miércoles, 23 de abril de 2014

Daniel se enfrenta a sus astillitas

Un día que estábamos en el parque de juegos de Covarrubias, dos niños se fueron a montar en un columpio cuando éste cedió y cayó estrepitosamente. Menos mal que no se habían sentado directamente porque ese madero podría haberlos matado.

El caso es que nos acercamos a preguntar a los chicos si se encontraban bien y nos dimos cuenta de un detalle sospechoso. El tornillo gigante y la tuerca enorme que mantenían unidas las junturas brillaban por su ausencia. Sé que no hay que ser mal pensada, pero me cuesta mucho no maldecir al desgraciado que se le ocurrió que sería gracioso semejante gamberrada.

Todavía alucinaba con la posible causa del accidente, por otro lado, no probada, cuando el mayor de mis chicos se puso a trepar con ahínco por el madero. Resultado: tropocientas mil astillas clavadas profundamentes. Ni las pinzas, ni el agua caliente pudieron hacer que salieran las malditas.

En cuanto llegamos a Madrid pedí hora con la pediatra para que nos diera su opinión. Hasta entonces mantuvimos la zona desinfectada con agua oxigenada y tisana de tomillo. Lo primero que hizo la facultativa fue decirme que no veía nada. Normal, porque el peque se había puesto las manos negras en el cole y era difícil distinguir algo en el mapa de manchas de sus palmas. Una vez subsanado el obstáculo con abundante agua templada y jabón. Me puso mala cara por no haberle traído antes. Aceptó por buena la excusa del pueblo y procedió a darme indicaciones sobre como gestionar la situación de crisis:

- Coges una aguja biselada y le vas levantando con mucho cuidadito la piel...
- ¿Una aguja biselada es como las de coser?
- Eeeeh... No.
- Bueno, ya la compraré en el chino. No hay problema
-..... Casi mejor voy a llamar a la enfermera.

La enfermera estaba ocupada, así que fue a llamar a otra que tampoco pillaba muy lejos. Mi hijo mayor estaba histérico a estas alturas, pero entre preguntas sobre los basurillas y promesas de alguna que otra sorpresita logré calmarlo.

Mientras le preguntaba y contaba milongas, la doctora y la enfermera hurgaban todo lo delicadamente que podían. Como la luz era insuficiente, nos trasladamos a la consulta de la segunda en busca de una lupa con linterna. Ante la perspectiva, hubo que engatusar a mi hijo con no menos de tres basurillas en cuanto saliéramos de allí. Se dejó hacer poniendo caras muy raras. Cuando se le ocurrió echar un vistazo a la zona damnificada pegó un chillido de terror: "Sangre mamá, sangreeeeee" Entre las tres le tranquilizamos y le animamos a buscar a los glóbulos rojos, blancos y plaquetas que aparecen en la serie de la vida es así. "No veo nada, mami. Sólo rojo" aseguraba muy serio. "Tu sigue mirando a ver si se van a asomar justo ahora". Con una mirada llena de desconfianza me reprochó que intentara engañarle: "¡Mamaaaa! Eso no se puede ver porque son muy pequeños".

A la pediatra le llamó la atención el interés del peque por el cuerpo humano, así que intentó distraerle por ahí.

- ¿Tu sabes lo que hacen los glóbulos blancos?- Le preguntó de forma distraida.
- ¿Cual de ellos?- Amabas facultativas levantaron la cabeza a la vez y se miraron un tanto perplejas. La enfermera se rió con ganas.
- Los linfocitos.- Respondió rápida la médico.- Él lo ha querido.- Se justificó ante su compañera.
- Se comen a los bichos malos.- Respondió el peque sin vacilar
- ¡Muy bien! - alabó sorprendida.- ¿Y los macrófagos?
- Se comen los que queda después de la batalla.- Aseguró el peque un poco vacilante. Las dos quitaban astillas sin perder detalle a las ocurrencias del chiquillo, así que me vi obligada a confesar que toda esa sabiduría se debía a los capítulos de Érase una vez la vida.
- Esos los veía yo de pequeña. - Aseguró entusiasmada la enfermera.- ¿Cual es tu capítulo preferido, Daniel?
- Ummmm El del cerebro.
- Toma ya.- Exclamaron a la vez.

Mientras tanto yo no quitaba ojo de Iván que exploraba el terreno a su antojo y había que pararle los pies de vez en cuando. También hacía sus escapaditas al pasillo, aunque nunca se iba del todo de nuestra vista. Me estaba poniendo de los nervios, pero no podía hacer nada porque Daniel me tenía agarrado como si fuera a desaparecer de un momento a otro.

