miércoles, 18 de septiembre de 2019

Guía antibullying: Mamá, papá, no quiero ir la cole

Seguros Meridiano ha publicado una guía para aprender a prevenir, detectar y erradicar los casos de bullying que me ha parecido muy interesante y se puede descargar gratuitamente en el siguiente link: Mamá, papá, no quiero ir al cole. En ella nos enseña, en primer lugar, qué es el Bullying y cómo apareció el término en nuestro lenguaje. Supongo que acoso escolar a habido siempre en menor o mayor medida, pero, por lo visto, una educación falta de valores y una libertad mal entendida dio lugar a un boom de violencia escolar en los países nórdicos que necesitó de la intervención de profesionales para detenerla. En la guía lo cuentan más detalladamente. El Dr. Dan Olweus, psicólogo sueco noruego y profesor de Psicología de la Personalidad, fue el encargado de estudiar la situación y buscar soluciones. Llegó a la conclusión que para que se dé un caso de Bullying tiene que haber intención de hacer daño, que no sea un caso aislado y puntual sino reincidente, que se produzca entre iguales (entre alumnos, por ejemplo) y que el acosador o acosadores sean más fuerte que la víctima física y/o psicológicamente. En los casos de bullying participan tres tipos de personas: el acosador, el acosado y los espectadores pasivos, que son hacia los que se están dirigiendo la mayoría de las campañas sociales en España, puesto que son ellos los que pueden detectar rápidamente estos casos y denunciarlos.

Además de ponernos en contexto y describirnos a qué nos enfrentamos en la guía se nos dan indicaciones para poder detectar si nuestro hijo puede estar sufriendo bullying y cómo podemos actuar para parar la situación. Aunque yo tengo claro que si algún día me entero de que alguno de mis hijos es víctima de abusos, lo primero que haría sería cambiarlo de centro. Cuando el niño esté lejos de relaciones nocivas y dañinas, empezaría a mover piezas para acabar con el problema y que no se repita con otros alumnos.

Otra sección que me ha parecido muy interesante ha sido el capítulo en el que te explican los tipos de bullying, sobre todo el ciberbullying, un veneno que se extiende muy rápido gracias a las herramientas tecnológicas que facilitamos a los niños sin que tengan la madurez y formación suficiente para utilizarlas correctamente.

Al final te vienen recomendaciones de películas y libros para ahondar en el tema.

A muchos padres nos preocupa el acoso escolar en los colegios. Han sido tantos los casos y tragedias que han visto la luz que nos han metido el miedo en el cuerpo. De repente, un día, el peque dice que le duele la barriga, que está malito. No tiene fiebre, ni le ves pálido o sudoroso, pero él insiste y no vas a dudar de su palabra. Así que dejas que se quede en casa y ves una milagrosa recuperación que empieza a mosquearte. ¡Este niño te ha tomado el pelo! Las alarmas empiezan a saltar cuando al día siguiente vuelve de nuevo a la carga con los dolores imaginarios. Está claro que como le dio resultado está usando la misma artimaña para librarse del cole y en la imaginación de una madre aparecen todo tipo de horribles situaciones.

Porque yo, por lo menos, tiendo a ponerme en lo peor cuando se trata de mis hijos. En cuanto les pierdo de vista en la calle o en el parque, el corazón se me acelera y pienso que los he perdido. No vuelvo a respirar hasta que vuelven a estar  controlados.

Pero volviendo al tema, cuando mi hijo mayor comenzó a quejarse de dolor de barriga día sí y día también, cuando tenía unos tres años, pero luego no se le veía que tuviera un malestar real me empecé a preocupar. ¿Por qué mi hijo no quiere ir al colegio? ¿Habrá algo que le asusta? Lo primero que hice fue hablar con la profesora, que me tranquilizó inmediatamente. Daniel no quería ir al cole porque se lo pasaba mejor en casa, pero no tenía ningún problema de socialización y cómo alguien le hinchara las narices no dudaba en responder de la única forma que saben en esas edades, a tortazos. Le observé interactuar con sus compañeros y vi que la profesora tenía razón.

