sábado, 23 de julio de 2016

Pokemon Go desde el tecnolerdismo

Me enteré por mi marido de que iban a lanzar un juego nuevo de Pokemon. Y de que era gratis. ¿Gratis? Pues ni me lo pienso. Instalar en el móvil. Ole.  Todo por mis niños.

En realidad, el jugón oficial de mi hogar es el papá. Que también se lo había instalado para buscar Pokemons por Covarrubias el finde pasado, pero entre que nos liamos buscando tesoros, el río y las anginas del mayor no hubo tiempo de estrenarlo.

El lunes por la tarde, Daniel decía que se encontraba perfectamente como para ir a buscar Pokemons, pero el papi no estaba, así que fue por esa razón que el juego acabó en mi móvil también. No tengo yo mucha confianza en mi manejo con los videojuegos, así que dudé bastante si esperar a Raúl o empezar sin él. Dos ojitos estilo bambi hicieron que me decidiera por fin.

Me metí en la tienda de apps del móvil y lo instalé. El juego me pedía el oro y el moro. Que si permisos para meterse en mis contactos, que si para ver mis fotos, que si para venderle mi alma... No a todo y ya está. ¡Ale!

Pues no. Mal, muy mal. ¿No me das permiso pues no funciono? Ainsss. Y ahora que hago. Dos niños espectantes y una madre tecnolerda. Eso sólo puede acabar fatal. Que no cunda el pánico. ¿Cómo se resuelve todo en el mundo de la informática? ¡Exacto! Reiniciando. Salir del juego y volver a entrar. Bueeeno, te doy permiso para lo menos grave y tan contentos. ¿Vale? Pues parecía que sí. Ya teníamos el jueguito. A sentarnos a jugar. Elegimos personaje, customizamos al gusto de los churumbeles, le ponemos nombre... Daniva ¡Pillado!, Bueeeeno, pues Danivan ¡Pillado! Aaarg. DanielIvan. ¡Pillado! ¿¿Cómo??... "Yo quiero llamarlo cazador de Pokemons, mami", me sugirió Iván con su vocecita. "Nooooooo", opinó vehementemente Daniel. Una lucecita se encendió en mi mente. Cazador Danivan. ¡Bingo! Y todos contentos.

Vaaaale. ¿Y ahora qué? ¿Donde se lucha? ¿Dónde se encuentran las cosas? ¿Dónde están los mandos? ¡Ah! Que no. Que hay que andar. Pues ale. Vamos pasillo arriba, pasillo abajo... No encuentra señal de GPS, no encuentra señal de GPS... Buuuuf. No, si me va a obligar a vestirme y salir y todo. "Porfi mamiiiiiiii", otra vez esos ojitos de bambi.... Ainsss. Bueeeno.

¡Todos a la calle! El de las anginas, el del resfriado y la mala madre tecnolerda. ¿A ver que pasa si le doy con el dedo a esos rombos azules raros? Aaaah, que son pokeparadas o algo así. Sí recuerdo que las nombró el sensei, maestro o lo que fuera el personaje que te aparece explicándotelo todo y que tu hijo mayor pasa rápido porque "Esto es un rollo".

Pero no da tiempo a llegar a la parada porque, de repente, ¡Aaaaah! ¡¡¡Un bicho, un bicho!!! Digo... ¡Un pokemon! "¿Donde? ¿Donde? ¡¡¡Dale con el dedooooo mamáaaa!!!" "Yoooo, le doy yooooo", "¡Vale, pero no hace falta que le des tan fuerte que lo aplastaaaaaas!" "¿Donde se ha ido? Ah, que no se ha ido. ¡Parad de una vez que estáis moviendo la pantalla". Tras ese momento de pánico, por fin tocamos bien al bicho y nos plantó cara en un... ¡escenario totalmente blanco! ¿Donde está la calle? ¿Cómo hace la gente esas fotos que sube en el facebook? Yo no entiendo nada. A los peques les dio igual el fonde en blanco y empezaron a gritar. "Mamáaaaa. ¿Que haces? Atrápalo que se escapa". Vaaaaale, vaaaale. Pero no se escapaba, no, porque ese te lo dan de regalo. Creo. No costó mucho al menos.

El siguiente sí que fue un sufrimiento. "¿Pero que hay que hacer?" "Y yo que sé. Toca la pokebola esa a ver" "Uy, se cae" "Mira mami, el pokemon se está riendo" No me extraña se debe estar partiendo con la birria de cazador. Pero no, que no se reía. Que nos estaba gruñendo. Ay dios, ay dios. ¡Que nos va a atacar! Pero no, el bicho seguía en su sitio más o menos. Esperando que le lanzáramos las pokebolas sin acertar ni de lejos. Por fin nos hicimos con él. Por fiiiiiiin.

"El siguiente yo. ¿Eh, mami?", me pidió Daniel con energía. Pasamos por un montón de pokeparadas a pillar cosas que no sabemos ni como se usan ni qué son (las bolas sí. Lo único). Por alguna pokeparada pasamos hasta tres o cuatro veces. Que bien que se recarguen.

