lunes, 20 de mayo de 2019

II Feria Prehistórica Solidaria de Arqueopinto


El Sábado por la mañana acudimos a un evento solidario muy chulo y divertido. A cambio de una botella de aceite de oliva podías acceder a las instalaciones de Arqueopinto y participar en un montón de interesantes talleres que giraban alrededor de la historia y la prehistoria. Mis hijos estaban deseando comenzar el recorrido.

En la entrada nos hicieron entrega de un carnet para que nos fueran sellando las actividades que íbamos haciendo. Si conseguíamos hacerlas todas nos daban el carnet de arqueólogos. La idea inicial era hacer unos cuantos, pero con este acicate tan divertido, mis hijos decidieron que había que pasar por todos.

Comenzamos por el taller de flechas y nos hicimos unas muy chulas con sus puntas y sus plumas (aunque en este caso el silex fue reemplazado por plástico y las plumas por papel), nos quedaron muy aparentes.

Como es lógico, de allí se empeñaron en ir al taller de tiro con arco. Y no podíamos ir tranquilamente, no. La emoción les podía y tuvimos que ir corriendo.

Llegaron al recinto de tiro enarbolando sus flechas, pero el monitor tuvo que decepcionarles un poquito porque no podían usarlas con los arcos que tenían allí.

La decepción les duró un segundo, porque enseguida estaban enarbolando las flechas correctas y situándose para hacer sus tiros con arco, con una especie de palo raro y con lanzas.

Se lo pasaron tan bien que ambos coinciden que éste fue el taller que más les llamó la atención.

Aunque seguido de cerca por el del fuego, en el que ayudaron a hacer un fuego al estilo romano y aprendieron muchas cosas sobre las diferentes técnicas rudimentarias que se han utilizado desde la prehistoria. Un taller sorprendente.

Salimos de la cabaña y nos reunimos alrededor de una mesa para hacernos nuestros propios anillos de "oro y perlas" y aprender mucho sobre los ornamentos de diferentes épocas.

Daniel dijo que le había parecido un taller muy corto, pero muy interesante. Ambos hermanos lucían orgullosos sus anillos de poder.

Nuestra siguiente parada fue en el taller de Excavación Arqueológica. Con mucho cuidadito teníamos que ir desenterrando nuestros hallazgos sin moverlos del sitio dónde los encontramos, dibujarlos en una cuadrícula y registrarlos en una tabla con su descripción, situación, tipo, material, etc... De lo más entretenido.

Aquí tuvimos un pequeño problema con el mayor, que se empeñaba en hacer lo que le daba la gana en vez de seguir las instrucciones. Tras unos cuantos tiras y aflojas, conseguí que medio terminara su tarea. Yo tampoco hice un trabajo brillante, pero es que es difícil hacer tu trabajo cuidando de dos pequeños arqueólogos imprevisibles...

En el taller de torno nos sentamos a ver cómo la monitora y un niño hacían una vasijita. La verdad es que molaba y mis hijos estaban deseando poner sus manos en el torno, pero había una fila como de diez niños delante, así que tras estar un ratito escuchando las explicaciones de la profesora nos hicimos con el sello disimuladamente y nos fuimos al taller de hacer cerámica con las manos para seguir haciendo actividades.

Vale que hicimos un poco de trampa, pero es que el taller de torno se convirtió en una misión imposible para culos inquietos como los nuestros.

Sentados ante una mesa que ya era más marrón que blanca, nos pusieron un cacho de arcilla delante y comenzamos a hacer las bases de nuestros recipientes.

Luego hicimos las paredes con churritos, las alisamos y las decoramos presionando con conchas. ¡¡Nos quedaron monísimas!! Ideales para meter dentro pequeño tesoros.

Lo siguiente fue el taller de chapas, en el que elegíamos el dibujo que más nos gustara, lo coloreábamos y el monitor lo convertía en una bonita chapa personalizada. No nos llevó mucho tiempo y al poco los peques lucían las suyas en sus chaquetas para horror de la madre que sólo podía pensar en los agujerotes que habían hecho en la ropa.

