miércoles, 22 de junio de 2022

Escape Game Asterix

Quién sea fan de Asterix va a flipar con el juego que ha sacado Hachette Heroes: Escape game Asterix, una caja con más de cuatro horas de diversión y de agudizar vista e ingenio para salir victoriosos de misiones que nos sonarán de los cómics. Porque lo mejor que tiene este juego es la parte narrativa. Es imposible que no se te escape la sonrisa leyendo cada etapa y recordando las señas de identidad que hacen a los protagonistas de esta saga inmortales.

Pero vamos a empezar por el principio. Cuando tuve el tesoro entre mis manos, me llamó la atención el aviso de la tapa, que rezaba así: "Esto no es un un producto destinado para niños. No es un juguete". ¿Qué no es para niños? Para los míos, que conocen y disfrutan de las aventuras y desventuras de la aldea gala que le planta cara valientemente al César gracias a la poción mágica, sí. De eso estaba convencida. 

Mas bien, creo que se refiere a que tengamos en cuenta que es un juego de mesa y nada que tenga que ver con juguetes en plan figuritas y escenarios. El caso es que yo no dudé en invitar a mis chicos a jugar. Sólo se sumó el pequeño, porque el adolescente ya sabéis que está en la etapa: "Paso de mis padres". Y tengo que Decir que Iván se lo pasó genial. De hecho, nos pasó una cosa muy curiosa. Había números escondidos que él encontraba a la primera y sus papis, con las vista ya viejuna, nos costaba la vida visualizar, aún señalados por el peque.

Por cierto, que buscando por internet, encontré una página en francés que recomienda el juego a partir de ocho años, aunque en la página oficial no pone nada. De todas formas, doy fe que el peque de 10 años no tuve ninguna dificultad con la mecánica del juego ni con los retos que presenta. Alguno le costaba más que otro, como a sus padres, pero es que, a veces, es una cuestión de caer en el quid del puzzle (lo ves o no lo ves). De hecho, se nos dio bastante bien, excepto con una par de retos que, cuando vimos la pistas, no eran mucho más difíciles que los otros. Simplemente, no habíamos caído.

Lo primero que hicimos fue abrir la caja y descubrir que el juego se basa en unos cuadernos de aventuras y unas cartas. De estas últimas hay de dos clases: de puzzles que hay que resolver y para combinar sumando sus valores. En cada una te pueden venir unos símbolos que significan diferentes cosas: Que hay que buscar números escondidos, o que hay que ir al número que muestra la carta, dentro del cuaderno de aventura, leer el texto de ambientación y hacer lo que ahí te piden.

La caja incluye tres aventuras con su cuadernito y su mazo correspondiente, cada uno con un nivel de dificultad diferente.

Empezamos leyendo la introducción a la aventura en el cuadernillo y sacando la carta número 1 del mazo que correspondiente. Y luego a correr para resolver todo en una hora. Por cierto, que nosotros no lo logramos en ninguna de las tres partidas. Siempre nos pasamos de tiempo, pero, por otro lado, salimos victoriosos de las tres misiones. Tardamos una media de tiempo de hora y media en cada una. 

Si se sacan cinco cartas de fracaso, se pierde la misión y toca llorar. Bueno, a lo mejor he exagerado y solamente hay que volver a intentarlo ;)

De todas formas, siempre podemos recurrir a las pistas y soluciones que te vienen al final de los libritos para que no te atasques demasiado y se acabe arruinando la experiencia de juego. 

La mecánica del juego es muy sencilla y las reglas se leen en muy poco tiempo, con lo que es sacar y jugar. La única pega es que un par de números se ven muy mal y hay unos pocos puzzles en los que no han traducido el número y sale escrito en francés, que si no tienes ni idea como yo, al cosa es bastante más difícil de sacar. En cambio Raúl, que lo estudió en el colegio, no tuvo mucho problema en hallar las soluciones. En la misma carta te avisan que está en francés. Menos mal, porque en mi caso me hubiera pegado horas hasta descubrirlo por mí misma.

