Cogí la tapa de una caja de zapatos y puse a mi primogénito a hacer agujeros con un destornillador, porque sé que le encanta. Me pareció curioso que siguiera el dibujo cuando normalmente los hace a lo loco. Le expliqué que tenía que hacerlos más separados para lo que queríamos hacer. Cogí el palito de una de las manualidades que trajo del cole a casa el año pasado, corté un trozo, me hice con uno de los rulitos (son como tiras largas de licra enrrolladas, maravillosas para mil actividades donde prime la imaginación), lo pegué al palito con celo, le hice un nudito en el otro extremo... ¡y ya estábamos preparados para coser! "¿Como la abuela Paca?" me preguntó mi chico. "Si hijo, igualito" le contesté sarcastica. Menos mal que aún no pilla los sarcasmos porque se puso a la tarea muy contento. Pasaba el palito con el "hilo" por los agujeritos para formar un dibujo en la tapa de la caja de zapatos. Se lo pasó bomba mientras ejercitaba la pinza táctil y la psicomotricidad fina.
Una pena que Iván me demandara mucha atención y no pudiera estar con Daniel. Iba de vez en cuando a estirar el "hilo" o desenredar algún lío, pero si hubiera estado a su lado guiándole un poco estoy segura de que el peque hubiera disfrutado más.