Entonces me vino una preocupación aún más grande. ¿Y si mi hijo es el abusador? (No tengo término medio). La profesora suspiró, se llenó de paciencia y me aseguró que el niño a veces tenía la mano larga, pero que era muy normal a su edad y su carácter movido. Pero que no abusaba del más débil o tenía a ningún niño atormentado. Como ningún padre se puso en contacto conmigo para quejarse del peque me quedé tranquila.

Años más tarde, sí que vino una madre a hablar conmigo porque su hijo le había contado que Iván, mi hijo menor, le pegaba. La pobre estaba muy preocupada, ¡no era para menos! Su hijo se había quejado ya tres veces de la situación. Era un niño muy tranquilo que huía de los conflictos y muy comunicativo. Me contó que Iván le pegaba siempre en el recreo, pero que no le importaba porque era su amigo. Uuuuuy, ahí sí que me sonaron todas las alarmas. Era cierto que a la salida del cole se les veía muy colegas, pero había que investigar qué estaba pasando.

Cogí al pequeño, que en ese momento contaba con cinco años y le di una charla breve y concisa para que le llegara el mensaje: A los amigos no se les pega. Iván se quedó pensando y me contestó que en el recreo jugaban a pegarse. Le pregunté por el niño en concreto y me dijo que sí que le pegaba, como a todos y que también le pegaban a él, porque así era el juego. Lo soltó tan pancho. "¡Pues como me entere de que le has pegado otra vez el castigo va a ser de órdago! A él no le gusta", el niño me soltó un "Vaaaale" de los suyos. "Ni quiero que juegues a pegar". "Vaaaale", repitió.

Al día siguiente le pillé por banda y le pregunté por el tema directamente: "¿Has pegado a fulanito hoy?", el peque me enfrentó muy sonriente y contestó "No, mami. A fulanito NO le he pegado", "Ni a nadie", proseguí. "Bueno sí, al resto sí, porque me han dicho que a ellos les gusta jugar a la guerra". "¡No se pega a NADIE!". Pero yo no estoy en el patio para vigilarles y tampoco sé hasta qué punto se pegan de verdad o hacen el tonto. Al menos se solucionó el problema con su amigo.

Afortunadamente, los juegos de hacer el bestia fueron suavizándose con el tiempo y nunca revistieron mala intención por parte de los peques. De hecho, alguna vez que Iván salió con alguna herida o moretón (muy pocas veces) me decía sonriendo que se lo había hecho fulanito o menganito "sin querer". Total, que tampoco era un caso de bullying, ¡menos mal! De hecho, a día de hoy siguen siendo amigos y no se acuerdan de que un día tuvieron a sus madres con el alma en vilo.

También es peliagudo cuando uno de tus hijos te viene contando de una forma muy natural una serie de sucesos que a ti te parecen un caso de acoso, pero que no tienes manera de identificar correctamente porque te faltan datos, versiones o saber si tu hijo se está inventando la mitad consciente o inconscientemente. Ahí lo único que pude hacer fue comentar con un familiar del niño lo que me había contado mi hijo para que hablara con la supuesta víctima y aclarara la situación. Al final fue otra falsa alarma. Se trataba de un juego que iba de grupos que se peleaban si no entendí mal. Y un grupo mandaba a su gente contra el otro y viceversa. En cada grupo había un jefe. Daniel no quiso jugar (fijo que porque no le había tocado ser jefe) y se pegó todos esos días boicoteando el juego intentando convencer a sus amigos para que se rebelaran. Claro que lo que a mí me contaba eran cosas como "Yo le digo que se están aprovechando de él, pero no me hace caso. Le tratan fatal, pero él quiere ser su amigo y ya le he dicho que pase pero nada". ¡Cómo para no preocuparse!

En fin, que no hay que despistarse nunca con estos temas. No son fáciles de detectar, pero hay que pillarlos a tiempo para evitar unas consecuencias que pueden llegar a ser muy graves. Ya no sólo por nuestros hijos, que, evidentemente, son lo que más no duele, sino por la sociedad en general que anda muy necesitada de valores y concienciación a todos los niveles.

