sábado, 29 de mayo de 2010

Demostrado, tiene mamitis

Al final le ha entrado la mamitis a este niño. No es algo exagerado, afortunadamente, pero sí molesto.

Normalmente quiere bracitos y mimitos de mamá cuando ésta está ocupada en naderías como comer. En cuanto mamá está desocupada y puede atenderle con todo su amor se tira a los primeros brazos que ve tan sonriente y tan feliz.

Supongo que al bebé le entra la mamitis cuando está molesto por algo (calor, hambre, sueño...) y por causas debidas a la 'Ley de Murphy' estas situaciones se suelen dar cuando peor me viene a mí.


Te paras a pensar y, realmente, que el niño sólo quiera estar contigo, aunque sólo sea en ciertos momentos, es un situación poco deseable. Mas bien una esclavitud.

Además, si tenemos en cuenta que cuando está feliz, alegre y juguetón se va con todo el mundo para que disfrute de su compañía y cuando está quejica, llorón y perretoso sólo quiere darle la murga a su madre llegamos a la conclusión de que la vida no es justa.

Por otro lado, la naturaleza es sabia y cuando el niño está llorando, a la madre (por lo menos en mi caso) le falta tiempo para acudir a la llamada de su hijo, agarrarlo bien fuerte y buscar soluciones, una tras otra, hasta encontrar lo que realmente le pasa al niño (no es fácil adivinar que narices le pasa a un bebé. Puede ser que le pique una oreja y a ver como adivinas eso).

Al final todo tiene su razón de ser, aunque maldita la gracia que me hace.

viernes, 28 de mayo de 2010

Daniel sonrisitas



Cuando Daniel tiene el día bueno es encantador. Da gusto estar con él. Parece que se le va a partir la cara en dos de tanto que estira las comisuras de los labios al sonreir. Los ojos se le achinan y se le hacen pequeñitos. Y suelta graciosos sonidos de alegría por cada gracia que le haces.

Cuando lo llevo de paseo triunfa por ser tan alegre. En cuanto alguien le hace el mínimo caso ya está sonriendo y se gana al extraño en un momento, que no puede resistir hacerle más monerías.

Un día que le llevé al pediatra lo apoyé contra mi hombro y cuando me quise dar cuenta un chico que estaba sentado detrás le estaba haciendo gestos y él se partía.

Sobre todo atrae a otro niños más mayores, principalmente niñas. Se acercan curiosas para ver al bebé o al nene. "Mira mamá, el nene" y el enano sonríe y sonríe. Y a la madre se le cae la baba. A la que se acerca con su hija y a mí.

jueves, 27 de mayo de 2010

Besitos de abuela

La abuela Paca le ha enseñado a Daniel a dar unos besitos muy curiosos, pero sólo se los debe dar a ella porque a mí no se digna el muy sinverguenza.

Su bisabuela le acerca la cabeza y él choca su frente con la de ela con mucha suavidad y sonríe.
Es muy tierno. La primera vez que los ví me sorprendió, la segunda me enterneció y la tercera me dije a mi misma: "yo también quiero".


Así que cogí al niño y le dije ilusionada. "Daniel, dame un besito". El enano se me quedó mirando como diendo "Qué querrá ésta". Le acerqué la cabeza un poquito. "Venga Daniel. Un besito de abuela". Y el niño me metió un cocazo que ví las estrella durante un vuen rato. A él parecía que no le dolió tanto porque se reía el desgraciado. Pero no me dí por vencida. Al contrario. Persevero y persevero, pero no hay manera. A mi no me acerca la cabeza suavemente y me sonríe. Como mucho se acerca con la boca bien abierta y me babosea. Que es otra especie de besito, aunque más bruto. Y a la abuela Paca todos los besitos de abuela que le pide sin hacerse de rogar. ¡Qué tío!

miércoles, 26 de mayo de 2010

La tiranía del bebé


La personalidad de Danielito está tomando un cariz que no me gusta nada. En ocasiones se muestra caprichoso, posesivo y adopta un talante dominante que, para qué dar más rodeos, me hincha las narices.

A veces cuando le quito algo que quiere o se lo alejo se pone a berrear como un loco y no para hasta que le doy esa cosa o si es algo demasiado peligroso alguna otra que revista un interés parecido. Al principio corría en busca de objetos que pudiera ser de su interés para que dejara de llorar, pero ahora estoy empezando a ponerme un poco seria y a decirle y repetirle con tono seco: "Esto no me gusta, Daniel. No me gusta nada". Hasta que otra cosa llama su atención y se calma. Hace poco leí que a estas edades (ocho mesazos ya) el niño capta los tonos y las intenciones del progenitor (O del que esté con él en ese momento). Espero que el artículo en cuestión esté en lo cierto porque si no estoy haciendo el tonto de una manera estrepitosa.


Aunque a veces espero que el niño desconecte ese sexto sentido. Especialmente cuando a él le entra el baile de San Vito mientras le cambio el pañal y a mi las ansias asesinas.


También empieza a correr por sus venas sangre del peor de los tiranos y te exige que le cojas o que le voltees o que le tires por los aires a golpe de gritos y lloros. A la hora de la siesta nos tumbamos los dos juntitos y cuando creo que ya está plácidamente dormido me remuevo un poco para levantarme de su lado. Entonces milagrosamente abre uno de los ojitos y estira su manita buscándome. En cuanto me encuentra cierra su puñito alrededor de mi ropa y agarra bien fuerte para que no tenga ninguna posibilidad de escape. Y yo obedeciendo docilmente. ¡Pero quien es la madre aquí! ¡Vamos a ver!


