viernes, 27 de julio de 2012

La fiesta del bizcocho

Cuando fui a recoger a los niños encontré a Daniel un poco desanimado. Sólo sonrío un poco cuando se encontró a su amiguito Hugo ya su adorada madre Silvia. Le conté a mi amiga lo sucedido esa mañana y le hizo mucha ilusión que la eligiera a ella entre todas las madres. Le hizo muchos mimitos, aunque Daniel seguía tristón.

Logré animarlo un poco tentándole con la fiesta del bizcicho a la que nos habían invitado esa tarde. Algunos viernes las porteras de los dos portales contiguos, la dueña de la tienda que hay en medio y alguna vecina se juntan en el pasaje para degustar un bizcocho y un café.

Todo empezó con el cumpleaños de Yoli, mi portera, al que fui invitada felizmente. Al siguiente no pude ir porque tocaba Covarrubias, pero ese viernes me había apuntado y encima llevaba yo el bizcocho. Lo había hecho de nocilla para agradar a mi fierecilla mayor. Le había pintado un camión de bomberos, uno de policía, más coches y una moto (un poco versión Picaso) para que resultara más aparente. Y había rellenado el hueco del centro con bolitas de chocolate. A mi hijo le convenció el dulce y accedió a ir corriendo a casa para degustarlo.

Se bajó al pasaje unos cuantos juguetes y allí estuvo la mar de entretenido con ellos. Mis amigas me comentaron que lo veían triste, así que fue mimado, achuchado y besado hasta la saciedad. Estuvieron jugando con él, persiguiéndole y haciéndole bromitas todo el rato. También Iván tuvo su ración de juegos y cariñitos. Mientras su mamá se tomaba el café relativamente tranquila. Parecía que al niño se le había quitado un poco la morriña.

La sorpresa se la dio Jorge pasando por allí en ese momento. Mi chiquitín le agarró de la mano y le invitó a jugar con él y con sus juguetes. Se lo pasaron genial juntos. Jorge decía que Daniel era su primo y le contaba a todos que había estado el otro día en su casa jugando con bolitas.

Al final disfrutamos todos de la fiesta del bizcocho, que fue alabdísimo para gran orgullo de la cocinera (ejem, ejem). Mi peque subió a casa de mejor humor, aunque de morros porque se lo estaba pasando tan bien que no quería irse.

Y ahí empezó de nuevo a torcerse el día. Iván se tomó el bibe como siempre, pero se negó a dormirse. Cómo tenía sueño lloraba a la mínima de cambio y yo no podía atender a Daniel con tranquilidad. Cuando intentaba dormir al bebé, el mayor siempre encontraba alguna razón de peso para pasarse por la habitación a contarme algo y despertarme de nuevo al hermano. Al final logré dormirlo a las nueve y media, con lo que Daniel se fue a la cama a las diez. ¡Tardísimo!

4 comentarios:

  1. Vaya pinta riquísima que tiene el bizcocho!!
    Supongo que los niños, como los adultos, también tendrán sus dias malos no?
    Un besito.

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  2. Me encanta la idea, y la vida de barrio!

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  3. El bizcocho tiene una pinta fantástica!!! Ya verás como a Daniel se le pasan sus cosillas. Besotes!!!

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  4. Estaba buenísimo. Me felicitaron todos jaja. Y eso que no soy buena cocinera. Daniel está en una época rebelde horrorosa. Espero que pase pronto :S

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