Debemos educar a los niños para evitarlo, hay que formar a los profesores para que sepan enfrentarlo y a los padres para que puedan detectarlo.

La lectura de la guía me ha sido muy útil para aclarar conceptos y tener claros muchos aspectos que desconocía. También os aconsejo que veais la película A Silent Voice y si tenéis hijos de más de doce años yo la vería con ellos y comentaría con ellos cómo les ha afectado. Por cierto, si os interesa la guía en papel la podéis conseguir en las oficinas de Meridiano Seguros.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Ryuutama: La ciudad del sol poniente

Como ya dije en otro post, este año tuvimos mucha suerte en las TdN a la hora de conseguir plaza en las partidas de rol que nos interesaban, una de ellas era la de Ryuutama: La ciudad del sol poniente. José Masaga, Editor de Other Selves (La editorial que ha sacado el juego en español), fue nuestro máster y estrenaba una de las aventuras que se recogen en el suplemento Las cuatro estaciones. Nos dirigió la de la primavera y nos encantó.

Nada más llegar nos llamó la atención cómo estaba puesta la mesa, no faltaba un detalle. Hasta había puestos mantelitos de bambú para cada jugador. Una monada.

Nuestro máster venía preparadísimo con un montón de componente, figuras, una saquito de dados por jugador, una pizarra... y hasta unos lápices y gomas muy molonas. Tanto que Iván se empeñó en cambiar la figura de su personaje por el oso panda de su goma. A partir de ese momento se convirtió en un panda cazador que dormía en ramas y techos.

Nuestro máster no tuvo ningún problema en adaptarse al cambio y, además, lidió con un Daniel en estado troll sin perder la sonrisa y adaptando la partida a sus salidas de tono, una partida que fue la caña. Y eso que mi primogénito estaba de tortazo.

De hecho, su actitud en la partida le valió un castigazo posterior. Primera regla: hay que respetar al máster, segunda regla: hay que conducirse acorde con la ambientación de la partida. La primera acabó por acatarla porque nuestro director de partida se lo metió en el bolsillo muy hábilmente, pero la segunda se empeñó en romperla repetidas veces a pesar de mis miradas asesinas y mis veladas advertencias.

Aún así y todo, Masaga montó una partida espectacular en la que logró que todos los jugadores, cinco en total, participáramos muy activamente y nos echáramos unas risas. Dirigir a adultos es difícil, pero dirigir a niños es otro nivel. Los peques tienen pocos filtros y muchísima imaginación. Nunca sabes cual va a ser su siguiente paso.

En nuestra partida participaron tres niños muy diferentes y me pareció alucinante la forma que tuvo el máster de adaptarse a todos sin perder el hilo.

Tuvo una paciencia infinita y dejó que los niños curiosearan los tipos de dragones que aparecían en el libro a placer. Estuvieron un buen rato mirando los tipos de climas y cada dragón asociado muy interesados.

Este juego de rol cada vez nos gusta más, aunque mis hijos no acaben de empatizar con el ambiente de equilibrio con la naturaleza y buen rollo que desprende. Demasiadas mazmorras en sus vidas (en sus vidas roleras, en sus vidas roleras eeeeeh).

viernes, 13 de septiembre de 2019

Cuento juego de Las Estatuas Sabias en las TdN

Este año me he vuelto a animar a organizar un par de cosillas en las TdN. Cada vez vienen más niños y hace ilusión aportar tu granito de arena para que se lleven la mejor experiencia posible. Así que me lié la manta a la cabeza y metí dos actividades. Una de ellas era el cuento juego que conté en la clase de Iván con motivo del día del libro, El misterio de las estatuas de piedra sabias. Pensé que como ya tenía una experiencia previa sería más fácil, peor ¡oye! Cada público es diferente y no es lo mismo 26 niños de segundo de primaria, que 14 frikazos de todas las edades. ¡Madre mía! Sabían latín en todo lo que tuviera que ver con magia, mitologías y aventuras, pero estaban algo oxidadillos en mates jajaja Se nota que aprovechan el verano para reiniciar, ¡como tiene que ser!

