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sábado, 19 de marzo de 2022

El parte de la mandarina

 

"Mamá, papá. Tengo que contaros algo muy malo", nos soltó Daniel nada más venir del colegio. Por supuesto, nos echamos a temblar, "Casi me ponen un parte", añadió con gran dramatismo.

"¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!"

"Calma mamá. Ahora te lo explico. Resulta que nos estaban repartiendo mandarinas por no sé qué de la alimentación sana y tooodo el mundo se puso a romperlas y pisarlas. Y sólo porque tiré una un poquito hacia arriba un profesor empezó a echarme una bronca enorme. Luego llamó al jefe de estudios y me dijo que me iba a poner un parte y que si no le decía el nombre de mis compañeros me iba a castigar el triple.

"Y no lo dijiste, claro"

"Bueeeno, sí. pero dije que no habían hecho nada y que la culpa era mía. Que lo reconocía y que lo sentía mucho. Y la profesora de sociales me dijo que no le parecía tan grave y que le gustaba que lo hubiera reconocido. Así que, por un lado, he restado puntos con el jefe de estudios, pero por otro, he ganado con la profesora de sociales", razonó. "Además, intenté ser muy educado y respetuoso. Estoy casi seguro de que lo conseguí"

Miedo me da, porque a Daniel la chulería le sale sola y sin nada de esfuerzo. Muy a lo natural. Pero al menos lo ha intentado.

"El caso es que nos han castigado a recoger todos los trozos de naranjas..."

"Pero la tuya no se rompería, ¿no? Si sólo la tiraste flojito...", le interrumpió el padre.

"Bueeeno. Se coló por el tejado"

"¡Pero si se coló por le tejado la tuviste que tirar muy fuerte!"

"¡Era un tejado muy bajito!", se defendió apasionadamente. "Tengo a mis amigos de testigos que la tiré floja"

"Pues soy yo y si la ley lo permitiera os las hago comer", añadí yo.

"¡Quéeeee! ¿Del suelo?", alucinó el peque.

"Pues no haberlas tirado. Así ya no lo volvéis a hacer seguro", aseguré en mi papel de sargento de hierro.

"Bueeeno, bueeeeno. El caso es que al final no me han debido poner un parte porque no me han dado nada y siempre dan copia. Así que todo bien".

"Nada de todo bien. Que ni se te ocurra volver a hacer nada parecido. La próxima naranja, si no la quieres la traes para casa y ya nos la comemos nosotros. O dices que no la quieres, pero ni se te ocurra dañarla de ningún modo".

"Vale, vale. Venga que me voy a ver youtube para olvidarme del disgusto".

"Cómo que youtube. ¡Nada de youtube después de esto!"

"¿Pero si he confesado? En las pelis a los que confiesan no les pasa nada"

"Bienvenido a la vida real. Aquí hay consecuencias para todo"

"Os odio"

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La próxima vez que le entren ganas de estrellar una fruta esperamos que se lo piense dos veces.

lunes, 29 de noviembre de 2021

La trucha momificada

"Mamá, necesito huevos kinder"

"Sí, claro. Y yo un cruasan relleno de crema y con cobertura de choc..."

"Que no, mamá. Que es en serio. Los necesito para una actividad de sociales" 

Tenéis que admitir que es difícil de creer que se necesiten huevitos de chocolate para una tarea del cole, pero dejé hablar al peque y todo cobró sentido.

Necesitaba las cápsulas del plástico donde vienen las sorpresas para los órganos de una trucha que iban a momificar porque estaban dando el antiguo Egipto. ¡Wow! Como se lo curra su profesor (o profesora. Desde que está en Secundaria nos entero de nada).

Pues nada, nada. Como madre abnegada que soy compré los dos huevos que necesitaba, otros dos para su hermano (que si no iba a haber lío), uno para mí y otro para el padre (que también nos gusta el chocolate). El gran beneficiado de todo este negocio fue Iván, que se hizo con casi todas las sorpresas: unos animalitos bastante chulos. Daniel sólo quiso los dos que le tocaron a él.

Y las cápsulas, claro. Al final se llevó todas por su a alguien les hacía falta.

¡Ah! Y la trucha, que también me tocó a mí ir a comprarla porque el peque se presentó voluntario. En su descargo, tengo que decir que tenía toda la intención de ir él mismo a buscarla, pero, teniendo en cuenta que íbamos a ser entre 8 y 10 padres a la búsqueda de una trucha intacta, pensé que era mejor ir a primera hora a por ella (cuando Daniel estaba en clase). Porque estaba claro que cuanto más fresca mejor, así que la compré un día antes de la actividad.

