miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cupcakes de cartulina

El domingo decidí que no se podía repetir lo del día anterior, aunque yo seguía muerta de sueño y con mal humor, y los chiquillos irritables y cabezones. Esto se arregla teniéndolos entretenidos. Les saqué unas reglas para hacer letras y formas geométricas que parecieron llamar su atención. Pero les duró bien poco. Pronto volvían a mis faldas en busca de ideas. Les mandé de no muy buenas maneras a la habitación de los juguetes a que se buscaran la vida, pero enseguida me arrepentí.

Fui a buscarles y les prometí que les iba a preparar una actividad muy chula, pero tenían que dejarme tiempo. Hace unos días, Daniel descubrió la agenda blogger que me he decorado a mi manera y le encantó la página en las que había hecho cupcakes con trozos de cartulina de colores. Me mejoró el diseño con sus dibujos y me pidió hacerlas él también. Tenía esa idea en la recámara y era lo único que se me ocurrió en ese momento.

Los enchufé a la tele con la esperanza de que me dejaran recortar bizcochos, toppings, cremas y las cápsulas de papel. Pero allí los tuve interrupiéndome todo el rato. Y yo intentando comprenderles y cargándome de paciencia. Por fin tuve listos los recortes y los posters dónde los iban a pegar. Les di pegamento y gomets redondos y ¡ale! a crear.

Al poco Daniel me pidió los rotuladores. No vi ningún inconveniente en dárselos, pero me enfadé muchísimo cuando no los quiso compartir con le hermano. Hasta tal punto llegó la cosa, que el chiquillo mayor anunció que él ya no iba a hacer más magdalenas. Tan trágica me puse yo que acabó por reanudar su actividad lo más rápido que pudo. Que si se creía que mi tiempo no valía nada, que ya lo había perdido preparando la actividad y que ahora era una falta de respeto terrible que no las quisiese hacer, que nunca jamás me pidiera nada... Y más lindezas del estilo.

Me fui a la cocina muy triste, porque estaba inmersa en hacer la cocina, y al rato vino a buscarme mi niño mayor. "Mamiiiii, que sí que he hecho las magdalenas. ¡Ven a verlas!" Me subió mucho la moral que viniera a animarme. Les habían quedado a los dos preciosas. Aunque las de Iván eran más bien abstractas.

Cuando dije que había que recoger para poner la mesa no les gustó ni un pelo y empezaron de nuevo las protestas y las malas caras.

Se portaron tan mal que Iván acabó en la cama antes de que se tomara la fruta y yo me metí en la mía antes de que Daniel se tomara la suya. Así que el mayor quedó al cargo de su padre para que yo pudiera recuperarme un poco de la mala noche.

martes, 25 de noviembre de 2014

Llega la realidad aumentada a los cuentos infantiles

A través de Madresfera me enteré de que Boolino ha puesto a la venta un libro que incluye efectos de realidad aumentada. Y, como no, captó mi interés enseguida. Me parecen increíbles los adelantos tecnológicos de hoy en día. Ver cómo los personajes cobran vida de repente a través del móvil o la tablet debe ser muy emocionante. ¡Dentro de poco seguro que podemos meternos dentro del cuento! ¿Os imagináis? Yo ya me veo gritando a Caperucita que tenga cuidado con el lobo jajaja

Pero vuelvo al tema, que yo soy muy propensa a despistarme con la mosca que pasa volando y si empiezo a fantasear no termino.


El caso es que me pareció una gran idea introducir códigos de realidad aumentada entre las páginas de un libro para niños de tres a seis años, pero había algo que me preocupaba un poco. ¡El argumento! Normalmente, cuanto más efectos especiales tiene la película que voy a ver peor es el guión. ¿Sucedería lo mismo con este nuevo tesoro de la literatura infantil?

Cómo no lo tengo en mis manos, me he tenido que conformar con leer el argumento, la nota de prensa, el modo de lectura... Y me ha impresionado. Podemos seguir la historia de una manera tradicional, pero si nos bajamos la App gratuita para Apple o para Android, y usamos un dispositivo móvil, los personajes cobran vida y todo se vuelve más emocionante. Tres dimensiones, sonidos y mucha interactividad entre las páginas y el pequeño lector.

¿Y de que va? Pues la historia también promete: Un zapatero que, harto de ser menospreciado por su oficio, emigra a otras tierras donde se le aprecie más. Y vaya si lo consigue. Con los clientes tan exclusivos que le salen no es para menos: Las botas de un ogro, las gastadas zapatillas de las bailarinas hijas de un rey, un zapatito de cristal al que le hace falta un arreglillo... ¿Os suenan de algo?

En definitiva, Boolino me ha dado una idea de regalo original y con muchísimas posibilidades para estas Navidades. Y Menos mal, porque estos niños de hoy en día ¡tienen de todo! Una ya no sabe cómo acertar. Desde luego, en cuanto mis hijos se enteren de que necesitan la tablet para leer esta historia se van a mostrar más que interesados. ¡Esta generación digital me da mil vueltas!