Además, estaba presentes los padres, que eso también era nuevo para mí. Total que me puse tan nerviosa como en la clase de Iván, pero los peques me lo pusieron muy fácil. Se implicaron en la historia desde el principio y participaron con muchas ganas. Fue un poco difícil adaptarme desde un bebé de año y medio o dos años, hasta alguno de 12 o 13 (soy malísima para calcular edades).

Los peluches que llevé para la aventura fueron mi salvavidas entre los más pequeños, que se encargaban de cuidarlos después de cada actuación. Los mayores se dedicaron a buscar las pistas y resolverlas con mucho ahínco, tanto que a veces a los más pequeños les resultaba un poco difícil meter baza y tenía que intervenir un poquito para animarles.

Al principio, Daniel me troleó muchísimo y casi pensé que se iba a cargar la actividad completamente por ataque histérico de su madre, pero un par de amenazas referente a la zona de videojuegos parecieron calmarle. El tema es que él quería hacerlo todo y a su manera con lo cual me estaba rompiendo todos los esquemas desde el principio. También empezó a hacer rabiar a su hermano con lo que no me quedó más remedio que separarlos enérgicamente (creo que incluso le clavé los dedos en el brazo de cómo me estaba poniendo). En fin, menos mal que al rato se le fue quitando el ceño fruncido.

Desde el minuto cero tenían muy claro que el malo era el basilisco, aunque me siguieron el rollo igual de entusiasmados. Aceptaron salir de misión a buscar sus debilidades a pesar de que se las sabían todos, pero les debieron parecer divertidos los retos porque se lanzaban a por ellas y las resolvían ayudándose entre ellos.

Cuanto más avanzaban, más compañeros se convertían en estatuas, aunque como eran mágicas podían seguir ayudando y seguían a sus compañeros a todos los sitios, así podían seguir jugando. El siguiente que se convertía en estatua lo decidía el último en volverse piedra.

El cuento duró mucho menos que la primera vez que lo conté, los peques resolvieron las pruebas bastante rápido. Casi al final tuve que petrificar a las estatuas, que eran los más mayores para que los peques pudieran participar un poco más activamente, porque se mostraban un poco tímidos ante el entusiasmo de los mayores. En esas estábamos cuando Daniel decidió dar un espadazo al basilisco y éste se cogió tal enfado que empezó un encantamiento en cadena en el que uno iba convirtiendo al siguiente en piedra. le dije que sólo iba a quedar uno sin petrificar para que pudiera salvarlos a todos y que si seguían así, sólo quedaría el peque de un año y medio que ni sabía hablar. Eso significaría que perderían el juego. Agustiados se miraron unos a otros para ver quien quedaba libre de la pegatina en la frente que indicaba que estaban bajo el maleficio que pudiera salvarles. Sólo quedaban el bebé y otro peque de unos cuatro o cinco años, evidentemente convirtieron la más chiquitín y se giraron expectantes hacia el único niño sin hechizar, que se empezó a poner muy nervioso.

En vista de la situación dejé que las estatuas le recordaran al pobre las pistas que teníamos para vencer al monstruo, pero se formó un guirigay tremendo, porque no se acordaban y hubo que sacar las pistas de nuevo. Todos comenzaron a hablar a la vez al héroe que quedaba y casi le empujaron a poner al basilisco el espejo delante de sus ojos para convertirlo en piedra y que se rompiera el embrujo. Al segundo, otro peque cargó contra la estatua del bicho y la rompió en mil pedazos (imaginarios, porque era una serpiente de peluche con una capa con capucha y cuernos). No dio tiempo a preguntar si querían adoptarlo y educarlo en el camino del bien. Demasiado mazmorreo entre las filas, me temo.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Enola Holmes: El misterio de la doble desaparición y El sorprendente caso de lady Alistair

La editorial Bruguera ha sacado una colección de cómics encantadora y llena de misterio basada en la universo Sherlock Holmes, el peculiar detective inglés creado por Arthur Conan Doyle. Serena Blasco nos presenta a una jovencísima hermana menor de tan insigne personaje que se ve enfrentada a una situación desesperada, su madre ha desaparecido y la espada de Damocles de una sociedad victoriana que reservaba a la mujer de alta sociedad un papel de florero inaceptable para la protagonista. Enola, la joven protagonista, intentará escapar de su poco halagüeño destino con la ayuda de su madre huída, otro espíritu libre que tuvo que soportar una vida llena de cadenas sociales.

