martes, 30 de junio de 2015

Experimentos con huevos

Hacía días que Daniel me pedía hacer un experimento, pero yo no tenía tiempo ni de pensar. Me crucé con él en el pasillo y le leí en la mirada lo que iba a decirme. "Déjame pensar, déjame pensar..." le pedí... Y de repente me vino a la mente uno que había hecho La Jirafa y que me había llamado mucho la atención. Elementos necesarios: Un huevo, un recipiente y vinagre. Más sencillo imposible. Cogí dos tuppers que usaba para envasar sus purés cuando eran bebés y animé a mis churumbeles a llenarlos con el vinagre. ¡Me gastaron todo! Pero bueno. Todo sea por la ciencia. Luego saqué los huevos de la nevera y les pedí encarecidamente que los depositaran suavemente en el recipiente. No sería la primera vez que los estrellan sin remedio. Pero esa vez los dejaron muy delicadamente. Y luego levantaron su mirada hacia a mí y soltaron: "¿Y ahora qué, mami?"

"Pues ahora hay que esperar unos días..." la ilusión fue desapareciendo poco de su ojos. ¿Esperar? ¿Esperar? Eso les sonaba muy rollo.

Menos mal que otra bombillita se me encendió en el cerebro. y me vino a mi mente un vídeo que vi hace la tira de años en el que explicaba como freir un huevo sin aceite hirviendo. era de lo más curioso, sólo tienes que cascarlo en un plato con alcohol y va tomando la apariencia de huevo frito poco a poco y es visible desde el primer segundo. Así que dije adiós a un tercer huevo en pro de la ciencia, pero ya un poco mosca con el derroche. Aqui sí que tuvimos un pequeño accidente e Iván rompió la yema con el bote de alcohol, pero yo ya no estaba dispuesta a sacrificar más huevos.

Enseguida la clara trasparente empezó a tornarse blanca y la yema rota a endurecerse. Los niños observaban alucinados. "¿Y por qué pasa esto mami?" Touché. Ya me había pillado. Una cosa es que recuerde el proceso y otra la explicación. Pero salí al paso con la típica explicación farragosa sobre reacciones químicas al mezclar dos elementos. No la entendí ni yo, pero a sus ojos crecí dos centímetros por lo menos.

En cuanto a los huevos del vinagre, era evidente que algo pasaba, pero no sabíamos qué. A la mañana siguiente observamos que la cáscara parecía desprenderse de un forma un tanto asquerosa. Eso y el olor no ayudaba a que mis valientes se acercaran mucho. Aunque Daniel me preguntaba todos los días si podíamos sacar el huevo ya. Hasta que no vi que se había desprendido toda la cáscara de uno no le dejé sacarlo, más o menos al tercer día. En realidad, lo saqué yo y lo lavé bien porque decía que no soportaba el olor.

Tenía un tacto elástico y terso. Daniel estaba muy emocionado con el huevo entre las manos. Le pedí que lo acercara a la luz de una ventana para ver si veíamos la forma de la yema tras la fina piel que le había quedado y el susodicho salió volando para aterrizar en el ordenador de Raúl pegando horripilantes botes que nos heló la sangre a mi benjamín y a mí. Finalmente se paró sin el más mínimo daño. "Menos mal ¿eh, mami?" me dijo Daniel tan blanco como yo. Recogimos el huevo y a su compañero y decidí que lo mejor era que lo manipularan en el bidé para evitar más sustos. Los peques aprovecharon para comprobar cuanta presión podían resistir y los estallaron en el segundo uno.

Por cierto, estos huevos ya no se pueden comer. Tras el experimento van directos a la basura.

lunes, 29 de junio de 2015

Hoy bizcotaza para merendar

Hay una merienda para niños (y mayores) que es muy fácil de hacer y muy resultona. Lo mejor de todo es que lo pueden hacer ellos casi solitos desde que son muy pequeños y les encanta. A mí me lo chivó Merengaza que de esto sabe mucho. Fue un éxito en su día y lo sigue siendo cada vez que la hacemos. "Mamiiiii, ¿podemos merendar biscotaza, porfiiiiii?" me repiten los niños muchas veces. Y como es divertido y fácil muy pocas veces les digo que no.

