lunes, 15 de octubre de 2018

El drama del aparato en los dientes

Pues sí, ya hemos llegado al tema aparato en los dientes. Resulta que Iván tiene un problema de mordida agravado con blablablabla... En definitiva: instrumento de tortura en la boca y pastizal en deudas.

Ha sido una época de tantas emociones con los cumples, la feria, eventos... que poco preparé al pequeño para lo que le esperaba. Sobre todo, porque yo no lo he vivido y no sabía qué decirle para no asustarle ni quedarme corta.

Una vez instalada la estructura en el paladar pareció tomárselo muy bien, pero fue un espejismo. Enseguida se dio cuenta que no era capaz de vocalizar correctamente y me puso ojitos para que no le llevara al cole esa tarde. La operación se había llevado a cabo una mañana lectiva y la idea era que no perdiera más clases de las necesarias, pero quien tiene corazón para negarle la petición.

Le llevé a casa a comer y ahí empezó el primer drama. Esa sencilla operación se tornó un mundo. Si el chiquillo siempre ha sido lento para engullir, ahora la cosa se extremaba. La angustia se asomaba a su cara por momentos y acabó derrumbado sobre la mesa con dos padres consternados.

Con mi cerebro a mil por hora, cogí un T--rex de lego que se habían dejado tirado cerca y procedí a ponerle un aparato en la boca para arrancar una sonrisa a mi niño. Mientras doblaba el papelito que íbamos a introducir en su paladar. le iba explicando al peque que esto era como las vacunas, pero con mucha más duración: molesto, doloroso a veces, pero necesario para la salud- Y lo más importante, que tenía fecha fin, aunque a él le pareciera un siglo lo que habría que pasar para despedirme del odioso elemento.

Evidentemente, intentó quitárselo. Lo sé porque nos lo confesó. No porque le viera, que los niños no son tontos. Así que Rexi me sirvió para darle otra charla sobre el daño que se puede hacer si sigue con esa práctica destructiva. Al chiquillo le cayó en gracia el juego porque enseguida se ocupó del bienestar del dinosaurio que no podía cerrar la boca, no comía bien y gruñía raro.

Aún así, ha estado todo el fin de semana muy gruñón, irascible y con ataques de ira en los momentos más inesperados. Ha echado el resto para intentar que le quitemos de comedor y se ha lamentado porque sus amigos se van a reír de él porque habla mal (aunque hay una par que vocalizan por el estilo aun sin aparatos, pero eso no se lo vas a decir).

Con mucha paciencia y la promesa de escribir notas para la profesora y para el personal del comedor explicando la situación parece que le hemos consolado un poco. Su hermano ha ayudado mucho aún sin saberlo al llevar el asunto con normalidad. En ningún momento le ha dicho que no se le entiende o ha incidido en el tema. Al contrario, para Daniel como si no tuviera aparato.

Así que hemos llegado al domingo con mejor predisposición. A ver hoy cómo pasa el día y como viene...

viernes, 12 de octubre de 2018

La Feria del barrio

Y de nuevo tenemos montada la feria en el barrio. Lo cierto es que es muy difícil de ignorar porque montan un buen pifostio con las atracciones gigantes y la música a todo volumen en un lugar muy céntrico.

Si por una casual logras que tus hijos no se enteren de tan genial acontecimiento porque has cuidado con todo detalle las rutas a seguir y les has puesto tapones en los oídos las 24 horas, seguro que algún amigo del cole se lo chiva, así que estás vendida, amiga mía. Te pondrán ojitos de bambi o de gato de Schrek, lo que prefieras. El caso es que no podrás negarte ante tantas toneladas de ilusión y expectativas.

No me iba a librar, así que lo primero que hice fue imponer mis reglas que ahora mismo paso a enumerar:

- Primero: Yo decido cuando (uno de los días de las ofertas, que ahora llaman día del niño).
- Segundo: Yo decido cuantas (cuatro más la noria si se portaban bien).
- Tercero: al primer problema arreando a casa.

