sábado, 30 de enero de 2010

Lloros no identificables

Según la información que he podido reunir, la madre tarda de tres días a dos semanas en aprender a identificar los lloros de su bebé, adoptando la capacidad de distinguir si llora por hambre, por incomodidad o por rabia. Pues yo ya llevo cuatro meses y sigo con el método de prueba y error: Damos de comer, quitamos gases, cambiamos el pañal... Y si no es ninguna de las anteriores entonces tiene sueño.

Oígo llorar a Daniel y me pongo nerviosa. Hago todo lo posible porque se calme, pero no entiendo su idioma. Para más Inri, el otro día estaba berreando y empiezo con el círculo de posibles motivos, cuando, de repente, me suelta Raúl: "Déjale. Lo único que le pasa es que tiene un perreta".

Lo que me faltaba. Resulta que el que tiene la capacidad de traducir lloros en mi casa es el padre. Que ruina de madre soy. Menos mal que nos queremos, que es lo importante.

viernes, 29 de enero de 2010

Revisión pediátrica

¡Bien! Por fin Daniel tiene el peso correcto. En la última revisión con su pediatra, a los dos meses, dio un peso muy bajito y fue el desencadenante del biberón. Ahora no se puede negar que este niño está gordito. Dan ganas de comérselo el día de Navidad. En cuanto a la talla...Esta por encima de la media desde el primer día. Es un niño grande, no se puede poner en duda este punto. Y si no digánselo a mis riñones.

Daniel se portó bastante bien con la pediatra. Y eso que tuvo un despertar horrible. Del calorcito del pijamita, el abrigo y las mantitas pasó a estar en cueros. Os puedo asegurar que no le hizo ni pizca de gracia. Aún así se dejó estirar, encoger, revisar, mover, medir y pesar sin poner mucho impedimento.

En la visita anterior la pediatra comentó que Daniel era un poco rabiosillo y en esta me dijo que era bastante brutito. Como siempre, no me dicen nada que yo ya no sepa.

jueves, 28 de enero de 2010

¿A quien se parece?

La pregunta es inevitable: ¿A quién se parece este niño? En un principio yo hubiera jurado que era un calco perfecto de su padre, pero a medida que pasan los días he notado unos cambios sorprendentes en el bebé y ya no pondría la mano en el fuego. Lo que sé con toda seguridad es que no se parece en nada a mí. Yo tengo fotos mías de bebé y no tenemos nada que ver. Excepto en las orejillas. Las ha sacado de soplillo como su madre. Que mala suerte ha tenido el pobre.

Entre los amigos y conocidos hay opiniones de todos los gustos. Incluso hay quien me ha llegado a decir que el niño tiene los ojos marrones tirando a verdes o que es rubio. Será según le da la luz porque yo le veo siempre con los ojos avellana y el escaso pelito negro cuervo.

De hecho desde que nació me dio a mí en la nariz que este niño iba a tener los ojos marrones, porque eran del gris más oscuro que he visto en los ojos de un bebé. y aún había algún iluso que opinaba que cabía alguna posibilidad de que fueran azules. Pues no. Ha quedado demostrado que aquí el de los genes dominantes es Raúl y como es tan guapo el padre, así es de precioso el hijo. No porque sea mío...

miércoles, 27 de enero de 2010

El problema de las tallas

Ahora parece que se habla mucho de la gran diferencia entre la misma talla de una tienda y otra. El gobierno se ha molestado en medir a hombres y mujeres para sentar cátedra en este tema. Le ha faltado medir bebés, porque Daniel tiene desde un body de 0 a 3 meses hasta un pijamita de 12 meses que le quedan igual de bien. Es bastante curioso.

Con este panorama sólo queda comprar a ojo de buen cubero o llevarte al enano para probarle. Aunque esto último no es tan fácil porque el hijo no me ha salido muy sumiso y a veces no le apetece.

De todas maneras, en general, al pequeño le está quedando pequeña la ropa de seis meses. Algo preocupante si tenemos en cuenta que el 25 cumplió cuatro meses. Al final la ropita que me dejaron en herencia de otros bebés conocidos me ha durado muy poco. Me alegro de no haberme gastado el dineral en su momento para que Danielillo vaya guapo por el mundo. Pero mirando al futuro y viendo lo que crece este muchacho, me temo que el dineral me lo voy a gastar de aquí en adelante.

martes, 26 de enero de 2010

La guardería: Esto es otra cosa

De nuevo ha visitado Daniel su guardería. Y esta vez todo ha sido diferente. La chica lo ha cogido con un poco más de cariño que ayer y ha debido notarlo porque se ha ido al interior sin la más mínima protesta.

La mami fitipaldi ha aprovechado la escasa hora y media que iba a estar el niño con sus cuidadoras para ir a la farmacia, al supermercado, comprar pan, recoger la colada, limpiar el baño de los gatos… Todo un record. Si es que me supero día a día.

