Mirando sitios chulos para llevarles se me ocurrió consultar el programa de exposiciones del Espacio Fundación telefónica y ¡ni hecho a propósito! Justo tienen una de Impresiones en 3D. Tenía que llevar a los peques. Ya que han mostrado tanto interés...
Nos plantamos de allí un día de lluvia y viento. Qué mejor plan que uno a cubierto. Nada más entrar en el recinto de la exposición lo fliparon con la primera figura. Unos hilos que brillan en la oscuridad. Y, a medida que avanzábamos la que lo flipaba era yo. Máquinas, ortopedia, moda, juguetes... Nada se salva de esta nueva tecnología que está invadiendo todos los sectores.
Me hubiera gustado verla con más calma, pero mis hijos parecían tener prisa por descubrir qué sería lo siguiente. Sólo se pararon un buen rato ante el castillo de juguete y sus figuras. Ahí es cuando se pararon, me miraron fijamente y me soltaron: Mamá. Está claro que necesitamos una impresora 3D en casa.
Ay diossss. Espero que se les quite la idea de la cabeza.
Aprovechando que estábamos allí visitamos también la exposición de fotografías que adorna la cafetería y que, al final, aseguran que fue lo que más les gustó. Sobre todo una foto de un perro babeando por unas galletas. Y Con los ojos bien abiertos. 100 años de fotografía Leica. Esta última les impresionó, gustó y horrorizó a partes iguales. Es que habían fotos de todos los estilos y contenidos. Algunas un poco fuertes para ellos. Así que, digamos que en algunos tramos les arrastre más rápido de lo que ellos podían caminar. Una serie de señoras mayores le dio un buen susto a Daniel. Las bautizó como las abuelas del terror.
También nos pasamos por la exposición permanente en la que encontramos dos novedades: una centralita que se podía manipular (ole ole) y una cabina del tiempo a base de realidad virtual. Se pegaron a la centralita como si tuviera pegamento, pero, a pesar de leer y releer las instrucciones y de que una señorita majísima nos explicara como funcionara, no conseguimos conectar las dos líneas. ¡Buf! Qué difícil.
La cabina estilo Tardis también les llamó la atención, pero la monitora les echó un jarro de agua fría cuando les explicó que hasta los trece años no se recomienda que los niños hagan uso de la realidad virtual porque aún no tienen bien formada la retina. También me lo echaron a mí. Se me pusieron los pelos de punta al pensar que los míos ya la habían probado en varias ocasiones. Menos mal que han sido momentos muy puntuales. Pero ya lo sé para el futuro.
Con estos nunca se sabe.


























































