La tarde que precedió al último día de playa, de repente, reparé en que a mi hijo mayor se le había hinchado el ojo. Asustada se lo hice ver a Raúl y a mi hermana. Mi marido me contestó que eso no era nada comparado con la oreja. Efectivamente. ¡La oreja le había crecido el doble que la otra! Pero cómo no me había dicho nada este hombre.
Mi hermana sugirió que fuéramos al centro de salud de urgencias para que yo me quedara más tranquila y así lo hicimos. Tuvimos que esperar una hora y media, pero valió la pena. El pediatra dictaminó que lo que tenía el peque por toda la cara, oreja y brazos eran picaduras de pulgas. Por lo visto, el peque es alérgico y por eso se le había inflamado tanto.
El facultativo nos preguntó si habíamos estado con perros en algún momento y dijimos que sí, pero con unos limpísimos, sanísimos y con un tratamiento carísimo antipulgas, así que imposible que las picaduras vengan de ellos.
Después de pensar un poco, sugerí que pudieran haberle picado en el jardín botánico y a mi hermana se le encendió una bombillita: ¡los gatos adorables del centro de exposiciones! Adorables y pulgosos. Hasta el pediatra dio fe de ello. "Han sido los gatos sin duda" dictaminó. Y tras dar bolilla a Daniel y regalarle un boli por buen comportamiento, nos dio recetas para algo contra la alergia, una jarabe y una pomada.
El pediatra le cayó tan bien a Daniel que ahora asegura que las próximas Navidades se va a revolcar en pulgas para volver a verle. Menos mal que sé que de aquí a allí se le va a olvidar...
sábado, 16 de enero de 2016
viernes, 15 de enero de 2016
Último y aprovechado día en la playa
Variar el plan playero por el jardín canario me había colado un día, pero al siguiente ya tenía a mis tres hombres clamando por sol, mar y arena. No me quedó más remedio que preparar la bolsa con las toallas y tirar para la playa a pesar de que el día amaneció nublado. Por suerte la temperatura acompañaba, unos 25 grados según el termómetro, y hasta nos bañamos muy a gusto.
El sol asomaba entre las nubes de vez en cuando para recordarnos que no se nos olvidara darnos la cremita porque aún con el cielo cubierto el seguía allí lanzando Rayos Uva a porrillo.
Hubo baile y batalla con las olas, fortalezas de arena y bestias pardas que destrozaban castillitos al más puro estilo Godzilla, un simpático hombrecito de arena, hoyos profundos con fierecillas agazapadas y sobre todo risas y más risas. Que bien sienta la playa en Navidad. Y eso que cuando vivía aquí la pisaba poco. Nunca se aprecia lo que se tiene hasta que se pierde.
Mientras nos divertíamos, Daniel se hinchaba y se hinchaba. Y yo sin darme cuenta de nada. Que desastre. Como el chiquillo no se quejaba y jugaba con su mejor sonrisa yo le veía bien, pero luego, al repasar las fotos veía su orejita colorada e inmensa, el ojito cada vez más hinchado y las picaduras malditas.
Hasta la tarde no reparé en lo evidente, pero eso lo cuento en otro post.
El sol asomaba entre las nubes de vez en cuando para recordarnos que no se nos olvidara darnos la cremita porque aún con el cielo cubierto el seguía allí lanzando Rayos Uva a porrillo.
Hubo baile y batalla con las olas, fortalezas de arena y bestias pardas que destrozaban castillitos al más puro estilo Godzilla, un simpático hombrecito de arena, hoyos profundos con fierecillas agazapadas y sobre todo risas y más risas. Que bien sienta la playa en Navidad. Y eso que cuando vivía aquí la pisaba poco. Nunca se aprecia lo que se tiene hasta que se pierde.
Mientras nos divertíamos, Daniel se hinchaba y se hinchaba. Y yo sin darme cuenta de nada. Que desastre. Como el chiquillo no se quejaba y jugaba con su mejor sonrisa yo le veía bien, pero luego, al repasar las fotos veía su orejita colorada e inmensa, el ojito cada vez más hinchado y las picaduras malditas.
Hasta la tarde no reparé en lo evidente, pero eso lo cuento en otro post.
jueves, 14 de enero de 2016
Tarde de helados y juegos
No podía faltar tomarse un heladito con el buen tiempo que nos ha pillado. Aprovechamos un paseo que dimos con mi hermano y mi sobrina y nos fuimos a Los Alicantinos, heladería famosa por sus deliciosisímos helados artesanales. Cómo los disfrutamos. Tanto como los niños. Estaban buenísimos.
