martes, 2 de agosto de 2016

El juego de las piedras y los cuentos

Hace ya mucho tiempo me fijé en un juego que se había customizado un padre de la clase de Iván. Era tan sencilllo como bonito y divertido. En una bolsa había metido unas piedras bellamente pintadas y cada niño, por turnos, sacaba una y, según el dibujo, proseguía con el cuento en ciernes. ¡Me encantó!

Pero la falta de tiempo y material de calidad hizo que fuera retrasando la manualidad. Las piedras ideales eran las de río, según el poseedor de este tesoro, y el sitio ideal para hacerme con ellas era el Arlanza, que cruza Covarrubias.

No tuvimos la oportunidad de recogerlas tranquilamente hasta este fin de semana. Los niños se tomaron el juego muy en serio y eligieron las más planas y aptas para extender nuestras dotes artísticas. Lo más rollo fue cargar con ellas hasta la casa y luego hasta Madrid. Porque en el pueblo no tengo indelebles. Material imprescindible para el siguiente paso.

Con las piedras y los indelebles delante, puse a los niños camisetas viejas y empezamos la diversión. Mientras yo dibujaba castillos, coronas y estrellas; Iván se dedicaba a plasmar orcos, Gandalfs, Sams, huargos... Y Daniel videojuegos, marcianitos, minecrafts... Aquí cada uno a lo suyo.

Las piedras se nos acabaron enseguida y nos quedamos con ganas de dibujar más cosas. Y eso que recogimos muchísimas. Las metimos en una caja para empezar el cuento. Bueno, todas no, porque Daniel dijo que las suyas las quería para otro juego de matar marcianitos.

Lo pasamos genial contando el cuento del campesino que se encuentra con un mago que le pide que le lleve una corona a un rey de un país muy lejano y en su camino encuentra robots, enanos, gusanitos... Hasta que encuentra el castillo y entrega la corona. Con tantas piedras salió una aventura larguísima.

El juego es un story cubes personalizado y bastante más difícil de transportar, pero nos aseguramos una tarde de diversión y entretenimiento.

lunes, 1 de agosto de 2016

Los orcos de Covarrubias

Los orcos no sólo habitan en lo más oscuro de la Tierra Media. Cuando se cansan de sus minas húmedas y sus torres oscuras se viene al río de Covarrubias a darse un chapuzón. Que sí, que sí, que yo los he visto.

Este fin de semana, los chiquillos se lo han pasado extremadamente bien en el río. Dos factores han influido en que esta vez fuera más emocionante que normalmente. El primero fue encontrar el "castillo" que se dejaron montado los jugadores de la partida de rol de "Shieldorf" que se jugó hace dos fines de semana en el pueblo.

Allí hemos librado una cruenta batalla para hacernos con él. De la que hemos salido triunfadores, básicamente, porque estaba abandonado. Pero eso no quita que la gesta haya sido la mar de emocionante. Nos ha dado juego para rato.

El segundo factor fue que el padre encontró piedras de arcillas, perfectas para dibujar en piedras y para hacer pintura de guerra orca. Todo comenzó con inocentes dibujitos... de repente, teníamos el ojo de saurón ante nuestras propias narices (dibujado en una piedra bastante grandes) y, cuando me quise dar cuenta mis hijos y mi marido se convirtieron en feas bestias creadas para la lucha. Hasta gruñían y bramaban. Todo un espectáculo.

Pronto dos niñas se unieron al ejército orco. Y quien sabe hasta dónde habrían llegado si no nos hubiéramos tenido que ir a comer. Y todo el mundo sabe que los orcos son muy comilones, así que dejaron sus armas y siguieron a sus padres tras un baño reparador e higienizante que borró el grueso de la pintura arcillosa.

En realidad, Iván fue un orco limpito en todo momento porque no le moló nada untarse en arcilla y decidió ser el orco blanco guerrero. Todo es válido en el mundo de la imaginación.




viernes, 29 de julio de 2016

Malas Madres La peli

Gracias a Diamond Films y Madresfera, unas cuantas blogueras pudimos disfrutar de "Malas madres, la peli" antes de su estreno. Me pareció un planazo poder quedar con amigas de la blogosfera para partirnos la caja con un film ideal para el verano: fresco y muy ligero.

La película en si, no es muy original: Protagonista buena con vida desastrosa se enfrenta a sus circunstancias y a una mala malísima, cambia de actitud ante la vida con una facilidad pasmosa y ¡ole! giro de 180 grados. Un argumento típico. Pero el mensaje me encanta. ¡Deja de intentar ser la madre perfecta! Sé una mala madre que quiere a sus hijos con locura y no se siente culpable por no llegar a los objetivos fijados por esta sociedad, que por mucho que avance, sigue encorsetada en baremos rígidos e inamovibles.

