viernes, 20 de septiembre de 2019

Taller de creación de juegos de mesa

Otra actividad que puse en marcha en las TdN de este año fue un taller de creación de juegos de mesa y estoy planteándome si repetirlo porque me lo pasé de miedo. La idea era desplegar todo el material que pudiera reunir: goma eva, tarjetas, dados, fichas, cartulinas, tijeras... Y que los peques echaran a volar su creatividad. Les iba a dejar una hora para pensar su proyecto, otra para crearlo y la media hora final para que los expusieran, pero les faltó tiempo para ponerse manos a la obra. Los niños que se apuntaron venían con un montón de ideas en sus cabezas.

Yo me dediqué a intentar asesorarles sobre el material que podían utilizar según lo que quisieran a hacer o a resolver dudas sobre cómo podían hacer esto u lo otro, pero no me necesitaron mucho, la verdad.

Aluciné con la capacidad de concentración que tienen los peques cuando tienen algo que les motiva entre manos. Estuvieron dos horas totalmente inmersos en sus proyectos.

Cuando se acabó el tiempo fui en busca del jurado: Paloma, de Refuerzo Divertido, Marc de Ayudar Jugando y Manu de Brain Picnic fueron los expertos encargados de escuchar las exposiciones y decidir al ganador por su creatividad y originalidad. En realidad, el diseño no era importante. No quería que perdieran el tiempo haciendo dibujos perfectos y que eso no les dejara avanzar en el desarrollo.

La verdad es que todos los peques lo hicieron genial: uno de ellos había inventado un juego con cartas y mandos de la tele en el que ganaba el que le apagaba la tele al otro, otra se había currado una oca muy original en la que el monstruo que eligieras para jugar te daba una serie de habilidades, Daniel se inventó un complicado juego de construcción de robots que luego tenían que luchar entre ellos, Iván uno de policías y ladrones en el que un imán era parte importante de la mecánica para robar lingotes de oro y la última participante presentó un juego de mesa roleado con personajes ocultos y mucha acción. ¡Alucinante! 

A Iván le dió tiempo de inventarse otro juego de circuitos y habilidad, pero como sólo se podía presentar uno se quedó con el primero que desarrolló. Puse el límite en uno para que no pensaran que era mejor cantidad que calidad.

Lo cierto es que los peques se esforzaron al máximo para vencer su timidez y hablar delante de tres jurados, los compañeros de taller y los organizadores. Son dignos de admiración porque han demostrado que cuando quieren algo son capaces de sortear todos los obstáculos, hasta el de la vergüenza  y el miedo a hablar en público.

No me extraña que al jurado la costara tanto elegir ganador. Tuvieron en cuenta la edad de cada uno, porque no se le puede pedir lo mismo a uno de 7 que a otro de 12; cómo habían desarrollado sus juegos; las mecánicas de las que se componían; en qué consistían los turnos; la originalidad... ¡Vamos! Que estuvieron deliberando muchísimo tiempo. Qué mérito tienen, yo hubiera sido incapaz de elegir.

En cuanto pude me escapé de la sala porque las dos fieras habían participado y no quería oír nada de las deliberaciones. El ganador se anunciaría en la ceremonia de clausura. Todos los participantes estaban muy emocionados y con ganas de conocer al afortunado. ¡Hasta abordaban a los jueces si se los encontraban por el recinto para intentar sacarle información! Al final el premio fue para el juego Apaga la Tele. Aplaudimos a rabiar durante la ceremonia. 

Daniel se lamentó un poco por no haber ganado, pero Iván estaba encantado porque no quería subir a recoger ningún premio. Le daba mucha vergüenza y ya bastante había tenido con el tema de exponerlo en el taller.

Me encantó la experiencia. Y animo a todo al que le apetezca a ponerse manos a la obra con sus hijos, sobrinos, nietos o hijos de amigos porque de verdad que da gusto verles trabajar con tanta dedicación y te sorprenden con la imaginación que derrochan.

