lunes, 7 de julio de 2014

¡Con la NASA de Robledo viajamos al espacio!

Hace un tiempo leí en La bichera un post muy interesante que me descubría un lugar nuevo y maravilloso para visitar con mis hijos: El centro de entrenamiento y visitantes de La NASA en Robledo. Y tengo otros cuantos sitios más apuntados de los que nos habla esta mami incansable. Su blog es todo un descubrimiento.

Resulta que La NASA tiene tres complejos de comunicaciones con el espacio profundo en el mundo: uno en California, otro en Camberra y un tercero en Madrid. Están a distancias equidistantes que aseguran una comunicación constante con los satélites y dispositivos que tienen en el espacio independientemente de la rotación de la tierra. ¡Fascinante! Tanto que mis hijos aguantaron dos de las tres películas que nos pusieron clavados en sus asientos y molestando a la otra pareja que había de público con sus incesantes preguntas: "¿Y eso que es? ¿Y ahora que hace? ¿Y que planeta es ese?...".

Fondo: www.freepik.es
El museo espacial es extremadamente pequeño, pero da para mucho. Los niños quedaron fascinados con las antenas que se veían desde lejos, las maquetas de simulación de las exploraciones y de despegue de los cohetes espaciales, y con el traje espacial por el que podías asomar la cabeza e inmortalizarte como astronauta. Aunque todo les llamó la atención. Fliparon con el material de aerogel que parecía una holograma porque era un 99% aire y un 1% gelatina, con el robot de exploración, con los juegos de las pantallas táctiles... ¡Con todo!

Nos costó dios y ayuda sacarles de allí. Y eso que se fueron con regalito que a la mami se le antojó (a quien se le diga...): Un disco-globo gigante que tuvimos que ir a probar al parque esa misma tarde y que fue un éxito. Menos mal que a Raúl se le ocurrió la genial idea de probarlo en una cancha de baloncesto vallada, porque el aire que se había levantado era importante y hay que ver lo que volaba aquello. Tuvimos algún problema sobre el concepto de "compartir" entre los hermanos, pero lo pasamos genial lanzándolo al aire y persiguiéndolo. En ocasiones hasta superaba la altura de la valla y tocaba correr tras él para que no se perdiera.

Un día muy completo gracias a La bichera que nos compartió su descubrimiento.




domingo, 6 de julio de 2014

El niño de la pistolita

El sábado pasamos una fantástico día familiar en la piscina del polideportivo. Como íbamos los dos progenitores Iván se pudo hartar de la su amada piscina grande. Aunque el límite lo puso su nivel de temblores. Quiera o no, le seguiré sacando del agua cuando vea que se pone azul. Tuvieron su ratito de nadar, su merienda en el merendero, su helado, sus globitos de agua... Lo pasaron estupendamente.

Pero hubo un momento que me nubló un poco el día. En la piscina de bebés, un niño de unos cuatro años se dedicaba a disparar a todo el que se movía a la cara. Daniel protestó del trato e Iván acabó llorando dos veces. Por mas que le reñía por su proceder, lo único que conseguía era que se alejara de mí con cara de indiferencia y disparara a los niños del otro extremo. Me da rabia meterme en asuntos de niños y reñir a peques que no están bajo mi responsabilidad. Pero es que no parecía que hubiera ningún tutor del chiquillo cerca. No culpo al peque, sino a los adultos al cargo, que le facilitan una pistola de gran alcance y luego se desentiende del tema totalmente. ¡Y en una piscina de bebés! Cuando estamos solos me relajo un poco. Pero si hay chiquitines estoy muy atenta para que mis hijos no les atropellen en su juego. Por eso me daba más rabia aún la impunidad del pequeño pistolero.