Iba avisada por la madre de otro grupo (les había tocado un par de días antes) de que ni me molestara en ir a una pescadería, porque ya tenían todo el pescado limpio listo para servir a los clientes. La única opción eran las bandejas del hipermercado, en las que te ponían el pez entero y sin limpiar un poco más barato.

Yo iba pensando en que si no había trucha, pues tendría que ser dorada o lubina. Pero afortunadamente había trucha porque ¡vaya diferencia de precios! El caso es que volví con mi truchita bajo el brazo como un tesoro. Por cierto, tampoco podía ser descongelada, que no se qué pasa con sus órganos que no, que nos sirve. 

Me puedo imaginar cómo apestaría la clase el día D con 10 truchas esperando su momento de ser momificadas a última hora de la mañana.

El caso es que el niño estaba muy emocionado con la perspectiva de tener una trucha momia y se fue al cole la mar de feliz con su pescado.

Luego nos contó que él fue el único de su grupo que se atrevió a cortar al cadáver porque al resto les daba muchísimo asco. Luego sí que sacaron los órganos con pinzas y los metieron en los huevos kinder. Por último metieron el cuerpo en lo que supongo que será una especie de salazón para que se momificara (Sal y limonela, o algo así me dijo Daniel, pero no me acuerdo muy bien).

"En 14 días espero traer a casa la momia", exclamó entusiasmado.

He de confesar que yo espero que no.

Me explicó qué se la rifarían en los grupos para ver quien se la llevaba a casa.

Espero que Daniel no sea el afortunado porque mi pasión por los experimentos y las creaciones de mis churumbeles tiene un límite y no tardaría mucho en acabar en la basura.

¡Y que ni se le ocurra traerme un huevo kinder relleno de tripas!

Las fotos se las pasó un de sus compañeras de grupo a mi móvil. A veces mola que alguien se lleve el móvil a clase. Alguien que no sea mi hijo, claro.

lunes, 11 de octubre de 2021

El postre célula

 

Un día, Iván salió muy emocionado de clase, casi daba saltitos y todo. Se acercó a mi corriendo y me informó de que ese día el postre lo hacía él. 

Desgraciadamente su gozo cayó en un pozo cuando vio que no teníamos los ingredientes necesarios (no, no aparecen por arte de magia. Ojalá) y esa tarde me era imposible ir a comprarlos. Debatimos el tema y se decidió trasladar el postre a la tarde del viernes.


Me soltó que el plan culinario tenía algo que ver con la asignatura de naturales, pero no quiso dar más detalles, así que lo dejé estar, aunque muerta de la curiosidad.

El día señalado desplegamos los ingredientes sobre la mesa de la cocina y el peque se puso en acción.

Teníamos: gelatina tutti frutti de color verde (no encontramos azul), un kiwi amarillo, un plátano, gominolas lo más redondas posible y regaliz enrollado rojo.

La cosa empezó con la gelatina. Iván puso agua a hervir, yo pasé ese agua a un recipiente cuando cogió la temperatura adecuada (me da miedo que se le caiga encima), luego el peque echó los polvitos mientras yo removía. Tuvimos un pequeño fallo por mi culpa, ya que pensé que echando colorando azul obtendríamos el color que buscada el niño, pero lo único que conseguí fue oscurecer el verde de la gelatina original. Menos mal que Iván no me lo tomó en cuenta.

Cuando tuvimos todo bien mezclado, el chiquillo lo echó en un bol transparente. Estuvo un buen rato escogiendo el recipiente adecuado. Yo en esos momentos aún no sabía dónde quería ir a parar y le dejé trastear a gusto.

Metimos una gominola en el agua verde y a la nevera. No metimos más porque Iván quería que quedaran suspendidas y había que esperara que cogiera algo de consistencia.

Al final se nos fue un poco la bola con cosas que contaré más adelante (el juguete del gato y una sesión de lectura un poco loca) y cuando quisimos poner las gominolas parecía que aquello estaba demasiado consistente, pero al final todo resultó bien. 

Sólo había que empujar la gominola lo que se quisiera y la gelatina se cerraba lentamente sobre ella. Menos mal. Aunque teníamos plan B (otro sobre de gelatina), no le apetecía nada comenzar de nuevo desde cero.

