lunes, 24 de octubre de 2022

Cena de Halloween adelantada

Raúl quiere ir a su pueblo en Halloween porque hay un puente jugoso. Al resto de la familia no nos hace tanta gracia el tema porque teníamos planes chulos en Madrid para la noche más terrorífica del año, pero bueno, hemos accedido a regañadientes. De todas formas, en Covarrubias se curran mucho esta fiesta, así que es un planazo también.

El caso es que no me quería quedar con las ganas de tener una cena de Halloween aunque no fuera como la había planeado, ya que íbamos a invitar a una amiga y a su hijo y a jugar a un murder party que me había inventado en el que se necesitan seis personas. Por desgracia, no pudieron venir en la nueva fecha, así que hice sólo la cena y el juego lo hemos dejado para otra ocasión.

Las recetas las saqué de un completísimo post de Directo al paladar. Elegimos entre los niños y yo las que más nos gustaban y me puse manos a la obra. Y digo me puse porque en un principio iba a tener dos entusiastas pinches, pero Daniel me abandonó para irse con sus amigos e Iván se cansó en la primera receta. Creo que cada vez se parecen más a su madre: Me encanta comer, pero odio cocinar.

El caso es que el más pequeño participó en la preparación de las piruletas monstruosas, inspirada en la receta de las piruletas fantasmas, porque era muy divertido extender el chocolate fundido por el papel albal y chupar la cuchara al final no tenía precio. Pero cuando la cosa se puso más salada y seria se fua a jugar a videojuegos y me dejó a mí todo el trabajo.

Resignada, me armé de paciencia y útiles de cocina y me saqué una terrorífica y sencilla cena de Halloween de la manga (bueno, no tanto, que ya había ido a la compra con la idea en mente): Huesos de masa de pizza rellenos de carne (para chupar hasta le tuétano de nuestro fémur), empanadillas con ojo, dipper de cementerio, huevos rellenos con araña y pozos de gusanos completaban el menú.

Sólo quedaba ambientar un poco la cosa. Apagué las luces y me saqué las velas led con pie de candelabro incluido que molan un montón no es por nada). De mantel usé un trozo de telas con calabazas y un adorno de telaraña de gomaeva que había comprado previamente. Encima puse un mantel de plástico trasparente que es una de las mejores compras del mundo para cenas temáticas. Debajo pones lo que quieras que te lo protege de lujo).

Cuando tuve todo preparado llamé a la familia, que acudió con diferentes tonos de humor. Daniel estaba entusiasmado y deseando empezar la cena a la luz de las velas. Iván, por su parte, venía enfadado nadie sabe por qué y se sentó mascullando maldiciones, lo que no venía nada mal para la ambientación, pero me acabé cansando de su actitud. Es lo que tiene ser la madre del troll de turno. Viendo mi creciente cabreo, el peque intentó controlarse porque lo que era verdad e irrefutable es que, le pasara lo que le pasara, yo no tenía la culpa. No me lo quiso contar y sospecho que tenía que ver con que se había pasado de su tiempo de pantallas y dejar la partida para entrar en el juego de la cena le habría sentado como un tiro. El padre, se sentó muy predispuesto a entrar al trapo, pero no se lo ocurrió otra cosa que agobiar al mayor con el tema estudios y acabaron discutiendo a gritos.

Supongo que a estas alturas a nadie le sorprenderá saber que dejé salir a la hidra que vive en mí, mordí unos cuantos ojos y tranquilicé los ánimos en base a que en esta casa yo soy la que grita más alto y con un tono más feroz... por ahora.

Una vez encarrilados, mis tres invitados comenzaron a disfrutar de la cena (o más les valía) bajo mi furibunda mirada (luego dirán que fui yo la que la lío y que seguro que tenía la regla o alguna estupidez parecida ainsss).

El caso es que lograron apaciguarme a base de halagos hacia la comida, que no tardaron en mezclarse con críticas, porque no lo pueden evitar. Al menos lo intentan.

A media cena encendimos las luces a pesar de las protestas de Daniel porque Iván y Raúl aseguraban que no sabían ni lo que estaban comiendo. Así que habrá que llevarlos al oculista a no tardar mucho.