Para hacerla sólo hay que coger un tazón y meter en ella los siguientes ingredientes:

- 1 Huevo

- 2 cucharadas de azúcar

- 2 cucharadas de harina

- 2 cucharadas de leche (o lo que caiga)

- 2 cucharadas de cacao en polvo como el que le ponemos a los peques en la leche todas las mañanas

- 1 cucharada de aceite (y de nuevo: o lo que caiga)

- 1 poco de levadura a ojo de buen cubero

Y con esta lista tan precisa nos concentramos en remover a conciencia toda esta mezcla. Empiezan ellos con mucho ímpetu, pero mamá suele rematarlo.

Después metemos las tazas uno o dos minutos dependiendo del microondas (lo vas mirando y hasta que no este hecho no lo sacas) y ¡tachán! Bizcocho de chocolate exprés listo para saborear en el momento. 

Cuidado. No lo dejes para otro momento que pierde mucho. Y si ya le añadimos un chorretón de nata montada los peques enloquecen de felicidad.

domingo, 28 de junio de 2015

Pelea de sombras

"Mami, ¿nos haces sombras, porfiiiiiii?" me pidió el mayor un día. Al segundo el pequeño se sumó a la petición y ya me veis cerrando persianas, encendiendo la lámpara de la mesilla y consultando el libro que nos regaló Arahí, del blog  Pensamiento Divergente.

Los chiquillos elegían la figura y mamá intentaba hacerla lo más fielmente posible, porque las hay fáciles, pero hay otras.... Hay otras que hay que tener bien ejercitadob los dedos para ponerlos en semejante posturas. Menos mal que mis hijos son estupendos y aplaudían todo lo que se reflejaba en la pared. "¡Claro que se parece, mami!" me animaba Daniel en las más difíciles, aunque he de confesar que no le creí.

Cada vez se iban animando más. Incluso intentaban hacer alguna figura. Sobre todo la de la araña que es muy fácil y puedes corretear alegremente por toda la pared alegremente.

De ahí no pasó mucho tiempo hasta que se dieron cuenta de que no sólo se reflejaban las manos sino que también estaba ahí el resto del cuerpo. Entonces se pusieron a hacer posturitas que derivaron en lo que ellos denominaron en "batalla de sombras". Se empujaban, se tiraban, se achuchaban, se aplastaban... Muchas risas, muchas risas, pero eso cada vez iba tomando peor camino.

Intenté calmarlos varias veces, pero el juego les resultaba demasiado divertido... Hasta que plom tortazo de rodilla de Daniel en nariz de Iván y empezaron los lloros.

Consolé al pequeño, mientras si hermano me miraba sin saber si le iba a caer una gorda o no. No le reñí porque no fue queriendo, pero paré el juego pese a las protestas de los chiquillos.

La próxima vez será mejor que corte ese ímpetu infantil antes de que hayan heridos.

sábado, 27 de junio de 2015

Composiciones y collares de pasta

Hace poco leí en el blog de Naikari, Manualidades con mis hijas, una idea muy chula y muy sencillas para jugar y seguir ejercitando la psicomotricidad fina. Se trataba de insertar macarrones en un cordón. Fácil. ¿Verdad? Pues dejé al mayor de la familia con los macarrones y el cordón y cuando vuelvo me lo encuentro pegando la pasta en un folio. Le saqué más tipos de pastas para que diera rienda suelta a su creatividad y se le sumó el pequeño.

Le pregunté si no le había gustado la actividad y me contestó que sí, pero que el cordón no pasaba fácilmente por el macarrón y que se había cansado de intentarlo. Efectivamente, era imposible pasar el cordón por el macarrón, pero como yo no me rindo nunca, me puse a pensar y a pensar mientras los peques hacían cuadros a base de pasta de colores y pegamento.

Por fin di con la solución. Saqué unos palillos chinos y empujé el cordón por el agujero del macarrón. ¡Funcionaba! En cuanto Daniel me vio quiso hacerlo él también. Al final hizo dos collares de pasta: uno para mí y otro para él. Los lucimos durante todo el día y me costó horrores convencerle de que era muy peligros irse a dormir con él.

En cuanto a los cuadros, Iván se pegó un buen rato con ello y al final sólo había pegado tres: "Es un pasadizo secreto con un tesoro" me explicó. Me encantó.