En definitiva, es un juego muy nostálgico para los padres, simpático para niños, entretenido para público de casi todas las edades (a partir de 8 años) y una joya para los amantes de Asterix. Pero si eres de esos que devoras juegos tipo Escape como si fueran pipas, éste no es para ti. Te va a resultar demasiado fácil y lineal. Aunque por el precio que tiene (19,95 euros) ¡quién se resiste a acompañar a los galos en sus aventuras!


martes, 21 de junio de 2022

El niño de fuego

He disfrutado muchísimo con El niño de fuego, escrito por Leticia Costas e ilustrado por Iván R. Me parece una lectura muy tierna, ideal para las vacaciones de verano que están al caer. El protagonista y los personajes que le acompañan te roban el corazón desde el primero momento. Hasta algunos antagonistas, que no les queda otra que ser como son para sobrevivir. A otros te dan ganas de repartirles collejas como panes, ejem.

Pero, ¡que me adelanto!, lo mejor es empezar por el principio: la sinopsis. Morgan es un niño peculiar, con un vida más peculiar aún. Resulta que alguien lo dejó en la puerta a la señora Culpepper, que, dicho sea de paso, también es muy peculiar, ¡pero qué personaje de esta historia no lo es! Incluso los padres de acogida que cuidan de Morgan mes a mes tienen sus cositas. 

Aunque la que se lleva la palma es la grandísima Anna. Es tan fantástica que casi se puede decir que a veces eclipsa al protagonista. 

Y ya es mucho decir tratándose de un niño de fuego, ni más ni menos, o eso dice la nota que dejaron junto a él junto con unas cerillas. Eso decía y más cosas, como que tiene que ir a la casa de las tres hermanas. Claro que, todo eso, suena a acertijo de los difíciles y pasarán muchos años hasta que cobre algo de sentido para los implicados.

Claro que no se puede decir que la traviesa Luminaria, la llamita que chisporrotea sobre el hombro derecho de Morgan y que sólo puede ver y oír él. Ya hemos insistido varias veces, en que este niño es muuuuy peculiar. Lumi, para acortar, es su mejor amiga y la que más le anima para convertirse en lo que es. Aunque ni él mismo está seguro de quién es ni a donde le llevan los a veces desastrosos consejos de la llamita.

Todo esto pasará a segundo término cuando empiecen a sucederse extraños fenómenos meteorológicos que afecten a la pobre Lumi, dejándola hecha unos zorros y empujando a nuestros protagonistas y a sus amigos fuera de sus zonas de confort en un viaje bastante... peculiar. Sí, sí. ya sé que estoy abusando de esta palabra, pero es que le casa muy bien a este libro, desde la portada, a cada palabra escrita, al resto de las ilustraciones y pasando por la ambientación, personajes y guión. ¡Todo es peculiar y curioso! Con grandes saltos de la "realidad" más extraña a la imaginación más increíble.

Y todo da como resultado un cuento precioso, de esos que disfrutas cada línea.

Esta lectura está recomendada a partir de ocho años y tiene un formato muy atractivo para los peques. Además, es pequeño y cabe perfectamente en la maleta o en la bolsa de la playa o la piscina.

Por cierto, aquí os dejo otro título muy interesante de la misma autora que leí hace ya unos años: La balada de los unicornios. En este caso, la lectura se recomienda a partir de 14 años.

miércoles, 15 de junio de 2022

Cena a oscuras

Desde que me fui a una divertidísima cena a oscuras en el restaurante Dans le noir? con una amiga, ambas le dábabamos vueltas a recrear la curiosa experiencia en una reunión casera.

Lo más difícil nos parecía asistir a los comensales, ya que en el restaurante los camareros eran ciegos y se movían con muchísima soltura, pero yo, que iba a hacer esas labores soy torpe aún viendo. De todas formas, me tiré a la piscina porque pensé que al menos nos echaríamos una risa. Y siempre podíamos encender las luces si veíamos que la cosa no marchaba. ¡Había que intentarlo! 

