lunes, 24 de noviembre de 2014

Intercambio de tiburones

Mi hijo mayor tiene un nuevo mejor amigo. Afortunadamente conozco a la madre de nuesytras largas jornadas de parque, pero a causa de extraescolares y obligaciones varias no coincidimos en horarios, con lo que nos estaba resultando muy difícil hacer felices a los niños en su deseo de quedar en una casa u otra.

Muchas tardes salían del cole clamando por no separarse, pero, por una cosa o por otra, no podíamos plegarnos a su voluntad. El día que le tocaba piscina a Daniel, por fin ocurrió el milagro. Raúl estaba de viaje y yo no tenía ningunas ganas de ir con los dos y que el más pequeño me la montara parda, así que informé a la mami del amigo del mayor, que, por fin, esa tarde, podíamos quedar. Y así quedamos.

Cuando se lo dije al mayor, daba botes de alegría. Menos mal que la cita era tarde, porque justo en el momento en el que nos íbamos descubrimos a los chicos de la actividad del huerto regando y nos unimos a ellos para alegría de los peques. Se pusieron como sopas, pero se lo pasaron en grande con sus regaderitas.

Aún nos dio tiempo de correr a casa, cambiarles de ropa y que se sentaran tranquilamente a merendar.
Entonces fue cuando Iván empezó a quejarse de nuevo de dolor de tripa. Le hice un masajito reparador y empezó si diarrea. Fue como seis veces la baño. La verdad es que es un campeón, porque no se le escapó ni una vez. Por si las moscas, le puse pañal. Pero él venía a pedirme ir al baño siempre que notaba la necesidad. Estoy muy orgullosa de mi niño mayor.

El amigo de Daniel llegó a casa con un tiburón tigre de plástico muy chulo en sus manos y huevos kinder para los niños. A Iván se lo guardamos para más adelante. Resulta que el peque está fascinado por los tiburones. Así que le encantó el azul enorme que les compré en una ocasión en la que empezaba a trabajar de nuevo y quería compensarles una poco que iban a ir al campamento de verano y al pueblo con su padre y abuelas.

Al principio los peques jugaron con los juguetes tan felices, pero no tardaron mucho en pedirnos pantallas: la wii, la tablet, el ordenador… Y se engancharon a tope. Hubo alguna que otra bronca por los turnos, pero entre la mami del amigo y yo lo íbamos solventando. En realidad, entre unas cosa y otras no nos dejaron charlar a gusto y mi café acabó quedándose frío en la taza. Al final iba a tener razón el amiguito cuando le soltó a su madre que no hacía falta que viniera jajaja

Al final quedamos en que teníamos que volver a tomar café juntas, pero …¡sin niños!

El caso es que los chiquillos se lo estaban pasando tan bien, que el amigo no se quería ir a casa. Para convencerle sugerí que le prestáramos unos días al tiburón azul. Algo así como lo que hacen con la mascota de clase. Los dos niños empezaron a entusiasmarse y la cosa acabó con intercambio de tiburones por una semana. Con lo que aquí tenemos al tiburón tigre, conociendo al resto de animales de plástico.


Cuando se fueron, Daniel empezó a quejarse también de dolor de estómago e Iván tenía un poco de fiebre. Rápidamente les bañé, les puse el pijama, les preparé unas suaves tortillitas francesas, les conté un cuento por cabeza y me quedé junto a ellos dándoles la mano hasta que se durmieron. Cuando se encuentran mal, hay que mimarles un poco.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Problemas con el chupete

Parecía que íbamos hacia delante y, de repente, ¡otra vez me pide el tete! No tanto como antes, pero en cuanto me descuido va a por él. Porque es muy listo y sabe donde los dejo. Y si no están donde siempre pone esa carita que conmovería al más tirano y me suelta un sentido "Pofiiiiiiii" que ablanda a las piedras.

¿Y qué puedo hacer yo contra eso? Primero: intentar desviar su atención, pero si no los consigo... Sí, señores: le doy el preciado tesoro. Y el peque lo chupa con fruicción y deleite, casi compulsivamente. Lo bueno es que al rato se cansa y me lo da con un "toma mami, guadalo". Porque para cogerlo sabe muy bien dónde está, pero recoger y ordenar ya son palabras mayores.

