Ayer Hubo que buscar una camisa blanca y un pañuelo rojo para mi primogénito. También nos pidieron un periódico para jalear a las "toritas" (las pobres y sufridas monitoras). ¿Y para qué tanta parafernalia? Siete de julio. . ¡San Fermín! Con lo poco que me gustan a mi las fiestas que implican animales. Respeto a los enamorados de estas fiestas, pero es que a mí me da me la nariz que los toros no se lo están pasando pipa mientras corren en medio de una jauría de personas enloquecidas.
El caso es que hemos disfrazado al peque y le hemos proporcionado su "arma" jaleatoros. Seguro que le ha encantado la idea. Las que lo habrán pasado un poquito peor serán las monitoras con tanto niño golpeando a base de periódico para que corran. Lo mire por donde lo mire no le veo la parte didáctica al asunto, aunque seguro que el chiquillo se lo ha pasado genial corriendo y golpeando a diestro y siniestro.
sábado, 6 de julio de 2013
viernes, 5 de julio de 2013
De gusano a mariposa
Nuestros gusanos de seda ya son mariposas. Daniel ha disfrutado enormemente de todo el proceso. Tanto que estoy pensando incluso si guardar algunos huevos por si nacen gusanitos el próximo año. Todos no, porque tendríamos demasiados. Pensaba tirarlos a los pies de las moreras que tenemos detrás del edificio.
El peque alucinó cuando sus mascotas se pusieron a tejer el capullo y acabaron encerradas dentro. Después de unos días, abrimos la caja y allí estaban las mariposas. Muy poco después ya empezaban a poner huevos como locas. Las caras que ponía el chiquitín con cadad escubrimiento eran un poema. Iván no lo vivió tan intensamente. Me temo que es aún demasiado pequeño para asimilar estos cambios.
El peque alucinó cuando sus mascotas se pusieron a tejer el capullo y acabaron encerradas dentro. Después de unos días, abrimos la caja y allí estaban las mariposas. Muy poco después ya empezaban a poner huevos como locas. Las caras que ponía el chiquitín con cadad escubrimiento eran un poema. Iván no lo vivió tan intensamente. Me temo que es aún demasiado pequeño para asimilar estos cambios.
jueves, 4 de julio de 2013
Loca fiesta de fin de curso en el Colegio de Daniel
Una de las peores cosas de trabajar de nuevo es que me pierdo muchas cosas con mis hijos. Por ejemplo, la fiesta de fin de curso de Daniel. Por lo visto debió ser de órdago. Según mi hijo mayor llevaron mil castillos hinchables enoooormes llenos de globos. Aunque me temo que sólo hubo uno. Le hicieron pintacaras y un montón de juegos. Aunque me quedaré con las ganas de saber más detalles porque no logro sacarle nada de información al bichillo.
Menos mal que una de las madres que sí pudo asistir me mando una foto para que viera la cara de felicidad de mi niño.
Menos mal que una de las madres que sí pudo asistir me mando una foto para que viera la cara de felicidad de mi niño.
miércoles, 3 de julio de 2013
Fichas, notas, fotos y videos de fin de curso
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| Juegos por rincones |
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| Siesta el día de carnaval |
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| Cumpleaños en el cole |
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| La semana del deporte |
| Fiesta de Navidad |
| Fiesta de Navidad |
| Psicomotricidad |
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| San Isidro |
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| Nieve en el patio |
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| Día de la Paz |
martes, 2 de julio de 2013
Emotivo reencuentro con las antiguas profesoras de Daniel
Tanto las antiguas profes de la escuela infantil de Daniel como mi primogénito llevaban todo el curso pidiéndome un encuentro, pero a mí, por hache o por be, nunca me cuadraba bien.
El último día de clase de Daniel ya no pude postergarlo más porque en el campamento urbano del cole cambian el horario y a partir de entonces sería imposible llevarle, así que no quedó otra que organizarlo todo.
Daniel estaba ilusionadísimo. Tanto, que se recorrió casi corriendo los más de quince minutos de camino que nos separaban del centro. Cuando llegamos las puertas todavía estaban cerradas y tan desesperado lo vieron los allí reunidos que, cuando por fin las abrieron, le dejaron pasar el primero.
Entró dando brincos de la excitación y se echó literalmente a los brazos de Ana, la primera profe que encontramos. Los dos estaban exultantes de alegría. La siguiente fue Manoli, con la que también se fundió en un cálido abrazo. Las dos estuvieron de acuerdo en que había crecido muchísimo y se había convertido en un guapo niño.