Con nuestro postre helado nos dimos una vuelta por la avenida marítima, donde los peques se aventuraron más allá de la barra del paseo para explorar a gusto. Por ellos nos hubiéramos quedado toda la tarde ahí, pero el lugar no era el más saneado del mundo y se nos estaban tiznando demasiado.
Sólo pudimos convencerles con la promesa de visitar el parque del barco pirata. Esa atracción siempre triunfa. Allí estuvieron los tres primos jugando y pasándoselo pipa mientras los adultos charlábamos. tan a gusto estábamos que no nos dimos cuenta de que el tiempo corría. Cuando miramos el reloj mi hermano llamó a su hija y se tuvieron que ir con desgana porque al día siguiente empezaba el cole y el trabajo.
Nosotros nos hemos saltado ese viernes lectivo por pasar unos días más en Canarias y no nos arrepentimos. Al día siguiente, los niños no paraban de pavonearse de que ellos se habían saltado el colegio a quien les quisiera escuchar. Sobre todo Daniel, que tiene un rollo...
Con nuestro postre helado nos dimos una vuelta por la avenida marítima, donde los peques se aventuraron más allá de la barra del paseo para explorar a gusto. Por ellos nos hubiéramos quedado toda la tarde ahí, pero el lugar no era el más saneado del mundo y se nos estaban tiznando demasiado.
Sólo pudimos convencerles con la promesa de visitar el parque del barco pirata. Esa atracción siempre triunfa. Allí estuvieron los tres primos jugando y pasándoselo pipa mientras los adultos charlábamos. tan a gusto estábamos que no nos dimos cuenta de que el tiempo corría. Cuando miramos el reloj mi hermano llamó a su hija y se tuvieron que ir con desgana porque al día siguiente empezaba el cole y el trabajo.
Nosotros nos hemos saltado ese viernes lectivo por pasar unos días más en Canarias y no nos arrepentimos. Al día siguiente, los niños no paraban de pavonearse de que ellos se habían saltado el colegio a quien les quisiera escuchar. Sobre todo Daniel, que tiene un rollo...
miércoles, 13 de enero de 2016
Las maravillas del Jardín Canario
El miércoles por la noche estaba dudando si ir a la playa o no cuando miré el tiempo por internet. Daban máximas de 20 grados y nublado. Así no me animaba mucho a preparar la bolsa con las toallas ni a ponerme el bikini.
Sin pensarlo dos veces le mandé un whatsapp a mi hermana proponiéndole una excursión de última hora y ella aceptó encantada.
Al día siguiente a las diez tirábamos para el jardín botánico canario, que es una maravilla. A mí, sobre todo me impresiona la parte dedicada a los cactus. Es de una belleza increíble.
Todos disfrutamos descubriendo plantas extrañísimas con troncos peludos o millones de pistilos rojos, árboles que parecían sacados de un cuento de hadas ("¡¡Daniel!! ¿¡¡Que haces!!? Baja de ese árbol" "Estoy buscando a los gnomooooos"), las bolitas minicactus.... Y un montón de maravillas más.
El mayor se llevó una gran alegría cuando encontró la planta de la que se muerde el tallo y sabe a algo parecido al limón. Después de ventilarse más de veinte decidió que no le gustaba nada. ¡Es un caso!
Nos adentramos en el impresionante bosque de los Dragos, en los rincones más selváticos, en los más claros llenos de mullido cesped... Incluso encontramos la tumba escondida, en la que alguien había dejado flores.
Durante todo el recorrido, Raúl les fue contando a los peques aventuras de Indiana Jones inventadas y los tuvo encandilados. Y es que el paisaje se prestaba a ello con sus cuevas y barrancos. Ya ni me acuerdo de las escaleras que pudimos llegar a subir y bajar.
Terminamos la visita en el centro de exposiciones, dónde los peques jugaron con unos gatos que viven allí y son alimentados por los guardas del parque. Este inocente juego luego trajo consecuencias, pero eso merece post aparte.
El caso es que salimos agotados, pero felices de haber visto tantas maravillas.
