martes, 22 de julio de 2014

Casita rural en Fataga

Al día siguiente tocó hacer la maleta de nuevo, aunque en esta ocasión sólo para el fin de semana. Mi madre nos invitaba a todos los hermanos a una casa rural de ensueño que había encontrado mi hermana en Fataga. No lo tenía fácil porque las condiciones eran muchas: tenía que albergar a cinco adultos, tres niños y tres perros en unas fechas algo complicadas.

Pero lo logró y lo pasamos fenomenal. Llegar nos costó. Y encima Iván se mareó e hizo el numerito de niña del exorcista dejando el coche hecho una asquito. Nada más llegar al lugar les puse el bañador a los chiquillos y los metimos en el jacuzzi bajo la vigilancia de mi madre para poder arreglar el desaguisado en la medida de lo posible. Los niños encantados con las burbujitas y los chorros.

El lugar era impresionante. Además del jacuzzi, tenía piscina, zona de columpios, sofá al aire libre, barbacoa, una pista de petanca, una mesa enorme para disfrutar de las comidas y las cenas, unas vistas impresionantes, habitaciones grandes...

Para dos días que íbamos a pasar allí no salimos de la casa ni para dar un paseo por la zona. Los niños lo único que querían era bañarse en la piscina, en el jacuzzi o jugar con los superhéroes y las naves de Lego que les regalaron sus tíos Fernando, Marian y su prima Natalia.

La nota mala la puso Daniel aplastando el pie de su prima con una pelota de petanca con alevosía y mucha mala idea. Me puse como una loca furiosa con él y luego estuvo un buen rato sin querer acercarse a mí.

Por las noches dormíamos los tres en una cama, así que aprovechó la coyuntura para abrazarse a mí y pedir mimitos. Un par de horas después, los dos chiquillos decidieron que les agobiaba y me hicieron saber de una forma poco sutil y no verbal que sobraba en la cama. Menos mal que tenía una sofá cama estupendo al que acudir en la misma habitación. Esa noche dormí mucho mejor que la primera, en la que llegué a pensar que Daniel era epiléptico nocturno, porque movía las piernas y los brazos sin descanso despertando a su hermano y a su madre a cada minuto.

El fin de semana pasó volando y tuvimos que abandonar la casa agotados pero felices.






lunes, 21 de julio de 2014

un viaje más tranquilo de lo normal

Llegó el día y nos levantamos de madrugada para tomar el avión a Las Palmas. No tenía ninguna esperanza de que se durmieran durante el vuelo, la emoción les puede, y temblaba pensando en las perspectivas. Pero al final no se portaron tan mal como esperaba. Iván me la lió en algunos momentos clave como la cola para acceder al avión y el momento de esperara a que saliera la maleta por la cinta transportadora, pero no fue la locura que esperaba.

Pasamos el control sin problemas, aunque me tocó en suerte ser cacheada. Lo peques me esperaron muy entretenidos en trepar unas rejillas que habían por ahí. La vigilante me comentó que parecían unos niños muy movidos. ¡Si supiera ella!

Cuando íbamos a subir al avión casi me da algo al no encontrar las tarjetas de embarque. Menos mal que alguien las había encontrado en el baño y las había acercado a la puerta de embarque. De todas formas, la azafata me dijo que al tener la documentación tampoco nos hubieran puesto problemas.

Los chiquillos tomaron posiciones y se entretuvieron bastante mirando por la ventana. Pronto empezaron a removerse cual lagartijos y a hacerle la vida imposible a los sufridores pasajeros de los asientos de delante. Entre reganiñas, gritos y juguetes logré tenerlos más o menos controlados.

En medio de una bronca monumental por dar patadas al respaldo de alante se oyó una voz desde nuestras espaldas: "Danieeeeeel, portate bieeeeen". El chiquillo se quedó blanco. El pasajero de delante se volvió y le preguntó "¿Quien ha dicho eso, Daniel?". "¡El señor de atrás!" gritó el pequeño. Se ve que medio avión se sabía ya el nombre de mis trastos.

Al dirigirnos a las cintas para recoger el equipaje nos encontramos con el otro señor al que le hicimos el viaje imposible por haberse sentado delante nuestro. Les dijo unas cosas muy cariñosas a los chiquillos y Daniel acabó dándole un gran abrazo. desde luego, tuve muchísima suerte con los compañeros de viaje. Los normal en estos casos son caras largas y miradas de reproche.

Por fin en Las Palmas de Gran Canaria. Los niños estaban deseando llegar. En casa de la abuela fueron directos a la habitación de los juguetes y se lo pasaron muy bien con su primita que estaba esperándoles con ilusión.

Por la tarde, la abuelita les montó una piscinita en la terraza y les dio una gran sorpresa. Se lo pasaron bomba chapoteando.

