Los Reyes Magos se han vuelto locos y han traído miles de regalo. Debe ser que los peques se han portado muy bien. Los regalos estrella de Daniel no ha sido ni la comisaría ni la Grúa de Lego, tampoco el dominó o las cartas de su adorada Peppa Pig, no. Lo que más le ha emocionado ha sido una pistola de Rayos (tres euros) y la máscara de Spiderman (80 céntimos). Cada día me convenzo más de que a estos chicos les traen cajas de cartón un año y lo flipan jugando con ellas. A Iván, por su parte le gustó todo y nada. Lo suyo y lo del hermano se dedicó a rechupetearlo el tiempo que tardábamos en abrir el siguiente paquete. Entonces lo dejaba a un lado para babear el nuevo juguete. Al final acabó divirtiéndose de lo lindo con los juguetes antiguos y dejando de lado los nuevos. Menos mal que al día siguiente me puse a jugar con él y ya se mostró más entusiasmado.
Daniel perdió un poco el control. El primero de los paquetes iba dirigido a los dos hermanos (loe Reyes pretenden que así aprendan a compartir). Mi chico mayor se empeñó en abrirlo el primero porque era el más grande. ¡Era la comisaría de policía de Lego Duplo! "Móntala papá, porfiiiii".
Cuando el papá tenía todas las piezas ya clasificadas e iba a proceder al montaje. El peque se empeñó en seguir abriendo paquetes. Le obligamos a recoger primero las piezas de Lego. Cada regalo abierto era una sorpresa agradable ante los ojos de mis dos retoños. Daba igual a quien iba dirigido. Las peleas fueron titánicas. Siempre querían lo mismo. ¡Vamos! Lo normal entre hermanos.
El mayor nos hacía sacar todas las piezas del juguete y cuando parecía que se iba a poner a jugar exigía abrir otro regalo. Los dos se lo pasaron genial tirando al aire los bloques blanditos de Iván, mirando los cuentos, con el tapiz de la selva y los animalitos de plástico...
Cuando ya se nos estaba haciendo un poco tarde nos vestimos y salimos hacia la casa de las abuelas. Daniel se empeñó en llevarse sus amadas máscara y pistola de rayos. Iba por la calle diciendo que era un supervillano y soltando su risa malvada a todo el que se cruzaba.
las abuelas los recibieron con gran alegría. allí los dejamos Raúl y yo para aprovechar el resto del día en recoger y limpiar nuestra casita. Después de estas locas vacaciones navideñas teníamos una leonera por hogar.
Cuando fuimos a recoger a los peques, Daniel estaba profundamente dormido. Cómo no hubo manera de despertarlo lo dejamos para que pasar la noche allí. Al día siguiente se reunía la familia y las abuelas entregaban a los peques sus regalos de reyes. Los últimos, afortunadamente.
Ahora toca reorganizar la habitación de los juguetes para hacer sitios a las nuevas adquisiciones.
domingo, 6 de enero de 2013
Carrera contrareloj para ver a los Reyes Magos
Nos perdimos la cabalgata de nuestro barrio porque, inexplicablemente, la hicieron el día cuatro y nosotros estábamos metidos todavía en el avión, pero no nos importó demasiado, porque aún nos quedaba otra posibilidad con mejores perspectiva para Danielillo. El día cinco quedamos en una ciudad cercana a Madrid con los primos de los peques para gritarles de los Reyes Magos a grito pelado que habíamos sido buenos y que nos trajeran muchos juguetes. Quedamos a comer para que los chiquillos jugaran juntos y los padres también... ¡a juegos de mesa! Bueno, en realidad, a uno, "Tobago", porque entre pitos y flautas se nos hizo tardísimo. El juego se lo había regalado el hermano de Raúl por su cumpleaños y es genial. Te engancha desde el principio: Pistas, tesoros, amuletos, maldiciones... Hay que pensar mucho para ganar... La partida se alargaba y se nos echaba la hora encima. Lo comenté en voz alta un par de veces, pero los anfitriones nos aseguraron que la cabalgata siempre empezaba tarde.
Intentamos hacer turnos rápidos, lo que nos hizo cometer errores tácticos, las dudas se quedaban el aire porque no había tiempo de consultar las reglas, aun así tuvimos que abandonar la emocionante partida si queríamos que los niños saludaran a los Reyes.