Sin pensarlo dos veces le mandé un whatsapp a mi hermana proponiéndole una excursión de última hora y ella aceptó encantada.
Al día siguiente a las diez tirábamos para el jardín botánico canario, que es una maravilla. A mí, sobre todo me impresiona la parte dedicada a los cactus. Es de una belleza increíble.
Todos disfrutamos descubriendo plantas extrañísimas con troncos peludos o millones de pistilos rojos, árboles que parecían sacados de un cuento de hadas ("¡¡Daniel!! ¿¡¡Que haces!!? Baja de ese árbol" "Estoy buscando a los gnomooooos"), las bolitas minicactus.... Y un montón de maravillas más.
El mayor se llevó una gran alegría cuando encontró la planta de la que se muerde el tallo y sabe a algo parecido al limón. Después de ventilarse más de veinte decidió que no le gustaba nada. ¡Es un caso!
Nos adentramos en el impresionante bosque de los Dragos, en los rincones más selváticos, en los más claros llenos de mullido cesped... Incluso encontramos la tumba escondida, en la que alguien había dejado flores.
Durante todo el recorrido, Raúl les fue contando a los peques aventuras de Indiana Jones inventadas y los tuvo encandilados. Y es que el paisaje se prestaba a ello con sus cuevas y barrancos. Ya ni me acuerdo de las escaleras que pudimos llegar a subir y bajar.
Terminamos la visita en el centro de exposiciones, dónde los peques jugaron con unos gatos que viven allí y son alimentados por los guardas del parque. Este inocente juego luego trajo consecuencias, pero eso merece post aparte.
El caso es que salimos agotados, pero felices de haber visto tantas maravillas.
martes, 12 de enero de 2016
El libro secreto del Club de las Zapatillas Rojas
Cuando pedí "Este libro es secreto" de la serie del Club de las Zapatillas Rojas al club de lectura de Boolino Friends, pensaba que era una nueva aventura de este grupo de chicas con grandes inquietudes y sueños, pero me encontré con una grata sorpresa. Lo presentan como el cofre de los pensamientos más íntimos de las protagonistas, pero al pasar sus páginas me he encontrado con un montón de ejercicios para fomentar la creatividad, conocerse a uno mismo, ver la vida de la forma más optimista posible... ¡Me ha encantado!
Se supone que las actividades y gotas de sabiduría están pensadas para niñas de entre nueve y once años, pero a mí algunas me parecen universales. Confieso que yo he realizado algunas que me han parecido interesantes como inventarme historias sobre mis compañeros de vagón de metro, llenar una página de palabras, frases, garabatos y dibujitos sin sentido, hacer una lista de las personas que más han influido en mi vida y por qué, averiguar cual es mi tipo de sonrisa, elegir una fecha y acontecimiento histórico que me gustaría presenciar si pudiera viajar en el tiempo... Entre otras muchas. La de bailar como una loca cuando me siento deprimida, escribir una canción imaginando que suenan violines o reunirme con mis amigas en un lugar apartado y que cada una lleve algo importante en su vida ya me parece demasiado para mí.
Este libro puede parecer, en un principio que va a estar repleto de una sarta de ideas superficiales, pero, en cuanto vas pasando sus páginas llenas de dibujitos encantadores, descubres que está lleno de ejercicios de coaching y filosofías de la vida de lo más interesantes.
También hay muchas menciones a la moda, al aspecto físico y a la idea de la amistad ideal. Hay que recordar que va dirigido a adolescentes y en esa época de nuestra vida las prioridades son otras. Afortunadas ellas que no tienen que pensar en facturas, fechas de entrega en el trabajo, listas de la compra, la batalla contra la pelusas, etcétera, etcétera...
Todas las páginas están adornadas con ilustraciones llenas de chicas modernas, corazones, globos, móviles, estrellitas y todos los motivos que sabemos que van a triunfar entre el público al que va dirigido. Desde luego, está muy bien pensado y cuidado hasta el más mínimo detalle.
