra. Cuando vaciamos la bañera, procedimos a estallar nuestra pesca por turnos. Que risas cada vez que salí un pez troll. Y qué emoción con cada premio. 

Ahora los tienen todos guardados para ir intercambiándolos. Hasta los trolls, porque tiene que hacer lo que reza en el papel para quitárselos de encima. ¡¡A Daniel le salieron cinco!!! Por tener tan mala suerte le compensé con el mejor de todos, que me había salido a mí: una hora de lo que quieras. Pero se queda con los troll, esos no se los quita nadie.

La comida la hizo Raúl. Eso que me quité. El menú era un corderito al horno que estaba de lo más jugoso. nos chupamos los dedos. 

Y para finalizar una tarta bizcocho con muñecos de Fortnite en la que soplaron cada uno una vela con sus años reflejados. 

Nos la comimos acompañada de chupitos de drácula llenos de líquido rojo. No sé si es mucho Fortnite, pero a los peques les flipó. 


Sobre todo porque los vasos de chupito tienen forma de pipa y la noche anterior acabábamos de ver una película de Sherlock Holmes. 

No hay nada mejor para resolver misterios que fumar en una pipa con refresco de fresa jajaja.

Nada más terminar de comer, les dimos un regalos a cada uno, para que se notara aún más que era una fiesta de cumpleaños. 

Al peque muñecos de Fortnite (muy al hilo del tema) y al mayor el juego de mesa de Ataque a los Titanes, que le tenía obsesionado desde que lo descubrió en unas Ludo Ergo Sum (gracias Papi primerizo por el chivatazo. Te debo una muy grande). 

Momento de felicidad extrema del día, si es que son un par de materialistas...

Aproveché que tocaba de nuevo turno de videojuegos para echarme una siestita, que había que reponer fuerzas para lo que se nos venía esa tarde.


Y bien que hice porque en el concurso de bailes de Fortnite casi hecho las tripas. Pusimos un vídeo de youtube de esos que te van cambiando el baile cada pocos segundo y teníamos que imitarlos. Los había de todos los niveles: desde aplaudir calmadamente hasta el gusanito, el de break dance, pasando por el de flamenco, rock o victoria naranja... No sé ni cuantos hicimos, pero al rato suplicaba que se acabar el concurso para no morir. Ganó Iván, porque, para ser sinceros, el más peque y yo fuimos los únicos que nos lo curramos hasta la extenuación. El resto de la familia hacía el paripé de vez en cuando y en cuanto no miraba adoptaban posición estática.

Para hacer la cosa más relajada pasamos al bingo. Como a los peques se les escapaban algunas y casi siempre ganaba yo me acusaron de tongo. ¡Pues haber tenido más agudeza visual! ¡Amos hombre! Total, ganadora imbatible: Yo.

Entonces sacamos la merienda con donuts morados y azules de llama llenos de estrellitas de azúcar (es que no pude resistirme, eran demasiado Fortnite), saladitos y palomitas de maíz de colorinchis. 

Todo regado con pociones de color azul y roja, que los peques llamaban escudos. El que haya jugado lo entenderá. Yo no.

Mientras nos poníamos las botas, Iván nos dirigía la segunda partida de rol basada en Naruto. Ésta vez nuestros enemigos contaban con habilidades especiales como hacer salir pinchos de las paredes, mover muros, o crear ráfagas de fuego, que nos lo pusieron muy difícil; pero al final logramos descubrir que la estatua es para conseguir un poder inimaginable y que hay un clan que pretende asesinarnos y robárnosla. Estuvimos todos a punto de morir, incluso la marioneta de Raúl llegó a palmarla (aunque reaparecerá en la próxima partida, tranquilos), pero acabamos ganando por los pelos. 

La partida se alargó muchísimo, así que (como habíamos comido poco #modoironiaon) preparé los perritos calientes y comenzó la partida improvisada de Daniel inspirada en el punto pokemon, en la que cada personaje tenía unos poderes y habilidades y teníamos que lucha con otros pokemon. El sistema estaba demasiado basado en pasa lo que a Daniel le sale de las narices, pero nos echamos unas buenas risas y nos divertimos, que es lo importante.

Dio justo para acabar de cenar, con lo que recogimos todo de la mesa, la limpiamos y desplegamos el juego de mesa Attack of Titan. La última batalla. Daniel, eligió ser uno de los titanes y nosotros elegimos a nuestros héroes para luchar de forma colaborativa contra el malo malísimo, que además era antropógfago y se quería comer a los ciudadanos. Lo pasamos genial y encima fue un final muy emocionante. Ganó el titán por muy poco. Tuvimos un error por no fijarnos y lo aprovechó Daniel con todas las consecuencias justo en el turno en el que íbamos de cabeza a hacerle matarile. Es un juego en que hay que tener en cuenta muchísimas cosas y te pueden curtir por muchos sitios. Nos gustó mucho.


De hecho, los peques estaban decididos a jugar otra partida siendo titán Iván, pero los padres nos plantamos seriamente. Ya eran las mil de la noche y la fiesta había durado todo el día. ¡Hora de dormir!