Cuando llegó el momento del postre me fui a hacer el cóctel sangriento. Creo que lo único que usé igual que la receta fueron las frambuesas. En vez de zumo de limón metí de naranja, que era lo que tenía. Y no puse azúcar porque usé granadina de la que me había sobrado del taller de cócteles que nos montamos hace un tiempo. Los ojos de melón los cambié por cerezas en almíbar (unos excelentes ojos de vampiro, pero no flotaban. ¡Se iban directitas al fondo! Así que el efecto no era el mismo.

Cuando volví a la mesa estaban discutiendo de nuevo. Esta vez por el número de piruletas monstruosas a ingerir. Los niños votaban por repartirnos las 16 que había en total y el padre decía que una e iba que chutaba. Al final ni pa ti ni pa mí. Dos por persona por eso de probar una de cada y todos felices.

Acompañadas por el coctel sangriento estaban muy buenas.

Para terminar la noche nos pusimos a ver El retorno de la brujas 2, que no es la gran película, pero está muy bien para pasar un rato de cine familiar. O al menos eso pensamos Iván y yo, que la disfrutamos muy a gusto desparramados en el sofá y tapados con una mantita. El padre en cambio, la sufrió en silencio. Y el mayor la sufrió ruidosamente y tocando las narices de vez en cuando.

No fue una velada perfecta, pero en general lo pasamos bien, al menos yo :)

martes, 18 de octubre de 2022

Tres monstruos en el cole

 

Llega la mejor época para contar cuentos sobre monstruos, fantasmas y magia a los más pequeños: ¡Halloween! Aunque, en realidad, cualquier época es buena para leer, sea de forma personal o en familia. Hoy traigo un libro infantil encantador, Tres monstruos en el cole, que aúna los tres elementos, ya que se ambienta en el primer día de clase de unos simpáticos monstruitos y de cómo la maestra hace su magia para que todos se sientan cómodos e integrados. Una maravilla para disfrutar en familia en la fiesta más"terrorífica" del año o para prepararles a comenzar su nueva etapa en el colegio de una forma muy bonita. 

En mi caso, los libros sobre el inicio de las clases me sirvieron de mucha ayuda, no sólo al comienzo de primero de primaria, sino también en infantil, incluso en cursos posteriores. Iban más tranquilos con amables relatos sobre niños que lo pasaban mal al principio, pero luego descubrían que no había por qué tener miedo. También hemos sido mucho de celebrar Halloween desde que las fieras eran muy pequeñitas, así que había que buscar el lado blando y simpático del terror. Parece una contradicción, pero no es nada difícil hoy en día. Este libro es un claro ejemplo de lo que digo.

Una fantasmita tímida y asustada, un esqueleto muy inquieto y una zombi desmotivada son los protagonistas de tres historias en verso con las que se pueden ver identificados con facilidad los jóvenes lectores. Los dibujos llenos de color y de líneas suaves, definidas y redonditas también son un acierto y les llama mucho la atención.

Este álbum ilustrado forma parte de una colección de la que ya han sacado el segundo tomo y que promete tanto como el primero. En esta ocasión son Tres monstruos en el baño que van a descubrir las maravillas del orinal, el lavado de dientes y un buen baño con mucho jabón.

Me encanta que se publiquen este tipo de libros que equilibran a la perfección el interés infantil y el uso didáctico para que aprendan de una forma divertida mientras descubren el amor por la lectura.

lunes, 17 de octubre de 2022

Truco o trato, juego de tablero familiar para Halloween

Este finde probamos un juego que Daniel me había pedido que mejorara. Hace muchismil años les hice un juego de tablero con pruebas y muchas chuches para celebrar Halloween, su fiesta favorita. El pequeño ha cambiado de opinión y ahora prefiere la Navidad, pero el mayor sigue sintiendo predilección por el horror y el miedo divertido que nos aporta Halloween.

El caso es que hice una versión más moderna y currada del juego de tablero dibujado a mano que había hecho hacía cinco años y que el mayor me pedía repetir cada Halloween. Añadí algunos cambios, pero dejé lo principal, ya que era lo que le hacía triunfar entre mis fieras: las chuches y las pruebas divertidas.

