En cuanto vi las tarrinas de queso de untar en la neverita que nos envió Naturarla supe a qué las íbamos a destinar: a la tarta de chocolate y queso que tanto nos gusta. Pero esta vez hemos introducido una variación interesante. En vez de hacer una grande, hemos hecho porciones individuales en vasos de cristal para que cada uno las decorara a su gusto.
He de confesar que confundí la margarina que también nos enviaron con más queso de untar. Lo mío es mucho. En cuanto la abrí y vi que no era lo que pensaba me entró la risa. Mis hijos no entendían nada. Como la receta también lleva mantequilla me alegré mucho con el descubrimiento.
Necesitamos:
- Galletas maría
- Mantequilla o margarina (Luspark)
- Queso de untar (Lactofree o Natural... o ambas)
- Chocolate con leche
- Chocolate negro de cobertura
- Azúcar glass
- Todo lo que se nos ocurra para que queden más bonitas: frutos secos, toping, chocolate blanco rallado...
Primero trituramos las galletas con la thermomix, aunque una batidora normal también nos hace el mismo servicio, y mezclamos el resultado con mantequilla semiderretida para que le dé consistencia. Ya tenemos la base. Lo ponemos en el fondo de los vasitos y seguimos con la siguiente capa. Batimos el queso con el chocolate con leche derretido y un poco de azúcar glass según el gusto de cada uno. El nuestro es: ¡Cuanto más dulce mejor!
El mousse resultante lo metimos también en los vasos. Dejamos reposar un poco para que coja consistencia y, por último, derretimos el chocolate negro de cobertura y lo vertimos encima del mousse.
Ahora podemos hacer dos cosas: O decoramos en ese momento para que los adornos queden incrustados en el chocolate de cobertura o metemos los vasos a la nevera tapados con film transparente, nos bajamos al parque, que era lo que les apetecía a mis retoños y adornamos a la vuelta con la capa de chocolate ya dura. ¿A que quedaron preciosas?
Como les costó romper la costra de chocolate, tuve tiempo de hacerles una foto antes de que acabaran con ellas e intentaran seguir con la mía. ¡Vaya par de golosos!
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domingo, 23 de agosto de 2015
martes, 4 de agosto de 2015
Cocinando con Arla: Ensalada de Espinacas, champiñones, beicon y queso Apetina
¿Que comida apetece más en verano? Una deliciosa ensalada. Fresquita, ligera y con un aliño bien rico. Pues eso hicimos mi hijo mayor y yo usando el queso Apetina que nos enviaron desde la Bloggerzone de Naturarla.
Necesitamos:
- Espinacas frescas
- Champiñones crudos
- Beicon en trocitos
- Queso Apetina
- Mostaza
- Aceite de oliva
- Vinagre
- Sal
Freímos los trozos beicon y los reservamos. Bueno, los frío yo, porque a mi niño no le dejo acercarse a una cocina encendida ni aunque me lo suplique de rodillas. Todavía lo veo muy pequeño para algo tan peligroso (probablemente seguiré viéndole pequeño aunque ya tenga barba jajaja). Cogemos un cuenco y echamos las espinacas, los champiñones y el queso. A Daniel le fascinó el miniescurridor que lleva incorporado el bote de queso. "Cuando se acabe me lo das ¿Eh, mami?", me insistía cada dos por tres. Lo querrá para jugar en la bañera, supongo.
Acto seguido, añadimos lo que nuestro hijo haya dejado del beicon después de varias incursiones para coger fuerza (según él).
En un vaso vertemos un chorro generoso de aceite, un poco de sal, un poco de vinagre y un poco de mostaza al gusto. Mezclamos bien. Lo ideal es usar un bote vacío que tenga tapa para hacer esto, pero no tenía ninguno en ese momento. El peque se lo pasó genial mezclando el aliño.
Se echa por encima de la ensalada, se mezcla todo bien y ya podemos degustarla.
Por lo menos el padre y yo, porque mis chicos todo lo que tenga nombre de ensalada ya no lo prueban. Con lo buenísima que está ésta. Estoy segurísima que si le dieran una oportunidad estarían tan enganchados como los adultos de la casa.
Necesitamos:
- Espinacas frescas
- Champiñones crudos
- Beicon en trocitos
- Queso Apetina
- Mostaza
- Aceite de oliva
- Vinagre
- Sal
Freímos los trozos beicon y los reservamos. Bueno, los frío yo, porque a mi niño no le dejo acercarse a una cocina encendida ni aunque me lo suplique de rodillas. Todavía lo veo muy pequeño para algo tan peligroso (probablemente seguiré viéndole pequeño aunque ya tenga barba jajaja). Cogemos un cuenco y echamos las espinacas, los champiñones y el queso. A Daniel le fascinó el miniescurridor que lleva incorporado el bote de queso. "Cuando se acabe me lo das ¿Eh, mami?", me insistía cada dos por tres. Lo querrá para jugar en la bañera, supongo.
Acto seguido, añadimos lo que nuestro hijo haya dejado del beicon después de varias incursiones para coger fuerza (según él).
