lunes, 11 de septiembre de 2017

Impresionantes Ludo Ergo Sum 2107 en Aluche

Hasta la bandera y nosotros sin mesa ainss
Esta año las jornadas de ocio alternativo Ludo Ergo Sum han dado un salto de gigante. Siempre han sido interesantes, pero en esta ocasión han crecido y ofertado muchas más actividades y más variadas. Como por ejemplo, un montón de charlas interesantes. ¡En una de ellas participaba una menda, que no cabía en sí de la ilusión que le hacía! Y más cuando sepáis quienes eran mis compañeros en la mesa redonda. Nada menos que Julia de Bebé a mordor, Ruth de Aprender paso a paso y Dani de Alquimia Juegos. Un lujo, pero ya lo contaré en otro post porque sino esto va a ser interminable.

Mooola
El caso es que nos presentamos el sábado tempranito con toda la prole en el polideportivo de Aluche donde se celebraban las jornadas (por cierto, ¡que cambio! Tanto por cercanía como por instalaciones). Allí nos separamos y mientras Raúl se acercaba al mercadillo a dejar los juegos para vender, yo me acerqué a dejar nuestros kilos solidarios a la entrada. Allí nos informaron que podíamos pasarnos con los peques por la zona infantil, donde habían montado unos juegos gigantes alucinantes (aunque ya los sabíamos de antes jejeje). Allá que fuimos disparados.

Lluvia de dados
En cuanto pisamos el recinto los dos se tiraron al Piko Piko de cabeza. Y allí estuvimos tirando dados de gomaespuma y recogiendo fichas con gusanos XXL... hasta que Iván le robó una ficha a su hermano y este abandonó el juego muy ofendido (ainss). Yo ya había notado, olido en el ambiente, percibido con mi sexto sentido materno, que no tenían el día muy fino, a pesar de sus ansias jugonas. Los piques, ofensas y rasgaduras de vestiduras por prever, aunque sea de lejos, la derrota, no es nuevo. Pero, no sé si porque habían comenzado el cole el día anterior, porque les hemos metido mucho tute este verano, o porque sí y punto, ese día se levantaron especialmente irascibles y tocanarices.

Me cargué de paciencia y me dispuse a acabar la partida con Iván mientras el mayor se buscaba la vida (para eso es único, oigan) y se sumaba a las partidas de los demás con gran naturalidad (evidentemente, duele mucho menos si el que le gana no es de la familia). El pequeño se enganchó al juego (lo tenemos en casa y allí ni lo mira, pero se ve que la versión gigante mola más) y terminamos la partida a su favor por un mísero punto (aaaarg).

Cuando acabamos, el peque se enganchó a una partida de Frutal con su hermano. De ahí saltaron a Rush Hour, que era tan grande que sólo jugar con los coches libremente ya era una fuente de diversión por si misma. Jugaron a más, pero ahí les perdí un poco la pista.

Star Trek en Holocubierta
No sólo se lo pasaron bien ellos, yo me apunté a un torneo con el mayor de Fantasma Blitz gigante que fue divertidísimo. Nos dividieron en dos equipos formando sendas filas. La organizadora mostraba una carta gigante y un miembro de cada equipo tenía que correr que se las pelaba hacia la imagen del objeto correcto (para entenderlo hay que saber las reglas del juego jajaja). El caso es que nos matábamos por llegar y se daban unas situaciones de lo más graciosas. No os asustéis que nadie resultó herido.

Tras el torneo nos fuimos a comer, tempranito, porque a esas horas la única esperanza de conseguir mesa era llegar a la hora a la que otra jugadores las abandonan para comer y hacerse con ella (como en Pokemon Go). El pabellón estaba hasta los topes y parecía que ni con esas íbamos a conseguir una. Ya me veía jugando en el suelo (que tampoco hubiera pasado nada) cuando avistamos una a los lejos. Me eché a correr hacia ella (yo siempre tan ansias) y en mi carrera atropellé a un voluntario. "Yo... lo siento... la mesa..." "¡Lo entiendo! ¡Corre!" Y la mesa fue nuestra (Gracias a mí jajaja). Desde aquí agradecer a ese voluntario su empatía y buen humor.