Me encanta lo detallista que es el pequeño, hasta cortó algunas gominolas a la mitad y las puso en el borde mismo de la superficie para que el efecto fuera más chulo todavía. repito, yo aún no sabí lo que estaba haciendo y le miraba hacer muy intrigada. Al kiwi le quitó una cuarto (que me comí yo) y lo plantó en el medio. El plátano lo rayó en tiras largas y lo colocó alrededor del kiwi (yo me comí lo sobrante. No me digáis que no soy una pinche de lo más útil jajajaja). Luego colocó un regaliz enrollado en la superficie... y otro ratito a la nevera para que espese más y quede todo fijado.

Iván me preguntó si ya sabía lo que estábamos haciendo, pero yo estaba perdidísima. Es que ni idea, oye. Así que me explicó que era un representación del interior de una célula y me enseñó una foto para que me quedara más claro. Tiene asumido que yo soy de letras.

El padre y el hermano fliparon tanto como yo cuando vieron el postre. Y tampoco supieron identificar qué era a primera vista. Mientras nos lo comíamos, que, por cierto, estaba buenísimo, Iván nos pregunté por la parte de la célula que había hecho que no se podía comer y los otros dos científicos de la familia exclamaron muy seguros "¡La membrana!". Yo ni idea, así que me dediqué a seguir comiendo disimuladamente.


El miércoles le mandaremos por email una foto del postre a la profesora de naturales de Iván, que al peque le hace mucha ilusión compartir su logro con la persona que lo inspiró.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

La divertida vida de los profes

¡Por fin! Por fin he logrado hacerme con el libro de "La divertida vida de los profes", una guía muy surrealista que va en la misma línea que su predecesora "La divertida vida de las mascotas". Mis hijos habían secuestrado el ejemplar y lo hacían aparecer y desaparecer como el Guadiana por toda la casa. Lo han leído, consultado, releído, casi analizado... y poco les ha faltado para enmarcar las frases célebres como: "No te están examinando a ti. Están examinando a los profes para ver lo bien que te han enseñado". 

Las risas se podían oír por toda la casa. Y luego venían a enseñarme aquello que les había hecho tanta gracia. Así que, cuando por fin le he podido echar la zarpa encima, ya conocía mucho del contenido.

El autor mezcla una minimísima base real con imaginación y fantasía a toneladas para hacer reír a los peques y presentarles el colegio como algo más que un antro de tortura infantil (no son conscientes de la suerte que tienen al poder acudir a uno). Bueno, a los peques y no tan peques, aunque ya os aviso que hay chistes que sólo las mentes más "inocentes" apreciarán (la mía es muuuy inocente jaaaajajajajaja).

Desde las costumbres del profe común anglosajón, hasta bibliotecas de libros o pedos, pasando por los secretos más recónditos de esos lugares a los que llamamos colegios... el autor nos lleva de la mano a un viaje alucinante lleno de asombrosos personajes, simpáticos animalitos y muchas anécdotas personales descacharrantes extremadamente divertidas.

Como bien se explica al principio, este libro te hará perder todo miedo que puedas tener a acudir a tu colegio, aunque sea un centro nuevo, aunque tu profesor te imponga, aunque las clases te parezcan de lo peor... Una vez lo leas lo verás todo bajo otro prisma diferente y muy loco.

Por cierto, hablando de locuras, ¿no pensarías que bastaba con una lectura lineal? Eso sería demasiado fácil. Cada lector podrá elegir sus propios caminos según intereses personales y saltar de una páginas a otra a su gusto.

¡Ojo! Haced caso al aviso del principio. Este libro lo puede leer todo el mundo: altos, bajos, grandes, pequeños, gordos, delgados, de cualquier nacionalidad y cultura... excepto LOS PROFES. Si cae en manos de algún profe puede pasar algo parecido a cuando alimentas un gizmo después de medianoche. Luego no digas que no te han avisado...

Y no pierdas la oportunidad de dibujar un cole de cosecha propia cuando termines de leerlo. Aquí os dejo el mío:



viernes, 17 de septiembre de 2021

El sistema de almuerzos de Iván

Este año está siendo muy "especial". Daniel ya va al Instituto y juega en una liga diferente que la del hermano. Además de que está de un pavo subido que para aguantarle hay que ser su madre (y a veces ni ella lo aguanta. Lo sé de buena tinta). Otro día escribiré un post sobre esto, que se necesitan fuerzas, energías y las ideas muy clara para expresar esta etapa con palabras. Hoy me centraré en el sistema de almuerzos que se le ha ocurrido a Iván tras envidiar mucho a su hermano por poder comprarse el desayuno que quiere en el recreo.

