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martes, 4 de julio de 2023

Primer día de piscina

¡Por fin he podido ir a la piscina! No es que me emocione mucho ir, pero me encanta lo bien que se lo pasa Iván y ver cómo disfruta jugando con su padre.

Yo soy de entrar y salir, como quien dice. Y por eso, tengo dos depredadores; si viene Daniel, tres; muy atentos para darme caza si detectan que meto un pie dentro del agua.

Me agarran y cubren las salidas para que me quede un rato más, así que muchas veces me toca jugar un rato antes de poder encontrar una fisura y escapar jeeeejejejejeje

Protestan, pero enseguida vuelven a lo suyo hasta que me aburro de verles, leer o mirar twitter y les digo que salgan para secarse. Entonces arrecian más protestas. Incluso del padre que también debe tener ascendencia de profundos, porque ¡madre mía lo que le gusta el agua!

Y yo puede que no me meta mucho en el agua, pero tumbarme en la toalla cerca de la piscina y a la sombra me relaja muchísimo. Será por el fresquito, o por verles jugar en el agua o vete tú a saber.

lunes, 20 de julio de 2020

Las piscinas municipales en la nueva realidad

Este año pensábamos que no íbamos a catar una piscina ni de lejos, pero, hete aquí, que nos armamos de valor y pedimos cita para una de las jornadas de la piscina municipal más cercana.

Nos metimos en la página de venta de entradas, que se podría mejorar bastante, y adquirimos cuatro entradas para la mañana, franja horaria en la que creímos que habría menos gente. Por la mañana abren de 10 a 14.30 y por la tarde de 16 a 21.00. Al medio día limpian y desinfectan las instalaciones para el siguiente turno. En grande pone que metas tu usuario y contraseña, pero puedes optar por acceder como invitado y sin necesidad de esos datos.

El caso es que a las 10 éramos bastante pocos y se estaba de lujo, pero a eso de las 12 ya éramos demasiados. Lo de la distancia de seguridad no se cumplía ni aún queriendo, que algunos querían y otros no. Las mascarillas también son otro punto para comentar extensamente. Había quien pensaba que ya sólo por cruzar la puerta del recinto se podía sentir libre de llevarla e ignoraba los carteles que rezaban que el uso en vestuarios, baños y dentro del bar eran obligatorias. Luego en el solarium, alrededores de la piscinas y mesitas al aire libre allá cada cual con su forma de actuar.

Los niños se lo pasaron en grande y se pegaron un buen rato al remojo. No nos íbamos porque nos daban penilla, pero a las 13, que la guerra por el borde la piscina ya llevaba un buen rato desarrollándose, decidimos que ya era hora de escapar al hogar.

No quiero ni pensar como estarían los del turno de tarde. De todas formas, fuimos en fin de semana. Es de suponer que entre semana por la mañana esté bastante despejado y sea un entorno mucho más seguro. Eso sí, estaba más limpia que nunca.


martes, 1 de agosto de 2017

Piscina y más piscina

En Madrid está claro que si uno quiere estar fresquito hay que buscarse una piscina, ya sea la de polideportivo o comunidad de amigos y familia (en la mía no hay). El único requisito imprescindible es que haya un recipiente con agua más grande que la bañera de mi casa y estos dos pillos ya tiene la diversión asegurada.

Normalmente, yo no me lo paso tan bien como ellos porque con entrar, moverme un poquito y salir ya estoy fresquita, fresquita para un buen rato. Y el resto del tiempo toca perseguirlos, vigilarlos, lidiar en sus discusiones y peleas, evitar que se peguen trompazos... Acabo agotada y ellos tan pichis. Lo mejor de todo es que por mucho que se peleen, enfaden o frustren al final se van con la idea de que se lo han pasado bomba y hay que volver mañana (no otro día, ni ya se verá... mañana).

Por cierto, el rato que me meto en la piscina me lo paso con dos niños lapas que no paran de moverse y meterme codazos y patadas sin querer. Una delicia.

Hubo un día que se llevaron tan bien, jugaron juntos tan a gusto y no montaron ningún pollo ni espectáculo, que lo guardaré para siempre en mi memoria como algo único y maravilloso que sólo pasa una vez en la vida (¡¡espero que se repita!!).

Un día en el que pude relajarme,y todo, mientras oía sus risas de fondo y les veía siempre en el mismo sitio (más o menos). Un día que sólo se estropeó hacia el final por un zarpazo fortuito del hermano mayor al pequeño hecho sin mala intención, pero ¡madre! el rayazo que le hizo en la espalda al pobre Iván. E incluso así no hubo peleas, ni gritos, ni insultos. Daniel le pidió perdón y su hermano le perdonó. ¿¿Por qué no puede ser siempre así?? ¿¿Por quéeeeee??