Nada ni nadie hizo que abandonara esa mesa hasta las nueve y pico de la noche, a poco de que cerraran las puertas. Y porque no quedó más remedio. Ese día las jornadas lo petaron y el ambiente fue increíble. Hubiera sido todo tan perfecto si mis hijos no hubieran decidido convertir mi vida en un infierno. ¡Hasta me clavaron la pata de una silla en el pié! Vaya heridón me hicieron. Sí, sí. Sin querer, pero... Jarl.

Un puntazo las muestras de juegos
Después de estar a punto de ahogarlos en varias ocasiones y dar un espectáculo que ni Pressing Catch ellos aseguraron ya sentaditos en el coche, con cara de angelitos modositos, que se lo habían pasado geniaaaal. Y que estaban deseando volver al día siguiente. Los padres, o sea yo y Raúl, les anunciamos muy seriamente que al día siguiente nos veníamos solitos y ellos con la abuela (pobre abuela, que habría hecho ella), pero tuvieron suerte los muy pillos porque la susodicha tenía la agenda ocupada el domingo y se vinieron de nuevo con nosotros al día siguiente. Que morrooooo.

Iván dice que quiere el juego de Ataque a los Titanes ainss
No me ha dado tiempo a hablar de los juegos que probamos en el pabellón, pero ya tendremos que dejarlo para otro post porque en este me he enrollado más que las persianas. ¡Hay tanto que contar!

sábado, 9 de septiembre de 2017

Los viernes no deberían ser primer día de cole

En media España los peques comenzaron el curso este viernes. Para mí, un día rarísimo. Ni les da tiempo a hacerse a la idea, ni es que sea una comienzo gradual. Hombre, peor hubiera sido un lunes, así, sin anestesia. Yo, si pudiera elegir iniciaría sin dudarlo un jueves. Dos días de aclimatación y ¡hala! a la dura jornada estudiantil (porque a mí me parece dura).

El caso es que los peques se han levantado nerviositos, pero semi alegres, que ya es mucho decir. La vuelta al cole no suele ser motivo de celebración entre la población infantil, pero la curiosidad por conocer sus nuevas clases y profes les podía.

Entraron en sus clases sin ni siquiera despedirse de mí. Lo prefiero a que se me agarren a la pierna como me sucedió con Iván en segundo de Infantil. Y poco faltó para que a la profesora no le quedara más remedio que aceptarme en un rincón de su clase. Evidentemente, me echó con toda la amabilidad que pudo mientras la fiera corrupia destrozada la clase. No quiero ni acordarme. Y estoy segura de que su profe de infantil tampoco.

Pero volvamos al 8 de septiembre de 2017. Allí estaban mis churumbeles entrando sin dramas ni una mirada atrás. Buen comienzo. Ahora a ver como salían.

Tuve la mañana tan liada que ni tiempo para pensar si estarían bien, mal o regular. Enseguida se me hizo la hora de ir a recogerlos. Pensé que no soltarían prenda, como viene siendo habitual, pero el mayor me sorprendió con un torrente de palabras poco ordenadas y bastante caóticas sobre su primera impresión: Estaba encantado con su profe nueva, a pesar dela tristeza que le daba haber perdido a la que le guiaba el año pasado. Le brillaban los ojos hablando maravillas de la que iba a ser su tutora y yo encantada. Me deja tranquila, la verdad. Habló de la regla más importante de todas que, curiosamente es la misma que hemos puesto este curso en casa. Un coincidencia que me va a venir al pelo para reforzarla (algo así como no chincharás, no pegarás, no insultarás y no dirás palabrotas, aunque creo que en su clase se queda en no pegarás, no insultarás y no te burlarás de los compañeros. También habló de lo que parece una metodología basada en el juego y la motivación del alumno. Por lo menos a él parece divertirle mucho todas las propuestas de su profe. Una cosa menos de la que preocuparme ( y doscientas veinte mil de las que sí preocuparme: que se porte bien, que atienda, que haga los deberes, que estudie los exámenes, que cuide el material, que no se le olviden las cosas, que lo apunte todo...). 

