El lunes era fiesta para Raúl porque trabaja en una universidad, así que hemos aprovechado para dar una salto a Elda y visitar a los bisabuelos. Para ellos es un soplo de aire fresco que sus biznietos les vuelvan la casa del revés.
Si algo tiene este pueblo (que en realidad es una una ciudad) son fabulosos parques infantiles. Los chiquillos los han pasado en grande columpiándose en las telas de araña, visitando barcos y castillos, subiendo en lomos de un dinosaurio, explorando una isla desierta, volando en tirolina, conduciendo una grúa... Incluso, Daniel salvó a mamá que estaba atrapada en una red. Por supuesto, la Rana Tana participó en la diversión. De eso se trata la actividad de clase. Hay que llevarla con nosostros a todos los lados y después contar la experiencia.
Teníamos que sacar de la casa a los chiquitines cada cierto tiempo, porque son unos terremotos y todo lo tocaban, todo lo querían, en todo se subía... ¡Un estres! Aunque los bisas encantados. Y cómo son tan cariñosos se les caía la baba con sus besos y abrazos. Les dio muchísima pena cuando llegó el momento de la despedida. En vez de desearnos un buen viaje nos preguntaron que cuando volvíamos.
martes, 29 de enero de 2013
domingo, 27 de enero de 2013
Premio Siete cosas sobre mí
Gracias Araceli, de La vida con David, por acordarte de mí a la hora de repartir este premio. Un galardón que está destinado a conocernos mejor entre nosotros porque consiste en decir siete cosas sobre una misma.
Me encanta el blog de esta mamá. Nos cuenta muchísimas cositas prácticas, trucos, juegos y consejos para criar a nuestros peques, entremedias nos regala anécdotas que hacen sonreir, retazos de su vida, mensajes maravillosos... Es mejor leerlo a que yo lo cuente.
Ahora toca decir siete cosas sobre mí. Es muy difícil porque ya he ido describiéndome a mi mima en varias ocasiones durante estos tres años. A ver si me exprimo el cerebro un poco.
1. Soy una persona de buenas intenciones. ¡Y eso es malo!
2. Me encanta hablar con la gente que me voy encontrando por el camino... Demasiado jeje
3. El caos no es nada al lado mío
4. Mis hijos son demasiado listos y tengo que estar con los cinco sentidos alerta para que no me la líen parda.
5. Tengo un marido que también está lleno de buenas intenciones. ¡Que peligro!
6. Me encanta el color amarillo, pero me sienta fatal en la ropa.
7. Últimamente, meto la pata cada vez que hablo. Quiero decir una cosa, me expreso fatal y mi interlocutor entiende otra distinta. Menos mal que hasta ahora sólo he producido risas y no ofensas. ¿Será porque no duermo lo suficiente?
Ahora toca repartirlo a siete blogs:
- Mamá de Parrulín
- Las cositas de Lucita
- Star en rojo
- 39 semanas y...
- La nave de V
- Azul celeste
- Diario de una familia con adolescentes. Un minuto en la vida
Me encanta el blog de esta mamá. Nos cuenta muchísimas cositas prácticas, trucos, juegos y consejos para criar a nuestros peques, entremedias nos regala anécdotas que hacen sonreir, retazos de su vida, mensajes maravillosos... Es mejor leerlo a que yo lo cuente.
Ahora toca decir siete cosas sobre mí. Es muy difícil porque ya he ido describiéndome a mi mima en varias ocasiones durante estos tres años. A ver si me exprimo el cerebro un poco.
1. Soy una persona de buenas intenciones. ¡Y eso es malo!
2. Me encanta hablar con la gente que me voy encontrando por el camino... Demasiado jeje
3. El caos no es nada al lado mío
4. Mis hijos son demasiado listos y tengo que estar con los cinco sentidos alerta para que no me la líen parda.
5. Tengo un marido que también está lleno de buenas intenciones. ¡Que peligro!
6. Me encanta el color amarillo, pero me sienta fatal en la ropa.
7. Últimamente, meto la pata cada vez que hablo. Quiero decir una cosa, me expreso fatal y mi interlocutor entiende otra distinta. Menos mal que hasta ahora sólo he producido risas y no ofensas. ¿Será porque no duermo lo suficiente?