Me sentí muy identificada con la protagonista: No porque yo esté buenísima y sepa correr que me las pelo haciendo equilibrio en taconazos (eso no tiene nada que ver conmigo). Más bien fue con la parte de llorar sola cuando siento que no llego a todo, desesperarme porque no es justo todo lo que se espera de mí (yo lo tenga que dar todo y el padre, si eso, ya me ayuda un poco y hay que darle las gracias), sobreproteger a veces a mis hijos hasta tal punto que no les dejo batir las alas de forma autónoma, sufrir cuando ellos sufren aunque sea por algo absurdo, ser culpadas hasta de que llueva cuando ellos querían ir al parque... Hay muchas situaciones en la que, quitando la exageración yanqui, me encontré pensando "A mí me ha pasado eso".

Me encantó la frase de las amigas: "Las madres no pueden renunciar, sólo los padres". Me llegó muy profundo el mensaje: "hacer todo lo que uno puede no es suficiente si tropezamos siempre con la misma piedra" (si algo no funciona vuelve a empezar e inténtalo de nuevo de otro modo). Y me reí como nunca con las secuencias del supermercado, del sujetador "sexy", de "no tengo tiempo en el horario ni para ir al baño"...

Aunque también me llené de escepticismo con las partes menos creíbles. No se puede tener tanta suerte en la vida, que te venga toooodo rodado, que al final todas las piezas encajen al milímetro y que seas taaan adorable que conquistes a todos con una caída de ojos (muero de envidia jajaja). Por mucha actitud que cambies ante la vida, si mis hijos por la mañana me dicen que soy la madre más maravillosa del mundo y por la tarde me odian, qué decir de los hijos preadolescentes de la protagonista.  No me creo que ahora, que ya mi mami es la más chachi, la voy a adorar toda la vida. Pero si es para justificar un emotivo final feliz acepto barco y lo que haga falta. Con lo que me gusta a mí salir con la sonrisa puesta del cine y no llorando a mares (ya me ha ocurrido. Soy muy sensible).

Resumiendo: Es la película ideal para ir a ver con las amigas (si son madres mejor) y desternillarse a gusto.

Fue genial coincidir allí con Maricarmen, de Desvaríos de una madre; Keka, de Mamá se escribe con K; Sara, de Tribu creciendo juntos; y Gloria, de Mimo de mami.

jueves, 28 de julio de 2016

Star Trek Más allá, espíritu trekkie al cien por cien

Cuando le dije a Raúl que nos habían invitado a la Premier fan de Star Trek Más allá le dio un subidón. Mi marido es un trekkie exacerbado y fan incondicional de esta serie de culto revolucionaria que hizo surgir toda una filosofía de vida a raíz de sus viajes interplanetarios a la última frontera conocida.

Fuente: Paramount Picture
Por mi parte, veía una oportunidad única para que la abuela disfrutara plenamente de sus nietos una noche y tener tiempo de pareja de calidad, que también hace falta de vez en cuando. Cada uno piensa en lo que más le interesa.

Una vez entregados los peques al amoroso cuidado de su abuela, volamos hacia el cine Capitol. Cenamos una hamburguesa cutre cerca del lugar del evento para no perder tiempo y nos metimos de lleno en el universo frikie de la nave interestelar Enterprise. Una de las organizadoras me aseguró que dentro me iba a encontrar con toda la tripulación en peso y así fue. Me tiré como una loca a por el señor Spock para que se hiciera una foto conmigo. Majísima toda la tripulación fan, le dieron mucha animación al momento.

Fuente: Paramount Pictures
Casi tanto como Alaska, seguidora incondicional de la serie desde sus inicios, y su marido, Mario Vaquerizo, cuando presentaron la proyección anunciando que la cuarta entrega ya está en proceso y que tendremos nueva serie en breve. Algo, que según Raúl, ya se sabía. Estos trekkies radicales siempre van por delante...

A pesar de llegar media hora antes del inicio de la película ya casi no habían sitios libres. La sala estaba a reventar. Cogimos unas butacas no muy mal situadas y encendimos nuestros móviles para descubrir que algún fan inteligente había puesto un cebo para Pokemons en la pokeparada del cine. Entre la buena charla y que nos forramos a pokemons se nos hizo muy corta la espera.

Fuente: Paramount Picture
Por fin comenzaba la película que nos había creado tanta expectación y, he de admitir, que nos dejó clavados a la butaca desde el minuto cero. Se nota que el director es el mismo que "Fast and furius" porque la acción, la tensión y las escenas emocionantes se suceden a una velocidad de vértigo, acompañadas por una banda sonora que no puede ser más acertada.