Este ejemplar, en concreto, se va para Las Palmas de Gran Canaria. A las manos de un jovencita de once años que le va a sacar más partido que yo. Aunque he sentido la oscura tentación de quedármelo y llenarlo con mis propias ideas y pensamientos. Ya sabes Natalia. Casi, casi te quedas sin él ;)
Se supone que las actividades y gotas de sabiduría están pensadas para niñas de entre nueve y once años, pero a mí algunas me parecen universales. Confieso que yo he realizado algunas que me han parecido interesantes como inventarme historias sobre mis compañeros de vagón de metro, llenar una página de palabras, frases, garabatos y dibujitos sin sentido, hacer una lista de las personas que más han influido en mi vida y por qué, averiguar cual es mi tipo de sonrisa, elegir una fecha y acontecimiento histórico que me gustaría presenciar si pudiera viajar en el tiempo... Entre otras muchas. La de bailar como una loca cuando me siento deprimida, escribir una canción imaginando que suenan violines o reunirme con mis amigas en un lugar apartado y que cada una lleve algo importante en su vida ya me parece demasiado para mí.
Este libro puede parecer, en un principio que va a estar repleto de una sarta de ideas superficiales, pero, en cuanto vas pasando sus páginas llenas de dibujitos encantadores, descubres que está lleno de ejercicios de coaching y filosofías de la vida de lo más interesantes.
También hay muchas menciones a la moda, al aspecto físico y a la idea de la amistad ideal. Hay que recordar que va dirigido a adolescentes y en esa época de nuestra vida las prioridades son otras. Afortunadas ellas que no tienen que pensar en facturas, fechas de entrega en el trabajo, listas de la compra, la batalla contra la pelusas, etcétera, etcétera...
Todas las páginas están adornadas con ilustraciones llenas de chicas modernas, corazones, globos, móviles, estrellitas y todos los motivos que sabemos que van a triunfar entre el público al que va dirigido. Desde luego, está muy bien pensado y cuidado hasta el más mínimo detalle.
Este ejemplar, en concreto, se va para Las Palmas de Gran Canaria. A las manos de un jovencita de once años que le va a sacar más partido que yo. Aunque he sentido la oscura tentación de quedármelo y llenarlo con mis propias ideas y pensamientos. Ya sabes Natalia. Casi, casi te quedas sin él ;)
lunes, 11 de enero de 2016
¡¡Ya vinieron los Reyes!!
Los Reyes han pasado por la casa de mi madre cargaditos de regalos increíbles. Fue un día lleno de emoción para grandes y pequeños. Las sonrisas y las expresiones de sorpresa al revelar el contenido de cada paquete no tienen precio.
Los peques se levantaron con calma. Algo incomprensible para mí que me levantaba en cuanto veía en el reloj que daban las seis de la mañana, hora límite que nos ponía mi madre para ir a buscarles. Daniel abrió el ojito sobre las ocho y accedió a esperar al dormilón de su hermano mientras jugaba a su adorada tablet, pero sin quitar un ojillo de la pila de regalos.
En cuanto Iván bajó las escaleras se lanzó a por los paquetes. Justo en ese momento llegaba mi sobrina y sus padres. Teníamos pensado aguantar un poco más a que llegaran mi hermana y su novio, pero fue imposible, así que los niños se lanzaron a desgarrar el papel de regalo de su primer paquete: ¡Muñecos de Plantas contra Zombies! Enormes, resistentes y con plantas que tiran bolitas de colores. "¡Abremelo, mamiiiii! ¡¡¡¡Abremeloooooo yaaaaaa!!!" gritaban los dos como energúmenos. Y desparramamos un montón de bichos del famoso videojuego por la mesilla del salón.
Pero su atención duró poco en la batalla campal de las bolitas porque la abuela las recogió todas antes de que llegaran el perrito comejuguetes: Pitufo. Todos los años nos llevamos algún regalo personalizado con sus dientes. Pero en esta ocasión, mi madre no lo iba a permitir. Y por los pelos, porque le pillaron con alguno entre las fauces. Menos mal que lo salvaron a tiempo.
El caso es que los peques siguieron con el regalo que les habían traído en casa de mi hermano y fliparon. Coches de carreras de los clics... ¡que corren que se las pelan! Como mola hacer carreras con ellos. Uno de ellos acabó volando por las escaleras y nos temimos lo peor, pero ahora sabemos que son extremadamente resistentes. Eso sí, advertimos a Daniel que otro descuido como ese y guardamos el coche hasta que lleguemos a Madrid.
La prima Natalia se encontró también con muchas sorpresas maravillosas. Posaba con sus regalos inmensamente feliz.
El momento más entrañable fue en el que nos sentamos todos a ver que salía de los huevos de dinosaurio que les habían traído los Reyes a mis hijos. Entre birbujas nacieron Pez y Manchitas, dos dinosauritos muy monos y graciosos.
