martes, 15 de abril de 2014

Espacio Lego superhéroes en la Vaguada

Justo antes de partir a Covarrubias para pasar la Semana Santa nos pasamos por La Vaguada para hacer unas comparas de última hora y nos encontramos con una sorpresa maravillosa: habían montado un espacio lúdico para niños tematizado con Lego Superhéroes.

A mis peques se les salían los ojos de las órbitas y no podían esperar a entrar a divertirse. La primera contrariedad fue que Iván no podía entrar. No cumplía con la edad requerida: cuatro años. Por mucho que le rogué a la monitora y le aseguré que me hacía total responsable que cualquier accidente que se pudiera producir, no pudo ser e Iván se quedó totalmente desilusionado.

En el fondo, me alegró comprobar que las chicas que se ocupaban de los niños eran tan responsables, pero me dolió ver el sufrimiento reflejado en el pequeño cuando su hermano se lanzó de lleno a la diversión. Como premio de consolación, le dieron a Iván un diploma de participación muy chulo que le encantó. ¡Todo un detalle!

El padre se lo llevó para distraerlo mientras yo me quedaba a esperar al mayor. Lo cierto, es que Daniel se lo pasó en grande con los juguetes, la máquina para medir la fuerza, los juegos de puntería y un montón de actividades más.

Cuando se acabó el tiempo, entre los diez minutos diez minutos que estuvo en un turno y los quince del siguiente sumaron un buen rato, tuvimos perretilla porque no quería irse a casa, pero fuimos inflexibles porque el más pequeño volvía a intentar colarse en el espacio con todas sus fuerzas. Además, aún quedaba mucho que preparar para ir al pueblo.

lunes, 14 de abril de 2014

Huevos de pascua con colorantes y washi tape

Y ya hemos hecho otro año más nuestros huevitos de Pascua. Porque le encanta a Daniel hacerlos y porque es divertido. ¿Hay mejores razones?

Así que mezclé el colorante alimentario para ir más allá de los primarios y saqué los washi tape para hacer algo diferente.

Al mayor le encantó. El peque estaba durmiendo así que se lo perdió. Pero su hermano pensó en todos para regalarles uno.

Pintamos los huevitos duros, los decoramos con mucho color y el peque se empeñó en meterlos en las zapatillas de estar por casa para sorprenderlos. "Como en Navidad, mami" me dijo muy contento.

Cuando acabó con los huevitos, se empeñó en pintar en papel con el colorante y yo no vi motivos para negarle el capricho. Se dedicó a salpicar el papel de colores. ¡Me encanta su creatividad!

sábado, 12 de abril de 2014

Pero... ¿De quién es el cumple?

El martes fue mi cumple y no puedo negar que me sentí muy especial.

Nada más levantarse, mis retoños me llenaron de besos y abrazos. Eso llena el alma.

Mi marido me mimó más que de costumbre. Me sorprendieron con un libro que promete ser de lo más interesante, pero que a los peques les decepcionó muchísimo. Como no era compartible con ellos, se enrabietaron hasta que mami les sacó unas cuantas chuches.

Ahí empezó el dilema de ¿por qué es el cumple de mami y no el mío? Esto sólo se arregla compartiendo día especial. Y así lo hice en la medida de lo posible.

Fue una jornada intensa, llena de felicitaciones muy emotivas, encuentros con amigas, desencuentros por despiste total y muchas risas de mis pequeños.

Sólo pido otro año tan feliz e intenso como el que he vivido. Rodeada de la gente que quiero y que me quiere.

La espinita es tener tan lejos a mi madre y mi familia canaria.

viernes, 11 de abril de 2014

Globos, segunda parte

Todavía me pica un poco el asunto de los globos. Tengo que admitirlo, pero no se puede obligar a unos niños a jugar con algo si no quieren, así que ya me resignaba a tirar unos poco aprovechados globos, cuando alguien vino a mi rescate. Esto del blog funciona para solucionar cualquier situación. Desde las más importantes hasta las más tontas como ésta que me ocupa. Sé que no tendría que haber dedicado ni un segundo más de mis pensamientos a este asunto, pero... Ahí estaban los globitos para recordármelo.

De repente, un comentario hizo la luz en mi cerebro ¡como no había caído yo solita! Mo, de Blogueando de mi peque y otras cosas, me dio una solución que iba a encantar al mayor de mis churumbeles:¡explotar los globos con el culete!