Evidentemente, aceptaron todas mis condiciones si molestarse en escucharlas, Para qué. Aquí lo importante es que te lleven. Una vez allí es raro que  no te salgas con la tuya. ¡Son demonios!

En fin, que me los llevé justo el día que Iván cumplía años (de verdad), que coincidió además con las ofertas (¡que suerte! Me salió redondo). Fuimos tempranos para no comernos las colas de la hora multitudinaria y creo que lo hicimos bien porque casi no tuvimos que esperar en las atracciones. Sólo en algunas de las que tenía que acabar un turno para comenzar otro. A los peques se les salían los ojos, como siempre. Lo cierto es que cada año se montan en casi las mismas atracciones así que ya sé para donde tirar.

Lo primero a lo que montaron fue a las camas elásticas esas que te atan y parece que vuelan. Les flipa. Después al castillo hinchable con el super Mario desdentado que abre y cierra la boca. El que inventó eso se ganó el corazón de todos los niños. En esa boca hay verdaderas batallas infantiles.

También repitieron con la casa de la risa, no puede faltar. Afortunadamente, hace ya un par de años que no hace falta que les acompañe en su circuito de los tortazos. Ahora la feria es un pelín menos infernal.

Otro de los imprescindibles son, lo que yo llamo, ruedas de hamster, porque se parecen muchísimo. Se mete a la chiquillería en un rulo hinchable y hueco para que lo hagan rodar desde dentro sobre unos centímetros de agua. Se matan, pero ellos felices.

A esas alturas mis hijos sudaban a chorros, así que tuve que quitarles mala idea de tirarse de cabeza a la piscinita. Ellos no ven el peligro, menos mal que estamos las madres para salvarles de si mismos. Y aguarles la fiesta también, como no.

Luego me convencieron para entrar en el simulador. Yo no quería porque me daba miedo que nos tocara otra vez la misma peli (la habíamos visto ya dos veces), pero el taquillero, que era supermajísimo, nos tranquilizó al respecto. "Noooo, nada de montañas rusas. Esta va de un Pin ball" "Aaaaah, vale, vale, entonces sí". Diossss, como me arrepentí. Aquello se movía más  que una coctelera. Ahora sé lo que deben sentir esas pobres bolas de paintball. Salí besando el suelo, pero me esperaba algo mucho peor.

¡El canguro! un instrumento de tortura al que llaman atracción al que me arrastró mi hijo mayor. Como no podía dejar al otro en tierra nos subimos los tres dejando la mochila y una bolsa que llevaba al cargo de una señora amabilísima. No la conocía de nada, pero la vi acomodando a tres niños amorosamente y ya me dio toda la confianza del mundo.

Huelga decir que lo pasé fatal. Tuve los ojos cerrados casi todo el rato para despiporre de mis churumbeles que no paraban de gritar "¡Canguro malo! ¡Canguro maloooooo!" Y nosotros dando más vueltas que una peonza y para arriba y para abajo a toda velocidad.

Al ver en el estado en el que salí de allí, los peques, que cuando quieren tienen un corazón de oro, me perdonaron la Noria (Yujuuuuu), a cambio de un algodón de azúcar que era casi más grande que ellos (Pensábais que iba a ser gratis).´

Allí dimos por terminada nuestra excursión a la feria porque ya empezaba a llenarse de gente hasta los topes (Y porque a mí me temblaban las piernas).

No contéis, no contéis que ya sé que fueron más de cuatro atracciones, pero es que me estuvieron comiendo la oreja con que la feria sólo era una vez al año y que si patatín, patatán... Total que por no oirles estiré la mano. Y porque soy una blanda, oigan. ¡Que le vamos a hacer!

