viernes, 17 de agosto de 2018

Los juego de mesa infantiles infantiles a los que jugamos en las TDN2018

En esta ocasión los niños han ido más a su aire. Se nota que se han hecho mayores. Se juntaban con otros niños y ¡a jugar! Pero eso no quiere decir que no estuvieran deseando medirse con nosotros sus padres. Eso siempre es un placer para ellos.

Muchos de los juegos que cogieron eran conocidos por ellos. Se ve que no tenían muchas ganas de probar novedades. Y la mayoría tenían mecánicas sencillas y tontas hasta decir basta. De esos que Raúl se niega a que entren en casa bajo ningún concepto.

El que más les ha flipado con diferencia fue una recomendación de un chico de la ludoteca que les acertó de lleno, pero no sólo a ellos. Todos los niños que pasaban al lado de nuestra mesa se paraban a investigar a qué estábamos jugando y antes o después les descubríamos jugando al mismo muertos de la risa. Y no puede ser más tonto y más frustrante, porque cada dos por tres te toca volver a la casilla de salida. Pero me voy a dejar de misterios y voy a desvelar el título del juego que ha hecho las delicias de un  montón de niños en las TdN y que mis hijos sacaron no se cuantas veces: No despiertes a papá. Y no, no lo busquéis en Board Game Geek porque no lo vais a encontrar. La mecánica consiste en tirar una ruleta y avanzar al color que salga intentando no hacer ruido para no despertar al padre, una figura un poco grimosa que reposa en una cama gigante en medio del tablero. Los esforzados jugadores intentarán llegar hasta la nevera los primeros para comerse la tarta de chocolate sin ser descubiertos. Caerán en casillas en las que ten indica el número de veces que hay que darle al despertador que descansa en la mesilla: una, dos, tres, cuatro... En cualquier momento el muñeco del padre despertará sobresaltado y te enviará de nuevo a la salida. Si tienes la suerte de tener en tu mano la carta con el dibujo de la casilla que caes te libras de aporrear el despertador y tentar tu suerte. Vaya carcajadas cada vez que se despertaba el padre. Ni siquiera les importaba volver a la casilla de salida.


Otros juegos del estilo al que jugaron también con mucha emoción fueron Dino Crunch; en el que los jugadores tienen que quitar los huevos con pinzas a un T-rex sin que les pille para salvarles de una erupción volcánica; Man-tibu-las, en el que hay que pescar peces de la boca de un tiburón que en cualquier momento salta y te pega un mordisco, Barni Hop Hop, en el que hay que robar zanahorias a un conejo a base de tirar un dado sin que el animalillo pegue un bote; y Goco Lui, en el que hay que ir sacando mocos de la nariz de una cabezota sin que se le salga el cerebro. Habréis adivinado que este último es con el que más se tronchan, después de No despiertes a Papá, por supuesto.


El segundo juego que les fascinó, sobre todo a Iván, pero en general a toda la chiquillería, nos mola mucho a toda la familia. Fijo que cae antes o después. Se llama Ratland y a estas alturas seguro que muchos lo conocéis. Consiste en alimentar y hacer crecer a tu comunidad de ratas para que trabajen para ti robando quesos en distintos vertederos o a algún compañero. Cuidado dónde vas a robar porque al meter la mano en el saco en vez de delicioso camembert te encontrás con queso en malas condiciones que te puede atontar, desorientar o incluso matar a las ratas. Es un juego de estrategia y organización muy chulo.


A Daniel también le enamoró Whoosh, un juego de rapidez mental en el que los jugadores deben tratar de capturar monstruos antes que el contrario. Cada carta de monstruo indica la combinación de armas y hechizos que acaba con él. Los jugadores deberán ir descubriendo cartas hasta que alguién se dé cuenta de que se ha desvelado el combo deseado y atrape la carta del bicho antes que sus compañeros. Se puede adquirir a través la editorial o en las tiendas que indica en su página web.

