lunes, 8 de octubre de 2018

¡Un papá mago! El show, el único espectáculo donde aprendes magia

En mi casa la magia triunfa. Lo tenemos clarísimo. Esa mezcla de ilusión, picaresca, humor y sorpresa nos encanta y por eso mis peques se pusieron la mar de contentos cuando les dije que este domingo nos íbamos a ver a Un papá mago en su nuevo espectáculo: ¡Un papá mago! El show. Ya lo hemos visto actuar antes y alucinamos con sus juegos de manos. Cómo el bien dice, vemos lo que él quiere que veamos. ¡Que arte tiene!

Ayer me planté en los Teatros Luchana con dos niños muy emocionados, cansados (porque el día anterior había sido de órdago) e hiper excitados. ¡Vaya cóctel! Ambos eran incapaces de despegar los ojos del escenario, dónde Iván Santacruz, nos contaba cómo sorprender a nuestros amigos con trucos chulísimos, pero tampoco podían pegar sus traseros a las butacas.

Cuando no se enteraban de algo me miraban angustiados enseguida. "Mami, ¿has visto cómo se hace? ¿Seguro?" y yo les pedía encarecidamente que se callaran y asentía como una loca mientras juraba y perjuraba que se lo explicaría en casa más tarde. Además de tener que tomar buena nota de todos los secretos que nos contaba el protagonista de la velada, me las veía y me las deseaba para que mis churumbeles permanecieran en sus butacas sin molestar a las pobres personas que se habían sentado delante y les amenazaba con toda clase de castigos si no bajaban la voz. Me sentía algo malabarista.

Algunos trucos no los contaba, claro. Y eran los más alucinantes. Mis peques exclamaron más de una vez: "¡¡¿Cómo lo ha hecho?!!" y me miraban fijamente esperando que yo, pobre de mí, les desvelara el misterio. Creo que nunca me habían regalado antes tantas miradas de decepción y reproche. Que ya sabemos que los padres somos magos a la hora de intentar hacer felices a los chiquillos, pero hay límites. Esta situación me recuerda a cuando se pone a llover y te alargan la mano para que les des el paraguas. Paraguas que, evidentemente, está en casa. ¡¿Qué esperan?! ¿Que chasquee los dedos y aparezca? En fin, que me disperso.

El caso es que, cada vez que Iván Santacruz pedía un voluntario, Daniel se despepitaba por salir. Se contorsionaba, saltaba en su butaca, agitaba los brazos como si no hubiera un mañana con gran peligro para la pobre madre que estaba a su lado (Yo)... En cambio, el pequeño, que asegura que sufre de pánico escénico, se encogía y hasta parecía que se hacía más pequeño, miraba a un punto indeterminado entre sus pies y se mantenía en silencio absoluto hasta que pasaba el peligro. Desde luego, no parecen hermanos.

En una de esas ocasiones, Daniel casi se cae encima de los de delante en su afán de salir, así que Un papá mago le invitó al escenario muerto de la risa. Se la jugó bastante, he de confesar, porque el peque estaba incontrolable. Pero ¡vaya si lo supo manejar! Se nota que tiene tablas en esto de actuar para niños. El mayor estaba exultante y era incapaz de estarse quieto, perseguía al pobre mago por todo el escenario con ojillos brillantes siguiendo sus indicaciones muy feliz.

Cuando se sentó a mi lado estaba más hinchado que un pavo por haber salido de voluntario. Incluso levantó la mano en el resto de ocasiones que se pidió que alguien subiera al escenario a pesar de mi protestas.

El show se nos hizo muy corto de lo bien que lo estábamos pasando y los dos hicieron la cola muy felices para hacerse la foto con Iván Santacruz, algo que no suelen hacer nunca. Pero ya se ve que Un papá mago los tiene encandilados.

En cuanto llegamos a casa me pidieron material para emularle, pero tuvieron que esperar a después de comer y a hacer las tareas antes de que les facilitara nada. Parecía fácil cuando lo hacía él, pero a nosotros nos ha costado bastante hacer algunos. Los más sencillos ya los tienen dominados... masss o menosss.

viernes, 5 de octubre de 2018

La balada de los unicornios

"Por muchas posibilidades que contemples, la vida siempre te sorprende por dónde menos te lo esperas", este pensamiento es de Ágata, una de las mejores alumnas de la Escuela de Artefactos y Oficios. Y eso precisamente es lo que le pasa en La balada de los unicornios, novela juvenil que ostenta el Premio Lazarillo 2017, que todo te sorprende.