Tras casi una hora quitando astillas, dieron por concluida la tarea, para alivio de mi mayor. Aunque me regalaron una de las famosas agujas biseladas por si le encontrábamos una que ellas no hubieran visto. A Daniel le pusieron una cremita que el calificó de relajante. Y visto su interés, se la acabaron regalando. Entre eso. y la perspectiva de los basurillas que le había prometido exclamó: "¡Hoy es el día de los regalos!" dando más motivos de alegría al personal sanitario, que se había incrementado en la enfermera que no había podido atenderle. es muy maja y se había acercado a preguntar por el chiquillo: las tres se rieron mucho con su ocurrencia.

Los peques entraron con una gran sonrisa al kiosko, pero se llevaron una decepción muy grande porque no tenían basurillas. Menos mal que encontramos otro bichos igual de feos que les gustaron. Y eso fue lo que compré como premio a la valentía del mayor.

martes, 22 de abril de 2014

Vacaciones de Semana Santa en Covarrubias

A pesar de que Raúl ha tenido que trabajar incluso en los días festivos laborales, nos fuimos al pueblo para que los niños disfrutaran en sus calles. Mi marido trabajó online mientras mami pasaba interminables jornadas de patio al sol con unos pequeños más que revoltosos.

Hemos tenido una suerte impresionante con el tiempo y no ha dado la oportunidad de hacer excursiones preciosas y disfrutar de la calle a tope.

Daniel e Iván se han pateado las plazas dando brincos entusiasmados; han dado uso a los columpio a más no poder; ha pedaleado en sus bicis por todo el pueblo; han visitado a los caballos y cabras a los que el más pequeño llama "animales savajes"; jugado a juegos de mesa con sus progenitores; soplado, perseguido y estallado pompas de jabón; pintado, dibujado y coloreado; se han convertido en ayudantes excepcionales cuando ha tocado cortar el césped... ¡Vamos! Que creo que no les ha quedado nada por hacer.

Su entretenimiento favorito ha sido ir al río a tirar piedras y a simular que pescan con palos flexibles. Hay que ver lo que dan de si los palos con estos niños. Puedo afirmar y asegurar que donde hay palos tenemos una destino familiar, porque se lo pasan pipa.

¡Hasta tuvimos nuestra búsqueda de huevitos de Pascua! En esta ocasión participaron activamente, tanto al esconderlos, como al encontrarlos, lo que me hace suponer que la abuela de Raúl todavía está encontrando chocolate derretido en su patio por los lugares más insospechados.

No me extraña que hoy les haya costado tanto volver a la rutina. El mayor vuelve a preguntar insistentemente ¡cuando porras empieza el verano!






lunes, 21 de abril de 2014

Primer día de piscina

Ya hace más de una semana desde el primer encuentro de Daniel con la clase de natación. Casi, casi nos toca de nuevo ir. Hay que decir que fue todo un éxito. Ni hubo pataleta, ni lloros, ni desgarros...

Y en cuanto salió me recordó que había que tachar una ficha de Lego del contador que le acerca más y más a su ansiado premio.

No me puso problemas para cambiarle, aunque, mientras esperábamos su turno se agarró bastante fuerte a mí. Supongo que por si se me ocurría desaparecer.

Cuando apareció la monitora, me soltó, y se fue con el grupo sin mirar atrás. La clase me pareció bastante dura. Un poco de calentamiento y a la piscina directos con una especie de burbuja y los típicos churritos ¡a nadar! Un largo tras otro y vuelta a empezar. Me estaba agotando sólo de verlos. Los chiquillos nadaban sin descanso, pero a Daniel le costaba bastante, así que se paraba, me saludaba con la mano, se caía del churrito, se volvía agarrar... Y le iban pasando uno tras otro.

La profesora le dirigió la palabra, supongo que para animarle a avanzar, y se encontró con un peque con ganas de charleta. No sé que le soltó, pero estuvieron un buen rato dándole a la lengua hasta que Daniel se reactivó de nuevo. Acabó el largo, salió del agua, se puso a correr hacia la cabecera de la pista y ¡catapum! tortazo deslizante. Otra monitora se lanzó a su encuentro con las manos en la cabeza. Pero parece que no se hizo daño, porque enseguida siguió hacia su meta, después de lanzarme un besito, para volver a ser lanzado al agua.

Al rato, los reunieron a todos y les llevaron a la piscinita infantil, en la que hace pie en algunas zonas. Por lo visto, estuvieron bailando, aunque eso no lo vi, porque desde la puerta no había visibilidad suficiente. Así que me tuve que conformar con su versión. Por lo visto, fue lo que más le gustó.

¡Prueba superada!... por ahora...

domingo, 20 de abril de 2014

Reencarnación

"Mami... ¿Cuando me muera estoy vivo en el cielo?" me preguntó el mayor sin anestesia ni nada.

"Eeeeeh... Puesss... No. Estas muerto, pero no como los zombis. Sin cuerpo. Sólo tu alma." Le contesté torpemente.

"¿Qué es el alma?" Esta me la esperaba. Era demasiado pedir que conociera un concepto tan abstracto.

"Pues es donde está tu forma de ser, tus sentimientos, tus pensamiento..." comencé muy inspirada.

