A Daniel le está costando aprenderse las multiplicaciones. Le entiendo. A mí también me parecen un rollo, pero hay que sabérselas y no valen las excusas. Yo me las aprendí en su momento, aunque ahora alguna la tenga olvidada, ejem. Demasiadas calculadoras en mi vida, me temo.
Rompiéndome las neuronas para encontrar un juego divertido que le hiciera más llevadero el tema se me ocurrió hacerle un bingo de las multiplicaciones. Llevada por el entusiasmo pinté tres cartones y decidí usar dos dados de 10 para que multiplicara los resultados. Para poder reutilizar los cartones saqué elásticos pequeños que nos sirvieran de marcadores.
Muy contenta le propuse el juego al mayor. Ahí me encontré el primer problema. A Daniel no le llamaba nada el tema, pero el pequeño estaba ansioso por empezar (¡Y está en primero de Primaria!). Con mucho esfuerzo convencí al primogénito y comenzó la partida.
Con el tema de tirar dados y de que yo también fallaba en las multiplicaciones el mayor se fue animando. El azar hizo que el pequeño se encendiera cual cerilla al tener pocos números de los que salían. Cuando estaba a punto de echar humo por la nariz le cambié el cartón y logré apaciguarlo. Mal, lo sé. Pero es que el objetivo era que el mayor se aprendiera las multiplicaciones y ya tenía su atención con alfileres como para ponernos tontos con la frustración de su hermano.
Después de un buen rato, los dados fueron aciagos y no hacía más que salir resultados repetidos. no quedó más remedio que cambiar de sistemas. Escribimos las multiplicaciones cuyos resultados aún no habían sido marcados en los cartones y los metimos en un saco de tela. Sacábamos un papel por turnos y los desechábamos para asegurarnos de que no se volviera a repetir.
De nuevo la suerte de Iván fue funesta y el peque acabó estallando en llanto y acusando a su hermano de tramposo con una actuación dramática digna de oscar. El acusado hizo mutis por el forro y aprovechó la ocasión para escapar de un juego que había dejado de tener interés para él en cuanto habíamos eliminado el factor dados.
Así que, por un lado, algo de éxito tuvo porque le sirvió para repasar a Daniel, pero por otro, el tema azar de los dados tiene un peligro tremendo a la hora de avanzar en el juego y los hermanos polvorilla más peligro aún.
viernes, 9 de febrero de 2018
jueves, 8 de febrero de 2018
Esas locas conversaciones
"Hola chicos. ¿Qué tal hoy en el cole?"
.......
.......
Vaaaale. He sido demasiado general. Voy a intentarlo de nuevo.
"Daniel, ¿que tal el examen de hoy?"
"Muy bien mamá. Yo creo que me lo sabía todo...", "Oye mami, hoy le he pegado a un niño"
"¡¡Quéeeeee?!"
"¿Pero no quieres saber que me han preguntado en el examen?"
"Sí, pero también quiero saber lo del niño de Iván"
"Sí, es que me estaba pegando..." "Me han preguntado las comunidades autónomas, las comarcas, los límites de España.... ¡Y nos han dado la peor noticia del mundo!"
"¿¿Cómo??, ¿Que mala noticia? ¿Iván, por qué te pegó el niño?"
"Es que le empujé y se cayó por las escaleras..." "...Se va nuestra profe y mañana viene una nueva ¡y no sabemos cómo va a ser!"
"¿¿¿Por las escaleras??? Pero eso es peligrosísimo. Daniel, pero no te preocupes que seguro que la nueva profe es tan buena como la que se fue... ¿¿Y por qué lo tiraste por las escaleras??"
"¿Y eso cómo lo sabes...?" "Él tiró a Pepito..." "¿...Si no la conoces?" "...Él se portó mal primero..." "Y encima, Manolita se puso a llorar..." "....Y tengo una nota de la profe en la agenda..."
"¿Una nota? ¿De qué? ¿Pero por qué lloraba Manolita?"
"¡Y yo que sé!" "Es que estaba jugando en clase de inglés..." "Si al final el examen lo suspendimos todos"...
"¿¿¿¿Quéeeeee???? ¿¿¿Qué examen???"
