martes, 19 de julio de 2016

Natural Honey Oil and Go

Salta de la cama, prepara desayunos, mochilas para el cole o campamento, corre a trabajar, llena la nevera, limpia, ordena, organiza, recoge a los niños... Buuuuf. No hay horas en el día a día para ese momento de relax y belleza que a todas nos gusta disfrutar. Como mucho, quince minutos en la ducha y a sequir corriendo. Tic tac, tic tac el tiempo vuela... Y así tengo la piel de reseca. Con este sol asfixiante y la de polución que hay en el ambiente... Da penita verla a la pobre: escamada y reseca. No veía solución a mi problema hasta que Youzz me presentó su nueva campaña: Natural Honey Oil & Go de Revlon. ¡Uy! se me fue el dedo y me apunté casi sin darme cuenta. Creo que fue ese reloj que aparece en la O de Go. Como el reloj que rige mi vida ahora mismo (menos mal que las vacaciones no están lejos).

Mentiría si no dijera que esperaba que me enviaran mi botellita como agua de mayo. Estaba deseando dar algo de vida a mi castigada piel sin tener que perder ni un segundo en cremitas varias. Y llegó el cargamento. Mi botella rosada de Oil and Go con aceite de Rosa Mosqueta, BB Oil, me llegó a los pocos días acompañada de un montón de muestras para amigos y familiares. ¡Anda que no se pusieron contentos cuando les di su botellita! Es que el producto es de lo más práctico. Te das tu ducha diaria y te lo aplicar en la piel mojada después de aclarar el jabón y antes de secarte con la toalla. Un minuto y listo. El aceite hidratante empieza a hacer su trabajo. Y tu piel no queda pringosa. Te puedes vestir al instante. BB Oil está hecho con Almendras dulces y rosa mosqueta para conseguir una extrema hidratación de la piel.

No sé si mi piel estaba ya en las últimas y pedían algo así a gritos o que es lo normal, pero yo empecé a sentir los efectos muy pronto. La nueva suavidad y el aspecto más fresco de mi epidermis es patente. Sobre todo la sensación de gusto y relax tras la ducha ultrahidratante.

El de Rosa mosqueta está pensado también para niños, así que he untado a base de bien a los peques, porque ambos sufren de piel seca. Iván se lo extiende como si fuera el mismísimo jabón y sólo le he sacado un escueto "bien". Pero para Daniel ha sido un cambio muy agradable. No le gustan nada las texturas de las cremas. Además, las tacha de estar muy frías. Aunque la última que estábamos usando le está yendo muy bien y la tolera bastante bien. El caso es que este aceite le ha encantado. No es plastoso, no está frío y se aplica en la ducha y no fuera de ella. "Es perfecto", exclamó feliz. "Ya no quiero cremas. Sólo eso. ¿Eh Mami?". Teniendo en cuenta que su piel es muy seca de por si, no sé si daremos de lado las cremas, pero por ahora le estoy dando el gusto. El hecho de que el olor del aceite sea tan ligero creo que le da puntos frente a los peques. Los míos, por lo menos, son muy sensibles a las colonias y perfumes con olores fuertes. Enseguida arrugan la nariz.

Además, del de Rosa de mosqueta hay otras dos variedades: Coco Addiction, aceite de coco, y Elixir de Argán, aceite de Argan y Omega3. La primerá está pensada para nutrir pieles secas y aportar suavidad. La segunda para regenerar y reparar la piel.

Nosotros, por ahora, nos quedamos con la botella rosa, que nos ha gustado a toda la familia.

lunes, 18 de julio de 2016

Un paseo lleno de descubrimientos

Este fin de semana pasado también nos hemos dado el salto a Covarrubias porque nos habíamos enterado de que se iba a jugar una partida de rol en vivo medieval. Según el programa hasta mercadillo iban a montar. La cosa pintaba bien, pero, una vez allí, todo quedó en agua de borrajas.

El juego sólo se desarrollaba en al campamento de los participantes, al que, lógicamente, no se podía acceder, el famoso mercadillo sólo tenía cuatro puestos mal contados y en el tercer enclave dónde se suponía que íbamos a encontrar mucho ambiente medieval sólo encontramos una barra de bar montada y restos de un pelea: un escudo de corcho roto un una bola, también de corcho, pintada de gris.

Los peques, enseguida quisieron llevarse los trofeos a casa, pero sólo les dejé quedarse con la bolita porque el escudo estaba bastante entero y pensé que alguien podría arreglarlo y aprovecharlo (además estaba lleno de grapas y clavos. Peligrosísimo en malas manos).

Así que nos quedamos con las ganas de ver a los caballeros y sus batallas, pero encontramos otras muchas cosas. En el mercadillo, nos hicimos con unas patatas fritas deliciosas, de las que, la tendera aseguraba que habían sido hechas con.. ¡saltamontes! En un principio, mis churumbeles se echaron para atrás al oír el ingrediente principal, pero en cuanto vieron a su madre lanzarse al expositor para probarlas muerta de la curiosidad, se les quitó la tontería. No sé si es verdad que eran de bicho, pero el caso es que estaban buenísimas y nos hicimos con tres paquetes.