En cambio Iván parecía que poco tenía que contarme. Después de un sutil interrogatorio la saqué que le gustaba la profe, pero que no le gustaba un pelo que le hubieran separado de sus dos mejores amigos. Recalqué que aún seguía en la misma clase con el tercer, cuarto y quinto mejores amigos, además de con su novia (sí, sigue con el tema. De hecho, en vacaciones su hermano le preguntó si se había olvidado de ella y le respondió que qué se creía, él era muy fiel y no cambiaba de novia así como así. Sobre todo, teniendo en cuenta que se habían casado como cuatro o cinco veces ya en los recreos del años pasado. ¡Yo jugaba a las casitas sin ninguna consecuencia! De hecho, de marido tenía que hacer otra niña porque ningún niño se prestaba y cada vez le tocaba a una). No parece que mis argumentos le consolaran mucho. Y menos cuando su hermano comenzó a darle las condolencias por su mala mala mala suerte. Y luego no entendía porqué le mandé callar con ese tono de enfado supremo. Al menos le habían tocado niños de la otra clase que le caían bien. Punto a favor. Y lo mejor y más importante (para mí) es que la profe le haya gustado, aunque no especificara más.

Curiosamente, ninguno de los dos lograba recordar el nombre de sus tutoras. Que desasssstre.

En fina, que el primer día de cole parece que no ha sido un gran trauma. Ya veremos el lunes, "segundo primer día de cole", cómo nos lo tomamos.

viernes, 8 de septiembre de 2017

I Torneo de Combate medieval 5 vs 5 "Conde Fernán González" en Covarrubias

En Covarrubias hay un equipo o club de Combate medieval que son los que se encargan de dar mucho ambiente en el Mercado Medieval, del campamento vikingo y todo lo que tenga que ver con recreación histórica en el pueblo. Así que cuando vi anunciado el I Torneo de Combate medieval 5 vs 5 "Conde Fernán González" pensé que se trataba de una demostración teatralizada, pero Raúl me sacó de mi error.

Resulta que es un deporte, bastante bestiajo, por cierto, pero con unas reglas estrictas y unas normas de seguridad muy rígidas. Aquí los que se juegan el tipo son los árbitros que poca seguridad llevan para andar entre esos tipos enormes con armaduras de más de 30 kilos y armas macizas, aunque sin filo, evidentemente.

La competición consiste en el enfrentamiento entre equipos de cinco miembros. El objetivo es tirar al suelo a los integrantes del equipo contrario a fuerza de golpes, empujones y zancadillas. Gana el que haya tirado a todos los del equipo contrario. Tiene tres rounds y deben ganar dos. Es muy impresionante de ver, pero más impresionantes es el buen rollo que hay entre los jugadores seas del equipo que seas. Buen rollo que se contagió al público que animaba a todos los contendientes fervientemente y aplaudía enfervorizados las jugadas más impactantes.

Si en algún momento quedan en pie un jugador de un equipo y tres o más de otro se para el juego y se da la victoria al que tiene mayoría numérica. Se hace así porque la diferencia es tan alta que se entiende que el jugador en desventaja no tiene ni una oportunidad de ganar. En cambio, si son dos a uno sí que puede dar la vuelta a la balanza.

Los jueces son los que mandan, pero les cuesta bastante hacerse entender porque los colosos, a los que sus cascos protectores les impiden oír bien. Y que están a lo suyo, claro. Los jueces golpean sin piedad con sus banderas amarillas hasta hacerse entender. Es muy importante porque en muchas ocasiones se desprenden partes de la armadura y eso es un peligro para el jugador. En una ocasión se le cayó a uno el casco y fue un momento de tensión máxima hasta que los árbitros lograron parar la batalla y el damnificado salió pitando. Sospecho que los cascos tampoco dejan una buena visibilidad, así que era una situación tremenda para el pobre chico.

