martes, 9 de abril de 2019

Mía y el león blanco

Cuando oí hablar de la película "Mía y el león blanco" pensé que sería como todas las del género amistad entre un niño y un animal. Es decir, amor a primera vista entre los protagonistas, uno de ellos, normalmente muy peludo, éxodo para salvar al animal y final feliz emocionante en el que los adultos se dan cuenta de la gran injusticia que se ha cometido y ayudan al pequeño aventurero a llegar a su meta. Bueno, todos esos elementos los tiene, pero enriquecidos.

La historia gira alrededor de una niña que se siente fuera de lugar y eso le produce rabia, ira, impotencia y tristeza. Pero lejos de ser la única con problemas emocionales nos presentan unos secundarios muy profundos: el padre que se rinde al sistema pero que acusa un sentimiento de culpabilidad que se traduce en estrés y despotismo, la madre que permanece ciega y fiel a su marido porque quiere creer que todo está bien y el hermano profundamente traumatizado y aquejado de inseguridades, miedos y un infantilismo fantasioso exacerbado que le lleva a poner todas sus esperanzas en una leyenda Timbavati, que habla de un león blanco que nos salvará a toda la humanidad de las iras de la madre naturaleza.

Y, claro, nace un león blanco, el animal que les cambiará a todos la vida en los tres años que permanece en la reserva. A unos les abrirá los ojos a una cruel realidad que se vive en Sudáfrica, donde las reservas de leones sobreviven a base de vender animales a turistas sin escrúpulos deseosos de causarles daños, a otros les hará plantearse la necesidad de cambiar un sistema desalmado aún a riesgo de perderlo todo, y a los más codiciosos los empujará a vender aún más su alma (en sentido metafórico).

Mis hijos disfrutaron cada minuto del metraje, aunque hubo momentos tensos en los que casi se olvidaron de respirar o incluso se taparon los ojos porque no podían resistir la visión de escenas tan desgarradoras que sólo se intuían, pero que supongo que en su imaginación se presentaban muy realistas. A mí se me cayeron las lágrimas en algunos momentos (soy muy blandita y emocional, lo admito).

La película es ideal para ir a verla en familia, pero no la recomiendo para niños pequeños porque se le puede hacer muy larga y es probable que no entiendan ni un cuarto de los conflictos que presenta. Que el rodaje haya durado tres años, lo mismo que la historia que se narra, y que los personajes evolucionen, tanto física como emocionalmente, de manera realista me parece un puntazo.

Cuando comenzaron las letras del final mi hijo menor se giró hacia mí y me gritó que quería volver a verla. El mayor aún estaba digiriendo lo que había percibido. Las escenas del abuso del león, que ya digo que no se ve nada, pero se intuyen en los cambios de expresión de la protagonista, a medida que es testigo de los que está ocurriendo: incredulidad, angustia, negación... Se ve que a Daniel le llegó el mensaje porque no se pronunció hasta un buen rato, cuando aseguró que la película era flipante, pero que algunas escenas le habían parecido muy fuertes. Y lo dice alguien que se declara fan de ataque a los Titanes, aquí está la diferencia de las repercusiones emocionales entre la fantasía y el realismo.

Esa misma tarde, ambos hablaban entusiasmados de la película aunque de muy diferente forma. El pequeño incidía en que el león era una monada y que quería uno, mientras que el primogénito despotricaba contra la crueldad hacia los animales. Me alegro de que le haya llegado el mensaje. Otra semilla sembrada en su campo de valores humanos.




6 comentarios:

  1. Uala! tres años para rodarla madre mía

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    1. Ya ves, pero gana en realismo porque el cambio en los personajes son reales. De niña a adolescente y de cachorrito a pedazo de león.

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  2. La tengo en mi agenda, cualquier día de estos cae.
    Besos.

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  3. No había oído nada sobre esta película.
    Tomo nota porque me suelen gustar.
    Muaa

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    1. Uy! Pues yo sí que había oído hablar y la ponían por las nubes. A mi me mosqueaba un poco porque la ponían por las nubes y a me parecía la típica peli de amistad entre niño y animal, pero va más allá. Nos encantó <3

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