viernes, 21 de julio de 2017

Recorrido turístitico por Covarrubias y alrededores

Tanto he hablado de Covarrubias, el pueblo de Raúl, que creo que ya puedo hacer un post recopilatorio que sirva de guía a los visitantes de este precioso pueblo. Sólo dar un paseo por sus preciosas calles ya es motivo suficiente para dejarse caer, pero ofrece muchísimo más a sus visitantes. Dónde no pongo enlace es porque no tengo un post específico sobre esos lugares, aunque sí que los nombro en textos generales. Si algún día vais a ver el pueblo ya me contaréis vuestra experiencia.

Lugares de interés turístico:
- Botica histórica
- Río Arlanza
- El Torreón de Fernán González
- Ex Colegiata
- Museo de la Colegiata
- Princesa Kristina de Noruega
- Archivo del Adelantamiento de Castilla
- Casa de Doña Sancha
- Cruceros Góticos
- Iglesia de Santo Tomás
- Rollo Jurisdiccional
- Murallas de la Villa
- Calles y plazas

Alrededores:
- Ermita de San Olav
- El cementerio de Sad Hill
- El desfiladero de la Yecla
- La Ermita de Mamblas
- Ura
- Fuente Azul
- El Monasterio de San Pedro de Arlanza
- Santo Domingo de Silos

Fiestas más importantes:
San Isidro (15 de mayo)
Navidad
La Pasión viviente (Semana Santa)
La noche de San Juan (23 de junio)
Spanish Olav Festival (finales de junio)
Mercado Medieval y Fiesta de la Cereza (primer fin de semana de julio)
Los demonios del mercado medieval (primer fin de semana de julio)
Fiestas de San Cosme y San Damian (finales de septiembre)
Halloween (31 de octubre)




jueves, 20 de julio de 2017

Mama Natura nos alivia con InsectDHU

Cuando me llegó el aviso de un nuevo Sello de Calidad de Madresfera para probar InsectDhu, de Mama Natura, se me fue el dedo antes de que pudiera pensar. "¡Me viene de miedo!" me dije después. En esta casa hay tres personas que acusan muchísimo las picaduras de los bichos. El papá de familia es el único que se suele librar, pero el resto terminamos llenos de ampollitas y ronchas. Un horror.

Y da igual el método antimosquitos y demás depredadores minúsculos. Cada día sumamos una marca más como mínimo. Con sus correspondientes picores. Así que he decidido apostar fuerte por los remedios post picadura.

Además, llevaba tiempo leyendo opiniones muy favorables acerca de las toallitas y la crema Calenduflorbaby de esta marca en concreto de blogueras en las que confío mucho. Así que me pareció una oportunidad excelente de probar un producto que me hacía mucha falta. Lo que más me gustó es que es apto para toda la familia, incluso para bebés. Aunque hay que tener cuidado de que el peque no se chupe la piel después de haberlo aplicado.

Este producto lleva una serie de ingredientes naturales en su composición que calman el picor, reducen la inflamación, ahuyentan los insectos más comunes y regeneran la piel. Lo mejor es que no lleva amoniaco ni corticoides, muy poco recomendables para la piel de los niños (y de los adultos, en realidad).

En cuanto me llegaron los tubos y Daniel se quejó de un irritante picor, comprobé que, efectivamente, se trataba de una picadura, y le endiñé InsectDHU Roll-on, que para mí ha triunfado mucho más que la de formato crema. Se aplica de forma facilísima, rápida y sale una cantidad no exagerada. En cambio con la de formato crema siempre me acabo pasando y tengo que quitar el sobrante con un clinex. Aunque esto es cuestión de gustos. A mí me ha convencido más el roll-on y mucho.

Nada más aplicar el producto (en el formato que sea), los niños aseguran que notan un ligero alivio de la picazón. A los cinco minutos ya están jugando tan tranquilos sin volver a acordarse del tema. En mi caso no es tan inmediato. Nada más aplicarlo noto un fresquito muy agradable y al poco ya comienza a remitir la picazón.