Otro juego que también probamos en las TdN y al que le teníamos muchas ganas es el Magic Maze Kids, en el que hay que llevar a cabo misiones de forma colaborativa. Cada uno se encarga de mover a los bichos hacia un lado, hacia el otro, arriba o abajo y sólo para el lado que les toca. Tienen que estar atentos para resolver cada puzle sin que nadie les diga nada. La gracia está en hacer señas y aspavientos o mirar desesperadamente a la persona que debería hacer algo y no lo está haciendo sin hablar, pero en el juego explican que, según las edades esto puede ser demasiado complicado. Y tienen razón. Los nuestros nos se enteraban mucho y se acababan agobiando de que les diéramos golpecitos en la mesa con insistencia. Ellos prefirieron jugar hablando, lo que a los papis nos pareció lo más soso del mundo. En este juego hemos encontrado la brecha generacional muy patente.



Monster Factory también lo jugamos por primera vez en estas jornadas. Es un juego muy bonito, pero que acabó por aburrir a los peques. La historia es que la reglas estaban en inglés y no estaba el padre cerca que es el que más controla este idioma. Por lo que entendí, con el jaleo de dos niños revoltosos presionándome y el peso del sueño en mi párpados, que ya eran altas horas de la noche, había que ir robando piezas para hacer el monstruo más grande, pero que acabara. Podías fastidiar al compañero añadiéndole una pieza en el último momento para que no lograra acabar el suyo, pero entonces no usabas el turno para completar el tuyo. Las piezas son chulísimas y los monstruos que salen delirantes y molan mucho, pero casi imposibles de acabar con las fichas que te van saliendo. Los peques se cansaron pronto de seguir las reglas, pero les flipó construir sus propios monstruos a su bola.

El resto del tiempo que estuvimos disfrutando de la ludoteca se empeñaron en jugar a juegos a los que ya hemos jugado millones de veces. Algunos incluso los tenemos en casa. Ni el padre ni yo lo entendemos, porque a las jornadas de juegos de mesa vamos a probar nuevos juegos y ver si nos gustan, pero tampoco nos íbamos a poner a discutir con ellos. Sobre todo si el tema es que se sentaban con amigos suyos a jugar.

Repitieron a la Torre del Dragón y saltaron de la silla emocionados cuando el malvado monstruo les tiró la torre, pero la princesa quedó milagrosamente de pie entre los agujeros de los suelos; sufrieron por no perder la plaza ni la vida para ser los monstruos más famosos de King of Tokio y King of New York; Participaron en una carrera contrarreloj entre el niño bueno y el malvado hechicero para encontrar la llave y la cerradura correcta en la Torre Encantada (el de viaje no lo probamos: Nos parece una buena idea que haya versión viaje, pero pudiendo es más vistoso el de siempre); se desternillaron con las piruetas imposibles de El aviador loco para robarles las gallinas; ejercitaron su puntería (tan mala como la de la madre) para colar las bolitas de Diego Drago en la abertura correspondiente al dibujo de la tarjeta que les salí; y pusieron la memoria a trabajar a tope para conseguir todos los símbolos de El laberinto mágico.



También, tendría que hablar de los juegos infantiles que nos llevamos a casa: Rox, The forest y Picnic, pero eso ya será en otro post, que este ya se nos alarga demasiado.

La verdad es que parecía que con la agenda de actividades que tenían en mente no iban a tener muchos huecos libres para jugar mucho en la ludoteca de las jornadas  y queda claro que siempre hay tiempo para echarse unas risas ante un tablero.











miércoles, 15 de agosto de 2018

Rol: El misterio de dama de Faris

Iván quería apuntarse a rol en mesa durante las TdN. El problema es que son actividades muy solicitadas porque tienen muy pocas plazas y casi nunca conseguimos entrar. Éste año habían puesto la mayoría de las partidas infantiles el domingo por la mañana, no sé si por casualidad o a posta, pero a mí me pareció una excelente idea. Así, si no logras plaza en una te puedes intentar meter en otra y hay más niños afortunados.