En cuanto aparecía un Pokemon en la pantalla nos liábamos a gritar: "¡Ahiiiiii! ¡Cógelo! ¡Cógelo!". Todo un espectáculo vernos. Daniel le pilló el truco mucho más rápido que yo al tiro al pokemon. Invité a Iván a que lo intentara él, pero me dijo que le daba miedo fallar.

"¿Y por qué si está visto y comprobado que los tiros son ilimitados y que nunca pierdes?" le debí convencer con mi razonamiento porque tampoco tardó mucho en pillarle el truco (Actualización: las pokebolas no son ilimitadas ainss. Y los pokemon sí se pueden escapar si tienes que ir a por más a la pokeparada más cercana).

Nuestro primer encuentro con un gimnasio fue muy decepcionante: "A ver toli. ¿Cómo vas a entrar con esa nivel de porquería? Vuelve cuando seas, por lo menos, por lo menos, nivel cinco". Ese no era exáctamente el mensaje que aparecía, pero la esencia es la misma.

De repente, vi que Daniel empezaba a tener mala cara y di por terminada la caza. Ambos protestaron muchísimo porque querían entrar a un gimnasio y sólo íbamos por el nivel tres, pero no hubieron peros que valgan. Todos a casa a por el Dalsy.

Cuando llegó el papá, Daniel volvía a estar pletórico. Raúl se quedó un poco chafado cuando se enteró que habíamos jugado sin él. Así que, aprovechando que tenía que ir a comprar unos imprescindibles, me acompañó la familia para cazar algún pokemon por el camino. Reinicié el juego, di el permiso de que se metiera en mis fotos y ya tenía los fondos correctos. Cada niños llevaba un móvil y daban saltos de alegría cada vez que se topaban con un Pokemon. Les hice algunas fotos con los bichos y nos lo pasamos muy bien. Aunque se nos colgaba el juego cada dos por tres. Y perdimos algún Pokemon por esa razón. Que rabia, que rabia.

Por fin, llegamos al nivel cinco y nos metimos emocionados en nuestro primer gimnasio, en el que nos esperaba un pedazo de bicho de 1000 de fuerza, mientras que nuestro pokemon más poderoso tenía poco más de cien. ¡Ole! Patada en el culo y fuera del gimnasio en medio minuto. Si a eso le sumamos que no tengo ni idea de cómo se combate y que tocaba la pantalla a lo loco podría decir que nos echaron incluso antes. ¡¡Pero que birriaaaa!! ¿Y para eso tanta expectación?

Lo primero que dijo el pater en cuanto entramos en casa fue "Voy a desinstalarlo. Es más malo que el hambre". "Nooooo" aullaron las fierecillas. "Por favooooor, no". Así que aún sigue en ambos móviles. Yo se los pongo cuando vamos de camino a algún sitio: al parque, al super, al campamento... Pero una vez en el lugar de destino lo apagamos y nos centramos en nuestras tareas: jugar, comprar, darme besos antes de desaparecer por la puerta del cole... No sé si le sacaremos mucho más jugo.

10 comentarios:

  1. bufffff. q lío!!!! jajaja yo en juegos ando peor q tú. Sé q la gente anda como loca con esto de los Pokemon, yo... no he probado, aunque me parece divertida y loca vuestra aventura jajajaj quizá me anime, no sé ... jajja q me estreso, jejejej ¡vaya lío! aunque las fotos muy chulis :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No pierdes nada si luego sabes como desinstalarlo jajaja
      Yo no sé. Cuando se les pase la fiebre a estos peques le pediré a mi marido que me lo borre ;)
      La verdade s que es divertido las diez primeras veces que cazas pokemon, pero luego ya es muy repetitivo. Y con mi mala puntería me pego un buen rato parada como un pasmarote en medio de la cale con el ceño cada vez más fruncido y tirando pokebolas como loca aaarg
      Debo ser todo un espectáculo para la gente que pasa por mi lado jajaja Y de repente: "Ya no te quedan pokebolas" ¡¡¡¡¿¿Cómooooo???!!! A buscar una `pokeparada ainsss Menos mal que hay muchas :D

      Eliminar
  2. Con lo aventureros que os he visto siempre y ahora no podéis con unos bichejos jajaja... Seguro que el Zombis vs Plantas os da menos quebraderos de cabeza... ¿no?

    ¡Un muackiles para todos! (Pokemons incluidos) Espero que tus dos Cazadores se encuentren bien.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya están de maravilla y dando guerra como ellos solos jajaja
      Se están haciendo expertos cazadpres de pokemon. No como su madre ;)

      Eliminar
  3. Genial relato. Yo también lo he instalado por mis hijos y tampoco le acabo de pillar a l truco. Un beso.��

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que las que no somos jugones lo tenemos crudo con la nueva generación jajaja
      Suerte con Pokemon go

      Eliminar
  4. Yo para estas cosas soy bastante tecno lerda también. No le veo yo la gracia a este juego aun, será como todo.

    ResponderEliminar
  5. Yo para estas cosas soy bastante tecno lerda también. No le veo yo la gracia a este juego aun, será como todo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nosotros hemos acabado por engancharnos. La gracia está en que tienes salir, caminar, hablas con la gente que está cazando... Es muy social :D

      Eliminar

Me encanta saber lo que piensas.