lunes, 22 de enero de 2018

Cuidando del primito en el Parque Doramas

En las Palmas de Gran Canaria hay un parque muy chulo al que siempre acabamos yendo antes o después. Esta vez nos trajimos con nosotros al primito más pequeño. Con quince meses se ha ganado el corazón de Daniel que le cuida con una ternura a la que no nos tiene acostumbrados.

En cambio, Iván como mucho lo mira de reojillo y con suspicacia. Aún no le ve la gracia al godzilla en miniatura. Aunque eso no significa que no le quiera, sólo que no le entiende y pasa de él.

El caso es que cogimos al bichillo y nos fuimos con él al parque para darle un respiro a mi hermana. El pequeñajo se portó genial todo el tiempo. En cuanto llegamos a la zona de juegos se lanzó en plan kamikaze a la zona de mayores junto a sus primos. Mi mayor se volcó en que el bebé estuviera seguro.

Le daba la mano, se tiraba con él por el tobogán, le impedía la entrada a los lugares que pensaba que eran peligrosos para él. Y yo supervisando detrás, por supuesto.

Sólo accedió a ir a la zona de peques cuando sus primos le acompañaron. Lo pasaron genial, lo grandes haciendo el bruto con supervisión materna para que no hubieran accidentes y el más chiquitín a sus juegos y persiguiéndolos muerto de la risa.

Los niños se llevaron los coches teledirigidos que les habían pedido para Papa Noel en la casa de su tío Fernando y tras un buen rato de trepar y correr me los pidieron. Los hicieron correr tan a gusto provocando al pequeñín.

El bebé corría tras ellos intentando atraparlo. Daniel frenaba de vez en cuando para que pudiera coger el suyo antes de que le entrara un ataque de rabia, pero su hermano iba a su aire tan feliz. Por eso el primito siempre le daba el coche que atrapara a mi mayor, aunque cogiera el de Iván por casualidades de la vida.

Mi niño pequeño se pasó un buen rato explicándole a su primo que el rojo era de Daniel y el amarillo suyo, pero el chiquillo ni flowers y en cuanto atrapaba uno, del color que fuera, corría a entregárselo al primogénito.

Tuve que explicarle yo a Iván que con quince meses aún no se saben los colores.

También hubo tiempo para ver las gigantescas carpas que pueblan el lago. "Están así de gordas desde que se cayó un niño al agua y se lo comieron", me susurró el mayor al oído dando mucho dramatismo a su confidencia. "¡Daniel! ¡Déjate de tonterías! Eso no ha pasado nunca" "Que síiiiii, que síiiii. Que es verdaaaad". "¿Quién te ha contado eso?". "No me acuerdo". Jo, este niño. Siempre tan truculento.

LLegamos a casa con los tres niños magníficamente cansaditos. Listos para el baño, la cena y la camita.

viernes, 19 de enero de 2018

Nadie es perfecto

Entiendo que hay que predicar con el ejemplo, entiendo que tenemos que intentar corregir nuestros errores, que tenemos que intentar conducirnos siempre con educación y respeto... pero ¡oye! ¿Dónde quedó el somos humanos? Y lo de que ello conlleva que se nos da muy bien errar. Jolín, que eso no lo oigo nunca.

"No te enfades", si eso estuviera en mi mano siempre estaría alegre y feliz. Ni que fuera masoca.

"No grites a los niños", ¿pero sabes lo que he tenido que tragar hasta que me han hecho perder los nervios?

"Tienes que aprender a controlar tu mal genio" y qué te crees, ¿que no lo intento? ¿De verdad hay gente que piensa que a mí me encanta estallar como una olla exprés?

Si estuviera en nuestra manos borrar nuestros vicios y defectos el mundo sería un paraíso. Pero no. Hay mucha gente cruel, despiadada, estúpida, irresponsable, engreída, celosa, envidiosa... que resulta que también es amable, simpática, empática, comprensiva, tierna, optimista... Porque... En eso consiste ser humanos. ¿No? En ser imperfectos, irregulares, buenos y malos a la vez, en equivocarnos y no querer reconocerlo, o sí,  y en tropezar mil veces con la misma piedra.

Entonces ¿por qué me pedís milagros? Y ¿Por qué pedís milagros a los niños?

Que sean buenos, que sean buenos, que se porten bien tooodo el tiempo. ¿Es eso posible? ¿Yo soy buena todo el tiempo? ¿Lo eres tú? ¿Hay alguna maldita persona que pueda asegurar que es perfecta?