En un vaso vertemos un chorro generoso de aceite, un poco de sal, un poco de vinagre y un poco de mostaza al gusto. Mezclamos bien. Lo ideal es usar un bote vacío que tenga tapa para hacer esto, pero no tenía ninguno en ese momento. El peque se lo pasó genial mezclando el aliño.
Se echa por encima de la ensalada, se mezcla todo bien y ya podemos degustarla.
Por lo menos el padre y yo, porque mis chicos todo lo que tenga nombre de ensalada ya no lo prueban. Con lo buenísima que está ésta. Estoy segurísima que si le dieran una oportunidad estarían tan enganchados como los adultos de la casa.
viernes, 31 de julio de 2015
Cocinando con Arla: patatas al horno con queso mozzarella
Hoy traemos una receta que ha tenido un éxito tremendo con los niños... Y con los adultos. Además, es facilísima.
Necesitamos:
- Patatas
- Un poco de pimentón dulce
- Un poco de pimienta negra
- Aceite de oliva
- Mozzarella rallada de Arla Finello
- Beicon en trocitos
Suena bien ¿eh?
Cuando ya tenemos todos los ingredientes sobre la mesa, llamamos a los cocineros y al que acuda a la llamada lo reclutamos para empezar a cocinar. En esta ocasión, sólo se presentó voluntario Daniel, aunque el más peque se pasaba de vez en cuando para picar algo.
Le di al mayor patatas peladas y cortadas por la mitad para que les hiciera unos pequeños cortecitos por la parte plana. Al principio probamos con un cuchillo de plástico, pero resultaba imposible hacer las muescas, así que, no sé cómo, terminó convenciéndome de que él era ya muy mayor y podía usar un cuchillo de adultos sin cortarse. La verdad es que lo hizo fenomenal.
Cuando todas las patatas estuvieron marcadas, puso un poco de aceite en una bandeja de horno cubierta con papel plata y las colocó en el orden que mejor le pareció.
Entonces le pedí que pusiera un poco de pimentón y un poco de pimienta en cada una. Lo cierto es que el reparto no fue nada homogéneo, pero así cada comensal eligió a su gusto según el sabor era más o menos fuerte.
Acto seguido volvió a coger la brocha para pasar un poco de aceite sobre las patatas y las metimos una media hora al horno a 180 grados. Cuando vi que estaban doraditas, las saqué, las puse en un plato y le pedí al chiquillo que colocara el beicon y el queso mozzarella a su gusto. Recargó bastante, pero es que es muy tragoncete este chiquillo y yo ya le veía relamerse.
Lo ideal es gratinar el queso, pero mis chicos no quisieron esperar ni un segundo más para degustar el plato. En unos minutos habían desaparecido las patatas. Y los filetes de pollo que había hecho como plato principal seguían intactos sobre la mesa.
Me hubiera gustado sacar una foto mientras devoraban las patatas, pero es que si me descuido me quedo sin probarlas.
Necesitamos:
- Patatas
- Un poco de pimentón dulce
- Un poco de pimienta negra
- Aceite de oliva
- Mozzarella rallada de Arla Finello
- Beicon en trocitos
Suena bien ¿eh?
Cuando ya tenemos todos los ingredientes sobre la mesa, llamamos a los cocineros y al que acuda a la llamada lo reclutamos para empezar a cocinar. En esta ocasión, sólo se presentó voluntario Daniel, aunque el más peque se pasaba de vez en cuando para picar algo.
Le di al mayor patatas peladas y cortadas por la mitad para que les hiciera unos pequeños cortecitos por la parte plana. Al principio probamos con un cuchillo de plástico, pero resultaba imposible hacer las muescas, así que, no sé cómo, terminó convenciéndome de que él era ya muy mayor y podía usar un cuchillo de adultos sin cortarse. La verdad es que lo hizo fenomenal.
Cuando todas las patatas estuvieron marcadas, puso un poco de aceite en una bandeja de horno cubierta con papel plata y las colocó en el orden que mejor le pareció.
Entonces le pedí que pusiera un poco de pimentón y un poco de pimienta en cada una. Lo cierto es que el reparto no fue nada homogéneo, pero así cada comensal eligió a su gusto según el sabor era más o menos fuerte.
Acto seguido volvió a coger la brocha para pasar un poco de aceite sobre las patatas y las metimos una media hora al horno a 180 grados. Cuando vi que estaban doraditas, las saqué, las puse en un plato y le pedí al chiquillo que colocara el beicon y el queso mozzarella a su gusto. Recargó bastante, pero es que es muy tragoncete este chiquillo y yo ya le veía relamerse.
Lo ideal es gratinar el queso, pero mis chicos no quisieron esperar ni un segundo más para degustar el plato. En unos minutos habían desaparecido las patatas. Y los filetes de pollo que había hecho como plato principal seguían intactos sobre la mesa.
Me hubiera gustado sacar una foto mientras devoraban las patatas, pero es que si me descuido me quedo sin probarlas.
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