domingo, 10 de febrero de 2013

Daniel va al cine por primera vez

El domingo papá se llevó a Daniel al cine y mamá se quedó en casa disfrutando de su bebé. Todo surgió a partir de una oferta que le llegó a Raúl al correo por ser socio de la Fnac. Ya le había comentado que los cines Verdi estaban haciendo un ciclo para niños con actividades para que los peques le cojan el gusto a eso de ir al cine. Con la tarjeta Fnac el
precio se reducía considerablemente así que no lo dudamos dos veces y decidimos que había llegado el momento de jugarnos el todo por el todo y comprobar si Daniel era capaz de aguantar tranquilo durante tanto tiempo ante la gran pantalla.

Mi chiquitín se fue muy emocionado. En mi interior pensaba que había llegado el momento de dedicarle al bebé todo el tiempo que nunca puedo darle en exclusiva, pero fui incapaz de despegarle de los cantajuegos sin hacerle llorar, así que me puse a hacer tareas del hogar y lo dejé tranquilo. Había pasado muy mala noche y no estaría para juegos.

Cuando se cansó aproveché para leerle algunos cuentos. El peque pasaba las páginas sin darme tiempo a emular los sonidos de los animales o cosas de los dibujos o a contarle la historia.

De repente decidió que ya estaba bien de tanta cultura y nos pusimos a jugar con los juguetes un ratito, pero no mucho porque enseguida echó a correr hacia la tele y me exigió de nuevo los cantajuegos.

Faltaba un cuarto de hora para que le tocara comer, pero decidí darle el puré antes de que se me quedara dormido de puro agotamiento. Le llevé rauda a la cama, pero se me agarró como una lapa y le acabé metiendo conmigo en la cama. Me quedé frita al instante y desperté una hora después angustiada por la olla de carne guisada que había dejado a fuego lento. Afortunadamente, no se me había quemado. A los veinte minutos oí a Iván removerse. Intenté tumbarme a su lado para que volviera a dormirse, pero fue misión imposible.

Cuando oimos la puerta de la calle abrirse nos levantamos los dos para ir a dar la bienvenida a los cinéfilos.

Entre los dos, aunque más papá que Daniel, nos contaron que en la entrada del cine encontraron a una chica que daba figuras de Totoro previamente recortadas para que los chiquilllos las pegaran en la cartulina del  color que eligieran y los colorearan. Y ese era todo el taller de actividades que había. Al poco abrieron las puertas del cine y entraron los dos en busca de una sillita adaptador para que el niño pudiera ver la pantalla sin problemas. Me comentó mi marido que le sorprendió el poco cuidado que tenía la gente a la hora de sentarse y tapar las visibilidad a los niños. Me aseguró que se tuvieron que cambiar tres veces de sitio para conseguir que Daniel pudiera ver la película bien.

Fuera de todo pronóstico, el peque aguantó muy bien la hora y media y se enteró de lo que estaba viendo, porque luego me contó algunas cosas del argumento. En el cine les dieron una hojita de actividades para hacer después de ver la película. Ellos las hicieron en el metro durante el camino de vuelta, aunque en opinión del papá estaban orientadas para chicos más mayores.

Resultado de la actividad: Daniel quiere volver al cine. Eso significa que se lo pasó muy bien.

Lovely blog award

Ana, de Las cositas de Lucita y su mamá embarazada!!, me ha regalado este premio tan bonito. Me encanta el árbol con hojas de mariposas.

Antes que nada quiero felicitar a Ana por su embarazo. ¡Que maravilla! Lucía tiene que estar feliz ante la idea de tener un hermanito para ella solita. Me encanta el blog que escribe Ana, en el que nos cuenta sus sentimientos, experiencias, anécdotas y últimas tendencias en moda infantil. Y es que siempre lleva a Lucía como un figurín de guapa que es y de estilosa que va vestida.