La protagonista se encuentra inmersa en una situación que hace que se tambalee todo su mundo, exterior e interior, y que la llevará a un viaje al origen del mundo tras muchas aventuras y desventuras. En su camino se cruzarán múltiples personajes de toda índole: oscuros, luminosos, desconfiados, tristes, crueles, valerosos... Tic Tac, un robot que no entiende de sentimientos, pero que aparenta ser más humano que los propios humanos, a pesar de no tener corazón, será su acompañante más fiel. Ágata descubrirá muchos de los misterios que la rodean desde su nacimiento. La guerra entre cuervos y unicornios está a punto de comenzar y ella es una pieza clave para ambos bandos.

Ledicia Costas, la autora, ha ambientado el relato en un mundo fantástico con tintes steampunk, que gira alrededor de un Londres victoriano y oscuro en el que un inquietante Jack, el destripador, convive con la tenebrosa Escuela de Artefactos y Oficios, que acoge a los huérfanos más brillantes y el luminoso Palacio Real, sacado de un cuento de hadas. La ciencia y la magia se unen para dar lugar a situaciones y lugares extraordinarios, en los que los escarabajos nos atan a la vida, los perros son civilizados y cuidan de sus mascotas humanas o los gigantes son obligados a permanecer absolutamente quietos mientras poblaciones enteras aparecen sobre su piel.

Las ilustraciones son pequeñas, pero muy bonitas. En un principio, admito que estaba tan enganchada a los acontecimientos que se desarrollaban ante mis ojos que no me paré a mirarlas, pero una vez acabado el libro volví sobre mis pasos para disfrutarlas con calma.

Supongo que a estas alturas del post sobra decir que me encantó el libro. Me enganchó de la primera a la última línea y seguí las evoluciones de la cabezota, rebelde y confundida protagonista y sus compañeros con extremo interés.

Pienso con pena que aún no es lectura adecuada para mis churumbeles. Se tocan temas abstractos como el amor, la locura, la crueldad y la amistad que no creo que puedan entender todavía. Además, de que hay descripciones de crímenes que, puede que por sobreproteccionismo, no me parecen nada adecuadas para siete y nueve años. Creo que la editorial ha acertado de lleno al recomendarlo a partir de 14 años, aunque estoy segura de que mis fieras se lo leerán mucho antes. Daniel ya lo mira con ojitos golosos. Todo por culpa de las tapas que son muy atractivas y te invitan a comenzarlo lo antes posible. Puede que con once donde años ya pudieran disfrutarlo, eso depende de la madurez de cada uno.


jueves, 4 de octubre de 2018

Flipando con Boquiabiertos

Menos mal que pude ir al evento de Boquiabiertos de Madresfera, porque así pude enterarme, no sólo de que mis hijos llevan fatal lo de la higiene dental, sino que además ¡yo no tengo ni idea! La de cosas que hago mal. Voy a tener que ponerme las pilas... y rápido. ¡Vamos a ver! Que yo de toda la vida tengo unos dientes envidiables. Tres caries en 41 años y todas después de los embarazos, así que supongo que algo tuvo que ver. Ni una visita al dentista hasta que me salió la primera caries allá por los 35.

Y... de repente... Daniel tiene una caries a los cuatro años. ¿Ein? ¿Cómo? ¡Pero cómo puede haber pasado! Supongo que kilos de chuches al año y una muy deficiente limpieza de los dientes tuvieron algo que ver. Y yo qué sabía, si mi experiencia es que no empecé a lavarme en serio los dientes hasta los seis o siete años... por ahí, que ya ni me acuerdo.

Ahí fallé, ahí. En la falta de información. Tantas teclas tienen los hijos que los pobres dientes caen en el olvido demasiado tiempo. Teniendo en cuenta que nacemos sin ellos no es tan extraño haberlos ninguneado tanto tiempo. Si total ahora no tiene, y ahora son los de leche que se le van a caer... ¡Pues no! ¡Error!