"Ya la profe se enfadó a la primera eeeeeh, a la primera... Ni aviso ni nada..." "Pues el de mates ¿Cual va a ser!"
"¡¡¡¡¡AAAAAAARRRRRGGGG!!!
"¿Mamá? ¿Mamá?" "Oye, que estaba hablando yo primero" "Sí, yaaaa, seguroooooo. Estaba hablando yo" "Oye, ¿Por qué está mamá tan callada?" "Mejor lo dejamos que le veo la vena troll a punto de estallar" "Sip ¿Te cuento el último mod de Minecraft que me he inventado?" "Síiiiii"
.......
.......
.......
¡¡¡¡No soy capaz de escucharles con atención, ni aconsejarles, ni entenderles, ni nadaaaaaaaaa!!!!!
esto es una misión imposible...
.......
.......
Vaaaale. He sido demasiado general. Voy a intentarlo de nuevo.
"Daniel, ¿que tal el examen de hoy?"
"Muy bien mamá. Yo creo que me lo sabía todo...", "Oye mami, hoy le he pegado a un niño"
"¡¡Quéeeeee?!"
"¿Pero no quieres saber que me han preguntado en el examen?"
"Sí, pero también quiero saber lo del niño de Iván"
"Sí, es que me estaba pegando..." "Me han preguntado las comunidades autónomas, las comarcas, los límites de España.... ¡Y nos han dado la peor noticia del mundo!"
"¿¿Cómo??, ¿Que mala noticia? ¿Iván, por qué te pegó el niño?"
"Es que le empujé y se cayó por las escaleras..." "...Se va nuestra profe y mañana viene una nueva ¡y no sabemos cómo va a ser!"
"¿¿¿Por las escaleras??? Pero eso es peligrosísimo. Daniel, pero no te preocupes que seguro que la nueva profe es tan buena como la que se fue... ¿¿Y por qué lo tiraste por las escaleras??"
"¿Y eso cómo lo sabes...?" "Él tiró a Pepito..." "¿...Si no la conoces?" "...Él se portó mal primero..." "Y encima, Manolita se puso a llorar..." "....Y tengo una nota de la profe en la agenda..."
"¿Una nota? ¿De qué? ¿Pero por qué lloraba Manolita?"
"¡Y yo que sé!" "Es que estaba jugando en clase de inglés..." "Si al final el examen lo suspendimos todos"...
"¿¿¿¿Quéeeeee???? ¿¿¿Qué examen???"
"Ya la profe se enfadó a la primera eeeeeh, a la primera... Ni aviso ni nada..." "Pues el de mates ¿Cual va a ser!"
"¡¡¡¡¡AAAAAAARRRRRGGGG!!!
"¿Mamá? ¿Mamá?" "Oye, que estaba hablando yo primero" "Sí, yaaaa, seguroooooo. Estaba hablando yo" "Oye, ¿Por qué está mamá tan callada?" "Mejor lo dejamos que le veo la vena troll a punto de estallar" "Sip ¿Te cuento el último mod de Minecraft que me he inventado?" "Síiiiii"
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¡¡¡¡No soy capaz de escucharles con atención, ni aconsejarles, ni entenderles, ni nadaaaaaaaaa!!!!!
esto es una misión imposible...
martes, 6 de febrero de 2018
Tormenta de nieve
Madre lo que ha caído en Madrid. Una nevada de las que hacía tiempo que no veía. No es que yo haya visto muchas. En realidad muy pocas, pero es que esta ha sido impresionante la mires por donde la mires.
Y claro, con ella llegó el caos. Anda que no nos hinchamos a oír sirenas durante todo el día. También llegó el frío, evidentemente, un frío terrible, del que cala los huesos. Los resbalones... Los paraguas... Los resfriados...Pero ¿creeis que todo le importa a los niños? ¡Quía! Ellos felices. Emocionados. Anda que no dieron lata para que les llevara al parque. Una, que es una blanda... Pues sí, pues sí. Les puse doble calcetín, botas de agua, guantes tirando a cutres y ¡ale! al parque con más manto de nieve que encontramos por las inmediaciones.