Esta es la historia que nos presentan en el primer tomo, Enola Holmes y el misterio de la doble desaparición. La protagonista tendrá que hacer uso de toda su astucia para esquivar a sus hermanos y comenzar una vida llena de misteriosas desapariciones que resolver por su cuenta y riesgo. La narración está llena emoción e intriga y salpicada de códigos secretos, disfraces y significados ocultos, como los del lenguaje de las flores, muy importante en la relación madre e hija.

En el segundo tomo, Enola Holmes y el sorprendente caso de lady Alistair, la adolescente que debe madurar deprisa en arras de su libertad, se enfrentará a un siniestro antagonista con un propósito noble, pero muy malas intenciones para dar con una joven dama.

El dibujo es muy agradable, con un estilo que me recuerda a los colores de las acuarelas y con unos rasgos que llenan de personalidad y emociones a los personajes desde su primera aparición. En estos dos primeros tomos se nos habla de los inicios del movimiento sufragista de la mujer y de la lucha de clases, Son conceptos muy complicados, pero hablan de ellos con mucha sencillez e integrándolos completamente en la historia para entender la forma de pensar y conducirse de ciertos personajes. Es una forma de introducirles estos contenidos de una forma muy entretenida que seguro que les engancha.

La editorial aconseja esta lectura para nueve años en adelante y yo estoy de acuerdo, tanto para seguir este tipo de conceptos como el ritmo de la lectura y al composición de las páginas, que son bastante sencillas, pero el niño ya tiene que distinguir ciertas señales que te indican si estamos ante un pensamiento, un remembranza o la acción actual, por ejemplo con diferentes tipos de bocadillos de texto.

Iván, con casi ocho años, se ha perdido y he tenido que ir explicándoles todos estos elementos a medida que avanzábamos en nuestra lectura. En cambio el mayor, de casi diez años, se ha introducido en la historia lleno de curiosidad y distinguiendo bastante bien los giros y avances, aunque los conceptos sobre la revolución industrial y la liberación de la mujer se le escapaban para dar prioridad absoluta al grueso de la historia, el misterio general, la desaparición de la madre, y el misterio autoconclusivo de cada tomo.

Me encanta cómo hila un misterio, ofreciendo pistas al lector que luego irá resolviendo Enola, y a la vez introduce conceptos históricos, políticos, económicos y filosóficos de la época. Al final de cada tomo nos encontramos con el cuaderno secreto de Enola Holmes, en el que encontramos todas sus notas, dibujos y apuntes y que nos sirve de guía para afianzar la lectura y que no se nos escape ni un detalle del caso.

Nos haremos con el tercer tomo cuando salga para no perdernos los avances de esta incansable detective.

martes, 10 de septiembre de 2019

Rol en vivo: La casa del cerezo

Cada año se curran más y más el rol en vivo infantil de las jornadas Tierra de Nadie. En esta ocasión no podían participar menores de 10 años porque la trama era complicadilla e Iván no pudo apuntarse, pero no sufráis que tenía otras alternativas y no le importó demasiado. En cambio su hermano sí que logró plaza entre las seis que había y estuvo empapándose de la temática los días previos con mucho entusiasmo para dominar el camino del bushido y la técnica del Seppuku, por si acaso acababa deshonrado. Porque, como ya es obvio, la cosa iba de Samuráis, intrigas y diplomacia (ideal para el demagogo de Daniel).

La partida se llamaba La casa del cerezo e iba de una reunión de altos mandatarios de diferentes clanes para parlamentar y discutir quién se hará con el poder en el valle. Cada personaje venía con su historia personal, un objetivo general y un objetivo personal. Lo cierto es que los organizadores se curraron muchísimo la aventura en todos sus detalles.