Lo dicho, ese día quedará marcado para siempre en mi memoria como el summum del amor fraterno entre mis dos fierecillas.

miércoles, 7 de junio de 2017

Estrenando piscina sí o sí

En Madrid tenemos las piscinas abiertas desde las fiestas de San Isidro. Y desde ese momento me están dando la plasta mis churumbeles para que les lleve en plan: "Queremos ir a la piscina, Queremos ir a la piscina, Queremos ir a la piscina, Queremos ir a la piscina, Queremos ir a la piscina..." Así, en bucle.

Pero no es tan fácil No es que el tiempo no acompañara. Que ha habido días de insolación. Es que no tenía ni tiempo de pasar por boxes y, claro, que te confundan con Chewbacca de cintura para abajo no es muy agradable. Pero tampoco lo es tener al coro pro piscina todo el día atacando.

Así que, dos semanas después de darme la matraca sin piedad. Estaba yo suplicando hora en un centro de estética. "Sí, sí, que esta tarde tengo que ir a la piscina", "Es vital", "No, imposible esperar a mañana". "Es una cuestión de salud mental". "¿Usted tiene hijos?". "¿Un hueco a las dos? ¡Perfecto! Mío, mío, mío. Es usted una santa".

Da igual que tuviera dentista esa misma mañana. Da igual que no me renovaran el bono de diez hasta el maldito día siguiente y tuviera que pagar entradas individuales. Da igual que tuviera la regla. Otra tarde escuchando la palabra "piscina" acompañada de "Quiero ir a la" y no respondía de mis nervios.

Quedé con un grupo de madres que debían estar más o menos en idéntica situación y allí nos presentamos con un grupo de niños mega excitados y alegres.

La verdad es que se lo pasaron bomba. Encima, había muy poca gente porque era un día un poco nublado (para mí mejor). Pudieron jugar en la piscina de bebés con pistolas de agua y pelotas inflables, sumergirse por primera vez en su vida en la piscina olímpica reservada solo para avezados nadadores, hacer la croqueta y arrastrarse cual gusanitos en unas carreras de lo más originales.

Se les veía tan felices que valió la pena la gymkhana y la puesta a punto.

Como ya no tengo pelos vergonzantes hemos vuelto más veces al poco tiempo. Con este calor es donde mejor se está y la verdad es que los peques la disfrutan a tope. Eso sí, no nos estamos mucho rato porque el curso aún no se ha acabado y hay que volver a casa con tiempo para hacer los deberes.

lunes, 23 de enero de 2017

Sesiones extraescolares especiales por Navidad: Natación

Me encantan las clases especiales que hacen por Navidad en las extraesciolares. Mis niños sólo están en Natación y es la primera vez que van a este centro por estas fechas. No tenía ni idea de qué tenían preparado, pero era un completo, vamos. Y me pareció genial. Podía asistir a las clases de los peques desde la tribuna y ver todo lo que han avanzado. Y bañarme con ellos otro día. ¡Con lo dos juntos! Eso sí que es dar facilidades. Encima te daban dos días a elegir para el baño en familia. No hay excusa.

Aún así me pillaron liada ambos días, así que me tocó salir corriendo de la comida de empresa con tres copas de vino en el cuerpo, ponerme el bikini, agarrar churumbeles y mochilas y tirar para la piscina. Menos mal que Raúl me ayudó a desvestirlos, vestirlos, traerlos y llevarlos, pero no se pudo meter en el agua porque andaba con un resfriado de aúpa. Lo cierto es que se quedó con las ganas y no se tiró de cabeza porque le hice entrar en razón. Para media hora de diversión, una semana de mocos y estornudos. No valía la pena.

Nos lo pasamos genial jugando con todas los juguetes de gomaeva que nos habían dejado al alcance y la portería. Había de todo. A mis peques, lo que más les gustó fue tirar las anillas, para que su mami y otro niño que buceaba de miedo las rescatáramos del fondo. Me espabilé enseguida y me lo pasé igual de bien que ellos. La verdad es que la piscina cubierta en invierno relaja un montón.

Fue genial y espero que repitan el día en familia el último día de curso, al menos.