La trama está empapada del espíritu de la serie original. Los personajes se hacen más profundos y "reconocibles", salvo honrosas excepciones como Chejov y Sulu, que no me aportan mucho, la verdad. Spock se acerca más a mi ídolo de juventud, pero no creo que llegue nunca a estar a su altura. Es un reto casi imposible porque Leonard Nimoy creó un personaje único que se ganó al gran público de forma incondicional y le catapultó directamente al universo de actores legendarios. Lo que sí reconozco es que en esta entrega se ha dado el protagonismo que merece a su relación con un Doctor McCoy que ha bordado su papel. Los diálogos ácido sarcásticos entre ambos personajes son sublimes.

Los dilemas morales y las decisiones difíciles beben directamente de los argumentos de la primeras aventuras de la Enterprise. En el guión han sabido llegar a un equilibrio entre el drama y el humor muy acertado que, junto con las escenas impresionantes que salpican todo el metraje, hace que las dos horas que dura se te hagan muy cortas y te quedes con ganas de ver la cuarta entrega lo antes posible.

Fuentes: Paramount Pictures
A la salida, comentamos la jugada, como no podía ser de otra manera. Según Raúl, la peli es BUENÍSIMA, así, en mayúscula. A mí me gustó, pero encontré algunos fallos muy secundarios que le solté sólo por picarle y que no contaré aquí porque que te spoileen fastidia bastante. ¡Pues tenía respuesta para todo! Me razonó todos mis argumentos para darles la vuelta y convertirlos en "Otra genialidad de la película". Y encima lo que decía tenía sentido y todo. Así que nunca discutas con una trekkie. Tienes las de perder.

En resumen, que la peli es muy recomendable y no sólo para fans de la serie. Todos los adeptos al genero de ciencia ficción la disfrutarán de principio a fin.

miércoles, 27 de julio de 2016

Laberinto de Lego

Otra idea genial que saqué de la guía de 300 actividades de verano para niños de El Revolero Mundo de Rukkia fue la de hacer una laberinto con piezas de Lego Duplo. ¡Que actividad más chula! No sé cómo no se me había ocurrido nunca. Muy emocionada saqué las piezas de una caja dónde esperan ser regaladas a mi hermana porque en casa ya no nos cabe tanto Lego y me puse manos a la obra. Al rato tenía entre mis manos un enorme y colorido laberinto para canicas y dos niños entusiasmados queriendo jugar inmediatamente.

Como sólo podían jugar por turnos, comenzó Daniel, que era el primero que se había pispado que su madre estaba tramando algo. Mientras, invité a Iván a afinar su puntería con una mano muy flexible que les compré para una búsqueda del tesoro y varios objetos de diferentes pesos y tamaños.

Ambos hermanos se lo pasaron tan bien con su actividad que el pequeño se olvidó que estaba esperando por el laberinto. Cuando Daniel se cansó de jugar se lo di a Iván. Pero no le pilló el tranquillo y se frustró mucho porque para que corriera la canica había que sacudiendo el laberinto con un poco de maña y el no lo conseguía. En vista de sus amargas lágrimas forré los recorridos con papel plata para que la bola rodase de forma fluida y se lo devolví a un peque mucho más feliz.

Cuando volví para ver cómo le iba había convertido el laberinto en un juego con caballos muy curioso. Se había inventado un montón de normas estilo videojuego de Lego y se lo estaba pasando bomba. Así que me fui muy tranquila.

De repente, mucho después, oí un grito desgarrador. Corrí al salón y me encontré con el mayor lívido y al pequeño entre un montón de piezas: ¡Había desmontado MI laberinto! Y un dragón que había hecho su hermano.

Le reñí porque lo que había hecho una falta de respeto importante. Le dije muy dolida que tenía que habernos preguntado antes de desarmar nada teniendo en cuenta que no lo había hecho él y nosotros se lo habíamos dejado con la idea de verlos de vuelta. El chiquitín parecía arrepentido, así que al final tuvimos que hacer tripas corazón y perdonarlo con la promesa de que no lo volvería hacer nunca más.

Daniel muy animado, a pesar de todo, me dijo: "Venga mami, que yo voy a rehacer mi dragón. Haz tu lo mismo con tu laberinto". Contagiada por su entusiasmo comencé de nuevo la tarea aunque rezongando por lo bajini. Al poco de comenzar, el mayor me preguntó si podía hacerlo él que ya había terminado su dragón y le pasé le testigo de mil amores.