El caso es que, supongo, que si ha vuelto a caer en su adicción a la silicona ¡algo hay! O está muy cansado, o triste o se encuentra mal. A la semana de pedirme por primera vez el chupete empezó a quejarse de dolor de tripa de vez en cuando, pero sin dejar de zampar bollos. A la siguiente semana y tuvimos casos de caca blanda, pero sin llegar a mayores. Una vez regularizado su estómago, se sigue quejando de dolor de tripita cuando ve en el plato algo que no le gusta. Conclusión: Ahora lo que tiene es cuento.

Así que, en resumen, el culpable de su recaída chupetil es un virus de estómago que a atacado en mayor o menor medida a los compañeros de su clase. Lo malo es que ahora que el virus ya se ha ido, sin grandes consecuencias de salud, el mal hábito persiste. ¿Tenemos que seguir indagando el motivo? O simplemente es que toca volver a empezar porque se ha vuelto a acostumbrar al efecto relajante del tete.

Yo por si acaso se lo estoy poniendo cada vez más difícil para que acceda a él, pero sin pasarme por si es una caso de gran necesidad y aú no hemos dado con le motivo real.

viernes, 21 de noviembre de 2014

¡¡Demasiada autonomía nocturna!!

En vista de que estoy que me caigo y mis ojeras ya no pueden ser más oscuras, el papá de las criaturas ha decidido tomar cartas en el asunto. A mí me ha aleccionado con el discurso de "No pueden depender tanto de ti" y a los críos les ha bombardeado con la política de "Hazlo tu mismo".

No lo veo mal, pero la realidad es que, cuando se despiertan y lo ven todo tan oscuro, lo primero que se les pasa por la mente es llamar a mamá. La razón: no ven nada y les asusta.

Cuando los metemos en la cama les dejamos la luz del baño de enfrente a su habitación encendida por petición expresa de los chiquillos. Y cuando nos acostamos se la apagamos. Si se despiertan en medio de la noche se la suelo volver a encender para que se duerman tranquilos. Todo esto viene a cuento porque me he dado cuenta de que, cuando la luz está prendida, me llaman mucho menos. Beben ellos solitos el agua, se tapan a su manera, Iván se busca el chupete y si no lo encuentra coge el otro que hay en la repisa de la pared...

Pero si está la luz apagada no dan pie con bola y acaban por llamarme entre lagrimones y sorbos de moquetes. Ni Raúl ni yo somos partidarios de incrementar sus malos hábitos y la cuenta de la luz con esta mala costumbre. Así que normalmente, me tocan malas noches hasta que me canso y le doy al interruptor mandándolo todo a la porra frita.

Una noche, oí como el mayor se levantaba de la cama, se dirigía al baño, hacía pis y... ¡No se volvía a su cama! Cuando lo intercepté estaba a punto de darle al botón de encendido en el mando de la tele. "¡Pero si son las cuatro de la mañana!" Exclamé horrorizada al verle tan dispuesto a comenzar el día. "¿Y?" Me contestó tan pancho. Mis explicaciones no le convencieron nada y al final le arrastré muy contrariado hacia su habitación. Espero que se volviera a dormir, aunque cuando sonó mi despertador vino raudo y veloz a mi encuentro con una sonrisa de oreja a oreja "¿Ya me puedo levantar? ¿Ya es de día?" ¿Habría dormido algo desde las cuatro? Nunca lo sabré

jueves, 20 de noviembre de 2014

El maestro Iván

Recuerdo que cuando Daniel empezó Infantil, le gustaba jugar a la escuela conmigo. Evidentemente, el maestro era él y yo la alumna. Hacer el papel de uno mismo en un juego no es tan divertido. Se sentaba en una mesa a garabatear papeles sin ton ni son y a mí me mandaba al recreo o a dormir la siesta porque él tenía mucho trabajo. Me pareció muy curioso en su momento.

Ahora es Iván el que me sienta frente a la pizarra de la habitación de los juguetes y me toma la lección. Una forma de jugar a las escuelas bastante más tradicional.

"Eta es la letra cantarina. Halo tú", "Muy ben", "Azi no, azíiiiiii". "Mía, la O es un zirculito"... Y así hasta que se cansa y entonces toca el repertorio de todas las canciones y poesías que está aprendiendo en clase. Porque no se puede negar que a mi niño pequeño le encanta cantar y bailar. En cuanto ve la oportunidad te regala "una canción muy bonita".

