lunes, 22 de septiembre de 2014

Daniel sopla las velas en familia

El fin de semana antes del día en el que nació mi primogénito, le celebramos el cumple con la familia. El chiquitín estaba ansioso de que llegara el día para que le dieran regalos. Me ha salido materialista el pequeñajo.

Esa mañana se levantó muy temprano y deseosos de recibir el primero. Así que desperté al padre y le hicimos entrega de... ¡La isla del pánico! Un juguete que nos llevaba pidiendo meses. ¡Y vaya si le gustó! Le encantó. Y no es para menos porque la verdad es que se lo han currado. La isla está llena de monstruos de los que le gustan a él y de trampas simpáticas.

Cuando se levantó Iván se sumó al juego encantado. Y ahí fue cuando el día de Daniel se empezó a torcer. Los hermanos se peleaban por todo. Lógico teniendo en cuenta que ambos pillaban el juguete con ganas. Y cuando por fin se pusieron de acuerdo. Hubo que dejarlo todo para ir a casa de la abuela (la celebración era allí porque la pobre es alérgica a los gatos). De camino todo fueron discusiones. Y una vez allí la cosa no cambió mucho. De hecho, llegó un momento en el que Daniel nos pidió que su día especial fuera la mañana siguiente y no ese. Menos mal que cuando llegaron sus primos todo cambió y se lo pasó genial.

Se nos hizo bastante tarde para la merienda, que acabó siendo la cena. Pero no nos importó porque el motivo fue la entrega de regalos y los niños se lo estaban pasando genial. Lo que más le gustó con diferencia fue el bestiario de Pathfinder que le regaló su tío para que jugara con él al juego de rol para niños Herokids. No podía dejar de mirarlo. También le hizo mucha ilusión el regalo de mi madre: ¡figuras de plantas contra zombis! "¡Esto es justo lo que quería!" exclamó con los ojos brillantes. Y el regalo revelación fue un parchis enorme que le regaló su abuela paterna. En una principio no le hizo mucho caso omnubilado con tanto monstruo. Pero ahora pide jugar todo el tiempo. Y es que es precioso. Él quiere jugar en el equipo de los peces. Lo cierto es que todos los regalos fueron chulísimos. Y al final se fue a casa contentísimo. Y no digamos su hermano que está encantado con que el mayor tenga que compartirlo todo y que pronto sea su "cumpleaños feliz".

La merienda cena estaba compuesta por mini hamburguesas gourmet que ahora están muy de moda. Me pasé tres días en la cocina, pero valió la pena, porque fue bastante divertido montarnos nuestras propias hamburguesas eligiendo entre cordero y queso, pollo y garbanzos, ternera-espinacas y pasas, bacalao y verduras o la normal de toda la vida, que fue la que triunfó entre público infantil.

La tarta, como no, fue de zombis contra plantas. Pero se nos había olvidado llevar las velas y la abuela tuvo que salvar la situación con un velón muy chulo.

El chiquillo volvió a su casa feliz y agotado.

Y lo que es mejor. El día siguiente también fue un día especial para él.



sábado, 20 de septiembre de 2014

Primer día de piscina y Daniel tan contento

Con lo mal que me lo hizo pasar el año pasado y lo feliz que ha ido a su primera clase de piscina este año. En realidad nos hemos saltado dos a la torera, pero es que no nos cuadraron y fue imposible asistir.

Cuando llegó el día en el que sí iríamos por primera vez hasta me lo recordó el mismo chiquillo. Preparé la mochilita con todo el equipo y le acompañé mientras papá cuidaba de Iván.

No dejó de sonreír y brincar durante todo el camino. Yo alucinaba. Una vez allí esperó impaciente a que se abriera la puerta de la piscina y entró tras su profesor sin una protesta.

La media hora de espera se me hizo eterna. Cuando por fin salió, llevaba la misma sonrisa que cuando entró. Se portó muy bien en los vestuarios. Y cuando nos encaminábamos hacia el hogar con una mamá muy contenta me soltó que se merecía una sorpresa por lo bien que se había portado. Le contesté que pronto sería su cumpleaños y  que iba a tener ya demasiadas sorpresas.

"No te preocupes mamá. Puede ser una sorpresa que no cueste dinero. Por ejemploooo... Ummm... ¡Una cine cena!" Me dejó tan sorprendida que tuvo su cine cena. Cambié el menú para que se ajustara mejor al estilo comer en mesitas bajas delante de la tele en vez de en el comedor y acabamos con palomitas mientras Doraemon, Nobita y sus amigos luchaban contra un ejército de dinosaurios evolucionados a especies inteligentes.

Lo cierto es que los angelitos se portaron fatal durante la sesión y tanto llegaron a enfadarme que les juré y perjuré que esa había sido la última cena cine que hacíamos.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Preparando el cumple: poniendo ojitos

Los niños están muy ilusionados con su fiesta monstruosa. Ven como la casa va cambiando poco a poco y se emocionan. Lo primero que preguntan al llegar del cole es... ¿Has hecho algo del cumple hoy? Y yo les enseño mis avances.

En cuanto veo algo que les va hacer gracia echarme una mano, les pido ayuda. La última ha sido colocar los ojitos en los vasos. Compré pegatinas de ojos en Tiger, pero no me salieron muy buenas y tuve que asegurarlos con cinta adhesiva gruesa. Completé los monstruitos con trazos de indeleble negro y salieron bastante graciosos.

Daniel no se cansa de mirarlos. A él se le ocurrió pegar las cejas como si fueran bocas. Una idea genial porque da el pego perfectamente.