El caso es que dos partida de la sección de adultos llamaron poderosamente mi atención. Ambas eran de Ryuutama, un juego muy recomendado para niños, aunque no para muy peques, porque la mecánica no es tan sencilla como la de Magissa o Herokids.

Dudé muchísimo, pero en la descripción de las actividades no podía nada de límites de edad ni por arriba ni por abajo. ¡Jolín! Que hasta me podía apuntar yo con ellos. Ahora el tema estaba en elegir entre "Las cuatro estaciones: El misterio de los bastones ausentes" y "El misterio de la dama de Farys". Lo hablamos entre los tres y al final el elegido fue éste último porque la trama del primero nos sonaba mucho y nos temíamos que iba a ser una de las dos aventuras que jugamos en las Game On.

Cuando conseguimos la plaza casi saltamos de la alegría. A los peques les gustó mucho ese juego cuando lo probaron. Yo aún temía la reacción del máster cuando nos viera aparecer, pero nos acogió encantado. Nos advirtió que había cambiado por poco el juego añadiendo toques diferentes y que esperaba que nos gustara. ¡Nos flipó! Aunque es verdad que dejó poco de la estética zen y requetemonísima del juego.

Lo que nos pudimos reír con él. A mí se me saltaban las lágrimas. Era un crack caracterizando PNJs. Encima nuestro compañero de juego también era un experto en el juego y eso ayudaba mucho. Sobre todo en las tiradas. Siempre nos tenían que chivar la combinación de dados que teníamos que tirar.

En la aventura, que empieza en una taberna (¡Que raro!), el alcalde del pueblo nos contrata para escoltar a la sacerdotisa del Templo de Farys en su peregrinaje a renovar la luz que protege sus tierras. Resulta que algo malvado está sucediendo en el bosque y teme por su seguridad. ¡Y tanto! porque nada más empezar Iván se lía a hachazos con las raíces de una demoárbol y nos vemos todos envueltos en una cruenta lucha que acaba con un espadón en los huevos del pobre bicho por parte de Daniel y la niña a la que acompañábamos desaparecida.

Aquí quiero hacer un inciso para hablar de la profunda admiración de mis hijos hacia la colección de dados que el máster desparramó sobre la mesa. Sobre todo el de impactos, que tiras para saber dónde has dado al enemigo. Ya se lo tenemos encargado a una tienda del polideportivo que también viene para las Ludo Ergo Sum.

Menos mal que teníamos un cazador en el grupo que siguió su rastro hasta un campamento de Nekogoblins. Parecían pacíficos y revoltosos, pero Daniel confundió eso con hostilidad y no se le ocurrió otra cosa que meterle una patada en sus partes al más anciano del lugar para horror de sus compañeros de grupo que intentamos detenerlo en vano. Menos mal que nos perdonó con la lagrimilla en el ojo y dejó que liberáramos a nuestro curioso cazador, que en su incursión a buscar a la dama por el poblado había sido capturado por unos niños, que ya lo preparaban para que sirviera de cena. Puede que el anciano y su tribu no acabarán devorándonos gracias a que nuestro guía era uno de su especie. El jefe nekogoblin nos contó que un Archiduque les había pagado un montón de tartas a cambio de una dama, que acababan de secuestrar en el bosque y accedió a darnos las señas de dicho personaje. Finalmente nos ofrecieron pastel de ruibardo con la forma del cazador, que se levantó muy ofendido a buscarse la cena el mismo.

Iván le acompañó y encontraron un dulce conejito. El cazador apuntó con su flecha, disparó prometiéndoselas muy felices y el conejito le esquivó con un grácil salto respondiendo a sus perseguidores con el símbolo "Pro". Iván muy picado se subió a un árbol, alzó su espadón y dio un impresionante salto sobre el animal, que sin despeinarse dio otro salto grácil y comenzó a bailar el baile de la victoria. Ciego de la ira, el cazador apuntó a una robusta rama con una de sus flechas más contundente, la arrancó salvajemente del árbol a la iba unida y le aplastó la cabeza al bicho.