Cerca del campamento descubrimos una piel de serpiente enterita. Se la enseñé a mis peques y enseguida se la quisieron quedar, pero como no se atrevían a tocarla (quien entiende a estos peques), tuve que colocarla en un palo para que la pudiera llevar el mayor como si fuera un trofeo.

Dos pasos más allá, en el río, el más pequeño señalo entusiasmado una piedra llena de agujeros demasiado geométricos: "Miraaaad", chilló entusiasmado, "Una piedra de la atlántida".

Y comenzó a contarnos una historia sobre como la atlántida estalló con una explosión mayor que la del big bang. "Pero entonces la tierra se hubiera destruido", le rebatió el hermano. "Pero es que estoy hablando de otro planeta", se defendió el pequeño sin pestañear. ¡Vaya par de científicos!

También cerca del río encontramos una estrella de gomaeva. ¡vaya tesoro! Pero se quedaron con las ganas porque no les dejé cogerla. "Le hacemos una foto y así la tenemos para siempre, pero no nos la llevamos por si es una pista del juego medieval". No les hizo mucha gracia, pero se tuvieron que conformar.

De todas formas ya nos llevábamos muchos tesoros a casa: las patatas de saltamontes, la piel de serpiente, el bola gris... La piedra de la Atlántida no porque para llegar a ella había que mojarse mucho y además pesada demasiado. Si aparecemos con eso por la casa la abuela nos echa con toda la razón jajaja

sábado, 16 de julio de 2016

El pastel Revoltoso

El mes pasado nos pasamos por la biblioteca y nos hicimos con una buena provisión de libros. Cogimos muchos chulísimos para enriquecer nuestra hora del cuento.

Entre todo ese montón de páginas ilustradas con historias sorprendentes tengo que destacar uno que ha triunfado tanto que lo han pedido cada noche durante todo el periodo que ha estado en nuestras manos: El pastel revoltoso.

No sé que es lo que les ha gustado más. Si las subrrealistas ilustraciones llenas de detalles asquerosos o los textos rimados sobre las guarradas gastronómicas más inverosímiles.

El caso es que el señor Zarrapastroso, con su casa maloliente y sus recetas semovientes han sido una locura para estos peques. Increíblemente el final es feliz. Más o menos.

Y depende de para quien. Porque mis hijos preferían las personalidad inicial de nuestros desagradable protagonista.

Al pastel hay que reconocerle su buena educación a pesar de las malas intenciones, que todo hay que valorarlo. Y el texto en rima le da a toda la historia un toque marchoso que anima a seguir leyendo a pesar de las mezclas pringosas asquerosas.

Cuando llegó el momento de devolverlo casi se lo sabían de memoria y les dolió muchísimo separarse de él.


viernes, 15 de julio de 2016

El río el mejor remedio para el calor

No hace falta decir que el finde pasado apretó bastante Lorenzo. Y mis chicos, encima, con sus atavíos medievales lo debieron pasar medio regular. Así que, cuando el domingo les propuso su padre un chapuzón en el río no se lo pensaron dos veces, se pusieron el bañador, cogieron las redes y ¡al río! ¡al río!

Los niños encantados y yo con la piel erizada porque, síq ue hacía calor, sí, pero el agua estaba helada. Y a ver quien le dice que no a Iván cuando te coge la mano, te mira con oijtos y te prgunta: "¿Te bañas conmigoooooo?". Allá que fui haciendo tripas corazón a probar si eso de los contrastes es tan bueno para la tonificación muscular.

Mientras tanto, el mayor no paraba quieto dentro, fuera del agua, sobre las piedras, demasiado profundo, demasiado lejos... ¡Una locura! me quedé ronca de gritar "¡No te alejes tantooo! ¡No te metas tan profundoooo! ¡Ven aquíiiii!". Y toda la gente mirándome con una cara... Es que era la única que se desgañitaba. Y el peque sordo perdido a los ruegos de su madre.

Se movía con la agilidad de un pez. En una de esas se llevó el cubito al agua y ¡uuuups! "Se lo he llevado al corriente. Ya veis a su madre matándose sobre las piedras resbaladizas para alcanzar el dichoso cubo. ¡Se acabaron los juguetes dentro del río! "Vale mamiiiiii" ¡Y todos a mi lado ya!

Menos mal que hubo un momento de paz y sosiego en el que decidieron jugar juntos (¡milagro, milagro!), en una zona nada profunda del río. Un poco de paz por fin.

Al rato, me lo llevé protestando a casa porque teníamos que hacer la maleta. El fin de semana tocaba a su fin y había que volver a Madrid. No había niños más desconsolados que ellos en ese momento. Es que son muy teatreros.

jueves, 14 de julio de 2016

Cocinando con Zespri y conociendo el Kiwi amarillo Sungold

Mis chicos todo lo que sea cocinar y meter mano a la comida les suena a un plan genial, así que fueron pegando botes de contento al taller que organizó Zespri en Cocinea para presentarnos el kiwi amarillo SunGold.