Corriendo y deprisa organizamos a la chiquillería y bajamos a la calle, pero... ¡Era demasiado tarde! Las familias bajaban felices recontando sus caramelos. El terror se apoderó de las madres, pero los padres no perdieron la calma y trazaron un plan para alcanzar a sus realezas. Nos metimos en los coches y comenzamos una trepidante carrera (respetando la velocidad y normas de circulación, por supuesto) para llegar a la otra punta de la población.
Las madres y los niños bajamos de los coches hacia la cabalgata mientras los padres aparcaban donde pudieran. Afortunadamente, todavía no habían llegado a ese tramo. Incluso, tardaron bastante en alcanzar nuestra posición. Lo que nos dio ventaja para encontrar puestos privilegiados.
Los niños miraban ojopláticos las carrozas pidiendo caramelos a gritos. La gente se los tiraban, o de los daban en mano, se los dejaban en la capucha cuando se agachaban a recogerlos del suelo... e incluso llenaron el saquito de la sillita de Iván, que ni se inmutaba cuando le regalaban la prohibida golosina.
Al pasar los tres Reyes los chiquillos se dejaron la voz asegurando lo buenísimos que habían sido ese año, cuando horas antes estaban haciendo el bruto en el sofá. Se lo pasaron genial y recogieron kilos y kilos de caramelos que luego iré regalando, porque aquí lo divertido es acaparar, comérselos es algo opcional.
Aliviados por haber alcanzado a tiempo a sus majestades no fuimos tan contentos a casa a prepararlo todo y esperarles durmiendo a pata suelta.
Intentamos hacer turnos rápidos, lo que nos hizo cometer errores tácticos, las dudas se quedaban el aire porque no había tiempo de consultar las reglas, aun así tuvimos que abandonar la emocionante partida si queríamos que los niños saludaran a los Reyes.
Corriendo y deprisa organizamos a la chiquillería y bajamos a la calle, pero... ¡Era demasiado tarde! Las familias bajaban felices recontando sus caramelos. El terror se apoderó de las madres, pero los padres no perdieron la calma y trazaron un plan para alcanzar a sus realezas. Nos metimos en los coches y comenzamos una trepidante carrera (respetando la velocidad y normas de circulación, por supuesto) para llegar a la otra punta de la población.
Las madres y los niños bajamos de los coches hacia la cabalgata mientras los padres aparcaban donde pudieran. Afortunadamente, todavía no habían llegado a ese tramo. Incluso, tardaron bastante en alcanzar nuestra posición. Lo que nos dio ventaja para encontrar puestos privilegiados.
Los niños miraban ojopláticos las carrozas pidiendo caramelos a gritos. La gente se los tiraban, o de los daban en mano, se los dejaban en la capucha cuando se agachaban a recogerlos del suelo... e incluso llenaron el saquito de la sillita de Iván, que ni se inmutaba cuando le regalaban la prohibida golosina.
Al pasar los tres Reyes los chiquillos se dejaron la voz asegurando lo buenísimos que habían sido ese año, cuando horas antes estaban haciendo el bruto en el sofá. Se lo pasaron genial y recogieron kilos y kilos de caramelos que luego iré regalando, porque aquí lo divertido es acaparar, comérselos es algo opcional.
Aliviados por haber alcanzado a tiempo a sus majestades no fuimos tan contentos a casa a prepararlo todo y esperarles durmiendo a pata suelta.
sábado, 5 de enero de 2013
Toca regresar
A Danielillo no le gustó un pelo la idea de volver a Madrid. Lloraba desesperado porque se quería quedar en Canarias. Lo único que logró alegrarle un poco fue la perspectiva de la inminente llegada de los Reyes Magos. Iván se recorría la casa detrás de los perrillos ajeno al viaje que se avecinaba.
