viernes, 7 de junio de 2013

¡Y también pececitos!

Llegaba con prisas a la guardería a recoger a Iván cuando no pude evitar reparar en que algo había cambiado en la maqueta sobre el agua. De repente una pantalla con pececitos de colores se había unido al conjunto. En un principio pensé que se trataba de una tele, pero al acercarme más vi que en realidad era una pecera de verdad, con peces de carne y espinas. ¡Me encantó la idea!

A la salida me entretuve con Iván y con una jauría de niños emocionados en observar las idas y venidas de los nuevos inquilinos del centro. Me costó mucho separarle de la pecera, pero no nos quedó más remedio. Batí records en el estilo carrera de carritos de bebé para llegar a tiempo al colegio de Daniel.

Ahora tenemos que parar al menos unos segundos para visitar a los pececitos. Desde luego, tengo que sacar tiempo para traer aquí a Daniel y que vea la maqueta. Le va a encantar.

Una de las tardes me quedé con una conversación entre el bedel y una de las profesoras expandiendo mis antenas parabólicas al máximo. ¡Uno de los pececitos había desaparecido! No había fallecido, porque no había ni rastro de él en toda la pecera. La única opción que veían posible es que alguien se lo hubiera llevado. Pero ¿no sería demasiado sospechosa una persona con un vaso de agua con pececito dentro para pasarla por alto? Para mí el tema sigue siendo todo un misterio.

jueves, 6 de junio de 2013

Iván usuario de la biblioteca pública

Mis peques adoran ir a la biblioteca pública. Les encanta sobar los libros infantiles y sentarse en las pequeñas sillitas para que mami o papi se los lean.

A Daniel le sacamos su carnet poco después de cumplir el año porque nos enteramos de que regalaban un libro a los nuevos usuarios bebés. Con Iván se nos pasó el detalle hasta hace uno días.

De repente, sacando libros para los niños caí en la cuenta de que los de Iván los estaba sacando con mi carnet cuando podría sacarlos perfectamente con el suyo. ¡Tonta de mi! Inmediatamente pedí el formulario para hacerle usuario del centro. Ya podemos sacar la friolera de doce libros para toda a familia.

Iván daba brincos entre las estanterías ajeno a su nueva situación y Daniel se aferraba a un libro de los X-men con pop-ups, que yo presumía que no era lo más apto para su edad, pero que sabía que acabaría viniéndose con nosotros en detrimento del precioso volumen de Barbapapá.

miércoles, 5 de junio de 2013

El nuevo calendario

En vista de que el viejo calendario de Daniel me iba a dar problemas y quebraderos de cabeza tuve que idear un plan de urgencia para que se olvidara de él. De camino al supermercado me llamó la atención una oferta de juguetes a mitad de precio en una tienda y entré sin pensarlo, pero no imaginaba que allí mismo encontraría la solucióna mi problema. Un reluciente calendario de esos que incluyen la fecha, la meteorólogía, las actividades del día, lo que te gustaría hacer, planes futuros, etc a base de piezas inmantadas estaba rebajado a sólo cuatro eurillos. Mis ojos relucieron codiciosos y me hice con él ansiosa. La empleada me comentó que lo habían puesto a ese precio porque el año sólo llegaba hasta el 2013. ¡Vaya problema! Nada que el indeleble no pueda solucionar. A casita con él.

No me equivoqué. El peque se enamoró de su calendario nada más verlo y estuvo un buen rato jugueteando con las piezas inmantadas muy a gusto. Por ahora nos ha hechp saber que quiere cocinar, comprar chuches e ir de excursión a un lugar con vacas...

El antiguo calendario ha desaparecido misteriosamente y nadie se ha percatado de su ausencia...

martes, 4 de junio de 2013

El huerto de Infantil

Gracias a las gestiones de nuestra mami más activa del cole, de la que ya he hablado en otras ocasiones, se aprobó hacer un minitaller de tres días para adecuar un pequeño terreno vallado sin uso a huerto para los niños de Infantil. El centro tiene un invernadero fabuloso, pero sólo lo usan los de primaria.

En realidad, pienso que los de tres años son un poco pequeños para este tipo de actividades, pero los de cuatro y cinco años le pueden sacar mucho provecho.

No pude apuntar a Daniel al taller porque se hacía los viernes y el peque tenía Natación hasta las seis, pero éste último viernes no le mandé a la piscina porque a las cinco y media estábamos invitados al cumpleaños de un amiguito. Cuando fui a buscar a mi retoño nos invitaron a participar en el huerto para gran alegría de los niños. Yo no las tenía todas conmigo porque prefería ir a casa a descansar un poco antes de la fiesta, pero me quedé. Menos mal porque me lo pasó bomba azada en mano. Iván metía tierra en las delimitación hechas para tal propósito con gran maestría. También se dedicó a escalar los sacos de tierra con otros niños y a meter la mano en la tierra a imitación de los adultos que estábamos sacando las raíces y las piedras antes de plantar nada. Daniel prefería las herramientas. Estuvo "ayudando" con el martillo a los que hacían las delimitaciones y a los que estaban reparando el riego. También le dio por regar las plantas que ya habían un rato. Se lo pasaron tan bien que me costó horrores sacarles de allí. Poco antes de irme me llevé un buen susto. Iván había vuelto a desaparecer y nadie le había visto. Se había escapado a la actividad extraescolar de baloncesto para jugar con un balón. Menos mal que sé que las puertas del cole estaban cerradas y no podía irse muy lejos.

Con el tiempo pegado corrí a casa para arreglar un poco lo desastres que la tierra había causado en nuestra indumentaria con bastante poco éxito. Conseguimos llegar en hora al cumpleaños, que se celebraba en un parque. Tuvimos suerte porque nos hizo un día estupendo y los chiquillos disfrutaron mucho jugando en los columpios, con los juguetes del cumpleañero y poniendose las botas con los gusanitos y la comida tailandesa (los padres del niños tiene un restaurante Tailandés muy chulo).