El caso es que se lo pasaron pipa y que salieron de allí con sendas sonrisas de oreja a oreja y barbas y bigotes de algodón de azúcar.


jueves, 11 de octubre de 2018

Princesas Dragón: El secreto del sapo negro

La que lía Bamba por dejarse guiar por el rencor. Si es que los malos sentimientos nunca llegan a nada bueno. Pues sí, aquí nos llega una nueva entrega de Las princesas Dragón, el secreto del sapo negro, es alucinante lo rápido que escribe Pedro Mañas. Y lo bien que escribe, porque tiene a mis churumbeles enganchaditos a la serie. Vieron el libro el día del cuentacuentos en Akira Cómics y no pararon hasta que nos lo llevamos puesto. ¡Y hubo que empezarlo esa misma noche! Porque, ya sabéis, que en esta casa, apostamos por la lectura conjunta primero y la individual y reflexiva después.

En este nuevo volumen vamos a encontrar mucha, muchísima magia. Demasiada, porque las protagonistas se ven arrollados por ese río incontenible de poder ilusionante, colorido y difícil de manejar. Todo por ayudar al príncipe Rosco con su negrísimo huevo de Dragón. ¿Qué de donde sale? ¿Es que no te has leído el tomo anterior? Se llama El monstruo de las profundidades y ahí lo explican con todo detalle. Aaaay que se nos acumula el trabajo.

Bamba nos cuenta esta nueva aventura con esa forma impulsiva y alocada que tiene ella. Como siempre, la cosa se lía parda, pero en cuanto entienden que juntos se puede, pero por separado no, la cosa se endereza. Cuidadito que nos vamos a encontrar con un malvadísimo personaje que dábamos ya por perdido. Y nuevos amigos de lo más curiosos.

En esta ocasión, profundizaremos más en los sentimientos de Lilia, que es una mala, no tan mala, a la que le cuesta socializar, pero que está deseando tener buenos amigos. En fin, que no cuento nada más, que os destripo la historia y no es plan. Adentraros en la Escuela de Magia Superior y descubrid cómo abrir un huevo de dragón sin ser princesa y al culpable del terrible desaguisado que se monta.

martes, 9 de octubre de 2018

Dragon Ball, la nueva temporada de cuenta cuentos de Akira Cómics

Este curso no les podían haber acertado más con el tema de los cuentacuentos en Akira Cómics. Dragon Ball les vuelve locos. Y no porque se vean lo último de lo último en la tele, que yo ya me perdí en Dragon Ball z y ya van por Dragon Ball Super con la transformación n de Goku, que ya no sé ni qué pinta tiene a estas alturas. Sino, más bien, porque descubrieron mi colección de la serie blanca (la primera) con los inicios del simpático e inocente Goku y les ha chiflado. Así que lo tuvieron muy claro en cuanto se enteraron de qué iban a ir los cuentos de nuestra librería especializada favorita: "Mamá, yo no quiero perderme ni uno esta vez. ¿Eeeeeh?". Jolín, vale, vale. Se intentará. Son uno al mes pero te tiene que coincidir un fin de semana que no tengas ocupado y no siempre hay suerte.

Por lo menos al primero hemos conseguido ir. Los dos estaban deseando que llegara el momento y cuando por fin  pusieron el pie en la tienda fliparon. Nos habíamos pasado un par de días antes y ya sabíamos del cambio radical y supermolón que habían dado al lugar, pero no sabíamos que contaban con un lugar excepcional para hacer los cuenta cuentos. Allí los niños estaban comodísimos y encantados de la vida. Y los padres también.

La cuenta cuentos nos explicó que todas las sesiones las iba a empezar explicando algo sobre la serie estrella y que luego contaría cuentos de otras culturas: ese día tocaba Japón. ¡Con lo que me gustan a mí las historias del país del sol naciente! Y de todos los países. Estoy deseando saber cual será el próximo destino elegido para viajar con la imaginación.

La pobre se las vio y se las deseó para acabar las frases porque en la sala habían muchísimos expertos en el universo Dragon Ball y estaban ansiosos por demostrar todo ese conocimiento de una forma que hacían que los mayores nos partiéramos de la risa.