El papá le decía a Daniel que empapara al crío si le volvía a disparar, pero yo era de una opinión contraria. Le pedía que me lo dijera a mí, porque prefería solucionarlo sin que llegaran a las manos. A saber que solución es la buena. Tal vez ninguna. Lo mejor, en mi opinión, es que ese niño tuviera unos padres que se preocuparan por su educación.

sábado, 5 de julio de 2014

Día de tormenta

Una noche se abrió el cielo y cayó una tormenta terrible en Madrid. Pronosticaban violentas lluvias todo el día siguiente. Los peques habían pasado el miércoles en casa, menos un par de horas jugando en la casa castillo de la McDonalds de al lado de casa un par de horas, mientras su madre charlaba con una amiga como podía, porque las interrupciones eran constantes.

Había decidido tener un lapso de tiempo de tranquilidad lleno de tele, cuentos y mucho relax porque habíamos visitado la piscina tres días seguidos en sesiones larguísimas y los chiquillos estaban acusando una cansancio extremo que me preocupaba (vale, yo también). ¡Y justo venían las lluvias y teníamos horas y horas de estar en casa por obligación! Me eché temblar sólo de pensarlo. Pero un post de Desarrollo del Talento vino en mi ayuda. En él propone unos juegos para desarrollar la imaginación de los hijos. Con lo que les gusta a los míos poner en práctica la suya. Me fui a la cama más tranquila y con la cabeza llena de planes para poner en práctica una mezcla de los tres: Una historia inventada, una situación imaginaria y disfraces. ¡Que divertido!

Tras la noche pasada por agua, amaneció bastante bien, así que no perdí la oportunidad de sacarles a la calle por si acaso luego nos resultaba imposible.

Se me ocurrió llevarles a la biblioteca, una opción genial para los días de mal tiempo. Pero, después de darnos la caminata nos encontramos con que la zona de infantil estaba cerrada y no la habrían hasta las tres de la tarde. Teniendo en cuenta que estamos en plenas vacaciones escolares me parece un horario infame. Así no creo que se fomente de forma muy eficaz la lectura de los chiquillos. El caso es que mis fieras no se conformaban con irse de allí con las manos vacías y Daniel me llevó al lugar dónde él sabía que estaban los comics de superhéroes porque había visto a su padre coger alguno de vez en cuando. Con dos tomos enormes para cada uno me acerqué al mostrador, dónde me indicaron, mas o menos amablemente, que sólo me podía llevar tres. "¡¡Pero si son dos niños!! ¡¡Dos carnets!! No entiendo nada". Según la trabajadora el carnet de los niños, no valía en la zona de adultos (me gustaría aclarar que los de niños y los de adulto son exactamente iguales). Como los niños no protestaron, abandoné la lucha sin empezarla y presenté el mío para realizar el préstamo, pero se me quedó la espinita clavada de que, según esa chica, mis hijos no pueden sacar comics de su gusto hasta que cumplan los quince años. Me parece una real estupidez. Yo leía Superman, Batman, Flecha Verde y Los Cuatro Fantásticos con siete u ocho años.

Estaba indignadísima cuando me encontré ya con la guinda. En un cartel de la puerta leí que los sábados no habrían la zona infantil. ¡Vaya forma de poner facilidades a los niños para iniciarse en el uso de las bibliotecas! ¡Y vaya servicio público asqueroso que daban en ese centro!

Menos mal que los chiquillos se lo pasaron pipa saltando en todos los charcos de agua que encontraron por el camino y no compartieron mi mal humor en ningún momento. Al llegar a casa los metí en la bañera de cabeza, porque acabaron de barro hasta las orejas.