También se cargaron unas cuantas veces las vallas de seguridad a fuerza de tortazos. Se paraban los combates hasta que se arreglaba el estropicio. El público tenía que sentarse a una distancia prudencial porque saltaban chispas y trozos de armas y armaduras.

Lo cierto es que la competición fue muy emocionante y lo pasamos genial. Duró seis horas repartidas entre un sábado por la tarde y un domingo por la mañana y algunos jugadores se tuvieron que dar de bajas por lesiones. A nosotros nos había asegurado uno que se sentó con nosotros un rato a descansar que estaban tan bien protegidos que no les dolían los golpes, pero yo no estaba tan segura porque los pobres caían como moscas y hasta tuvieron que prestarse jugadores entre los equipos para poder seguir participando.

Al finalizar anunciaron a los ganadores del torneo y organizaron un combate amistoso de 10vs10 que fue absolutamente impresionante. Una pena que no pudieran hacer las segunda vuelta por culpa de una lluvia torrencial.

Pero después de tantas horas de combate medieval la gente no se lo pensó dos veces antes de poner pies en polvorosa hacia el tejadillo más cercano.

A Daniel le ha quedado clarísimo el deporte que quiere practicar.







jueves, 7 de septiembre de 2017

Concierto nocturno por la Paz en Covarrubias

En Covarrubias siempre pasa algo. Es increíble la vida social que se puede llegar a tener en este pequeño pueblo turístico de Burgos. Y algunas acciones han tenido tanto éxito que repiten ediciones de año en año. Ese el caso del Concierto Nocturno.

Los organizadores hacen una puesta en escena espectacular con una clave de Sol hecha de velas. El año pasado no asistí y no sé si lo hicieron igual, pero este habían colocado preciosas palomas de papel porque cantaban por la paz. A cambio de un donativo de una euro te daban una vela blanca al acceder al camino que lleva a la colegiata, donde iba a tener lugar la actuación.

Dos cantantes bordaron, cada una en solitario, boleros, blues y canciones de jazz maravillosamente acompañadas por los músicos. Fue precioso disfrutar de esa música en un entorno tan bonito.

Mientras yo escuchaba el repertorio, Raúl vigilaba a los niños en la plaza, aunque Daniel, de vez en cuando, se asomaba por donde yo estaba. La última canción fue acompañada de las velas encendidas del público creando un gran efecto final. Los niños vinieron corriendo a por sus velas y se sentaron a escucharla como si de verdad les interesara (si casi no les había visto el pelo hasta ese momento).

Cuando terminó protestaron bastante. Y más aún cuando les apagué la vela antes de que causaran un desastre. Durante la interpretación, al menos habían permanecido sentados a mi lado y él único daño fue la gota de cera caliente que se les cayó en mi pié (o creo que ese fue el único daño).

Aún así no perdieron la oportunidad de ayudar a los organizadores a apagar velas antes de irnos a casa.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Catisfactions, chuches para gatos golosos

A comienzos de verano me apunté a una promociòn de Youzz y Catisfactions. Al poco me llegaba a casa una gran caja llena de bolsitas de esta golosina para gatitos.

Ese mismo día Fantasma pudo degustar, incluso empacharse diría yo, de las bolitas de dos bolsitas. Y ¿Por qué le di dos bolsitas? Os preguntaréis. Pues porque en esta casa hay dos niños y cada uno quería ser dueño y señor de su bolsita. La buena noticia es que no se las dieron del tirón, a pesar de que nuestro enorme gato les hacía ojitos... por primera vez en su vida. Normalmente los mira de reojillo y con desconfianza. ¡Con lo que le quieren los fieras!