Menos mal que cuando empezó con los otros cuentos, el público se concentró más en escuchar que en anticipar retazos de la historia (como ya no se la sabían...). Comenzó con el relato de un mono muy malo que no sabía compartir y que acabó muy mal gracias a unos niños voluntarios que salieron a darle su merecido. Uno de los niños fue Daniel, que últimamente busca sus minutos de gloria en todos lados.

Le siguió un resumen de Ponyo en el acantilado, con las preciosas imágenes de esta maravillosa película de los estudios Ghibli para animar a los niños a verla y disfrutarla. Tras la niña pez llegó un espíritu de la naturaleza extremadamente famoso y entrañable. A ver si lo adivináis... ¡Totoro! Claro que sí. Había que ver la exaltación infantil cuando peludo, regordete y gigante personaje apareció en la pantalla. Es genial ver que es el preferido de tantos niños.

El cuento de los cuatros duendes me encantó. Nunca descubriréis dónde escondieron la felicidad. Los que estábamos allí sí que lo sabemos así que podemos encontrarla cuando queramos. Que suerte, ¿eeeeeh?

Supuestamente iba a ser el último, pero la cuentacuentos nos tenía una sorpresa preparada: Una historia basada en ¡Super Mario! A mis hijos seguro que se les salían los ojos. No lo puedo confirmar a ciencia cierta porque no les veía la cara, pero con lo fans que son... Que risa oírles gritar "¡¡Mama mía!!" y "Here we go" tan entusiasmados.

Y ahí sí que se terminó la jornada de cuentos. Tras recoger una chuche a la salida del Museo de la tienda se encaminaron a la parte de arriba a elegir un cuento, que tras oír tantos todavía tenían ganas de más.

lunes, 8 de octubre de 2018

¡Un papá mago! El show, el único espectáculo donde aprendes magia

En mi casa la magia triunfa. Lo tenemos clarísimo. Esa mezcla de ilusión, picaresca, humor y sorpresa nos encanta y por eso mis peques se pusieron la mar de contentos cuando les dije que este domingo nos íbamos a ver a Un papá mago en su nuevo espectáculo: ¡Un papá mago! El show. Ya lo hemos visto actuar antes y alucinamos con sus juegos de manos. Cómo el bien dice, vemos lo que él quiere que veamos. ¡Que arte tiene!

Ayer me planté en los Teatros Luchana con dos niños muy emocionados, cansados (porque el día anterior había sido de órdago) e hiper excitados. ¡Vaya cóctel! Ambos eran incapaces de despegar los ojos del escenario, dónde Iván Santacruz, nos contaba cómo sorprender a nuestros amigos con trucos chulísimos, pero tampoco podían pegar sus traseros a las butacas.

Cuando no se enteraban de algo me miraban angustiados enseguida. "Mami, ¿has visto cómo se hace? ¿Seguro?" y yo les pedía encarecidamente que se callaran y asentía como una loca mientras juraba y perjuraba que se lo explicaría en casa más tarde. Además de tener que tomar buena nota de todos los secretos que nos contaba el protagonista de la velada, me las veía y me las deseaba para que mis churumbeles permanecieran en sus butacas sin molestar a las pobres personas que se habían sentado delante y les amenazaba con toda clase de castigos si no bajaban la voz. Me sentía algo malabarista.

Algunos trucos no los contaba, claro. Y eran los más alucinantes. Mis peques exclamaron más de una vez: "¡¡¿Cómo lo ha hecho?!!" y me miraban fijamente esperando que yo, pobre de mí, les desvelara el misterio. Creo que nunca me habían regalado antes tantas miradas de decepción y reproche. Que ya sabemos que los padres somos magos a la hora de intentar hacer felices a los chiquillos, pero hay límites. Esta situación me recuerda a cuando se pone a llover y te alargan la mano para que les des el paraguas. Paraguas que, evidentemente, está en casa. ¡¿Qué esperan?! ¿Que chasquee los dedos y aparezca? En fin, que me disperso.