Yo me cogí una cerveza fresquita nada más llegar, pero luego me arrepentí porque me tocó correr detrás de mi trastillo pequeño por todo el parque lata en mano. Me daba bastante vergüenza beber alcohol entre tanto infante.

Al rato Raúl se nos unió y me echó una manilla con los niños para que pudiera conversar un poco con las amigas.

fue una tarde de los más completa. Por la noche mi espalda me pasó factura por mis locuras con la azada, pero ¡valió la pena!.

lunes, 3 de junio de 2013

Madre trabajadora de nuevo

¡He conseguido un trabajo! Cuando ya me había resignado a engrosar las filas de los parados de larga duración me he encontrado con esta sorpresa.

Un antiguo jefe contó conmigo para cubrir las suplencias de vacaciones de verano y bajas de maternidad hasta marzo del año que viene en la nueva empresa en la que trabaja. Casi lloro de la gratitud. Me ha ofrecido una jornada continua de ocho horas con salida a las tres menos cuarto para poder disfrutar toda la tarde con mis hijos. La entrada es a las siete menos cuarto. Ya estoy acostumbrada a los madrugones. Además me ha asegurado que hay muchas posibilidades de continuar en la empresa una vez se acaben las bajas, dependiendo de si crece o no el volumen de trabajo. El sueldo no es para echar cohetes, pero viene muy bien a la economía familiar cada día más menguante.

La única espinita que llevo clavada en el corazón: mis hijos. Se han quedado sin veranos con mamá. He tenido que meterles en los campamentos urbanos para julio de sus respectivos coles y tirar de abuelas y papá para cubrir agosto.

Tenía comprados unos billetes para ir a ver a mi familia canaria que se han ido a la porra, pero si es el precio que tengo que pagar por asegurarme diez meses de trabajo en lo tiempos que corren se hace de tripas corazón y para adelante.

¡Ojalá me hubiera surgido esta oportunidad en septiembre! Pero ha sido en junio y hay que aprovecharla.

A Daniel le he dicho que si mamá tiene dinero le puede comprar más cosillas y se lo ha tomado al pie de la letra. No para de pedir, pero ante el vicio de pedir está la virtud de negar. El día que me confirmaron que pasaba a plantilla le llevé a un todo a cién para celebrar la noticia con un muñequito de superhéroes que tanto le gusta, pero acabó saliendo de la tienda muy emocionado con un horroroso robot que se  partía en animales robots. Y su hermano con dos animalitos de plástico: un tiburón y una tortuga muy chulos.

Por ahora parece que no le ha sentado muy mal la noticia, aunque con juguete por medio nunca pone pegas. Ya veremos en julio...

Iván por ahora no llega entender que mami tiene que trabajar en verano ni cómo le afecta eso a él, así que sigue tan sonriente como siempre.

Ha sido casi un año en el paro en el que cómo madre estaba en la gloria. No tenía que preocuparme con quien dejarlos si se ponían malos, les llevaba y traía de los colegios, me ocupaba de ellos con alegría... Pero me agobiaba el dinero y la casa se me caía encima cuando ellos no estaban. Otra vez me enfrento a los problemas que aquejan a las madres trabajadoras, pero con un horario de lujo para cuidar a mis peques. No me puedo quejar...

P.D.: Gracias Isabel por ese maravilloso regalo que me has hecho para que vaya guapísima el primer día a la oficina. Es un broche hecho por sus propias manitas que es una preciosidad. Lo voy a lucir muy orgullosa.

domingo, 2 de junio de 2013

Benditos cereales

Desesperada. Así me encontraba porque era incapaz que Daniel desayunara como dios manda por las mañanas. Le ponía delante su leche con Cola Cao y algo para acompañar (galletas, tostada con matequilla, bizcochos...) y ¡nada! La leche se la bebía obligado y el acompañamiento lo acababa engullendo su hermano.

Menos mal que solía comerse alguna galleta de las que le daba Mari Carmen, a quien tocábamos en la tienda para visitar antes de ir al cole. Muchos días se iba con el estómago vacía para honda preocupación de su madre.

Un día, apareció papá con un par de bolsas de supermercado. De una de ellas sacó una caja de cereales rellenos con chocolate. A Daniel se le iluminaron los ojillos en cuando vio el dibujo de la caja. "Mami, quiero esooooo". Vi el cielo abierto y el aseguré que a la mañana siguiente lo tendría sobre la mesa al lado de su tazón de leche con Cola Cao.

Se lo comió e incluso repitió. En cambio, Iván se dedicó al prestigioso deporte de lanzamiento cereal, así que tuve que sacar alguna galleta para él. Tras el éxito, le pongo lo mismo todas las mañanas. Al final se cansará, pero hasta entonces irá desayunado al cole.

sábado, 1 de junio de 2013

Calamar con sorpresa

Estaba yo en plena faena limpiando calamares para una rica paellita cuando, de repente... ¡Arg! Este calamar estaba en plena digestión. Tres pescaditos y medio salieron de su interior. Tardé un poco en recuperarme del asco. Entonces observé mi fregadero unos segundos y me fui en busca de mi primogénito.

A Daniel le entusiasmó la historia del calamar que se había hinchado a pececitos y que iba a acabar en nuestra olla (no tengo paellera). "Me los quiero comer a todos" me decía entusiasmado, pero le quité esa idea de la cabeza enseguida, porque los pececitos no sé yo si serían comestibles. El calamar sí que nos lo comimos muy a gusto... Junto con el resto de la paella.