domingo, 31 de octubre de 2010

Besos

Por fin ha aprendido mi niño a dar besitos de verdad y no cocazos, aunque de esos sigue dando también. Pega su carita a tu moflete, aprieta los labios, y luegon los abre apartando rápido su carita y exhalando una simpático "mmaaaaaa", que supongo que viene a ser mi "muac" en idioma bebé.

Otras veces acerca su moflete a tu boca con expresión espectante para que el beso selos dés tú. Y ya la ocasión estrella es cuando se acerca la manita a la boca y te manda un "mmaaaaa", aunque eso es más caro de ver.

Por supuesto, su mami se derrite cada vez que le ve haciendo una de estas tres cosas. hay que tener cuidado, porque de repente se cansa de darte besitos y empieza con los cocazos que le deben resultar más divertidos.

¡Que tierno es mi bebé! Dentro de su modalidad de brutito incorregible. Claro.

sábado, 30 de octubre de 2010

Lío en el supermercado



Hay veces que no queda otro remedio que arrastrar al peque contigo al supermercado. Muy pocas veces realizo este deporte de riesgo sin la compañía de mi marido. Cuando voy sola me las veo y me las deseo para cargar con niño, carrito y compra.

Hay que añadir que al bebé no le gusta nada ir a la compra, así que boicota todo lo que puede. Cuando vamos los tres, suelo entretenerle con lo primero que pillo mientras Raúl se encarga de comprar en serio.

A mi marido no le gusta mucho esa solución, porque es de los que piensa que deberíamos dejar llorar a Daniel hasta que se cansara y nosotros hacer la compra tranquilamente. Pero a mí se me encoge el alma cuando pone el modo bocina. Además, de que no se limita sólo a berrear. También se revuelve en la silla como un animal salvaje y cualquier día se la carga. Yo llego agotada casa después de cada incursión para buscar alimento. Prefiero buscar el hueco cuando está en la guardería, aunque tenga que ir a la velocidad del rayo para que me dé tiempo también a comer.

Se acerca el invierno


En el parque todos los padres miramos al cielo y suspiramos temerosos. Se acerca una nube gris imponente.

Nuestros hijos juegan ajenos al drama de sus progenitores. Si descarga tendremos que encerrarnos en casa con nuestras pequeñas bestias pardas.

Se acerca el invierno y una etapa muy dura para los padres. No es fácil aguantar al pequeñín toda la tarde (o todo el día) encerrado en casa.

Al principio se conforma con romper todo lo que agarra y ponerse en peligro a cada segundo. Pero acaba hartándose de los espacios cerrados y pide a gritos salir.

Mi hijo el otro día se agarró al carrito y al abrigo esperanzado y como vio que su madre no estaba dispuesta a sacarlo con esa lluvia empezó a gimotear desconsolado.

Me temo que estos días en los que anochece tan temprano se me van a hacer eternos. A ver que me invento para mantener al enano entretenido en casa mientras diluvia en la calle. Va a ser difícil.

viernes, 29 de octubre de 2010

En la tienda de comics


El otro día Daniel y yo acompañamos a su padre a una tiendas de comics para comprar un regalo de cumpleaños. Cuando llegamos al chiquitín se le abrieron mucho los ojos y los "pa... pa... pa..." se dispararon en su boquita.

¡Cuantos colores! ¡Cuantas cosas interesantes! ¡Que me saquen del carrito! ¡Que me saquen del carrito yaaaaaaaa...! Parecía indicar mientras se revolvía como un energúmeno. Por supuesto, mamá solícita le quitó el cinturó de seguridad y lo bajó de la sillita. Nada más tocar el suelo con sus piececitos se puso en movimiento con una rapidez pasmosa y se arrojó con toda su mala intención y babás hacia la estantería más cercanas.

Su madre, haciendo halago de una gran destreza y reflejos logró agarrarle en el último momento y no hubo que lamentar ningún destrozo. Sin perder ni un minuto lo volvió a meter en el carrito, con gran resistencia del interesado y lo sacó de la tienda gritando al padre que iba a dar una vuelta a la manzana mientras él buscaba lo que quería.

Siete vueltas a la manzana después, tanto la madre como el niño estaba aburridas de ver lo mismo una y otra vez, pero el padre no daba visos de querer salir. Se le veía muy a gustito entre juegos de mesa y comics varios. Así que la madre cruzó los dedos y decidió volver a intentarlo.

