lunes, 4 de agosto de 2014

El gran castillo del parque: a la tercera va la vencida

Volvimos al parque de al lado de la casa de la tía Silvia dos veces más hasta que, por fin, encontramos abierto el parque de juegos del castillo grande. Los niños estaban empecinados en jugar en ese columpio en especial. En el segundo intento, también habían cerrado el parquecito pequeño, así que se contentaron con pegar brincos en las camas elásticas y en ir a visitar a los patitos al lago.

Y a la tercera... ¡Yupiiiii! Lo habían abierto por fin. Pero también habían instalado una atracción de rodillos inflables sobre agua que hizo que a mis churumbeles se les iluminaran los ojillos. Ni que decir tiene que se lanzaron a la cola como locos. Después de media hora de espera se metieron en el rodillo inflable muy emocionados y a Iván hubo que sacarle al minuto porque con el ímpetu que le ponía su hermano no paraba de rebotar contra las paredes de una forma un pelín violenta. El chico fue muy amable, porque nos devolvió el dinero del chiquitín y pudimos meterle en las camas elásticas.

Cuando salieron de pegar botes miraron a su tía con ojillos de bambi y gritaros: "Y ahora ¡¡¡al castilloooooo!!!" Mi hermana estaba agotada después de la sesión de piscina en su casa y atracciones, pero, como es una blanda, accedió y fue tan valiente como para meterse en el castillito atestado de fieras.

Lo cierto es que fue agotador. Iván se empeñó en subirse al tobogán grande tres veces y las tres veces tuve que subir a buscarle porque no se atrevía a tirarse. Me pedía que me tirara con él, pero con tanto niño por medio me parecía hasta peligroso. Llegar hasta la boca del tobogán no era nada fácil porque estaba hecho para que cupiera un niño, no una adulta con sus mollitas como yo. Por su parte Daniel, hacía el bestia a gusto perseguido por su tía. Una locura.

Mi hermana me confesó más tarde que se sentía como si le hubiera atropellado un camión. Si es que para aguantar el ritmo de estos hay que ser casi un atleta.

Los chiquillos, en cambio, llegaron a casa pegando botes y pidiendo guerra. Si es que no hay quien pueda con ellos.

4 comentarios:

  1. Que pasada el castillo! Se lo tuvieron que pasar genial!

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    1. Sí, pero era una locura con tantos niños jajaja

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  2. Qué chulada!!! Me dan ganas de ir yo a jugar. Jajajaja. Besotes!!!

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    1. Sí que daban ganas, pero era tamaño niños. Las veces que tuve que entrar a por Iván me dejé la espalda aaarrrg!!

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