Recogimos a Iván, que también se llevó una agradable sorpresa al ver a su hermano en su clase, y ya nos disponíamos a irnos cuando Daniel se acordó de la profesora de apoyo que le acompañó en su clase de un año. Intentamos encontrarla, pero fue imposible porque estaba reunida. En cambio nos llevamos la alegría de ver a otro de los profesores e apoyo con el que el peque se llevaba genial: Alberto. También le hizo mucha ilusión abrazarlo. "Mira que alto estoy" fue lo primero que le soltó porque era lo que le habían repetido sus maestras. El profesor también se mostró muy alegre con el encuentro.
Tras tanto amor antiguo alumno profesores le llevé a ver la maqueta del agua y le encantó. estuvimos un buen rato señalando animales, nubes, montañas y viendo a los pececillos, de los que ya sólo quedaban dos. A Iván le encanta hacer los ruidos de los animales cada vez que se para a admirarla.
Más feliz que una perdiz salió mi niño del centro. De allí nos fuimos a casa de un amigo suyo que estaba a más de veinte minutos de distancia. Fue una gran paliza para el peque, pero no dio muestras de cansancio porque tenía muchas ganas de ver a sus profesoras y de jugar en casa de su amigo.
Cuando llegó la hora de regresar al hogar fue otro cantar. Entonces dio ruenda suelta a su agotamiento a fuerza de perreta tras perreta. Iván tampoco estaba muy católico y me lo hizo pasar igual de mal. No respiré tranquila hasta que los dos chiquitines estuvieron dormidos.
El último día de clase de Daniel ya no pude postergarlo más porque en el campamento urbano del cole cambian el horario y a partir de entonces sería imposible llevarle, así que no quedó otra que organizarlo todo.
Daniel estaba ilusionadísimo. Tanto, que se recorrió casi corriendo los más de quince minutos de camino que nos separaban del centro. Cuando llegamos las puertas todavía estaban cerradas y tan desesperado lo vieron los allí reunidos que, cuando por fin las abrieron, le dejaron pasar el primero.
Entró dando brincos de la excitación y se echó literalmente a los brazos de Ana, la primera profe que encontramos. Los dos estaban exultantes de alegría. La siguiente fue Manoli, con la que también se fundió en un cálido abrazo. Las dos estuvieron de acuerdo en que había crecido muchísimo y se había convertido en un guapo niño.
Recogimos a Iván, que también se llevó una agradable sorpresa al ver a su hermano en su clase, y ya nos disponíamos a irnos cuando Daniel se acordó de la profesora de apoyo que le acompañó en su clase de un año. Intentamos encontrarla, pero fue imposible porque estaba reunida. En cambio nos llevamos la alegría de ver a otro de los profesores e apoyo con el que el peque se llevaba genial: Alberto. También le hizo mucha ilusión abrazarlo. "Mira que alto estoy" fue lo primero que le soltó porque era lo que le habían repetido sus maestras. El profesor también se mostró muy alegre con el encuentro.
Tras tanto amor antiguo alumno profesores le llevé a ver la maqueta del agua y le encantó. estuvimos un buen rato señalando animales, nubes, montañas y viendo a los pececillos, de los que ya sólo quedaban dos. A Iván le encanta hacer los ruidos de los animales cada vez que se para a admirarla.
Más feliz que una perdiz salió mi niño del centro. De allí nos fuimos a casa de un amigo suyo que estaba a más de veinte minutos de distancia. Fue una gran paliza para el peque, pero no dio muestras de cansancio porque tenía muchas ganas de ver a sus profesoras y de jugar en casa de su amigo.
Cuando llegó la hora de regresar al hogar fue otro cantar. Entonces dio ruenda suelta a su agotamiento a fuerza de perreta tras perreta. Iván tampoco estaba muy católico y me lo hizo pasar igual de mal. No respiré tranquila hasta que los dos chiquitines estuvieron dormidos.
lunes, 1 de julio de 2013
La reunión de final de curso de 1B
Muy ilusionada y preparada para babear a gusto me presenté en la última reunión del curso de 1B. No me decepcionó porque las profes hablaron poco y dejaron que las imágenes de la presentaciónque nos habían preparado lo dijeran todo. ¡Qué puedo decir! Que todos los bebés son preciosísimos, monísimos, graciosísimos y encantadares. Que la sala se llenó de babas. Que no me extrañaría que a alguno se le escapara una lagrimilla traicionera (a mí casi).
Los peques han hecho mil cosas este curso. Han experimentado con olores, con sabores y texturas. Han corrido, saltado, subido, bajado, pintado, pegado materiales, amasado... Lo más destacable es que el sol de la maqueta de la entrada es obra suya. ¡Ole mis niños! Ya decía yo que era lo más bonito de todo.