Tras la siesta del pequeño, y después de estar asomados a la ventana viendo llover y caer granizo totalmente fascinados durante más de media hora, puse en marcha el juego de Desarrollo del Talento. Entre los tres construimos un camión de bomberos con sillas, juguetes, el tubo del aspirador... Iván introdujo el maletín de médico y me convirtió en el médico bombero. Usamos los disfraces para caracterizarnos como más nos gustó a cada uno. El mayor se inventó una emergencia en la que los dragones incendiaban todo lo que pillaban a su paso, así que Iván tenía que apagar el fuego desde la escalera del camión con la manguera, mientras él conducía haciendo sonar la sirena y yo curaba muñecos de trapo a toda prisa. La cosa acabó, como siempre, en una lucha de zombis contra plantas. Daniel tiene mucho ascendiente sobre Iván y lo convence enseguida para que se pase a su juego. Aunque yo soy más dura y acabé con los zombis entregando unas perchas que nos sirvieron de arco y unos limpiapipas "flechas" y cambiando de nuevo la historia. Lo cierto es que llegó un momento en el que ya no sabía a qué estábamos jugando, pero ellos parecían estar divirtiéndose mucho, así que los dejé tirar pelotas y bloques blanditos por el aire para golpearlos con el hacha del bombero o las perchas arco a su gusto y sin ningún objetivo aparente. Hasta que hubo un accidente y acabé con un dedo machacado y finalizando el juego definitivamente. ¡Estaba agotada!

Me pidieron ver la tele y les di el gusto para aprovechar y recoger algo mi pobre hogar. Al poco salió el sol y mis remordimientos por tenerlos idiotizados en vez de jugando. Solté la fregona, les vestí y los saqué a la calle a rastras y con la promesa de un helado. Se pusieron, y me pusieron finos a chocolate. Les hice andar muchísimo porque nos íbamos de exploración para ver lo que había hecho el granizo con el entorno. Estuvieron recogiendo ramas, plantas, semillas y hojas destrozadas del suelo asombrados y encantados. Y jugaron con el granizo que aun no se había derretido. Daniel quería comérselo, pero le convencí de lo contrario cuando le expliqué que estaba muy sucio y que la gente lo había pisado.

Cuando ya iba a desandar el camino, encontramos un parque que nunca antes habíamos visitado. ¡Y encima era chulísimo! No tuve corazón para no dejarles jugar un buen rato. Después de mucho trepar por las cuerdas de los columpios y jugar con otros niños que encontraron allí, una nube negrísima y enorme les convenció de que era hora de regresar. Menos mal que no nos pilló ninguna tormenta porque no había tenido el detalle de cogerles los paraguas en esa ocasión y hubiéramos llegado como sopas. Además, Iván parecía un poco asustado con la perspectiva de que le cayeran rayos y truenos sobre su cabecita y más que correr volaba hacia su casa. Tardamos casi la mitad en volver que en ir.

Antes de dormir tocó leerles un trocito de uno de los comics que cogieron en la biblioteca. Si por ellos hubiese sido me lo habrían hecho leer entero, pero como tenía más de trescientas páginas y ya era muy tarde, sólo disfrutaron de un capítulo... ¡ y a la cama!

viernes, 4 de julio de 2014

¡¡¡En remojo!!!

¡Vaya sesión de piscina que me estoy pegando este verano con los peques! No piensan en otra cosa. Incluso el día de la tormenta me pidieron ir, pero evidentemente me negué en rotundo.

El año pasado nos pasábamos casi todo el tiempo en la piscina de bebés. Lo que para mí es una tranquilidad: recinto cerrado y agua que no les llega ni a las rodillas. ¡Que más puedo pedir! Y encima no tenía que meterme. Si tenía calor, me refrescaba con la ducha y tan tranquila. Porque yo soy de las que con un baño de cinco minutos ya estoy fresquita y a gusto para un buen rato.

Pero este verano se me acabó el chollo. El pequeño tiene una curiosa obsesión por la piscina de mayores y me toca zambullirme en el agua helada cada dos por tres para hacerle feliz. Su hermano parece haber salido más a mí y no le hace tanta gracia congelarse cuando puede tumbarse a la bartola en un agua a 27 graditos.

