Microsoft nos ha querido demostrar que el trabajo colaborativo no se concentra únicamente en entornos laborales, sino también en la escuela y el hogar. Y lo ha hecho de una forma preciosa y original. Nos ha invitado a asistir en directo y de forma activa en una Jam de Escritura en Vivo con Office 365 Hogar, un nuevo paquete office que nos ayudará en nuestros día a día y que incluye Word online, OneDrive, Skype y Sway, herramientas indispensables para el trabajo colaborativo.
La idea fue crear un precioso cuento navideño con las sugerencias del público infantil, la colaboración de tres escritores que aportaron sus textos desde diferentes terminales, preciosa música de acompañamiento y bellas ilustraciones. La idea surgió como homenaje a Roald Dahl en el centenario de su nacimiento, el célebre autor de obras tan famosas como Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate o James y el melocotón gigante. Loqueleo Santillana también ha participado en este espectacular proyecto.
Es alucinante comprobar como la historia iba tomando forma mientras los tres escritores, Isabel María Cobo, Jefa de proyecto del departamento de I+D+I de Santillana; Rosa del Real, Profesora de Educación Primaria y bibliotecaria; y Santiago García, escritor, daban rienda suelta a su imaginación teniendo en cuenta lo que los peques del público iban sugiriendo. Incluso, algún niños se atrevieron a coger las riendas y subirse al escenario para continuar escribiendo el mágico cuento. Todo magistralmente hilado por Marcos, fundador y director del movimiento ‘Escritura en vivo’, que se convirtió en un presentador del evento excepcional.
Al mismo tiempo, Ines Burgos, ilustradora, desgranaba imágenes increíbles sobre lo que acontecía en el texto y Dolceclavedúo, ponía música a todo el conjunto. Es algo que hay que vivir y que no se puede contar, porque me quedo corta.
Simultáneamente al original relato, los niños podían probar de primera mano la nueva aplicación paint 3D, que tiene unas funcionalidades flipantes que mantuvieron a mis peques con sus naricillas pegadas a las pantallas y sin hacer ni caso al cuento. Menos mal que nos lo enviaron después y he podido contárselo en casa. Si queréis descubrir qué les pasó a Jaimita y Ricardo en "Compartiendo la magia de la navidad" sólo tenéis que pinchar en el título del cuento.
Daniel e Iván alucinaron con el programa de diseño de Windows 10, que aparecerá en los ordenadores de aquellos que tengan este sistema operativo a partir de la próxima actualización que se realizará en enero de 2017. Estos chicos no pueden esperar a tenerlo en casa porque les ha encantado eso de poder hacer figuras tridimensionales. Me parece una herramienta genial para hacer las imágenes de presentaciones y documentos de proyectos. Daniel afirma que la va a usar para hacer las cartas de los nuevos juegos de mesa que quiere crear.
Al finalizar el evento, nos invitaron a coger las iniciales de nuestros hijos del árbol navideño que adornaba la sala. Me encantó el detalle. También nos dieron unas bolsitas con unas camisetas blancas que mis hijos están empeñados en customizar con diseños propios a base de indelebles textiles y unos vasos con tapa chulísimos que no sueltan ni a sol ni a sombra.
Fue una jornada mágica que vivimos de formas muy diferente los niños y yo. A mí me encantó sumergirme en la creatividad literaria y a ellos en las maravillas que les ofrecía el diseño gráfico en 3D. Han dejado bien claro que son nativos digitales.
miércoles, 21 de diciembre de 2016
martes, 20 de diciembre de 2016
El Museo de la Evolución Humana de Burgos
Daniel es un gran enamorado del Museo de la Evolución Humana de Burgos. Siempre que vamos a Covarrubias clama por ir. Este puente de diciembre le hemos dado el gusto, ya que íbamos cuatro días enteritos al pueblo. Tras la visita al museo del libro y el paseo por Burgos, nos metimos en el Museo predilecto de mi primogénito. Enseguida nos hicimos con el juego de las pistas que te dan en las taquillas para los niños.
Daniel ya se sabía casi todo y se empeñó en guiar de inmediato. No le fue difícil encontrar los dientes de animales, ni a Miguelón, que estaba muy cerca de Elvis la Pelvis. En la siguiente prueba ambos chiquillos se engancharon a la pantalla que buscaba los fósiles de pequeños animales y los aumentaba de tamaño. Les encanta este juego.