Ya por el camino iban haciendo el burri cabra, para desesperación materna que se esperaba el descalabro inminente a cada paso. Ya les podía gritar y reñir (yo y todo buen ciudadano que nos cruzábamos) que a ellos plim. Estaban más que dispuestos a que su madre no les arruinara la diversión.
Adivinad qué fue lo primero que hicieron en cuanto llegaron al lugar elegido. Correcto. Encroquetarse de nieve hasta las cejas. Así que luego estuve yo fregando charquitos por toda la casa de todos los trocitos de hielo que fueron soltando. ¿Hay algo más divertido que bajar rodando una pendiente nevada? Los trineos son fruslerías para estos dos kamikazes.
Eso sin contar con la emoción en las venas al iniciar una batalla contra los árboles que atacan a traición, soltando en sus cabezas improvisadas bolazas de nieve. Algo que luego resultó ser todo un peligro. Me explico.
Cuando ya por fin me tocó el papel de madre malvada rompe planes divertidos y sacar a mis empapados hijos de las orejas de la pendiente para poner rumbo al hogar nos encontramos con que una enorme rama había caído en el camino que habíamos tomado para llegar hasta allí. Media hora antes y nos pilla debajo. ¡Ostras! Vaya tela.
Mis hijos seguían en su inconsciencia infantil, patinando, resbalando y dándose unos buenos tortazos de los que se levantaban al grito de "No me he hecho nadaaaaaaa", para seguir haciendo el cafre. Pero a la madre le vinieron a la mente esas aparentemente inocentes imágenes de niños cargando tenazmente contra los árboles para ser "sepultados" por la nieve de las ramas.
Ay Diossss. Que una proviene de climas cálidos y no prevé los peligros invernales nevosos, pero ya he aprendido ya... Para la próxima tormenta, si es que la hay, buscaremos sitios abiertos sin un sólo árbol.
Y claro, con ella llegó el caos. Anda que no nos hinchamos a oír sirenas durante todo el día. También llegó el frío, evidentemente, un frío terrible, del que cala los huesos. Los resbalones... Los paraguas... Los resfriados...Pero ¿creeis que todo le importa a los niños? ¡Quía! Ellos felices. Emocionados. Anda que no dieron lata para que les llevara al parque. Una, que es una blanda... Pues sí, pues sí. Les puse doble calcetín, botas de agua, guantes tirando a cutres y ¡ale! al parque con más manto de nieve que encontramos por las inmediaciones.
Ya por el camino iban haciendo el burri cabra, para desesperación materna que se esperaba el descalabro inminente a cada paso. Ya les podía gritar y reñir (yo y todo buen ciudadano que nos cruzábamos) que a ellos plim. Estaban más que dispuestos a que su madre no les arruinara la diversión.
Adivinad qué fue lo primero que hicieron en cuanto llegaron al lugar elegido. Correcto. Encroquetarse de nieve hasta las cejas. Así que luego estuve yo fregando charquitos por toda la casa de todos los trocitos de hielo que fueron soltando. ¿Hay algo más divertido que bajar rodando una pendiente nevada? Los trineos son fruslerías para estos dos kamikazes.
Eso sin contar con la emoción en las venas al iniciar una batalla contra los árboles que atacan a traición, soltando en sus cabezas improvisadas bolazas de nieve. Algo que luego resultó ser todo un peligro. Me explico.
Cuando ya por fin me tocó el papel de madre malvada rompe planes divertidos y sacar a mis empapados hijos de las orejas de la pendiente para poner rumbo al hogar nos encontramos con que una enorme rama había caído en el camino que habíamos tomado para llegar hasta allí. Media hora antes y nos pilla debajo. ¡Ostras! Vaya tela.
Mis hijos seguían en su inconsciencia infantil, patinando, resbalando y dándose unos buenos tortazos de los que se levantaban al grito de "No me he hecho nadaaaaaaa", para seguir haciendo el cafre. Pero a la madre le vinieron a la mente esas aparentemente inocentes imágenes de niños cargando tenazmente contra los árboles para ser "sepultados" por la nieve de las ramas.