Ahora toca repartirlo a siete blogs:
- Mamá de Parrulín
- Las cositas de Lucita
- Star en rojo
- 39 semanas y...
- La nave de V
- Azul celeste
- Diario de una familia con adolescentes. Un minuto en la vida
sábado, 26 de enero de 2013
El día de La Paz en la guardería
Ayer celebraron el día de La Paz en la guardería de Iván. Curiosamente, el miércoles los celebran en el colegio de Daniel. Se ve que cada uno lo celebra cuando mejor le viene.
El caso es que mi bebé iba guapísimo de blanco angelito, aunque, paradójicamente, se ha levantado con el espíritu guerrero y no ha encontré con una agradable sorpresa. El centro había regalado a los peques un libro y un cd de música. El cd todavía no lo hemos escuchadoe protestar y berrear en todo momento. ¿Estará incubando algo?
Daniel también ha tenido su ratito de perreta porque no quería ir a la piscina. Hoy se lo pasa bien, mañana se aburre muchísimo aprendiendo a nadar, pasado la odia, y al siguiente es genial chapotear con su profe. Me está volviendo loca. A lo mejor es que también está incubando algo y tenemos fiesta de virus este finde. Espero que no.
El mayor tiene que ir con una camiseta naranja de unos de sus progenitores para que se la pongan encima del abrigo. A cada clase se le ha asignado un color diferente. Supongo que harán alguna coreografía en el patio. Él está emocionado porque se acerca el cumpleaños de una tal Paz.
Cuando fui a por Ivan me encontré una agradable sorpresa. En el centro le habían regalado a los peques un libro y un cd de música. No nos ha dado tiempo de escuchar el cd, pero el librito le ha fascinado a mi hijo mayor. Es pequeñito y tiene figuras desencajables. Ha edtado un buen rato jugando con él.
El caso es que mi bebé iba guapísimo de blanco angelito, aunque, paradójicamente, se ha levantado con el espíritu guerrero y no ha encontré con una agradable sorpresa. El centro había regalado a los peques un libro y un cd de música. El cd todavía no lo hemos escuchadoe protestar y berrear en todo momento. ¿Estará incubando algo?
Daniel también ha tenido su ratito de perreta porque no quería ir a la piscina. Hoy se lo pasa bien, mañana se aburre muchísimo aprendiendo a nadar, pasado la odia, y al siguiente es genial chapotear con su profe. Me está volviendo loca. A lo mejor es que también está incubando algo y tenemos fiesta de virus este finde. Espero que no.
El mayor tiene que ir con una camiseta naranja de unos de sus progenitores para que se la pongan encima del abrigo. A cada clase se le ha asignado un color diferente. Supongo que harán alguna coreografía en el patio. Él está emocionado porque se acerca el cumpleaños de una tal Paz.
Cuando fui a por Ivan me encontré una agradable sorpresa. En el centro le habían regalado a los peques un libro y un cd de música. No nos ha dado tiempo de escuchar el cd, pero el librito le ha fascinado a mi hijo mayor. Es pequeñito y tiene figuras desencajables. Ha edtado un buen rato jugando con él.
viernes, 25 de enero de 2013
Comiendo solito
He decidido dar un paso más en cuanto ala alimentación del bebé se refiere. En realidad, en la guardería llevan haciendo esto bastante tiempo, pero yo no me había animado hasta ahora. Sabía lo que iba a pasar y me hacía la remolona.
Ha llegado el momento de sumar autonomía a las necesidades básicas del bebé: Iván ya come solito en la trona. Evidentemente no es capaz de acertar con la cuchara rellena de puré en la boca. me refiero a Jamón de york, croquetas, salchichas, tortilla... Con sus deditos busca los trozos de alimento y los engulle con gula.
Resultado de esta decisión: gatos más gordos. Sabía que en cuanto se cansase de comer se dedicaría a practicar su puntería. Y que los felinos no desaprovecharían esta oportunidad única de conseguir bocados exquisitos.
Me temo que, hasta el momento, le divierte más alimentar a sus mascotas que a sí mismo, pero seguiremos insistiendo en el tema.