Esta vez fuimos más listos que la bruja Iberia y sacamos las tarjetas de embarque el día antes. Se ve que nuestra previsión le sentó mal a la muy malvada y aró todos los ordenadores de facturación con un error informático y así jorobarnos un poquito. No nos importó nada porque, con saber que nos metían sí o sí en ese avión, era suficiente para nosotros. En venganza redujo nuestro avión a unas proporciones mínimas en las que casi ni cabía yo. Imaginaros Raúl
Al pasar a la zona de viajeros, Daniel se abrazó a uno de los empleados al grito de "¡¡Baltasar!!". Obviamente el señor era negro y le hizo tanta gracia la ocurrencia que le siguió el juego. "Te veo en dos días" le decía al chiquillo que no cabía en si de gozo. Encontrarse a todo un Rey Mago en el aeropuerto no pasa todos los días.
Comparado con el viaje de ida éste fue maravilloso. En realidad, fue agotador y un sufrimiento porque ninguno de los peques se quedó dormido y se empeñaron en recorrerse el minipasillo haciendo de las suyas. Y ahí estaba yo disculpándome con todo el pasaje al mismo tiempo que agarraba por el cuello a uno u otro de mis hijos con ansias asesinas.
Una vez sentados me llevé una agradable sorpresa. Una amiga de la infancia de mi hermana viajaba en el mismo avión. Hacía muchísimos años que no la veía. Con decir que su hija mayor tiene siete años y yo no la conocía. pero no había duda, la chiquilla es una calco de la madre, con esos ojillos rasgados tan graciosos y la sonrisa pronta. El pequeñín tenía 20 meses y era guapísimo. Regordete y con ricitos de oro. Lo cierto es que Alicia me salvó de una situación apuraba porque Iván eligió justo este día para soltar la tripa y me quedé sin pañales. Si no hubiera sido por ella mi chiquitín lo hubiera pasado mal con un culito rojo e irritado. Para más inri nos dimos cuenta de que algún extraño bichejo se había cebado con Daniel. Le había hecho mil picaduras en una de las manos y un par en la cara. Pensamos que fueron en los juegos del Burguer King del aeropuerto. El tema me tenía bastante preocupada.
No tardamos mucho en llegar a casa y desmayarnos en la cama tras dejar a cada uno de los niños con su pijamita y bien calentitos en su lecho. Seguro que soñaban con la llegada de los Reyes Magos. Especialmente con Baltasar...
Al día siguiente el bebé enarbolada un pedazo de pan llamando a los perritos, que se pasaron todas las vacaciones robándole los mendrugos. Ahora pienso que Iván se los daba de motu proprio. El pobre ladraba por todos los rincones de la casa. Los gatos le seguía con curiosidad, pero no era lo mismo.
Daniel, por su parte, nos preguntó nada más levantarse: "¿Y ahora a dónde vamos? ¿A Covarrubias?"
Esta vez fuimos más listos que la bruja Iberia y sacamos las tarjetas de embarque el día antes. Se ve que nuestra previsión le sentó mal a la muy malvada y aró todos los ordenadores de facturación con un error informático y así jorobarnos un poquito. No nos importó nada porque, con saber que nos metían sí o sí en ese avión, era suficiente para nosotros. En venganza redujo nuestro avión a unas proporciones mínimas en las que casi ni cabía yo. Imaginaros Raúl
Al pasar a la zona de viajeros, Daniel se abrazó a uno de los empleados al grito de "¡¡Baltasar!!". Obviamente el señor era negro y le hizo tanta gracia la ocurrencia que le siguió el juego. "Te veo en dos días" le decía al chiquillo que no cabía en si de gozo. Encontrarse a todo un Rey Mago en el aeropuerto no pasa todos los días.
Comparado con el viaje de ida éste fue maravilloso. En realidad, fue agotador y un sufrimiento porque ninguno de los peques se quedó dormido y se empeñaron en recorrerse el minipasillo haciendo de las suyas. Y ahí estaba yo disculpándome con todo el pasaje al mismo tiempo que agarraba por el cuello a uno u otro de mis hijos con ansias asesinas.
Una vez sentados me llevé una agradable sorpresa. Una amiga de la infancia de mi hermana viajaba en el mismo avión. Hacía muchísimos años que no la veía. Con decir que su hija mayor tiene siete años y yo no la conocía. pero no había duda, la chiquilla es una calco de la madre, con esos ojillos rasgados tan graciosos y la sonrisa pronta. El pequeñín tenía 20 meses y era guapísimo. Regordete y con ricitos de oro. Lo cierto es que Alicia me salvó de una situación apuraba porque Iván eligió justo este día para soltar la tripa y me quedé sin pañales. Si no hubiera sido por ella mi chiquitín lo hubiera pasado mal con un culito rojo e irritado. Para más inri nos dimos cuenta de que algún extraño bichejo se había cebado con Daniel. Le había hecho mil picaduras en una de las manos y un par en la cara. Pensamos que fueron en los juegos del Burguer King del aeropuerto. El tema me tenía bastante preocupada.