Ay Diossss. Que una proviene de climas cálidos y no prevé los peligros invernales nevosos, pero ya he aprendido ya... Para la próxima tormenta, si es que la hay, buscaremos sitios abiertos sin un sólo árbol.
lunes, 5 de febrero de 2018
La abeja Maya: los juegos de la miel
Ayer tuvimos la oportunidad de ir al preestreno de la nueva peli de la abeja Maya, los juegos de la miel, ¡y nos gustó un montón!
A mis peques les entusiasmaba la serie hace un año o así. Incluso les pusimos capítulos de la serie antigua, pero, claro, ellos ya son más de diseños modernitos de ordenador, así que le enganchaba mucho más la nueva.
Hacía ya mucho tiempo que no veían capítulos de la famosa abejita del país multicolor y no pareció hacerles mucha ilusión el tema del pre estreno cuando les informé del plan, pero una vez allí, y con sus palomitas en la mano se les veía de lo más motivados. Más aún cuando nos comentaron que habían montado un taller apicultor allí mismo y un pintacaras, aunque de estos último no son muy fans mis niños.
Daniel se enganchó enseguida a las explicaciones del monitor, pero el pequeño no paraba de tirar de mí para que entráramos en la sala de una vez. Fue un momento un poco estresante porque no me podía dividir y no sabía qué hacer para tener a ambos contentos.
Al final nos fuimos a la sala y el mayor se quedó un poco rascado porque le estaba interesando mucho el taller. Menos mal que aún le quedaba ahogar sus penas en palomitas... Y que no tardaron mucho en apagar las luces para dar comienzo a ¡los juegos de la miel!.
La película nos muestra una abejita impulsiva y descontrolada que digamos que quiere arreglar todos los problemas a su manera... hasta los que le "quedan grandes". A fuerza de buenas intenciones, pero sin escuchar a los que le rodean se va metiendo en unos líos tremendos, como el de jugarse el todo por el todo a una competición de élite con un equipo con pocas aptitudes para el deporte. Y por si no fuera suficiente, su principal contrincante en los juegos es una abeja con muy malas mañas e intenciones, la maquiavélica Violet.
Por el camino, todos aprenderán muchas cosas como que "cada bichillo tiene su talento", a escuchar y confiar en los demás, a trabajar en equipo y, lo que más me ha gustado, a responsabilizarse de las consecuencias de sus actos. Ese mensaje me ha calado muy muy hondo, porque es lo que siempre intento inculcar en mis peques y por un oído les entra y otro les sale. No me viene mal una película como esta para reforzarlo y que dejen de tirar balones fuera.
Por supuesto, mis chicos no parecen ser plenamente conscientes de los valores que transmite la película. Para ellos ha sido un metraje lleno de emociones y risas con personajes carismáticos y muy diferentes entre sí. Ambos quedaron enganchados al devenir de los juegos de la miel pegando botes en sus asientos con cada triunfo y tapándose los ojos con cada desastre.
Al final salieron entusiasmados con las andanzas de Maya y sus amigos, tanto los de toda la vida como los nuevos. Daniel confesó que a él quien le cae bien de verdad es Willy, más que Maya, e Iván aseguró que ambos le gustaban por igual. Y hasta ahí las opiniones postpeli de los churumbeles porque nada más salir del centro comercial nos encontramos con que estaba nevando muchísimo y ya sólo pudieron pensar en divertirse con la escarcha y con los copos.
Es muy recomendable para un plan en familia ahora que el tiempo no está como para ir al parque. El cine es una opción estupenda para pasarlo bien aunque llueva o nieve y si lo hacemos con una película con unos fotogramas muy chulos y una historia trepidante llena de bichillos simpáticos mejor que mejor.
Hacía ya mucho tiempo que no veían capítulos de la famosa abejita del país multicolor y no pareció hacerles mucha ilusión el tema del pre estreno cuando les informé del plan, pero una vez allí, y con sus palomitas en la mano se les veía de lo más motivados. Más aún cuando nos comentaron que habían montado un taller apicultor allí mismo y un pintacaras, aunque de estos último no son muy fans mis niños.
Daniel se enganchó enseguida a las explicaciones del monitor, pero el pequeño no paraba de tirar de mí para que entráramos en la sala de una vez. Fue un momento un poco estresante porque no me podía dividir y no sabía qué hacer para tener a ambos contentos.