También me pareció una idea muy chula dejarnos acceder a las gradas para ver la clase de los chiquillos. A ellos les hizo mucha ilusión dar la clase con nosotros babeando. Cuando le tocó a Daniel dejé al pequeño con el padre porque pensé que no le interesaría mucho el tema, pero cuando le tocó a Iván, tuve que llevarme al mayor porque no tenía canguro. Y eso disgustó mucho al chiquitín que aún me recuerda que él quería ver la clase de su hermano mayor. La próxima vez me lo llevo conmigo caiga quien caiga. Lo celos siguen caminos insospechados ainsss.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Creatividad Piscinera

El fin de semana pasado fuimos a la piscina sabiendo que probablemente fuera el último día que pasáramos en remojo durante mucho tiempo, quitando la ducha, claro.

Tener consciencia de que esa sensación de flotar en agua fresquita y sumergirte en la calma que tanto me gusta va a tardar en volver te hace disfrutarlo el doble.

El caso es que llegamos, montamos el chiringuito y ¡ay ay! Se me han olvidado los manguitos del más peque. Ceño fruncido, pucheritos... y cuando parecía que iba a arreciar la tormenta, un vecino de la comunidad se nos acercó muy alegre y nos señaló dos churritos amarillo limón que descansaban tan felices sobre la hierba. "¿Por qué no usáis esas cosas? llevan ahí todo el verano para el niño que los quiera coger". Vimos el cielo abierto. Los dos chiquillos se tiraron en plancha a por los churritos y se lo pasaron en grande con ellos.

Iván ganó muchísimo en autonomía. A mí me daba miedo que se le fuera el churro, pero él lo manejaba de maravilla e iba de un lado a otro de la piscina usándolo de caballito, de tabla, de apoyo a la espalda... No había límite.

Daniel por su parte me hizo todo un espectáculo de figuras de churrito: "Mira mami, una casa... y ahora... ¡una nave espacial! ¡Un perrito! ¡Un nudo!... La de juego que dan estos juguetes.

Tenemos los suyos en casa, pero abultan tanto que nos da pereza cargar con ellos hasta la piscina municipal o hasta la de la abuela Chari, pero vamos a tener que replantearnos no salir sin ellos cada vez que toque chapuzó el próximo verano.

viernes, 17 de junio de 2016

Primer día de piscina

El año pasado, al estar yo en paro empezamos a ir a la piscina muy pronto, hiciera calor o mas bien fresquito. Teníamos mucho tiempo para gastar. En esta ocasión es diferente. Estoy trabajando y hemos tenido que tirar de ludoteca y de campamentos para poder seguir en la brecha. Así que no hay tanto tiempo libre. Y encima los fines de semana siempre hay algo chulo que hacer. Por lo que lo hemos ido posponiendo.

Pero mis niños tenían ya ganas de pegarse un chapuzón y así me lo hicieron saber. "¡Queremos ir a la piscinaaaa!", exclamo el mayor, "¡Y tomar helado!", apuntó el pequeño. Así que en cuanto pude, me organicé para llevarles al menos un ratito.

Cuando les conté les plan se les iluminó la carita. Me fui cargada como una burra (tengo que empezar a darles a ellos una mochilita con sus toallas y algún juguete), pero valió la pena porque se lo pasaron genial corriendo de una piscina a otra, jugando con otros niños, imaginando que eran cocodrilos y focas, "nadando" alegremente. Y la mami corriendo detrás de ellos con gorras y crema protectora. Como viene a ser lo habitual en estos casos.

Los pasamos muy bien, aunque cuando ya nos íbamos se pusieron a correr como locos y me dificultaron la tarea de recoger dando lugar a un estalido de mamá troll bastante interesante.

Luego se pegaron todo el camino de vuelta gimiendo "Empezaaaamos de ceeero. ¿Vale mami?"

jueves, 21 de enero de 2016

Super Zero

Cuando Iván y sus compañeros salieron de clase ese día parecían pollitos emocionados. Y no lo digo porque salieron en tropel dando saltitos, que también, sino por las llamativas camisetas amarillas siete tallas más que la suya que lucían tan contentos.

"¿Y esa camisetaaa?" le pregunté cuando se tiró a mis brazos.
"Ha venido a vernos super zeroooooo", exclamó feliz, "Nos ha regalado la camiseta y un comiiiiiic", gritó agitando el tebeo con una mano. "¡¡Nos ha contado cómo se usan los ascensores y las escaleras mecánicas y los pasillos que se mueven!!"