El caso es que, cada vez que Iván Santacruz pedía un voluntario, Daniel se despepitaba por salir. Se contorsionaba, saltaba en su butaca, agitaba los brazos como si no hubiera un mañana con gran peligro para la pobre madre que estaba a su lado (Yo)... En cambio, el pequeño, que asegura que sufre de pánico escénico, se encogía y hasta parecía que se hacía más pequeño, miraba a un punto indeterminado entre sus pies y se mantenía en silencio absoluto hasta que pasaba el peligro. Desde luego, no parecen hermanos.

En una de esas ocasiones, Daniel casi se cae encima de los de delante en su afán de salir, así que Un papá mago le invitó al escenario muerto de la risa. Se la jugó bastante, he de confesar, porque el peque estaba incontrolable. Pero ¡vaya si lo supo manejar! Se nota que tiene tablas en esto de actuar para niños. El mayor estaba exultante y era incapaz de estarse quieto, perseguía al pobre mago por todo el escenario con ojillos brillantes siguiendo sus indicaciones muy feliz.

Cuando se sentó a mi lado estaba más hinchado que un pavo por haber salido de voluntario. Incluso levantó la mano en el resto de ocasiones que se pidió que alguien subiera al escenario a pesar de mi protestas.

El show se nos hizo muy corto de lo bien que lo estábamos pasando y los dos hicieron la cola muy felices para hacerse la foto con Iván Santacruz, algo que no suelen hacer nunca. Pero ya se ve que Un papá mago los tiene encandilados.

En cuanto llegamos a casa me pidieron material para emularle, pero tuvieron que esperar a después de comer y a hacer las tareas antes de que les facilitara nada. Parecía fácil cuando lo hacía él, pero a nosotros nos ha costado bastante hacer algunos. Los más sencillos ya los tienen dominados... masss o menosss.

viernes, 5 de octubre de 2018

La balada de los unicornios

"Por muchas posibilidades que contemples, la vida siempre te sorprende por dónde menos te lo esperas", este pensamiento es de Ágata, una de las mejores alumnas de la Escuela de Artefactos y Oficios. Y eso precisamente es lo que le pasa en La balada de los unicornios, novela juvenil que ostenta el Premio Lazarillo 2017, que todo te sorprende.

La protagonista se encuentra inmersa en una situación que hace que se tambalee todo su mundo, exterior e interior, y que la llevará a un viaje al origen del mundo tras muchas aventuras y desventuras. En su camino se cruzarán múltiples personajes de toda índole: oscuros, luminosos, desconfiados, tristes, crueles, valerosos... Tic Tac, un robot que no entiende de sentimientos, pero que aparenta ser más humano que los propios humanos, a pesar de no tener corazón, será su acompañante más fiel. Ágata descubrirá muchos de los misterios que la rodean desde su nacimiento. La guerra entre cuervos y unicornios está a punto de comenzar y ella es una pieza clave para ambos bandos.

Ledicia Costas, la autora, ha ambientado el relato en un mundo fantástico con tintes steampunk, que gira alrededor de un Londres victoriano y oscuro en el que un inquietante Jack, el destripador, convive con la tenebrosa Escuela de Artefactos y Oficios, que acoge a los huérfanos más brillantes y el luminoso Palacio Real, sacado de un cuento de hadas. La ciencia y la magia se unen para dar lugar a situaciones y lugares extraordinarios, en los que los escarabajos nos atan a la vida, los perros son civilizados y cuidan de sus mascotas humanas o los gigantes son obligados a permanecer absolutamente quietos mientras poblaciones enteras aparecen sobre su piel.

Las ilustraciones son pequeñas, pero muy bonitas. En un principio, admito que estaba tan enganchada a los acontecimientos que se desarrollaban ante mis ojos que no me paré a mirarlas, pero una vez acabado el libro volví sobre mis pasos para disfrutarlas con calma.

Supongo que a estas alturas del post sobra decir que me encantó el libro. Me enganchó de la primera a la última línea y seguí las evoluciones de la cabezota, rebelde y confundida protagonista y sus compañeros con extremo interés.