Muy ufanos volvieron al campamento nekogoblin con su presa. Dónde nos encontraron a Daniel y a mí intentando descifrar los dibujos que nos hacía un cuervo, que habíamos capturado por seguirnos y mirarnos mal, con su garrita en el suelo. El cazador enseguida desconfió de él y pensó en artes arcanas, pero el pájaro le enseñó su título de graduado en la universidad de Cuervos expedido por ACME y ya no dudamos más de él. Nos contó que el archiduque, su dueño era un gran amante de la comida y que era extremadamente malvado. Gracias a la tirada de los dados descubrimos que maltrataba a su mascota y casi no la dejaba comer. Con los ojos cuajados de la pena le di parte de mi pastel de ruibardo y nos ganamos su lealtad para toda la vida. Sobre todo Iván, que logró domesticarlo.

Antes de que pudieran asar al conejo que tanto les había costado cazar, se los arrebaté de las manos asegurando que nos serviría para traspasar las puertas del archiduque de forma pacífica. No veas lo que les fastidió.

Cuando llegamos al palacio un olor brutalmente asqueroso azotó nuestro olfato. Decidimos que yo me haría pasar por una gran gran dama que venía a presentar sus respetos a nuestro enemigo. Daniel e Iván serían  mi comitiva y el cazador se iría a ver si podía colarse por detrás y buscar a la dama mientras nosotros entreteníamos al archiduque.

Mientras un chimpamono nos conducía a la presencia de su amo por pasillos y salas llenas de basura y esculturas de popó, el cazador descubría una fila enorme de nekogoblins que no paraba de entrar por una pequeña puerta a las cocinas cargados de comida. Arreó a uno más o menos de su tamaño para quedarse con sus ropas y, aunque le costó un poco convencer el guardia de la puerta, logró acceder con el maltrecho conejo en sus manos. Tuvo la gran suerte de escuchar que había que llevar arroz a la prisionera y se presentó voluntario para tal tarea. "Toma, llévalo a la niña. Tienes que ir por el pasillo de la izquierda, luego girar dos veces a la derecha, pasar las dos columnas y girar de nuevo a la izquierda por debajo del mostrador, subir la rampa, girar a la izquierda, izquierda, derecha, izquierda, derecha, derecha, derecha, recto hasta la montaña de popó y debajo está la jaula de la dama". Tuvo que tirar los dados un par de veces para lograr encontrar el sitio, pero por fin lo encontró.

Una dama enfurecida surgió de las sombras, se agarró a los barrotes y empezó a amenazarlo con las muertes y castigos más horrendos si no la sacaba inmediatamente de allí. De repente se oyó un gran pedo y una lluvia de caca cayó del techo sobre ellos. El cazador observó que la cerradura podía abrirse con una llave o por medio de un hechizo y decidió venir a nuestro encuentro porque yo era la hechicera. Allí dejó a la pobre niña desgañitándose y sacudiendo los barrotes frenéticamente.

Nos encontró en la sala del archiduque a punto de morir del asco y asfixiados por los efluvios de tan ilustre señor, un personaje tan inmensamente gordo que ni se podía mover y que no paraba de zampar y pedarse mientras nos daba la bienvenida a su palacio. Le caímos tan bien que nos invitó al banquete de esa noche cuyo plato principal era guiso de Dama de Farys. Ya conocíamos sus motivos. Bueno, los conocía yo, porque mientras hablaba con él, Iván se dedicó a trepar por las paredes cual Spiderman y Daniel le metía tal ostia al chimpamono, sacando un crítico, por llamarle analfabestia que lo hizo rebotar contra las paredes. El mayordomo se levantó con dificultad canturreando: "Usted a estudiado en Harvard, Haaaaarvard". La verdad es que el máster se salía con sus explicaciones y personajes. Yo ya estaba casi llorando de la risa a esas alturas.