Y después de tantas emociones... Tocó una noche de perros.

jueves, 17 de julio de 2014

El juego de la tela de araña

Por fin hemos dado con algo del interés de Iván. La idea me la dio Frikymamá, de nuevo desde su fanpage Ana en colorines, y es tan fácil como pegar tiras de celo grueso en el marco de una puerta simulando una tela de araña. Para que quede más mono podemos añadir arañitas en papel, cartón, gomaeva o lo que se nos ocurra.

En la idea original se tiraba papel arrugado a la tela de araña pegajosa, pero en la mía no se pegaban, así que cambiamos a pompones pequeños de los que se encuentran en las tiendas de multiprecio.

¡Éxito total! Los dos se pusieron a afinar su puntería con entusiasmo. Pero Iván pronto se sitió frustrado por sus centímetros de menos con respecto al hermano. Lo arreglamos con una miniescalera. Entonces, fue el Daniel el que quería subirse también a la escalera.

Esa misma noche quitamos la tela de araña, porque era un poco incómodo para papá pasar por ahí.

La sorpresa me la llevé al día siguiente, cuando el más pequeñín de la familia me vino, pompón en mano, pidiéndome a gritos que le hiciera la telaraña de nuevo. Ni que decir tiene que se la volvía a montar, aunque sin las arañitas de adorno, y a una altura más adecuada para que acierte sin la escalera.

Parece que esta vez hemos acertado con él.

martes, 15 de julio de 2014

Las damas y los caballeros invadieron Covarrubias

Cuentacuentos de dragones, brujas, magia y princesas que animaban a los niños a cantar, participar y reír sin parar; demostraciones a caballo, luchas entre caballeros, demonios con ruedas de fuegos artificiales suspendidas por un palo sobre sus cabezas que corrían enloquecidos en la media noche para hacer huir entre carcajadas a los viandantes a ritmo de música heavy; teatrillos callejeros que contaban pícaras historias, un tío vivo de madera que hacía las delicias de los más pequeños, un mercadillo lleno de tesoros artesanos... A cada paso que dábamos encontrábamos algo que nos llamaba poderosamente la atención.

Los niños brincaban entusiasmados de una plaza a otra voceando sus descubrimientos y buscando el objeto perfecto entre los puestos. Papá y mamá les habían advertido que sólo podían elegir uno y tantas maravillas expuestas estaba haciendo de la elección una dura prueba para ellos. Iván se decantó por un arco de madera que era precioso. Venía con carcaj y tres flechas terminadas en ventosa. El peque llegó a dominarlo bastante teniendo en cuenta que aún no ha cumplido los tres años. Disparaba flechas a diestro y siniestro encantado y sin medir las consecuencias. Así que le buscamos un lugar despejado par que hiciera sus prácticas de tiro a gusto.

El mayor eligió un ejército en miniatura de temibles esqueletos que lo tiene embobado.  Cada uno trató su nueva posesión como un tesoro mientras estuvimos en el pueblo.

Lo que más nos llamó la atención fueron las luchas entre caballeros. Hicieron algunas interpretando, pero luego se pusieron un equipo de protección alucinando y empezaron las de verdad. Se te ponían los pelos de punta. En una ocasión, una espada traspasó un punto débil de un guantelete que, en teoría, nunca debía verse expuesto y le hizo un corte en la mano a una de las contendientes. Al público se le heló la sangre hasta que el maestro vino a tranquilizarnos, a explicarnos lo ocurrido y a enseñarnos el guantelete con su agujero. Lo cierto, es que a mí no me dejó tranquila, porque la pobre chica tenía una cara de dolor que impresionaba bastante.

Pero el espectáculo continuó y los luchadores dieron la oportunidad a niños voluntarios del público a elegir el arma y el caballero a su gusto. Daniel salió a elegir muy contento y se decantó por una lanza y un escudo enorme, además de por el caballero de negro. Iván, el pobre, se quedó con las ganas, después de desgañitarse gritando: "A mí, a mí, a míiiiiiiii" en cada ocasión en la que elegían al voluntario.

Menos mal que pareció resarcirse en el cuentacuentos de la caja mágica, porque le hicieron muchísimo caso y participó todo el rato gritando, oliendo, aplaudiendo, cantando...

Divertidísimo resultó ver una comedia pícara con los pequeños. Los chiquillos se reían a carcajadas de las desventuras del viejo verde y su pícara y jovencísima mujer. Hubo un momento, en medio de una canción, bastante subida de tono, que lo actores tuvieron que decir: "Y como hay muchos niños delante... ¡os imagináis lo que va ahora y listo!"