Por el camino hacia la piscina, que ese día tocaba, no paró de contarme tooodo lo que les digo yo siempre y no me hacen caso. Pero, claro, como se lo había dicho super Zero... ¡Que morro tiene! Que no se juega en las escaleras, que no se corre, que no se salta en los ascensores, que no se tocan los botones compulsivamente... A ver si es verdad que empieza a comportarse y me ahorro algunos gritos en la siguiente ocasión en la que nos encontremos un ascensor o una escalera mecánica.

En esas estábamos cuando se fue directo al suelo tras pisar mal en un bordillo Pensé que se levantaría como si nada, pero se levantó quejándose a voz en grito. Tanto que le remangué el pantalón para ver que se había hecho. En cuanto vió la sangre se puso nerviosito y a gritar "Agua oxigenada, nooooooo". En realidad era un rasponcillo sin importancia y así se lo hice ver, pero nada. Él seguía berreando que no quería agua oxigenada. Como veía que no llegábamos le prometí que no le pondría la dichosa agua oxigenada en la heridita y se calmó lo suficiente como para seguir andando, digo cojeando porque el chiquillo estaba haciendo un teatro...

"Total", le solté casi en la puerta del polideportivo, "Seguro que el cloro de la piscina algo te la desinfectará. Craso error. En ese momento, el chiquillo no dijo ni mu. Pero se quedó bastante callado. Supongo que rumiando mi contestación.

En el vestuario se portó muy bien y estuvo de lo más sonriente... Hasta que se dio cuenta de que ya tenía puesto el bañador y mami tenía toda la intención de lavarle la herida con el agua del grifo. Entonces se me puso bastante histérico. Le limpié un poquito con un clinex mojado, pero la cosa iba a peor, así que decidí cambiar de táctica y le tranquilicé con uno de sus amados vídeos de zombies contra plantas en el móvil.

Cuando llegó la hora de entrar, volvió a ponerse a berrear como un becerro que no quería ir a la piscina. Le abracé armándome de paciencia y le propuse una cosa: "Mira. Ahí está tu profe. ¿Por qué no le preguntas si te puedes meter en la piscina con la heridita?". Se calmó en el acto. "Bueeeno", me contestó con un hilito de voz. Le sequé las lágrimas y le vi reunirse con el grupo y enseñarle la rodilla a su profesora. No sé que le diría, pero el chiquillo parecía haberse tranquilizado por completo, así que me retiré de la puerta segura de que ya no me llamaría.

Cuando salió volvía a lucir su sonrisa profident y aseguraba encantado que ese día se lo había pasado bomba en la piscina. Al final te alegras por él, pero te entran unas ganas de estrangularlo..

Por cierto, al día siguiente fuimos por una escalera mecánica y... ¡Ya se le habían olvidado todos los consejos de super zero! Ainsss

martes, 19 de enero de 2016

La bipolaridad de Daniel con Natación

Alucino con los cambios tan radicales que tiene Daniel con su predisposición hacia las clases de Natación.

Pero será mejor que empiece por el principio. Cuando cogieron a Iván para dar clases de Natación en un polideportivo cercanos los dos dieron saltos de alegría, el pequeño porque le daba mucha envidia su hermano el año pasado y el mayor porque a él no le habían cogido. Ya sabemos que nunca le hizo mucho tilín ir a sus clases.

El caso es que la carita de ilusión de Iván cada vez que tocaba piscina debió remover algo en la consciencia del mayor, porque empezó a preguntar si le iban a coger a él algún día. Viendo su interés, decidí presionar un poco para ver como iba la lista de espera. Cual no fue mi sorpresa cuando me comunicaron que para la edad de Daniel había que hacer una prueba de nivel ese mismo día y, una vez pasadas las Navidades volver con el papelito para pedir plaza. Evidentemente no había traído bañador para mi hijo mayor porque no me lo esperaba, pero el profesor, que era encantador y me vio la cara de angustia, decidió creer en mi palabra y firmar un papel en el que decía que debía empezar en el nivel básico. A todo esto, mi chico me seguía berreando que él no quería ir y que no quería ir. Casi tiro la toalla, pero pocos días después me preguntó con ojillos luminosos si ya tenía plaza. Así que nada más llegar a Madrid me presenté en el polideportivo con el papelito del nivel a ver que me decían. Y lograron volver a sorprenderme. Ni sorteo, ni listas de esperas, ni nada. Me dijeron los horarios que quedaban con plazas libres, elegí uno, me lo matricularon y ya está. Mi niño mayor empezaba al día siguiente.