Ha llegado el momento de sumar autonomía a las necesidades básicas del bebé: Iván ya come solito en la trona. Evidentemente no es capaz de acertar con la cuchara rellena de puré en la boca. me refiero a Jamón de york, croquetas, salchichas, tortilla... Con sus deditos busca los trozos de alimento y los engulle con gula.
Resultado de esta decisión: gatos más gordos. Sabía que en cuanto se cansase de comer se dedicaría a practicar su puntería. Y que los felinos no desaprovecharían esta oportunidad única de conseguir bocados exquisitos.
Me temo que, hasta el momento, le divierte más alimentar a sus mascotas que a sí mismo, pero seguiremos insistiendo en el tema.
jueves, 24 de enero de 2013
Tercera opinión
Cuando le conté a Raúl la situación "Virus boca, mano, pie" me aconsejó que fuera a la consulta del pediatra sin tener hora para pedirle el certificado. Así lo hice, pero mi pediatra no estaba. Al principio maldecí mi suerte, pero luego pensé en positivo. Si le mira otra pediatra tendré una tercera opinión. Quien sabe si la médico de mis hijos se había equivocado. ¡Cualquiera puede tener un error! Muy contenta con la nueva perspectiva le conté mi problema a la sustituta. La facultativa levantó una ceja y muy seria me dijo que tenía que ir al mostrador a pedir hora por urgencias aunque realmente el caso le parecía una tontería.
Me dieron la cita y con toda mi vergüenza y disculpándome hasta el infinito pasé antes que otras madres con niños realmente enfermos. La sustituta volvió a examinar a Iván y diagnosticó "granitos en la zona bucal causados por dermatitis atópica". Me mandó que le pusiera una crema hidratante en la zona afectada y me despachó en cuanto me entregó el certificado firmado por su puño y letra. Ya tenía en mis manos la llave para que mi hijo pudiera entrar a la guardería al día siguiente.
Cuando lo llevé a la guardería las chicas recogieron el justificante y fueron muy amables. Me aseguraron que era el protocolo del centro y que ellas estaban obligadas a seguirlo. Comprensible.
Pensando que todo había acabado me dispuse a trasladarme al centro para realizar unas gestiones que ya no podía seguir postergando. Me encontraba esperando que me atendieran en el banco cuando sonó el móvil. Lo descolgué angustiada. A ver si esta vez le han pegado el virus de verdad.
Pero no, resulta que el pequé se había pegado un trastalazo y se había hecho una brecha en el ojo. Me agobié muchísimo pensando en que el chiquitín pudiera estar sangrando como un becerro y yo tenía al menos una hora por delante hasta llegar a la guardería y llevarlo al centro de salud. Mi imaginación me jugó una mala pasada, porque mi interlocutora enseguida le quitó hierro al asunto. Me explicó que se trataba de una pequeña rajita en el párpado, que le iban a poner hielo para que no se le hinchara y que ellos preferían llamar a los padres para avisarles de estos accidentes. ¡Y yo también prefiero que me llamen!
Sopesé si ir a la guardería a por Iván o seguir con los papeleos. Si la cuidadora decía que el niño estaba alegre, que sólo había llorado un poquito al darse el golpe y que no era necesario realizar ninguna cura me decanté por terminar de una vez con las dichosas gestiones que llevaba intentando realizar desde el lunes. Quien sabe lo que pasará mañana y si podré volver al centro para reanudar mi labor. Con la dinámica que estamos siguiendo esta semana seguro que me llaman del cole del mayor porque tiene fiebre o algo así.
Intranquila y sintiéndome la peor madre del mundo decidí seguir adelante con las obligaciones que me había impuesto hoy.
Cuando fui a recogerle me lo encontré dormidito apaciblemente en su colchoneta. Una de las cuidadoras me aseguró que casi ni había llorado y que el golpe, en realidad, no fue muy fuerte, aunque sí aparatoso y en un mal sitio: muy cerquita del ojo. Le habían puesto suero con una gasa y me aconsejaron hacer lo mismo en casa.
Mi chiquitín se despertó muy contento de ver a mamá a su lado y salió dando saltitos de la clase en busca de su sillita.