Entró en la tienda y desató a la bestia, que enseguida se dirigió a una vitrina de cristal para aporrearla a gusto. Cómo notó que algo le impedía avanzar (imagináos el qué) se tiró al suelo para patalear a gusto. "¿Qué estas comprando?, Raúl", inquirí nerviosa, "Pues el juego y un comic de Usagi", "Dame le comic un momento", le sugerí con determinaciónmientras estiraba la mano. Raúl memiró incrédulo y me espetó un no que le salió del alma. El vendedor también me miró alucinado y se sintió en el deber de apoyar a Raúl.

Mientras tanto el niño ya se me había escapado y gateaba hacia otro dependiente de la tiendaque desembalaba género. "¡cuidado! ahí va un futuro cliente!". El pequeñajo se acercó diligente al empleado y se apoyó en una caja mientras les sonreía con sus pocos dientes. Al chico le tocó la vena sensible porque le dejó hacer un poco. Cuando vió que se podía aproximar un desastre decidió darle un catálogo para que lo estrujara a gusto. El niño estaba encantado con el amasijo de papel de colores que llevaba en la mano con lo que pude meterle de nuevo en el carro con algo de tranquilidad. Por fin nos fuimmos a casa sin más incidentes.

Ahora, con el bebé, cualquier acción cotidiana es toda una aventura.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El tortazo


Un día, en el parque, Daniel se dió un castañazo espectacular, aunque no hubo que lamentar daños graves. Gracias a Diós.

Saqué los palitos de pan de la bolsa del carritoy mi hijo se emociónó. Se levantó de un tirón y antes de que yo, o ninguno de los otros padres pudieramos reaccionar, se arrancó en una carrera entusiasta que acabó con tropezón y aterrizaje con la cara en la arena. Todos nos avalanzamos hacia él. Llegó otra madre primero, pero enseguida lo pasó a mis brazos. Daniel lloraba desconsoladamente. Yo trataba de calmarlo sin éxito. Hasta que otro padre me dijo con mucha calma: "Dale el palito de pan. Es lo que quiere". Y efectivamente. Se lo dí y se quedó tan contento rechupeteándolo. Miré detenidamente a mi retoño para evaluar daños. Parecía 'Dos caras', el malvado de Batman. Otra madre que llegaba en ese momento salió corriendo hacia su casa para bajarme una barrita que venden en las farmacias para bajar golpes e hinchazones.

Lo bueno es que Daniel estaba feliz de nuevo y pasándoselo bomba en los columpios. Si es que no te puedes despistar ni un segundo. Hay que aprender a ver mediante el tacto los objetos que guardas en la bolsa mientras no quitas el ojo de encima a tu hijo.

Pelea de gatos


Un día me dieron el niño en la guardería y nada más sentarlo en el carrito me dí cuenta de que tenía la cara surcada de arañazos. ¿Qué le había pasado a mi pequeñín? ¿Se había peleado con una gato? Lo primero que me vino a la mente fue a su contrincante lleno de mordiscos. ¡Uf!

El niño, por su parte estaba tan tranquilo y sonriente como siempre. Lo llevé al parque como todos los días y allí, el resto de papás también se dieron cuenta de las marcas de Daniel. "Parece que ha habido lucha en la guardería" Me dijo uno. "Sí, es normal, cosas de niños", contesté yo. Entonces otra madre metió baza y me temo que sió con el quid del asunto. "Pues yo me temo que se lo ha hechon el solito con esas uñitas como cuchillos que tiene".

Miré las manos de mi hijo y realmente parecía un pequeño lobezno. ¡Le crecen rapidísimo! Pero si no hace ni una semana que se las corté. "Es que se las tienes que cortar cada tres o cuatro días", me contestó la madre. ¡Pero si es más fácil cortarle las uñas a mis gatos que al niño! Me desesperé. Aún así me prometí cortarselas esa misma noche aunque tuviera que inmovilizarle con una llave de judo.

martes, 26 de octubre de 2010

Casi de un tirón


El milagro se ha producido. Esta noche Daniel sólo se ha despertado a las dos de la madrugada reclamando un biberón a voz en grito. SE lo he suministrado diligente, lo he vuleto a depositar en su cunita, se ha dasdo la vuelta sin protestar y se ha quedado roque en un instante.

He podido descansar un poco tras miles de noches de verdadero infierno. Me ha sentado de maravilla, pero me ha sabido a poco. Espero que este niño se estabilice un poquito o nos va a dar un telele a su padre y a mí.

La verdad es que me da mucho gusto verle dormir. Parece un santo. Es una pena que le cueste tanto coger el sueño. Mi angelito... ¡Que noches me das!