Lo primero que necesitaba era un tablero, que encontré rápido entre las propuestas de Freepik.es (un banco de imágenes gratuitas). Lo que pasa es que tenía nada menos que 66 casillas. Como quería hacer cuatro tarjetas de retos por casilla, excepto la última que sólo tiene una... eso daba la friolera de ¡¡261 tarjetas!! Ni de broma. Viva el photoshop que me permitió dejarlas en tan sólo 22 y 63 tarjetas. Eso es otra cosa. Lo que pasa es que con 22 casillas, la cosa estaba en que la partida podría durar sólo cuatro turnos como alguien tuviera la suerte de sacar cuatro seises, pero es lo que había. El que quiera que se cree su propio juego XP

Cuando jugamos no pasó eso, pero, aun así, se les hizo muy corta la partida, así que decidimos echar otra sin volver a incluir las tarjetas que ya habíamos utilizado y comenzando la recaudación de chuches desde 0. De hecho, metí esto en las reglas porque es verdad que con sólo 22 casillas las partidas son muy cortas.

Hubo risas, debates sobre si dar pruebas por válidas o no, intentos de hacer trampa, algún que otro troleo y mucha gula; pero lo principal es que lo pasamos bien y les gustó el juego. Al padre yo diría que un poco menos. Él prefiere cosas más elaboradas, pero hay que reconocerle el mérito que se prestó a jugar sin condiciones y hasta alguna risa se le escapó.

Aquí os dejo un link para descargar el juego si os apetece probarlo. Es muy chorris, pero hace su función para animar una jornada familiar. Sólo hay que imprimirlo, recortar las fichas y conseguir papel, lápiz, chuches, bebida, fichas para los jugadores, un dado de seis caras y ganas de pasarlo bien. Atención, peligro de sobredosis de azúcar XP

ACTUALIZACIÓN: Azucena me ha dado una idea con el comentario que me ha hecho en Facebook. Aquí os dejo tarjetas del juego en blanco por si queréis crear vuestras cartas de reto personalizadas :)


martes, 4 de octubre de 2022

Taller familiar sobre cultura energética: combatir las olas de calor con-ciencia

El viernes nos sumamos a la iniciativa "La noche europea de los investigadores" apuntándonos a un taller la mar de interesante que aunaba un problema actual con experimentos y que llevaba por título "Taller familiar sobre cultura energética: combatir las olas de calor con-ciencia".

Últimamente mis hijos están bastante reacios a pasárselo bien. No sé por qué. Que si "Estoy muy ocupado", que si "Prefiero quedarme en casa", que si "Mamá no me apuntes a nada sin consultármelo". ¡Cómo si las plazas no volaran! Luego siempre se puede cancelar la reserva y ceder la plaza a otra familia si no hay ganas, pero, claro, una vez puesto el caramelo en la boca les da cosa no ir por si se están perdiendo algo bueno y la culpa de su malestar es mía (¡Qué raro!). Así que acaban pasándoselo bien el 90% de las veces, pero haciéndomelo sufrir a mí. Y si se lo pasan mal, ¡es aún peor!

Menos mal que paso de ellos y no tengo miedo a equivocarme. Si me equivoco que se fastidien. Alguien tiene que velar por el tiempo en familia de calidad y esas cosas.

El caso es que, en esta ocasión en concreto, se lo pasaron genial. Les moló muchísimo todo lo que nos contaron y mostraron. Además, los científicos que nos estuvieron explicando cómo ahorrar en aire acondicionado en los próximos veranos eran muy simpáticos y tenían mucho salero a la hora de presentarnos los experimentos.

Resulta que formaban parte de un proyecto europeo llamado Cooltorise, que tiene como objetivo la sensibilización sobre la pobreza energética en verano para reducir las necesidades de refrigeración. Así que nos enseñaron a cómo lograr estar fresquitos pese al calor extremo, aunque los consejos sólo sirven en ambientes secos como los de Madrid. Si te vas a la costa no lo intentes porque, por lo visto, tiene el efecto contrario.

Todo lo que hicieron se basaba en el concepto de la "enfriamiento evaporativo". El primer paso fue calentar agua a más de 45 grados. No era necesario, pero eso hacía el experimento más alucinante por la diferencia tan grande entre el agua del envase y la que salía por el vaporizador. 

Tras dejarnos tocar el envase, que estaba bastante calentito, pidieron voluntarios para rociar el agua en su piel. ¡Miedo! No se presentó nadie voluntariamente, así que procedieron a rociar todos los brazos. Inexplicablemente el agua salía mas bien templada tirando a fría. ¿Qué había pasado? Pues que  tiende a evaporarse y si sale en plan gotitas finas ,y no chorro, invierte mucha energía en producir este cambio de estado con lo que pierde calor muy rápido y se enfría. Eso sólo pasa en ambientes secos porque el aire tiene capacidad para absorber humedad. El agua que nos echaban se enfriaba en el aire y se enfriaba aún más en la superficie de nuestra piel. 