Como ya se saben el Museo casi de memoria iban para un lado u otro libres como pájaros para desesperación de la madre que no los quería perder de vista ni un segundo. Al final, casi todo el tiempo estuve yo con Iván y Raúl con Daniel, explorando cada uno partes distintas de las salas. Porque, por mucho que lo vuelvas a ver nunca te cansas del cerebro gigante, del barco de Darwin, del círculo de la evolución humana o de la sala del fuego, por poner unos ejemplos.
En el último piso nos llevamos una gran sorpresa. Habían cambiado la exposición de animales extinguidos por otra de experimentos científicos. Confieso que a mí me parecía más curiosa la que había, pero a Raúl y a los niños les gustó mucho más la nueva. Estuvieron revoloteando de experimento en experimento llenos de interés y curiosidad.
En un momento dado, Daniel se enganchó a la pantalla que te mostraba realidad virtual sobre los tres ecosistemas que se pueden ver en tres terrazas diferentes del museo y de ahí nos costó mucho moverlo. A los dos les flipa cuando el cavernícola les tira la lanza.
Iván, a su vez, estaba totalmente abducido por un juego en el que tenías que salvar a una nave de un agujero negro. Está claro que adoran las pantallas y las buscan donde quieran que van.
Terminamos la visita en la tienda de regalos. No pensaba comprarles nada, pero vi dos libros que me enamoraron y que se vinieron para casa conmigo. Uno de ellos era el Combibestiario de SM, en el que podías combinar cabezas, tronco y patas de animales extinguidos para hacerte tu propio monstruo particular.
El otro era igual, pero de dinosaurios: el Combisaurios, de la misma editorial. Lo bien que se lo pasan combinando partes y pidiéndonos que les leamos la descripción resultante. Dan mucho juego.
Además se llevaron unos huevos de dinosaurio de propina porque también me hicieron gracia, así que para ellos fue un día lleno de felicidad y sorpresas.
Esa misma noche pusimos los huevitos en agua, pero tardaron muchísimo en nacer. Tanto que los tuvimos que sacar, llevar con cuidado a Madrid y volver a poner en remojo allí hasta que salieron del todo los bebés y cada peque se llevó el suyo envuelto en un pañito. ¡Lo que han tardado en secarse! Pero ya pueden jugar con ellos con normalidad y están encantados. Lo primero que hicieron cuando nacieron fue enseñarles la casa y al gato.
Daniel ya se sabía casi todo y se empeñó en guiar de inmediato. No le fue difícil encontrar los dientes de animales, ni a Miguelón, que estaba muy cerca de Elvis la Pelvis. En la siguiente prueba ambos chiquillos se engancharon a la pantalla que buscaba los fósiles de pequeños animales y los aumentaba de tamaño. Les encanta este juego.
Como ya se saben el Museo casi de memoria iban para un lado u otro libres como pájaros para desesperación de la madre que no los quería perder de vista ni un segundo. Al final, casi todo el tiempo estuve yo con Iván y Raúl con Daniel, explorando cada uno partes distintas de las salas. Porque, por mucho que lo vuelvas a ver nunca te cansas del cerebro gigante, del barco de Darwin, del círculo de la evolución humana o de la sala del fuego, por poner unos ejemplos.
En el último piso nos llevamos una gran sorpresa. Habían cambiado la exposición de animales extinguidos por otra de experimentos científicos. Confieso que a mí me parecía más curiosa la que había, pero a Raúl y a los niños les gustó mucho más la nueva. Estuvieron revoloteando de experimento en experimento llenos de interés y curiosidad.
En un momento dado, Daniel se enganchó a la pantalla que te mostraba realidad virtual sobre los tres ecosistemas que se pueden ver en tres terrazas diferentes del museo y de ahí nos costó mucho moverlo. A los dos les flipa cuando el cavernícola les tira la lanza.
Iván, a su vez, estaba totalmente abducido por un juego en el que tenías que salvar a una nave de un agujero negro. Está claro que adoran las pantallas y las buscan donde quieran que van.