Un fin de semana lleno de virus, sueño y mal humor

Este fin de semana no ha sido un camino de rosas. Mas bien al contrario. Yo creo que Raúl, que acababa de llegar de un viaje, se pensaría por qué no compró los billetes de vuelta un poco más tarde.
Los chiquillos no es que estuvieran malitos, pero sí tocados y eso se traducía en irritabilidad, mal comportamiento y actos de rebeldía a raudales. Si le sumamos a esto que no me dejaron dormir por las noches, que yo tampoco estaba muy católica y que tenía los nervios de punta, la cosa pintaba muy mal.

El sábado nos levantamos todos regular. Iván desayunó y se metió en la cama de nuevo. Yo hice lo mismo porque no podía abrir los ojos. Así que Raúl decidió cancelar la cita que teníamos con las abuelas para comer. El panorama era bastante desalentador.

Me levante porque no me quedaban más cáscaras para hacer la comida, pero Iván no amaneció hasta la hora de comer. Cuando fuimos a buscarle. Abrió los ojitos y me pidió el desayuno. “¡Pero si ya has desayunado! Ahora toca comer” le expliqué. La diferencia debió ser enorme para él porque torció el morro y me la montó parda. A partir de ahí me tuve que ocupar de los dos, mientras el padre curraba en el estudio. Fue un día muy largo y lleno de gritos, peleas, discusiones, etc, etc.


Cuando llegó por fin la noche. Estaba deseando meterme en la cama y olvidarme de todo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Intercambio de tiburones

Mi hijo mayor tiene un nuevo mejor amigo. Afortunadamente conozco a la madre de nuesytras largas jornadas de parque, pero a causa de extraescolares y obligaciones varias no coincidimos en horarios, con lo que nos estaba resultando muy difícil hacer felices a los niños en su deseo de quedar en una casa u otra.

Muchas tardes salían del cole clamando por no separarse, pero, por una cosa o por otra, no podíamos plegarnos a su voluntad. El día que le tocaba piscina a Daniel, por fin ocurrió el milagro. Raúl estaba de viaje y yo no tenía ningunas ganas de ir con los dos y que el más pequeño me la montara parda, así que informé a la mami del amigo del mayor, que, por fin, esa tarde, podíamos quedar. Y así quedamos.

Cuando se lo dije al mayor, daba botes de alegría. Menos mal que la cita era tarde, porque justo en el momento en el que nos íbamos descubrimos a los chicos de la actividad del huerto regando y nos unimos a ellos para alegría de los peques. Se pusieron como sopas, pero se lo pasaron en grande con sus regaderitas.

Aún nos dio tiempo de correr a casa, cambiarles de ropa y que se sentaran tranquilamente a merendar.
Entonces fue cuando Iván empezó a quejarse de nuevo de dolor de tripa. Le hice un masajito reparador y empezó si diarrea. Fue como seis veces la baño. La verdad es que es un campeón, porque no se le escapó ni una vez. Por si las moscas, le puse pañal. Pero él venía a pedirme ir al baño siempre que notaba la necesidad. Estoy muy orgullosa de mi niño mayor.

El amigo de Daniel llegó a casa con un tiburón tigre de plástico muy chulo en sus manos y huevos kinder para los niños. A Iván se lo guardamos para más adelante. Resulta que el peque está fascinado por los tiburones. Así que le encantó el azul enorme que les compré en una ocasión en la que empezaba a trabajar de nuevo y quería compensarles una poco que iban a ir al campamento de verano y al pueblo con su padre y abuelas.

Al principio los peques jugaron con los juguetes tan felices, pero no tardaron mucho en pedirnos pantallas: la wii, la tablet, el ordenador… Y se engancharon a tope. Hubo alguna que otra bronca por los turnos, pero entre la mami del amigo y yo lo íbamos solventando. En realidad, entre unas cosa y otras no nos dejaron charlar a gusto y mi café acabó quedándose frío en la taza. Al final iba a tener razón el amiguito cuando le soltó a su madre que no hacía falta que viniera jajaja

Al final quedamos en que teníamos que volver a tomar café juntas, pero …¡sin niños!

El caso es que los chiquillos se lo estaban pasando tan bien, que el amigo no se quería ir a casa. Para convencerle sugerí que le prestáramos unos días al tiburón azul. Algo así como lo que hacen con la mascota de clase. Los dos niños empezaron a entusiasmarse y la cosa acabó con intercambio de tiburones por una semana. Con lo que aquí tenemos al tiburón tigre, conociendo al resto de animales de plástico.


Cuando se fueron, Daniel empezó a quejarse también de dolor de estómago e Iván tenía un poco de fiebre. Rápidamente les bañé, les puse el pijama, les preparé unas suaves tortillitas francesas, les conté un cuento por cabeza y me quedé junto a ellos dándoles la mano hasta que se durmieron. Cuando se encuentran mal, hay que mimarles un poco.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Problemas con el chupete

Parecía que íbamos hacia delante y, de repente, ¡otra vez me pide el tete! No tanto como antes, pero en cuanto me descuido va a por él. Porque es muy listo y sabe donde los dejo. Y si no están donde siempre pone esa carita que conmovería al más tirano y me suelta un sentido "Pofiiiiiiii" que ablanda a las piedras.