Y ¿qué pasa si echamos agua caliente vaporizada en una toalla seca? Pues lo mismo. Muy lejos de calentarse, la toalla perdió muchísima temperatura. Todo esto lo medían con una cámara super chula que hacía fotos termográficas que mostraba la temperatura de todas las superficies que enfocaba. Los niños fliparon con esto. Y lo adultos también ejem ejem.

Por último hicieron un experimento con un ventilador para demostrar que el aparato en marcha por si sólo no enfriaba, sino que notábamos el frescor por el efecto de evaporación de nuestro sudor al contacto con el aire. Para un mayor efecto refrigerante había que añadir el agua vaporizada al trasto.

Las fieras se lo pasaron genial, aprendieron un montón y se fueron a casa con bolsas de tela, libretas, pai pais, una botella que mantiene el agua fría y una toalla "enfriante". No podían poner un pero al planazo que les había preparado su madre.

Aún así, sé que me la volverán a liar al próxima vez que les apunte a algo chulo. Los conozco como si les hubiera parido. ¡ Y además los tengo muy mal acostumbrado! Cualquier día me pongo en huelga y que se busquen la vida.

viernes, 30 de septiembre de 2022

Cubigatos y la venganza gatuna

Por alguna estúpida razón que no recordamos el padre de las criaturas ofendió ligeramente al más pequeño de la casa que puso su diabólico cerebro a funcionar. Tenía que haber ¡venganza! pero la quería sutil, tocanarices y que recordara al genio del mal que es en realidad esta pqueña fiera.

El primer plan malvado incluía forrar la casa de fotos de gatitos monos, pero se lo quité de la cabeza porque no iba a haber tanta tinta en la impresora. Se conformó con imprimir sólo uno y colgárselo de la pantalla del ordenador. Cuando lo quitabas te dabas cuenta de que el fondo de pantalla ¡también era un gato!

Luego se le ocurrió algo todavía más cruel: colgó un cartel en mi parte de la cama que ponía mamá y el cartel con el gato en la parte del padre, llenándoselo de gatos de peluches (Tenemos seis, nada más y nada menos). Pero el padre no dudó en echarlos de allí con contemplaciones. Con lo de la ofensa del peque se hizo aún más grande.

Ya tenía en su mente perversa el plan definitivo: iba a llenar la casa de feroces cubigatos de todo tipo. Y el peor de todos, el cubigato demonio, iba a ir para nuestra habitación a hacer maldades.

Muy feliz con su idea estuvo un par de días imprimiendo cubos para montar, pintando, recortando y pegando...

Creo que llegaron a ser ocho o así.

Una semana después le pregunté por la terrible invasión cubigato, que la veía yo muy parada. Me miró muerta de la risa y me aseguró que ya se había cansado, pero que a lo mejor le daba la vena de nuevo en otro momento. ¡Pues menudo genio del mal si se aburre de las invasiones nada más comenzarlas! En fin, mejor para nosotros, que la idea era convertirnos en sus esclavos. ¡Casi nada!






jueves, 29 de septiembre de 2022

LES 2022: Ludoenigmas, ambiente y juegos varios

Otras jornadas a la que le teníamos muchas ganas eran las Ludo Ergo Sum, un evento solidario que se realiza gracias al enorme esfuerzo de muchas personas con el fin de dar a conocer una forma de ocio tan rica como son los juegos de mesa y el rol. La entrada es gratuita, pero si llevas un kilo de comida es muy bien recibido para entregarlo al Banco de Alimentos de Madrid.

Encima a la última edición, antes de la pandemia, no pudimos acudir porque nos coincidió con un pedazo de viaje, así que más ganas todavía de disfrutarlas en su XIII edición.

Aunque fuera a medias, porque sólo pude ir el sábado, pero al menos pude ir. Y me lo pasé genial. Tenía un poco de miedo porque había escuchado que se habían inscrito más de 7.000 personas y estaba segura de que nos encontraríamos todos allí el mismo día iba yo, pero al final no sufrí de aglomeraciones, aunque sé que hubo gente que sí. Es el problema de darles un espacio tan complicado para un evento tan grande.

