Este fin de semana, hemos aprovechado el buen tiempo y nos hemos ido de excursión al campo. Más concretamente a la zona de La Barranca. No lo conocía y me encantó. Los paisajes eran alucinantes y pasear una verdadero placer.Raúl no perdió la oportunidad de hacer su safari fotográfico personal para seguir subiendo fotos en el portal sobre naturaleza del que es miembro. Una pena que yo hubiera sacado la tarjeta de memoria para bajar fotos al ordenador y se me hubiera olvidado volver a ponerla en su sitio. Sin perder la calma, Raúl se conformó con el móvil.
Mientras tanto, los niños jugaban con palos, piedras, piñas y todo lo que encontraban por el camino. No pararon de correr y saltar en toda la mañana. Metieron los pies en un reguero de agua que bajaba por el camino y que provenía de la nieve derritiéndose, se cayeron en más de una ocasión, casi se sacan un ojo con el palo de turno...
Me llamó la atención que no les atrajera lo más mínimo los restos de escarcha que encontrábamos en los rincones más fríos y oscuros de la maleza. Preferían el musgo y tirar piedras a los embalses. Por cierto, un pobre pato salió escaldado por ponerse en medio de la trayectoria de uno de los proyectiles que tiró Iván y ahí se acabó el tirar piedras a los embalses.
Admito que ese día yo no estaba muy católica y no lo disfruté tanto, ni tuve la paciencia que requerían ciertos momentos. Aún así, el sitio era tan bonito que nos quedamos con ganas de más. Volveremos seguro.