Terminamos la visita en la tienda de regalos. No pensaba comprarles nada, pero vi dos libros que me enamoraron y que se vinieron para casa conmigo. Uno de ellos era el Combibestiario de SM, en el que podías combinar cabezas, tronco y patas de animales extinguidos para hacerte tu propio monstruo particular.
El otro era igual, pero de dinosaurios: el Combisaurios, de la misma editorial. Lo bien que se lo pasan combinando partes y pidiéndonos que les leamos la descripción resultante. Dan mucho juego.
Además se llevaron unos huevos de dinosaurio de propina porque también me hicieron gracia, así que para ellos fue un día lleno de felicidad y sorpresas.
Esa misma noche pusimos los huevitos en agua, pero tardaron muchísimo en nacer. Tanto que los tuvimos que sacar, llevar con cuidado a Madrid y volver a poner en remojo allí hasta que salieron del todo los bebés y cada peque se llevó el suyo envuelto en un pañito. ¡Lo que han tardado en secarse! Pero ya pueden jugar con ellos con normalidad y están encantados. Lo primero que hicieron cuando nacieron fue enseñarles la casa y al gato.
lunes, 19 de diciembre de 2016
The Big Game 2016
Este fin de semana nos hemos dado un salto a Guadalajara para asistir a The Big Game, unas jornadas de juegos muy bien organizadas y divertidísimas. Para empezar tenían los espacios perfectamente separados: la zona de comer, el área infantil, las demostraciones, las tiendas, la ludoteca...
Así que cada asistente se dirigía de cabeza a lo que más le interesara. Ni que decir tiene que yo me tiré directa a la zona infantil. Allí habían puesto unas mesas y sillas pequeñas, unos tatamis y una colchoneta para que los peques estuvieran muy cómodos y disfrutaran de un montón de juegos. En todo el recinto encontrabas personal encantador y más que dispuesto a explicarte las reglas para que no perdieras ni un segundo en ponerte a jugar.
En nuestro camino echamos un vistazo a las tiendas que tenían muy buenas ofertas y promociones, nos encontramos una lucha de espadas y casi tropezamos con un juego gigante para animar a la lectura a los peques. Se trataba de un tablero con diferentes libros en las casillas. Dependiendo de dónde cayeras tenías que hacer unas pruebas relacionadas con el libro. ¡Me encantó la idea! Nos comentaron que aún no tenían suficientes personas para jugar, así que nos metimos en la ludoteca infantil pensando en volver. Lo malo es que luego se me olvidó con tanto juego, pero pienso montar un tablero gigante igualito en casa y hacer pruebas relacionadas con libros. ¡Qué divertido!
Iván se tiró de cabeza al frutalito porque ya lo conoce y le encanta. Daniel, decidió que ese juego era para muy pequeños y se fue con su padre a investigar. Volvió total y locamente enamorado de Sushi Go. Si no jugó veinte partidas, no jugó ninguna. Fuimos víctimas de su estrategia de acoso y derribo para que se lo compráramos, pero con Papa Noel y los Reyes tan cerca no cedimos ante sus ataques (casi lo consigue, pero no).
Mientras Daniel vivía su pasión japonesa, le presenté al más peque el Frutal. Como le gustaba tanto la versión más simple pensé que esta le apasionaría, pero prefiere el cuervo de madera al puzzle del pajarraco. Jugó entusiasmado, pero pronto lo tuve de nuevo ante El Frutalito.
Pude convencerle para cambiar de juego y probamos animal sobre animal, pero mi terrible pulso no nos dejó avanzar demasiado en la partida, así que volvimos a cambiar a Baaaaa. Un gran descubrimiento. Lo pasamos genial salvando a las ovejas del lobo con la sencilla mecánica a base de cartas de acción y de peligros. Estoy convencida de que algo hacíamos mal, pero a pesar de todo nos enganchamos a este juego bastante rato.
El mayor iba un poco por libre, saltaba de monitora en monitora para que le enseñasen a jugar a diferentes juegos y hasta se hacía amigos entre los niños con los que echaba las partidas.
Gracias a él hicimos una gran descubrimiento. Tiene un imán para la tecnología y descubrió enseguida una consola muy chula con un juego en desarrollo que le moló un montón: Cubix HD. Si queréis probar la demo la tenéis aquí. Cada vez que desaparecía de nuestra vista sabíamos que teníamos que ir a buscarle allí. El creador y desarrollador del juego era majísimo y hasta le hizo un retrato flipante con dedicatoria. Daniel estaba entusiasmado y lo ha colgado en su habitación.