En cuanto le expuse el plan se le iluminó la mirada. Se puso a ello alegremente un buen rato, pero luego se le ocurrió algo mejor... Y más peligroso, por supuesto. Pinchar los globos con algo puntiagudo. En un principio me negué en redondo, pero terminé soltando un palillo chino con el que se dedicó a trinchar globos.

Él se lo pasó bomba, pero yo todavía tengo el corazón en la boca con tantas explosiones hogareñas. Encima el peque se percató de mi miedo irracional a los estallidos y se dedicó a perseguirme por toda la casa con un globo en una mano y el palillo en la otra. Iván en cambio permanecía interpérrito y con los ojos fijos en su adorada Dora. ¡Ya se podía caer la casa! Mientras no se apagara la tele el permanecería como si nada.

Muchas gracias Mo por regalarle este momento tan divertido a Daniel.

jueves, 10 de abril de 2014

Triple Baby Protection: bueno para los niños y bueno para mí

El martes estuve en un evento de Madresfera en el que se presentaba el nuevo sello de calidad de Johnson's Baby. Los niños estaban invitados, así que pusimos rumbo a Baby Deli, una tienda, cafetería, con una zona infantil impresionante, en la que se celebraba la presentación.

Hicimos caso a pies juntillas a lo que Google Maps nos aconsejó, pero ¡oh sorpresa! ¡Se equivocó! Nos bajamos en la parada de metro equivocada y tuvimos que andar lo que a mí me pareció una eternidad. Cuanto más caminábamos más improperios contra Google maps salían de mi boca.

Cuando por fin llegamos, mi primogénito se lanzó en los brazos de una de las organizadoras sin darme tiempo a reaccionar. Le pidió perdón, le aseguró firmemente que ajustaríamos las cuentas a ese malvado Google maps y le regaló un beso. La responsable nos aseguró que no éramos los únicos engañados y que podíamos pasar al taller y a la zona infantil mientras esperábamos a que comenzara el evento.

Los niños quedaron fascinados con el rincón de los juguetes. Daniel se sumó encantado al taller de manualidades mientras su hermano hacía diabluras. Tan revoltoso estaba el pequeño, que cuando me indicaron que accediera al salón del acto ¡no me enteré! Y allí estaba esperando muy entretenida, cuando me di cuenta de que había pasado una hora. Pregunté y me encontré con que todo había terminado. Como me vieron muy interesada, enseguida me presentaron a una de las ponentes para que respondiera a todas mis dudas. La piel de mis niños es bastante sensible y su cuidado es una prioridad para mí. Las organizadoras fueron extremadamente amables y pacientes conmigo, mi eterno despiste y mis fierecillas.

Una chica majísima me explicó que, tras los productos, existen unos profundos estudios médicos para mejorar día a día la protección de los bebés y de los niños. Esto es algo que no se conoce entre el público en general, con lo que la empresa ha decidido lanzar un sello de calidad que explique y exprese la exhaustiva investigación y el proceso que hay detrás de todos sus productos: Triple Baby Protection. Triple porque destacan tres aspectos fundamentales que cumplen a rajatabla: Seguridad, suavidad y eficacia.

Cuando me mostró los artículos expuestos me encontré con tres sorpresas que hicieron que mis ojos brillaran: el aceite en gel (nunca más saldré pegajosa de la ducha), el desenredante de pelo (ideal para las greñas que lucen mis hijos a día de hoy... Y para las mías) y, lo mejor de todo, un gel para hacer baños de espuma. Con poco producto logramos una relajante baño de espuma que no desaparece a los tres minutos. Debí de poner una cara al estilo Gollum con su anillo único porque la chica no dudó en regalarme el bote para que lo probara. ¿Adivinad quien fue la primera en probarlo? Si es bueno para ellos también lo es para mí jejeje

Los niños también han tenido sus baños de espuma y dan mucho juego. Cuando llega la hora de meterse en la bañera me traen el bote por si se me ocurre olvidarme de hacerles su espumita. ¡Son muy listos!

En mi humilde opinión es una marca que tiene una excelente relación calidad - precio. En casa de mi madre siempre hemos usado su aceite y champú con excelentes resultados. Y no sólo cuando éramos niños. El hecho de que el champú no pique los ojos cuando aclaramos lo hace casi mágico.