No tardamos mucho en llegar a casa y desmayarnos en la cama tras dejar a cada uno de los niños con su pijamita y bien calentitos en su lecho. Seguro que soñaban con la llegada de los Reyes Magos. Especialmente con Baltasar...
Al día siguiente el bebé enarbolada un pedazo de pan llamando a los perritos, que se pasaron todas las vacaciones robándole los mendrugos. Ahora pienso que Iván se los daba de motu proprio. El pobre ladraba por todos los rincones de la casa. Los gatos le seguía con curiosidad, pero no era lo mismo.
Daniel, por su parte, nos preguntó nada más levantarse: "¿Y ahora a dónde vamos? ¿A Covarrubias?"
viernes, 4 de enero de 2013
Navidades soleadas
En Las Palmas nos ha dado tiempo a muchísimas cosas. Hemos aprovechado el tiempo al máximo. Hasta nos hemos dado un bañito en la playa. Los primeros días lucía un sol esplendoroso y disfrutamos muchísimo del mar y la arena. Sobre todo los chiquillos que acompañaban a su padre en la contrucción de muros, charquitas para meter los pies y fortalezas mientras luchaban contra las olas con su imaginación. Iván daba grititos alegres cada vez que una metía un pie en el agua. Prefería atiborrarse de arena, con lo que cada cinco minutos me tocaba arrastrale hacia el mar para quitarle el rebozado pese a sus firmes protestas y pataleos.
El segundo día que pisamos la playa nos pilló un día nublado en e que se alternaba el frío relativo y el calor. Aún así nos metimos en el agua, aunque al bebé ni le acerqué a la orillas por si los resfriados. Se lo pasó genial corriendo de una lado a otro y jugando con su prima y su hermano. En esta ocasión nos acompañaron mis hermano y mi sobrina. Lo cierto es que todos nos lo pasamos muy bien a pesar de que mi hermana jura y perjura que pasará mucho tiempo antes de que vuelva a pisar la playa porque se quedó pajarito.
También nos dio tiempo a ir al Parque Doramas, un lugar precioso y llenos de fuentes y columpios, jugar y leer en la ludoteca biblioteca, subir al barco pirata del parque infantil, ir a una feria navideña en la que Daniel aprovechó para subirse a los coches, a la exposición del concurso de belenes en el que participaba el regimiento de mi hermano, al museo Casa de Colón, aunque a Daniel le contamos que era un museo de piratas porque estaba lleno de maquetas de barcos y cañones (los dos loros que correteaban por las estancias a su libre albedrío daban más consistencia si cabe a nuestra historia inventada), a recorrer las cales del barrio antiguo, a disfrutar del belén de arena de la playa de Las Canteras, a que Daniel y papá montarán en bicicleta por la fuente luminosa, a ver los barcos en el muelle, a jugar en la terraza y en la salita de juguetes de la casa de la abuela Matilde...
En definitiva, han sido siete días muy aprovechados, pero ya toca volver de nuevo a Madrid. Nos vamos con mucha pena. Echaremos de menos a nuestra familia canariona.
El segundo día que pisamos la playa nos pilló un día nublado en e que se alternaba el frío relativo y el calor. Aún así nos metimos en el agua, aunque al bebé ni le acerqué a la orillas por si los resfriados. Se lo pasó genial corriendo de una lado a otro y jugando con su prima y su hermano. En esta ocasión nos acompañaron mis hermano y mi sobrina. Lo cierto es que todos nos lo pasamos muy bien a pesar de que mi hermana jura y perjura que pasará mucho tiempo antes de que vuelva a pisar la playa porque se quedó pajarito.
