jueves, 31 de julio de 2014

De puntillas por la vida...

Desde casi el momento de nacer, Iván tiene la costumbre de estirar bien sus piececitos y tomar la postura de ir de puntillas. Sus primeros pasos los dio encaramado a los deditos de los pies. Y a día de hoy camina de puntillas casi todo el tiempo. Si le digo algo tiene que esforzarse por apoyar toda la planta del pie. Hasta ahora no había hecho mucho caso de su manía, pero ahora me preocupa que se les deforme la columna, el pié o algo. Ni idea.

Yo suelo ser así de agonías. De repente me obsesiono con algo y es en lo único en lo que pienso durante días. La próxima vez que vaya al pediatra se lo comentaré aún a riesgo de que me mande a la porra con mis neuras.

A ver si, en vez de futbolista, me ha salido bailarín jajaja

Lo cierto es que camina con mucho estilo con esos saltitos tan graciosos. ¡Ay! Amor de madre.

miércoles, 30 de julio de 2014

Niños que rebotan contra la paredes

No sé si es por la sobrexcitacción, que es el verano más largo de sus vidas, el cansancio o estar fuera de su casa, pero hay días, hay días... que mis hijos dejan de ser niños para convertirse en gremlins. Y no exagero. Se convierten en esos seres horrorosos que no paraban de liarla parda, romper cosas y rebotar contra las paredes. Aunque sin las ansias asesinas de los monstruitos originales. Saltan, gritan, corren y atropellan a todo lo que se les cruza en su camino. Madre incluida.

Da igual lo que les digas, se han vuelto sordos de repente. Y cuando se calma la tempestad, no recuerdan nada de lo que ha ocurrido y nunca han sido ellos. "Yo me porto muy bieeeen" aseguran lastimeros a una madre encolerizada que está a punto de tirarlos por la ventana.

Les puedes pedir que paren en español chino o ruso, que ellos seguirán a los suyo sin dedicarte una sola mirada y con gran entusiasmo. "¡¡¡Que dejes de saltar en la mesa de critaaaaal gruaaaarf!!!" Ni caso hasta que les sacas de allí por las orejas.

"Son un poquitín inquietos ¿eh?" Me comentan mi madre y mi hermana sin pronunciar la palabra que saben que me revienta : Hiperactivos.

No me importa que estén cansados, o extramotivados o hiperestimulados... Se les han acabado las excusas. Simplemente: ¡se portan mal!

Y si creen que pueden conmigo van listos. Cambiaré el método las veces que haga falta, y en ocasiones sobre la marcha, pero por mis narices que yo les educo o muero en el intento. Y desde ya tengo claro que mi intención no es caer en la batalla. ¡Cuidado niños que mamá se ha enfadado... de verdad!

martes, 29 de julio de 2014

La abuela nos cuida y nos mima

Esta abuela, medio alicantina medio canaria, no sabe negarnos un capricho. Que quieren una chuche los niños, pues ahí la tienen dos, que la mami quiere salir a dar una vuelta, pues ahora mismo me visto y nos vamos, que esta familia godilla cena comida elaborada, pues me meto en la cocina por las noches...

Estamos disfrutando mucho de su compañía, porque la vemos poco, como a toda la familia canaria. Y ¡hay que aprovechar cada ocasión!

Con ella hemos ido a disfrutar de la biblioteca, un lugar que emociona a mis chicos. Una pena que corra el riesgo de que la echen abajo por no se qué historia urbanística. Sería una pena porque es un edificio de servicio público y cultura impresionante. Ojalá siga en pie por mucho tiempo.

También han brincado por el barco pirata de los columpios de al lado de casa, perseguido a las palomas, devorado helados, visitado los peces gigantes del parque Doramas, disfrutado de la terraza y la piscinita hinflable...

Incluso nos ha preparado unas cenas de lo más agradables en el patio. También fuimos a desayunar un día a una cafetería con terraza, pero se portaron tan mal los chiquillos que la cosa casi acaba en tragedia.