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cada zapato en su pie

El otro día, estábamos en el parque, como viene siendo habitual muchas de estas tardes, cuando una amiga se fijó en las playeras de Iván. Cuando eran de Daniel, hace ya un par de años, dibujé media cara en cada uno para facilitar que el peque se las pusiera en el pie correspondiente. Si lo hacóa bien podía juntarlas y obtenía una carita sonriente. Desgraciadamente, las playeras se le quedaron pequeñas enseguida y las dejó casi nuevas. Menos mal que tenían sucesor y ahora le toca al más pequeño usarlas a gusto.

A mi amiga le gustó tanto la idea que me aconsejó compartirla en el blog por si a alguien le ayudaba en algo. Lo cierto es que ya hablé de esto cuando trabajaba de Community Manager en Micropolix, pero no me parecía mala idea repetirme en mi pequeño espacio personal, así que ahí os dejo esta sencilla solución para alimentar la autonomía de los peques que empiezan su andadura en Infantil. Espero que os guste.

martes, 18 de noviembre de 2014

De libros, cumpleaños y cocodrilos

El sábado decidimos darnos una salto a la biblioteca. Ya tocaba devolver los libros y hacía varios días que el mayor nos pedía ir insistentemente. Cogimos la mochila, los libros y allá que fuimos. Por el camino sufrimos una de las terribles perretas de Iván, pero eso no nos desalentó en absoluto.

Nada más traspasar la puerta de la sección infantil nos topamos con un precioso libro de firmas hecho a mano. Mis hijos se empeñaron en dejar su huella en él. Cogieron el boli, adornado en forma de pluma de ave, y se pusieron a "escribir" o algo parecido, porque yo no entendía nada de lo que iban plasmando. Al final tuvimos que pararles los pies para que no escribieran El Quijote en lenguaje garabato.

No fue difícil porque estaban deseando echar mano a libros interesantes. Y encontraron muchos. Tantos que al finalizar la jornada tocó elegir y decartar. Iván quería del espacio, Daniel de monstruos y de guerreros, mama de manualidades y actividades...

Tuvimos la suerte de encontrarnos a una amiga y a su hijo en la biblioteca y me descubrió un libro de experimentos para niños que tiene una pinta chulísima. Seguro que hacemos mucho. A Iván le enseñó un libro de pops up preciosos que le fascinó. Que pena que no se podía sacar. Era una verdadera obra de arte con unas figuras que sorprendían por sus detalles. Sobre todo el cocodrilo, que escondía un pájaro en la boca que pensamos que se iba a comer y en realidad le estaba limpiando los dientes. El peque se quedó muy desconsolado por no poder llevárselo en préstamos y le tuvimos que prometer que lo volveríamos a leer en nuestra siguiente visita.

Entre pitos y flautas, se nos hicieron las mil para comer e Iván y la mami se quedaron sin siesta, para gran pena de la segunda, porque las malas noches han vuelto. No tan infernales como en los malos tiempos, pero sí con consecuencias soporíferas para mí.

El caso es que esa misma tarde teníamos un cumpleaños que se celebraba en un parque y los chiquillos se morían por ir. Se lo pasaron bomba con el pintacaras, los sandwiches de nocilla, los columpios, los globos, los sacos de la carrera... Durante el pintacaras, hubo una anécdota graciosa. De repente mis dos chicos decidieron que querían pintarse de cocodrilo y pusieron a la mamá de los cumpleañeros en un apuro porque no se le ocurría el diseño, así a voz de pronto. Acostumbrada a estas extrañas peticiones, le cogí la pintura verde y me puse a pintarles yo misma. Mucho verde, más verde y mucho más verde, escamitas con el negro y dientes afilados blancos, que casi ni se notaban... Pero ellos felices, que era el objetivo.

A mitad de la celebración mi niño mayor empezó a portarse fatal y a liarla parda, así que consiguió ser el centro de las iras de sus dos progenitores y el causante de que tuviéramos que irnos antes de tiempo. Daniel fue todo el camino llorando y berreando porque no quería irse e Iván imitándole muerto de la risa.

Papá se metió al supermercado a comprar la cena y yo seguí camino adelante dejando mis espaldas regadas con lágrimas de cocodrilo. Por más que intentaba explicarle al mayor por qué pensábamos que se había portado mal, él no hacía más que negarlo todo. Al final nos llegó un delicioso olor a castañas que nos puso los dientes largos a los tres. La mami, que estaba deseando hincarles el diente, compró un cucurucho, a pesar de que su cerebro le decía que no lo hiciera por mil razones: se ha portado fatal, aunque Iván no tenga al culpa, dentro de nada tiene que cenar y no van a tener hambre, en el super las consigues más baratas... Nada, que las compré y me las comí yo casi todas. A los chiquillos les daba una mitad de vez en cuando, pero como estaban muy charlatanes no se daban cuenta de que el reparto estaba siendo de lo más injusto.