Confieso que yo ya lo conocía y que me gusta mucho su sabor más suave y dulce que el del verde. Es una fruta muy fresca e ideal para verano e invierno porque tiene muchísima vitamina C y previene de los molestos enfriamientos y resfriados. La suerte es que a Daniel, que no le gusta el verde, le ha gustado el amarillo.

En mi casa tenemos un devorador de kiwis que estaba deseando hincarle el diente a esta variedad, el pequeño Iván. Últimamente está tan obsesionado con esta fruta como su hermano por el plátano. Llegamos a Cocinea y nos encontramos una fiesta montada con un señor kiwi de protagonista y un montón de globos gigantes hacia los que se tiraron mis niños de cabeza. El señor kiwi, se quitó la piel durante un rato y jugó como un niño más con los peques, que estaban encantados de tener su atención.

Mientras jugaban fueron repartiendo unos croassanes rellenos de mermelada de kiwi deliciosos de los que tenemos la receta en uno de los libros de recetas que nos dieron y que haremos próximamente seguro.

Tras un buen rato de esparcimiento infantil, empezó la clase de cocina con unas brochetas de pollo y kiwi a la salsa barbacoa (también hecha con kiwi) para chuparse los dedos. En mi mesa, el pequeño devoraba el kiwi y el mayor el pollo, así que nos llegó para las brochetas de milagro.

Hay una forma especial de cortar y pinchar los trozos de kiwis para que no se rompan. El truco está en cortar la fruta en cuatro y de ahí a hacer los trozos dejando siempre un trozo del corazón y otro exterior en cada pedazo.

Luego ensartamos de fuera para dentro y así nos queda bien sujeto y sin peligro de que se nos rompan. Así nos los explicó nuestra maestra cocinera. Era un lujo oírla y una maravilla la paciencia que tuvo con todos los peques revolucionados que bullían alrededor de la mesa.

La segunda receta fue todo un reto: Uramaki de gambas. Algo más complicada que las brochetas, pero también muy divertidas de hacer.

A los peques les encantó el detalle del bol de agua en el que tenían que humedecer ligeramente las manos antes de tocar el arroz porque si no se pega a los dedos.

Por supuesto, Daniel casi se duchó literalmente con el bol, e hizo una guarrada de agua que daba vergüenza mirar. Pero todo con una sonrisa inocente de "me lo estoy pasando genial" que a ver quien era el guapo que le decía nada.

Por cierto, para conseguir que el arroz te quede con la textura pegajosa ideal para sushis, uramakis y sashimis yo tengo un truquete. Lo hago en la olla exprés. Nos lo contaron en un taller de sushi al que asistí en mi otra vida, cuando no era madre. Deja la cocina hecha un asco de almidón, pero el arroz queda perfecto. Y otro truquito, para cortar los uranakis sin que se te pegue el arroz hay que humedecer el cuchillo igual que hemos hecho con las manos.

El animador estuvo ayudando a los chiquillos con sus Uramakis mientras intentaba por todos los medios que Daniel e Iván no acabaran con las existencias de ingredientes.

"¿Tu crees que si ese niño pusiera un restaurante llegaría la comida a la mesa?" Oí que comentaba impresionado uno de los asistentes a mis espaldas. Yo encantada de que le guste comer y probar sabores nuevos, peeeero todo los extremos son malos y este peque no tiene límite.

A pesar de los devoradores de ingredientes conseguimos el reto, ayudadas por nuestra maestra cocinera que nos cortó amablemente el aguacate y el kiwi. Nos salieron unos Uramakis bastante decentes a pesar de la inexperiencia. Cuando los cortaron y colocaron en un plato quedaron preciosos. Tanto que daba un poco de pena comérselos. Pero que duda cabe que nos los comimos y ¡¡estaban buenísimos!! Nos trajeron palillos y todo para crear ambiente. Lo que nos pudimos reír con los palillos. reír y reñir, porque a veces pueden ser usados como arma punzante y ¡eso no está bien!

Fue genial encontrarme allí a Nessa de Gololo y Toin, Maricarmen de Desvaríos de una madre, a Olga de Cuéntamelo Bajito, a Blanca de Mimos para mamá, a Marisa de Madres estresadas y a Tamara de Cookita. Y conocer a María de Pañales y más y a Lorena, de mi Pollito dice Pío. Los pasamos de maravilla y nos fuimos de allí llenos de nuevos conocimientos de cocina y de regalitos fantásticos. De todo lo que nos dieron los mejor para nosotros han sido los libros de cocina y los tuppers para llevar kiwis que incorporan un cuchillo-cuchara chulísimo. Pronto nos pondremos manos a los fogones para hacer más deliciosos platos a base de kiwis SunGold.