No quiero niños perfectos, ni que exijan la perfección. Quiero niños que sepan lo que está bien y lo que está mal, aunque a veces se equivoquen. Que intenten ser buenos siempre que puedan y que cuando se comporten mal sean consciente de eso y les pique la conciencia.

Quiero que sepan que no deben rechazar a alguien por ser irascible, celoso o envidioso. Hay que aceptar a la gente con sus defectos y virtudes siempre y cuando no pisen tus derechos, ni tú los suyos.

Y quiero que sepan que su madre no es perfecta. Al contrario, es muy imperfecta. Puede que pierda los nervios. Y les chille. Tome decisiones injustas. Les diga cosas de las que luego me arrepienta... Pero por encima de todo saben que les quiero infinito. Aunque no sea un gran modelo de templanza o a veces no reaccione como ellos esperen o quieran. O de la manera que la gente que me rodea espera o quiera.

Estoy muy orgullosa de ser como soy. Y de cómo son mis hijos. Me queda mucho para plantar semillitas de valores y pensamiento crítico en sus mentes. Luego ellos las interpretarán a su manera y tomarán decisiones y actuaran de formas muy diferentes a la mía. ¿Y qué?

Me gusta pensar que a mis hijos no les estoy dando un ejemplo de perfección si no de que equivocarnos no es una tragedia, que todo se puede arreglar menos la muerte, que es tan importante reír, como llorar, que  las segundas oportunidades son frecuentes, pero no hay que abusar de ellas... Bueno, y mil cosas que he ido aprendiendo yo misma. Seguro que sólo se acordarán de ellas cuando se equivoquen, pero para mí eso ya es algo.

Vaya, al final seguro que me he explicado fatal. Pero ahí queda eso.

jueves, 18 de enero de 2018

Reunión de tuiteros en Las Palmas de Gran Canaria

Estas Navidades han sido muy especiales porque hemos podido quedar con Refuerzo divertido, Rolero de Hamelín y Lithian. Y además en un lugar chulísimo: el barrio antiguo de Las Palmas de gran Canaria.

Primero nos encontramos con Refuerzo divertido, Rolero de Hamelín y sus niños. Los peques parecieron congeniar muy bien entre ellos y estuvieron jugando en el barco pirata del Parque de San Telmo, mientras los mayores charlábamos un poco. Así los cansamos un poco antes de ir al restaurante a comer cositas típicas de la isla.

Refuerzo divertido es una crack a la hora de mantener a los niños entretenidos para que no la lien. Nada más sentarnos en la mesa sacó Virus, iniciativa que los peques acogieron encantados. Pero como nos atendieron muy pronto, las cartas fueron sustituidas por ceras de colores para pintar el mantel de papel. ¡Que buenísima idea! Se lo pasaron bomba desplegando su arte libremente. Tengo claro que no vuelvo a un restaurante sin ceras en el bolso. Luego, como el mantel sea de tela me da algo jajajaja

Del restaurante fuimos a visitar a los perros de Santa Ana, la banda de Faycán (Ya sé que en realidad no tienen nada que ver con el libro, pero la leyenda es tan bonita...). No hay niño que resista montarse en sus lomos. Debe ser cosa de magia. Los cuatro churumbeles no perdieron un segundo para trepar por ellos muertos de la risa.

Cuando se desmandaban un poco Refuerzo divertido sacaba su tridado y se hacía con ellos al segundo. ¡Esta mujer está llena de sorpresas! Mis hijos me han hecho prometer que les compraría uno. La verdad es que tiene muchísimo juego y es muy fácil de llevar a todas partes. Iván no lo soltaba.

Ni siquiera cuando nos metimos de cabeza en el Museo Canario, uno de los preferidos de mis hijos. Eso se notó enormemente cuando Daniel se empeñó en hacer de guía a sus nuevos amigos y consiguió que nos llamaran la atención por correr emocionados de una vitrina a otra explicando las cosas a gritos. Por supuesto que era necesario moderar tanta emoción, pero teniendo en cuenta que las madres estábamos en ello y que es un museo que recibe muchas visitas de colegios me pareció una reacción un poco exagerada. En fin, el caso es que logramos bajar la intensidad infantil... mas o menos. ¡Es que el museo es chulísimo! Y a veces volvían a emocionarse demasiado. A mí me encanta verles así, aunque les pongamos los límites lógicos a la situación que viven. En un museo no se grita, no se corre, no se tocan las vitrinas...