Después de tantas emociones estábamos listos para engullir el rico roscón de Reyes. Aunque, personalmente, el que nos hizo Raúl para Navidad estaba mil veces más bueno. Para qué mentir...
En ese momento asomó la nariz mi hermana y José con Micra y el comejuguetes con cara de inocente Pitufo. El tío Fernando ya le había adelantado su regalo a un Tapón extremadamente feliz y ahora les tocaba a los más pequeños recibir su huesito y si juguete. Casi desbancaron a los niños como los protagonistas del día con sus saltitos nerviosos y sus colas ventilador.
Pero, al final, los mayores no se quedaron atrás y posaron más que ilusionados con sus camisetas nuevas del asombroso Spiderman. Entre muchos otros regalos igual de alucinantes.
A la abuela Matilde se le iluminaron los ojos con su álbum de fotos de Printoria y sus cremitas de Compositum. Le parecieron un tesoro ambos regalos.
Y yo también estaba feliz con mi bolso de Desigual y mi cinturón de piel. Todo aciertos.
Encima, mi hermano se puso a rebuscar en su coche y sacó más regalos para todos. A mí me dio un polar militar de lo más calentito y a los niños unas gorras chulísimas que Daniel no se quita casi ni para dormir. Ahora dice que es un general, que no recibe órdenes de nadie y que necesita más autonomía. ¡Que paciencia hay que tener!
Fue un día increíble. Que pena que se acabe la Navidad. Aunque a estos pillos aún les quedan los Reyes de Madrid, que por nuestra casa también pasan :D
Los peques se levantaron con calma. Algo incomprensible para mí que me levantaba en cuanto veía en el reloj que daban las seis de la mañana, hora límite que nos ponía mi madre para ir a buscarles. Daniel abrió el ojito sobre las ocho y accedió a esperar al dormilón de su hermano mientras jugaba a su adorada tablet, pero sin quitar un ojillo de la pila de regalos.
En cuanto Iván bajó las escaleras se lanzó a por los paquetes. Justo en ese momento llegaba mi sobrina y sus padres. Teníamos pensado aguantar un poco más a que llegaran mi hermana y su novio, pero fue imposible, así que los niños se lanzaron a desgarrar el papel de regalo de su primer paquete: ¡Muñecos de Plantas contra Zombies! Enormes, resistentes y con plantas que tiran bolitas de colores. "¡Abremelo, mamiiiii! ¡¡¡¡Abremeloooooo yaaaaaa!!!" gritaban los dos como energúmenos. Y desparramamos un montón de bichos del famoso videojuego por la mesilla del salón.
Pero su atención duró poco en la batalla campal de las bolitas porque la abuela las recogió todas antes de que llegaran el perrito comejuguetes: Pitufo. Todos los años nos llevamos algún regalo personalizado con sus dientes. Pero en esta ocasión, mi madre no lo iba a permitir. Y por los pelos, porque le pillaron con alguno entre las fauces. Menos mal que lo salvaron a tiempo.
El caso es que los peques siguieron con el regalo que les habían traído en casa de mi hermano y fliparon. Coches de carreras de los clics... ¡que corren que se las pelan! Como mola hacer carreras con ellos. Uno de ellos acabó volando por las escaleras y nos temimos lo peor, pero ahora sabemos que son extremadamente resistentes. Eso sí, advertimos a Daniel que otro descuido como ese y guardamos el coche hasta que lleguemos a Madrid.
La prima Natalia se encontró también con muchas sorpresas maravillosas. Posaba con sus regalos inmensamente feliz.
El momento más entrañable fue en el que nos sentamos todos a ver que salía de los huevos de dinosaurio que les habían traído los Reyes a mis hijos. Entre birbujas nacieron Pez y Manchitas, dos dinosauritos muy monos y graciosos.
Después de tantas emociones estábamos listos para engullir el rico roscón de Reyes. Aunque, personalmente, el que nos hizo Raúl para Navidad estaba mil veces más bueno. Para qué mentir...
En ese momento asomó la nariz mi hermana y José con Micra y el comejuguetes con cara de inocente Pitufo. El tío Fernando ya le había adelantado su regalo a un Tapón extremadamente feliz y ahora les tocaba a los más pequeños recibir su huesito y si juguete. Casi desbancaron a los niños como los protagonistas del día con sus saltitos nerviosos y sus colas ventilador.