Da penilla cuando se me acercan a preguntarme por qué Fantasmita no quiere estar con ellos con expresión lastimera. "Porque sois unos escandalosos y unos pedazos de bestiajos... eeeeh, superbuenos y cariñosos, pero bestiajos al fin y al cabo. A los gatos les gusta la paz, el silencio, la tranquilidad, las caricias suavecitas...". Entonces es cuando intentan ganarse su confianza y yo me parto de risa (saco mi parte un poco malvada, lo sé). Se acercan despacito al minino que les observa con inquietud, le acarician despaaacio, el gato levanta el trasero precavido, se tiran directos al achuchón y ¡Fantasma se escapa de entre sus brazos con gran maestría y precisión! Punto para el peludo.

Pero en esta ocasión, no les hizo falta mucha estrategia para que nuestro lindo gatito se acercara a olisquear lo que tenían en las manos y se lo zampara gustoso para luego pedir más de la forma más efectiva: ¡ataque de monería! Les ponía una patita en el brazo o pierna y les miraba fijamente con su expresión más encantadora. Y claro, Iván claudicaba enseguida. Pero Daniel era más duro y cerraba su bolsa hasta más tarde: "Es que tanta chuche no es buena para él. ¿Verdad, mami?". Que pena que no aplique la misma regla cuando las chuches le caen a él.

El caso que entre pitos y flautas. Cuando llegó la hora de irnos a la cama, nuestra mascota se relamía de gusto tumbado todo lo largo que es en el sofá y ambas bolsitas estaban ya vacías.

Iván se olvidó del asunto, pero Daniel intentan ganarse el cariño del gato por medio de su estçomago de vez en cuando. Se están forjando lazos preciosos. El otro día pillé a Fantasmita acariciando a Daniel en la cabeza en el respaldo del sofá (Sí, sí. Lo que habéis leído, Fantasma a Daniel y no al contrario. El niño estaba absorto en la tele y el gato venga a darle con la cabeza y la pata en el pelo).

Pero no os equivoquéis. Aquí la prefe sigo siendo yo. No en vano llevo sirviendo su comida once años. Casi nada. Eso sí, las chuches se las dejo a mis primogénito que, de vez en cuando, rebusca en la caja de las bolsitas y se va en busca de nuestra mascota, que viene lanzado en cuanto escucha el ruido. No es listo ni ná.

Nota aclaratoria: El sofá es el juguete preferido del gato. Se nota. ¿No?


martes, 5 de septiembre de 2017

En Covarrubias para descansar

Nada mas volver de Las Palmas de Gran Canaria Raúl estaba más que dispuesto a ponerse al volante para ir a su amado pueblo Covarrubias. Afortunadamente, para mí, tuvo que quedarse en Madrid currando y eso me dio un respiro y tiempo para poner lavadoras.

En cuanto solucionó sus asuntos se acabó mi tiempo para poner orden postviaje y me metió en el coche junto a los niños. No le puse muchas pegas porque los peques se lo pasan genial allí, pero le advertí que no quería coger el coche durante nuestra estancia en el pueblo. Quería descansar por fin.

Y eso hicimos. Hubo muchos juegos, muchas risas, mucho paseo por las calles y... muchas broncas, por supuesto. Mis niños están totalmente descontrolados con el verano. Y eso que han hecho tarea casi todos los días, pero la falta de rutina hace estragos en sus comportamientos (tengo dolor crónico de garganta de tanto gritar porque con el por favor no consigo nada, así lo repita mil veces).

El gasto desmesurado de paciencia en los días anteriores también ha hecho mella en mí y reconozco que este hecho contribuyó a que no fueran los días más pacíficos de nuestra existencia. Pero, descansamos. Eso sí. Los niños se lo pasaron genial . Y nosotros también tuvimos nuestros momentos.