El cazador entró simulando ser un camarero nekogoblin y con intenso asco le acercó el arroz, que al final no le había dado a la niña, al archiduque, que lo engulló de un bocado. En cuanto lo vimos supimos que tenía algo que decirnos, así que inventé la excusa de que tenía que ir al baño y le seguimos cuando salió de la estancia. Nos lo contó todo. Nos dimos cuenta de que el archiduque tenía una llave alrededor de su carnoso y pringoso cuello, pero decidimos que sería más sano intentar lo del hechizo, así que nos llevó hasta la dama y yo hice un hechizo de congelar. Me salió tan bien que congelé la cerradura, la jaula, la montaña de popó y a la dama. Menos mal que era un hechizo sólo de congelar y no mataba.

Iván hizo saltar la puerta por los aires y pudimos sacar a la niña más tiesa que la mojama, pero tuvimos que hacerlo rápido porque con las reverberaciones del golpe la montaña de popó congelada se nos venía encima. Adivinad quien sacó una pifia, adividad. Pues sí, señores. Una menda, que acabó enterrada en el montón de mierda. Salí de allí traumatizada y agonizante. Cogí al primer nekogoblin que me crucé y le pregunté por un baño. Salí disparada en busca de agua limpia, arramplé con otro nekogoblin que pretendía pararme por el pequeño detalle de que se trataba de un baño sólo para nekogoblins y me tiré de cabeza en la enorme bañera llena de agua calentita. Froté y froté con jabón hasta que logré que desapareciera toda la inmundicia de mi cuerpo. No preguntéis todo lo que encontré por el camino (Aaaaarghhhh).

Cuando salí, un nekogoblin que entraba sacó un cucharón, probó el agua asquerosa y con una sonrisa llamó a algunos de sus compañeros asegurando que ya tenían sopa para el señor. Sólo teníamos una cosa en mente: salir de allí lo más rápido que nos permitieran los pies.

Tanta prisa nos dimos que llegamos al templo, que era nuestro destino, en un plis plas. Pero allí nos esperaba un desastroso ejército de Nekogoblins y el vomitivo archiduque montado en un palanquín. ¡Era imposible! Cómo podían haber llegado antes que nosotros. "Hemos venido por el camino corto jeeejeje", rió el malvado personaje. Todos nos giramos furibundos hacia nuestro guía que nos sonrió nerviosamente.

No nos quedó otra que luchar. De pronto un nekogoblin voló por nuestras cabezas. "Desde aquí veo mi casaaaaaaaaaa", decía. Los estaban tirando con una catapulta. El segundo impactó a Daniel en sus partes bajas dejándolo casi noqueado. Iván corrió a ayudarle para quitarle a espadazos a los nekogoblins que le saltaban encima y le pegaban con sus patitas peludas.

Mientras, el cazador le tiraba flechas al archiduque, no hacían más que rebotar en su mollas,  y yo le tiraba un hechizos de estrellas de fuego, pero ¡oye! que tampoco había manera. Jolín con las tiradas de dados. De repente, tuvimos la potra del siglo y nos salió un combo mortal. Una estrella de fuego se le metió en la boca al archiduque, el cazador también logró colar una flecha y eso sumado a los gases intestinales de la mole hicieron que estallara. Sus últimas palabras fueron "Aún no he probado el curry...".

Al ver a su amo muerto, los nekogoblins se dispersaron, no sin antes lanzar a un compañero con la catapulta por pura diversión: "No hacia faltaaaaaaaaaaa...".

Por fin logramos llevar a la Dama de Farys al templo para que completara el ritual de renovar la luz que guarda sus territorios.