La noche del sábado, los diablos visitaron el pueblo. Hombres y mujeres vestidos con pieles, calaveras y cuernos, recorrían las calles haciendo estallar ruedas de fuegos artificiales sobre sus cabezas. Hasta había uno que iba en bici para sorprender aún más a la concurrencia. Cuando pensabas que ya les habías dejado atrás uno de ellos encendía su rueda de fuego justo a tus espaldas y tocaba correr. Llevamos a los niños y Daniel se lo pasó genial. Pero Iván, que empezó muy bien, acabó chillándome que le llevara a casa. Y así lo hice. Al segundo. Aún así, esa noche tuvo pesadillas con hombrecitos rojos. ¡Pobre!

Además de el ambiente, la música, los malabares, etc... Estaban en el pueblo los primos de los chiquillos. Daniel los adora. Y no es para menos porque se lo pasan genial juntos. Compartieron juegos, patatas fritas caseras, chuches... Y unas cosas que se llaman pompetas que estallan al tirarlas al suelo para gran algarabía infantil. Al intentar abrir un paquete pequé de fuerza, salieron todas volando e hicieron bastante ruido. Huelga decir que volví a por otra caja para los chiquillos, que se reían a mandíbula batiente de mi torpeza.

La verdad es que fue un fin de semana intenso, muy completo y totalmente agotador.



domingo, 13 de julio de 2014

Monstruos articulados y animalitos con patas de pinzas

"¿Qué queréis hacer?" pregunté a los niños una mañana.
"¡Monstruos!" Exclamó Daniel sin pensárselo dos veces. Y me puse a ello con entusiasmo. Casualmente había visto una idea muy chula en Ana en colorines que estaba deseando hacer. En su fanpage nos facilitaba el enlace a unos descargables muy cucos con parte de monstruos para que el chiquillo se los monte como quiera. A falta de impresora bien podía dibujar yo esas partes que los niños las montaran.

Cartulinas, tijeras, pegamentos, un lápiz y unas pinzas especiales que venden en cualquier todo a cien para que las extremidades sean articuladas. ¡Listo! Ya lo teníamos todo.

Me puse a Dibujar y recortar partes de cuerpo monstruosas bajo las indicaciones del mayor. El pequeño no daba visos de estar interesado. Luego se las recorté lo más rápido que pude mientras él iba haciendo sus montajes para ver cómo le gustaba más.

Cuando decidió cómo serían los monstruos, pegó las bocas, narices, ojos y cuernos con pegamento. Cuando llegó la hora de poner las extremidades articuladas el chiquillo me miró implorando ayuda porque la cosa resultó ser un poco más complicada de lo que pensaba. Había que doblar la cartulina, hacer un cortecito, juntar los cortecitos de las partes a unir, introducir la pinza especial y abrir los dos palos para que quedara fijo. Acabé haciéndolo yo con su supervisión.

Quedaron muy chulos, pero Iván seguía sin mostrar interés. Cómo no quería que se quedara fuera de la actividad pensé en otra a toda prisa que le pudiera interesar. A ver, a ver... Qué le gusta... ¡Los animales! Y recordé otra manualidad que publicó Ana en colorines qu eme llamó mucho la atención. Era muy sencilla. Recortamos cuerpos de animales con cartulina, les ponemos dos pinzas de tender la ropa por patas, recortamos los pies de los animalitos y los pegamos en el extremos inferior de la pinza. Así tenemos un juego para que el chiquillo ponga las patas en el animal que corresponda. En mi caso, sólo había que juntar los colores.

Cómo se me hacía tarde para ponerme a cocinar tuve que dibujar y recortar a la velocidad del rayo, dejando unas figuras bastante cutrecillas. Se las di al peque y parecía que le gustaban... Hasta que les quité las patitas y le pedía que se las pusiera él. Entonces las dejó a un lado y siguió viendo la tele tan pancho. Menos mal que Daniel las cogió al vuelo y se puso a quitarles y ponerles las patitas con alegría. Es un consuelo.

Está visto que mi hijo pequeño no me va a seguir el juego con el tema manualidades. Voy a tener que investigar otro tipo de actividades para él. por ahora, lo que triunfa con él son los cuentos, las luchas con las espadas de gomaeva y jugar con los superhéroes, los clicks o los Lego.

Por cierto, ese día acabamos comiendo bastante tarde.

sábado, 12 de julio de 2014

Nominada a The best blog

Frikymama me ha nominado para recibir este estupendo ramo de flores que tanto me gusta. ¡¡Muchas gracias!! Es maravilloso que te hayas acordado de mí.

Esta mami extremadamente creativa tiene un blog muy cuidado en todos los detalles y con unos post muy interesantes. En su espacio encuentro mucha inspiración para hacer actividades con mis peques y cuentos preciosos que pienso leerles (el del Sr. Tocino ha comenzado muy emocionante).

Además, ha puesto en marcha una iniciativa muy divertida que nos ayuda a conocernos mejor entre blogueras de una forma muy original. La ha llamado La ventana indiscreta de Frikymama.