Como yo ya sabía, la sala que más éxito tuvo fue la de los ritos funerarios, Más que los dioramas y los animales disecados. Es que es muy curiosa y la tienen muy bien montada.

Los chiquillos pudieron dar rienda suelta a sus ganas de correr y jugar por las calles de Vegueta cuando salimos de allí. ¡Qué bonita es esta zona de Las Palmas de Gran Canaria! Y que bien se lo pasaron callejeando entre los edificios de estilo colonial y los balcones canarios bellamente labrados.

Por esas calles quedamos con Lithian y su bella familia. Son todos un amor. Nos fuimos a un parque cercano al Gabinete Literario para todos los niños jugaran y los mayores pudiéramos charlar medio tranquilos. Lithian sacó una bolsa de galletas de mantequilla hechas por ella misma que tuvieron un éxito tremendo. Es una repostera excelente. Los niños no podían parar de comer. Jo, es que estaban riquísimas. Yo les entiendo. En ese momento cogí sólo una de la vergüenza que me estaba dando el saqueo indiscriminado de Daniel a la bolsa (este crío no se corta un pelo cuando se trata de comida), pero resultó que la bolsa era para nosotros. Que super detallazo. Cómo las disfruté acompañando al café del día siguiente. Obvio que las acabamos de una sentada.

Se nos pasó el tiempo volando en tan buena compañía. Los niños jugaban, la liaban, se peleaban, se reconciliaban... Lo típico vamos.

Finalmente nos fuimos a cenar, otra vez cositas típicas a otro restaurante que nos encantó. Lithian y su marido se tuvieron que marchar porque su peque era muy pequeño para andar trasnochando. Que pena que no pudieran venir.

Tras la cena nos despedimos también de Refuerzo divertido y Rolero de Hamelín. A ellos aún les quedaba una buena tirada hasta llegar donde se hospedaban.

¡Fue un día espectacular!
Fuente: Refuerzo divertido



martes, 16 de enero de 2018

La cabalgata de Reyes

Y otra vez volvió el momento infantil infernal: la cabalgata de Reyes. Ojitos ilusionados en todos los niños y caras de horror y sacrificio en la de algunos padres. Porque también los hay que van superilusionados al evento. Adultos, digo.

Cargué mis reservas de paciencia a tope y seguí a mis tres hombres (todos superextrailusionados y gritando "Me he portado bieeeen, me he portado bieeeeen). A mí en cambio se me venían a la mente las imágenes de la guerra por la primera fila del año pasado y se me erizaban los pelos de la nuca. Ainssss...

Como siempre, llegamos temprano y los peques empezaron a dar botes y carreras para tensar aún más mis ánimos. También pedían a berridos sprays de hilos pringoso, que en esta ocasión también eran los protagonistas de la fiesta. Sinceramente yo se los hubiera metido por dónde el sol no calienta a alguno, estoooo... A sus padres, a sus padres me refiero. De hecho, hubo una de las que participaban en la cabalgata que a punto estuvo de soltar un buen guantazo a un infante cuando cuando le dirigió el spray a la cara y casi le mete la masa pringosa en un ojo. ¿Esto no se considera agresión?

Y que voy a decir de los pobres camellos. Salieron de allí pidiendo terapia a gritos y con niñofobia seguros. ¿De verdad que no se pueden prohibir esos sprays que atentan contra la seguridad ciudadana? Y mis hijos rogando por uno a voz en grito. Ni loca les compro uno en una cabalgata. A lo mejor sí para que se maten entre ellos y se pongan en el lugar de los pobres de la cabalgata.

En cuanto a la guerra por la primera fila… Desgraciadamente no nos libramos de ella, pero este año, en vez de ser entre niños impulsados por empujones de órdago de sus progenitores fueron entre los propios adultos, que se adueñaron de los mejores puestos sin importarles lo más mínimo si la gente bajita veía o no.

Mi hijos no se cortan ni un pelo y se buscan la vida para adelantar puesto de mejore y peores maneras. No estoy orgullosa de ello, la verdad. Pero prefiero verles pisar “sin querer” a un tipo que intenta ponerles su espalda en la cara, que llorar desconsolados porque no ven nada. Lo dicho, es la guerra. Y no me da la gana de llamarles la atención por algo que les va a dar desventaja frente a los cafres que les rodean.

Espero, supongo que en vano, que lo consideren una ocasión especial, y que entiendan que en otro momentos se la van a cargar pero gorda si les veo dar codazos y empujones de esa manera.