Empecemos por el principio. Resulta que en el instituto de Daniel cuentan con cafetería y, aunque los alumnos de primero no pueden entrar porque tienen patio propio sin acceso (según mi churumbel, una especia de tierra de nadie), cuentan con un pequeño puestecito para que puedan adquirir su almuerzo cómodamente. Por supuesto, todo sano en la línea de una visión de negocios enfocada a los beneficios económicos: bolsas de patatas y similares, palmeras de chocolate, paninis... A ver qué si creéis que hay muchos adolescentes que se compran fruta de forma voluntaria para comer en el recreo. En fin, aunque no me guste la base alimenticia de esta iniciativa no me vi con fuerzas para negarle una paga de 5 euros semanales a mi hijo mayor para que fuera con los amigos a tomar a comprarse el almuerzo (porfi mami, todos lo hacen así, porfiiii). En fin, que a pesar de que estamos hablando de la friolera de 22 euros al mes de paga (A mí me parece mucho, que queréis que os diga), incluso se le queda corto, ya que el panini cuesta 1,50, la palmera 1,10 y la bolsa de patatas 0,50. Como en su mente está zamaparse un panini a la semana y el resto palmeras, ha decidido no comer uno de los días para poder conseguir sus objetivos. Por una lado lo tengo haciendo números y estrategias, que no está mal, pero por otro no me hace gracia que pase hambre y que coma tan mal todos los días.

Al que sí le ha hecho tilín el sistema ha sido al pequeño, que estuvo quejándose abiertamente porqeu él también quería una cafetería en su cole, o al menos un puestito aunque fuera pequeñito. después de una laaarga (demasiado larga) charla debate de por qué era imposible que se cumpliera su deseo llegó a la conclusión de que la solución estaba en su mano. Se sentó a desarrollar su incipiente idea y muy pronto me estaba presentando su proyecto.

Había confeccionado una lista de posibles almuerzos y sus precios "virtuales". Cada semana tendría 5 euros virtuales nuevos para gastar. Lo más sano es lo más barato y lo menos sano y apetecible lo más caro para que costara más conseguirlo (que conste que esto se le ocurrió a él. Yo no tuve nada que ver). Los productos que había apuntado, pero que no teníamos en casa y quedaban pendientes de comprar llevarían la etiqueta de "agotados" hasta que se repusieran. Y ¡plas! Me plantó la lista de precios en la nevera.

Estos tres días que llevamos con este sistema ha pedido sandwiches porque, como ya he comentado en alguna ocasión, mi peque es una reencarnación del tío Gilito y es más feliz con el dinero en la mano que gastándolo, aunque ese dinero sólo exista en nuestra imaginación. Supongo que la próxima semana, que arranca con 5 euros más el euro y medio ahorrado de ésta (que comenzó el miércoles por lo que recibió sólo 3 euros), se anime a darse algún capricho. O los caprichos se me van a acabar caducando.

El caso es que me encanta el sistema que se ha inventado. Bravo por su enorme creatividad y resolución a la hora de conseguir sus objetivos.

martes, 10 de noviembre de 2020

Apprender.com como apoyo extraescolar digital

Ponernos las pilas con la brecha digital ha pasado de necesario a urgente en estos tiempos. La espada de Damocles del confinamiento pende de nuevo sobre nuestras cabezas por mucho que estiremos plazos. Y aunque no llegue nunca a caer (esperemos que no haga falta), lo que se ha demostrado en la anterior cuarentena, que vivimos a partir de marzo, fue que la educación digital es un medio natural para nuestros hijos. Los peques languidecen ante libros de textos y reviven delante de una pantalla con contenidos educativos. Está claro qué es lo que les motiva. Y también que debe de existir un equilibrio. No pueden vivir siempre delante de una pantalla (estudios y ocio), pero no podemos dejar de apoyarnos en la tecnología y más en estos tiempos con tanto riesgo de contagio. Por eso, nosotros buscamos apoyo en apps y juegos online cuando vemos que alguna materia se les atraganta a nuestros peques. Es una manera de motivarles que nunca falla. Por ejemplo, odian el inglés, pero ponles delante de un videojuego. Verás lo rápido que se hacen con el idioma para poder llegar a la victoria.