Me faltan muchos detalles de la historia y por supuesto, la forma magistral como narraba nuestro máster, que en la web de las jornadas viene como Troile. Si conseguís que os dirija una partida seréis muy afortunados. Antes de irnos les regaló una par de dados de seis con calaveritas en vez de números a los críos, que lo guardan como oro en paño. Se han convertido en unos grandes coleccionistas de dados. Le agradecimos todo y le aseguramos que nos había encantado la partida. ¡Buenísima!

lunes, 13 de agosto de 2018

Tierra de Goblins

El jueves por la tarde nos enfrentamos a una gran aventura épica en el reino de Tierra de Nadie. Nuestros grupo de aventureros llegó justo cuando ocurrió una gran desgracia, el pequeño goblin Kosco Babaverde limpiaba el laboratorio del mago Cornelius cuando mezcló sin querer unos ingredientes... Bueno, en realidad, quería hacer una pócima para ser más alto y limpiar en los rincones más inaccesibles, pero, en el último momento, le vino un estornudo que hizo que una densa niebla verde se extendiera por todo el reino y convirtieran en goblins a todos los habitantes que la respiraran.

El pequeño goblin, muy acongojado, nos ha pedido ayuda para conseguir los ingredientes del remedio que volverá a todos a la normalidad.

La aventura comienza con una carta del mago Cornelius que explica todo esto. En cada grupo hay un caballero, un elfo, un pícaro, un bardo, un mago y el pequeño goblin. Se hicieron varios grupos de niños y cada uno eligió el color de su equipo. El nuestro fue el verde.

La organizadora repartió a los niños unas hojas con sus atributos y sus pertenencias más características: una espada, una hoja, una capa, un laúd, un gorro puntiagudo y una máscara de goblin. Aquí tuve el primer problem porque Daniel se pidió ser caballero e Iván se cogió un rebote del quince porque también quería. Al final logré convencerle para seguir jugando aunque sin ser ningún personaje. El laud me lo que yo. Los padres que nos acompañaban me ayudaron mucho para calmarle y que se metiera en el juego, pero costó bastante. ¡Vaya cerillitas que me ha salido el niño!). Y eso que el Bardo resultó ser el más importante de todos los personajes: se sabía los nombres de todos los personajes, los convencía con su labia para cooperar...

El caso es que nos pusimos en camino para comenzar a reunir los ingredientes. Primera parada: la recepción. Allí nos esperaba un señor para darnos polvillos mágicos, pero ¡cuidado! porque tenemos que elegir cuidadosamente el color o el hechizo curativo no funcionará. Evidentemente escogemos el de nuestro grupo: ¡el verde!

Vaya susto nos dimos cuando vimos aparecer un goblin malvado que intentço hacer fracasar nuestra misión con todas sus artimañas. Hasta nos robó el mapa, que llevaba el elfo para guiarnos. Menos mal que lo recuperamos dándole caza. Pobre goblin porque vaya paliza le metieron, sobre todo el caballero con la espadita... ejem.

Aún así tuvo ánimo de seguirnos una parte del camino hasta el lago (la piscina), dónde nos encontramos con la bellísima sirena, que nada le gustaba más que ensalzaran sus múltiples virtudes. Como ningún niño le quiso leer la poesía en su honor compuesta por el bardo le cantamos la vaca lechera entre todos. Le encantá, pero ella seguía erre que erre con que quería escuchar su poesía para darnos la perla que necesitábamos, así que tuve que declamarla lo mejor que pude.

Con la perla en nuestro poder corrimos a buscar al caballero, que también quiso oír como el bardo cantaba sus hazañas para acceder a batirse en duelo con el caballero. Si perdía nos daba un poco de su caldo de pollo, receta de su abuela. Así lo hicimos y el bestia del caballero le venció tras una ardua batalla. De todas formas, no importaba quien ganara porque el pícaro ya había robado el caldo al caballero mientras estaba entretenido. A pesar de todo nos hicimos muy amigos todos. El caballero nos pidió que declaráramos su amor a la sirena cuando la viéramos, pero no volvimos a encontrarnos con ella, así que nada. También nos confesó que tenía ganas de volver a correr emocionantes aventuras de nuevo. Tras una breve charla nos despedimos porque teníamos que buscar al pirata para que nos diera una moneda de su tesoro.