En Alopeke se reunieron Paola Beltri, presidenta de SEOP (Sociedad Española de Odontopediatría); Linda Rennings, responsable del programa Orbit Pro en Mars; Lydia Almansa, de Una madre en el dentista, Amalia Arce, pediatra y editora de Diario de una mamá pediatra; y Mónica de la Fuente, de Madresfera, para sacarnos de la inopia, por lo menos a mí, que estaba ciega a una realidad que me ha pillado por sorpresa. Menos mal que han sacado Boquiabiertos, una publicación informativa para concienciar de la importancia de la prevención y la higiene dental.

Porque, amigos, la realidad en panorama de la salud bucodental cambia tan deprisa como los avances informáticos, y ahora ya podemos tener dentaduras cariadas a la escalofriante edad de un añito. ¡Madre mía! ese primer dientecito y ya tiene una infección de caballo. Esto se debe principalmente a que la gente no está concienciada de la existencia de este problema, lo que deriva en una falta de información preocupante, unos hábitos de higiene más que deficientes y una pandemia tremenda de las caries, la enfermedad infecciosa más propagada en todo el mundo. Las bacterias pasan de una boca a otra que vuelan en prácticas que a simple vista parecen inofensivas como soplarles la sopa, compartir las cucharas, los besos en la boca... Los más recomendable para la prevención de us aparición es tener mucho cuidado con el azúcar, un control de alimentación y una correcta higiene.

A día de hoy lo ideal sería visitar al odontólogo ya en el embarazo para ir informándonos, pero a más tardar antes del primer cumpleaños del churumbel para llevar una adecuada prevención y saneamiento dental. Si el niño comienza a ir al dentista por revisiones y sigue sus indicaciones puede tener una boca sana toda su vida porque las caries son una enfermedad 100% evitable. Pero si el peque va su primera vez por un problema de salud dental, con dolor o molestias, ya hemos comenzado mal. Además, los padres debemos de tener mucho cuidado en no transmitirles nuestros miedo al dentista, cosa que hacemos inconscientemente. Quien más quien menos, casi todos nos hemos tenido que enfrentar al molesto pinchazo de la anestesia, al instrumental de pesadilla y a esos raspados... ainsss... se me pone la carne de gallina sólo de pensarlo. Pues hay que hacer un ejercicio de contención con nosotros mismos y hacer que los peques vivan sus visitas a estos especialistas con normalidad, confianza y tranquilidad.

De hecho, como siempre, nosotros somos su modelo a seguir, tanto con nuestra actitud hacia las visitas al dentista como a la hora de lavarse los dientes. Lo mejor es hacerlo en familia siguiendo los pasos poco a poco. Siguiendo la dirección de las agujas del reloj nos lavamos por dentro, por donde se muerde y por fuera, por los lados, arriba y abajo. ¡Sin olvidar la lengua!

Nuestras ponentes de lujo nos explicaron que los niños, al menos, se tienen que cepillar los dientes dos veces al día, mínimo dos minutos cada vez y siguiendo siempre el mismo orden para no dejarse nada sin limpiar. El momento más importante es después de la cena. hay que La pasta debe tener flúor, imprescindible para la protección de los dientes. A partir del año de 1.000 ppm, y a partir de los tres ya pueden usar la de los adultos a no ser que un profesional de la salud diga lo contrario por circunstancias de cada niño (ya sabemos que cada uno es un mundo y sus dentaduras y estados de salud también). A niños muy pequeños se los tenemos que lavar nosotros para controlar la ingesta de flúor. A la hora de comprar pastas de dientes hay que mirar los ppm y no las edades recomendadas porque están totalmente desactualizadas.

El uso del hilo dental, también a partir de los 3 años es muy importante. La mayoría de las caries surgen en las intersecciones de las muelas de leche. Alucina. Yo nunca lo he usado y estos nos saben ni que existe. Habrá que ir buscando uno de esos especiales para niños.

