martes, 17 de julio de 2018

Las calles de Covarrubias se llenan de demonios

Covarrubias viajó en el tiempo este verano a la época medieval. Por el día la música, el jolgorio, las risas y el ir y venir de los visitantes vestían la jornada de alegría bulliciosa.

Pero la noche del sábado, algo cambió en el ambiente. El pueblo se congregó en una de las plazas cuchicheando y a la expectativa. Las sombras se fundieron con la oscuridad nocturna y empezó un espectáculo de fuego y bailes candenciosos. Tras los tres bailarines surgieron los demonios, que venían a apoderarse de Covarrubias por unas horas.

Con bengalas flamígeras se lanzaron a la persecución de los allí reunidos. Vaya sorpresa se debieron llevar cuando la chiquillería en vez de salir disparada hacia el lado contrario se tiraó literalmente a las chispas para saltarlas entre risas. Estas nuevas generaciones están muy locas. Entre ellos Daniel, que está como una cabra.

Iván es más prudente y se quedó con su padre resguardado en el soportal viendo el espectáculo con menos temeridad que su hermano.

Yo me quedé atrapada entre el fuego cruzado por ir en busca de la mejor foto de los engendros del infierno que apuntaban con sus llamas a los incautos niños y corrían que se las pelaban. ¡Hasta un dragón que escupía fuego por la nariz apareció de repente!

Este año, el espectáculo de los demonios ha gustado mucho más a los niños, que se han visto libres de jugar con ellos en las amplias plazas.

Otros años, los demonios corrían arriba y abajo por abarrotadas callejuelas y peques y mayores apenas tenían tiempo de apartarse lo que la multitud permitía para esquivar las chispas que solían desprender de una rueda de fuego suspendidas sobre sus cabezas.

Si me preguntan a mí, me parecía más curioso el espectáculo de los años anteriores. Si le preguntan a mis hijos mola mil veces más el de este año.

De todas formas, eso de que aparezcan los demonios y te persigan echando chispas por un pueblo tan bonito como Covarrubias es una pasada lo hagan como lo hagan.








lunes, 16 de julio de 2018

Covarrubias vuelve al medievo

Este fin de semana se celebraba el mercado medieval y fiesta de la cereza en Covarrubias. Y allá que nos hemos ido con nuestros guerreritos de un viaje en el tiempo.

Me encanta viajar a la época medieval llenas de sandalias Quechua, relojes mide pulsaciones y móviles inmortalizando el momento. Tiene un aire de anacronismo muy interesante cuando se imbuye en las empedradas calles del pueblo, con sus casas estilo herreriano y sus vigas vistas de madera. Los puestos temáticos, los viandantes con sus trajes señoriales, de campesinos, bufones, vikingos y hasta un mongol vimos.

Sin olvidarnos de la muerte, que siempre te la puedes encontrar impasible parada en cualquier rincón viendo la vida pasar. Nunca falta a esta cita y a mis hijos les encanta buscarla entre el gentío. Además de recorrer los puestos buscando el tesoro que se quieren llevar. Porque siempre les compramos una cosa por la ocasión. Esta vez cayeron en sus manos unas espadas ninja de madera con su funda y todo que les enamoraron. Y aquí las tenemos con un peligro que ni te cuento porque estos ni miran antes de golpear o desenvainar ainsss.

Así que, mientras mis hijos correteaban y luchaban a muerte nosotros probábamos hidromiel, una bebida con la que se regaban las bodas de los nórdicos hace mucho miles de años. Éstos sólo las celebraban los días de luna llena y bebían esta bebida, la que disfrutaba Odín, durante la fiesta y los días posteriores hasta la siguiente luna llena. Y de ahí proviene la expresión luna de miel. Que curioso ¿Verdad? Nos lo explicó el tendero.

Por las calles te ibas topando con los pasacalles, espectáculos callejeros, luchas guerreras, cuenta cuentos y una serie de actividades muy chulas para toda la familia, como los juegos vikingos, que a mis hijos les encantan.

Gracias a unos vikingos muy majos los peques pudieron hacer malabares con un palo, jugar a quitar el sombrero a su oponente sin salir del círculo o a tocar el casco sin que te de el saco de arena que bambolea el que la liga sobre su cabeza. Divertidísimo.