Me dieron la cita y con toda mi vergüenza y disculpándome hasta el infinito pasé antes que otras madres con niños realmente enfermos. La sustituta volvió a examinar a Iván y diagnosticó "granitos en la zona bucal causados por dermatitis atópica". Me mandó que le pusiera una crema hidratante en la zona afectada y me despachó en cuanto me entregó el certificado firmado por su puño y letra. Ya tenía en mis manos la llave para que mi hijo pudiera entrar a la guardería al día siguiente.
Cuando lo llevé a la guardería las chicas recogieron el justificante y fueron muy amables. Me aseguraron que era el protocolo del centro y que ellas estaban obligadas a seguirlo. Comprensible.
Pensando que todo había acabado me dispuse a trasladarme al centro para realizar unas gestiones que ya no podía seguir postergando. Me encontraba esperando que me atendieran en el banco cuando sonó el móvil. Lo descolgué angustiada. A ver si esta vez le han pegado el virus de verdad.
Pero no, resulta que el pequé se había pegado un trastalazo y se había hecho una brecha en el ojo. Me agobié muchísimo pensando en que el chiquitín pudiera estar sangrando como un becerro y yo tenía al menos una hora por delante hasta llegar a la guardería y llevarlo al centro de salud. Mi imaginación me jugó una mala pasada, porque mi interlocutora enseguida le quitó hierro al asunto. Me explicó que se trataba de una pequeña rajita en el párpado, que le iban a poner hielo para que no se le hinchara y que ellos preferían llamar a los padres para avisarles de estos accidentes. ¡Y yo también prefiero que me llamen!
Sopesé si ir a la guardería a por Iván o seguir con los papeleos. Si la cuidadora decía que el niño estaba alegre, que sólo había llorado un poquito al darse el golpe y que no era necesario realizar ninguna cura me decanté por terminar de una vez con las dichosas gestiones que llevaba intentando realizar desde el lunes. Quien sabe lo que pasará mañana y si podré volver al centro para reanudar mi labor. Con la dinámica que estamos siguiendo esta semana seguro que me llaman del cole del mayor porque tiene fiebre o algo así.
Intranquila y sintiéndome la peor madre del mundo decidí seguir adelante con las obligaciones que me había impuesto hoy.
Cuando fui a recogerle me lo encontré dormidito apaciblemente en su colchoneta. Una de las cuidadoras me aseguró que casi ni había llorado y que el golpe, en realidad, no fue muy fuerte, aunque sí aparatoso y en un mal sitio: muy cerquita del ojo. Le habían puesto suero con una gasa y me aconsejaron hacer lo mismo en casa.
Mi chiquitín se despertó muy contento de ver a mamá a su lado y salió dando saltitos de la clase en busca de su sillita.
miércoles, 23 de enero de 2013
La Rana Tana se queda una semana con nosotros
La mascota de la clase ha venido a visitarnos durante toda una semana. En ese tiempo tenemos que jugar mucho con ella y contar nuestra experiencia en un archivo de clase acompañando el texto con fotos.
Daniel estaba contentísimo. "Quiero dormir con la rana Tana" fue lo primero que me dijo abrazando el maltrecho peluche. El pobre había pasado ya por unos cuantos hogares y se notaba el sobeteo.
Esa tarde mi peque se empeñó en tener al animalillo de trapo a su lado en todo momento. "La rana Tana quiere ver Spidermán", "La Rana Tana quiere cenar", "¡A Tana le gusta mucho la tortilla! Ummm", "Tana quiere un cuento"... Y así hasta que les arropé en la camita para que tuvieran dulces sueños.
A la mañana siguiente, el niño se levanto chillando y llorando porque no encontraba a la rana. El peluche estaba a los pies de la cama en una postura imposible. Daniel la abrazó en seguida y expresó su deseo de llevarla con él al cole. Le expliqué que no podía ser, pero que no se preocupara porque iba a estar con nosotros hasta el próximo martes. Se conformó y le dio un beso a su preciado tesoro antes de salir de casa.
