martes, 14 de mayo de 2013

Chulapos y un cardiólogo con mucho corazón

Mi hijo mayor salió de la cama de un salto. "Hoy es la fiesta de los chulapos y las chulapas" exclamó entusiasmado. Llevaba esperando este día desde que le probé el traje el sábado y el espejo le devolvió una imagen que le gustó sobremanera.

Se empeño en que le vistiera nada más levantarse. "No me voy a ensuciar, mami. Porfiiiii" me rogó. Le vi tan ilusionado que no fui capaz de negarme. Se pavoneó frente al espejo un rato sobando el clavel con deleite y, por fin, se sentó frente a su tazón de leche atendiendo a mis reclamos.

Al peque también le vestí con su camisa blanca, pantalones negros, chaleco a cuadros y gorra haciendo juego. Estaban para comérselos. ¡Que pena que no les guste nada posar! Fue imposible sacarles una foto que les hiciera justicia.

Daniel tenía chocolate con bizcochos, fiesta y chotis en su colegio. Iván tenía también celebración. Él con gusanitos en vez de dulces típicos, pero se la perdió porque tenía una cita más importante: la revisión en cardiología.

En el cole del mayor daba gusto ver a los chulapos y chulapas lucir palmito y sonrisa. De repente me encontré con un gesto triste entre tanta alegría. Un compañero de Daniel venía en ropa de calle y ojos serios. La mamá me contó que el peque se había negado a vestirse hasta el último momento y ya fue imposible conseguir un traje. Tanta pena nos dió el chiquitín que miraba desconsolado a los otros niños que Iván, en un gesto de bondad y generosidad suprema, se desprendió de su gorra (en realidad hacía tiempo que se la quitaba y la tiraba al suelo una y otra vez), de su chaleco y de su camisa blanca para prestársela al chiquillo. Menos mal que llevábamos una chaqueta por si acaso y fue lo que le puse para que no pasara frío de camino a casa.

Una vez en el hogar le cambié de nuevo y le puse un comodísimo chandal. Al hospital se sabe cuando se entra, pero no cuando se sale. Cargada de juguetes, libros infantiles, comida, aspitos, pañales, recambio, etc, nos encaminamos a la consulta. En la sala de espera hicimos migas con otro chiquitín que se enamoró del libro del pollo Pepe. Normalmente esperamos horas para que nos atiendan, pero con gran sorpresa nos llamaron pocos minutos después de entregar el informe en la enfermería.

Iván se cogió un ataque de nervios y fue imposible hacerle un análisis en condiciones y eso que el cardiólogo fue todo ternura y cariño en su trato con él. Fue otra sorpresa, porque en otras consultas se mostró más frío y distante, aunque siempre atento y como un gran profesional. Me contó que veía bien al peque aunque no había podido examinarlo en condiciones y los resultados de las pruebas no eran válidos. Si hubiera tenido algo grave se hubiera notado de todas maneras. Lo que sí tiene es la vena aorta más inflamada porque al estar la válvula semicerrada tiene que hacer más esfuerzo para mover la sangre. A primera vista el chico tiene un aspecto saludable al cien por cien con lo que estimó que sería necesario otra revisión dentro de seis o nueve meses. Como la agenda está cerrada toca llamar al servicio de citación en agosto aproximadamente. Se despidió con un beso y una caricia para el peque. Yo estaba entre alucinada y encantada. Eso sí, recomendó la vacuna de la gripe y la de Neumococo en la revisión de los dos años. ¡Dos pinchazos más!

Mas contenta que unas castañuelas me fui a casita para dar de comer a mi bebé y que durmiera su siestita antes de recoger al mayor de su fiesta de San Isidro.

¿¿¿Pero que le pasa a Ivaaaan???

Ya son míticas mis malas noches porque mis hijos no duermen bien. Si no es uno es otro, si no son pesadillas, es que tiene calor, o sed, o les da miedo la oscuridad, o tiene tos... Pocas veces me dan un respiro.

Últimamente, Daniel duerme del tirón. Toco madera para que siga así. Pero Iván se desvela y puede estar dos o tres horas pidiendo atención cada cinco o diez minutos. Una tortura total. No hay manera de que se duerma. Él se tumba para un lado, para el otro, del revés del derecho, bebe agua, se agarra al edredón, se lo quita a patadas, succiona el chupete a mil por hora, pero no ha manera. Se acaba aburriendo y me llama a base de lloros.