Por cierto, que luego me enteré de que la editorial Átomo ha sacado una caja con materiales para crear juegos de mesa, Creative Game Kit, yque lo presentaron en una Jam session infantil en las Ludo ergo Sum. ¡Que pena que no nos cuadraron las fechas! Seguro que mis peques hubieran disfrutado muchísimo.






miércoles, 18 de septiembre de 2019

Guía antibullying: Mamá, papá, no quiero ir la cole

Seguros Meridiano ha publicado una guía para aprender a prevenir, detectar y erradicar los casos de bullying que me ha parecido muy interesante y se puede descargar gratuitamente en el siguiente link: Mamá, papá, no quiero ir al cole. En ella nos enseña, en primer lugar, qué es el Bullying y cómo apareció el término en nuestro lenguaje. Supongo que acoso escolar a habido siempre en menor o mayor medida, pero, por lo visto, una educación falta de valores y una libertad mal entendida dio lugar a un boom de violencia escolar en los países nórdicos que necesitó de la intervención de profesionales para detenerla. En la guía lo cuentan más detalladamente. El Dr. Dan Olweus, psicólogo sueco noruego y profesor de Psicología de la Personalidad, fue el encargado de estudiar la situación y buscar soluciones. Llegó a la conclusión que para que se dé un caso de Bullying tiene que haber intención de hacer daño, que no sea un caso aislado y puntual sino reincidente, que se produzca entre iguales (entre alumnos, por ejemplo) y que el acosador o acosadores sean más fuerte que la víctima física y/o psicológicamente. En los casos de bullying participan tres tipos de personas: el acosador, el acosado y los espectadores pasivos, que son hacia los que se están dirigiendo la mayoría de las campañas sociales en España, puesto que son ellos los que pueden detectar rápidamente estos casos y denunciarlos.

Además de ponernos en contexto y describirnos a qué nos enfrentamos en la guía se nos dan indicaciones para poder detectar si nuestro hijo puede estar sufriendo bullying y cómo podemos actuar para parar la situación. Aunque yo tengo claro que si algún día me entero de que alguno de mis hijos es víctima de abusos, lo primero que haría sería cambiarlo de centro. Cuando el niño esté lejos de relaciones nocivas y dañinas, empezaría a mover piezas para acabar con el problema y que no se repita con otros alumnos.

Otra sección que me ha parecido muy interesante ha sido el capítulo en el que te explican los tipos de bullying, sobre todo el ciberbullying, un veneno que se extiende muy rápido gracias a las herramientas tecnológicas que facilitamos a los niños sin que tengan la madurez y formación suficiente para utilizarlas correctamente.

Al final te vienen recomendaciones de películas y libros para ahondar en el tema.

A muchos padres nos preocupa el acoso escolar en los colegios. Han sido tantos los casos y tragedias que han visto la luz que nos han metido el miedo en el cuerpo. De repente, un día, el peque dice que le duele la barriga, que está malito. No tiene fiebre, ni le ves pálido o sudoroso, pero él insiste y no vas a dudar de su palabra. Así que dejas que se quede en casa y ves una milagrosa recuperación que empieza a mosquearte. ¡Este niño te ha tomado el pelo! Las alarmas empiezan a saltar cuando al día siguiente vuelve de nuevo a la carga con los dolores imaginarios. Está claro que como le dio resultado está usando la misma artimaña para librarse del cole y en la imaginación de una madre aparecen todo tipo de horribles situaciones.

Porque yo, por lo menos, tiendo a ponerme en lo peor cuando se trata de mis hijos. En cuanto les pierdo de vista en la calle o en el parque, el corazón se me acelera y pienso que los he perdido. No vuelvo a respirar hasta que vuelven a estar  controlados.

Pero volviendo al tema, cuando mi hijo mayor comenzó a quejarse de dolor de barriga día sí y día también, cuando tenía unos tres años, pero luego no se le veía que tuviera un malestar real me empecé a preocupar. ¿Por qué mi hijo no quiere ir al colegio? ¿Habrá algo que le asusta? Lo primero que hice fue hablar con la profesora, que me tranquilizó inmediatamente. Daniel no quería ir al cole porque se lo pasaba mejor en casa, pero no tenía ningún problema de socialización y cómo alguien le hinchara las narices no dudaba en responder de la única forma que saben en esas edades, a tortazos. Le observé interactuar con sus compañeros y vi que la profesora tenía razón.

Entonces me vino una preocupación aún más grande. ¿Y si mi hijo es el abusador? (No tengo término medio). La profesora suspiró, se llenó de paciencia y me aseguró que el niño a veces tenía la mano larga, pero que era muy normal a su edad y su carácter movido. Pero que no abusaba del más débil o tenía a ningún niño atormentado. Como ningún padre se puso en contacto conmigo para quejarse del peque me quedé tranquila.

