lunes, 27 de abril de 2015

Peppa Pig celebra el día del libro

Parece que la cerdita que ha desbancado de Peggy en el podium de las estrellas infantiles está en su mejor momento. Peppa Pig tiene la agenda de un ministro, pero aún así hizo hueco para un día muy especial: El día del Libro. Organizado por Penguin Random House Grupo Editorial, se sumó a la Lectura del Quijote que se celebra tradicionalmente en el Círculo de Bellas Artes todos los 23 de abril. Madresfera invitó a las madres blogueras a ser testigos de este acto histórico en el que el personaje infantil invita a los niños a aficionarse por la lectura.

Para los peques fue un momento muy emocionante. La cerdita asomó su morrito peludo lleno de manchas de barro (se ve que había estado practicando su juego favorito poco antes) y todos los ojillos se llenaron de ilusión.

Los organizadores regalaron a los chiquillos dos libros muy chulos de Peppa, un peluche de la serie, pegatinas y un gran póster que esgrimía irrefutables razones para amar los libros.

Mis chicos se tiraron enseguida a abrazar al peluche gigante que les saludaba agitando las dos manos. Daniel no se soltó de su mano e Iván se enganchó a su cola dando felices botes.

Para colmo de su felicidad una niña mayor les estuvo leyendo los cuentos que les acaban de regalar: Peppa Pig juega el escondite y Peppa Pig va al dentista. El primero es de buscar objetos y tiene unas ilustraciones preciosas. El segundo me va a venir genial para cuando les toque revisión dental.

Tan bien se lo pasaron que repetimos en el mismo lugar y con los mismos organizadores para asistir al cuentacuentos de Peppa Pig. La chica que relataba las historias se lo curró mucho y tuvo a los chiquillos la mar de entretenidos. Aunque mi niño mayor se levantó en mitad del cuento y ya no quiso volver a la actividad. Estuvimos mirando la revista que nos habían dado, sensacional para repasar las la lectura y matemáticas con sus coloridas actividades y pegatinas. Pensé que no se estaba enterando del cuento, pero esa misma tarde me cantó una de las canciones de la cuentacuentos. Es increíble como puede atender a dos cosas a la vez y no perder el hilo.

Se puede decir que este año, la protagonista de nuestro día del libro fue Peppa Pig gronf gronf.

domingo, 26 de abril de 2015

La galleta gigante

En cuanto vi la galleta gigante con trocitos de chocolate en el blog de Pintando una mamá me encapriché con ella. ¡Yo quería una igual! Igual igual no salió, pero nos valió para pasar una rato divertido e hincharnos a galleta y chocolate.

Mis chicos se prestaron encantados a convertirse en chefs galleteros, pero su afán por comerse el chocolate puso en peligro la actividad en más de una ocasión, Y es que... Como soy más bruta que un arado... y no tenía pepitas de chocolate... ¡pues se me ocurrió que usar tabletas de chocolate no sería una mala opción. ¡Ole! Todo tamaño gigante. Pero no contaba con la gula de los enanos.

Tras convertirme en el sargento de la cocina, logré que todos los ingredientes llegaran a la thermomix para ser mezclados convenientemente. Con tanto estrés se me olvidó poner mantequilla y harina al molde, así que me pasé todo el tiempo de horno rezando para que no se pegara demasiado.

Por supuesto, se nos pegó, pero al final logré juntar los trozos de manera bastante aparente para que mis hijos se ilusionaran con su galleta gigante. ¡Estaba buenísima!

Hemos tenido galleta con pepitazas de chocolate para desayunar, merendar y de postre en comidas y cenas para una temporada.

La receta es la siguiente: Cogemos 130 gramos de azúcar blanco y 140 de azúcar moreno (excepto si os pasa como a mí que no tenía del moreno y decidí sumar gramos y echarlo todo del blanco, apañada que es una), 250 gramos de harina (yo eché de repostería), dos huevos, 170 gramos de mantequilla, mantequilla (no como yo que sólo me quedaba 60 gramos y eché el resto de margarina), una cucharadita de vainilla (yo sumé azúcar avainillada al azúcar del principio) y una cucharadita de sal, una cucharadita de bicarbonato. Lo mezclamos todo bien y cuando tengamos una masa homogénea echamos las pepitas de chocolate (en mi caso, onzas ejem ejem), mezclamos de nuevo. Metemos en una molde que hayamos untado con margarina y harina previamente (no como yo) y ¡al horno) 20 o 25 minutos a 190 grados.