Otra recomendación que hizo que se me pusiera la cara roja, los cepillos hay que cambiarlos cada tres meses o menos. Como tienen que ser de cerdas blandas para que el niño no se haga daño (no miden su propia fuerza) enseguida se estropean y ya no son efectivos. Ni os cuento la de tiempo que se pueden pasar las fieras con los suyos. ¡Ah! y otro aspecto importante. La cantidad de pasta que tenemos que usar no puede exceder el tamaño de un guisante ni en caso de los adultos, y en la de los bebés el tamaño de un grano de arroz. Eso del desparrame de pasta que vemos en los anuncios es ciencia ficción.

Cuidadito que no hay que enjuagarse después del cepillado sino antes si queremos retirar suciedad. Una vez extendido el flúor hay que dejar que actúe al menos media hora para que haga su función de protección. Con los colutorios, recomendados a partir de tres años, pasa lo mismo que con el agua. hay que esperar al menos media hora después del cepillado para poder usarlos.

Los profesionales de la salud son los encargados de desmontar los mitos que han surgido alrededor de la salud dental y que nos tienen a los padres en jaque, sobre todo, los especialistas, porque los pediatras tienen muchos más aspectos de los que preocuparse y los dientes no suelen ser una prioridad para ellos, aunque debería. ¡Cuidado! Cuando un médico infantil le dice a los padres que el bebé de una año ya puede comer de todo no se refiere a chuches y porquerías, aunque muchos lo entiendan así y pongan en marcha la rueda de las caries.

Como veis, la jornada dio para mucho. Se dijeron muchas cosas importantes, e incluso se hizo una demostración con una niña voluntaria de cómo es un correcto lavado de dientes (minucioso y con calma). Pasaron por la web del manual y podréis encontrar muchos recursos para nosotros y nuestros peques, además de mucha información muy útil.



miércoles, 3 de octubre de 2018

Cumpleaños Minecraft: ¡la fiesta!

Y por fin llegamos a la cuestión más importante, el momento de la verdad, el quid de la cuestión: cómo funcionó la fiesta. A pesar de que sabía que iba a ir bien porque los niños son un público muy revoltoso, pero a la vez, increiblemente agradecido, yo estaba un pelín nerviosa.

En cuanto comenzaron a llegar invitados se me fueron las neuras. Enseguida se ponían a jugar tan agusto y a pasárselo bomba. Lo primero que hacía en cuanto traspasaban la puerta era llevarles al lugar donde estaban los regalos para los amigos y pedirles que eligieran una bolsita.

Dentro tenían una pistola de gomaeva y un muñequito Lego de Minecraft que podían montar con ayuda adulta (o no si no la necesitaban) si así lo deseaban. El 90% de los niños dejó el muñeco donde le pilló y se liaba imaginar cruentas batallas con el arma de mentira (muy didáctica. Lo sé). Pero tres de ellos estuvieron entretenidísimos montando las piezas de los suyos, sólo por eso ya valió la pena incluirlos.

De vez en cuando los veía hacer incursiones en la zona de la merienda y partirse con los cartelitos. Eso de comer alimentos salidos de un videojuego mola un montón. La Poción de velocidad (la azul) fue la que más éxito tuvo con diferencia, tengo que recordar comprar dos botellas la próxima vez.

El cartel para afinar la puntería con tirachinas les duró un suspiro. Justo lo que tardó en llegar el pequeño hermanito de uno de los invitados al que le hizo mucha gracia el sonido que hacía el papel al rasgarse. El caso es que lo disfruten.

Cuando los peques vieron que sólo les quedaba un ojo de creeper sano para colar los proyectiles se dedicaron a disparar contra otros objetivos. Aunque se cansaban pronto porque no tenían mucha habilidad para colocarse el elástico entre los dedos. Ni me acuerdo de las veces que tuve que ayudarles con eso. ¡Que risas!

Por otro lado, les costó muchísimo reparar en que los globos de la pared rellenos de confetti estaban allí para ser explotados. El padre de las criaturas se las prometía muy felices porque, desde el principio, no le había hecho nada de gracia el tema de palillos chinos golpeando su pared a través de globos y suelo hasta arriba de confetti, pero uno de los peques reparó en el vaso de las "Espadas" y, claro, preguntó para qué era eso. ¡Lo que disfrutaron estallando los globos! La pared quedó intacta y el confetti lo íbamos barriendo según caía, así que no hubo nada de lío. ¡Todos contentos!