¡Ya sólo nos quedaban dos talleres para cumplir la misión! Los niños se encaminaron al de Roma emocionadísimos. Tuvimos que esperar unos minutos que aprovecharon para hacer el cabra por las inmediaciones, pero pronto estuvimos dentro de un patio de la reproducción de una casa romana. Allí los niños se hicieron con sus vasijas del estilo del Imperio que nos ocupa y trabajaron duro para pintarla, envejecerla y hacerla brillar a base de dar cera y pulir cera.

Aunque de esto último más bien no ocupamos los padres mientras los peques se disfrazaban de romanos y vivían mil aventuras como soldados de la legión. Este taller también fue uno de sus preferidos por el tema de los disfraces y el juego libre.

¡Sólo nos quedaba el taller de pinturas rupestres para terminar! Nos dieron unas hojas y nos invitaron a copiar una pintura o crear estilo libre lo que quisiéramos con carboncillos, palitos y pinturas trogloditas.

Daniel aprovechó para pintarse aún más la cara, que en algún momento, no sabemos cual, se había tiznado de marrón muy artísticamente. Ahora, de repente, también lucían manchas negras, amarillas y rojas entremezcladas.

Con nuestro carnet lleno de sellos nos acercamos a la entrada a por nuestro carnet de Arqueólogo. Les hizo mucha ilusión. Y no dudaron en firmar el libro de visita antes de abandonar el recinto. Nos han dicho que en junio van a preparar la III Feria de la Prehistoria. ¡Estamos deseando saber más!


Lo que más me gustó es a mí es que se curraron que las actividades fueran en familia y no sólo para niños. Me lo pasé en grande haciendo flechas, anillos, pinturas rupestres...

viernes, 17 de mayo de 2019

Las fuentes de La Granja

Cuando se aproximaba el puente de mayo me llegó un Whatsapp del grupo Madrid con Niños en el que me informaban de que las fuentes de La Granja de San Ildefonso se ponían en marcha esos días y que era un espectáculo digno de ver.

Se lo conté a mi marido y no le pareció mala idea retomar el tema de las excursiones a los alrededores, pero lo de meterse en un palacio no le hacía mucho tilín, así que llegamos a un acuerdo: Por la mañana haríamos una ruta por Boca del Asno y por la tarde a ver las fuentes.

Así quedamos y el día D, después de recoger el picnic que no habíamos montado al lado del río, nos montamos en el coche y nos fuimos a La Granja. 

En la puerta del jardín del palacio habían colocados unos torniquetes y se cobraba la entrada a cuatro euros por persona (aunque he leído por ahí que el precio se reduce a dos si vas de noche, y encima las ver iluminadas). Cuando no está el tema de las fuentes entrar al jardín es gratis.

El caso es que pasamos por las taquillas y nos metimos media hora antes de la hora a los jardines, con lo que nos dio tiempo de recorrerlos un ratito antes de que empezara el espectáculo de agua. Son muy bonitos.

Cuando llegó el momento, nos arremolinamos alrededor de la primera fuente. Éramos bastantes así que estábamos apretaditos. Los niños, por supuesto, se buscaban rápido un hueco en la primera fila. 

Pocos eran los que se quedaban al lado de sus padres. Un señor con una bandera de España rodeó la fuente para indicarnos que nos hiciéramos para atrás porque el agua se salí de la fuente unas cinco metros. Impresionados nos hicimos para atrás unos dos metros, que ya se sabe que el español es muy desconfiado. Encima los de atrás no querían moverse y los de delante no querían perder posiciones... 

En esas estábamos cuando el agua de la fuente comenzó a ganar presión. La verdad es que era muy bonito de ver, pero el agua no terminaba de rebasar el murete, así que nos fuimos confiando, confiando... hasta que aquello de repente estalló en una cascada que nos pilló desprevenidos y nos hizo correr como liebres en un sálvese quien pueda. El señor de la bandera debía de estar partiéndose de risa en algún rincón, o ya estaba acostumbrado a esto, no sé. 