Mi puntuación es la siguiente:

Eficacia: Los efectos calmantes son bastante rápidos, aunque la inflamación tarda más en bajar. Depende bastante de lo grande que sea la picadura. Le doy un 4.
Olor: No tiene un olor desagradable, aunque tampoco especialmente maravilloso. El gel tiene un olor más fuerte, en mi opinión, con algún toque a eucalipto o similar, que lo hace más agradable y del que carece el roll-on, cuyo olor es más suave. Lo bueno es que al no tener un aroma fuerte no echa para atrás a los peques. Le doy otro 4.
Los formatos disponibles: Los formatos disponibles con muy prácticos porque son pequeños y fácilmente transportables. El gel tiene 25 gramos y el roll-on 10 mililitros. Para mí ha ganado por goleada este último por su fácil aplicación en niños extremadamente movidos. Le doy un 5 al roll-on por ser tan fácil de usar y un 4 al gel que es un poco más pringoso de aplicar. De los dos me gusta que sean tan portables.
La composición: Los ingredientes son hierbas, flores y aceites. Todo muy natural. Y, como ya he comentado, evitan usar amoniaco y corticoides con los que lo uso muy tranquila en la piel de mis hijos. Le doy un 5.

En general me han gustado mucho y los buscaré en mi Farmacia habitual. Les estamos dando muchísimo uso estos días.

miércoles, 19 de julio de 2017

El álbum de pegatinas

Entre hueco y hueco que me dejen los niños estoy intentando poner algo de orden en esta casa caótica porque los papeles, gomaeva, pompones, washi tapes, cartones, limpiapipas, etc, etc... se nos van a caer un día en la cabeza y nos van a aplastar. Cada vez que algo cae en mis manos veo grandes proyectos, pero la falta de tiempo no nos permiten ponerlos en práctica con lo que se quedan en algún hueco de la casa. ¡Pero se acabaron lo huecos! Están todos a rebosar. Así que reviso, miro, remiro, medito, pienso y lo que lleva ya más de un año (o dos... o tres...) lo tiro (a veces...). Es una cuestión de supervivencia.

Para que os hagáis una idea, encontré un montón de restos de pegatinas. ¿Qué es eso? Os preguntaréis. Pues los huecos en blanco que se quedan cuando usas las pegatinas. ¡Son maravillosos para crear nuestras propias pegatinas (Nivel diógenes máximo, lo sé).

Casi casi casi estaba a punto de tirarlas cuando mi primogénito se presentó en mi cuarto al grito de "¡Me aburroooo!". Niños aburridos + restos de pegatinas... En fin, que los senté en la mesa con el material que casi deshecho, tijeras y rotus. Les dije que podían hacer sus propias pegatinas para pegar en carpetas, libretas... Y Daniel fue más allá. "¡Quiero hacer un álbum con mis pegatinas!", y, como no, el peque se sumó a su propuesta.

Así que les saqué unos cuadernitos para que los costumizaran al gusto. Y allí los dejé tan entretenidos. Si es que al final tengo razón en no tirar las cosas (aunque mi marido sufra, sufra).

Les quedaron unos álbums preciosos.

martes, 18 de julio de 2017

Aviones de papel

Cada tarde de parque encierra una sorpresa. Me empiezo acostumbrar a eso. Si no hacen una construcción con lo que encuentran en el contenedor de cartones, se montan un río con el agua de la fuente o trepan por los árboles como monos. Pero si fuera por ellos, los columpios pueden coger telarañas, porque los usan muy poquito.

En una de esas tardes, vino un amigo de Daniel que también destaca por su gran creatividad. Debajo del brazo traía un montón de papeles. Eran las instrucciones para hacer un avión de papel y unos folios.

Anda que no estuvieron entretenidos doblando papeles y construyéndose sus aviones. Aunque creo que mis hijos necesitaron mucha ayuda de su amigo.

Al final vinieron a mi encuentro para enseñarme orgullosos los aviones de papel. No eran los de toda la vida. ¡Eran chulísimos! El peque debió ver brillar mis ojitos porque me chivó la página de la que se bajó las instrucciones: avioncitos de papel.

Está genial. Tiene un montón de instrucciones para diferentes aviones. El que se llevaron mis chicos a casa, no sólo volaba genial, sino que tenía tren de aterrizaje y casi siempre aterrizaba sobre él. Yo misma los tire varias veces y el avión siempre se las ingeniaba para aterrizar sobre su tren de aterrizaje. ¡Una pasada!

Habrá que curiosear detenidamente la página y probar con otros modelos.

lunes, 17 de julio de 2017

Bicho finalmente disecado

Tras tres semanas dándose un bañito en alcohol, el bicho, presuntamente una avispa enorme y negra bastante asquerosa (es una opinión personal) ha pasado a ser pinchada en un corcho.