La otra noche ya fue exagerado. Sólo durmió una hora. De cuatro y algo a cinco y algo. El resto de la noche tuvimos baile continuo. Hice caso a Desiree, de Duerme feliz, sin llorar y me paré unos segundos a observarle por si lograba dilucidar que le pasaba. Si le veía un poco calentito, le retiraba el edredón y le ponía una mantita más fina, pero a la siguiente vez me lo encontraba encogido con lo que presuponía que tenía frío y volvía taparle con el edredón. Cuando los gritos elevaban mucho el tono lo mecía en brazos para tranquilizarlo. Si sólo eran gemidos sin fuerza le dejaba a ver si se dormía solito... Pero nada funcionaba, así que he llegado a la misma conclusión de siempre: ¡los dientes!

Esta noche le froto bien de Dalsy las encías a ver si hemos encontrado por fin el motivo. Eso o sedarle porque esta mami ya no puede más. Tengo tantos despistes al día que no puedo ni enumerarlos, no me entero de la mitad de las cosas, pierdo la paciencia al segundo, se me cae todo de las manos, me doy golpes tontos continuamente... Por favor Iván. Aprende a dormir de una vez y deja descansar a tu querida madre.

lunes, 13 de mayo de 2013

El huerto de Cantarranas

Una de las iniciativas que le aprobaron en el AMPA a la madre con más iniciativas del colegio fue una visita al huerto ecológico Cantarranas, de la Universidad Complutense de Madrid. Tenía muchas ganas de participar porque pintaba muy bien. En realidad, hacen talleres para niños todos los viernes, pero como Daniel tiene piscina ese mismo día siempre me quedaba con las ganas. Por fin llegó el sábado señalado. Nosotros nos acercamos al lugar en coche porque el autobús no disponía de sillitas de bebés y queríamos que Iván disfrutara de la actividad.

El huerto está muy bien montado. Se nota que han usado materiales reciclados para el invernadero, la casita del árbol, en las acotaciones para hacer el abono, en los cobertizos... Ya sólo verlo vale la pena. Los talleres son muy educativos y divertidos, aunque me temo que Daniel no tenía el día inspirado y prefirió ponerse a "plantas" árboles a su manera con unos cuantos amiguitos y unos aperos que encontraron en un rincón. Una estudiante voluntaria les facilitó palas más acordes con su tamaño, gesto que agradecí enormemente porque las que estaban usando eran más grandes que ellos. Lo pasaron genial sacando semillas de las vainas, haciendo agujeros, enterrándolas... No iban muy desencaminados. Mientras, el grupo olía plantas de uso culinario o medicinales y trataba de encontrarlas en el huerto en un auténtico trabajo de detectives.

Luego tocó el turno de hacer grupos y buscar cada uno un alimento oculto: un tomate, una berenjena y maíz. Los voluntarios se habían disfrazado y escondido para disfrute de los pequeños que se prestaron al juego encantados. También hubo una sesión de cuentacuentos. Daniel, en su línea, prefirió subirse a la casa del árbol. Iván empezó a escuchar muy interesado, pero acabó imitando a su hermano y trepando por la casita elevada.

Incluso, construyeron un magnífico espantapájaros que instalaron en el huerto para terror de las aves. Mi hijo mayor, por llevar la contraria sacaba paja del cuerpo del muñeco en vez de meterla y tuvimos que ponernos serios su padre y yo.

Los niños se lo pasaron en grande plantando su propia semilla. Los papás o mamás hacían los agujeros en un vaso que los propios niños rellenaban con tierra y compostaje, luego enterraban la semilla elegida. Daniel, maíz, e Iván, caléndula (la elegí yo), pero había mucho más donde elegir. Mi primogénito se cogió una perreta tremenda porque se empeñó en regar los vasitos y no le dejamos. De eso se encargaba un voluntario para evitar ahogamientos de plantas. En esas estábamos cuando las mangueras que habían juntado para que llegara al punto donde se realizaba el taller se separaron de repente debido a la presión y ¡zas! de la juntura salió un chorrito de agua que mojó a Iván de repente. El pobre se llevó un susto morrocotudo. Se agarró como un loco a la pierna de su padre, pero enseguida le abracé yo para que se le fuera el miedo. A los cinco minutos ya estaba sonriendo como siempre. En cambio, Daniel estuvo berreando mucho más rato. Al final se fijó en que habían dejado la manguera dentro de un gran cubo para rellenarlo y se hizo con ella la mar de contento.