Daniel estaba contentísimo. "Quiero dormir con la rana Tana" fue lo primero que me dijo abrazando el maltrecho peluche. El pobre había pasado ya por unos cuantos hogares y se notaba el sobeteo.
Esa tarde mi peque se empeñó en tener al animalillo de trapo a su lado en todo momento. "La rana Tana quiere ver Spidermán", "La Rana Tana quiere cenar", "¡A Tana le gusta mucho la tortilla! Ummm", "Tana quiere un cuento"... Y así hasta que les arropé en la camita para que tuvieran dulces sueños.
A la mañana siguiente, el niño se levanto chillando y llorando porque no encontraba a la rana. El peluche estaba a los pies de la cama en una postura imposible. Daniel la abrazó en seguida y expresó su deseo de llevarla con él al cole. Le expliqué que no podía ser, pero que no se preocupara porque iba a estar con nosotros hasta el próximo martes. Se conformó y le dio un beso a su preciado tesoro antes de salir de casa.
martes, 22 de enero de 2013
Cuidadoras versus pediatra ¡y yo en medio!
El lunes llegué a la guardería y me llevé una gran sorpresa. Las cuidadoras me dijeron que había suelto un virus al que llaman "boca, mano, pie" y que Iván lo tenía porque le habían salido unos granos alrededor de la boca. Como era altamente contagioso me dijeron que me lo tenía que llevar de nuevo a casa. Añadieron que lo mejor era que me lo quedar una semana y que se lo llevara a la pediatra. Intenté explicarles que probablemente era una reacción ala vacuna de varicela que le puse el viernes o por su piel sensible, pero ni me escuchaban. Seguían empecinadas en que mi bebé no podía quedarse.
Me quedé atónita. Obediente deshice al camino hasta casa parando en la frutería y en la pollería para adquirir los ingredientes de su puré. Cuando llegué a casa reaccioné y me entró el ataque de rabia. ¡El niño estaba como una rosa! Se subía a la tapa del lavavajillas como un campeón, me sacaba la ropa de la lavadora metódicamente, me metía juguetes en la secadora tan habilmente como siempre, trepaba temerariamente por el sofá, acosaba a los gatos, me disputaba el cepillo y el recogedor, sacaba de su sitio todo lo que yo ordenaba y podía alcanzar, si no podía alcanzarlo lloraba como un energúmeno... ¡Vamos! que no me dejó hacer nada. Sólo pude avanzar algo durante su siesta y teniendo cuidado para que no se despertara con el ruido.
Esa misma tarde me dieron cita en el centro de salud. Lo llevé con la seguridad de que la pediatra me iba a echar la bronca. ¡Y acerté!. En cuanto empezó a reprocharme que siguiera llevando niños sanos a su consulta, le eché la culpa a las cuidadoras como una cobarde. Le aseguré que me habían metido el miedo en el cuerpo con el virus "boca, mano, pie".
"¿¿Pero si no tiene granos ni en las manos ni en los pies?? ¿¿No lo ves?? ¿¿Quienes son ellas para diagnosticar?? Si les vas a hacer más caso a ellas que a mí dimito. Además los granos de la boca tienen que estar en el paladar, no fuera. Esto no es motivo para que un niño no vaya a la guardería" Mientras crecía la indignación de la facultativa la mía también.
Al día siguiente, llegué a la guardería dispuesta a transmitir el mensaje de mi pediatra palabra por palabra. Pero la chica con la que hable me aseguró que quince años de experiencia le daban derecho a distinguir unas enfermedades de otras y que la que no tenía ni idea era mi pediatra.
El caso es que la que no tiene ni idea soy yo. Y estoy un poco cansada de ser la pelota de tenis de cuidadoras y pediatra. Si unas me dicen que le tengo que llevar al médico porque tiene tal síntoma, le llevaré al médico por si acaso, aunque hasta ese mismo momento no hubiera pensado que fuera importante. Lo que me fastidia es que piensen que por estar en paro me estoy rascando la barriguita en casa. Si fuera así, no tendría al niño en la guardería y no me gastaría el dinero tontamente.