A Raúl se le ocurrió que no dejáramos el comedor totalmente a oscuras (algo imposible porque las persianas dejaban algún que otro resquicio abierto y se colaba al go de luz de la calle. Encima la puerta del salón tiene cristales, así que tampoco servía de mucho), pero que los comensales se taparan los ojos con antifaces de noche. Buenísima idea. Así lo hicimos. Ellos aseguraban que no veían absolutamente nada y yo, al menos distinguía algunos contornos y podía hacer tareas sencillas como guiarles hasta sus asientos.

Lo más divertido de esta actividad es que el menú es sorpresa, así no saben lo que están comiendo y tiene que intentar identificar los ingredientes con el tacto, olfato y gusto. Con algunas recetas les costó bastante reconocerlos, pero con otros lo tuvieron muy fácil. Te partías con sus comentarios. Sobre todo yo, que sabía lo que había.

Me pasé todo el día cocinando para que hubiera un poco de todo en cada plato: carne, pescado, verdura, fruta, dulces... Raúl y los niños pensaron que me había convertido en una loca psicópata que les tenía vedada la entrada a la cocina. Hasta tenían que pedirme a mí los vasos de agua. Y si no que fueran a beber a los baños. Ahí no entraba ni dios, que se estropeaba la sorpresa.

Cuando llegó el momento preparé la mesa, serví los platos, coloqué las latas con pajitas (me parecieron más fáciles de manipular en la oscuridad que los vasos), apagué las luces y esperé a los invitados. Cuando llegaron le di a cada uno de los participantes un antifaz de dormir y los guié a sus asientos por turnos, indicándoles dónde tenían el plato con los bocados principales, el de los postres, la servilleta y la lata de refresco sorpresa. No puse cubiertos porque a oscuras es imposible usarlos. Son más una molestia que otra cosa.

Mientras los acomodaba, tuvimos el primer accidente, totalmente inesperado. Una de las sillas se rompió dejando a un invitado sentado en el suelo. Los niños se reían, pero a mí casi me da algo. Rápidamente me aseguré de que el peque damnificado no hubiera sufrido daño, retiré los restos de silla y traje otra nueva. Así escrito parece algo sencillo, pero casi a oscuras y como estaban dispuestas las cosas no me resultó nada fácil.

Sin más imprevistos pude sentar a todos en sus sillas y dimos comienzo a la cena entre "mmmmm"s y "puag"s, porque habían cosas que sabía que a mis hijos no les gustaba, pero no perdía la esperanza de que con la oscuridad colase y se lo comieran. Al ser familia tenían la confianza suficiente como para emitir ruiditos de asco y protestar enérgicamente.

Son unos exagerados porque el resto de cosas les gustó un montón y ya podrían haber hecho el esfuerzo por mí y comerse lo que no. En fin. El resto de comensales sí que dieron buena cuenta de todo lo que había en el plato y aseguraron que todo estaba riquísimo. Con eso ya soy feliz.

Al final, la cena fue todo un éxito, se lo pasaron genial, nos reímos mucho y mis hijos están empeñados en repetir la experiencia.

Si lo vuelvo a hacer será con menos tiempo de cocina para mí, ya os lo digo.


El menú fue el siguiente:Plato principal:

- Albóndiga de longaniza rebozada rellena de huevo (esta receta la vi en un libro de recetas basadas en el universo de Harry Potter y me quedé con la idea básica. Se compra una longaniza bien gordita, se destripa para sacar el relleno de la tripa, se mezcla con huevo y pan rallado y se deja en la nevera al menos una hora. Con esa masa se envuelven huevos de codorniz duros, se reboza la albóndiga resultante y se fríen en abundante aceite).

- Merluza con espinacas, langostinos, setas shiitake y cebolla frita envuelta en hojaldre (me inspiré en esta receta, pero al final la varié muchísimo)

- Cogollo de lechuga con atún, mayonesa y maíz dulce (no tiene mayor ciencia)

- Minipizza de carbonara (comprada precocinada)

- Pan chino relleno de carne (comprado precocinado)

Postres:

- Gajos de mandarina

- Plátano frito rebozado 

- Empanadilla rellena de confitura de manzana (se hace con obleas de empanadillas y el puré de manzana que se vende en. los supermercados)

- Brownie 

- Cruasán relleno de dulce de leche (la receta es ésta, pero sin la cobertura y con dulce de leche de repostería comprado como relleno)


lunes, 13 de junio de 2022

Txano y Oscar: La jaula de cristal

Txano y Oscar, nuestros queridos mellizos con poderes y una hermana hechicera, protagonizan nuevo libro, ¡el décimo ya! Parece que fue ayer cuando se toparon con aquel pedruzco verde... Y no os cuento más, que si no lo habéis leído entraríamos de lleno en los spoilers.