Al final nos fuimos a la sala y el mayor se quedó un poco rascado porque le estaba interesando mucho el taller. Menos mal que aún le quedaba ahogar sus penas en palomitas... Y que no tardaron mucho en apagar las luces para dar comienzo a ¡los juegos de la miel!.
La película nos muestra una abejita impulsiva y descontrolada que digamos que quiere arreglar todos los problemas a su manera... hasta los que le "quedan grandes". A fuerza de buenas intenciones, pero sin escuchar a los que le rodean se va metiendo en unos líos tremendos, como el de jugarse el todo por el todo a una competición de élite con un equipo con pocas aptitudes para el deporte. Y por si no fuera suficiente, su principal contrincante en los juegos es una abeja con muy malas mañas e intenciones, la maquiavélica Violet.
Por el camino, todos aprenderán muchas cosas como que "cada bichillo tiene su talento", a escuchar y confiar en los demás, a trabajar en equipo y, lo que más me ha gustado, a responsabilizarse de las consecuencias de sus actos. Ese mensaje me ha calado muy muy hondo, porque es lo que siempre intento inculcar en mis peques y por un oído les entra y otro les sale. No me viene mal una película como esta para reforzarlo y que dejen de tirar balones fuera.
Por supuesto, mis chicos no parecen ser plenamente conscientes de los valores que transmite la película. Para ellos ha sido un metraje lleno de emociones y risas con personajes carismáticos y muy diferentes entre sí. Ambos quedaron enganchados al devenir de los juegos de la miel pegando botes en sus asientos con cada triunfo y tapándose los ojos con cada desastre.
Es muy recomendable para un plan en familia ahora que el tiempo no está como para ir al parque. El cine es una opción estupenda para pasarlo bien aunque llueva o nieve y si lo hacemos con una película con unos fotogramas muy chulos y una historia trepidante llena de bichillos simpáticos mejor que mejor.
viernes, 2 de febrero de 2018
Harry Potter Book Night en La librería La Sombra
El lunes me enteré por twitter que este jueves era la Harry Potter Book Night, una iniciativa la mar de mágica para contagiar a los niños el amor por la lectura de una forma divertidísima. En España se celebra desde el 2016, pero yo no había participado hasta ahora.
Lo cierto es que lo había escuchado el año pasado, pero estaba tan liada que lo dejé pasar. Una pena porque creo que la voy a adoptar por costumbre. El caso es que el primer jueves de febrero, varias librerías se ponen de acuerdo para organizar actividades chulísimas que giran alrededor del mundo inventado por J. K. Rowling.
La editorial Salamandra facilita un cuadernillo para organizar tu jornada mágica al que no le falta detalle. Tienen colgados los de años anteriores y muchas actividades se pueden hacer también en casa. No tiene desperdicio.
Me miré el programa de actividades previstas muy emocionadas y me decanté por la propuesta de la Librería La Sombra. No me quedaba nada cerca de casa, pero me encantó como exponían lo que íbamos a hacer en un día tan especial: "Vamos a decorar la librería para la ocasión con la cabaña de Hagrid. Os podréis disfrazar con túnicas, y podréis crear un bowtruckle. También habrá lecturas de Animales Fantásticos, te llevarás tu carnet de mago y más sorpresas…" ¡Quién se resiste!
No solemos acudir a eventos entre semana porque estos chiquillos siempre están con alguna tarea a sus espaldas. Si no son deberes, son exámenes y si no extraescolares (Y eso que los míos sólo tienen una cada uno y realmente necesarias). El caso es que no me gusta agotarles y prefiero que sigan con su rutina, pero en esta ocasión hice una excepción.
En cuanto escucharon el plan se emocionaron y se pusieron a esperar ese jueves con impaciencia. El día D, les di sus varitas (Unos palillos chinos que dan el pego) y nos encaminamos a la librería muy contentos.
La profesora nos esperaba en la cabaña de Hagrid para darnos la bienvenida y contarnos un poquito sobre "Animales Fantásticos y cómo encontrarlos". Tenéis que saber que los muggles no siempre vivieron en la inopia con el tema de estos bichos mitológicos y de leyenda. Se guardan escritos que ponen de manifiesto que en su día los conocieron y que les causaban mucho temor y desconfianza. De ahí que los magos decidieran controlarlos y esconderlos. Así los muggles olvidarían que en realidad sí que existe la magia.