Mientras mami, charlaba con la ponente, Daniel tomaba posiciones en la mesa de la merienda para engullir sin descanso e Iván la liaba libre cual conejito de pascua, con lo que tuve que olvidarme un poco de mí y empezar a controlarlos.

Antes de irnos nos obsequiaron con una bolsa chulísima llena de sorpresas. Cuando salimos por la puerta y vimos la boca del metro de El retiro a unos metros, casi vuelvo a cargar virulentamente contra Google maps, pero me reprimí, porque está visto que Daniel es una esponja que se queda con todo.

miércoles, 9 de abril de 2014

Fin de semana de frío, llovizna y un final lleno de luz

Este fin de semana nos trasladamos a Covarrubias. Nada más llegar los niños corrieron en busca de sus abuelas, pero no nos habían podido acompañar así que se quedaron un poco desilusionados. Las echaron muchísimo de menos cada minuto que pasamos allí.

Pero Raúl y Daniel se morían de ganas de ir al pueblo y no pudimos retrasarlo más. Llegamos acompañados de una llovizna que se empeñó en acompañarnos hasta el sábado. No fue impedimento para salir a recorrer las calles empedradas, saludar a los caballitos y las cabras y llenarnos de barro hasta las orejas. El paraíso para los peques.

La factura la vamos a pagar porque Iván a comenzado con una tos muy fea que me temo que derive en algún día en cama, pero ¡que le quiten lo bailao! Tampoco me extrañaría que Daniel lo siguiera en breve.

De repente llegó el domingo, y con él la luz y el calor. ¡Ya podía haber venido antes el sol! Pero de nada sirven las lamentaciones, así que no perdimos ni un segundo en salir con las bicis. Mi riñones aún se están quejando, pero los niños disfrutaron al máximo. En el camino, encontramos un viejo carro en proceso de desintegración. Los niños se subieron a él entusiasmados, imaginando caballerescas aventuras. En un principio iba a obligarles a bajar, con la cabeza llena de los posibles accidentes catastróficos, pero, de repente, y sin poder evitarlo, vino a mi memoria mis tiempos de niñas. Y recordé mis juegos en el campo, explorando, encontrando tesoros, jugando con lo que encontrábamos... En una época en la que los padres no estaban tan encima de los hijos... O que yo ya era más mayor, no sé. El caso es que les dejé hacer bajo mi estricta supervisión. Como buena madre gallina iba sacando de la ecuación los elementos más peligrosos de la escena. Hasta el mayor se hizo notar en una ocasión que me había dejado un madero con clavos sin esconder. Se lo agradecí en el alma.

Cuando se cansaron de bicis y aventuras medievales fijaron sus ojillos en mi y manifestaron el deseo que les venía rondando desde el viernes: ¡Queremos ir a los columpios!

Deseo cumplido. Los juegos infantiles estaban secos y se podían usar por fin. Fue un placer efímero porque, papá, que se había quedado trabajando en la casa, vino a buscarnos pronto. Aún quedaba mucho por hacer antes de tomar rumbo a Madrid de nuevo: la comida, recoger, hacer las maletas...

Los niños protestaron mucho, pero no les quedó más remedio que ocupar sus asientos y resignarse a la vuelta. Eso sí, con la promesa de que pronto volveríamos.




martes, 8 de abril de 2014

El drama de la piscina

El jueves me llamaron de un polideportivo público para darme una buena noticia. ¡Habían admitido a Daniel en las clases de natación! Es una actividad subvencionada y muy importante para mí. Cuando voy a la piscina con los dos peques estoy en un sinvivir. Necesito que Daniel aprenda a nadar.

Como le voy a llevar yo, son clases de media hora y sólo un día, pensé que el peque lo acogería con alegría, pero nada más lejos de la realidad. Se puso más blanco que el papel y dio rienda suelta a su angustia. Yo también palidecí, porque no me gusta obligarle, pero creo que no hay que decir que no sin probar antes. No tiene nada que ver con la extraescolar del año pasado.

De nada sirvieron mis buenas palabras, promesas, amenazas, ruegos... El peque no salía de su estado de desesperaciín. Tuvo que venir su padre a darle una motivación muy tentadora para que volviera a sonreír: "Si vas a cinco clases te regalo un pack de lego pequeño, el que tú quieras" le propuso.
"¡Uno grande!" negoció el peque.
"Venga, uno mediano" medie yo.
"¡Trato hecho!"

Ya os contaré cuando empiece a ir. ¡Pondría la mano en el fuego a que me va a montar una buena!