Años más tarde, sí que vino una madre a hablar conmigo porque su hijo le había contado que Iván, mi hijo menor, le pegaba. La pobre estaba muy preocupada, ¡no era para menos! Su hijo se había quejado ya tres veces de la situación. Era un niño muy tranquilo que huía de los conflictos y muy comunicativo. Me contó que Iván le pegaba siempre en el recreo, pero que no le importaba porque era su amigo. Uuuuuy, ahí sí que me sonaron todas las alarmas. Era cierto que a la salida del cole se les veía muy colegas, pero había que investigar qué estaba pasando.

Cogí al pequeño, que en ese momento contaba con cinco años y le di una charla breve y concisa para que le llegara el mensaje: A los amigos no se les pega. Iván se quedó pensando y me contestó que en el recreo jugaban a pegarse. Le pregunté por el niño en concreto y me dijo que sí que le pegaba, como a todos y que también le pegaban a él, porque así era el juego. Lo soltó tan pancho. "¡Pues como me entere de que le has pegado otra vez el castigo va a ser de órdago! A él no le gusta", el niño me soltó un "Vaaaale" de los suyos. "Ni quiero que juegues a pegar". "Vaaaale", repitió.

Al día siguiente le pillé por banda y le pregunté por el tema directamente: "¿Has pegado a fulanito hoy?", el peque me enfrentó muy sonriente y contestó "No, mami. A fulanito NO le he pegado", "Ni a nadie", proseguí. "Bueno sí, al resto sí, porque me han dicho que a ellos les gusta jugar a la guerra". "¡No se pega a NADIE!". Pero yo no estoy en el patio para vigilarles y tampoco sé hasta qué punto se pegan de verdad o hacen el tonto. Al menos se solucionó el problema con su amigo.

Afortunadamente, los juegos de hacer el bestia fueron suavizándose con el tiempo y nunca revistieron mala intención por parte de los peques. De hecho, alguna vez que Iván salió con alguna herida o moretón (muy pocas veces) me decía sonriendo que se lo había hecho fulanito o menganito "sin querer". Total, que tampoco era un caso de bullying, ¡menos mal! De hecho, a día de hoy siguen siendo amigos y no se acuerdan de que un día tuvieron a sus madres con el alma en vilo.

También es peliagudo cuando uno de tus hijos te viene contando de una forma muy natural una serie de sucesos que a ti te parecen un caso de acoso, pero que no tienes manera de identificar correctamente porque te faltan datos, versiones o saber si tu hijo se está inventando la mitad consciente o inconscientemente. Ahí lo único que pude hacer fue comentar con un familiar del niño lo que me había contado mi hijo para que hablara con la supuesta víctima y aclarara la situación. Al final fue otra falsa alarma. Se trataba de un juego que iba de grupos que se peleaban si no entendí mal. Y un grupo mandaba a su gente contra el otro y viceversa. En cada grupo había un jefe. Daniel no quiso jugar (fijo que porque no le había tocado ser jefe) y se pegó todos esos días boicoteando el juego intentando convencer a sus amigos para que se rebelaran. Claro que lo que a mí me contaba eran cosas como "Yo le digo que se están aprovechando de él, pero no me hace caso. Le tratan fatal, pero él quiere ser su amigo y ya le he dicho que pase pero nada". ¡Cómo para no preocuparse!

En fin, que no hay que despistarse nunca con estos temas. No son fáciles de detectar, pero hay que pillarlos a tiempo para evitar unas consecuencias que pueden llegar a ser muy graves. Ya no sólo por nuestros hijos, que, evidentemente, son lo que más no duele, sino por la sociedad en general que anda muy necesitada de valores y concienciación a todos los niveles.

Debemos educar a los niños para evitarlo, hay que formar a los profesores para que sepan enfrentarlo y a los padres para que puedan detectarlo.

La lectura de la guía me ha sido muy útil para aclarar conceptos y tener claros muchos aspectos que desconocía. También os aconsejo que veais la película A Silent Voice y si tenéis hijos de más de doce años yo la vería con ellos y comentaría con ellos cómo les ha afectado. Por cierto, si os interesa la guía en papel la podéis conseguir en las oficinas de Meridiano Seguros.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Ryuutama: La ciudad del sol poniente

Como ya dije en otro post, este año tuvimos mucha suerte en las TdN a la hora de conseguir plaza en las partidas de rol que nos interesaban, una de ellas era la de Ryuutama: La ciudad del sol poniente. José Masaga, Editor de Other Selves (La editorial que ha sacado el juego en español), fue nuestro máster y estrenaba una de las aventuras que se recogen en el suplemento Las cuatro estaciones. Nos dirigió la de la primavera y nos encantó.