Pienso con pena que aún no es lectura adecuada para mis churumbeles. Se tocan temas abstractos como el amor, la locura, la crueldad y la amistad que no creo que puedan entender todavía. Además, de que hay descripciones de crímenes que, puede que por sobreproteccionismo, no me parecen nada adecuadas para siete y nueve años. Creo que la editorial ha acertado de lleno al recomendarlo a partir de 14 años, aunque estoy segura de que mis fieras se lo leerán mucho antes. Daniel ya lo mira con ojitos golosos. Todo por culpa de las tapas que son muy atractivas y te invitan a comenzarlo lo antes posible. Puede que con once donde años ya pudieran disfrutarlo, eso depende de la madurez de cada uno.


jueves, 4 de octubre de 2018

Flipando con Boquiabiertos

Menos mal que pude ir al evento de Boquiabiertos de Madresfera, porque así pude enterarme, no sólo de que mis hijos llevan fatal lo de la higiene dental, sino que además ¡yo no tengo ni idea! La de cosas que hago mal. Voy a tener que ponerme las pilas... y rápido. ¡Vamos a ver! Que yo de toda la vida tengo unos dientes envidiables. Tres caries en 41 años y todas después de los embarazos, así que supongo que algo tuvo que ver. Ni una visita al dentista hasta que me salió la primera caries allá por los 35.

Y... de repente... Daniel tiene una caries a los cuatro años. ¿Ein? ¿Cómo? ¡Pero cómo puede haber pasado! Supongo que kilos de chuches al año y una muy deficiente limpieza de los dientes tuvieron algo que ver. Y yo qué sabía, si mi experiencia es que no empecé a lavarme en serio los dientes hasta los seis o siete años... por ahí, que ya ni me acuerdo.

Ahí fallé, ahí. En la falta de información. Tantas teclas tienen los hijos que los pobres dientes caen en el olvido demasiado tiempo. Teniendo en cuenta que nacemos sin ellos no es tan extraño haberlos ninguneado tanto tiempo. Si total ahora no tiene, y ahora son los de leche que se le van a caer... ¡Pues no! ¡Error!

En Alopeke se reunieron Paola Beltri, presidenta de SEOP (Sociedad Española de Odontopediatría); Linda Rennings, responsable del programa Orbit Pro en Mars; Lydia Almansa, de Una madre en el dentista, Amalia Arce, pediatra y editora de Diario de una mamá pediatra; y Mónica de la Fuente, de Madresfera, para sacarnos de la inopia, por lo menos a mí, que estaba ciega a una realidad que me ha pillado por sorpresa. Menos mal que han sacado Boquiabiertos, una publicación informativa para concienciar de la importancia de la prevención y la higiene dental.

Porque, amigos, la realidad en panorama de la salud bucodental cambia tan deprisa como los avances informáticos, y ahora ya podemos tener dentaduras cariadas a la escalofriante edad de un añito. ¡Madre mía! ese primer dientecito y ya tiene una infección de caballo. Esto se debe principalmente a que la gente no está concienciada de la existencia de este problema, lo que deriva en una falta de información preocupante, unos hábitos de higiene más que deficientes y una pandemia tremenda de las caries, la enfermedad infecciosa más propagada en todo el mundo. Las bacterias pasan de una boca a otra que vuelan en prácticas que a simple vista parecen inofensivas como soplarles la sopa, compartir las cucharas, los besos en la boca... Los más recomendable para la prevención de us aparición es tener mucho cuidado con el azúcar, un control de alimentación y una correcta higiene.