¿Y qué puedo hacer yo contra eso? Primero: intentar desviar su atención, pero si no lo consigo... Sí, señores: le doy el preciado tesoro. Y el peque lo chupa con fruicción y deleite, casi compulsivamente. Lo bueno es que al rato se cansa y me lo da con un "toma mami, guadalo". Porque para cogerlo sabe muy bien dónde está, pero recoger y ordenar ya son palabras mayores.

El caso es que, supongo, que si ha vuelto a caer en su adicción a la silicona ¡algo hay! O está muy cansado, o triste o se encuentra mal. A la semana de pedirme por primera vez el chupete empezó a quejarse de dolor de tripa de vez en cuando, pero sin dejar de zampar bollos. A la siguiente semana y tuvimos casos de caca blanda, pero sin llegar a mayores. Una vez regularizado su estómago, se sigue quejando de dolor de tripita cuando ve en el plato algo que no le gusta. Conclusión: Ahora lo que tiene es cuento.

Así que, en resumen, el culpable de su recaída chupetil es un virus de estómago que ha atacado en mayor o menor medida a los compañeros de su clase. Lo malo es que ahora que el virus ya se ha ido, sin grandes consecuencias de salud, el mal hábito persiste. ¿Tenemos que seguir indagando el motivo? O simplemente es que toca volver a empezar porque se ha vuelto a acostumbrar al efecto relajante del tete.

Yo por si acaso se lo estoy poniendo cada vez más difícil para que acceda a él, pero sin pasarme por si es una caso de gran necesidad y aún no hemos dado con el motivo real.

viernes, 21 de noviembre de 2014

¡¡Demasiada autonomía nocturna!!

En vista de que estoy que me caigo y mis ojeras ya no pueden ser más oscuras, el papá de las criaturas ha decidido tomar cartas en el asunto. A mí me ha aleccionado con el discurso de "No pueden depender tanto de ti" y a los críos les ha bombardeado con la política de "Hazlo tu mismo".

No lo veo mal, pero la realidad es que, cuando se despiertan y lo ven todo tan oscuro, lo primero que se les pasa por la mente es llamar a mamá. La razón: no ven nada y les asusta.

Cuando los metemos en la cama les dejamos la luz del baño de enfrente a su habitación encendida por petición expresa de los chiquillos. Y cuando nos acostamos se la apagamos. Si se despiertan en medio de la noche se la suelo volver a encender para que se duerman tranquilos. Todo esto viene a cuento porque me he dado cuenta de que, cuando la luz está prendida, me llaman mucho menos. Beben ellos solitos el agua, se tapan a su manera, Iván se busca el chupete y si no lo encuentra coge el otro que hay en la repisa de la pared...

Pero si está la luz apagada no dan pie con bola y acaban por llamarme entre lagrimones y sorbos de moquetes. Ni Raúl ni yo somos partidarios de incrementar sus malos hábitos y la cuenta de la luz con esta mala costumbre. Así que normalmente, me tocan malas noches hasta que me canso y le doy al interruptor mandándolo todo a la porra frita.

Una noche, oí como el mayor se levantaba de la cama, se dirigía al baño, hacía pis y... ¡No se volvía a su cama! Cuando lo intercepté estaba a punto de darle al botón de encendido en el mando de la tele. "¡Pero si son las cuatro de la mañana!" Exclamé horrorizada al verle tan dispuesto a comenzar el día. "¿Y?" Me contestó tan pancho. Mis explicaciones no le convencieron nada y al final le arrastré muy contrariado hacia su habitación. Espero que se volviera a dormir, aunque cuando sonó mi despertador vino raudo y veloz a mi encuentro con una sonrisa de oreja a oreja "¿Ya me puedo levantar? ¿Ya es de día?" ¿Habría dormido algo desde las cuatro? Nunca lo sabré

jueves, 20 de noviembre de 2014

El maestro Iván

Recuerdo que cuando Daniel empezó Infantil, le gustaba jugar a la escuela conmigo. Evidentemente, el maestro era él y yo la alumna. Hacer el papel de uno mismo en un juego no es tan divertido. Se sentaba en una mesa a garabatear papeles sin ton ni son y a mí me mandaba al recreo o a dormir la siesta porque él tenía mucho trabajo. Me pareció muy curioso en su momento.

Ahora es Iván el que me sienta frente a la pizarra de la habitación de los juguetes y me toma la lección. Una forma de jugar a las escuelas bastante más tradicional.

"Eta es la letra cantarina. Halo tú", "Muy ben", "Azi no, azíiiiiii". "Mía, la O es un zirculito"... Y así hasta que se cansa y entonces toca el repertorio de todas las canciones y poesías que está aprendiendo en clase. Porque no se puede negar que a mi niño pequeño le encanta cantar y bailar. En cuanto ve la oportunidad te regala "una canción muy bonita".