Nada más llegar nos llamó la atención cómo estaba puesta la mesa, no faltaba un detalle. Hasta había puestos mantelitos de bambú para cada jugador. Una monada.

Nuestro máster venía preparadísimo con un montón de componente, figuras, una saquito de dados por jugador, una pizarra... y hasta unos lápices y gomas muy molonas. Tanto que Iván se empeñó en cambiar la figura de su personaje por el oso panda de su goma. A partir de ese momento se convirtió en un panda cazador que dormía en ramas y techos.

Nuestro máster no tuvo ningún problema en adaptarse al cambio y, además, lidió con un Daniel en estado troll sin perder la sonrisa y adaptando la partida a sus salidas de tono, una partida que fue la caña. Y eso que mi primogénito estaba de tortazo.

De hecho, su actitud en la partida le valió un castigazo posterior. Primera regla: hay que respetar al máster, segunda regla: hay que conducirse acorde con la ambientación de la partida. La primera acabó por acatarla porque nuestro director de partida se lo metió en el bolsillo muy hábilmente, pero la segunda se empeñó en romperla repetidas veces a pesar de mis miradas asesinas y mis veladas advertencias.

Aún así y todo, Masaga montó una partida espectacular en la que logró que todos los jugadores, cinco en total, participáramos muy activamente y nos echáramos unas risas. Dirigir a adultos es difícil, pero dirigir a niños es otro nivel. Los peques tienen pocos filtros y muchísima imaginación. Nunca sabes cual va a ser su siguiente paso.

En nuestra partida participaron tres niños muy diferentes y me pareció alucinante la forma que tuvo el máster de adaptarse a todos sin perder el hilo.

Tuvo una paciencia infinita y dejó que los niños curiosearan los tipos de dragones que aparecían en el libro a placer. Estuvieron un buen rato mirando los tipos de climas y cada dragón asociado muy interesados.

Este juego de rol cada vez nos gusta más, aunque mis hijos no acaben de empatizar con el ambiente de equilibrio con la naturaleza y buen rollo que desprende. Demasiadas mazmorras en sus vidas (en sus vidas roleras, en sus vidas roleras eeeeeh).

viernes, 13 de septiembre de 2019

Cuento juego de Las Estatuas Sabias en las TdN

Este año me he vuelto a animar a organizar un par de cosillas en las TdN. Cada vez vienen más niños y hace ilusión aportar tu granito de arena para que se lleven la mejor experiencia posible. Así que me lié la manta a la cabeza y metí dos actividades. Una de ellas era el cuento juego que conté en la clase de Iván con motivo del día del libro, El misterio de las estatuas de piedra sabias. Pensé que como ya tenía una experiencia previa sería más fácil, peor ¡oye! Cada público es diferente y no es lo mismo 26 niños de segundo de primaria, que 14 frikazos de todas las edades. ¡Madre mía! Sabían latín en todo lo que tuviera que ver con magia, mitologías y aventuras, pero estaban algo oxidadillos en mates jajaja Se nota que aprovechan el verano para reiniciar, ¡como tiene que ser!

Además, estaba presentes los padres, que eso también era nuevo para mí. Total que me puse tan nerviosa como en la clase de Iván, pero los peques me lo pusieron muy fácil. Se implicaron en la historia desde el principio y participaron con muchas ganas. Fue un poco difícil adaptarme desde un bebé de año y medio o dos años, hasta alguno de 12 o 13 (soy malísima para calcular edades).

Los peluches que llevé para la aventura fueron mi salvavidas entre los más pequeños, que se encargaban de cuidarlos después de cada actuación. Los mayores se dedicaron a buscar las pistas y resolverlas con mucho ahínco, tanto que a veces a los más pequeños les resultaba un poco difícil meter baza y tenía que intervenir un poquito para animarles.

Al principio, Daniel me troleó muchísimo y casi pensé que se iba a cargar la actividad completamente por ataque histérico de su madre, pero un par de amenazas referente a la zona de videojuegos parecieron calmarle. El tema es que él quería hacerlo todo y a su manera con lo cual me estaba rompiendo todos los esquemas desde el principio. También empezó a hacer rabiar a su hermano con lo que no me quedó más remedio que separarlos enérgicamente (creo que incluso le clavé los dedos en el brazo de cómo me estaba poniendo). En fin, menos mal que al rato se le fue quitando el ceño fruncido.