Esto que os cuento es muy eficaz, pero un robatiempos. Primero tenemos que detectar el problema, luego buscar la herramienta más acorde según las necesidades, que trabaje los contenidos de su asignatura y nivel, etc... Pues hay una plataforma de contenidos educativos maravillosa que nos ayuda a encontrar las apps adecuadas para complementar la educación académica de los niños: apprender, de la que ya te hablé en el post Apprender.sm, un viaje alucinante al conocimiento a través de juegos y tecnología.

Puedes entrar para informarte sobre la fantástica idea que se les ha ocurrido para ayudar a familias y profesores con la educación de los alumnos. Con el plan Apprender Repasando dan la posibilidad de una tarifa plana que te permite el acceso a todas sus apps y su equipo pedagógico. Las app se pueden filtrar por materias, cursos e idiomas y su eficacia y contenidos esta testados por SM, una editorial con una gran experiencia en el ámbito de la educación.

A través de Apprender tenemos acceso a apps y contenido digital desde Infantil a Secundaria: fiable; controlado, sin publicidad y sin compras accidentales; guiado, para poder acompañaros en el aprendizaje y dar respuesta a todas las dudas; y motivador y entretenido, ya que todas las actividades son juegos y retos.

Nosotros hemos probado algunas de sus apps, pero la que más ha triunfado, por ahora, ha sido M.A.R.S:, para repasar en verano. Es una opción divertidísima para estudiar en verano. Lo cierto es que no tuve que insistir nada a los niños estos dos últimos veranos para que se pusieran manos a la obra. Cuando me despistaba ya los tenía con la tablet resolviendo problemas, leyendo extractos o respondiendo preguntas. Nos ha dado un resultado muy bueno y este verano tenemos claro que vamos a adquirir los de este curso para ambos. En el post de Apprender.sm, un viaje alucinante al conocimiento a través de juegos y tecnología, te hablo un poco de esta App, pero también puedes leer M.A.R.S. Misión Aprender Repasando con SM, con más datos sobre ella.

Para los peques va a ser una tentación estudiar de esta forma, con apps interactivas, de realidad aumentada, inteligencia artificial... Así, estudiar comienza a tener otro significado para ellos y convertirse en algo interesante a sus ojos. Si casi te dan ganas a ti de ponerte a investigar y jugar como ellos.

Además, la plataforma facilita a los padres y profesores control y seguimiento de la actividad y uso en los dispositivos móviles que han realizado los niños para estar al tanto y tener un plan personalizado. Por supuesto, ponen a nuestra disposición un servicio tecnopedagogo para responder todas nuestras dudas. La verdad es que lo veo muy completo.

Por lo menos, en lo que respecta a mis hijos, son mucho más receptivos cuando hay un dispositivo digital de por medio.

lunes, 4 de mayo de 2020

Regalacuento y su cuento personalizado gratis para toda la clase (Ahora Duendeo)

ACTUALIZACIÓN: Regalacuento ha cambiado de nombre. Tenían uno muy bonito, pero ahora tienen otro aún más ilusionante y simpático: Duendeo.

Lo que no cambiado es la calidad de sus cuento personalizados. Bueno, sí. Ha aumentado, si cabe.

Si estáis buscando un regalos personalizado, mágico y muy especial echad un vistacito a su web. Seguro que os sorprenden gratamente.
FIN DE LA ACTUALIZACIÓN.

Aunque sea con la sombra de la cuarentena, durante los dos primeros trimestres nuestros hijos han tomado y dejado mucho de ellos mismos en las aulas de su colegio y un documento que recoja esas vivencias se convertirá en uno de sus más valorados tesoros. Eso, y las ganas de tener un detalle con los que hacen posible que abran sus horizontes de conocimiento y pensamiento crítico con mucho, muchísimo, esfuerzo, tanto en los colegios como ahora desde las casas de cada uno, convierten el regalo de los chicos de Regalacuento en un auténtico tesoro: un cuento soñado entre toda la clase. Un cuento que lleva por título "Mejores amigos" y que vamos a poder disfrutar completamente gratis en su versión digital, descargable en PDF.

Como me acuerdo de las fantásticos personajes que nos encontramos en la fiesta del cuento de Regalacuento. Sobre todo de Fabulón, un duende entrañable que se encarga de la gestión de sueños especiales para plasmarlos en libros recuerdo aún más especiales. Como el que nos regalaron en aquella ocasión en el que todas las blogueras allí reunidas ya habíamos soñado que nos conocíamos. ¡Que bonito!