Y sin más paso a responder las preguntas con las que Ana María ha acompañado a este premio:

1 - Tu lema para ir por la vida
No hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti.

2 - ¿A quien dedicas tu último pensamiento del día? 
No siempre a la misma persona. Normalmente a alguien de mi familia.

3-¿Cual fue el tema de tu primer post?
Una presentación de Daniel y mis motivos para escribir el blog. Que original ¿eh?

4-Un pros y un contra de ser bloguera
Pasas a formar parte de una comunidad con la que compartes opiniones, consejos, intereses, etc, etc...
Nunca tienes tiempo para hacer todo lo que te gustaría con tu blog.

5- Frio o calor? 
Frío, siempre puedes abrigarte más, pero para desabrigarte hay un límite ;)

6-¿Cual es tu principal objetivo al ser bloguera?
Compartir

7-¿Has conocido en persona a otras blogueras? 
Síiiii. Personas maravillosa tanto tras el blog como en persona.

8-¿Como te conectas más con ordenador o móvil? 
Con ordenador. Mi móvil es una patata

9-¿Has necesitado ayuda para diseñar tu blog?
Bueeeeeno. El diseño es algo que hay que mejorar ;)

10-¿Cuanto llevas en el mundo blogger?
Cuatro años y medio.

Ahora tengo que decir once curiosidades sobre mí misma:

1.- El chocolate me calma
2.- Me he enganchado a los MOOCS. ¡Lo que se aprende con ellos!
3.- Soy totalmente capaz de salir de casa sin móvil si tengo a los peques conmigo
4.- Me encanta tumbarme en un sitio cómodo, con buena luz, abrir un libro y perderme en las páginas sin mirar el reloj. ¡Hace tanto que no lo hago!
5.- Para mí la familia es un tesoro que hay que cuidar, pero los vecinos también. Cuando tienes unas urgencia son los que más cerca están para echarte una mano. Lo digo por experiencia.
6.-Cuando juego suelo volverme más niña que mis hijos y a veces discuto como ellos
7.- Creo que, en el fondo, mis gatos no me perdonan que haya traído niños a la casa
8.- Adoro dormir de toda la vida y el destino me castigó la pereza con dos niños que casi no pegan ojo
9.- Comer es un placer. Me encanta saborear y disfrutar de las comidas. Otra cosa que mis hijos no me dejan hacer casi nunca.
10.- Soy blogadicta
11.- Estos premios me hacen mucha ilusión porque significa que alguien se ha acordado de mí.

Y mis nominados son:

viernes, 11 de julio de 2014

Improvisando para alejarles de la tele

Estas vacaciones de verano están dando para muchísimo. Cómo se nota que mami está en paro y que es la primera vez que las disfrutan íntegras, sin campamentos de verano de por medio.

El caso es que no podemos estar todo el día de pingo porque eso no hay cuerpo que lo aguante (por lo menos el mío) y, más tarde o más temprano acaban cansándose de sus juguetes y liándomela parda, así que suelen acabar pegados a la tele más de lo que a mí me gustaría.

Uno de esos días, me sequé las manos tres acabar de recoger la cocina y me acerqué al salón para ver cómo les iba a los peques. Me los encontré con los ojos fijos en la caja tonta. Hipnotizados. Ni me vieron asomar la nariz. Así que, tras comprobar que la casa estaba pasable, decidí que ya era hora de desengancharlos.

Al ir a tirar un tetrabrik de leche descubrí unas bandejas de poliespán que me volvieron a la mente. Las limpié muy bien, saqué los palos de brochetas de madera y otros materiales de manualidades muy socorridos. Cuando me vieron aparecer cargada con cosas interesantes capté su atención. Como siempre me costó más convencer a Iván de que abandonara su pose de sillonball y se acercara a la mesa del comedor. ¡Pero lo conseguí! Cuando vio que el juego consistía en ensartar los palos de brochetas en el poliespán se sintió más que interesado y se sumó al juego muy emocionado.

La actividad consistía en pintar las brochetas con los rotuladores, pincharlas en el poliespán y decorar al gusto de cada uno. El más pequeño se saltó la parte de decorar y se dedicó a ensartar los palitos alegremente hasta que se cansó.

A esas alturas, Daniel ya había acabado su obra de arte y tomó el relevo de su hermanos para construir en la manualidad de Iván una cárcel de villanos gracias al washitape. Una vez terminada la prisión, colgamos el trabajo del mayor en la pared y jugamos con la cárcel y los villanos de plástico. Como algunos podían volar, no nos quedó otro remedio que construirle un techito a las rejas si queríamos atraparlos de verdad.

Que conste, que, aunque no lo parezca leyendo el texto. Los dejé solos para que hicieran la actividad y no dirigirla. Pero cuando Daniel quiso hacer la cárcel, me pidió que lo ayudara y acepté encantada. Así también pasamos tiempo haciendo algo juntos.