Lo encontramos muy atareado con el grupo morado, así que nos dedicamos a espiar desde lejos lo que nos esperaba. ¡Y era de lo más emocionante! Cuando nos tocó el turno le vendaron los ojos al caballero, el pícaro e Iván (que seguía sin querer se otra cosa que él mismo) y los metieron con los ojos vendados en un laberinto lleno de abismos insondables. Tenían que dejarse guiar por al voz de un papá del grupo que les daba indicaciones para que no cayeran al vacío. Felizmente encontraron el tesoro y lo sacaron del laberinto. En agradecimiento, el pirata nos regaló la moneda que necesitábamos.

A esas alturas la maga no quería ser maga porque a la sirena no le gustaban nada los magos y el goblin de repente decidió que ya no quería serlo, pero que le molaba llevar el gorro de maga con lo que el juego se hizo aún más divertido.

Volvimos a la sala del inicio con todos los ingredientes, los mezclamos y averiguamos las palabras mágicas respondiendo a unas preguntas sobre el devenir del juego. Finalmente hicimos el hechizo y salvamos a todo el reino de ser goblins, excepto a los propios goblins, por supuesto.

Se curraron muchísimo la aventura. Cada personaje tenía unas habilidades especiales que ayudaban a pasar las pruebas con éxito. Buenísima la Gymkhana.


viernes, 10 de agosto de 2018

Rol en vivo Ch'aa

El sábado por la tarde era el momento que más esperaban mis churumbeles en las Jornadas Tierra de Nadie. Se celebraba la partida de rol en vivo Ch'aa de la mano de la familia Carmona y ACME con la temática de Indios y Vaqueros.

Daniel e Iván eran indios. El primero rastreador y el segundo guerrero. Convocaron a todos los participantes en una sala para explicarles sus objetivos y orientarlos un poco en lo que tenían que hacer. Otro años habían hecho una especie de Gymkhana, pero este era rol en vivo de verdad. Así que los niños tenían que cumplir diferentes objetivos según su papel, tenían diferentes habilidades y ¡hasta podían morir!

El objetivo general era conseguir la paz entre los vaqueros del pueblo, los ganaderos y los indios. Entremedias estaba la familia Dalton liderados por Ma, que éramos básicamente los padres de las criaturas. Nuestro papel era malmeter, dinamizar un poco por si veíamos que decaía la cosa, hacer maldades y mentir como bellacos. ¡Lo que me pude reir!

Mientras, los niños tenían que conseguir pieles y alimentos escondidos por el patio, buscar los trozos de las piedras de la paz, a la princesa india desaparecida, una ovejita de los ganaderos... Y todo eso con nosotros acusando en falso, robando el banco e intentando escapar de la cárcel cada dos por tres.

La cosa se desmandó un poco porque los peques iban armados con Nerf y estaban deseando usarlas, así que armaron un pifostio tremendo en el que las balas volaban a lo bestia y el máster se tuvo que enfadar y poner orden. En consecuencia llegaron los federales para tenernos bajo vigilancia el resto del juego.

Y creo que fue más o menos ahí cuando el más pequeño se cogió un berrinche del quince porque él lo que quería era pegar tiros y no buscar recursos para vender. Si no le entendí mal. Porque tenía tal sofoco que tampoco se sabía explicar. El máster intentó arreglar el asunto, pero el peque ya no atendía a razones. Como le conozco decidí llevarle con el padre antes de que reventara el juego a todo el mundo con su mala leche.

Cuando volví los indios y los vaqueros me hicieron prisionera porque mi familia había secuestrado a una india y sólo la devolverían si les entregaban a todos los miembros de los Dalton. Así que comenzó una dura negociación para llegar a un acuerdo de paz entre todos.