Tras la lectura, la profesora le facilitó túnicas a los magos que las quisieran y nos invitó a ponernos el sombrero seleccionador y sacar de un caldero mágico un cartelito con la casa a la que perteneceríamos: Iván Gryffindor (Valiente), Daniel Ravenclaw (Inteligente) y Dácil Hufflepuff (Noble). ¡Si es que nos han clavado! Mi parte de madre troll deseaba que mee saliera Slytherin (Ambición). Pero no soy tan sibilina.
También tuvimos la oportunidad de crear nuestro propio bowtruckle, un bichillo verde que, según nos contó ella misma, defendía su árbol y le sacaba los ojos a quien intentara cortarle su tronco o atacarlo. Como curiosidad nos confesó que le encanta comer chinchillas. Con pajitas, tijeras y celo los chiquillos pusieron en marcha toda su creatividad.
Daniel le puso un montón de brazos a su bowtruckle para que pudiera comer chinchillas a dos carrillos y sacar ojos con mayor efectividad. Eso sí, sólo le puso una pierna, así que era bastante lento y sólo se podía mover pegando saltitos. Iván sí que le puso dos piernitas al suyo, además de una hojita muy decorativa en la cabeza. Ambos le hicieron el árbol a sus bowtruckles para que fueran extra felices. Aquí hay que decir que les eché una manilla bastante importante. Sobre todo al pequeño, así que me lo pasé pipa cortan y pegando trocitos de bicho.
Para hacer los grupos en los juegos nos separaban por casas. Primero tuvimos que adivinar qué criaturas saldrían de unos huevos por medio de un juego de pistas. Aquí había que tener conocimientos bichiles y nosotros no hemos visto ni la película, así que estábamos un poco peces. Yo decía: ¡ese huevo es de dragón! Y me contestaban ¿Pero de qué tipo? ¡Y yo que sé que tipos hay! Sólo recordaba que uno de ellos empezaba por cola algo y era negro. Menos mal que teníamos expertos en nuestro grupo. Aún así acudimos a Google con el último huevo, pero no sirvió de nada. Nos tuvimos que rendir.
También hubo una prueba en la que un grupo le echaba un bicho al otro grupo y éste último tenía que echar el hechizo para defenderse. Lo pasamos genial atacando y defendiéndonos, aunque yo no me enteraba ni del nodo porque, para empezar, los nombres de las criaturas me sonaban a chino.
Ese fue el final de nuestra Harry Potter Book Night. ¡Nos supo a poco! Y nos divertimos un montón.
Corrimos a casa porque no quería que se les hiciera muy tarde a los peques. ¡Que al día siguiente había cole! Pero tuvimos mala suerte en el metro y sacar el bono de diez se convirtió en toda una aventura. Menos mal que un trabajador del metro nos ayudó amablemente con el tema y por fin conseguimos nuestro billete.
Mis niños estaban tan entusiasmados que lo primero que hicieron al llegar a casa fue hacerse su propio bestiario.
Lo cierto es que lo había escuchado el año pasado, pero estaba tan liada que lo dejé pasar. Una pena porque creo que la voy a adoptar por costumbre. El caso es que el primer jueves de febrero, varias librerías se ponen de acuerdo para organizar actividades chulísimas que giran alrededor del mundo inventado por J. K. Rowling.
La editorial Salamandra facilita un cuadernillo para organizar tu jornada mágica al que no le falta detalle. Tienen colgados los de años anteriores y muchas actividades se pueden hacer también en casa. No tiene desperdicio.
Me miré el programa de actividades previstas muy emocionadas y me decanté por la propuesta de la Librería La Sombra. No me quedaba nada cerca de casa, pero me encantó como exponían lo que íbamos a hacer en un día tan especial: "Vamos a decorar la librería para la ocasión con la cabaña de Hagrid. Os podréis disfrazar con túnicas, y podréis crear un bowtruckle. También habrá lecturas de Animales Fantásticos, te llevarás tu carnet de mago y más sorpresas…" ¡Quién se resiste!