Otro éxito fueron las caretas que saqué de Planes para peques. Lo que pudieron jugar con ellas. La idea era que se llevaran una cada uno, pero al final de la fiesta vete tú a buscarlas. Podían estar en cualquier parte. ¡Si ya me costó dar con las pistolas para que no se fueran sin ellas! Y eso que son grandes. Afortunadamente, los muñecos de lego los fui guardando yo y los tenía perfectamente localizados.

Las tartas les gustaron muchísimo. Se sorprendieron cuando se desparramó el interior del creeper en forma de lacasitos y sobró mucho menos que en otras ocasiones. Después de cantar el cumpleaños feliz, el cumpleaños fatal y que no cumple unooooo, que no cumple dooooos... con alguna que otra incidencia sin importancia (como que algún amiguito se adelantaba a soplar las velas y muchos otros que se pusieron a imitar al trasto de Daniel que no se le ocurre otra cosa que acercar la cucharita de plástico a la llama), les dieron los regalos a los cumpleañeros. ¡Todos chulísimos! Nos han gustado a toda la familia.

Y sólo quedó jugar un poco más hasta la hora de irse. La verdad es que se nos pasó el tiempo volando y nos lo pasamos muy bien. Algunos lloros hubo, pero yo diría que menos que el año pasado. ¡Prueba superada!




martes, 2 de octubre de 2018

Cumpleaños minecraft: la merienda y las tartas

Admito que este año la merienda no me la he currado nada. La razón principal es que la decoración ya se me comió mucho tiempo.

Básicamente, me fui al supermercado y compré todo lo que vi que fuera cuadrado y que les pudiera gustar a los peques: ladrillos de chuches, huevos fritos de gominola cuadrados, otras chuches cuadradas que parecía sandwiches, patatas fritas de muchos sabores, onzas de chocolate (que también tiene la forma ideal), unos crackers pequeños, minitostas de paté y de queso con mermelada... Y poco más. ¡Ah! ¡Sí! Como me sobró mucho coco verde de la tarta creeper hice bolitas de coco con galleta y leche condensada con forma cuadrada para hacer bloques de tierra con hierba. Eso fue lo único de la merienda que me curré un poco.

Eso sí, cada platito (cuadrado, por supuesto), llevaba su cartelito con el símbolo minecraft asociado a su contenido: huevos, pan, patatas, cookies (que no eran cuadradas, pero como tenía el dibujo, las incluí), palos (que eran minifuets)... Los cartelitos los hice con un marco que pillé de google imágenes y buscando los dibujos en la Minecraft Wiki (hay wikis para todo).

Las tartas tampoco fueron nada difíciles. Hice dos bizcochos de yogurt de vainilla y los corté por la mitad. En una parte de uno puse mermelada de fresa (no en todo por si no les gustaba a los niños). Puse la parte superior de nuevo en lo alto. Añadí chocolate de cobertura para lograr un enderman. Los ojos los hice con dos ladrillos rojo para las pupilas y pepitas de chocolate. Les encantó.

La otra tarda la vacié un poco de bizcocho por el interior y la rellené con lacasitos para que al cortarla diera la impresión de que estallaba y se desparramaban los lacasitos. Les encantó el efecto. La idea se la copié a Contras y Pros, aunque yo no me lo curré tanto como ella. Solamente retiré medio bizcocho, hice el agujero con una cuchara, metí los lacasitos a saco y oculté los rastros de la hazaña con crema de cookies (nocilla más oscura). Luego recorté en un folio los ojos y la boca del creeper, Lo puse sobre la crema de cookies, espolvoreé el coco teñido de verde con una mezcla de colorante alimentario líquido amarillo y azul, retiré con cuidado los papelitos y ¡listo! Mucho más fácil que otros años. Y a los peques les gustó muchísimo el resultado.

Para las bebidas compré una cola, otra de naranja y otra azul que les gusta muchísimo y que la encuentro en la zona de bebidas refrigeradas para pegarles las etiquetas que me descargué en Planes para peques y que las convirtieron en poción de vida, de invisibilidad y de velocidad.