Los únicos que no tenían prisa por ponerse a salvo era los niños, que corrían, pero en círculos y bien cerca del murete para mojarse cuanto más mejor. Iván fue prudente, pero Daniel... Daniel salió de allí como si se hubiera tirado de cabeza a la fuente y con una estupenda regañina que por un oído le entraba y por otro le salía.

La siguiente fue también una fiesta del agua en la que el mayor volvió a requetempaparse. Era más bonita que la primer y encima se formaba un arco iris precioso en unos de sus lados. Nos encantó.

La tercera fue más suave y sólo nos caía una fina lluvia muy agradable que se agradecía con el calorazo que estaba haciendo ese día. Nos pilló el sol de frente con lo que fue un poco incómodo de ver, pero valió la pena porque era una pasada.

Y a la última la llamaremos la destroyer. Parecía muy tranquilita ella, hasta que empezó a salir un chorrazo alucinante que no sé a cuántos metros de altura llegaría, pero eran muchos, MUCHOS. Afortunadamente, el viento nos fue favorable y nos salvamos de una buena ducha. 

Los de enfrente no tuvieron tanta suerte y pronto empezaron los gritos y las estampidas. De las escaleras caían cascadas de agua y la gente no tenía dónde meterse porque estábamos rodeados de setos por todas partes.

¡Lo que nos pudimos reir! Aunque si nos hubiera tocado por ese lado no sé si nos hubiéramos reído tanto, la verdad. Al contrario de Daniel que estaba totalmente desilusionado por haber elegido mal el sitio y no recibir semejante aguacero en su inconsciente cabeza.

Entre el paseo y el recorrido de las fuentes estuvimos allí más de dos horas. Vale la pena pagar la entrada. Al salir nos sentamos a tomar algo para descansar un poco antes de partir hacia casa. Raúl aseguró que había que volver para visitar el palacio (anda que...) y comer judiones (creo que eso es lo que más atrajo su atención. Lo llega a saber antes y ni picnic ni ná).



Antes de planear la excursión a La Granja de San Ildefonso consulta los horarios de las fuentes, porque no las ponen en funcionamiento todos los días ni a todas horas.









jueves, 16 de mayo de 2019

Los Futbolísimos: El misterio de las 100 calaveras

El apocalipsis, el fin, el desastre definitivo... macabras calaveras comienzan a aparecer en Sevilla la Chica y el pueblo vecino.

Unas inusuales lluvias torrenciales las están sacando a la superficie y están calando a todos los vecinos de barro y mal humor hasta las orejas... ¿será esto un mal presagio? ¿El día del juicio final del pueblo está cerca? Y, ¡peor aún!, ¿Los Futbolísimos se separan? Todo parece indicar que sí en esta nueva entrega: El misterio de las 101 calaveras.

Un nuevo misterio, el más macabro de todos hasta la fecha, se cierne sobre este grupo de amigos unidos por su amor al fútbol y los retos detectivescos.

Con diálogos chispeantes y mucho humor, estos chicos tendrán que resolverlo en tiempo record si no quieren perderlo todo. Nuevos personajes, antiguos conocidos y momentos espeluznantes se van sucediendo a medida que pasamos las páginas del tomo.

Como era de esperar, éste es el título que más ha llamado la atención de mis niños, que son de lo más truculentos. Nada menos que 101 calaveras y un par de muñecos creepy para adornar una historia llena de profecías, cementerios, rayos y truenos, personajes misteriosos...

Como siempre, la combinación del texto, ilustraciones y cómic resulta un gran acierto para atraer la atención infantil y animarles a dar el salto del álbum ilustrado a los libros. Además la historia siempre toca temas que les gusta y les engancha.

Que conste que a mis hijos el fútbol ni fu ni fa, pero los Futbolísimos les encantan. Es que se coge cariño a Pakete el delantero que menos goles mete de la historia y al que no, repito: no, le gusta Helena con H.