A pesar de todo, devoramos la cena cuando Raúl nos la puso delante, porque estaba buenísima. ¡Pura gula!

lunes, 17 de noviembre de 2014

JuegaTerapia y sus bellísimo Baby Pelones

Madresfera nos invitó a asistir a una presentación muy especial de la mano de JuegaTerapia, una fundación cuyo lema lo dice todo de ella "La quimio jugando se pasa volando...". Tiene un objetivo muy claro: hacer felices a los niños enfermos. Por poner un ejemplo, son los que tuvieron la maravillosa idea de hacer jardines para que los niños jugaran en las azoteas de los hospitales. 

Ahora han hecho realidad otra genial idea: comercializar unos muñecos adorables con el fin de ayudar a sonreír a los peques enfermos con cáncer y concienciar a toda la población de la importancia de esta situación. ¿Cómo? Presentándolos sin pelo.

Para estos chiquillos el hecho de que se les caiga el pelo a los veintitantos días de comenzar con la quimio es traumático y necesitan mucha ayuda para aceptarlo. Los Baby Pelones son una manera magnífica de hacerles comprender que todos los que les rodean pensamos que son los más bonitos del mundo con pelo y sin pelo.

Muchos famosos se han sumado a este proyecto diseñando pañuelos con mucho mensaje: besos, cometas multicolores, lunares, corazones... Y entre todos destaca el de María, una niña diagnósticada con un cáncer que ha puesto su granito de arena con un pañuelo repleto de flores que ella misma ha pintado. Rossy de Palma, Amelia Bono, Alba Carrillo, Vicky Martín Berrocal y Pablo Ibáñez, el hombre de negro son el resto de los diseñadores.

La presentación estuvo repleta de risas infantiles, porque los protagonistas de la campaña estaban allí animando el ambiente. Sobre todo el pequeño Mario, que nos invitaba a aplaudir, interrumpía constantemente a la ponente con saludos intempestivos y hacía efectos especiales soplando sobre el micrófono, que sostuvo entre sus manos durante toda la jornada. El peque se pegó como una lapa al Presidente de Honor de Juegaterapia, El hombre de negro, que diseñó el pañuelo que lucía: negro y con un mensaje claro y conciso "Yo soy fuerte. No tengo miedo". Daba gusto verle jugando y mimando a los peques, que le tomaron el pelo imaginando que, de repente, se convertía en El hombre de rosa.

Los Baby Pelones surgieron de la mente de la Presidenta de la fundación, Mónica Esteban, tras lidiar con la angustia de una niña de catorce años que de repente se vio pelona y extremadamente fea. Arregló la situación con unos bonitos pañuelos que levantó la autoestima de la chiquilla y la hizo ser un poquito más feliz. A partir de ahí no paró de pensar en cómo podía ella ayudar a los niños a verse tan preciosos como los veía ella. La respuesta vino en forma de un  muñeco pelón que transmite infinita ternura. El juguete cuesta 11,90 euros y se pueden encontrar en Juguettos, El Corte Inglés, Mothercare y deMartina.com, entidades que se han volcado en el proyecto. Otras instituciones que  han colaborado para hacerlo realidad han sido Comunica+A, el fotógrafo Ángel Álvarez, José Madrid, creativos publicitario y AGA Ediciones. Da gusto que se implique tanta gente en una causa tan bonita como es hacer felices a los niños.

Antes de irnos nos regalaron un Baby Pelón a cada uno de los asistentes, que en un principio pensé regalar a alguna niña de la familia, pero nada más tenerla en mis manos cambié de idea y he decidido quedármela yo. Primero, porque así me recuerda constantemente a los pequeños valientes que luchan día tras día contra sus enfermedades y, segundo, porque me tiene enamorada.

Pensaba que mis hijos no iban a hacerle ningún caso, y así ocurrió con Daniel, que desde el principio la etiquetó como juguete de chicas. Pero Iván me sorprendió abrazándolo encantado todo el rato que estuvo viendo la tele esa tarde.