Todo el mundo había traído comida para compartir y para hacer un picnic, pero yo, con lo poco que duermo, ni  me enteré de que el plan era comer allí. Se ofrecieron a compartir lo que tuvieran con nosotros, pero nos tuvimos que ir porque habíamos quedado a comer con mi suegra. Pasamos una mañana estupenda y nos dio mucha pena pena irnos tan pronto.

Había que ver a Daniel contándole a su abuela entusiasmado todo lo que había hecho.







domingo, 12 de mayo de 2013

¡Pirates! Teatro en inglés

El AMPA del cole nos pasó una circular en la que nos invitaban a asistir a un teatro en inglés para los peques. No lo dudé dos veces y me apunté con Daniel. Le pedí a mi marido que hiciera de canguro de Iván esa tarde para poder ver la obra con tranquilidad. Al mi hijo mayor le convencí porque le conté que iba de piratas y, de pasada y rapidito, le comenté que estaba en inglés, por si se le quitaban las ganas de ir en cuanto le oliera a actividad didáctica.

Estaba muy bien organizado. Los niños se sentaban en primera fila en el suelo y los padres en bancos detrás.

Todos mis miedos se esfumaron en cuanto empezó la obra. Cantaban y bailaban. Hacían muchos gestos y pedían a los niños que participaran en su singular búsqueda del tesoro. Después de muchas peripecias, aventuras y risas por fin encontraron el tesoro. ¡Un cofre lleno de piruletas y globos! Los chiquillos estaba encantados. Tras la obra hicieron un pintacaras, pero a mi peque y a sus amigos les interesaba más dar botes por todas las colchonetas que encontraron en el gimnasio.

La obra la realizaba una academia de inglés por lo que luego nos repartieron unos cuantos folletos informativos. El método era muy interesante. Iba dirigido a niños pequeños y todo era jugar y pasarlo bien. A pesar de todo, sigo creyendo que a estas edades ya tienen bastante con el colegio. Después de clase prefiero que estén haciendo las cosas divertidas conmigo y no con un profesor. Es un lujo poder permitirme pasar todas las tardes con mis hijos y tengo que aprovecharlo.

Operación pañal ¿tan pronto? ¡Noooooo!

Últimamente Iván tiene ataques repentinos al grito de "caca, caca, cacaaaaaaaaaa". No te has dado cuenta y ya está dando saltitos por toda la casa con el pantalón bajado. Al principio se lo volvía a subir, él se lo volvía a baja, yo a subir, él a bajar y así un buen rato. Si ve a su hermano sentado en el váter él también quiere.

Tanto empeño ha puesto que ha conseguido que haga un esfuerzo por ser él, le quite el pañal y le siente en el orinal. Está emocionado. se sienta con una sonrisa de oreja a oreja y allí puede estar unos largos cinco minutos (demasiado para ser él).

La primera vez no hizo nada, pero la segunda hizo pis para gran sorpresa mía. Le hice una fiesta por todo lo alto llena de besos, aplausos, olés y achuchones, aunque estoy segura de que fue una casualidad y que pronto se  cansará de su juego. Sólo tiene 19 meses. Todavía queda mucho para que tome el control de sus esfínteres.

sábado, 11 de mayo de 2013

Caca, culo, pedo, pis

Es curioso la atracción que ejercen cuatro palabritas del diccionario español en los niños pequeños: caca, culo, pedo, pis. Y además en este orden. Generación tras generación oímos esta retaíla de la boca de nuestros infantes, normalmente acompañadas de carcajadas traviesas. Y yo me pregunto que tiene estas palabras, que extraño poder ejercen sobre ellos. Culo es una parte del cuerpo humano. Es lo mismo que decir mano, barriga o ceja. Y caca, pedo, pis se refieren a cosas malolientes que expulsa nuestro cuerpo, pero no son palabras malsonantes ni palabrotas.