A día de hoy lo ideal sería visitar al odontólogo ya en el embarazo para ir informándonos, pero a más tardar antes del primer cumpleaños del churumbel para llevar una adecuada prevención y saneamiento dental. Si el niño comienza a ir al dentista por revisiones y sigue sus indicaciones puede tener una boca sana toda su vida porque las caries son una enfermedad 100% evitable. Pero si el peque va su primera vez por un problema de salud dental, con dolor o molestias, ya hemos comenzado mal. Además, los padres debemos de tener mucho cuidado en no transmitirles nuestros miedo al dentista, cosa que hacemos inconscientemente. Quien más quien menos, casi todos nos hemos tenido que enfrentar al molesto pinchazo de la anestesia, al instrumental de pesadilla y a esos raspados... ainsss... se me pone la carne de gallina sólo de pensarlo. Pues hay que hacer un ejercicio de contención con nosotros mismos y hacer que los peques vivan sus visitas a estos especialistas con normalidad, confianza y tranquilidad.

De hecho, como siempre, nosotros somos su modelo a seguir, tanto con nuestra actitud hacia las visitas al dentista como a la hora de lavarse los dientes. Lo mejor es hacerlo en familia siguiendo los pasos poco a poco. Siguiendo la dirección de las agujas del reloj nos lavamos por dentro, por donde se muerde y por fuera, por los lados, arriba y abajo. ¡Sin olvidar la lengua!

Nuestras ponentes de lujo nos explicaron que los niños, al menos, se tienen que cepillar los dientes dos veces al día, mínimo dos minutos cada vez y siguiendo siempre el mismo orden para no dejarse nada sin limpiar. El momento más importante es después de la cena. hay que La pasta debe tener flúor, imprescindible para la protección de los dientes. A partir del año de 1.000 ppm, y a partir de los tres ya pueden usar la de los adultos a no ser que un profesional de la salud diga lo contrario por circunstancias de cada niño (ya sabemos que cada uno es un mundo y sus dentaduras y estados de salud también). A niños muy pequeños se los tenemos que lavar nosotros para controlar la ingesta de flúor. A la hora de comprar pastas de dientes hay que mirar los ppm y no las edades recomendadas porque están totalmente desactualizadas.

El uso del hilo dental, también a partir de los 3 años es muy importante. La mayoría de las caries surgen en las intersecciones de las muelas de leche. Alucina. Yo nunca lo he usado y estos nos saben ni que existe. Habrá que ir buscando uno de esos especiales para niños.

Otra recomendación que hizo que se me pusiera la cara roja, los cepillos hay que cambiarlos cada tres meses o menos. Como tienen que ser de cerdas blandas para que el niño no se haga daño (no miden su propia fuerza) enseguida se estropean y ya no son efectivos. Ni os cuento la de tiempo que se pueden pasar las fieras con los suyos. ¡Ah! y otro aspecto importante. La cantidad de pasta que tenemos que usar no puede exceder el tamaño de un guisante ni en caso de los adultos, y en la de los bebés el tamaño de un grano de arroz. Eso del desparrame de pasta que vemos en los anuncios es ciencia ficción.

Cuidadito que no hay que enjuagarse después del cepillado sino antes si queremos retirar suciedad. Una vez extendido el flúor hay que dejar que actúe al menos media hora para que haga su función de protección. Con los colutorios, recomendados a partir de tres años, pasa lo mismo que con el agua. hay que esperar al menos media hora después del cepillado para poder usarlos.

Los profesionales de la salud son los encargados de desmontar los mitos que han surgido alrededor de la salud dental y que nos tienen a los padres en jaque, sobre todo, los especialistas, porque los pediatras tienen muchos más aspectos de los que preocuparse y los dientes no suelen ser una prioridad para ellos, aunque debería. ¡Cuidado! Cuando un médico infantil le dice a los padres que el bebé de una año ya puede comer de todo no se refiere a chuches y porquerías, aunque muchos lo entiendan así y pongan en marcha la rueda de las caries.

Como veis, la jornada dio para mucho. Se dijeron muchas cosas importantes, e incluso se hizo una demostración con una niña voluntaria de cómo es un correcto lavado de dientes (minucioso y con calma). Pasaron por la web del manual y podréis encontrar muchos recursos para nosotros y nuestros peques, además de mucha información muy útil.