La verdad es que se lo pasan genial zascandileando con sus trajes medievales y sus espadas de madera.

El pregón de apertura nos lo perdimos, pero algo del premio de la Cereza de oro nos dejaron ver los peques. Este año va para Silberius de Ura, gran artista y enamorado del pueblo como bien reflejó en su ameno discurso.

Como siempre se nos hizo muy corto el mercado. Ojalá durara más días.














viernes, 13 de julio de 2018

Descifrando enigmas para encontrar el código

Copiando a Patri Mellado en el juego que hizo durante el finde lúdico del candado les organicé una prueba especial a estos dos demoniejos que se las dan de aventureros en nuestro juego del verano.

Cuchiperri (¡Vaya nombres me buscan los peques!), el mago archienemigo de Dragogato, el dragón que mantiene prisionero a dos valientes aventureros y les obliga a hacer fichas, tareas, retos y misiones sin parar (pagando por ello. No vayáis a pensar que los tiene  de esclavos, noooo)... ¡Vaya! Ya he perdido el hilo. Cómo iba diciendo, el mago Cuchiperri se apareció con una imagen proyectada en la mente de los guerreros para ayudarles en su misión de derrotar al dragón y escapar.

Les planteó unos dilemas para comprobar que eran despiertos de mente y les indicó dónde encontrar las pistas que les chivarían los números de la contraseña del candado que cierra la mochila secreta del dragón (¿Habéis conseguido leer todo sin asfixiaros? ¡Enhorabuena!).

Primero se presentó, como viene siendo lo educado. "¡Hola! No me conocéis, pero yo he oído hablar de vosotros. Dragogato me cae muy mal y sólo por eso voy a ayudaros en vuestro camino para derrotarlo", les explicó.
"¿Y por qué no te lo cargas tú con tu magia y nos apoderamos de la tienda?", sugirió Danipur, siempre tan práctico.

"Eeeeh, mmm... Pues porque yo no tengo los siete signos arcanos zopencos", se irritó el gran mago.

"No se insulta, no se insulta, ejem", le regañó Gatonur muy serio.

"Vale, vale... El caso es que os tenéis que apañar vosotros para vencerle. Yo he venido a ayudaros un poquito y ya me estoy arrepintiendo", se quejó el anciano señor (venga, vale, que el mago soy yo pero ¡echadle imaginación!).

"Pero algún punto nos darás. ¿Noooo?", negoció el mayor.

"Que ya os he dicho que yo no doy nada. Que os estoy hablando directamente a vuestra mente desde un punto muy lejano. Y no sé lo que habrá dentro de la mochila cerrada con el candado. ¡¡No tengo ni idea!!".

Ambos aventureros pusieron cara de escepticismo, pero decidieron seguirme el rollo para ver con qué se encontraban al final. Se habían portado tan mal que estaban muy escasitos de puntos y tenían una gran necesidad de sumar algo a sus arcas. La historia es que el padre los castigó sin sus turnos de videojuegos de rigor y ahora tienen que comprarse minutos a precio de oro, así que los tengo toda la mañana haciendo fichas para conseguir los 4.168 euros que les cuestan 40 minutos, repartidos en 20 por la mañana y 20 por la tarde. Muy aplicaditos, pero por el interés. Y no veais como me intentan colar fichas con el mínimo minimísimo esfuerzo. Casi estoy deseando que el padre les quite el castigo para bajar el ritmo.

Ups, me he vuelto a ir de la historia y esto está quedando larguísimo. A lo que iba. "Os voy a presentar unos acertijos a ver si sois dignos oponentes para el dragón. Vamos con el primero: "Estáis rodeados de leones muertos de hambre ¿Cómo escapáis de ellos?"

"¡Me subo a un árbol!", aseguró el benjamín.

"Me voy andado", afirmó el mayor. Al pequeño se le salían los ojos "Que te comeeeeen. Cómo vas a ir andando", protestó.

"Que no Iván, digo Gatonur, que están muertos, mu er tos, de hambre. No se pueden mover", le explicó su hermano. Sospecho que ese ya se lo sabía. No puede haberlo sacado tan rápido.