Pero, al final, los mayores no se quedaron atrás y posaron más que ilusionados con sus camisetas nuevas del asombroso Spiderman. Entre muchos otros regalos igual de alucinantes.
A la abuela Matilde se le iluminaron los ojos con su álbum de fotos de Printoria y sus cremitas de Compositum. Le parecieron un tesoro ambos regalos.
Y yo también estaba feliz con mi bolso de Desigual y mi cinturón de piel. Todo aciertos.
Encima, mi hermano se puso a rebuscar en su coche y sacó más regalos para todos. A mí me dio un polar militar de lo más calentito y a los niños unas gorras chulísimas que Daniel no se quita casi ni para dormir. Ahora dice que es un general, que no recibe órdenes de nadie y que necesita más autonomía. ¡Que paciencia hay que tener!
Fue un día increíble. Que pena que se acabe la Navidad. Aunque a estos pillos aún les quedan los Reyes de Madrid, que por nuestra casa también pasan :D
domingo, 10 de enero de 2016
Una cabalgata llena de confetti
Este año no han tirado ni un sólo caramelo en la cabalgata de reyes, pero lo que sí ha llovido es confetti en cantidades industriales. Y mis niños felices.
Las chuches las daban en mano que es más seguro. Pasaban los pajes y te endosaban un buen puñado, así que nos hemos venido con la colección de siempre que luego ni se comen (sería una locura).
Ante los ilusionados ojos de mis hijos han desfilados dinosaurios, caballos de peluche, minions, romanos... Hay que ver como lo viven. Y al final los tres Reyes Magos. A los que han gritado a todo pulmón lo bien que se habían portado.
El pobre Gaspar casi se cae del camello porque el animal era un rebelde y lo tenía mareadísimo. ¡Hasta se tuvo que bajar unos minutos de su montura, recomponerse y ¡ale! a seguir camino dando tumbos camelliles.
Lo que más me ha gustado es que no ha sido muy larga y así no nos cansábamos ni los peques ni los mayores de ver pasar carroza tras carroza. Las personas que desfilaban eran majísimas y se acercaban a los niños a hacerles guiños, bromas, darles chucches o acariciarles el pelo. Y todos encantados y con ojos relucientes pensando en que la mañana siguiente se verían rodeados de flamantes regalos.
Tuvimos suerte y conseguimos puestos en primera fila. Como nos pusimos hacia el final no había mucha gente. Hasta nos poníamos a bailar con la música pachanguera de las carrozas de vez en cuando. El pobre Iván se tapaba los oídos y protestaba del volumen. Yo también creo que se pasan dos pueblos y que salimos todos sordos de allí, pero muertos de la risa y felices.
Las chuches las daban en mano que es más seguro. Pasaban los pajes y te endosaban un buen puñado, así que nos hemos venido con la colección de siempre que luego ni se comen (sería una locura).
Ante los ilusionados ojos de mis hijos han desfilados dinosaurios, caballos de peluche, minions, romanos... Hay que ver como lo viven. Y al final los tres Reyes Magos. A los que han gritado a todo pulmón lo bien que se habían portado.
El pobre Gaspar casi se cae del camello porque el animal era un rebelde y lo tenía mareadísimo. ¡Hasta se tuvo que bajar unos minutos de su montura, recomponerse y ¡ale! a seguir camino dando tumbos camelliles.
Lo que más me ha gustado es que no ha sido muy larga y así no nos cansábamos ni los peques ni los mayores de ver pasar carroza tras carroza. Las personas que desfilaban eran majísimas y se acercaban a los niños a hacerles guiños, bromas, darles chucches o acariciarles el pelo. Y todos encantados y con ojos relucientes pensando en que la mañana siguiente se verían rodeados de flamantes regalos.
Tuvimos suerte y conseguimos puestos en primera fila. Como nos pusimos hacia el final no había mucha gente. Hasta nos poníamos a bailar con la música pachanguera de las carrozas de vez en cuando. El pobre Iván se tapaba los oídos y protestaba del volumen. Yo también creo que se pasan dos pueblos y que salimos todos sordos de allí, pero muertos de la risa y felices.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















