Con este premio tengo que contar siete cosas de mí. ¡Madre mía! Creo que ya me conocéis mejor que yo con tantas veces que he contado cosas sobre mi misma.

1.- Escribir en mi blog es mi mejor terapia cuando me encuentro un poco desanimada o cansada
2.- Cada vez tengo más esperanzas de empezar a dormir bien de nuevo
3.- Me encanta que mi madre venga a visitarme, pero ella odia viajar, así que sólo viene en ocasiones muy contadas.
4.- ¿Qué haría yo sin Raúl?
5.- Adoro a mis hijos, pero a veces las situaciones con ellos me sobrepasan
6.- El chocolate es mi peor tentación
7.- Para lo poco que me gusta el café lo bebo por litros

http://lascositasdelucita.blogspot.com.es/2013/02/mi-1er-premio.html

La vida con David
Buscando el positivo
Amagic Mother
Plagiando a mi Alter Ego
My Points of View
Los niños viene con un blog bajo el brazo
Antes de comerte a tu hijo
B aprende en casa

sábado, 9 de febrero de 2013

La gran fiesta de carnaval

Por la tarde pasé a recoger a mi pequeño pingüino. Las profesoras aseguraban cuando crucé la puerta que los bebés acusaban el cansancio de la semana y que no habían tenido ganas ni de fiestas ni de fotos. Desde luego, mi pequeñín no seguía esta norma porque lo encontré pegando brincos mientras acortaba las distancias entre él y su mami.

Le puse en el carrito con grandes esfuerzos, últimamente le ha cogido asco a su medio de locomoción, y puse rumbo al colegio del mayor. Allí me reuní con mi ranita Tana particular. Cómo me había presentado voluntaria para ayudar a mantener el orden durante el pasacalles que se realizaría más tarde, corrí a reunirme con las organizadoras en la biblioteca. Mi hijo mayor se quedó con la abuela de una amiguita suya porque se lo estaba pasando pipa con ella. Mi bebé no paró quieto ni un segundo durante la reunión para divertimento del resto de los voluntarios. Nos pusimos nuestros chalecos reflectantes y nos repartimos los puestos para avanzar con la comitiva. Allí mismo nos repartieron los tickets para intercambiar por chocolate con bizcochos (Ocho gratis si eras del Ampa).

Antes de empezar a seguir a la charanga por la calle me dio tiempo a pintar a un amiguito de Daniel de tiburón y a mi chiquitín de Spiderman (¡Que raro!). A partir de ahí se convirtió en la Rana Tana disfrazada de Spiderman. Cuando el dispositivo policial cortó la calle del colegio salimos tras la charanga. Nos seguía una barredora que hizo las delicias de mi primogénito. El recorrido era muy corto, pero suficiente para los niños. En el pasacalles vimos a Ironman, Batman, Mario y Luigi Bros, Eduardo Manostijeras, raperas, princesas a millones, hadas por cientos, un angry bird... Algunos de los disfraces eran de lo más originales y trabajados.

A la vuelta me puse en la interminable cola para coger los chocolates. Intenté convencer a Daniel de que nos lo tomarámos en casa sin colas ni esperas, pero el peque estaba empeñado en quedarse a la fiesta hasta el final. Mientras pasaba un frío de mil demonios en espera de la anhelada taza de chocolate llegó Raúl. Se lo agradecí en el alma porque se llevó a los peques al gimnasio donde estaba la fiesta en plena marcha. Mientras tanto yo me congelada, eso sí, con buena conversación con los padres que me rodeaban. Por fin me hice con mis tesoros calentito y me reuní con la familia. Iván estaba bailando muy animado, pero en cuanto me vio se empeñó en bailar pegado... a su mami. Y si era en brazos mejor. Daniel, en cambio, se olvidó de que estaban allí papá y mamá y se dedicó a saltar de colchoneta en colchoneta con sus amiguitos. Todo a ritmo de la charanga carnavalera. A las siete se tocó la última canción y fue el momento de irse a casa. Mis hijos estaban  agotados. Tanto que no opusieron ningunas resistencia a la hora de irse a la cama.