"Está bien", atajé yo, "Os diré dónde está la primera pista. Escondidas en una rocas negras que..."

"Que sí mamá, que están dentro de los globos negros tan sospechoso que hay en el estudio", me cortó Danipur. Mmmm que listillo.

"Vale, pues sí. Toman estos palillos chin... digoooo, estas varitas y haced desaparecer las rocas para conseguir la pista". Y allí que se pusieron los dos peques a estallar globos para recabar los cachitos de papel que tanto me costó a mí meter. Cuando los tuvieron los alisamos como pudimos y los juntamos para ver el número. Pero lo hicieron fatal y ahí no se veía nada, así que tuve que ayudarles un poquito.

"¡¡El tres!! ¡¡El tres!!", gritaron entusiasmados.

"Antes de la siguiente prueba os voy a plantear otro problema. Unos ladrones se esconden en su guarida a la que sólo entras si respondes bien la contraseña. Un ladrón llega y desde dentro le dice "ocho", a lo que él responde "cuatro" y le dejan pasar. Otro ladrón llega y le dicen "Catorce", a lo que él responde "Siete", y le dejan pasar. Uno de los policías se acerca a la puerta muy feliz porque ya cree que sabe cual es la clave para adivinar la contraseña. Cuando llega a la puerta le dicen "Cero" y el responde "Cero", pero no le dejan entrar. Su compañero también lo intenta. Le dicen "seis", el contesta "tres". Y no lo dejan entrar. ¿Sabes en qué consiste la clave para adivinar la contraseña?".

Danipur se rindió enseguida, pero Gatonur estuvo pensando y pensando y pensando... hasta que casi le salió humo de las orejas. Entonces le di una pista: "Tiene que ver con las letras y no con los números". Y tras un rato de darle un poco más a las neuronas lo sacó. Lo que tenía que contestar el policía para que le dejaran entrar era el número de letras del nombre del número y no dividirlo entre dos.

Perfecto. Siguiente prueba: "Mirad en ese tapiz que cuelga de la pared. ¿No veis el número escondido? Si lo coloreais a lo mejor lo veis mejor"

"¡¡¡Colorear!!! ¿Taaanto trabajo?" se quejó el mayor. "Colorear apesta", le secundó el menor. Me temo que me los traumatizaron en las guarderías y en Infantil. "Bueno, hombre. Con que le deis un poco de color al número que creáis que es me conformo"

"Buf", "Bof", "Que rollo", "¿Te vale que haga una línea y ya? Es de color naranja, eeeeh".

"Vaaale, vaaaale ¡pesaos! Anda que os costaba dejarme los tapices bonitos. En fin. A ver qué número os ha salido. ¡El 6!", si lo de colorear les había parecido trabajoso iban a flipar con la siguiente prueba.

"¡¡Camino de números!!", jajajaja

"¿Quéeeee? ¿¿Sumas y restas??", se horrorizó Danipur.

"Pues a mí me gusta", sonrió Gatonur. Les obligué a hacerlos entre los dos. No iba a hacer todo el trabajo el pequeño. Y les salió el 4. Ya quedaba menos.

Última prueba. Para esta utilicé un convertidor de textos para leer con filtro rojo que me parece flipante y que encontré en eduescaperoom, una web muy interesante. Primero les dije que tenían que dejarse guiar por los colores fríos, pero a Iván le estaba hablando en chino. Así que su hermano le aclaró que me refería a las letras azules y verdes. Pues oye, las leyó en un segundo el pequeñajo. ¡Que facilidad! Flipante. Aún así, les alargué el papel de charol rojo que tenía reservado por si les costaba mucho encontrar el mensaje. Les encantó el tema de poner y quitar el filtro para que apareciera y desapareciera el mensaje. Que por cierto era el siguiente: El número que buscas pertenece al mes de agosto. Efectivamente, es el ocho.