Otras veces está tan tranquilo jugando o en el carrito. Te vé y de repente le entran unas ansias horribles de estar en tu brazos y llora, grita se desgarra...hasta que consigue lo que quiere.


Realmente, es necesario tomar cartas en el asunto y corregir este comportamiento desde el principio. Si no lo logro, que Dios me ampare, porque voy apañada.

martes, 25 de mayo de 2010

Dientes y llaguitas

Parece que el pobre Daniel se las tiene que ver con los dientes. Y ahora de verdad. Babea como un loco y "muerde" con sus encías aún desnudas todo lo que pilla.

Hasta a mí si me pilla. La carne blandita le encanta machacarla. Se ha aficionado a roer su carrito y eso es algo que veo un poco peligroso. El otro día su padre subió un bordillo y el niño se dió un golpe en la boca que le causó una pequeña heridita y que lo hizo llorar de forma desesperada un ratito.

Además, cualquiera sabe lo que está absorbiendo en esa tela un poco asquerosilla. Estará llenándose de defensas a tope.

Además, me temo que las babás desboradadas le están causando alguna que otra llaguita la pobre. ¡Vamos! Que menos mal que los dientes permiten una alimentación más jugosa que los simples purés porque si no habría que ver si vale la pena tanto sufrimiento. Cuando pienso en el cordero asado, el pollo al ajillo, las cocochas y un sinfind e delicias más le doy ánimos a mi hijo. Aunque no se entera todavía de lo que le digo. Pero lo importante es el tono. "Ya verás que bien cuando le hinques el diente a un conejo con tomate. Te vas a chupar los dedos".

lunes, 24 de mayo de 2010

Covarrubias


Daniel ha puesto por primera vez sus piececillos en el pueblo de Raúl: Covarrubias.

Y parece que le ha encantado. Que pena que una llaguita inoportuna le estropeara un poco el fin de semana. El viernes estuvo totalmente feliz. Jugando en el patio trasero con la hierba, sonriendo a las abuelas y a sus babeantes padres, haciendo monerías propias de bebés... Pero el sábado a la hora del desayuno empezaron los problemas. Se abalanzó con el hambre habitual hacia el biberón, pero al segundo sorbo se puso a llorar como un energúmeno y ya no hubo manera humana de que bebiera más leche. Lo tranquilizamos como pudimos y me lo llevé a dar una vuelta. Nos recorrimos el pueblo en nada de tiempo, porque, la verdad, es que es muy pequeñito. Nos sentamos en un banco y se dedicó a mirar a la gente pasar con mucho interés.

A la hora de la comida se repitió la misma escena que por la mañana. El niño buscaba la cuchara llena de puré con ansia, pero a los dos tragos volvieron los lloros. Mi preocupación iba en aumento. El niño tenía hambre, pero algo le impedía comer (más tarde me enteré por la pediatra que era a causa de una llaguita y que todo lo hubiéramos solucionado dándole el milagroso apiretal "quita dolores de todo tipo". Pero es que yo soy anti medicamentos y menos sin el visto bueno de un especialista).

Así se pasó todo el sábado y parte del domingo. Y yo cada vez más angustiada por el estómago vacío de mi pequeñin. Como tenía hambre no podía dormir así me que dió dos noches toledanas.
Aún así se le veía bien en los intérvalos entre comida y comida. Lo llevamos a recorrer el pueblo y a tomar una cervecita (nosotros, no él. Evidentemente). Conoció a unos amigos y estuvo de lo mas sociable con ellos. Parece que le gustó la experiencia, pero yo acabé agotada por culpa de la llaguita de las narices. Menos mal que el lunes todo volvió a la normalidad y ya come tan a gusto, como siempre.

Un hecho destacable es que el sábado estrenamos un cacharrejo nuevo para bebés que consiste en una redecilla donde se le pone el alimento sólido que se desee y el niño lo chupa sin peligro de atragantarse. ¡Un inventazo! Le pusimos judías verdes con ajito y pimentón, que había hecho la abuela Paca para comer y no veas como las disfrutó. Se le oía sorber con deleite. Y parece que no le hacía daño.

viernes, 21 de mayo de 2010

Daniel quiere juerga


Desde que el niño se curó del constipado y de la otitis está más activo si cabe. Quiere saltar y que le agites como una coctelera. Por las noches es casi una misión imposible dejarlo tranquilito en la cuna para que se duerma. Antes a las ocho ya estaba cabeceando. Anoche a las diez de la noche tenía los ojos como dos soles. Si albergaba alguna sospecha de que le querías llevar a los bazos de Morfeo se ponía histérico.

Lo malo es que su madre, que soy yo, tiene que levantarse a las cinco de la mañana y necesita irse a la cama temprano porque a mí no dejan echarme siestecitas mañaneras cuando yo quiera en el trabajo como sí hacen en la guardería. Yo tengo que estar al cién por cién. Y mientras Daniel roncando tranquilamente para descanso de su 'profe' y recargando pilas para seguir la juerga cuando su mami venga a recogerle a la guardería para dar un paseo al parque.