Por cierto, que majos fueron los romanos chocando las manos de todos los niños con grandes sonrisas. Al resto de los personajes les faltó la simpatía de estos soldados del antiguo imperio. Incluidos los Jedis y los soldados de asalto que iban a matacaballo entre voluntarios con chalecos amarillos que les mantenían alejados de la multitud enfervorecida. Presupongo que era algo de pánico a ser spraizado. Pobres... Que estrés.

Cuando los Reyes aparecieron la gente se volvió loca. TODA la gente. Alguno se hubiera merecido un mordisco del camello en la nariz, pero los pobres animales estaban demasiado aterrorizados como para pararse a masticar nada. Más bien aligeraban el paso intentando huir de los padres enfervorecidos que casi atropellaban a sus propios hijos con cartas en las manos y gritando “Una PlayStatioooooon cuatroooo”, “El Halcón milenarioooooo”, “ Un S seeeeis”… Pero a ver señores. Como les digo esto… ejem…. Los Reyes son los padres. Quién se encarga de esta tarea en sus casa ¿Los abuelos? Porque si es un paripé está muuuuy logrado.

Con ellos terminó, por fin, el infi… digoooo… la cabalgata y las unidades de limpieza se pusieron en marcha en el minuto cero. Me pareció genial que lo tuvieran tan bien preparado para no dejar la calle tan asquerosa. Eso sí, el pringue que dejaron los vándalos de spray no creo que lo pudieran quitar muy fácilmente.

Nosotros pusimos rumbo al hogar, unos soñando con los regalos que le iban a traer sus majestades al día siguiente y otra dando gracias por salir ilesa un nuevo año de las hordas, estooo… el público ilusionado, demasiado ejem, por la cabalgata y sus Majestades de oriente.




viernes, 12 de enero de 2018

Playa de invierno

Este año me fui tocadilla a Las Palmas y, si hubiera sido por mí, hubiera perdonado la playa, pero mis tres hombres tenían una idea fija en la mente y era revolcarse cual croquetas y darse bañitos refrescantes en el congelado Atlántico.

Lo cierto es que, menos una par de días, el tiempo sí que acompañaba (aunque mi madre nos miraba como si estuviéramos locos cada vez que cargábamos con la bolsa de playa y salíamos por la puerta). Confieso que las ganas de pisar la arena las tenía en la punta del dedo gordo, pero una vez allí, la veías tan bonita que cambié de opinión.

Además el solecito era de lo más agradable. Al final sólo fuimos dos días, lo que resultó trágicamente poco para mis churumbeles.

El primer día la marea estaba alta y revuelta. La barrera de las Canteras desaparece en el mar y no hay nada que pare el movimiento marino. Mis hijos se lo pasaron bomba luchando contra el Dios Neptuno. Tanto lo enojaron que cuando nos fuimos de allí habían cambiado la bandera a amarilla.

El segundo día nos encontramos con un panorama totalmente diferente. La marea estaba bajísima y la barrera aparentaba estar muy cerca de la orilla. El mar parecía un lago calmo lleno de rocas ideales para explorar.

En un principio los niños se lamentaron por no poder jugar con las olas, pero las islitas rocosas fueron todo un descubrimiento para ellos. Se hincharon a coger cangrejitos que luego les obligamos a devolver al mar (cosa que hicieron muy a regañadientes los muy tiranos).

Les encantó recorrer las rocas y descubrir los pececillos que se quedan atrapados en los charcos hasta que vuelve a subir la marea.

Lo cierto es que fue un día genial que rematamos con un helado de la Tradicional Peña de la Vieja. Sus helados tienen fama y doy fe de que son buenísimos. Además tuvieron una atención increíble. Al más pequeño se le cayó el helado al suelo nada más salir de la tienda y se lo cambiaron por otro nuevecito y limpito. Que simpática la chica que no atendió.

No nos olvidamos de visitar el Belén de arena. Es de lo más curioso. Este año se lo habían currado muchísimo con los detalles. Tan alucinante era que Iván se tropezó de lo encandilado que iba y se cayó al suelo levantándose un poquito la piel en la mano. Por supuesto el peque se puso aullar como como si lo estuvieran matando y a pedir ayuda a gritos con unos lagrimones como puños. La gente se giraba a ver qué estaban pasando, pero enseguida se hacían cargo de la situación al avistar la heridita.