Elegir el nombre que iba a adoptar Daniel fue una odisea porque no le cuadraba ninguna de nuestras sugerencias: Goku, Sanjuro, Toshiro, Usagi, Yojimbo, Ogami... Ninguno le convencía. Cuando le dije que Usagi significaba conejo, como el personaje de uno de sus cómics preferidos empezamos a buscar animales en el traductor al japonés: Inu, Neko, Kitsune, Kuma... Y al final se quedó con Okami, que significa Lobo. Okami Ishii, del clan de la roca.

Raúl aprovechó para meterle en la cabeza al chiquillo un millón de historias de ronins y samurais y para sentarse con sus churumbeles a ver Yojimbo, que no creo que sea la mejor película de esta temática para que vean unos peques de esa edad, pero cualquiera le quitaba la ilusión al padre.

En esta ocasión lo padres no podían quedarse a cotillear para no romper el juego ni poner nerviosos a los churumbeles, así que me tuve que conformar con la versión del chiquillo, aunque más adelante el máster nos contó bastante más.

Resulta que los peques habían negociado con valor y astucia, pero al final la posadera fue más astuta y acabó envenando a todos y salvándose ella porque había bebido el antídoto. Daniel murió con honor y acabó quedando muy arriba en puntos, pero no logró hacerse con el gobierno en el valle.

Ojalá hubiera podido verlos.

Daniel iba increíble con un maquillaje impresionante que le habían hecho poco antes del juego los mismos organizadores, que habían proyectado un montón de actividades alrededor del juego de rol. A mí me hubiera encantado apuntarme al de Kamishibai, pero la agenda de los niños no me lo permitió.

Además, su traje de Samurai era una pasada. Gracias a María José y Rafa, de jugando por ellos, que me prestaron una especie de casaca negra y una cota de cuero chulísima. El chiquillo estaba impresionante. Y el resto de participantes también se curraron muchísimo sus trajes.

Daniel salió entusiasmado de su partida y hablando sin parar de la sucia traición de la que había sido objeto, pero que al final había ganado por puntos aún después de muerto. Estos peques lo viven todo muy intensamente. Me encanta.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Rol en las TdN: Almas de Silicio

El año pasado nos lo pasamos tan bien con la aventura de Ryuutama que nos dirigió Troile que queríamos repetir con él, pero no vi manera de buscar por el nombre del que organiza la actividad y no os podéis imaginar la de partidas de rol que se ofertan en las TdN. También andaba yo justa de tiempo porque este verano ha sido movidísimo. No hemos parado la pata. El caso es que no encontré ninguna actividad de este chico tan majo por la web.

Me había dado por vencida cuando, me lo crucé por el camino central que cruza el Ceulaj. ¡Que suerte! No me lo pensé dos veces y lo abordé a saco para averiguar si tenía pensada alguna partida en la que se pudieran apuntar mis peques durante las jornadas. ¡Y sí! Que alegrón.

Enseguida mis churumbeles me reclamaron su inmediata inscripción en la partida, que en esta ocasión no versaba sobre el universo Ryuutama, sino en uno que había creado él mismo sobre un mundo tecnológico decadente, lleno de simpáticos y peculiares robots domésticos y pequeños espíritus de la naturaleza que luchan por recuperar el terreno perdido en manos del progreso humano. ¡Sonaba genial! Su nombre: Almas de Silicio.

Cuando nos dimos cuenta que la partida le coincidía a Daniel con su rol en vivo tuvimos un pequeño momento de crisis. ¡Ay! Quien pudiera estar en dos lugares a la vez. El niño lo quería todo y no podía ser.

Tampoco podía elegir, porque a La Casa del Cerezo se había pre inscrito con anterioridad, se había aprendido la hoja de su personaje al dedillo y las instrucciones que le había mandado el máster y ya no podía dejar de ir sin causar un gran destrozo en la partida (que tampoco quería dejar de ir, tuvimos movida porque estaba frustrado por no poder tenerlo todo).