El discurso de las profes giró sobre lo que habían hecho en el curso, aunque las fotos fueron la mejor muestra, sobre las recomendaciones del verano (seguir con las rutinas intactas y dejarles más autonomía a la hora de comer. Traducción: no nos los asalvajeis mucho que luego en septiembre tenemos que meterlos otra vez en vereda), sobre el mes de julio (Todo jugar)...
Nos tomamos la leche merengada fresquita muy agradecidos porque hacía calor, degustamos los maravillosos dulces con los que nos deleita cocina todos los años y ha salir pitando para recoger chiquillos.
El comentario de las notas volvió a ser bastante sosete: "Iván ha evolucionado de forma positiva en su aprendizaje a lo largo de este curso. ¡¡Feliz Verano!!"
La buena noticia es que tiene un "conseguido" en todos y cada uno de los objetivos.
Los peques han hecho mil cosas este curso. Han experimentado con olores, con sabores y texturas. Han corrido, saltado, subido, bajado, pintado, pegado materiales, amasado... Lo más destacable es que el sol de la maqueta de la entrada es obra suya. ¡Ole mis niños! Ya decía yo que era lo más bonito de todo.
El discurso de las profes giró sobre lo que habían hecho en el curso, aunque las fotos fueron la mejor muestra, sobre las recomendaciones del verano (seguir con las rutinas intactas y dejarles más autonomía a la hora de comer. Traducción: no nos los asalvajeis mucho que luego en septiembre tenemos que meterlos otra vez en vereda), sobre el mes de julio (Todo jugar)...
Nos tomamos la leche merengada fresquita muy agradecidos porque hacía calor, degustamos los maravillosos dulces con los que nos deleita cocina todos los años y ha salir pitando para recoger chiquillos.
El comentario de las notas volvió a ser bastante sosete: "Iván ha evolucionado de forma positiva en su aprendizaje a lo largo de este curso. ¡¡Feliz Verano!!"
La buena noticia es que tiene un "conseguido" en todos y cada uno de los objetivos.
domingo, 30 de junio de 2013
El tobillo hinchado
El domingo nos dimos cuenta de que Daniel tenía el tobillo exageradamente hinchado. "Esto es de un bicho que le ha picado" Pensamos los dos. En un principio barajamos la posibilidad de ir a urgencias, pero es la segunda vez que le pasa (en otra ocasión se le hinchó la mano) y la solución fue darle Dalsy para que bajara la inflamación y poco más. Cómo el peque no acusaba dolor ni picores le dimos la medicina y nos fuimos a casa de la abuela Chari que nos había invitado a disfrutar de su piscina.
Pasamos un día muy agradable, pero cuando llegamos a casa el niño empezó a quejarse de que le dolía. Lo atribuí a que no quería ir al cole el lunes y no le di más importancia.
La noche la pasó bien, pero cuando su padre le despertó el chiquitín aseguraba que no era capaz de apoyar el pie. Mi marido me llamó al trabajo para informarme de la situación, dejó al bebé en la guardería y llevó al grande a urgencias. Allí le dijeron que era una picadura infectada, le mandaron antibiótico durante ocho días, descanso y que le limpiáramos la herida con agua caliente y sal para que le saliera el pus.
Pasé una jornada laboral muy angustiada y maldiciéndome por no haberle llevado a urgencias el domingo. Cómo no teníamos con quien dejarlo, su papá se lo llevó al trabajo. Coincidía que tenía una fiesta de degustación de jamón y queso que hacen todos los años y el chiquillo se lo pasó en grande devorando viandas y mimado por los compañeros de Raúl. Cuando llegó la hora de ponerse serio Raúl sacó la artillería pesada, le dio al niño la tablet con puzzles y juegos adecuados a su edad y pinturas y papel para que se entretuviera mientras él trabajaba.
Llegaron tardísimo a casa mientras la mami se comía las uñas de pura angustia. Raúl aseguraba que le había visto bastante bien aunque cojeara un poco, pero en ese momento todo eran muecas de dolor, así que pasé a casa de la vecina para pedirle que se quedar con él a la mañana siguiente y no tener que llevarlo al colegio.
La vecina, que es una encanto, accedió de mil amores. Cuando recogí al peque me aseguró que se había portado de fábula, que se lo habían pasado genial y que se habían reído mucho. Recalcó que se notaba que el chiquillo estaba bien educado, con lo que me hinché como una pavo. Que orgullo para mí que digan eso de mi hijo.