El juego es adictivo y consiste en poner tres cubos iguales juntos para que desaparezcan antes de que se te llene la pantalla. La novedad radica en que te aparecen por arriba y por abajo y puedes coger fichas de uno u otro para conseguir las tres en raya. Mola mucho y los diseños son muy chulos: de líneas sencillas, trazos geométricos suaves y colores planos. Llaman la atención. Espero que lo saque pronto para descargarlo en la tablet.
Cuando podíamos arrancar al primogénito de los mandos de Cubix HD, seguíamos probando juegos en familia como el Tiemblanada, que nos pareció de lo más emocionante; Geister, Geister, Schatzsuchmeister, en el que entrábamos a una mansión encantada plagada de fantasmas y abominaciones para hacernos con las joyas, uno de unos animales gorditos monísimos del que no recuerdo el nombre, pero que sólo gustó a Iván para coger todos los animales que le cupieron en las manos y salir corriendo... Las reglas no le gustaron, pero los bichillos le fascinaban.
Y también disfrutamos de juegos conocidos que nos encantan como el Looney Quest, al que estuve más de una hora jugando con Iván y me costó mucho convencerle de cambiar a otro; el Laberinto Encantado, que frustraba mucho a mis peques y Daniel le ha cogido gusto en esta ocasión; Dobble, con el que las risas están aseguradas...
Sólo dar una vuelta para curiosear ya vale la pena. Los niños flipan con los disfraces, las escenas de rol en vivo, los escenarios impresionantes de muchos juegos... Y los mayores también.
Podías asistir al concurso de Cosplay, pero mis hijos decidieron que preferían seguir jugando y sólo lo pude ver de lejos. Los organizadores te invitaban a probar nuevos juegos y hasta había animación de vez en cuando. Nosotros nos encontramos con un curioso dragón que hizo que Iván se partiera de la risa. Pero con lo que más disfrutaron fue con la lucha de softcombat. Los guerreros dejaban sus armas a los niños para que lucharan un rato. Hasta yo me animé a combatir. Y mi rival era muy duro de pelar. Nada menos que Iván. Buuuf. Me hizo sudar de lo lindo.
Los peques acabaron dando botes como locos en la colchoneta. Y aún así salieron de allí con las pilas aún cargadas y de morros porque no le habíamos comprado nada, pero es que... ¡la Navidad está a la vuelta de la esquina! Por supuesto, no entendieron ninguno de nuestros argumentos. Sobre todo Daniel, que clamaba por su adorado Sushi Go. Lo hemos pasado tan bien que la próxima no pensamos perdernosla caiga quien caiga.
Así que cada asistente se dirigía de cabeza a lo que más le interesara. Ni que decir tiene que yo me tiré directa a la zona infantil. Allí habían puesto unas mesas y sillas pequeñas, unos tatamis y una colchoneta para que los peques estuvieran muy cómodos y disfrutaran de un montón de juegos. En todo el recinto encontrabas personal encantador y más que dispuesto a explicarte las reglas para que no perdieras ni un segundo en ponerte a jugar.
En nuestro camino echamos un vistazo a las tiendas que tenían muy buenas ofertas y promociones, nos encontramos una lucha de espadas y casi tropezamos con un juego gigante para animar a la lectura a los peques. Se trataba de un tablero con diferentes libros en las casillas. Dependiendo de dónde cayeras tenías que hacer unas pruebas relacionadas con el libro. ¡Me encantó la idea! Nos comentaron que aún no tenían suficientes personas para jugar, así que nos metimos en la ludoteca infantil pensando en volver. Lo malo es que luego se me olvidó con tanto juego, pero pienso montar un tablero gigante igualito en casa y hacer pruebas relacionadas con libros. ¡Qué divertido!
Iván se tiró de cabeza al frutalito porque ya lo conoce y le encanta. Daniel, decidió que ese juego era para muy pequeños y se fue con su padre a investigar. Volvió total y locamente enamorado de Sushi Go. Si no jugó veinte partidas, no jugó ninguna. Fuimos víctimas de su estrategia de acoso y derribo para que se lo compráramos, pero con Papa Noel y los Reyes tan cerca no cedimos ante sus ataques (casi lo consigue, pero no).