Daniel se ha obsesionado y está todo el día: "Culo, caca, pedo, pis jajajaja, culo, caca, pedo, pis jajaja". Parece un disco rayado. Dice que se lo ha enseñado un amigo del cole y yo le respondo que no es verdad. Que el conocía esas palabras por separado desde hace muchísimo tiempo. Me tiene mareada de tanto soltar las palabrejas ahora sí y ahora también. He pensado en atraerle con otra serie de palabras, pero creo que acabaría igual de harta oyéndole repetir mil veces "Pico, pato, pata, pluma" que "Culo, caca, pedo, pis". Ojalá se le pase pronto la manía.

viernes, 10 de mayo de 2013

Premio milongas de madre

Imagen sacada de aquí
Merengaza ha creado un premio muy original y entrañable. Nada menos que ... Tachán, tachán... ¡El premio milongas de madre! Único, irrepetible y un regalo genial para cualquier blogger que se precie. Nuestra querida Merengaza califica su blog de seguidor, más que de seguido. Es decir, ella es una ávida lectora de la blogoesfera y un día se pasó al lado oscuro y ¡voilá! nació Merengaza y otros dulces. Pretendía permanecer en la sombra lectora que le había caracterizado hasta ahora, pero la calidad de sus textos no lo hicieron posible y pasó lo inevitable, que nos ha enganchado a muchísimos a sus historias, sus recetas azucaradas (¡¡Viva la bizcotaza!!), sus aventuras con Merenmadre, Merenpadre, Manzanita, Futuro... a cual mejor. ¡Hasta ha creado este premio! Y tengo el honor de recibirlo. Se me ha saltado una lagrimita traidora y todo cuando he leído mi nombre en su lista. Gracias, gracias, gracias. Lo que me he reído leyendo las milongas que te contaba tu madre. Mi madre también tenía máster en milongas jeje. Ahí van las tres que más nos repetía.

El pájaro negro: Mi querida madre no destacaba por su delicadeza precisamente y cuando cogía el cepillo del pelo nos poníamos a temblar. "Mamiiiiii, que me haces mucho daño" nos quejábamos lastimeras. "Calla, calla, que si no viene el pájaro negro y os hace un nido en el pelo con todos estos enredos. ¡Entonces sí que os va a doler cómo os haga el nido!". Un temible pájaro negro con gran pico y estremecedoras garras tomaba forma en nuestra imaginación. Aunque a veces nos parecía mejor opción el pájaro que los tirones de mi madre.

Los sesos de mono: Cuando era pequeña estaba de moda dar sesos a los niños porque eran muy blanditos. Recuerdo que el aspecto era mas bien asquerosito y el sabor sosete. En cuanto nos ponía el plato delante de nuestras narices empezaban los problemas. "¡Aaaarg! Yo no me como eso ni locaaaaa". "¡Con lo que me ha costado encontrar estos sesos de mono en el mercado!" contratacaba ella. ¿Os acordaís de Indiana Jones y el templo maldito? A mis hermanos y a mí nos pirraba la escena de la comida asquerosa. Ni que decir que engullíamos nuestros cerebros de mono emocionados por emular a nuestro héroe y sin una protesta más.

Catalina, la niña de las uñas largas: Cortarnos las uñas también era un espectáculo. Para convencernos siempre nos contaba la misma historia. "Catalina tampoco quería cortarse las uñas, así que le fueron creciendo y creciendo y creciendo... Hasta que un día se quedó clavada al suelo y no se podía mover. Entonces le pidió llorando a su madre que se las cortara, pero se habían vuelto tan duras que fue imposible". ¡Pesadillas tenía con este cuento!

Y no os cuento la historia de la niña que no quería comer porque aún me tiene traumatizada.

El que recibe este premio también tiene que grabar un video suyo saltando a la pata coja y mandarlo al correo electrónico a la que da el premio. Meren, aún no me he acordado de decirle a Raúl que me haga el vídeo (es lo que tiene el no dormir que te deja memoria de pez), pero el día que menos te lo esperes te lo encuentras en tu email. Yo por si alguno se anima os dejo mi email: dacilm@yahoo.es.

También hay que pasarlo a cinco blogs:

Diario de una madre en prácticas
- Mi alter Ego
- Papá cangrejo
- Amagic mother
- Flash Love

Estoy deseando leer vuestras milongas de madre.