Al final todo quedó muy aparente. A ellos lo que más les divierte son los cartelitos.

lunes, 1 de octubre de 2018

Cumpleaños Minecraft: decoración

Otra vez tocaba organizar la fiesta de cumple de los churumbeles. Como hay una distancia de 15 días (y dos años) entre ambas fechas significativas, hemos acordado que tendrían una fiesta temática. Es imposible organizar dos con tan poco tiempo. No les hace mucha gracias, pero es lo que hay. Los días antes (semanas) son frenéticos para mí y sólo de pensar en repetirlo me pongo mala, menos mal que es una vez al año.

De todas formas les celebramos también en sus días señalados con una cena especial que ellos eligen y tarta. El mayor nos ha pedido perritos calientes con queso fundido y nachos con salsa barbacoa. El pequeño a su vez pizza barbacoa y más nachos. Todo muy sano como veis.

Pero ya me centro en el tema del post. El caso es que este año les he convencido para que el tema fuera Minecraft. Os preguntaréis por qué me importa tanto este punto. ¡Pues porque hay mil millones de ideas chulas sobre cumpleaños basados en este juego, así que pensé que eso me facilitaría las cosas. Aunque, en realidad, al final me las puso un poco difíciles con tanta infoxicación.

El caso es que estaban entusiasmados porque les flipa este juego, así que me puse manos a la obra. Me metí en internet y pillé unas cuantas cosas a precio de risa. Pensé, una vez más erróneamente, que era una forma magnífica de trabajar menos. Y algo sí que adelanté, pero eso me dio tiempo a poner en práctica otras ideas que también me llevaron un tiempo precioso.

Antes de que comenzara septiembre yo ya me había descargado un montón de imprimibles para montar muñequitos del juego con papel. Puse "Papercraft Minecraft" y me salieron para aburrir. ¡Hasta una dragón finalizador que era una pasada! Que no hice por falta de tiempo. Aunque sí que logré terminar un golem, un aldeano zombi, un creeper, un esqueleto y una vaca sin patas (¡¡era imposible pegar las malditas patas!!)

En Planes para peques me descargué las caretas de palo que tanto triunfaron. Algunas las pegué en la pared para decorar y quedaron geniales. Me encantó el juego de ponerle el rabito al cerdito, pero no me dio al vida para incluirlo. También me bajé las etiquetas para las botellas. ¡Me encantaron!

La idea de la araña gigante para decorar la mesa la saqué de Mejor mamá. Los chicos fliparon con la bicharraca. Es muy fácil de hacer y resultona.

De Scrapping para dos saqué la inspiración para el juego de puntería, aunque lo varié bastante. Usé una mantel verde muy barato que encontré en la sección cumpleaños del Alcampo y que me dio también para cubrir un mueble y una mesita (y aún más, pero no me dio tiempo de recortarlo a la medida).

Le dibujé las caras de los creepers, recorté los huecos e intenté reforzarlo con una cinta negra, pero ¡vaya infierno. Más que reforzarlo me lo estaba cargando. Al final lo di por perdido y dejé la mitad bordeada y la otra mitad no. Más original. Para disparar les facilité elásticos y papelitos doblados para que hicieran tirachinas de dedo. Les hizo mucha gracia, pero algunos no lograban pillarle el tranquillo.

Para la puerta de la entrada tuve que currarme un Enderman de la nada porque Daniel me lo pidió muy ilusionado. Lo bueno es que quedó muy contento con le resultado. Y su hermano también. Se lo pasaron pipa pasando por debajo y simulando que les comía. En esa pared colgué una tela impresa que había comprado en internet. Resultó ser demasiado grande y sólo me cabía allí.

Por todas las paredes puse creepers cutres hechos con papel vegetal verde y fieltro negro. Asomando de una mueble pegué otro muy chulo que también pillé por internet y que a mis hijos les enamoró. Estábamos rodeados jajaja

En la única pared que me quedaba libre colgué hileras de globos verdes rellenos de confeti. La idea era hacerles caras de creeper con la cinta de embalar negra, pero no me dio tiempo a tanto. A los peques les dio igual porque estuvieron estallándolos con la misma alegría que si tuvieran las caras hechas. ¡Si es que no me dio la vida para más!