Desde luego, en este cole hacen unas fiestas estupendas.

viernes, 8 de febrero de 2013

Más flores ¡Me encantan!

Este ramo de flores me tiene enamorada. Araceli, de La vida con David, me lo ha entregado de nuevo. ¡Y estoy encantada! Estas sorpresas son las que te alegran el día. Araceli tiene un pequeñín encantador que sorprende con sus ocurrencias geniales. Su mamá las plasma en el blog para hacernos sonreir.

El premio viene con preguntas, pero ya las contesté en otra entrada, así que voy a evitar repetirme como los garbanzos y paso directamente a entregar este premio tan primaveral a:

Las cositas de Lucita
Duerme Feliz, sin llorar
Spatium Quietis
Berriro Hasiz-en lotunea
Una terapeuta temprana
Diario de una Mami Buho

La rana Tana y el carnaval

Hasta tres o cuatro días antes de la fiesta de Carnaval del Colegio de Daniel, estaba convencida de que mi niño mayor iría disfrazado de Spidermán, pero con este chico nunca se sabe y de repente me soltó la noticia bomba.

"Mamá, quiero ir disfrazado de la rana Tana" me dijo muy convencido.
"Pero, pero ¿Y que pasa con Spiderman?" logré balbucir
"También me gusta, pero yo quiero ir de la rana Tana" aseguró poniendome ojitos tiernos.

Lo primero que pensé fue que habría un niño muy triste ese viernes, pero luego me vino a la mente la camiseta amarilla con la que le vestí de payaso en una ocasión... Y la camiseta verde de manga larga co la que le disfracé de Hulk en Navidades... Y una cosa llevó a la otra... me hice con unos leotardos verdes que encontré en el hipermercado a un euro, con laca verde para pintarle el pelo... Y ya casi teníamos a la ranita completa.

Un día, los niños de la clase de Daniel salieron con una máscara de la rana echa por ellos, con lo que me pareció que el disfraz ya estaba completo, pero, como era una máscara de palo, pensé que una que se atara con un elástico por detrás de la cabeza sería más cómoda para el peque, así que me hice con cartulina, rotuladores, tijeras y un elástico bien largo y le hice yo otra, que al final es la que llevó al cole.

La mañana del viernes, Daniel daba saltos de alegría cual ranita cuando le puse su disfraz. Estaba encantado. In extremis, le volví a preguntar si quería ir de Spiderman, pero no. Me contestó que le hacía ilusión ir de la mascota de su clase y que se encontraba muy guapo de rana, así que ya no hubo más que decir. Éste niño ya tiene ideas propias y es muy difícil convencerle de lo contrario.



jueves, 7 de febrero de 2013

La mamá de mi pigüino no sabe coser

Cuando me informaron en la clase de Iván que había que traer el día ocho de febrero a los bebés disfrazados de pingüinos se me heló la sangre. "Y que no sea comprado, que son muy incómodos para estar cambiándo pañales" me aclaró la cuidadora dándome la puntilla. ¿Aguja e hilo? Soy negada, pero por mi niño lo que sea. Me enfrenté a mis miedos. Desempolvé mi caja de costura y la abrí optimista. Me di de narices contra la realidad: Una madeja de hilos enredados, un desorden indescriptible, miles de porquerías compradas en el todo a cien que a la hora de la verdad no sirven para nada... No me amedrenté. Con muchísima dificultad enebré el hilo en la aguja y comencé a coser las patas naranjas a los bajos del pantalón. Cuando ya llevaba una cutremente hecha, decidí probárselo antes de seguir. Sabia decisión. La pata era ridículamente larga. A la mañana siguiente enmendé le error y cosí la siguiente pata, que quedó aún peor.