¡Ya podemos abrir el candado de la mochila! ¿Y qué encontramos dentro? Dos signos mágicos para cada uno, dos mil puntazos a repartir como buenos hermanos y el juego de la cucaracha versión para viajes. A los chiquillos les encantó que el juego les saliera gratis y se empeñaron en jugar en ese mismo momento. Lo pasamos genial robando comida de la cocina y sorteando cubiertos.

jueves, 12 de julio de 2018

Brochetas de fruta

¡Tenemos una nueva misión para el juego de verano! Crear postres sanos y divertidos. Preparamos platos con fruta cortada al gusto, o la que tengamos (como fue mi caso), unos palitos de brocheta... y a costumizar postres deliciosos y saludables. ¡Será por vitaminas!

Normalmente me cuesta que se coman su pieza de fruta tras las comidas y esta vez se comieron una y media, por lo menos, sin darse cuenta. ¡Misión cumplida!

Daniel hasta les hizo caritas con el pincho del palo de brocheta para hacer Totems de fruta. ¡Que buena idea! A mí nunca se me hubiera ocurrido. ¡Viva la creatividad!

Ahora a plasmarlo en el diario de campaña que si no lo hacemos no sumamos puntos: dibujamos los palitos, las frutas que hemos puesto, coloreamos para que quede más claro y escribimos los materiales e ingredientes que hemos utilizado. ¡Diosssss! Esa letra... Definitivamente, necesitamos muuucha más caligrafía.

miércoles, 11 de julio de 2018

Showcooking con Thermomix

Thermomix me invitó a un Showcooking en su oficina central y a mí me pareció que el plan podía ser muy divertido. No es que fuera para niños, pero me dijeron que podían llevar a los míos si no conseguía canguro. Como me fue imposible encontrar con quien dejarlos me los llevé. Estaban encantados con el plan.

Yo me hacía a la idea que era una clase de cocina con el afamado robot del que me he vuelto muy dependiente (todo sea dicho), pero me quedé corta. Era mucho más divertido.

Fuente: Blanca de Mimos para mamá
Cuando llegamos nos dieron el papel de críticos. Evidentemente el mejor, porque nos tocaba probar todos los platos y dar nuestra opinión. Mis hijos no podían estar más felices. A mis compañeras les tocó ser la chef, la experta que nos iba a ayudar a cocinar nuestros platos, la estilista, Lee de Babytribu, encargada de emplatar de la manera más resultona, la fotógrafa, Blanca de Mimos para mamá, la que iba a sacar unas imágenes fantásticas del menú, y María, de Pañales y más, nos ayudaba a cocinar.

La primera en cocinar iba a ser la chef, por supuesto. Nos hizo un helado de frutos rojos y un smothie multivitamínico que estaban de muerte. Todos los críticos estuvimos de acuerdo en ponerles un
10. ¡Deliciosos ambos! Los peques se pusieron las botas.

Luego le tocó el turno a la fotógrafa con unos panecillos integrales que también estaban buenísimos: crujientes por fuera y suaves y esponjosos por dentro. Si les dejo, los peques se lo comen todos.

La estilista nos hizo una ensalada de garbanzos con vinagreta riquísima. Otro diez. Y yo hice un salmón acompañado de guisantes con jamón también para chuparse los dedos.

Con todas estas recetas aprendimos a usar el modelo más reciente, la TM 5, que tiene un diseño tan chulo que mis hijos la llaman la Thermomix espacial. Bueno, y yo también. La gran novedad que incluye es que tienes un cacharro, al que llaman cookie, en el que vas metiendo libros de receta y te va guiando paso a paso, desde la lista de la compra hasta que tienes el plato ya preparado con los tiempos, temperaturas etcétera programados.

Nosotros sólo tenemos que añadir los ingredientes tal y como nos lo va explicando paso a paso. Más fácil imposible. Aunque también admite el modo de toda la vida en el que tu vas ajustando velocidad y temperatura a conveniencia. Es una pasada.

Mis chicos se tomaron muy en serio su papel de críticos y se lo pasaron en grande poniéndonos nota. La verdad es que todos nos lo pasamos muy bien en el Showcooking. Es una forma muy divertida para conocer una forma tan práctica y novedosa de cocinar. A mí me cambió la vida cuando entró en mi cocina. Muy fácil de usar y aún más fácil de limpiar.

Nos fuimos de allí con un menú completo y sanisimo aprendido para hacer en casa con la nuestra cuando nos apetezca y con una experiencia muy chula para el recuerdo.




Fuente: Blanca de Mimos de mamá