En lo único en lo que no transige, con toda la razón, es en el tormento que mis dos torbellinos están resultando para sus dos perrillos. No están acostumbrado a tanto jaleo y al más mayor incluso le han dado ataques de ansiedad. Así que hay que andar con ojo. El más pequeño les persigue por la casa y les sigue más el juego, pero también acaba huyendo cuando ve que la cosa se pone fea. Y es que mis niños empiezan bine, pero se van animando, animando... Y llega un momento en que lo mejor es una retirada a tiempo. Y lo digo por experiencia que estoy más magullada que un pupas de tanto jugar con ellos. A veces, hasta tengo que pedirles que me dejen sentarme tranquila cinco minutos sin miedo a un ataque sorpresa.

Es increíble como aguantan tantas horas despiertos y sin parar. Ni siquiera son capaces de permanecer unos minutos sentados ni con la tele encendida. Normalmente abuela y mami acabamos derrengadas en el sofá con los salvajes pegando brincos a nuestro alrededor. ¡Son incombustibles!





lunes, 28 de julio de 2014

Y por fin... ¡la playa!

Tiene delito que tardar más de una semana en llevar a los chiquillos a la playa, pero es que me daba mucha pereza darme la paliza de meterme en una guagua cargada de mochilón, bolsa con los juguetes y dos fierecillas.

Menos mal que mi hermana piensa mucho en ellos y nos ha acompañado este sábado. Los niños estaban deseando ir y muy ilusionados con la idea. El día empezó fenomenal con unos churros con chocolate, que, previa petición del mayor, les trajo su tía Sílvia.

Tras un corto viaje ne coche y la milagrosa aparición de un sitio para aparcar aterrizamos en la arena y los niños pudieron hacer le salvaje casi libremente porque no había casi gente. Jugaron con los juguetes y nos rebozaron de arena malevolamente entre risitas pícaras.

A Iván le daban respeto las olas, y eso que casi no habían, así que su tía le llevó a una lugar en el que las rocas formaban pequeños charcos ideales para los niños pequeños y bebés. Cuando se cansaron de trastear por ahí, nos movimos a una zona con orilla. Al peque le costó un poco, pero al final superó su miedo y entonces ya no quería salir del agua. Se lo pasaron genial corriendo para huir de las olitas.

Mi hermana me dijo que se quedaba con nosotros le tiempo que yo quisiera, pero he de admitir que yo me canso pronto del sol, el mar y la arena. A las dos horas me senté en mi toalla tras atender a uno de los pequeños dejándome caer y me clavé un rastrillo traicionero en el trasero. Hasta heridita me hice. No fue nada, pero me pareció una excusa perfecta para dar por terminada la excursión. Empecé a quejarme suavemente. "Aaay. Me duele bastante. Aaaaay" pero nadie me hacía caso. "Al agua, mami, al agua" me suplicaban mis retoños. Así que me fui al agua cojeando un poco y con cara de víctima dolorida. Pero siguieron sin darse por enterados. Así que tras dos chapuzones o otros tantos rebozados a cuenta de la prole decidí ser más directa. "Que me quiero iiiir".

A los niños hubo que arrastrarlos hasta el coche porque no querían dar por terminada  la excursión playera, pero, de todas formas, teníamos que volver para comer, así que mi cargo de conciencia fue bastante menor.

"Volveremos" les prometí.

domingo, 27 de julio de 2014

Las mañanas con la prima Natalia

Desde que hemos llegado hemos pasado las mañanas con mi sobrina Natalia. Entre semana porque los padres trabajan y ella va a la casa de la abuela y el finde porque fuimos a la casa rural. Mis hijos están felices jugando con ella. Han chapoteado en la piscinita de la terraza, leído en la biblioteca, jugado en el parque, luchado contra zombis en el ordenador... Y también ha habido peleas y gritos. ¡Para qué nos vamos a engañar! Pero yo creo que es lo normal. Si se llevaran bien todo el tiempo pensaría que han sido víctimas de los ladrones de cuerpos.