Visto lo visto, no me extraña que no me saliera igual igual.

sábado, 25 de abril de 2015

Libros y marcapáginas, pero ninguna rosa

Faltan dos que estaban ojeando mis peques
Daniel se levantó el 23 de abril al grito de "¿Donde está mi libroooooo?", "¿Qué libro le contesté yo?" haciéndome la tonta. "Pero mami, que hoy es el día del libro y yo sé que nos vas a regalar uno. Damelo ya porfiiiiii". Con esos argumentos era muy difícil resistirse. En realidad, no tenía dos libros, sino ocho. El caso es que un día que iba al hipermercado para llenar la despensa me encontré con una oferta de lo más jugosa y no era precisamente un alimento, sino ocho flamantes libros de "Sandra, la detective de cuentos" a un euro cada ejemplar. ¡Quien resiste semejante tentación! Así que para el carro que se fueron. Luego han estado cogiendo polvo durante más de medio año, muy bien escondidos, a la espera de que llegara el 23 de abril.

Les di los cuentos y al principio no pareció que les hicieran mucho tilín, así que me quedé un poco plof. El pequeño me dijo "Quero tele, quero desayunar" y no les echó ni un pequeño vistacillo. En cambio el mayor, me miró muy sonriente y me soltó "Bueeeeno, no está mal, pensé que serían de monstruos, pero no esta mal. Me gustan". Acto seguido añadió: "¿Y la rosa?". "¿Qué rosa?" le pregunté descolocada, "¡La que te tengo que regalar yo a ti!" Exclamó exasperado. Sintiéndolo mucho no había rosa, así que le sugería que me dibujara una, pero ya en el cole porque los minutos pasaban inexorablemente e íbamos a llegar tarde como siguiéramos así. Al final no hubo rosa de ningún tipo, porque no le apeteció dibujármela. Claro, para él será algo muy soso comparado con los dibujos llenos de armas y seres horripilantes a los que me tiene acostumbrada...

Y así se quedó la cosa. Esa tarde les fui a recoger yo al cole porque, aprovechando que Raúl no podía hacer de canguro porque tenía un viaje de trabajo, me fui a un evento de Madresfera sobre el día del libro y Peppa Pig del que hablare más adelante. Iván salió, se sentó con sus compañeros en la escalera y nos regalaron entre todos un sonoro "¡Feliz día del libro!". poco después corría a mis brazos para enseñarme muy orgulloso el marcapáginas que había hecho y cómo se utilizaba. Cuando fuimos a por Daniel resulta que él también había hecho una marcapáginas, aunque diferente. El del pequeño era el abuelo Suso coloreado por él y plastificado, el del mayor una vaca, que también coloreó el mismo, y que marcaba las páginas simulando que las mordía. Me gustaron mucho los dos.

Después de una tarde muy movida viendo a Peppa Pig en el Círculo de Bellas Artes, volvimos a casa muy cansados. Los peques cenaron y enseguida corrieron a mi cama para que comenzara la sesión de cuentos. Cómo los que nos traíamos de Peppa Pig tras el evento madresférico ya se los había leído la hija mayor de So Sunny que era un amor, empezamos con los de Sandra, Detective de cuentos. ¡Les encantaron! Leímos tres y aún querían un cuarto, pero era ya un poco tarde y les acompañé a la cama como una mamá sargento. Cayeron enseguida en los brazos de Morfeo. Huelga decir que yo estaba más contenta que unas castañuelas porque les hubieran gustado tanto.

viernes, 24 de abril de 2015

Revisión de cardiología con buenas noticias

El día que llevé al más pequeño de la familia al hospital para su revisión de cardiología fue un día muy feliz para él. Tanto que aún me pregunta cada día si hoy le toca ir al médico.

Se sumaron muchos puntos favorables. En primer lugar... ¡no iba al cole!, otro factor importante es que tenía a su mami, que últimamente sólo ve a la hora del desayuno en los días de diario, para él solito, y por último, en la mochila de juguetes y libros que llevamos para amenizar la larga espera estaba su adorada tablet. ¿Se puede pedir más?