También nos dio tiempo a ir al Parque Doramas, un lugar precioso y llenos de fuentes y columpios, jugar y leer en la ludoteca biblioteca, subir al barco pirata del parque infantil, ir a una feria navideña en la que Daniel aprovechó para subirse a los coches, a la exposición del concurso de belenes en el que participaba el regimiento de mi hermano, al museo Casa de Colón, aunque a Daniel le contamos que era un museo de piratas porque estaba lleno de maquetas de barcos y cañones (los dos loros que correteaban por las estancias a su libre albedrío daban más consistencia si cabe a nuestra historia inventada), a recorrer las cales del barrio antiguo, a disfrutar del belén de arena de la playa de Las Canteras, a que Daniel y papá montarán en bicicleta por la fuente luminosa, a ver los barcos en el muelle, a jugar en la terraza y en la salita de juguetes de la casa de la abuela Matilde...
En definitiva, han sido siete días muy aprovechados, pero ya toca volver de nuevo a Madrid. Nos vamos con mucha pena. Echaremos de menos a nuestra familia canariona.
jueves, 3 de enero de 2013
Tiempo de pareja
Aprovechando la coyuntura papá y mamá salieron a cenar una noche dejando a los pequeñuelos bajo el cuidado de su abuela Matilde y de su tía Silvia. Iván no se enteró de nada porque durmió como un bendito, pero a Daniel hubo que explicárselo.
"Cariño" comencé, "Papá y mamá se van a cenar fuera para quererse todavía más y pelear menos". Lo primero que me soltó fue que él también quería ir. Me lo esperaba, así que contrataqué con un "Entonces... ¿Te vas a perder una emocionante noche con los mimos de tu abuela y de tu tía y sin las regañinas de papá y mamá?" Al peque se le encendió una lucecita y aseguró que ya no quería acompañarnos con una sonrisa malévola en la cara. Luego anunció su propósito de ver la tele toooda la noche". Más tranquila le di un besito y me fui con Raúl a disfrutar de una velada romántica de cena y paseo.
A las doce estábamos en la cama. Fue poco tiempo, pero lo disfrutamos mucho. Raúl hubiera alargado el paseo mucho más porque hacía un noche muy agradable, pero yo estaba agotada.
"Cariño" comencé, "Papá y mamá se van a cenar fuera para quererse todavía más y pelear menos". Lo primero que me soltó fue que él también quería ir. Me lo esperaba, así que contrataqué con un "Entonces... ¿Te vas a perder una emocionante noche con los mimos de tu abuela y de tu tía y sin las regañinas de papá y mamá?" Al peque se le encendió una lucecita y aseguró que ya no quería acompañarnos con una sonrisa malévola en la cara. Luego anunció su propósito de ver la tele toooda la noche". Más tranquila le di un besito y me fui con Raúl a disfrutar de una velada romántica de cena y paseo.
A las doce estábamos en la cama. Fue poco tiempo, pero lo disfrutamos mucho. Raúl hubiera alargado el paseo mucho más porque hacía un noche muy agradable, pero yo estaba agotada.
martes, 1 de enero de 2013
El 2013 cumpleaños del año
No pudimos hacer entender a Daniel que el año se acababa. Según él era el cumpleaños de tan ilustre figura. 2013 años nada menos. Había que celebrarlo a los grande, así que compramos cotillón y bengalas para que fuera inolvidable. Mi hermano ya había comprado cotillón y unas uvas de gominola para los más atrevidos de las que mi niño mayor dio buena cuenta. No sobró nada. Los niños se los pasaron bomba disfrazándose... ¡Y los mayores también! Daniel aprovechó para convertirse en un robot que ahora usaba las pelucas para hacer puños de fuego o los gorros para hacerse unas orejas robóticas. Su padre le seguía el juego en todo. Natalia se convirtió en una estilosa camarera de pelo y máscara rosa.
Las bengalas tuvieron mucho éxito entre la chiquillería, aunque había que andarse con mucho ojo para evitar accidentes. Iván estaba emocionado agitando una banderita todo el rato y riéndose por todo. Cuando vimos que flaqueaba y que trocaba su amplia sonrisa en pucheritos decidimos que había llegado la hora de meterlo en la cuna.