Finalmente, la artífice de tan penosa tarea ha sido la mami (ejem). Después de confesar con más asco que vergüenza, al tío del interesado que aún no nos habíamos atrevido a hacer el último paso para obtener el primero insecto de la colección de Daniel, el susodicho me informó de que si lo dejaba mucho tiempo (más de dos o tres días) se ponía duro igual y que ya no habría manera de pincharlo de una forma elegante.

Estuvo a un tris de tirarlo, bote incluído, y olvidarme del tema. Pero el mayor parecía tan emocionado cuando lo cazaron... (la cacería más fácil de la historia porque se lo encontraron ya cadáver en un rincón).

En fin, yendo al meollo de la cuestión, que cogí un tenedor y lo saqué como pude. Cómo se escurría el tío. Encima que me daba mal rollo y no me lo ponía fácil. Pero salí victoriosa y puse el bicho en un trozo de corcho de estudio que había cortado previamente.

Efectivamente, ya estaba con el rigor mortis, pero ladeándolo un poquito se veía bien (hasta esos ojitos de multivisión tan brillantes). Sin pensarlo más lo atravesé con el alfiler así tal cual. El crunch retumbó en mi cerebro y se bajó un ratito a soliviantar a mis estómago, pero logré controlar mi repugnancia.

Me percaté enseguida que el alfiler sobresalía demasiado, así que decidí sobre la marcha añadir una segunda capa de corcho debajo y hundir un poquito más el pincho. Después de los del crunch eso fue un juego de niños.

Para que no se desmontara y porque una ya que se pone, pues lo hace lo mejor posible, junté las dos capas con una cinta adhesiva blanca que se supone que tiene mucho pegamento (a ver, porque la compré en un todo a cien y no en una ferretería. No pidamos peras al olmo).

Muy satisfecha con el resultado se lo enseñé a los niños, que se quedaron fascinados, a mi marido, que me pareció hasta aliviado, a mi hermano, que dio el visto bueno... Y muy orgullosa lo coloqué en un lugar bien visible de la estantería del primogénito.

"Esto... Mamá", me interpeló Daniel.
"Siiiii", le contesté orgullosa de mi trabajo.
"¿Vas a ponerlo ahí?", me señaló el estante poco convencido.
"Eeeeeh, pues... Sí. ¿Que pasa? ¿No te gusta?", dije con tono inseguro.
"¡Que va! Me encanta. ¡Es chulísimo! Pero ¿no crees que si lo dejas ahí me va a dar pesadillas"

........

En fin, que el bicho está en MI estantería y he decidido llamarlo Willy.

viernes, 14 de julio de 2017

El Museo Tiflológico de la ONCE

Llevaba años con la idea de llevar a los peques al Museo Tiflológico de La ONCE, pero entre unas cosas y otras nunca lo hacía. Pero este verano me he decidido y allí que me planté con los peques. Ellos también estaban muy ilusionados porque les había hablado millones de veces de este fantástico museo en el que ¡se pueden tocar las piezas expuestas! Ualaaaaa.

Nada más acceder al edificio mis hijos se lanzaron a investigar el bonito jardín vertical de la puerta. Les paré de inmediato y les aseguré que, obviamente, eso no se podía tocar.

El Museo se encuentra en la tercera planta. Desde una amplia recepción se accede a las salas. Nosotros empezamos por las que sabía que iban a triunfar entre mis churumbeles: las de las maquetas.

En la primera habitación nos encontramos con las internacionales. Mis hijos se tiraron de llenos a por la Torre de Pisa,  la Eiffel y la estatua de la libertad. Tanto oír hablar de ellas, tanto verlas en fotos y ahora podían tocarlas. Y no se hicieron de rogar.

La recepcionista les había corroborado que en esa parte del museo la colección se podía tocar, pero con cuidado. Así que les estuve vigilando por si se pasaban con sus impulsos sobeteadores. La verdad es que se portaron muy bien. De ahí pasaron por todas las demás: el Partenón, la ciudad de Jerusalem, el monumento a los descubridores, el puente de la Torre de Londres, el Taj Mahal o Santa Sofía, entre otros.

Alucinaban y no sabían cuál elegir. Porque eso de ir en orden y juntos parece que no va con ellos. Las maquetas son preciosas y tienen muchísimos detalles. Es imposible resistirse a asomarse por los patios de los palacios y conventos o tocar las suaves zonas ajardinadas.

En la siguiente sala nos encontramos las maquetas nacionales: La Puerta de Alcalá, la Alhambra, la Catedral de Burgos, la de Santiago de Compostela, las cuevas de Altamira, la Sagrada Familia... Una pasada.

