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| Estilo Grinch |
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| Aquí el único feliz, el padre |
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| Aquí el único feliz, el padre |
Yo soy pro uvas, pero también soy pro trampas y de comenzar en los cuartos. Qué le vamos a hacer. Cada uno tiene lo suyo. Lo importante es ganar... digoooo, terminar con el último dong. Y eso lo logré. Sin atragantarme, ni pasarlo mal. Tan a gusto.
Y a besarnos, abrazarnos, felicitarnos... con cervecita y refrescos, porque tampoco se acordó nadie del champán o el cava. Algo que se agradeció enormemente porque a casi nadie le gusta. Es más, pondría en la mano en el fuego a que no le gusta absolutamente a nadie y que se tiraba todo el contenido de las copas por el fregadero. Menudo gasto tonto, ¿no? Pero nosotros ahí años tras año comprando el líquido espumoso para luego tirarlo. A ver si hemos aprendido por fin y el próximo año otra vez empezamos el año con cervecita, que me gusta mucho más. Donde va a parar.Lo siguiente fue subir a la terraza para ver los fuegos artificiales, pero la cosa estaba muy parada. Es lo malo de tomar las uvas a la hora goda. A la hora, ya sí que se animó más el ambiente y empezaron a estallar cohetes y fuegos artificiales por todos los lados. Menuda fiesta. Nos pasamos un buen rato corriendo de una punta a otra intentando ver todos. Por supuesto no lo logramos, pero fue divertido. Y menudo follón montaron con las sirenas de los barcos y las sirenas de los bomberos. Ambientazo.Entre pitos y flautas nos fuimos a la cama a las mil, como es normal cuando toca cambio de año.Os explico: No nos pusieron ningún problema para cambiar el billete sin coste... por uno mucho más barato que el que adquirimos. Y lo sé porque cuando lo compramos estuvimos viendo las posibilidades de volver el lunes 8 en vez del sábado 6 porque el ahorro era mucho, pero por cuestiones laborales y que no queríamos que los niños perdieran clase, al final decidimos apoquinar. Craso error porque al final nos tuvimos que volver el martes 9 a precio de temporada altísima navideña. ¡Tocate los $%&@#! Y dando gracias, por lo visto.
El caso es que era eso o eso, porque cancelar el viaje tampoco salía rentable ya que la ida, al no estar afectada por la huelga, no estaba tan cubierta y sólo te ofrecían un bono por el dinero que te hubiera costado para canjear por otro vuelo (cubriendo solo la cantidad invertida en el billete cancelado) y con una fecha de caducidad que ni me molesté en mirar. Para qué. Como si fuera a tirar por la borda la posibilidad de pasar parte de las fiestas con mi familia, a la que veo dos veces al año unos pocos días.
Total, que al final el vuelo nos salió muy caro, de importe y en molestias, porque el padre tuvo que hacer encaje de bolillos con el trabajo y los niños perdieron dos días de clase, que en los cursos a los que van no es moco de pavo.
Al final lo importante son las ganas de pasarlo bien sin más.
Hasta nos dio tiempo a jugar una nueva aventura al Anillo único y probar un juego nuevo que nos hizo mucha gracia: La última meiga. Nos convertimos en brujas ante un tribunal de la inquisición y siguiendo las instrucciones de las cartas de la baraja tuvimos que defender nuestra inocencia con uñas y dientes. Qué risas. A Iván le encantó. Y eso que fue él la bruja que la inquisición mandó a la hoguera al final.Por otro lado, con Decktective, rosas de sangre, nos metimos en una mansión a resolver un asesinato. Nos pareció muy curiosa la mecánica.También estuvimos ocupados con el calendario de Adviento, que culminó allí con el apoteósico descubrimiento de los malvados que estaban detrás de todo el troleo y un final con mucho chocolate.
Y al día siguiente una Navidad llena de regalitos, aunque el más importante y esperado lo encontraron las fieras al volver a Madrid: su anhelada PS5.