Se pegó todo el camino hacia el hospital saltando y canturreando. En cuanto llegamos me pidió la tablet, pero tuvo que esperar un poquito porque teníamos que entregar primero el informe de la última revisión. Él mismo se encargó de dárselo a la enfermera con cara de angelito. Luego comenzó la emocionante partida de naves contra bichos mecánicos. De vez en cuando me pedía ayuda, pero yo soy bastante torpona con esto de los juegos y poco podía hacer por él. No había pasado mucho tiempo cuando le llamaron para hacerle un ecocardio. Se portó de maravilla. Supongo que tenía muchas ganas de que terminara la prueba para volver a poner sus manecitas encima de la tablet. Y así fue. En cuanto se bajó de la camilla me la pidió y volvió a empezar una serie de partidas. Nos dio tiempo a muchos juegos: plantas contra zombies, laberinto de dinosaurios, lavarle los dientes al mosntruo, hacer pizzas y cupcakes... Yo ya estaba desesperada porque parecía que nos íbamos a quedar allí hasta mañana cuando por fin nos llamaron para consulta.

Iván frunció el ceño cuando escuchó su nombre por megafonía. "¡Ota veeeeez!" exclamó fastidiado. Me dio la tablet y me siguió hasta la salita en la que le hicieron el cardiograma. Costó bastante porque el aparato no funcionaba y tras tres intentos fallidos hubo que ir a por  otro. Cuando por fin pudieron medir los latidos del corazón, el chiquillo ya se había aburrido de estar quieto y empezó a hacer el ganso. "Vaya cara de pillo tiene este niño" aseguró el cardiólogo en voz baja a la chica de prácticas que no perdía hilo de lo que allí sucedía. Pero lo oímos todos con lo que el peque siguió haciendo gracietas con más ahínco. Tras ponerme seria por fin salió una lectura pasable y le liberaron de los cables y pegatinas. El médico le auscultó y me aseguró que estaba estupendo, dentro de su enfermedad. Es más, a ampliado el plazo de su próxima revisión a un año. ¡Esto sí que son buenas noticias!

Salimos de allí con sendas sonrisas en la cara mami e hijo, aunque el chiquillo me hizo prometer que en casa le dejaría un poquito la tablet antes de comer. ¡Que vicioooo!

jueves, 23 de abril de 2015

Tele, cine... ¿Pesadillas?

Mis peques absorben toda la información relacionada con zombis, monstruos y demás galería del horror con extremada facilidad.

Estamos en una etapa de intentar llevarles a ver cosas con animalitos y mucho tralalala, pero ellos se resisten entonando su grito de protesta: "Queremos zombiiiiiis". Aún así, papá y mamá persisten en su objetivo y les están restringiendo cosas como Bob Esponja y las tortugas ninja porque... ¡han vuelto las pesadillas! Sí, señor. Se despiertan gritando aterrados en mitad de la noche. Viene mami a consolarlos, se vuelven a dormir como angelitos, pero ¿que pasa con mami? ¿Eh? ¿Eh? Exacto. Que después de los gritos aterradores es ella la que no se duerme.

Así que, no se las hemos prohibido (es la mejor manera para que de repente les apetezca mucho más verlas), pero sí que intentamos desviar su atención hacia otras cosas como El Inspector Gadget, Érase una vez la vida o Los osos amorosos.

La última que vimos en el cine fueron los Boxtrolls y fue taaaan bonita. Aunque con alguna escena que pudiera dar lugar a pesadillas... Es imposible aislarles del mundo ¿no?

Encima a Daniel le ha dado por tener miedo en su propia casa. Ir sólo a cualquier habitación que no sea el salón le cuesta muchísimo. Incluso de día. En cambio, fuera de casa es un temerario. ¿Alguien lo entiende? Espero que se le pase pronto esta fase.

Todas las noches les hablo de situaciones idílicas para que tengan sueños bonitos: Playas con arena de azúcar de colores, montañas de helado de diferentes sabores, situaciones en las que pueden volar o tienen superfuerza, fiestas con animalitos encantadores... Cuando termino la ronda de sugerencias, les soplo la frente para ahuyentar a las pesadillas de sus mentes y les dejo bien arropados con la luz del baño encendida y la puerta semiabierta.
En cuanto se duermen les apago la luz. Últimamente, no hay noche que no me llame al menos uno a grito pelado y aterrorizado. Aunque he de decir que creo que el método "inducir sueños bonitos" como sea está dando sus frutos y parece que cada vez disfrutan de noches más tranquilas. A ver si conseguimos erradicar esas pesadillas tontas.

miércoles, 22 de abril de 2015

Un extraterrestre bebé muy achuchable

El viernes me llegó un tuit que me llenó de alegría. Había ganado dos entradas para la obra de teatro El Extraterrestre Bebé gracias a @Dmonosinfantil. El espectáculo tenía una pinta increíble. Sin perder ni un segundo reservé otras dos y les conté el plan a mis peques. Le entusiasmó.