Podría haberme quedado horas en esas salas reparando en cada detalle, mientras que los niños tocaban cúpulas, árboles, capiteles...

Encima el mapa en tres dimensiones de la ciudad de Toledo tiene botoncitos y luces para indicar dónde está cada cosa. Algo que les llamó mucho la atención a estos pillos.

Cuando se cansaron de observar maquetas llegó la hora de jugar. Se imaginaban ser grandes monstruos estilo Godzilla y King Kong a punto de arrasar Ávila o la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Anda que no se lo pasaron bien gruñendo, golpeándose el pecho y haciendo como que se comían las construcciones. Seguro que el resto de los visitantes lo estarían flipando con estos niños.

En la última sala de ese ala estaba la exposición temporal: Aquática de Marcelo Vilebich. Una serie de fotografías hechas en el fondo del mar que son una preciosidad.

Tras un buen rato, nos encaminamos hacia la sala Sala de obras de artistas ciegos y con discapacidad visual grave. A mí me maravilló esta parte, pero como no se podía tocar mis hijos perdieron bastante el interés. Y eso que era impresionante.

Tampoco quise perderme la de material tiflológico y la de la historia del cupón de la ONCE. Muy interesantes y curiosas. Estoy seguro que a mis peques les hubiera enganchado más si no hubieran estado obsesionados con volver a las salas de las maquetas. A la que volvimos, claro. Con la ilusión que les hacía seguir jugando a Godzilla.

Di por terminada la visita y antes de irnos la recepcionista nos puso en la mano una bolsa con mucho tesoros increíbles, uno de cada para cada uno: brújulas, lupas, el abecedario en Braille, camisetas, pulseras, muchísimos caramelos... Los dos primeros objetos nos los pensamos llevar en nuestras vacaciones para descubrir muchas cosas.

Cuando nos fuimos, Daniel me hizo prometerle que volveríamos lo antes posible: "¿Mañana? ¿Pasado? ¿La próxima semana?". ¡Que ansias! Sí que le ha gustado.

Habrá que volver pronto.




jueves, 13 de julio de 2017

¡Bichos!

De pequeña, uno de mis recuerdos recurrentes es ver a mi hermano cazando bichos para su colección. Los metía en alcohol tres días, luego los sacaba con mucho cuidado, los pinchaba en su corcho y los colocaba como quisiera que se quedaran para la posteridad. Cuando se secaban ya estaban disecados.

Todavía conserva esa colección y es flipante: escarabajos ciervo, preciosas mariposas, polillas gigantes, avispas asesinas, tarántulas peludas... Hasta una serpiente y una lagartija. La de cosas horripilantes que pululaban por la casa de campo de mis abuelos (uuuuighh). También recuerdo a mi pobre madre rellenando la lagartija con hierbas aromática y cosiéndola para hacer feliz a su primogénito (si es que las madres tenemos el cielo ganado).

Cuando Daniel se enteró de la existencia de semejante tesoro le pidió a su tío que se lo enseñara muy interesado. Alucinó con las especies más raras y, como no podía ser de otra manera, expresó su deseo de empezar su propia colección. Pero nunca llegaba el día porque sus padres no tiene mucha vocación por el tema, más bien lo contrario.

El caso es que Raúl encontró una especie de avispa negra gigante en la casa de Covarrubias que había estirado la pata de forma natural y vio en ello la gran oportunidad. Recogió el cadáver en una tarro y lo congeló porque no se acordaba ni por asomo de las instrucciones de mi hermano.

Cuando me enteré me entró la risa. Mi marido había leído por internet que se disecaban así, pero consultamos a mi hermano y nos volvió a contar cómo lo hacía él de chico. Con un emocionadísimo Daniel, metimos la cosa esa en un tarro con alcohol... Y ahí sigue tres semanas después porque a ver quien es el guapo que lo saca, lo pincha en un corcho y lo coloca de la forma más atractiva posible.

Es que da un asquito...

miércoles, 12 de julio de 2017

La llave

La llave cuenta una historia preciosa con unas ilustraciones aún más preciosas. Habla de la incomprensión y el ansia de libertad. De la intransigencia y un espíritu que quiere volar. Y de llaves, muchas llaves. Grande, pequeñas... de mil colores y formas, pero sólo una importa: la que logre liberar el corazón de la princesa de una jaula de oro.

Los cerrajeros tienen un arduo trabajo por delante y deben hacerlo rápido porque sobre sus cabezas pende una amenaza. La princesa está triste. ¿Hay algo que pueda curarla de su mal?