Desde el minuto cero tenían muy claro que el malo era el basilisco, aunque me siguieron el rollo igual de entusiasmados. Aceptaron salir de misión a buscar sus debilidades a pesar de que se las sabían todos, pero les debieron parecer divertidos los retos porque se lanzaban a por ellas y las resolvían ayudándose entre ellos.

Cuanto más avanzaban, más compañeros se convertían en estatuas, aunque como eran mágicas podían seguir ayudando y seguían a sus compañeros a todos los sitios, así podían seguir jugando. El siguiente que se convertía en estatua lo decidía el último en volverse piedra.

El cuento duró mucho menos que la primera vez que lo conté, los peques resolvieron las pruebas bastante rápido. Casi al final tuve que petrificar a las estatuas, que eran los más mayores para que los peques pudieran participar un poco más activamente, porque se mostraban un poco tímidos ante el entusiasmo de los mayores. En esas estábamos cuando Daniel decidió dar un espadazo al basilisco y éste se cogió tal enfado que empezó un encantamiento en cadena en el que uno iba convirtiendo al siguiente en piedra. le dije que sólo iba a quedar uno sin petrificar para que pudiera salvarlos a todos y que si seguían así, sólo quedaría el peque de un año y medio que ni sabía hablar. Eso significaría que perderían el juego. Agustiados se miraron unos a otros para ver quien quedaba libre de la pegatina en la frente que indicaba que estaban bajo el maleficio que pudiera salvarles. Sólo quedaban el bebé y otro peque de unos cuatro o cinco años, evidentemente convirtieron la más chiquitín y se giraron expectantes hacia el único niño sin hechizar, que se empezó a poner muy nervioso.

En vista de la situación dejé que las estatuas le recordaran al pobre las pistas que teníamos para vencer al monstruo, pero se formó un guirigay tremendo, porque no se acordaban y hubo que sacar las pistas de nuevo. Todos comenzaron a hablar a la vez al héroe que quedaba y casi le empujaron a poner al basilisco el espejo delante de sus ojos para convertirlo en piedra y que se rompiera el embrujo. Al segundo, otro peque cargó contra la estatua del bicho y la rompió en mil pedazos (imaginarios, porque era una serpiente de peluche con una capa con capucha y cuernos). No dio tiempo a preguntar si querían adoptarlo y educarlo en el camino del bien. Demasiado mazmorreo entre las filas, me temo.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Enola Holmes: El misterio de la doble desaparición y El sorprendente caso de lady Alistair

La editorial Bruguera ha sacado una colección de cómics encantadora y llena de misterio basada en la universo Sherlock Holmes, el peculiar detective inglés creado por Arthur Conan Doyle. Serena Blasco nos presenta a una jovencísima hermana menor de tan insigne personaje que se ve enfrentada a una situación desesperada, su madre ha desaparecido y la espada de Damocles de una sociedad victoriana que reservaba a la mujer de alta sociedad un papel de florero inaceptable para la protagonista. Enola, la joven protagonista, intentará escapar de su poco halagüeño destino con la ayuda de su madre huída, otro espíritu libre que tuvo que soportar una vida llena de cadenas sociales.

Esta es la historia que nos presentan en el primer tomo, Enola Holmes y el misterio de la doble desaparición. La protagonista tendrá que hacer uso de toda su astucia para esquivar a sus hermanos y comenzar una vida llena de misteriosas desapariciones que resolver por su cuenta y riesgo. La narración está llena emoción e intriga y salpicada de códigos secretos, disfraces y significados ocultos, como los del lenguaje de las flores, muy importante en la relación madre e hija.

En el segundo tomo, Enola Holmes y el sorprendente caso de lady Alistair, la adolescente que debe madurar deprisa en arras de su libertad, se enfrentará a un siniestro antagonista con un propósito noble, pero muy malas intenciones para dar con una joven dama.

El dibujo es muy agradable, con un estilo que me recuerda a los colores de las acuarelas y con unos rasgos que llenan de personalidad y emociones a los personajes desde su primera aparición. En estos dos primeros tomos se nos habla de los inicios del movimiento sufragista de la mujer y de la lucha de clases, Son conceptos muy complicados, pero hablan de ellos con mucha sencillez e integrándolos completamente en la historia para entender la forma de pensar y conducirse de ciertos personajes. Es una forma de introducirles estos contenidos de una forma muy entretenida que seguro que les engancha.