En fin, que inscribí al pequeño y a mi misma y nos presentamos en la sala con muchas ganas de jugar, después de haber dejado encargado al padre que llevara al mayor a la otra partida. Nuestros compañeros de juego resultaron ser muy divertidos y se les notaba la experiencia rolera por todos los poros.

En la aventura, éramos unidades de robots dedicados a las tareas domésticas más sencillas como hacer la cama, recoger los juguetes, poner la lavadora, etc... Nuestro padre, el que nos construyó, ha fallecido, y Livecorp, la empresa para la que trabaja se ha llevado su cuerpo.

Madre no está nada contenta y nos envía a recuperarlo, así que allá que nos vamos nosotros con una forma muy simple y errónea de entender el mundo humano, nuestro lenguaje limitado a sonidos y gestos (las "conversaciones" fueron la caña, nos partíamos) y nuestras... ejem... arms como la pistola de almidón o el ganchito con cuerda.

Nuestro máster nos metió de lleno en la historia con su arte para narrar y hacernos estallar en carcajadas. Los momentos más épicos casi podías verlos en tu mente y fueron impresionantes, es un crack. Hubo de todo: situaciones surrealistas, desesperadas, pifias de órdago, críticos memorables, tensos, batallas, huidas, caídas, gatitos gigantes hambrientos, emoción, ternura... Jolín, que no le faltó nada a la misión. Al final tuvimos éxito, aunque con una batalla final descacharrante a la par que gloriosa. Nuestro padre al fin podía descansar en paz, aunque nosotros perdimos a un compañero por el camino, un PNJ hosco, rebelde y demasiado autónomo, cuya valiosa ayuda fue determinante para conseguir nuestra victoria.

Estamos deseando que el máster publique el juego para pillarlo porque nos ha parecido muy original y divertido. Además, le he prometido a Daniel que lo tendremos para que Raúl nos dirija muchas partidas y se le quite un poco la decepción de habérselo perdido.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Taller de chapas y torneo de Fútbol chapa en las TdN2019

Una actividad que les llamaba mucho la atención a mis hijos las jornadas Tierra de Nadie de este año era el taller de chapas. Se dividía en dos partes: Hacer cada uno su propio equipo personalizado y el torneo en sí.

Lo curioso del tema es que Daniel quería apuntarse a la primera actividad sólamente e Iván a la segunda. Se ve que el mayor es más de manualidades y el pequeño más de acción. Como no me gusta obligarles les dejé elegir. En un principio Iván no quiso apuntarse a ninguna de las dos actividades porque se llenó de dudas. No había jugado nunca y le daba miedo que todos lo hicieran mejor que él, pero se avino a acompañarnos al primer taller acompañado con el juego de Ratland que habíamos cogido de la ludoteca y que adora con toda su alma.

Una vez allí, el primogénito se metió de lleno en la tarea de crear un equipo de chapas molón y una portería. Se lo pasó genial diseñando a sus jugadores. Tanto, que casi creí que iba a participar en el torneo, pero ¡que va! Sólo estaba interesado en la parte creativa.

En cambio su hermano, empezó a verle la parte molona al asunto y cada vez le veía más cerca de la mesa en la que los niños recortaban, pintaban y se afanaban por sus equipos. Aunque, cada vez que le preguntaba si quería unirse negaba con la cabeza.

Lo que sí hizo fue ayudar al monitor a preparar los campos de fútbol en las mesas. Éste le aseguró que había traído equipos hechos por si alguien se quería apuntar sólo al torneo y acabó convenciendo al peque para intentarlo.

El que iba acaban con sus chapas iba ocupando las mesas para que el monitor le explicara las reglas y comenzaron a jugar por parejas. Lo bueno es que los puso a competir teniendo en cuenta edades y tamaños en la medida de lo posible.

Daniel se dedicó a mirar cómo jugaban los demás, pero no se le veía con ningunas ganas de participar activamente.

Al final se lo pasaron muy bien ambos con sus intereses bien distintos y los partidos fueron de lo más emocionantes.