El caso es que tras diez tomos ya les han pasado muchísimas cosas. ¡La de misterios, secretos y aventuras que han protagonizado! Y en cada una encontramos nuevas pistas y retazos del cuadro completo que va pintando cada uno de ellos: lazos de amistad, pasados misteriosos, poderes inexplicables, intereses románticos...

Aunque, en la historia que nos ocupa hoy no habrán efectos paranormales, ni objetos mágicos, ni se ahonda en el pasado de nadie... En esta ocasión, nuestros amigos y su pandilla unen fuerzas con una antigua aliada y nuevos amigos por una buena causa muy realista y, por desgracia, que sigue ocurriendo en nuestro día a día: el maltrato animal. Concretamente, de unos delfines, y, sobre todo, de uno muy especial.

En este tomo se ponen sobre la mesa temas controvertidos como el de los zoológicos o acuarios y su función que puede pasar muy fácilmente de un extremo a otro: ¿Conservación de especies y centros de ayuda a los animales o  simples circos para deleite humano?

Los escasos escrúpulos de los capitalistas extremos se tropiezan con la conciencia social y ecológica de influencers con gran capacidad de hacer eco en sus seguidores. Y en medio de todo esto, nuestros amigos con una peliaguda misión que ellos solos no podrán sacar adelante. 

En esta ocasión, Julio Santos ha dado más relevancia al dúo protagonista, dejando un poco a la sombra al resto de los compinches, aunque ello no resta nada de emoción al relato. Simplemente, les tocaba destacar de nuevo, después de tantas obras corales o centradas en Sara-Li, la enigmática hermanita adoptada. o esa es la impresión que a mí me ha dado.

Como siempre, es un gusto leer el estilo de este autor, tan ameno y dinámico, y disfrutar de las expresivas ilustraciones de Patricia  que son el complemento ideal para las palabras de Julio. 

¡Estamos deseando descubrir de qué irá el undécimo volumen!

Le tenemos especial cariño a esta colección que conocimos durante la cuarentena y que nos ganó desde el minuto cero. En este post os cuento cómo.

martes, 7 de junio de 2022

Excursión por el embalse de San Juan y Parque Aventura Amazonia Pelayos Madrid

El sábado Daniel se fue al Parque de Atracciones invitado por un cumpleañero, dejando a su hermano un poco desconsolado con el planazo. El peque llevaba un tiempo pidiendo ir al mismo lugar, pero con todos los líos que hemos tenido no habíamos podido cumplir su deseo. Y encima su hermano se le adelantaba. El caso es que ir nosotros también quedaba descartado porque sabemos que el mayor quiere estar a su bola con sus amigos (normal a estas edades), así que se me ocurrió un plan alternativo: una aventura por las copas de los árboles. 

El año pasado, los niños de sexto de primaria no tuvieron viaje de fin de curso, pero sí excursión multiaventura a Aventura Amazonia Cercedilla y Daniel volvió contando maravillas, así que me puse a investigar para llevar al más peque a un sitio original, divertido y que implicara aire libre y ejercicio. Lo que vi en la web me encantó, así que me dispuse a comprar las entradas. Pero ¡oh! Qué mala suerte, no había ni un hueco libre para ese sábado. Que no cunda el pánico. Hay otro Aventura Amazonia en Pelayos, es un poco más pequeño y está en una zona que no conocemos, pero también me convenció 100% para pasar una experiencia única. 

Nos metimos a reservar y la mañana ya estaba totalmente ocupada, así que nos decantamos por las tres de la tarde, pensando que habría menos afluencia. La mañana la dedicaríamos a recorrer la zona, especialmente por el embalse de San Juan, que tenía buena pinta.