El máster nos volvió a convocar a la misma sala y comprobó que se hubieran conseguido los objetivos: ¿Habían suficientes recursos recolectados? ¿Habían encontrado todos los trozos de la piedra? ¿Habían calmado a los espíritus? ¿Habían liberado a la princesa india y a la oveja? ¿De quién es la oveja?... Y lo último y más importante. ¿Habían trabajado juntos por la paz? Ejem, ejem...

Al final, el máster hizo la vista gorda y aceptó pulpo como animal de compañía. Incluso hubo una boda entre una de las chicas de nuestra familia recién reformada y un ganadero. Todo acabó de forma feliz... Excepto para Iván, que tiene un castigazo por abandonar la partida a mitad.

La norma para apuntarse a actividades es que hay que cumplir pase lo que pase.

Daniel, por su parte, se lo pasó pipa haciendo el indio. Al finalizar las jornadas me contaba entusiasmado que esta actividad había sido la que más le había gustado. ¡No me extraña! A mí también.

jueves, 9 de agosto de 2018

Indios y Vaqueros en las TdN

Este año la familia Carmona y ACME se han currado un montón de actividades infantiles  sobre indios y vaqueros que han tenido a los peques de lo más entretenidos. De hecho, mi niño mayor afirma que lo que más le ha gustado este año ha sido la aventura de rol en vivo que organizaron sobre esta temática.

Nada más llegar los peques se apuntaron al taller de brochetas de chuches indias. En esta actividad hicieron flechas y luego insertaron en ellas deliciosas estrellas y nubes. Los chiquillos estaban deseando engullirlas y hubo que estar muy encima para que no acabarán con todas antes de hacer la manualidad.

En teoría, envolvían las flechas para regalárselas a alguien, pero ellos tenían claro que el destinatario tenía que ser ellos mismos. Al menos con la primera que hicieron. Daniel se hizo dos para él. Menos mal que Iván hizo tres y dos de ellas nos las destinó a sus padres.

Tras las brochetas tuvimos que ocuparnos de un asuntillo relacionado con goblins, pero eso ya lo cuento en otro post, que este va de indios y vaqueros.

Al día siguiente había turno de mañana y de tarde para que los niños ayudaran con la decoración del rol en vivo. Nosotros nos apuntamos a la de después de comer porque era más específico de indios, que era el tipo de personaje que les había tocado en la partida de rol en vivo. La mañana la pasaron jugando a juegos de mesa, en la piscina y con los videojuegos. Les cundió muchísimo.

En el taller hicieron preciosos atrapasueños, carteles, antorchas, tipis, penachos de cartulina... Sobre todo Daniel, porque Iván se cansó tras hacer conmigo su atrapasueños y ya no quiso seguir con la manualidades.

A mitad del taller nos dieron una sorpresa maravillosa: una amiga de la responsable del taller le propuso que los niños participaran como los PNJs (Personajes no jugadores) de indios psicópatas para que atacaran a los participantes, les rompieran los coches y les empaparan con pistolas de agua. Por supuesto, a los peques les pareció un plan excelente y se apuntaron entusiasmados.

Los padres también pusimos nuestro granito de arena muy felices para hacer bandas con plumas de cartulina entre todos. Cuando vino la máster los niños tenían sus penachos y sus pistolas de agua gracias a los organizadores del taller (¡Vaya eficacia!). La chica les pintó, les arengó y les dirigió hacia la batalla metiéndoselos a todos en el bolsillo.

No quedaron ni las tuercas. Las hordas de niños indios cayeron sobre los incautos conductores de forma contundente y totalmente caótica. Los pobres no sabían ni para donde correr. Los trozos de coches de cartón volaban. Acabaron empapados y alucinados con la capacidad de hacer el mal de estas dulces y salvajes criaturas.

Los chiquillos disfrutaron a tope de esta actividad inesperada.

La partida de rol del día siguiente la cuento mejor en otro post porque si no éste se puede hacer interminable. ¡Se lo curraron muchísimo!