Yo me limité a repetirle mil veces que le iba a ayudar y que no se preocupara, que le iba a curar la heridita con agua y un clinex, que era lo único que tenía en ese momento. Eso y los abrazos y besos parecieron calmarle poco a poco y a los cinco minutos estaba como nuevo dando brincos de alegría como si nada hubiera pasado. Los niños son alucinantes.




miércoles, 10 de enero de 2018

Año Nuevo al sol de Gran Canaria

A las Palmas llegué con un resfriado bastante molesto, así que el primer día me lo pasé vegetando. Hasta ahí la licencia de mi marido porque en su cabeza estaba la dudosa idea de que teníamos que pasar todo el tiempo posible en la calle aprovechando el buen tiempo que en Madrid no tendríamos durante el resto del invierno. ¡Cómo si en la capital nos quedásemos en casa! Ya me gustaría a mí más mantita y sofá, pero tampoco quiero perderme tanto plan chulo. Si es que no se puede estar en el plato y en las tajadas.

El caso es que agotada, con dolor de garganta y tos mi marido me vio perfecta para recorrernos toda la ciudad con alegría. Eso sí, pocas siestas perdoné para su profunda decepción. No me libré de recorrerme mil y una vez el parque San Telmo, con su gran barco pirata para deleite de los más pequeños; la calle comercial de Triana, con su exagerado ambiente navideño; la Avenida marítima para ver los barcos, que hasta un manta vislumbramos para nuestro asombro (se había perdido seguro); el parque Doramas, que nos encanta; la playa de Las Canteras, todo un clásico de nuestras navidades en la playa...

También visitamos el Belén que ponen todos los años en el Parque de San Telmo. Es una preciosidad. Les di una moneda a cada churumbel para que la tiraran en el escenario que más les gustara, pero, en cuanto vi sus malvadas intenciones, les dejé claro que si le daban a un edificio se quedaban sin tele. Y si le daban a una figura, sin tablet. Al final, no hubo que lamentar daños.

Hasta vimos llegar a los de la Carrera de San Silvestre, algunos dando un divertido espectáculo con cada zancada. Entre los personajes más famosos e ilustres de la carrera reconocimos al mismísimo Pac Man, escoltado por unos simpáticos fantasmitas, Powers Rangers, pitufos, vikingos, bailarinas, Super Mario y Luigi con sus setas, Goku, árboles de Navidad, angelitos, los reyes Magos (no se pierden una)...

A mis peques lo que más les llamó la atención fueron los perritos que participaban mostrando orgullosos (o más bien con feliz inconsciencia) el rosado dorsal. La meta era bastante impresionante porque los que llegaban atravesaban un enorme escenario en el que una banda tocaba los éxitos más conocidos de Queen. Mi maridín me miró a los ojos emocionados y aseguró que el próximo año nos apuntábamos en familia. A lo que yo le dejé muy clarito que conmigo no contara, que yo soy más de sillon ball. Encima seguía tocada y tosiendo como una loca. Como para ponerme a correr maratones.

Esa noche lo pasamos genial dando la bienvenida al año nuevo con confetis, serpentinas y bengalas. Que poco se necesita para hacer felices a los niños. Pasamos la tarde jugando al Dobble y echándonos mucha risas.

Tras las uvas, salimos un rato a la Plaza de la Feria a tirar bombetas. Son unos petarditos inofensivos y que no suenan demasiado fuerte que tienen muchísimo éxito entre la población infantil. Lo pasamos genial haciéndolas estallar contra el suelo. No duraron mucho.

Tras eso sólo quedamos en el salón mi marido y mis hijos. Mi familia es muy tempranera. Raúl propuso una sesión doble de Blade Runner y Blade Runner 2049, pero a mí casi me da un soponcio. ¡Pero hombre de dioooos! Cómo se te ocurre poner esas pelis a tiernos infantes como los nuestros. Se puso tan cabezón que pusimos la de 1982 bajo amenaza de quitarla al menor indicio preocupante, pero los peques se quedaron fritos a los cinco minutos. Menos mal, porque de infantil no tienen nada.

Aún pretendía el tío ponerme la de 2049, pero le convencí de verla otro día que estuviera yo menos zombi para enterarme de algo. La primera es un peliculón, pero la segunda me pareció malísima. Muy bonitas las imágenes pero nada de chicha. Un guión muy tipicorro y unas actuaciones reguleras. Por cierto, la segunda tampoco la vieron los niños por prohibición expresa materna.

A ellos les pusimos Rogue one y el capítulo I y II gracias a su tío Fernando.

¡Feliz 2018!