¿Y a santo de qué viene todo esto? Seguro que os estáis preguntando (o no). Pues porque Fabulón nunca para de entretejer ilusiones y fantasías para hacernos felices y en esta ocasión, a él y a los chicos de Regalacuento, se les ha ocurrido una idea fabulosa para que este fin de curso no sea triste y solitario por culpa de la crisis de coronavirus.

Puede que los niños tengan que estar en casa para ayudar a acabar con la cuarentena lo antes posible y que los colegios estén tan inusualmente tristes y silenciosos, pero los sueños  y la ilusión de los peques siguen ahí: en los ecos de sus juegos, en los susurros de respuestas contestadas (bien, mal y regular), en las reverberaciones de sus risas, sus gritos y sus ocurrencias. En las pinturas, collages, manualidades y carteles con firmas infantiles expuestos en paredes y pasillos. En las lecciones de los maestros que enseñan y aprenden día a día para dar lo mejor de sí mismos en todo momento... Y en un millón de preciosos detalles más.

Vamos a recoger todo eso recorriendo con la imaginación los pasillos y las aulas, ahora vacíos, y vamos a plasmarlo en una maravilloso cuento en el que todos los niños y sus maestros sean los protagonistas absolutos. Un libro hecho de lazos fuertes y semillas que se van sembrando cada día y que seguramente darán lugar a fuertes raíces. Cuando lo ojeemos dentro de unos años nos devolverá los recuerdos buenos y las sonrisas más bonitas de este curso. Y todo gracias a que regalacuento nos lo regala en digital y PDF.

¿Lo quieres? ¿Quieres poner luz y alegría a la clase de tus peques? Pues puedes empezar pinchando en el enlace en el que comenzaremos a construir este retazo de recuerdo imborrable...


lunes, 25 de noviembre de 2019

Taller de Circo con De Kolores

El viernes fuimos a un taller flipante, ¡uno de circo! Sonaba genial. En cuanto me enteré de que el AMPA lo tenía previsto apunté a los peques sin perder tiempo y luego les pregunté si querían ir, no vaya a ser que se quedaran sin plaza. La cosa era demasiado golosa.

No hubo problema porque enseguida se interesaron por el tema. ¡Vaya si querían ir! Estaban deseándolo. Cuando llegó el día, casi corrían hacia el colegio, un hecho histórico, porque normalmente van arrastrando los pies.

Encima, allí se encontraron con amigos, lo que hizo la experiencia aún más gratificante.

Los chicos de De Kolores habían montado un circuito la mar de chulo, con tres atracciones principales y tres montañitas de pelotas malabares, aros y pañuelos ultraligeros para que eligieran libremente como jugar. Las montañitas servían para aligerar las esperas en las otras atracciones, sobre todo la que más llamaba la atención con diferencia, una especie de columpio, pero que en vez de sillitas colgaban unas vistosas telas en las que se podían hacer acrobacias chulísimas.

Antes de comenzar, los monitores sentaron a todos los peques para exponerles lo que iban a hacer, darles indicaciones y recordarles algunas normas de comportamiento sencillas y lógicas que, por supuesto, luego hubo quien no siguió y así pasó, que colgaron elementos de malabares en lugares inaccesibles.

Cuando mostraron con ejemplos de que iban las actividades los peques flipaban y aplaudían emocionados deseando que les tocara el turno. Las dos atracciones principales eran una pelota gigante sobre la que andar y la cuerda floja.

En cuanto les dieron la señal los chiquillos corrieron hacia sus objetos de deseo, que principalmente era el columpio de telas. Se los veía jugar muy alegremente y hacer sus pinitos con las acrobacias con la asistencia de los monitores, que eran muy majos.

La verdad es que tuvieron un detallazo al alargar el taller para que todos pudieran subirse a las telas. Fue una hora y media muy intensa de mucho deporte físico para los peques que lo disfrutaron a lo grande. A pesar de ser tantos, no hubo ningún conflicto importante.

Aunque hubo que lamentar la pérdida de material por uso indebido como ya comenté antes. Los monitores les echaron una pequeña y muy merecida charlita sobre la conveniencia de seguir las sencillas instrucciones para que todo salga bien porque a nadie le gusta que les pierdan o rompan sus juguetes. ¿A que no?

Estos chicos organizan extraescolares de circo en colegios e institutos y también se encargan de amenizar fiestas de cumpleaños, comuniones. bodas... Ojalá salga un extraescolar así en nuestro cole, me parece ideal para que los peques quemen energías y desarrollen mejor control motor, porque van por la vida como elefantes en una cacharrería.