Y así lo hicimos. Mientras el mayor marchaba más feliz que una perdiz con sus amigos, nosotros nos encaminamos al embalse de San Juan. La zona por la que nos pusimos era muy bonita, aunque difícil de recorrer porque hay que trepar y saltar por rocas y pendientes. la pena es que estaba guarrísima. Nos nos atrevimos ni a meter lo pies en el agua porque la vimos estancada. 

Nos acoplamos en un rincón muy agradable y limpio a la sombrita y recorrimos un poco la zona. Había que tener cuidado porque todo estaba lleno de cristales rotos. Comimos en nuestro rincón idílico y luego fuimos a por un helado a uno de los muchos bares y restaurantes que hay cerca de la zona.

Con la barriga llena nos acercamos a nuestro objetivo principal: el parque de multiaventura. Allí nos colocaron un arnés con dos ganchos, una anilla de seguridad y el sistema de polea para las tirolinas. Luego nos metimos en el curso de iniciación para primerizos como nosotros.

El sistema que usan mola un montón porque permite total autonomía de los participantes. Al principio da un poco de vértigo echarse toda la responsabilidad a tus hombros, pero está hecho de tal manera que es imposible ponerse en peligro, aunque te equivoques con algo.

Lo primero que te explican es el funcionamiento de ambos ganchos. Cuando sólo puedes desenganchar uno cuando los dos están enganchados, así te aseguras que siempre hay uno para sujetarte si te caes (cosa harto difícil. Si no me caí yo...). Cuando acabas un recorrido hay un sistema abierto para desenganchar los dos ganchos e irte al siguiente recorrido.

En las escaleras, además hay que enganchar la anilla de seguridad porque ahí los ganchos son un poco inútiles. Cuesta subir y bajar porque el equipo pesa bastante y hay que ir tirando de él. 

Y, por último, al llegar a las tirolinas hay que enganchar un gancho, la polea y luego el segundo gancho. Por ultimo, te dejas llevar y vas por los aires tan a gusto. De verdad, que acabas acostumbrándote y a la tercera ya te tiras sin pensártelo dos veces. Cuando llegas al otro lado, tienes que agarrarte al asidero de mano, apoyar el pie en otro dispuesto para eso y trepar hasta la plataforma.

Por seguridad, no se permite más de tres personas en las plataformas y tramos de recorridos. En las tirolinas hay que asegurarse bien de que no haya nadie para tirarse. El que se tira grita "libre" cuando acaba para que pueda tirarse el siguiente.

Mola mucho porque vas completamente a tu bola. Lo único malo es si te encuentras un tapón en alguno, como nos pasó a nosotros, pero tienes escaleras  en puntos intermedios por si te quieres bajar antes de tiempo o subir a una parte concreta.

También pillamos otro de los recorridos totalmente libre y lo hicimos sin esperas. Fue flipante, aunque en algún punto lo pasé un poco mal para salvar los retos. Sobre todo en uno de plataformas redondas muy alejadas unas de otra en las que había que saltar. Ahí sí que pensé que acabaría colgada. Pero no. Lo logré.

Las pruebas molan mucho porque son muy diversas y de diferentes dificultades y alturas. Además hay lugares para sentarse a descansar y tomar algo que puedes comprar en el bar o en las máquinas expendedoras. O traer tú mismo y dejar en las taquillas, que cuestan un euro.

Es más que recomendable leer bien los requisitos que se piden en la web. Por ejemplo, para saber cuál es la edad mínima que se exige (6 años) o la altura mínima (1,15 metros). Lo de la altura es muy importante, porque dependiendo de los alto que seáis podréis acceder a determinados circuitos. Por ejemplo, Iván mide 1,45 y pudo entrar a todos los recorridos, menos al deportivo, que no podía entrar ni yo porque se pide un mínimo de 1,60 de altura. A la supertirolina sólo pueden subirse los adultos.