Creo que la mañana que mejor se lo pasaron fue cuando les di paños, fregona, brochas y estropajos y se pusieron a limpiar la casita de plástico. Fue algo bastante espontáneo y se entregaron a la tarea con mucho entusiasmo.

Era la última mañana de Natalia en casa de la abuela, porque uno de sus progenitores cogía vacaciones y ya podría dormir hasta la hora que le viniera en gana en su casita, en vez de madrugar. La vamos a echar mucho de menos por aquí las próximas mañanas.





sábado, 26 de julio de 2014

La fuente luminosa y el caos

Los niños estaban entusiasmados ante la perspectiva de ver la Fuente Luminosa llena de colores. Todos los viernes el Ayuntamiento enchufa la radio a los altavoces a partir de las nueve de la noche y se pone en marcha un miniespectáculo de chorros y colores bastante entretenido.

Les prometí llevarles porque sabía que les gustaría, pero al final del día estaba a punto de comérmelos o tirarlos por la ventana y con muy pocas ganas de ir a ningún lado. Mi madre templó ánimos y nos echó a todos a la calle imaginando que se portarían mejor que dentro de casa. Pero sus esperanzas fueron vanas. parecía que les hubieran dado un tripi. Se escapaban, no atendían a mis llamadas a grito pelado, corrían como locos... Terminé por agarrarles de la mano muy fuerte y arrastrarles conmigo todo el camino.

Una vez en la fuente la cosa no fue a mejor. A su mal comportamiento se sumó que se tiraban sobre mí y me empujaban, pisaban, clavaban codos, etc... Hartísima de la situación y de gritarles como una energúmena, me levanté y les dije: "Hemos venido a pasárnoslo bien y no es asó, por que lo mejor es irnos a casa" Para mi sorpresa se tiraron al suelo asegurando que se lo estaban pasando pipa y no querían irse. Se ve que ya se han acostumbrado a mis ataques de furia y no les estropea el día, pero a mi me dejaron muy mosca con el poco efecto de mis broncas de órdago.



viernes, 25 de julio de 2014

chuchis y orinales

Para qué vamos a engañar a nadie. La operación pañal de Iván va cuesta abajo y sin frenos. Esto tiene visos de que el próximo año va a ocurrir una catástrofe escatológica en el cole de mayores. Pero yo no me agobio. Si hay que ir a cambiarlo siete veces, pues se va. Después de todo sigo en paro y me lo puedo permitir.

Cuando le conté a mi madre los escasos progresos del más pequeño de la casa le pareció fatal y decidió tomar cartas en el asunto. "Iván, si haces pis en el orinal te doy una chuchi" le propuso "¡¡Chuchi, chuchi!!" contestó el peque entusiasmado.

Me suena que con Daniel he puesto en marcha muchas tablas de premios por objetivos y ahora tengo un niño que lo primero que hace es preguntarme que le voy a dar si hago lo que le digo. Cuando le digo que mas bien le voy a quitar ya la tenemos montada. Así que con Iván opté por no hacerlo y enseñarle que las cosas hay que hacerlas porque hay que hacerlas y ya está. Los premios se los doy gratis. Creo que sale ganado.

Aunque si mi madre quiere poner en práctica su plan no seré yo quien le frene. Los niños son muy listos y saben quien da chuchis y quien no. De hecho, cuando le llevo yo al orinal, enseguida sale corriendo en pos de su abuela para informarle de que el calzoncillo "está zequito" y recibir su Lacasito.

Por ahora sigue yendo cuando le llevamos y no lo pide. Pero la novedad está en que va camino del baño con una sonrisa en vez de pataleando.

Las chuches de la foto son un regalo de una amiga de mi madre a los chiquillos que las recibieron entusiasmados.