Pensé que daría saltos de emoción cuando se lo dijera, pero lo que hizo fue rasgarse las vestiduras y pedirme cuentas por haberle apuntado. Le confesé que me tenía totalmente desconcertada con su comportamiento dual y extremo y que ya no sabía que hacer. "Mira Daniel. Ya me estoy cansando. Si no quieres ir anulo la matrícula y listo", dictaminé. A lo que el chiquillo me contestó que probaría el primer día.

No me puso muchos problemas para ir, entró tan feliz y salió encantado. A los dos días me preguntó cuando volvía a tener natación porque le apetecía mucho. "Pues hoy mismo" le contesté encantada. No le iba a llevar para no agobiarle, pero en vista del entusiasmo... ¡Pues bien! Cuando le dije que se preparara para irnos torció el gesto y me soltó: "¿Piscinaaaa? ¡Que asco!". Con todo el equipo preparado y mis encajes de bolillos hechos para poder llevarle no le di muchas opciones y diez minutos después estábamos en el vestuario un chico de lo más sonriente y yo. "Que bien mami. Me lo paso genial en Natación"

¿Alguien lo entiende?

lunes, 26 de octubre de 2015

Iván y la piscina

Estaba tecleando frenéticamente delante del ordenador cuando, de repente, me sobresaltó la musiquita de mi móvil. En la pantalla leí número desconocido. Lo cogí cruzando los dedos para que no fuera publicidad. Y tuve suerte. ¡Me habían admitido a Iván en las clases de natación del polideportivo! Que buena noticia. Como la piscina donde iba Daniel cerró por reformas, les había pedido plaza en otro y se habían quedado en la cola de la lista de espera. Al menos me habían admitido al pequeño. Cruzo los dedos para que pronto me llamen para el mayor, aunque Daniel cruza los dedos para justo lo contrario porque no le apetece nada.

En cambio, Iván estaba deseando apuntarse a natación desde que vio entrar por primera vez a su hermano a su clase. Cuando se lo dije saltaba de alegría y cuando le anuncié que a lo mejor no le llevaba a su primera lección porque estaba un poco malucho se puso a hacer pucheros y casi se me echa a llorar, así que le llevé con tos y mocos, pero con una gran ilusión reflejada en sus ojitos.

Nada más salir del cole, tenemos que pegarnos una carrerita hasta el polideportivo para llegar a tiempo. Allí le visto a toda velocidad, se lo entrego a su profesora, que me ha parecido encantadora, coloco como puedo las mochilas del cole, los abrigos, la bolsa de la piscina... Para que ocupe lo menos posible e intento entretener al mayor para que no se suba por las paredes. ¡Toda una Gymkana!

Encima ese viernes teníamos que volar después de natación para llegar en tiempo record al cumpleaños de una amiguita de Iván. Los hermanos mayores de los otros niños se negaban a ir porque decían que era una fiesta para pequeños, pero el mío debía pensar "¡¡Fiesta en el parque de bolas!! A los pequeños se les aparta de un empujón y ya está" o algo parecido porque no sólo asistió, sino que se lo pasó bomba igual que el resto de chiquillos. Está visto que cuando se trata de una parque de bolas la edad no importa.

Por el camino, el más pequeño de la familia nos contó que en la clase había hecho de todo, de todo, de todo: nadar, bucear, saltar, montar a caballito... ¡Que de cosas! Cómo me alegro de que se lo pase tan bien.

Y así empezamos un fin de semana que ha sido una locura.

sábado, 26 de septiembre de 2015

La ducha casera

Desde que vi la idea de la ducha hecha a partir de una botella de plástico en el blog de Happy Kids Time, me obsesioné con que yo también tenía que tener una de esas. Esperé pacientemente la oportunidad y ésta llegó en Elda cuando montamos la piscinita hinflable. Enseguida vi las posibilidades y cogí una botella de agua vacía para agujerearla a placer. No me quedó tan mona como la del post en el que inspiré. En realidad, me quedó un churro tremendo, pero valía para lo que quería. La idea le encantó, sobre todo, al mayor, que se lo pasó pipa inventando juegos bajos los chorritos. Al pequeño le hizo mucha gracia, pero pronto dejó de jugar. Yo misma pude comprobar por qué pronto. Me metí debajo de la duchita tan feliz y se me helaron todos los huesos. ¡Que agua más fría! Como es para regar no tiene la opción de agua caliente. Ni con todo el calor del mundo en el ambiente aguanté ni un minuto debajo. Desde luego Daniel es un valiente.

martes, 15 de septiembre de 2015

En la piscina de la prima

Tenemos la gran suerte de que el campo de mi prima está muy cerca del de mi abuela y encima, ¡tienen piscina! Para los calores estivales viene genial remojarse en algo más grande que la pequeña piscinita inflable que les preparamos a los peques en el patio. Da mucho juego, peeero no es lo mismo.