El precio varía según edad y altura. La de Adultos (22 euros) incluye a los mayores de 16 años; los Juniors (20 euros) son lo que miden 1,35 m mínimo y son menores de 16 años; y los Niños (17 euros) van desde 1,15 hasta 1,34 m y al menos deben tener 6 años de edad. Los acompañantes que no usen las instalaciones pagan 1 euro de entrada. El precio incluye tres en horas en total en las que te dan el curso de principiantes, disfrutas los recorridos que elijas y descanses en la zona de relax.

Porque la actividad es agotadora. Quien avisa no es traidor. Pero intensamente divertida.

Cuando se acabaron las tres horas (se nos pasó muy rápido), nos fuimos a explorar otra orilla del embalse que nos gustó mucho más porque estaba más limpia y era mucho más llana. Raúl hasta se atrevió a bañarse y todo, aunque confesó que el agua estaba congelada y que tuvo que salir para volver a sentir las piernas.

Otro día volveremos a disfrutar del embalse. La verdad que fue un día muy emocionante.




lunes, 6 de junio de 2022

Preparando las actividades de refuerzo de verano

Teniendo en cuenta que este curso ha tenido un saldo bastante malo si hablamos del mayor, me he puesto la pilas con vistas al siguiente. Seguramente moriré en el intento, porque, evidentemente, voy a tener que seguir conciliando hogar, familia y trabajo, pero estoy segura que obtendré resultados que harán que todo valga la pena.

Todavía no sé que notas ha sacado el mayor en el tercer trimestre (y realmente espero no encontrar ningún desastre), pero lo que sí sé es que los aprobados que saque serán gracias al padre y a mí, que hemos metido esfuerzo a tope en este chico para que sacara adelante las asignaturas. Y lo suspensos (esperamos que ninguno) habrán venido en las épocas de mayor carga de trabajo en los que no hemos podido atenderle como necesitaba. 

Además, también nos hemos encontrado con algunos problemas de actitud y comportamiento, que achaco, sobre todo, a la libertad y autonomía que le hemos concedido este curso y que no le ha venido nada bien.

Os pondré un ejemplo: Si en las cenas cine familiares, decidía irse a su habitación a leer o escuchar música, le dejábamos porque me parecía que no había que imponerle su ocio, pero me he dado cuenta de que un poquito de ocio social sí que hay que obligarle a tener para que asimile ciertas normas de convivencia que parece haber olvidado de un tiempo a esta parte. 

Así que, teniendo en cuenta la situación actual, he desarrollado un sistema de puntos muy rígido en el que la autoridad paterna y materna cobra un papel predominante. Parece algo contradictorio, pero creo que puede resultar (de otra forma ni lo intentaría).

Además, persigo otro objetivo igual de importante: rebajar el tiempo frente a pantallas de ambos churumbeles. Sobre todo del pequeño, que está bastante obsesionado con el tema y se pasa el día pensando en su momento de pantallas (cómo lo va a usar, en qué, que juegos quiere en el futuro o qué vídeos quiere ver, etc...). Lo único bueno que veo en todo esto, es que les encanta a los dos enseñarnos a los padres los vídeos que les llaman la atención. O mostrarnos sus hazañas en los videojuegos a los que juegan. Al menos no están totalmente desconectados de la realidad. Pero aún, así me preocupa el monotema del niño pequeño.

En fin, que me enrollo como las persianas, el caso es que he llegado a la conclusión de que necesitan, sobre todo el mayor, al menos un mes del verano con un horario y unos hábitos controlados y supervisados. 

El mecanismo en sí consiste en un programa de estudio y una serie de actividades sociales y familiares que serán puntuadas, dependiendo de lo bien que sean ejecutadas, con minutos de pantallas que se irán registrando en un excel y se tendrán que pedir al adulto que lo esté monitorizando (yo, ¿alguien lo dudaba?) para gastarlos. Primero, consigo que se esfuercen en sus tareas (porque ambos fallan mucho en presentación, caligrafía y ortografía) y, segundo, limito el tiempo ante la pantalla porque soy yo la que puntúa las actividades y yo la que gestiona los minutos ganados. 

Huelga decir que no les ha hecho nada de gracia el sistema, pero como saben que son lentejas (las tomas o las tomas) se lo están tomando con filosofía (e intentando negociar cada uno de los puntos. Por ahora me he mantenido inflexible y no hay cambios al plan original).