Sin perder ritmo he ido corriendo a por Daniel. Un, dos, un dos. He llegado unos minutos tarde, pero es que no se puede pedir peras al olmo. Como hacía un frío que pela, le llevé al enano su buzo, pero me lo devolvieron tan bien tapadito que dejé el buzo guardado en su bolsa. Tenía un semblante tranquilo para felicidad de la madre. Parece que no lo ha pasado mal. El informe de la cuidadora no me desvelaba nada nuevo: no extraña y es “especialito” para dormir. Qué manera más fina de decir que no duerme. Eso ya lo sé yo.

Cómo esta mañana le he apurado el biberón hasta las 8, aún nos quedaba tiempo para dar una vueltita. Nos hemos recorrido el barrio a pesar del viento helado. Daniel iba bien calentito en el carrito. Envuelto con el plástico. ¡Qué invento!

Hasta he entrado en una tienda. De niños, por supuesto. Y he salido con un anorak con forro de quita y pon por nueve euros. ¡Vaya rebajas!

lunes, 25 de enero de 2010

La guardería: El beso de Judas

Hoy ha ido Daniel a la guardería por primera vez. Raúl y yo le hemos acompañado en este acontecimiento tan importante. Yo me había preparado una lista interminable de cosas que tenía que hacer mientras el niño estuviera con sus cuidadoras (trabajar, ir al supermercado, a la farmacia...). Así que cuando me dijeron que lo dejara sólo una hora me dejaron de piedra. Teniendo en cuenta que la guardería está a 20 minutos de mi casa no me iba a dar tiempo a hacer nada. Les di a mi niño y sin más contemplaciones se lo llevaron guardería adentro. Ni siquiera le pude dar el beso de Judas en plan "éste es el niño que os tenéis que llevar".

Al principio Daniel estaba tan feliz, pero cuando vió que se alejaba a la velocidad del rayo de sus papis empezó a hacer pucheros. Eso fue lo último que vi antes de que se cerrara la puerta en mis narices. Entonces una hora me pareció que iba a ser una eternidad.

Por supuesto, no me dio tiempo a hacer nada. Y menos aún porque me dediqué a mirar el reloj segundo a segundo impaciente por ir en busca de mi hijo. Además de darle la tabarra a Raúl con "Yo creo que voy a ir tirando para la guardería..." Al pobre le costó mucho esfuerzo y paciencia retenerme en casa hasta la hora indicada.

Cuando recogí al bebé me lo dieron dormidito en el carrito. Me dijeron que había llorado un poco, pero que lo habían mecido y se había dormido sin problemas hasta ese mismo momento. Me encargaron que le comprara una camiseta roja para hacerle un disfraz de carnavales (ya empezamos... ¡si no se va a enterar de nada! Qué ganas de liársela a los sufridos papás). Al día siguiente ampliariamos su horario en media horita. Raúl se quedó indignad0. "Así no te dejan tiempo para hacer nada". Yo antes pensaba como él, pero ahora, después de esa última imagen del enano haciendo pucheritos... Creo que media hora más es demasiado.

domingo, 24 de enero de 2010

Un fin de semana con los bisabuelos

Todavía le estoy presentando gente a Daniel. Y eso que el lunes cumple ya cuatro meses. Aún así le quedaban personas por conocer. Algunas muy importantes. Como sus Bisabuelos, que estaban deseando verlo por fin. Sólo lo conocían por fotos. No pasaba dos días sin que mi abuelo me llamara para preguntarme cuando pensaba llevarle a su bisnieto a Elda (Alicante).

La verdad es que tengo la familia un poco lejos. A mi me daba miedo hacer un viaje en coche tan largo con el niño, pero al final no dio ningún problema. Ni a la ida ni a la vuelta. Como siempre cerró los ojitos y se quedó frito todo el camino.

Mis abuelos quedaron encantados con Daniel porque les sonreía muchísimo y hacía cosas graciosas (pocas, porque a estas edades no se les puede pedir mucho). El niño pasó de mano en mano en muy poco tiempo. Nos lo pásabamos como si fuera una pelota.

El bisabuelo le compró unos zapatitos porque el niño tenía que tener calzado de Elda, pueblo famoso por sus fábricas de zapatos. Tuvimos algún problemilla con la talla porque este niño está enorme, así que tocó volver a la tienda para cambiar las tallas. Ya veréis lo guapo que va a estar el enano con sus zapatitos nuevos.

Mi abuelo es un poco especial, supongo que tiene que ver con sus más de noventa años. Y va bastante a lo suyo. Pero con Daniel la verdad es que se portó estupendamente. Excepto el sábado por la mañana que nos despertó con la tele a todo volumen a las siete de la mañana. Y vuelve a dormir al monstruíto. Normalmente lo levanto a las siete, pero este finde hemos levantado un poco la mano y lo hemos metido en la cama a las 22 en vez de a las 20. Y como yo me quedaba un ratín más para charlar con mis abuelos, le aguantaba dormido un rato más por las mañanas. Por eso casi mato a mi abuelo cuando nos despertó el escándalo. Al final todo quedó en un despiste de mi abuelo que no repitió la azaña el domingo. Menos mal.