Normalmente, no nos gusta abusar de la hospitalidad de mi prima y su familia y solemos darnos el salto a Alicante muchos días en busca de sol y playa, pero este año estábamos agotados y cada dos por tres aparecíamos por allí toalla en mano. Ellos siempre nos recibían con sonrisas, agua fresquita y patatas fritas. Ni que decir que mis hijos los adoran.

En esa piscina Daniel acabó de soltarse para bucear y flotar de un lado a otro cual perrito sin la ayuda de los manguitos. E Iván hizo sus pinitos, aunque se las veía y se las deseaba para volver a sacar la cabeza a flote. El padre estaba encantado con los avances del más pequeño y los ayudaba diligente a emerger del agua, pero yo estaba taquicárdica hasta que le volvíamos a poner los manguitos. Al mayor se le da mejor eso de flotar para poder respirar.

La verdad es que lo pasamos muy bien y los chiquillos no veían la hora de pisar la piscina. Encima, uno de sus primos, que ya son todo unos hombrecitos, les sacó unos juguetes que guardan en la casa de aperos y ya ni te cuento. Deseando estaban llegar para poder pelearse, sobre todo, por un muñeco feísimo con un grifo en el ojo y una boca en la barriga.


domingo, 12 de julio de 2015

Pequeños peces

Hay que ver lo sueltos que están mis peques en la piscina. Nadan como pececillos. Eso sí con manguitos, que les da seguridad. Un día se me olvidó llevarlos y tuve dos lapas pegadas a mí todo el rato. Alguien me comentó este verano que Daniel ya era mayor para llevar manguitos, pero si él está más a gusto, que más da. Yo no empecé a dar clases de natación hasta los seis años y el ni los ha cumplido todavía. Que manía de hacer mayores a los peques antes de tiempo, En su clase de natación los metían sin manguitos y seguro que puede estar sin ellos, pero no se lo pasa tan bien que flotando tan a gusto por la zona más profunda de la piscina.

Iván también es muy autónomo con los manguitos. "No me agarres, mami. ¡No me agarres!" Chilla si me ve acercarme. Pero a veces le entra el miedo y me agarra él cuando menos me lo espero. Y de donde meno me lo espero que más de una vez casi me desnuda o me retuerce el cuello. Tengo que tener un cuidado...

Así que ya tengo dos niños que aparentemente son más autónomos en la piscina, pero a los que no dejo solos en el agua ni loca, ni les dejo ir muy lejos. Soy una madre agonías.

viernes, 26 de junio de 2015

El buhito de la piscina

"Mamáaaaa, un buhooooo" gritaban mis niños y sus amigos muy excitados. "Claro, claro..." les contestamos mi amiga y yo sin darle mucha más importancia. Pero tanto insistieron que tuvimos que levantarnos a ver que habían encontrado. Pensábamos que era un juego de su imaginación, pero no. En el cesped había una cría de búho pasándolo bastante mal. Con el corazón encogido por la pena fui a informar a la socorrista del hallazgo. Seguramente se había caído del nido y no sabía ni volar.

La socorrista, avisó a alguien por su walkie talkie y enseguida llamaron a los de protección de animales. Llegaron rapidísimo y se hicieron cargo de la situación en un santiamen. Mientras tanto habíamos conseguido que los niños dejaran en paz a la cría y volvieran a sus juegos.

La metieron en una caja y se la llevaron a que la viera algún veterinario, supongo, mientras otro se encargaba de localizar el nido de la madre.

Poco después, Iván se acercó a visitar al buhito y se quedó muy decepcionado por no encontrarlo. "Su mamá vino a buscarlo" le dije yo para que se quedara contento, "Que no mamá. Que se lo han llevado al médico porque estaba fatal" me contestó Daniel con cara de "Es que no te enteras de nada". "Pues sí", le di la razón, "Justo eso es lo que ha pasado, pero en unos días se lo van a devolver a la madre" aclaré con más esperanzas que convencimiento.

Para los chiquillos fue toda una aventura de la que aún hablan.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Primer día de piscina y Daniel tan contento

Con lo mal que me lo hizo pasar el año pasado y lo feliz que ha ido a su primera clase de piscina este año. En realidad nos hemos saltado dos a la torera, pero es que no nos cuadraron y fue imposible asistir.