No solemos acudir a eventos entre semana porque estos chiquillos siempre están con alguna tarea a sus espaldas. Si no son deberes, son exámenes y si no extraescolares (Y eso que los míos sólo tienen una cada uno y realmente necesarias). El caso es que no me gusta agotarles y prefiero que sigan con su rutina, pero en esta ocasión hice una excepción.
En cuanto escucharon el plan se emocionaron y se pusieron a esperar ese jueves con impaciencia. El día D, les di sus varitas (Unos palillos chinos que dan el pego) y nos encaminamos a la librería muy contentos.
La profesora nos esperaba en la cabaña de Hagrid para darnos la bienvenida y contarnos un poquito sobre "Animales Fantásticos y cómo encontrarlos". Tenéis que saber que los muggles no siempre vivieron en la inopia con el tema de estos bichos mitológicos y de leyenda. Se guardan escritos que ponen de manifiesto que en su día los conocieron y que les causaban mucho temor y desconfianza. De ahí que los magos decidieran controlarlos y esconderlos. Así los muggles olvidarían que en realidad sí que existe la magia.
Tras la lectura, la profesora le facilitó túnicas a los magos que las quisieran y nos invitó a ponernos el sombrero seleccionador y sacar de un caldero mágico un cartelito con la casa a la que perteneceríamos: Iván Gryffindor (Valiente), Daniel Ravenclaw (Inteligente) y Dácil Hufflepuff (Noble). ¡Si es que nos han clavado! Mi parte de madre troll deseaba que mee saliera Slytherin (Ambición). Pero no soy tan sibilina.
También tuvimos la oportunidad de crear nuestro propio bowtruckle, un bichillo verde que, según nos contó ella misma, defendía su árbol y le sacaba los ojos a quien intentara cortarle su tronco o atacarlo. Como curiosidad nos confesó que le encanta comer chinchillas. Con pajitas, tijeras y celo los chiquillos pusieron en marcha toda su creatividad.
Daniel le puso un montón de brazos a su bowtruckle para que pudiera comer chinchillas a dos carrillos y sacar ojos con mayor efectividad. Eso sí, sólo le puso una pierna, así que era bastante lento y sólo se podía mover pegando saltitos. Iván sí que le puso dos piernitas al suyo, además de una hojita muy decorativa en la cabeza. Ambos le hicieron el árbol a sus bowtruckles para que fueran extra felices. Aquí hay que decir que les eché una manilla bastante importante. Sobre todo al pequeño, así que me lo pasé pipa cortan y pegando trocitos de bicho.
Para hacer los grupos en los juegos nos separaban por casas. Primero tuvimos que adivinar qué criaturas saldrían de unos huevos por medio de un juego de pistas. Aquí había que tener conocimientos bichiles y nosotros no hemos visto ni la película, así que estábamos un poco peces. Yo decía: ¡ese huevo es de dragón! Y me contestaban ¿Pero de qué tipo? ¡Y yo que sé que tipos hay! Sólo recordaba que uno de ellos empezaba por cola algo y era negro. Menos mal que teníamos expertos en nuestro grupo. Aún así acudimos a Google con el último huevo, pero no sirvió de nada. Nos tuvimos que rendir.
También hubo una prueba en la que un grupo le echaba un bicho al otro grupo y éste último tenía que echar el hechizo para defenderse. Lo pasamos genial atacando y defendiéndonos, aunque yo no me enteraba ni del nodo porque, para empezar, los nombres de las criaturas me sonaban a chino.
Ese fue el final de nuestra Harry Potter Book Night. ¡Nos supo a poco! Y nos divertimos un montón.
Corrimos a casa porque no quería que se les hiciera muy tarde a los peques. ¡Que al día siguiente había cole! Pero tuvimos mala suerte en el metro y sacar el bono de diez se convirtió en toda una aventura. Menos mal que un trabajador del metro nos ayudó amablemente con el tema y por fin conseguimos nuestro billete.
Mis niños estaban tan entusiasmados que lo primero que hicieron al llegar a casa fue hacerse su propio bestiario.
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