No sólo me toca meterme en la piscina, sino permanecer un buen rato mientras el chiquillo se tira y sale tropocientas mil veces o se deja llevar de un lado a otro con una gran sonrisa de felicidad. El mayor suele chapotear sentado en el borde, la mayor parte del tiempo. Aunque, a veces, se anima y nada en plan perrito gracias a los manguitos. Últimamente, Iván quiere imitar a Daniel y me pide que le suelte y le deje solo. No lo hace mal... hasta que por un descuido traga algo de agua y entra en pánico. Yo siempre estoy a su lado para agarrarle al segundo cuando eso sucede. Pero el peque no se amilana y me pide que le vuelta a soltar. "Mamiiiii, quiero flotaaaaaa". ¡Que miedo!

La única forma de convencerle de que vuelva a la piscina pequeña sin que me monte la de dios es recordarle el juego de las focas. Fingen ser focas y me preraran un espectáculo digno del zoo. Ni que decir tiene que les aplaudo como una loca emocionada con sus palmadas, volteretas y toques a la pelota inflable.

La idea de los globos de agua ha sido todo un éxito para demasiado efímera para mi gusto. Como se ha roto la fuente que tenemos al lado de la piscina, hay que peregrinar al baño. Los grifos no son los más eficientes para el relleno de globo. Acabamos remojados de arriba a abajo y la zona del lavabo que parece otra piscina más para regocijo de los peques. Lleno con mucho esfuerzo una bolsa de plástico hasta arriba y mis fieras tardan, mas o menos, dos segundos en estrellarlos todos contra el suelo y pedirme más entusiasmados.

En una ocasión se me ocurrió usar los globos como pistolas de agua, sin anudarlos, y lo pasamos genial haciendo una guerra muy cerca de la puerta del baño, donde debíamos acudir cada dos por tres a por más provisiones. El fallo estaba en que la única que sabía llenarlos era yo y solía acabar calada por disparos a traición por la espalda. Me acabé enfadando y se acabó el juego.

Con tanta agua fría y tiempo inestable estamos los tres estornudando. Así que, como no llegue de nuevo el calor de verdad, tendré que convencerles para hacer un parón, al menos unos días...

jueves, 3 de julio de 2014

Las notas de Iván

Me extrañaba mucho que a Iván no le gustara nada ponerse a pintar y garabatear. Suele resuktar bastante divertido para los peques. Ahora ya me hago una idea de por qué no le veré pintando en mucho tiempo. ¡Lo relaciona con el cole! Y no le gusta.

Será mejor que empiece por el principio. Como Iván tenía guardería hasta el 30 de junio, pero a partir del dieciséis dejó de ir por igualarse con su hermano, que empezó las vacaciones ese día, no pude conseguir las notas del chiquillo hasta hace muy poquito. Me las dieron acompañadas con un montón de fichas llenas de garabateos, líneas increíblemente rectas para su edad, dibujos coloreados... Como hice con su hermano, me senté con el pequeño para que me fuera explicando sus trabajos. Pero Iván cerró el cuaderno de golpe y exclamó muy serio y enfadado: "¡Esto es del cole!" Intenté volver a abrirlo, pero recibí otro manotazo. "¡No!" me advirtió, "Es del coleeeeee".

No hubo manera. Y con su padre tampoco. Así que tengo la teoría de que, cada vez que le doy los rotuladores o las ceras, se acuerda del trabajo de clase y tuerce el morro.

En cuanto a las notas, me parecen excelentes. Dentro de que, a la edad de Iván cada niño tiene un desarrollo diferente y medirlo es casi imposible. Todo conseguido, excepto que reconoce los colores. Y eso doy fé yo de que está conseguido. Por lo menos en casa.

La profesora se a explayado esta vez en sus notas: "Iván ha progresado favorablemente en el aprendizaje de las adquisiciones propuestas al comienzo del curso.
Inglés: Muestra una actitud positiva hacia el conocimiento de una lengua nueva. Con la ayuda de gestos comprende órdenes sencillas en inglés.
Ha sido un placer compartir todo este tiempo con vuestros hijo Iván. Feliz verano"

Y aquí la madre más hinchada que un pavo de puro orgullo.