Cuando llegó el día en el que sí iríamos por primera vez hasta me lo recordó el mismo chiquillo. Preparé la mochilita con todo el equipo y le acompañé mientras papá cuidaba de Iván.

No dejó de sonreír y brincar durante todo el camino. Yo alucinaba. Una vez allí esperó impaciente a que se abriera la puerta de la piscina y entró tras su profesor sin una protesta.

La media hora de espera se me hizo eterna. Cuando por fin salió, llevaba la misma sonrisa que cuando entró. Se portó muy bien en los vestuarios. Y cuando nos encaminábamos hacia el hogar con una mamá muy contenta me soltó que se merecía una sorpresa por lo bien que se había portado. Le contesté que pronto sería su cumpleaños y  que iba a tener ya demasiadas sorpresas.

"No te preocupes mamá. Puede ser una sorpresa que no cueste dinero. Por ejemploooo... Ummm... ¡Una cine cena!" Me dejó tan sorprendida que tuvo su cine cena. Cambié el menú para que se ajustara mejor al estilo comer en mesitas bajas delante de la tele en vez de en el comedor y acabamos con palomitas mientras Doraemon, Nobita y sus amigos luchaban contra un ejército de dinosaurios evolucionados a especies inteligentes.

Lo cierto es que los angelitos se portaron fatal durante la sesión y tanto llegaron a enfadarme que les juré y perjuré que esa había sido la última cena cine que hacíamos.


martes, 9 de septiembre de 2014

El último baño del verano

Este domingo fuimos a comer a casa de mi suegra y aprovechamos que su comunidad tiene piscina para darnos el que pensamos que será el último baño de la temporada estival. Lo cierto es que nos despistamos y bajamos bastante tarde. El sol se había escondido tras unas nubes y hacía algo de fresquito, pero mis niños estaban tan ilusionados con el chapuzón que no tuvimos corazón para negarnos. Así que nos dimos un baño reparador, muy agradable y algo largo, porque salir imponía.

Cuando por fin nos aventuramos a salir del agua nos envolvimos con las toallas y caminamos por el cesped para entrar en calor. El truco funcionó.

Lo malo es que, de repente, los chiquillos decidieron que querían volver al agua y hubo que ponerse duros, porque las toallas ya estaban empapadas y los grados bajaban por momentos.

Adios verano, hola vuelta al cole y a la rutina.

martes, 26 de agosto de 2014

Piscinas naturales, playa y piscinas artificiales en El Campello

Un día, en su piscina, mi prima nos propuso ir de excursión a una piscinas excavadas en las rocas de la costa de El Campello, los baños de la reina. Nos enseñó fotos y la cosa prometía mucho, así que nos apuntamos sin dudarlo. Pero al llegar allí, el oleaje hacía peligroso bañarse en las piscina. Los intentamos con buen talante, pero el oleaje me hizo temer por la integridad de mis hijos que pesan bastante poco. Daniel era un temerario e Iván se moría de miedo. Tampoco podían jugar entre las rocas porque se tropezaban cada dos por tres. Así que hubo un cambio de planes de último minuto y nos fuimos a la playa a seguir pasándolo bien. Se nos unieron unos amigos de mi prima con hijos en edades parecidas a la de los míos y yo encantada, pensando que jugarían juntos, pero les costó mucho romper el hielo. A veces esperamos demasiado de los chiquillos y no por coincidir en edades tiene que conectar en carácter.

En la playa lo pasamos fenomenal. Nos bañamos, jugamos con la arena, tomamos el sol... Y a la hora de comer fuimos a una restaurante que estaba en la avenida a una paso de dónde estábamos. El sitio estaba genial porque tenía todo lo que a un niño le puede apetecer: pizzas, pasta, filetes, patatas... Y todo estaba muy bueno.

Acabamos la comilona con deliciosos postres y nos invitaron a las piscinas del apartamento de la amiga de mi prima. Allá que fuimos con los peques suspirando por el agua con cloro en la que poder flotar a gusto sin molesto oleaje.

Lo pasamos fenomenal. Además de la enorme piscina para adultos, tenían otra de medio metro de profundidad para los pequeños.

Como siempre, tuvimos que arrastrar a los chiquillos para lograr que se metieran en el coche y volver a casa.



miércoles, 20 de agosto de 2014

La piscina de la tía Mabel

Mis hijos se han enamorado de la piscina de su tía Mabel. Cada vez que les decíamos de ir a la playa o de excursión el más pequeño saltaba con un: "Noooooo. Yo quiero pitina de Mabeeeeel". Aunque luego se conformaba, porque igual se lo pasaba bien.