Así que, de lunes a viernes tendrán tres actividades fijas (dictado, ortografía e inglés) y una variable (Mates, lengua, naturales y sociales) entre las que meteré algo de técnicas de estudios (que también necesitan reforzar). Y los viernes, sábados y domingos haremos una actividad familiar que también puede dar puntos de pantallas según lo bien que se porten. Los viernes no habrá actividad de estudio variable y se cambiará por una actividad familiar.

Con cada actividad de estudio pueden conseguir un máximo de 20 minutos de pantallas (aunque es imposible llegar a la puntuación máxima, porque tendría que estar perfecto, tanto en contenido como en presentación, y no creo en los milagros). Los minutos de las actividades familiares varían según sean cortas (pueden ganar hasta 15 minutos), medias (hasta 25 minutos) o largas (hasta 45 minutos). Que una actividad familiar sea corta o media, dependerá de mi criterio. Las largas serán las de todo el día fuera de casa.

Y, por supuesto, todo es subjetivo e interpretable por mí y yo soy la que tiene la última palabra en todo (autoridad grado máximo). A mí me encanta debatir y argumentar, pero llega un momento en la vida en la que ves que tu hijo necesita límites y un gobierno tiránico como comer y hay que hacer tripas corazón para no alimentar al monstruo caótico, rebelde y contestón que vive en su interior.

Iván es una víctima colateral con la que levantaré bastante más la mano, pero al que tampoco le viene mal, que va por el camino del hermano de forma alarmante. 

A ver si puedo mantener el ritmo todo julio. ¡Deseadme suerte! La voy a necesitar.


jueves, 2 de junio de 2022

Tesoros naturales que debemos proteger

Tesoros naturales que debemos proteger, escrito por Ana Alonso e ilustrado por Violeta Monreal, es un tesoro en sí mismo. Éste Álbum ilustrado nos presenta a través de preciosas imágenes perladas de la subjetividad de la mirada de la autora y de perlas escritas que nos descubren leyendas, fauna, flora, peligros ambientales y sabios refranes, un viaje impresionante a los rincones más curiosos y maravillosos de la tierra.

Es un grito de atención que nos recuerda que la tierra no es nuestra y que debemos cuidarla por toda la vida que habita y habitará en ella en el futuro. A la vez aprendemos sobre medioambiente, culturas, hábitats y folclores de una forma muy visual y concreta. Se podría decir que estas páginas están llenas de pinceladas artísticas y literarias.

A la vez que nos muestran lugares increíbles, las autoras pretenden hacernos entender que todos los rincones naturales del planeta son maravillosos: la montaña que ves a lo lejos, el bosque cercano al lugar donde vives, el riachuelo que saltaste en aquella excursión, la playa que te has recorrido tantas veces... también son tesoros que debemos proteger de la contaminación, el calentamiento global, la deforestación, el efecto invernadero, los incendios... Incluso de los domingueros que arrasan a su paso como si fueran pequeños Atilas.

La responsabilidad medioambiental es un derecho y un deber de todos.

Además, este libro te hace soñar. Pasando las páginas puedes imaginarte visitando esos lugares. ¿Quién sabe? Puede que algún día lo hagamos y podamos sorprendernos en primera persona de su belleza y misterio.

Encima, se acerca un día muy señalado en el que disfrutar de la lectura de Tesoros naturales que debemos proteger toma un sentido mucho más profundo. Éste domingo se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente y es un motivo perfecto para preparar a los peques una jornada muy especial llena de lecturas interesantes y actividades divertidas, educativas y concienciadoras.

Y si vives en Madrid o cerca estás de suerte, porque para celebrarlo por todo lo alto Anaya ha organizado la presentación del libro en en la Biblioteca Eugenio Trías a las 12:00, dentro de las actividades organizadas por la Feria del Libro de Madrid, en el parque de El Retiro. Los asistentes podrán escuchar a la ilustradora Violeta Monreal y ser testigos de su arte en directo. Luego, habrá sesión de firmas en la caseta Madroño.