El caso es que en la guardería se lo han tomado muy a pecho porque me han llamaron poco después para decirme que la pediatra del centro había examinado a mi hijo y había dictaminado que tenía el dichoso virus y que no me admiten al niño hasta que mi pediatra me firme un certificado de que no es contagioso. "Los dos primeros días es muy contagioso" me dice amablemente mi interlocutora. "Pues ya han pasado cuatro desde que le apareció el primer granito" le contesto yo ya un poco quemada. "Bueeeeno, pero por si acaso...". Lo dicho, se creen que me quedo en casa para rascarme la barriga.
No he conseguido hora hasta mañana por la tarde, así que mañana tengo aquí de nuevo a Godzilla. ¡Vaya tira y afoja y yo por medio! Si viera que el niño está enfermo soy la primera que se lo queda en casa, lo mima, lo arrulla y que se pare el mundo, pero cuando el peque está tan alegre y activo como siempre, no entiendo por qué no puede estar en la guardería.
Me quedé atónita. Obediente deshice al camino hasta casa parando en la frutería y en la pollería para adquirir los ingredientes de su puré. Cuando llegué a casa reaccioné y me entró el ataque de rabia. ¡El niño estaba como una rosa! Se subía a la tapa del lavavajillas como un campeón, me sacaba la ropa de la lavadora metódicamente, me metía juguetes en la secadora tan habilmente como siempre, trepaba temerariamente por el sofá, acosaba a los gatos, me disputaba el cepillo y el recogedor, sacaba de su sitio todo lo que yo ordenaba y podía alcanzar, si no podía alcanzarlo lloraba como un energúmeno... ¡Vamos! que no me dejó hacer nada. Sólo pude avanzar algo durante su siesta y teniendo cuidado para que no se despertara con el ruido.
Esa misma tarde me dieron cita en el centro de salud. Lo llevé con la seguridad de que la pediatra me iba a echar la bronca. ¡Y acerté!. En cuanto empezó a reprocharme que siguiera llevando niños sanos a su consulta, le eché la culpa a las cuidadoras como una cobarde. Le aseguré que me habían metido el miedo en el cuerpo con el virus "boca, mano, pie".
"¿¿Pero si no tiene granos ni en las manos ni en los pies?? ¿¿No lo ves?? ¿¿Quienes son ellas para diagnosticar?? Si les vas a hacer más caso a ellas que a mí dimito. Además los granos de la boca tienen que estar en el paladar, no fuera. Esto no es motivo para que un niño no vaya a la guardería" Mientras crecía la indignación de la facultativa la mía también.
Al día siguiente, llegué a la guardería dispuesta a transmitir el mensaje de mi pediatra palabra por palabra. Pero la chica con la que hable me aseguró que quince años de experiencia le daban derecho a distinguir unas enfermedades de otras y que la que no tenía ni idea era mi pediatra.
El caso es que la que no tiene ni idea soy yo. Y estoy un poco cansada de ser la pelota de tenis de cuidadoras y pediatra. Si unas me dicen que le tengo que llevar al médico porque tiene tal síntoma, le llevaré al médico por si acaso, aunque hasta ese mismo momento no hubiera pensado que fuera importante. Lo que me fastidia es que piensen que por estar en paro me estoy rascando la barriguita en casa. Si fuera así, no tendría al niño en la guardería y no me gastaría el dinero tontamente.
El caso es que en la guardería se lo han tomado muy a pecho porque me han llamaron poco después para decirme que la pediatra del centro había examinado a mi hijo y había dictaminado que tenía el dichoso virus y que no me admiten al niño hasta que mi pediatra me firme un certificado de que no es contagioso. "Los dos primeros días es muy contagioso" me dice amablemente mi interlocutora. "Pues ya han pasado cuatro desde que le apareció el primer granito" le contesto yo ya un poco quemada. "Bueeeeno, pero por si acaso...". Lo dicho, se creen que me quedo en casa para rascarme la barriga.
No he conseguido hora hasta mañana por la tarde, así que mañana tengo aquí de nuevo a Godzilla. ¡Vaya tira y afoja y yo por medio! Si viera que el niño está enfermo soy la primera que se lo queda en casa, lo mima, lo arrulla y que se pare el mundo, pero cuando el peque está tan alegre y activo como siempre, no entiendo por qué no puede estar en la guardería.
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