Al final salió algo bueno de la destrucción de Iván porque a Daniel le salió un laberinto mucho más chulo que el mío. Con un tunel y todo, que a mí no se me había ocurrido. Nos lo enseñó muy orgulloso y le felicitamos por su creación. "Pero no se lo voy a dejar a Iván porque no quiero que me lo rompa" aseguró muy serio. Le expliqué que el pequeño había entendido su error y que no lo iba a volver hacer nunca, pero no le vi muy convencido. Afortunadamente el Benjamín no sintió deseos de jugar con el laberinto de su hermano en ningún momento y nos ahorramos una discusión.

martes, 26 de julio de 2016

Juegos de saltos y Tenis tapón

Lo que da de si un poco de washi tape y unos tapones. Uno de los días que estuvieron los niños medio malos en casa se me ocurrió un idea para entretenerlos de lo más sencilla.

En un principio puse marcas de washi tape para que se picaran, saltaran lo máximo posible y poner marcas con washi tapes de diferentes colores. Les encantó el juego. Pero al cuarto salto ya se cansaron de tanto ejercicio, así que cambiamos el regustro y convertimos el pasillo en una cancha de tenis tapón, un juego con el que nos lo pasábamos bomba mis hermanos y yo cuando éramos niños.

Estos fieras también se lo estaban pasando bien pasándose el tapón con la zapatilla de la piscina hasta que empezaron a tener desacuerdos en las reglas y entonces se montó la marimorena. Cuando em quise dar cuenta habían llenado el pasillo de tapones y eso era un sindios.

Cogí las zapatillas y les pedí que lo recogieran todo con el ceño bastante fruncido. Seguí a lo mío feliz de no escuchar más disputas. Ya sabía yo que algo raro habría, pero tenía que aprovechar los momentos de tranquilidad. Al rato fui en su busca ya bastante mosca y temerosa por lo que me pudiera encontrar, pero lo que vi fue a Iván jugando al golf tapón, nueva modalidad inventada por la nueva generación, con una pistola de agua estilo tubo. Y a Daniel tan tranquilo jugando con los juguetes en el salón. "¿Pero no te dije que recogieras lo del pasillo?", le increpé. "Yaaaa, mamá", me contestó ta pancho, "Pero es que Iván quería seguir jugando y yo no quería hacerle enfadar. ¿Entiendes?". Entendía que tenía mucho morro este peque, pero viendo que el hermano se lo estaba pasando pipa dando bastonazos a los tapones no quise discutir más.

Lo cierto es que la pista de tenis tapón ha dado mucho juego y la han usado muchas veces, tanto para mi juego de la infancia como con nuevas modalidades tan divertidas como mi propuesta.

Los arqueólogos del hielo

En la guía 300 actividades de verano para niños de El Revolero de Rukkia he encontrado mil ideas y una de ellas es la que voy a contar a continuación y que ha encantado a mis niños.

Con el calorazo que hace no hay nada mejor que montar juegos fresquitos y... ¿Qué hay más fresquito que el hielo? Sin pensármelo dos veces cogí unos dinosaurios muy pequeñitos que tienen los niños, los metí en unos globos y luego los rellené de agua. Una vez montado todo lo metí en el congelador y a esperar al día siguiente.

En un momento de aburrimiento frente al televisor les expuse mi idea: les iba a convertir en arqueólogos polares. Les encantó, pero me hicieron ver que el plan tenía un fallito. Sólo se podía llevar a cabo en la bañera, para evitar posibles desastres, y nuestra bañera es demasiado pequeña para meter a dos arqueólogos polares, así que decidimos que lo harían por turnos.

Como en ese momento empezaba la Patrulla Canina, de la que Iván es muy fan, empezamos el juego con Daniel: un balde con toallas dentro y por debajo para amortiguar los golpes, un martillo redondo y la bola de hielo con sorpresa. "Venga Daniel", le animé, "busca el fósil". Y ahí que estuvo el chiquillo dando martillazos al huevo de hielo tan a gusto.

Se lo pasó genial hasta que encontró por fin al dinosaurio. Para terminar de sacarlo le llevé una vaso de agua caliente para derretir los restos de hielo. Una extracción perfecta. Ya teníamos al dinosaurio libre como el viento. Cuando acabó la actividad retiré todas las herramientas, tiré los trozos de hielo al lavamanos y se duchó (porque ya quiere hacerlo el sólo).

Era el turno de su hermano, sequé la bañera y volvía a prepararlo todo. Palangana, toallas y martillo en su sitio. Y fui a por Iván. El más pequeño se lo pasó igual de bien que el mayor dando golpetazos al huevo de hielo y sacando al pobre dinosaurito que, según él, había cogido un tremendo resfriado y ahora había que cuidarle.

Cuando acabó su actividad arqueológica me expresó su deseo de bañarse en vez de ducharse y de que le dejara algunos de los trozos más grandes de hielo para jugar. Así lo hicimos y se lo pasó bomba transvasando trozos de hielo de un recipiente a otro, tirándolos al agua, más calentita de lo normal para compensar el frío del hilo, y pescándolos luego.

Les ha encantado la experiencia y seguro que repetimos.