Por supuesto, el peque empezó a portarse mal al segundo de verme. Me lo llevé a su pediatra tal y como le habían recomendado a Raúl en urgencias. La médico empezó poniendo caras de "otra vez aquí esta mamá histérica. Fijo que es un tontería", pero se quedó lívida cuando vio el tobillo. No se podía creer que el día anterior hubiera estado mucho peor. Me insistió en que no se me ocurriera saltarme ninguna toma del antibiótico y que se lo limpiáramos bien. "Si ves que se vuelve a llenar de pus, se pone la zona tensa y caliente vuelvas porque tendremos que hacerle un pequeño corte para sacarle la infección". Daniel empezó mal la visita, pero en cuanto solté la palabra premio fue un niño modelo.
El premio consistió en hacer figuras con ganchitos, gusanitos, bolitas de maiz, estrellas etc. Mójabamos las partes que queríamos pegar y las juntábamos para hacer estrellas, flores, monigotes, figuras abstractas... y luego se las comían. En realidad, Iván se lo comía todo directamente y no parecía entender que tenía de divertido jugar con la comida en vez de engullirla directamente. Cuando se hartó abandono el juego y me sneté con él a leerle cuentos, mientras su hermano jugaba.
Sin mi presencia acabó por meter las chuches en el agua a mogollón. Cuando pasé a supervisar me aseguró que había hecho una sopa mágica porque era un brujo.
Pasamos un día muy agradable, pero cuando llegamos a casa el niño empezó a quejarse de que le dolía. Lo atribuí a que no quería ir al cole el lunes y no le di más importancia.
La noche la pasó bien, pero cuando su padre le despertó el chiquitín aseguraba que no era capaz de apoyar el pie. Mi marido me llamó al trabajo para informarme de la situación, dejó al bebé en la guardería y llevó al grande a urgencias. Allí le dijeron que era una picadura infectada, le mandaron antibiótico durante ocho días, descanso y que le limpiáramos la herida con agua caliente y sal para que le saliera el pus.
Pasé una jornada laboral muy angustiada y maldiciéndome por no haberle llevado a urgencias el domingo. Cómo no teníamos con quien dejarlo, su papá se lo llevó al trabajo. Coincidía que tenía una fiesta de degustación de jamón y queso que hacen todos los años y el chiquillo se lo pasó en grande devorando viandas y mimado por los compañeros de Raúl. Cuando llegó la hora de ponerse serio Raúl sacó la artillería pesada, le dio al niño la tablet con puzzles y juegos adecuados a su edad y pinturas y papel para que se entretuviera mientras él trabajaba.
Llegaron tardísimo a casa mientras la mami se comía las uñas de pura angustia. Raúl aseguraba que le había visto bastante bien aunque cojeara un poco, pero en ese momento todo eran muecas de dolor, así que pasé a casa de la vecina para pedirle que se quedar con él a la mañana siguiente y no tener que llevarlo al colegio.
La vecina, que es una encanto, accedió de mil amores. Cuando recogí al peque me aseguró que se había portado de fábula, que se lo habían pasado genial y que se habían reído mucho. Recalcó que se notaba que el chiquillo estaba bien educado, con lo que me hinché como una pavo. Que orgullo para mí que digan eso de mi hijo.
Por supuesto, el peque empezó a portarse mal al segundo de verme. Me lo llevé a su pediatra tal y como le habían recomendado a Raúl en urgencias. La médico empezó poniendo caras de "otra vez aquí esta mamá histérica. Fijo que es un tontería", pero se quedó lívida cuando vio el tobillo. No se podía creer que el día anterior hubiera estado mucho peor. Me insistió en que no se me ocurriera saltarme ninguna toma del antibiótico y que se lo limpiáramos bien. "Si ves que se vuelve a llenar de pus, se pone la zona tensa y caliente vuelvas porque tendremos que hacerle un pequeño corte para sacarle la infección". Daniel empezó mal la visita, pero en cuanto solté la palabra premio fue un niño modelo.
El premio consistió en hacer figuras con ganchitos, gusanitos, bolitas de maiz, estrellas etc. Mójabamos las partes que queríamos pegar y las juntábamos para hacer estrellas, flores, monigotes, figuras abstractas... y luego se las comían. En realidad, Iván se lo comía todo directamente y no parecía entender que tenía de divertido jugar con la comida en vez de engullirla directamente. Cuando se hartó abandono el juego y me sneté con él a leerle cuentos, mientras su hermano jugaba.
Sin mi presencia acabó por meter las chuches en el agua a mogollón. Cuando pasé a supervisar me aseguró que había hecho una sopa mágica porque era un brujo.
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