Nos presentamos en la Sala Mayko media hora antes de que empezara la función para recoger las entradas. El plan era dar una vuelta el tiempo que nos sobraba, pero la chica que nos atendió invitó a los peques a pintar en una mesita baja con mucha dulzura y los chiquillos aceptaron encantados. Allí los tuvimos la mar de entretenidos dibujando zombis, plantas guerreras, monstruos, serpientes... Vamos, en su línea. A la chica de la recepción le hizo mucha gracia. "Donde han quedado las casitas, los coches y las flores que pintábamos nosotros", exclamó entre risas.

Cuando llegó el momento nos invitaron a entrar en una sala en la que nos recibió un decorado muy colorido.

Los niños se sentaron en una alfombra de números y letras y sus papás en las sillas. Pronto nos saludaba una niña muy pizpireta. Lo que no se podía imaginar Eva, que así se llama la protagonista, es que pronto tendría un singular encuentro en su propia habitación. La llegada de un extraterrestre que no sabe nada de las costumbres humanas revolucionará lo que prometía ser una tranquila noche llena de dulces sueños. Música, color, risas, bailes y muchos muchos juegos. La obra era tan interactiva que los pequeños espectadores enseguida se vieron dentro de ella. Tanto les gustó que esa misma tarde me preguntaron cuando volvíamos a verla.

Al final, los protagonistas se prestaron encantados a hacerse fotos con sus pequeños fans. El pobre extraterrestre bebé acabó sepultado por los achuchones de los niños.

De allí nos dimos un salto al parque de Madrid Río para terminar una tarde divertidísima.


martes, 21 de abril de 2015

Un Festival Fantasía Fuenlabrada espectacular

El viernes, mientras una servidora se dejaba las neuronas en su curso de Gestión y Administración de empresas, los hombres de la familia decidieron darse un salto al Festival Fantasía Fuenlabrada SIN MÍ, con premeditación y alevosía. Y no contentos con ello mandarme fotitos para que la envidia rezumara por todos mis poros. En compensación vinieron a buscarme a la salida de clase para contarme su aventura y seguir poniéndome los dientes largos.

Según pude entender conocieron a unos aliens, predators y guardias del ejército imperial de lo más majos que se prestaron a seguirles el juego alegremente.

También tuvieron la suerte de presenciar en vivo y en directo un recorrido a través de la obra de Carlos Pacheco de la mano de... ¡el propio Carlos Pacheco! Aunque me temo que esta parte la disfrutó más el padre que las criaturas, que me confesaron que los dibujos de Lobezno atravesando con las garras a otro Lobezno molaban mucho, pero la charla les aburrió soberanamente. Angelitos. No saben lo que dicen.

Ellos prefirieron recorrer las mesas de juegos para que les explicara las reglas de unos y de otros. Salieron de allí con tres mazos nuevos de cartas Magic y dos libros de pegatinas, presupongo que pegando botes de contento, porque luego no podían esperar a llegar a casa para enseñarme sus cartas molonas llenas de engendros.

Lo mejor de todo les llegó al final. Cuando ya se disponían a marcharse se toparon con una taller de lucha infantil con unas armas blanditas terrorificamente realistas y enoooormes. Eso fue el summum. Se hicieron con las que más les gustaron y comenzó una cruenta batalla entre hermanos, llena de risas y mucha animación por parte de los espectadores. Lo sé porque el padre me grabó un vídeo de la emocionante lucha. Estaban auténticos con sus espadas y hachas.

Entonces llegó la hora de volver a casa y tocó gran perreta del más pequeño que no iba a ponerle las cosas tan fáciles a su padre, que pretendía alejarle de esos tesoros taaan chulos.
Menos mal que se fue el mal humor en cuanto entramos en pizzería para cenar. Fue un viernes de lo más agotador para mis churumbeles.