Al río fuimos poco esta vez. No sé si por cansancio de los peques o porque daba un poco de pena verlo tan vacío. Raúl dice que en todos los veranos que ha ido a Covarrubias es el que menos agua llevaba con diferencia. La sequía se ha notado en toda España.

Iván casi no quería ni salir de casa. Le tuvimos que convencer con muchísima paciencia la mayoría de la veces y siempre acababa enfadado y pensando que le habíamos engañado. Muchas veces salieron el padre y el primogénito y el resto nos quedamos disfrutando de la tranquilidad de la casa.

Lo único que le convencía, y no siempre, era ir al encuentro de otros niños para jugar libremente. Allí se lo pasan genial inventando juegos.

También tuvimos tiempo de pasarnos a visitar de nuevo al antigua botica, en la que han hecho algunos cambios y han incrementado su colección.  Es un testimonio único de la historia y en él se encuentran elementos realmente curiosos. En esta ocasión, además, albergaba una exposición de un artista polifacético del pueblo, Juan Galache.

Entre todo lo ya contado y alguna que otro paseo por el campo se nos pasaron los días casi sin sentirlos. En uno de esos, uno señor le regaló unas uvas a los peques porque les hizo gracia. Se enrollan más que las persianas estos pillos, sobre todo el mayor. Estaban buenísimas.






lunes, 4 de septiembre de 2017

Magia, baile, ilusión y mucho ritmo en Zas de Magic Pablo

Este domingo se estrenó Zas en el Teatro Arlequín Gran Vía, un espectáculo en el que Magic Pablo, Pablo Barán, y su equipo nos trasladan a un mundo en el que se entremezclan los números de magia de toda la vida, y que nunca dejan de sorprender, con una coreografía y puesta en escena muy cuidada y llena de luz y color. Los juegos de luces y sombras son constantes y el ritmo se te mete en la piel. A veces, ni siquiera hacía falta que los actores nos pidieran que hiciéramos palmas para que el público se acompasara con la música muy animado.

Daniel entró en la sala con mucho excepticismo porque está en una época de su vida en la que duda de todo lo que no se puede probar científicamente (¡Hasta de los reyes Magos! ¡Horreur!). Sentado en su butaca me aseguraba muy ufano que me iría explicando los trucos del mago según los fuera haciendo. Pero, al poco de empezar el espectáculo, aplaudía más emocionado que nadie y me señalaba al escenario diciendo más alto de la cuenta cosas como: "Mamiii. Eso que ha hecho es imposible y lo sabes", "Halaaaaa. ¿Lo has visto, mami?. ¿Lo has vistoo? ¿Cómo lo ha hecho?".

Por su parte, Iván, que había comenzado la jornada con morros por nuestra negativa a darle chuches las 24 horas del día, se había olvidado de su indignación y seguía muy atento las evoluciones del mago y sus ayudantes. Cuando cambiaban de escena me preguntaba muy angustiado: "¿Ya se ha acabadoooo? Jooo, que cortooo", pero yo le tranquilizaba asegurando que aún quedaba mucha magia que ver... Hasta que se acabó y el peque volvió a fruncir el ceño porque, según él, "Ha sido muy cortooo". La hora que duró se le pasó en un suspirito.

Los números de magia van envueltos en una historia muy al gusto de los pequeños espectadores: Zas ha desaparecido y Magic Pablo va a tener que hacer las maletas y meterse de lleno en todos los rincones de la magia para encontrar a tan tierno y peludo amiguito. Menos mal que va muy bien acompañado. Adivinad quien es Zas. Mis hijos quieren uno igualito para que haga compañía a nuestra fantasmita, ainss.

Al acabar, nos levantamos de la butaca comentando los números más emocionantes y saludando a maravillosas blogueras que también habían asistido al estreno. Al salir, Daniel insistió en hacerse una foto con Pablo Barán a pesar de la cola. Le hizo una ilusión tremenda acercarse al mago. Iván es más timidín.

Cuando llegamos a casa todavía comentaban entusiasmados lo que más les había impresionado del espectáculo.