Daniel, por su parte había hecho un planeta en un folio y un robot en otro. Ya tengo las tres obras de arte colgadas en mis paredes aunque mucho me temo que va a ser efímera.

viernes, 26 de junio de 2015

El buhito de la piscina

"Mamáaaaa, un buhooooo" gritaban mis niños y sus amigos muy excitados. "Claro, claro..." les contestamos mi amiga y yo sin darle mucha más importancia. Pero tanto insistieron que tuvimos que levantarnos a ver que habían encontrado. Pensábamos que era un juego de su imaginación, pero no. En el cesped había una cría de búho pasándolo bastante mal. Con el corazón encogido por la pena fui a informar a la socorrista del hallazgo. Seguramente se había caído del nido y no sabía ni volar.

La socorrista, avisó a alguien por su walkie talkie y enseguida llamaron a los de protección de animales. Llegaron rapidísimo y se hicieron cargo de la situación en un santiamen. Mientras tanto habíamos conseguido que los niños dejaran en paz a la cría y volvieran a sus juegos.

La metieron en una caja y se la llevaron a que la viera algún veterinario, supongo, mientras otro se encargaba de localizar el nido de la madre.

Poco después, Iván se acercó a visitar al buhito y se quedó muy decepcionado por no encontrarlo. "Su mamá vino a buscarlo" le dije yo para que se quedara contento, "Que no mamá. Que se lo han llevado al médico porque estaba fatal" me contestó Daniel con cara de "Es que no te enteras de nada". "Pues sí", le di la razón, "Justo eso es lo que ha pasado, pero en unos días se lo van a devolver a la madre" aclaré con más esperanzas que convencimiento.

Para los chiquillos fue toda una aventura de la que aún hablan.

jueves, 25 de junio de 2015

La fiesta de fin de curso

El primer año de Daniel no recuerdo nada curioso el último día de clase, el segundo año cayó tras un jueves de fiesta y empezamos antes las vacaciones, así que se perdió la fiesta de fin de curso. Y este año, cuando llegué a recogerles al cole, aluciné. Nada más doblar la esquina que da a las entradas de infantil, me encontré con un castillo medio deshinchado muy grande. Y poco más allá, un tobogan gigante al que le estaban sacando litros y litros de agua. Luego me contaron que el castillo es para infantil y el tobogan para primaria. ¡Pedazo de fiesta! ¿Y a mí por qué no me invitan?

Encima, eso no fue todo. Porque también tuvieron unos títeres divertidísimos en el que le roban todo a una bruja menos un trocito de cesped hasta que se lían a garrotazos. O eso me contaron los peques entre risas con sus caras pintadas de pirata, el mayor, y perrito el pequeño.

Cuando íbamos a salir por la puerta, les endosan unos flashes helados gigantes ¡Pero que suerte! Se los fueron comiendo hasta casa, pero les sobró la mitad cuando llegamos. Los guardé en el congelador porque tenían que comerse la comida.

Una de las profesoras me advirtió que se habían hinchado a zampar en la fiesta para que no les obligara a comer, pero no hizo falta porque se ve que les quedaba un huequito y no tuve que insistirles mucho para que acabaran con todo lo que tenían en el plato. Con el ejercicio que habían hecho dando brincos no me extraña.

miércoles, 24 de junio de 2015

La graduación de Daniel de Infantil

Daniel acaba un ciclo y comienza otro totalmente diferente. Termina Infantil. Y en el cole les han preparado una fiesta de graduación preciosa. Nos pidieron a los padres que les hiciéramos unos birretes con cartulinas y las profes les dieron el toque final con unas corbatas muy chulas que mi hijo llevó todo el rato casi por la cintura.

Recitaron, cantaron, bailaron y lo pasaron muy bien mientras los papás y las mamás babeaban al ritmo de los flashes y los vídeos, porque estos momentos son únicos y hay que inmortalizarlos. El pobre Daniel lo pasó un poco mal con su birrete porque se lo hice un pelín grande y cuando bailaba se le caía, pero parece que eso no le amargó ni un poquito su fiesta.

Yo estaba aguantando el tipo con los ojos medio llorosos, pero cuando la profesora de mi niño no aguantó más me hizo soltar a mí alguna lagrimilla indiscreta también. Y es que las despedidas siempre son tristes. Y además, estaban todos tan guapos y sonrientes...

Les entregaron un diploma que Daniel me mostró muy orgulloso. Son tan mayores ya...

Cuando le dimos su regalo a la profesora, una preciosa pulsera de plata grabada con el nombre de todos los niños escritos por ellos mismos se acabó la ceremonia y todos los peques corrieron a abrazarla. La van a echar muchísimo de menos.