Mientras Daniel vivía su pasión japonesa, le presenté al más peque el Frutal. Como le gustaba tanto la versión más simple pensé que esta le apasionaría, pero prefiere el cuervo de madera al puzzle del pajarraco. Jugó entusiasmado, pero pronto lo tuve de nuevo ante El Frutalito.
Pude convencerle para cambiar de juego y probamos animal sobre animal, pero mi terrible pulso no nos dejó avanzar demasiado en la partida, así que volvimos a cambiar a Baaaaa. Un gran descubrimiento. Lo pasamos genial salvando a las ovejas del lobo con la sencilla mecánica a base de cartas de acción y de peligros. Estoy convencida de que algo hacíamos mal, pero a pesar de todo nos enganchamos a este juego bastante rato.
El mayor iba un poco por libre, saltaba de monitora en monitora para que le enseñasen a jugar a diferentes juegos y hasta se hacía amigos entre los niños con los que echaba las partidas.
Gracias a él hicimos una gran descubrimiento. Tiene un imán para la tecnología y descubrió enseguida una consola muy chula con un juego en desarrollo que le moló un montón: Cubix HD. Si queréis probar la demo la tenéis aquí. Cada vez que desaparecía de nuestra vista sabíamos que teníamos que ir a buscarle allí. El creador y desarrollador del juego era majísimo y hasta le hizo un retrato flipante con dedicatoria. Daniel estaba entusiasmado y lo ha colgado en su habitación.
El juego es adictivo y consiste en poner tres cubos iguales juntos para que desaparezcan antes de que se te llene la pantalla. La novedad radica en que te aparecen por arriba y por abajo y puedes coger fichas de uno u otro para conseguir las tres en raya. Mola mucho y los diseños son muy chulos: de líneas sencillas, trazos geométricos suaves y colores planos. Llaman la atención. Espero que lo saque pronto para descargarlo en la tablet.
Cuando podíamos arrancar al primogénito de los mandos de Cubix HD, seguíamos probando juegos en familia como el Tiemblanada, que nos pareció de lo más emocionante; Geister, Geister, Schatzsuchmeister, en el que entrábamos a una mansión encantada plagada de fantasmas y abominaciones para hacernos con las joyas, uno de unos animales gorditos monísimos del que no recuerdo el nombre, pero que sólo gustó a Iván para coger todos los animales que le cupieron en las manos y salir corriendo... Las reglas no le gustaron, pero los bichillos le fascinaban.
Y también disfrutamos de juegos conocidos que nos encantan como el Looney Quest, al que estuve más de una hora jugando con Iván y me costó mucho convencerle de cambiar a otro; el Laberinto Encantado, que frustraba mucho a mis peques y Daniel le ha cogido gusto en esta ocasión; Dobble, con el que las risas están aseguradas...
Sólo dar una vuelta para curiosear ya vale la pena. Los niños flipan con los disfraces, las escenas de rol en vivo, los escenarios impresionantes de muchos juegos... Y los mayores también.
Podías asistir al concurso de Cosplay, pero mis hijos decidieron que preferían seguir jugando y sólo lo pude ver de lejos. Los organizadores te invitaban a probar nuevos juegos y hasta había animación de vez en cuando. Nosotros nos encontramos con un curioso dragón que hizo que Iván se partiera de la risa. Pero con lo que más disfrutaron fue con la lucha de softcombat. Los guerreros dejaban sus armas a los niños para que lucharan un rato. Hasta yo me animé a combatir. Y mi rival era muy duro de pelar. Nada menos que Iván. Buuuf. Me hizo sudar de lo lindo.
Los peques acabaron dando botes como locos en la colchoneta. Y aún así salieron de allí con las pilas aún cargadas y de morros porque no le habíamos comprado nada, pero es que... ¡la Navidad está a la vuelta de la esquina! Por supuesto, no entendieron ninguno de nuestros argumentos. Sobre todo Daniel, que clamaba por su adorado Sushi Go. Lo hemos pasado tan bien que la próxima no pensamos perdernosla caiga quien caiga.
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