Nada más llegar nos fuimos directos al mercadillo solidario, que siempre se peta y las colas son inmensas. Y eso es porque te encuentras verdaderas gangas dentro. Lo malo es que sólo cuentas con 10 minutos para curiosear por los estantes antes de que del paso al siguiente grupo de ávidos jugones. 

Es imposible ver bien todo lo que tiene allí, pero tuvimos suerte y Raúl localizó un juego al que los niños tenían muchísimas ganas desde hace tiempo y que estaba descatalogado, con lo que no lográbamos encontrarlo a un precio muy asequible. Los niños se fueron muy contentos con el descubrimiento del Loony Quest. Y, encima, Daniel se pilló los dos primeros números de One piece e Iván el Diario que se destroza, que, por cierto, ha tenido un gran éxito. Así que fueron los claros ganadores de nuestra visita al mercadillo.

Para diez minutos en el mercadillo tardamos un montón en entrar y salir, así que, nada más salir dejé a la familia en la zona de la ludoteca jugando a La isla y yo me fui por mi cuenta porque Kellypch me había propuesto echar una manilla en el juego gimcana que organizaba Ludoenigmas, 13, y yo acepté encantada. Qué divertido. 

Yo hacía de Mary Anne Lovoisier, la madre de la ciencia moderna, y tenía que hablar con acento francés, que a veces se me iba a otros idiomas y dialectos y explicar a todos los investigadores que pasaran por mi quemado bosque de Australia que la famosa catástrofe del viernes negro que quemó media Australia en 1939 se había adelantado a 1913 y mucho más virulento, una anomalía temporal de lo más extraña, por lo que era necesario que cogieran muestras de ceniza y de agua para analizar en el laboratorio. Además, todos los científicos del club de científicos viajeros en el tiempo, incluida yo, estábamos teniendo unas horribles pesadillas relacionadas con los desastres en los que estábamos involucrados. 

Todo era muy raro y casi casi estaba a punto de creer que en la amenaza de un loco que aseguraba que no había echado una maldición. Y eso que yo, que trabajo codo con codo en el laboratorio con mi marido Antoine, sólo creo en el método científico. Bueno, yo no. Mi PNJ (personaje no jugador). Gracias al cual me eché unas buenas risas con los participantes. Me encantó la experiencia. 

La verdad es que los chicos de Ludoenigmas se lo curraron muchísimo para hacer posible el juego que era complicadísimo de montar y desarrollar. Encima hicieron cinco sesiones durante todo el finde. ¡Menuda locura! El más pequeño y otro peque que estaba en su grupo se llevaron un buen susto en una de las pruebas, en la que un loco mutado aparecía ente sus ojos retenido por unas cadenas a punto de romperse, pero luego lo contaban como una gran hazaña.

Por lo que vi y oí, los participantes salieron encantados de la actividad. Mi marido y mis hijos también participaron y fliparon con el despliegue.

El juego se acabó tardísimo, así que nos pusimos a comer en plan picnic con los que habían hecho equipo con Raúl y los niños. Lo pasamos genial. Nada más llenar la barriga nos metimos en el pabellón principal a ver qué se cocía. Dimos una vueltecita por las tiendas, saludamos a gente y nos interesamos por las demostraciones y partidas que se estaban desarrollando allí. 

Había una mesa de rol que llamaba muchísimo la atención por la escenografía que tenían montada. Casi te daban ganas de sentarte allí sin importar a lo que se jugara. Al lado estaba justo, Dungeons y Mazmorras, que tiene unas cosas flipantes para ambientar las partidas de rol con unos escenarios de fliparlo. 

También saludé a Tiberio, a Fikivetusto y a Capitán Mordigan, que estaban en el stand de HT Publisher. Los dos últimos organizaban partidas de La Enseña del Elefante y el Guacamayo, un juego de rol muy interesante que aún no pillo porque no tengo tiempo para nada y mis últimas adquisiciones están cogiendo polvo (qué rabia me da). Raúl, en cambio, estaba más interesado en Exploradores de las profundidades sombrías, un juego de escaramuzas al que está muy enganchado últimamente.