Creo que para Daniel lo mejor era acercarse a su tía y pedirle deliciosas patatas. ¡Nunca le decía que no! Aunque a veces estaba al padre cerca para fastidiarle la jugada y que no se le quitara el apetito a la hora de comer.

Iván en cambio no se cansaba de flotar a gusto con los manguitos. Perdonaba hasta las deliciosas patatas.

A veces teníamos que sacarlos a rastras porque se nos hacía tarde, o se levantaba ya el fresquito de la noche.

Desde luego, podemos decir que hemos pasado un verano a remojo.

miércoles, 23 de julio de 2014

Una tarde con tía Silvia

Una tarde, tía Silvia vino a buscarnos después del trabajo y nos propuso un plan muy atractivo: Piscina y parque con supercastillo molón. Los niños se apuntaron enseguida y la madre se dedicó a preparar el mochilón con todo lo necesario.

Primera escala: piscina de la tía. Casi no podían esperara a que les hinchara los manguitos para chapotear a gusto. Entre que la piscina no es muy grande y que tiene unas escaleras muy útiles para niños que no saben nadar pude dejarles evolucionar por el agua a ellos solitos. La disfrutaron a tope. Yo me di un bañito porque estaban deseando pegarse a mí como lapas y no paraban de pedirme que me diera el chapuzón de una vez. Les encanta jugar con mamá y papá.

Cuando empezaron a liarla, decidí que era el momento de ir al parque. Mi hermana les había comprado cruasanes de chocolate para merendar. Daniel los llevaba de una manera muy entusiasta que dio como resultado un agujero en la bolsa y un desparramamiento de cruasanes. Como yo soy muy poco asquerosita y bastante práctica, les dije que los soplaran un poco y para dentro. Que lo que no mata engorda.

Una vez en el parque, descubrimos que habían montado unas camas elásticas a las que enseguida quisieron subirse. Les dimos el gusto y se pusieron a saltar de una a otra como locos. Cuando no había nadie era estupendo, pero empezaron a subirse niños y los míos no hacían más que invadir terreno, así que, aunque no se les había acabado aún el tiempo, les hice bajar para enfilar a los columpios antes de que tuviéramos un accidente. Al llegar al supercastillo molón nos encontramos con que estaba cerrado por obras para gran desilusión de los peques. Sobre todo de Iván, al que le costó recuperarse bastante mimos. Se tuvieron que conformar con otros columpios más pequeños.

De todas formas se nos hacía tarde y ya iba tocando tocar la retirada e ir a casa a cenar y dormir. nos costó convencerlos porque son incombustibles, pero no les quedó otra que ceder.

domingo, 6 de julio de 2014

El niño de la pistolita

El sábado pasamos una fantástico día familiar en la piscina del polideportivo. Como íbamos los dos progenitores Iván se pudo hartar de la su amada piscina grande. Aunque el límite lo puso su nivel de temblores. Quiera o no, le seguiré sacando del agua cuando vea que se pone azul. Tuvieron su ratito de nadar, su merienda en el merendero, su helado, sus globitos de agua... Lo pasaron estupendamente.

Pero hubo un momento que me nubló un poco el día. En la piscina de bebés, un niño de unos cuatro años se dedicaba a disparar a todo el que se movía a la cara. Daniel protestó del trato e Iván acabó llorando dos veces. Por mas que le reñía por su proceder, lo único que conseguía era que se alejara de mí con cara de indiferencia y disparara a los niños del otro extremo. Me da rabia meterme en asuntos de niños y reñir a peques que no están bajo mi responsabilidad. Pero es que no parecía que hubiera ningún tutor del chiquillo cerca. No culpo al peque, sino a los adultos al cargo, que le facilitan una pistola de gran alcance y luego se desentiende del tema totalmente. ¡Y en una piscina de bebés! Cuando estamos solos me relajo un poco. Pero si hay chiquitines estoy muy atenta para que mis hijos no les atropellen en su juego. Por eso me daba más rabia aún la impunidad del pequeño pistolero.

El papá le decía a Daniel que empapara al crío si le volvía a disparar, pero yo era de una opinión contraria. Le pedía que me lo dijera a mí, porque prefería solucionarlo sin que llegaran a las manos. A saber que solución es la buena. Tal vez ninguna. Lo mejor, en mi opinión, es que ese niño tuviera unos padres que se preocuparan por su educación.