La editorial aconseja esta lectura para nueve años en adelante y yo estoy de acuerdo, tanto para seguir este tipo de conceptos como el ritmo de la lectura y al composición de las páginas, que son bastante sencillas, pero el niño ya tiene que distinguir ciertas señales que te indican si estamos ante un pensamiento, un remembranza o la acción actual, por ejemplo con diferentes tipos de bocadillos de texto.

Iván, con casi ocho años, se ha perdido y he tenido que ir explicándoles todos estos elementos a medida que avanzábamos en nuestra lectura. En cambio el mayor, de casi diez años, se ha introducido en la historia lleno de curiosidad y distinguiendo bastante bien los giros y avances, aunque los conceptos sobre la revolución industrial y la liberación de la mujer se le escapaban para dar prioridad absoluta al grueso de la historia, el misterio general, la desaparición de la madre, y el misterio autoconclusivo de cada tomo.

Me encanta cómo hila un misterio, ofreciendo pistas al lector que luego irá resolviendo Enola, y a la vez introduce conceptos históricos, políticos, económicos y filosóficos de la época. Al final de cada tomo nos encontramos con el cuaderno secreto de Enola Holmes, en el que encontramos todas sus notas, dibujos y apuntes y que nos sirve de guía para afianzar la lectura y que no se nos escape ni un detalle del caso.

Nos haremos con el tercer tomo cuando salga para no perdernos los avances de esta incansable detective.

martes, 10 de septiembre de 2019

Rol en vivo: La casa del cerezo

Cada año se curran más y más el rol en vivo infantil de las jornadas Tierra de Nadie. En esta ocasión no podían participar menores de 10 años porque la trama era complicadilla e Iván no pudo apuntarse, pero no sufráis que tenía otras alternativas y no le importó demasiado. En cambio su hermano sí que logró plaza entre las seis que había y estuvo empapándose de la temática los días previos con mucho entusiasmo para dominar el camino del bushido y la técnica del Seppuku, por si acaso acababa deshonrado. Porque, como ya es obvio, la cosa iba de Samuráis, intrigas y diplomacia (ideal para el demagogo de Daniel).

La partida se llamaba La casa del cerezo e iba de una reunión de altos mandatarios de diferentes clanes para parlamentar y discutir quién se hará con el poder en el valle. Cada personaje venía con su historia personal, un objetivo general y un objetivo personal. Lo cierto es que los organizadores se curraron muchísimo la aventura en todos sus detalles.

Elegir el nombre que iba a adoptar Daniel fue una odisea porque no le cuadraba ninguna de nuestras sugerencias: Goku, Sanjuro, Toshiro, Usagi, Yojimbo, Ogami... Ninguno le convencía. Cuando le dije que Usagi significaba conejo, como el personaje de uno de sus cómics preferidos empezamos a buscar animales en el traductor al japonés: Inu, Neko, Kitsune, Kuma... Y al final se quedó con Okami, que significa Lobo. Okami Ishii, del clan de la roca.

Raúl aprovechó para meterle en la cabeza al chiquillo un millón de historias de ronins y samurais y para sentarse con sus churumbeles a ver Yojimbo, que no creo que sea la mejor película de esta temática para que vean unos peques de esa edad, pero cualquiera le quitaba la ilusión al padre.

En esta ocasión lo padres no podían quedarse a cotillear para no romper el juego ni poner nerviosos a los churumbeles, así que me tuve que conformar con la versión del chiquillo, aunque más adelante el máster nos contó bastante más.

Resulta que los peques habían negociado con valor y astucia, pero al final la posadera fue más astuta y acabó envenando a todos y salvándose ella porque había bebido el antídoto. Daniel murió con honor y acabó quedando muy arriba en puntos, pero no logró hacerse con el gobierno en el valle.

Ojalá hubiera podido verlos.

Daniel iba increíble con un maquillaje impresionante que le habían hecho poco antes del juego los mismos organizadores, que habían proyectado un montón de actividades alrededor del juego de rol. A mí me hubiera encantado apuntarme al de Kamishibai, pero la agenda de los niños no me lo permitió.

Además, su traje de Samurai era una pasada. Gracias a María José y Rafa, de jugando por ellos, que me prestaron una especie de casaca negra y una cota de cuero chulísima. El chiquillo estaba impresionante. Y el resto de participantes también se curraron muchísimo sus trajes.

Daniel salió entusiasmado de su partida y hablando sin parar de la sucia traición de la que había sido objeto, pero que al final había ganado por puntos aún después de muerto. Estos peques lo viven todo muy intensamente. Me encanta.