No perdí la esperanza. Ahora venía coser la barriguita blanca en la camiseta azul marino. ¿Qué dificultad podía tener eso? ¡¡Todas las del mundo!! No tenía ni idea de cómo lograr que el óvalo de fieltro permaneciera en su sitio para coserlo sin hacer arrugas en la camiseta. Al final me las apañé con celo que pegaba y despegaba según avanzaba. Notaba cómo iba alargando mis irregulares puntadas en un intento desesperado por acabar antes. Se me hicieron millones de nudos. Menos mal que recordé a mi madre explicándome cómo se deshacían cuando era niña. Nunca hay que tirar. Metemos la aguja en medio del nudo y vamos intentando desenredar poco a poco. Tardé una eternidad. Mis dedos no volverán a ser los mismos tras esta sarta de pinchazos.

Por fin me puse manos a la obra con el pico. Recorté una cartulina con la forma, la puse entre dos trozos de fieltro naranja y cosí a la buena de dios. Resultado: Horroroso, pero con forma de pico al fin y al cabo. Aún no se habían terminado mis sufrimientos. Pegarlo al verdugo al que previamente había cosido una par de ojitos, hechos con fieltro blanco y cartulina negra, fue casi una misión imposible.

Casi sin creerlo coloqué el disfraz casero en la cama de Daniel para verlo en conjunto. ¡Lo habia terminado! Y tenía una pinta aparente. Casi lloro de la alegría.

Esa misma noche se lo probé a mi benjamín. En cuanto le puse el pantalón se tironeó de las patas, con el círculo de la camiseta hizo lo mismo y cuando le llegó el turno al verdugo no le gustó ni un pelo. Protestaba enérgicamente a la vez que intentaba quitárselo angustiado.

El viernes le llevaré sin verdugo y que se lo pongan las profes para la foto si quieren.


Una reunión muy importante

Le conté a Mari Carmen, del Estudio de arquitectura colindante a mi escalera, que últimamente Daniel entraba llorando al colegio y se agarraba a mi pierna desesperado. Mi amiga tuvo una gran idea. Ese mismo día, cuando volvía a casa con mis retoños, cogió al mayor por banda y lo citó en en su local para tener una reunión muy importante. Tanta ilusión le hizo a mi hijo que me hizo hacerle una agenda para apuntar la cita. Para cada día dibujamos un satélite, planeta o astro. En el lunes una luna, en el martes a Marte de rojo, en el miércoles a Mercurio con puntitos, en el jueves a Júpiter con rayitas, en el Viernes a Venus de rosa por la diosa del amor, el sábado pintamos a Saturno con su anillo y el domingo un sol. En el martes pintamos la carita de Mari Carmen y su hija, que también iba a asistir. El peque estaba deseando que llegara el día. Y el día llegó. Se metió en el local tan contento y su mamá y su hermanito nos quedamos fuera esperándole.

Salió encantado engullendo una rica magdalena. Le pedí que me contara que habían hecho, pero, como siempre últimamente, su respuesta fue: "Nada". Así que tuve que  pedirle información a la persona indicada: Mari Carmen.

Me contó que le habían dicho a Daniel que un pajarito de cola verde les había contado que entraba llorando en el cole todos los días (excepto el día de la excursión a la Granja de los Cuentos) y que ellas querían saber por qué. Mi amiga hacía que anotaba en una libreta todo lo que se decía en la reunión para hacer todo más emocionante. El pequeñín les contó que en el colegio se aburría porque él lo que quería hacer era jugar y no las fichas. La reunión termino con un documento que firmaron los tres en el que Daniel se comprometía a entrar contento al cole (o al menos sin liarla). Cómo se había portado estupendamente le entregaron su premio: la suculenta magdalena.

Así que parece que el misterio está resuelto, aunque el problema no, porque el peque va atener que seguir haciendo esas fichas que tanto entusiasma mirar a su madre.