El resto seguimos celebrando un rato más, aunque antes de las once ya estábamos para acompañar al bebé en su sueño. Nos tomamos las uvas con los peninsulares y después cada pajarito voló a su nido. Es lo que tiene que tu bebé de quince meses no te deje descansar por las noches, que las fiestas se acaban pronto.
Daniel se lo había pasado tan bien que quería repetir al día siguiente. le tuvimos que explicar que año sólo acaba cada 365 días.
Las bengalas tuvieron mucho éxito entre la chiquillería, aunque había que andarse con mucho ojo para evitar accidentes. Iván estaba emocionado agitando una banderita todo el rato y riéndose por todo. Cuando vimos que flaqueaba y que trocaba su amplia sonrisa en pucheritos decidimos que había llegado la hora de meterlo en la cuna.
El resto seguimos celebrando un rato más, aunque antes de las once ya estábamos para acompañar al bebé en su sueño. Nos tomamos las uvas con los peninsulares y después cada pajarito voló a su nido. Es lo que tiene que tu bebé de quince meses no te deje descansar por las noches, que las fiestas se acaban pronto.
Daniel se lo había pasado tan bien que quería repetir al día siguiente. le tuvimos que explicar que año sólo acaba cada 365 días.
Papá corre la San Silvestre Gran Canaria
A Raúl todavía le pica el gusanillo del deporte, así que no lo dudó dos veces cuando un amigo suyo grancanario le propuso acompañarle en la carrera San Silvestre que se celebraba el 31 de diciembre en el muelle de Santa Catalina.
En principio, el recorrido constaba de diez kilómetros, pero debieron tener problemas con los permisos porque acabó siendo de ocho kilómetros y pico con un trayecto un tanto extraños de idas y vueltas.
La abuela Matilde se quedó al cuidado de Iván y Daniel y yo fuimos a animar a papá. El día estaba de lo más desapacible y mi hijo de lo más impaciente por encontrar unos columpios, así que no nos quedamos a ver correr a su progenitor. le dimos un beso, le deseamos suerte y nos acercamos al centro comercial cercano. Antes de entrar hicimos una parada en el puesto de animación infantol de la organización para conseguir un globo en forma de espada.
Cómo tengo muy mala orientación me quedé en el primer espacio infantil que encontré. Que resultó ser una extraña casa con altibajos, recovecos, cuerdas, palos, pelotas, etc, etc. Daniel sepasó casi todo el tiempo recorriéndola y explicándome dónde estaba su cama, la cocina, el ascensor...
Aburrida de estar allí llamé a mi marido una hora después, pero aún le quedaba un kilómetro por recorrer. Por fin vino a nuestro encuentro. Se lo había pasado genial, pero la organización le había parecido muy caótico. El niño se mostró muy contento de abrazar a su sudoroso papá. Mi hermana nos hizo el inmenso favor de llevarnos y traernos para ahorrarnos el transporte público y al poco nos encontrábamos en casa contándole todo al bebé.
En principio, el recorrido constaba de diez kilómetros, pero debieron tener problemas con los permisos porque acabó siendo de ocho kilómetros y pico con un trayecto un tanto extraños de idas y vueltas.
La abuela Matilde se quedó al cuidado de Iván y Daniel y yo fuimos a animar a papá. El día estaba de lo más desapacible y mi hijo de lo más impaciente por encontrar unos columpios, así que no nos quedamos a ver correr a su progenitor. le dimos un beso, le deseamos suerte y nos acercamos al centro comercial cercano. Antes de entrar hicimos una parada en el puesto de animación infantol de la organización para conseguir un globo en forma de espada.
Cómo tengo muy mala orientación me quedé en el primer espacio infantil que encontré. Que resultó ser una extraña casa con altibajos, recovecos, cuerdas, palos, pelotas, etc, etc. Daniel sepasó casi todo el tiempo recorriéndola y explicándome dónde estaba su cama, la cocina, el ascensor...
Aburrida de estar allí llamé a mi marido una hora después, pero aún le quedaba un kilómetro por recorrer. Por fin vino a nuestro encuentro. Se lo había pasado genial, pero la organización le había parecido muy caótico. El niño se mostró muy contento de abrazar a su sudoroso papá. Mi hermana nos hizo el inmenso favor de llevarnos y traernos para ahorrarnos el transporte público y al poco nos encontrábamos en casa contándole todo al bebé.
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