La cuidada edición y la calidad del papel tramado añade valor a este libro del que se disfruta hasta el tacto y el sonido al pasar sus elaboradas páginas.

Los dibujos románticos y casi siempre oscuros son obras de arte por si solos. Transmiten emociones y sentimientos.

El juego que hacen con los blancos es muy acertado. El tipo de letra que usan es pequeño con lo que se da más protagonismo a la imagen. Sólo con ellas ya se podría desgranar esta historia.

En su contraportada guarda una secreto. Una llave que cuelga del marcapáginas rojo para abrir las jaulas que encierren nuestros corazones o eso presupongo yo porque en el libro no dan pistas.

Es tan bonito que éste lo guardo en mi estantería.

martes, 11 de julio de 2017

Los demonios toman Covarrubias

La noche del sábado durante el mercado medieval de Covarrubias sucede algo mágico, malvado y fascinante.

Este año, nos convocaron a las once y media para ver antes un teatro impresionante. La historia de una princesa y un príncipe que se enamoran en medio de un círculo de fuego (lo hicieron con algo que sería gasolina y quedó muy bonito).

Entonces viene un monstruo y acaba con sus vidas. Menos mal que una bruja revive al chico con un hechizo de chispas y le da un arma candente para acabar con el monstruo que también viene preparado con fuegos artificiales. ¡Una pasada! Tanto que para algunos niños fue demasiado y de la primera fila salieron huyendo hasta las faldas de sus madres. Los míos, no. Ellos siguieron en la primera fila gritando: "¡Acaba con él!"

Tras el precioso teatro callejero llegaron los fieles a acusarnos de esconder entre nosotros a un adorador del demonio.

Tras muchos aspavientos y muecas terroríficas lo encuentran entre la multitud y le queman con unas chispitas. Pero, tranquilos, que no muere. Al contrario, es un demonio del que no recuerdo el nombre y se va a vengar con creces. Primero, de sus captores convirtiéndoles en sus esclavos y haciéndolos partícipes de un espectáculo de malabares y fuego. Y después, de nosotros, el público, por no haberlo escondido bien.

Entre todos hacen una pócima con aliento de dragón, patas de araña, ojos de sapo y pelo de una virgen... ("Mami, ¿qué es una virgen?" me preguntó Iván con ojitos inocentes. Los que le rodeaban se mondaban , pero no me ayudaron a salir del apuro por lo que opté por asegurarle que se lo explicaría tras acabar el espectáculo. Afortunadamente, se le ha olvidado el tema).

Los ahora satánicos, acabaron la poción y terminaron la invocación con unas bengalas impresionantes y unos fuegos artificiales que hicieron retumbar el crucero de la plaza. Entonces les tocó el turno a los demonios que salieron echando chispas hacia la multitud que ya corría que se las pelaba. Con la lluvia de fuego comenzaron a recorrer las calles del pueblo con la batucada creando ambiente detrás de sus pasos.

En un principio, íbamos detrás de la comitiva, pero Daniel se empezaba a aburrir de ver los fuegos de lejos y nos pidió que nos acercáramos. Con tanta gente que había acabamos por perdernos, yo con Iván y Raúl con Daniel.

En un momento dado, el peque y yo nos encontramos con un fuego cruzado de demonios. Los había a ambos lados de la calle y acortando distancias. Me pegué todo lo que pude a la pared mientras Iván se abrazaba a mí con todas sus fuerzas. Creo que ambos disfrutamos de verlos tan de cerca, pero más yo que él porque, cuando logramos escapar (no sin que antes nos gruñera un diablo muy de cerca) el chiquillo me comentó su deseo de volver a casa ipso facto ya.

Por lo visto Daniel y el padre no andaban lejos y también estaban recibiendo lo suyo de chispitas sobre la cocorota. "Nos hemos chamuscado muchísimo" aseguraban los dos peques al día siguiente al que quisiera oirlos.

El jolgorio demoníaco acabó con unos fuegos artificiales, pero esos yo me los perdí porque me metí en la cama con un peque asustadito que se abrazó a mí como si no hubiera un mañana hasta que se durmió. Poco después venían los otros dos valientes y nos despertaban sin piedad para contarnos sus aventuras con las criaturas del averno. Como ya tenía a su hermano a su lado, Iván consintió en tumbarse en su camita.

Los chiquillos se quedaron roque enseguida y no tuvieron ni una pesadilla. Menos mal.