Ver gente mola, pero yo ya estaba deseosa de jugar y así se lo hice saber a Raúl, pero como él estaba buscando a unos amigos suyos me hizo la 3,1416, pero que muy bien hecha. Primero me despistó con algo que sabía que me interesaba desde hacía un tiempo. En una mesa avistó a Silvestre Pastor enseñando su nuevo juego de Aventura Z: Héroes charlando con alguien y allí que me sentó para tenerme entretenida. Acertó de pleno porque yo estaba deseando probarlo. Me había quedado con las ganas de jugar al Volumen 1, centrado en Lovecraft, cuando se agotó (por cierto que ya ha vuelto a los lineales de las tiendas) y ya conocía de la existencia del segundo por las InterOcio. Así que no perdí la oportunidad y me senté dispuestísima a jugar. Mi hijo pequeño y su nuevo y flamante amigo y compañero de aventuras también se animaron a empezar una partida. Es que el juego llama mucho la atención. Por cierto, sale a la venta el 6 de octubre. Por si os interesa.

Comenzamos nuestra andadura como aventureros en un mundo ambientado en fantasía medieval... Bueno, empezaron, porque el juego es en solitario o para dos jugadores como máximo, así que a mí me tocó ser la voz en off que lee los pasajes narrativos. ¡Otra vez de PNJ! pero el caso es que me o pasé muy bien viendo como los peques se metían de cabeza en una emboscada goblin. Jugamos en dos escenarios y ahí lo dejamos porque jugarlo entero requiere de muchísimas horas. nos encantó el juego. Sobre todo s los niños que comentaban las jugadas entusiasmados.

Cuando acabamos con la partida demostración, me encontré con Raúl que nos estaba buscando para jugar una partida a Unanimo con los amigos que había estado buscando. El amigo de Iván se tuvo que ir, pero se nos juntó Daniel, que se había ido a dar una vuelta por el recinto a su aire. Es un espíritu libre.

Nos echamos unas buenas risas con este juego de intentar leer la mente a tus compañeros de juego. La mecánica es muy sencilla. Se saca una tarjeta de tema y tienes que escribir ocho palabras relacionadas con la que aparezca en la tarjeta. Por ejemplo, si sale sol, es muy probable que escribas: calor, verano, playa, piscina, bañador, helado, sudor... O no, porque hay cada palabreja que pone la gente por ahíiiii. Yo no, por supuesto que no. Yo quiero ganar. Y es que ganas puntos dependiendo de cuantos jugadores coincidan con cada palabra escrita. Si sólo la has escrito tú te llevas cero patatero. Es un juego muy rápido y divertido.

De ahí saltamos al Plata, que es un juego de bazas al que ya habíamos jugado en un torneo en Interocio y nos había gustado mucho. también apto para muchos jugadores. Con éste ya no quisieron jugar los peques y se fueron a dar una vuelta y a comprarse patatas (si quieres un niños entretenido llénale el estómago con chuches. Es la triste verdad). Desgraciadamente, se les acabaron las patatas pronto y se dedicaron a trolear a su madre que ya no sabía si estaba buscando plata, tirando cartas o bailando una jota. 

Cuando acabamos la partida, las fieras se plantaron y expresaron su deseo de volver al hogar porque ¡se aburrían! Hijos desnaturalizados, como te puedes aburrir en unas jornadas de juegos. En fin, que se pusieron muy pesados, así que, con una lagrimita en el ojo nos despedimos de todos con los que nos cruzamos y salimos el exterior. Pero antes de que pudiéramos abandonar definitivamente las LES, recordé que había una exposición de unos recreacionistas vikingos (Ulfklan) y logré convencerles a duras penas para visitarlos in extremis antes de irnos.

Por supuesto que protestaron y se hicieron los duros, pero les flipó el trono vikingo y no dudaron en posar con la espada y el casco mientras su entusiasmada madre los inmortalizaba. Tal fue la cosa que la chica que estaba en el puesto me invitó a mí también a sentarme. Evidentemente acepté de inmediato porque yo también quería mi foto. Fue muy divertido gritar órdenes tales como "Lávate los dientes", "Haz los deberes" o "recoge tu habitación" con expresión fiera. Supongo que alguno de los que pasaba por ahí debió pensar que menuda loca peligrosa estaba hecha y pobres hijos, pero ahí la única víctima era yo, que justo ahí me encontré con Álvaro Javier y los churumbeles se me tiraron encima y me arrastraron hacia la puerta de salida casi sin darme oportunidad para charlar un ratillo. 

Y ahí acabó todo. La verdad es que me lo pasé muy bien, pero tengo la espinita de mis hijos troles clavada en el corazón. Según Daniel le estoy amargando la infancia con tantos juegos, rol, experimentos, etc. Oooooh pobrecito niño.