jueves, 20 de abril de 2017

La Pasión viviente de Covarrubias

En Covarrubias tiene una procesión poco habitual. No sacan imágenes a pasear por las calles, sino que la gente se convierte en figuras que cuentan la historia de la Pasión de Cristo. Los devotos y turistas van recorriendo las calles y parando a ver cada escena protagonizada por voluntarios que aguantan el frío y los calambres cada año, porque se quedan quietos como estatuas durante el tiempo que tardan en pasar a su lado. Tiene mérito y es muy impresionante de ver.

Nosotros no habíamos llevado a los niños porque no es un episodio de la Biblia que veamos muy apto para peques. Y creíamos que los tres crucificados del final, al menos, les iban a impresionar demasiado. Pero este año se empeñaron en ir porque iban sus amiguitos. Que al final ni vimos. Pero lo que sí vimos fueron las escenas de sufrimiento del sacrificio del hijo de Dios.

Los chiquillos abrían sus ojos como platos y me preguntaban el por qué de las escenas. Algo dificilillas de explicar porque tiene tela la cosa de cómo Judas se ahorcó porque no podía aguantar los remordimientos y que a  Jesús le fueron torturando por el camino hasta la cruz. Todo iluminado con focos y hogueras que lo hacían parecer aún más tétrico. "¿Por qué están matando a esos señores?", me preguntaban insistentemente los chiquillos que no relacionaban que todos eran el mismo personaje. Y yo les decía que era todo mentira, que eran gente que mañana verían tan panchos por el pueblo. "¿Y por qué hacen esto? Con tanta sangre y eso. No lo entiendo", proseguía el mayor. "¡Mira mamá, allí están matando al padre de pepito" señalaba el pequeño.

Al menos no parecían nada traumatizados. Lo observaban todo con curiosidad sin más. Como ya sabíamos, los tres crucificados del final les impactaron bastante y no se querían ir de allí ni a tiros. pero la historia es que había que avanzar porque el resto de la procesión también quería ver el espectáculo.

Raúl comentaba de vuelta a casa cómo, algo que antes estaba lleno de sentimiento religioso, se ha convertido, en su mayor parte, en una atracción para turistas. En la multitud veías de todo. Gente muy respetuosa, otros que pasaban de todo y algunos que se reían escandalosamente como su estuvieran en un circo. Y eso no es. El respeto, para mí, es muy importante.

De la procesión nos fuimos a cenar un cordero al horno que estaba increíble con unos amigos. Los niños no hicieron ni el más mínimo comentario sobre la Pasión Viviente. Sólo jugaban alegremente con los amigos, así que al final me sentí muy exagerada por no llevarles antes.

4 comentarios:

  1. tiene una pinta estupenda, vi algo parecido hace muchos años en Chinchón y la verdad es que es espectacular, y eso que en Chinchón lo van representando, como un teatro viviente, pero si en Covarrubias encima tienen que quedarse quietos, como estatuas, creo que tiene más mérito todavía. Sobre el respeto, pues que quieres que te diga, opino como tú, que la gente que va a ver un acto de este tipo tiene que ser consciente de que hay gente para la que es importante y no deberían montar jarana. Yo, por lo menos, siempre que he visitado algún templo de alguna religión, me he ceñido a las normas de conducta y vestimenta que hubiese, y he mostrado respeto ¡que menos!

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    1. Pues eso de Chinchón también suena muy bien. Yo igual que tu. Cuando visito lugares religiosos muestro respeto. Que menos! Aunque vaya en calidad de turista. Pero bueno, el caso es que nos gustó mucho verlo :D

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  2. Hay cosas que resultan difíciles de entender para los niños, y seguramente la religión sea una de ellas.
    Me parece una representación espectacular.
    Besos.

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    1. La religión nos cuesta hasta a los adultos, así que ni lo intenté con ellos Buuf. Me supera, lo admito.

      La pasión viviente es muy chula de ver. Antes de tener a los niños íbamos a verla todos los años, pero nació Daniel y preferí otras alternativas de ocio ;)

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