"¡Pero yo no quiero quedarme sin cuerpo!" Protesto iniciando un mohín. Y eso no. No soporto el sufrimiento gratuito en mis churumbeles, así que, rápida de reflejos, cambié de religión a conveniencia.

"Bueeeeno. Puedes optar por la reencarnación" sugerí. Enseguida mostró interés por el tema así que seguí hablando. "Puedes pedir que te dejen nacer de nuevo"

"¿Puedo ser otra vez un niño?" su voz estaba llena de esperanza.

"O un perro, o un gato... O un cocodrilo..." Yo veía como cada vez se emocionaba más y mas con la idea. Casi le oía pensar intentado decidirse si tiburón asesino o tigre sanguinario.

Pero entonces me soltó algo que me emocionó de verdad.

"Mami, yo quiero volver a nacer en la misma familia. Que tu seas mi mamá, papá mi papá e Iván mi hermano. ¿Eso puede ser?" Disimulando un lagrimita indiscreta le aseguré que sí podía ser... Y que yo también deseaba lo mismo.

sábado, 19 de abril de 2014

Bebé cocodrilo

Desde hace un mes o así, mi niño pequeño se autodenomina "bebé". Y eso que ya está hecho un cachalote. Pero la cosa no queda ahí. Resulta que nunca es un bebé humano. Le debe resultar más adorable una cría porque te suelta que es un bebé perrito, o gatito, o pajarito y empieza a emitir un sonido con voz aflautada que suena más o menos a " mguuu, mmmgu, mmmmgu" mientras palmotea el aire con sus manitas. Ahí, la menda tiene que comenzar a admirar su suave pelaje, su barriguita blandita, sus morritos preciosos, sus garritas afiladas, etc etc.

El sumum de la ternura para él es el ¡bebé cocodrilo! Casi siempre elige este animal para que le haga carantoñas. "¡Soy un bebé cocodilo! nguuu nguuuu nguuuu" Y quien se resiste a semejante monería.

viernes, 18 de abril de 2014

La caña de pescar casera

"¡¡Quero una caña de pescaaaaa!!" El berrido me atravesó el tímpano e hizo que se tambalearan los cimiento de mi pobre cerebro. El más pequeño de la familia se había situado, estratégicamente, cerca de mi orejita, aprovechando que me agachaba para recoger unos juguetes, y había soltado su deseo de forma atronadora.

Le miré con esos ojos que expresan "¿Y a mí que me cuentas?". Pero el peque es inmune a mis excusas. Él piensa que para su mamá nada es imposible, así que continuó en sus trece, hasta que a mis neuronas se les pasó el sobresalto y se pusieron a trabajar.

A ver, a ver que se me ocurre... En estas situaciones hay que pensar muy deprisa porque Iván no admite demoras. Enseguida empieza a subir el tono, a ponerse rojo y a amenazar tormentón.

Me acordé, casi de milagro de un tubo, como el de las servilletas, pero bastante más largo, que debía de servir para enrollas algún título o poster. De ahí partiría la caña. Un rulito de licra de los que les regaló la madre de amiguito a los niños sería la cuerda. El anzuelo lo construí con una pieza de un juego de plastilina y un imán. Ahora sólo quedaba hacer los peces con gomaeva y pegarles otro imán.

Me hubiera encantado recortar unos peces bonitos, de varios colores, con ojitos... Pero para eso se necesita tiempo. E Iván no me daba margen. Así que le recorté unos cuantos churros informes, que no forma de peces tenían. Y se quedó tan contento.

Le encantó su nuevo juguete. Hicimos un lago con las piezas del tren de Ikea y allí lo tuve pescando completamente concentrado. Al poco, su hermano se percató de que había un nuevo elemento de ocio en la casa ¡y no estaba en sus manos! Así que empezaron los problemas.

Lo de compartir lo llevamos en casa a rajatabla, así que Daniel tuvo su momento de pescador a pesar de la rabieta del chiquitín.

jueves, 17 de abril de 2014

Pintura de baño con harina

Siempre busco ideas nuevas para hacer más divertida la hora del baño. Y navegando por internet encontré una genial y muy sencilla. Aunque ahora mismo no recuerdo donde.

Daniel me ayudó a ponerla en práctica. Cogimos una huevera y mezclamos en ella harina con colorante alimentario hasta formar una pasta con textura de pintura. ¡Y listo! Ya tenemos una maravillosa y nada tóxica pintura para decorar las paredes de la bañera.

En un principio les dije que usaran sus dedos, pero me pidieron pinceles. Sobre todo, el pequeño, se quejaba con cara de asco y me mostraba insistentemente sus deditos para que se los limpiara.

Los dos se dedicaron a pintar una sublime obra maestra en la pared de mi baño. Y, de paso, se pintaron a sí mismos.

Al acabar, la pintura se fue con agua, jabón y muy poco esfuerzo. ¡Todo un invento!