El peque ya había recibido su regalo por buenas notas: un libro de pegatinas de superhéroes que está destrozando alegremente para angustia de sus padres. pero como es suyo y disfruta pegando las pegatina donde no van. ¡Qué le vamos a decir!


miércoles, 2 de julio de 2014

Premio Blog Amigo

http://www.mimamichic.com/2014/02/premio-al-mejor-blog-amigo.html#.U7MTxvl_uTJ
http://www.mimamichic.com/2014/02/premio-al-mejor-blog-amigo.html#.U7MVK_l_uTJ
Mi querida amiga Marta, de Attempra, me ha concedido un premio precioso: Premio Blog amigo.
Gracias por acordarte de mí. Me ha hecho muchísima ilusión.

Marta es una extraordinaria mamá y pedagoga especializada en el masaje infantil como instrumento de comunicación entre padres y bebés. Organiza unas clases extremadamente interesantes y divertidas para enseñar este arte ancestral basado en el lenguaje no verbal y el amor.

Con el premio viene una pregunta: ¿Qué es para ti la amistad? Para mí es no exigir y aceptar a las personas como son en los momentos buenos y en los malos. Saber que puedes contar siempre con tu amigo, aunque no sea de la forma en la que te esperabas. Pero también existen los amiguetes, que son gente a la que caes bien y que te cae bien, pero a la que nunca vas a acudir sin necesitas ayuda. Cómo siempre me explico fatal, pero el caso es que, se pueden tener millones de amiguetes, pero amigos pocos y bien cuidados, porque son un tesoro.

Además, tengo que pasarlo a diez blogs... ¡sólo a diez! Que dificil.

Pensamiento Divergente

Plagiando a mi Alter Ego

Historias de una diablilla con corona y Tutú

Berriro hasiz-en lotunea

Merengaza y otros dulces

Papá Cangrejo

Cómo ser mamá y no morir en el intento

Descubriendo un nuevo mundo

Frikymamá

Mamá Orienta


martes, 1 de julio de 2014

Entramos de nuevo en la era de las pesadillas

De nuevo nuestras noches se nos llenan de gritos y sollozos. Esta vez, el protagonista es Iván, que ya estaba tardando en entrar de lleno en la edad de la pesadillas, Y eso que su hermano mayor se lo pone fácil con sus historias truculentas sobre zombis y monstruos.

El pequeño no llega a tener una vida interior tan tenebrosa, pero sí que se despierta llorando casi todas las noches. Con muchos mimos y tumbándome a su ladito unos minutos logro tranquilizarle y que coja el sueño de nuevo. Aunque no es raro que vuelva a llamarme asustado en más de una ocasión. Resultado: a la mañana siguiente sí que hay un zombi en la casa, ¡mamá! En cambio el peque siempre se levanta como una rosa. ¡Incluso sonríe!

Intentar minimizar el impacto externo para evitarle el sufrimiento nocturno es casi imposible, porque ya se encarga Daniel de adornar sus días con tenebrosas historias. Por mucho que le riño, siempre me lo encuentro calentándole las orejitas a base de criaturas grotescas y situaciones violentas.

Incluso un día me los encontré discutiendo si Iván iba a morir o no. Mi ira no tuvo límites, pero el mayor sigue erre que erre en cuanto me doy la vuelta. Iván parece inmune a sus pullas... hasta que llega la noche y empiezan de nuevo las pesadillas. No sé que sueña, porque no me lo cuenta. Mi primogénito era propenso a vérselas con cucarachas gigantes. Aún hoy me hace mirar en un lado de la cama para cerciorarme que no hay ninguna. Pero el pequeño sólo llora desconsolado y me agarra la mano hasta que se duerme.

¡Espero que se le pase pronto!