Iván, creo que no pegó ni un ojito. Prefería jugar con su ejército de esqueletos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Preparando el cumple: fantasmas, témperas, cuadros y arañas inacabadas

Este año he decidido celebrar el mismo día el cumple de los dos peques de cara a los amiguitos. No podría currarme dos fiestas con tan sólo quince días de antelación. Ni siquiera a mi manera cutrilla. Así que se lo planteé a los chiquillos y estuvieron de acuerdo. Lo cierto es que les di a elegir entre dos fiestas sencillas y sin historias o una del tema que eligieran. Obviamente, la segunda opción les pareció la más divertida. Y... ¿cual fue el tema que eligieron? ¡Monstruos, fantasmas, zombis...! No sé por qué me extraño.

Teniendo en cuenta que van a asistir niños pequeños, le voy a dar una vuelta inteligente al tema eliminando los elementos terroríficos que me pidió el mayor y dando color a la ambientación. Por ahora, Daniel parece conforme.

Gracias una conversación tuitera entre Papás con arte y Papácangrejo me vino una idea que pudiera ser del gusto de todo. Nuestro papá alienígena preferido se lamentaba de que los museos en España no fueran más interactivos para los niños y desde el blog de ocio cultural para familias nos enseñaron una galería para peques muy curiosa que tienen en Japón: La galería encantada.

Así que pensando, pensando... Se me ocurrió ambientar una casa encantada llena de cuadros y figuras fantasmales. No es lo mismo que esa galería tan chula, que visitaría sin dudarlo si no estuviera tan lejos, pero seguro que los niños pasan un rato divertido. Y se me ocurren mil manualidades para que participen mis chiquitines.

Hemos empezado por poner purpurina a un par de fantasmas que emergen de detrás de un cuadro con cara de pocos amigos. Le ha encantado gastarme todos los tubos uno por uno.

Después, ha venido el plato fuerte: las témperas. Lo que han disfrutado con los pinceles y als bolas de poliespán. Tanto, que , cuando han acabado con ellas han empezado con el papel de periódico. Tan entusiasmados les he visto, que he ido en busca de unos posters de publicidad que me trajo Raúl de un evento al que fue y les he dejado plasmar libremente su creatividad.

Daniel ha emborronado de rojo intenso su "lienzo" mientras me explicaba que estaba pintando un huracán de lava. Ha acabado su composición con unos toques de amarillo. Iván, parecía cuidar más su creación. Ha dibujado un contorno y luego lo ha rellenado con varias mezclas de colores.

Por fin, hemos descubierto el tipo de manualidades que fascina al más pequeño de la casa. Toda aquella que tenga que ver con pinceles y ensuciar mucho.

Cuando se seque todo, colgaremos sus obras como parte de la exposición pictórica de la casa encantada y añadiremos las patas (limpiapipas) a nuestras arañitas.

¡Me encanta que participen en la organización!

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hasta aquí hemos llegado: ¡Todos a recoger!

Estos peques no están nada concienciados con el trabajo que hace mamá en casa. Para ellos todo es tirar, ensuciar, desordenar... y ahí voy yo detrás, arreglando todos los desaguisados que me arman.

Pero un día, a la hora de la merienda, la cosa se pasó de castaño oscuro. Oigo un ruido sospechoso y les pregunto a gritos si ha pasado algo. Como estoy liada no puedo ir de inmediato a ver con mis propios ojos el origen del estrépito. Pero parece que no tengo nada de qué preocuparme, porque me contestan que nada de nada. Genial. A seguir con lo mío.

Cuando entro al salón, un buen rato después, y me encuentro una de las tazas de leche con cacao en el suelo y su contenido desparramado y medio seco por todas partes... ¡Estallé! Me convertí en un gremlin, un monstruo, un ogro... ¡Todo a la vez! Los chiquillos me escuchaban con los ojos muy abiertos y sin atreverse a decir palabra. Daniel hizo un amago de llorar, pero lo corté enseguida. "No tienes tiempo para eso" le espeté indignada "Tienes una casa que recoger y limpiar". Les apagué la tele y les dirigí en las tareas en las que me veía inmersa en ese momento: barrieron, hicieron sus camitas, recogieron la ropa tendida y la guardaron más o menos, ordenaron kilos y kilos de juguetes desparramados por toda la casa... Y así estuvimos hasta que me aseguraron que estaban agotados y que lo habían entendido.

"Mamiiiiiii, nosotros te queremos ayudar, pero no sabemos. Nos tienes que enseñar como hoy" intentaba camelarme el mayor. "Mami buena, mami buena" repetía el pequeño con la esperanza de que le volviera a encender la tele, o por lo menos le dejara en paz con ese nuevo juego que no le estaba gustando nada.

Con la cólera inicial bastante apaciguada, recapacité y volví a repetirme que eran muy pequeños y que no había que pasarse. Así que les liberé de las tareas, pero bajo la amenaza de que si no tenían más cuidado la próxima vez volvería a reclutarles para que fueran mis ayudantes de nuevo. ¡He dicho!

martes, 16 de septiembre de 2014

El desayuno de los mayores

El cambio de guardería a cole de mayores es enorme y no quiero agobiar a Iván. Así que con él vamos poco a poco. La operación pañal, la vamos llevando como podemos, que es mal. Pero, supongo que en la clase se comportará un poco con ese tema. Al menos en la guardería lo llevaba mucho mejor que en casa.

Con el chupete tenemos grandes avances. ya sólo lo usa para dormir, aunque a veces lo pide y tengo que despistarle rápidamente con otra cosa para que se le olvide.

Lo que mejor llevamos es la desaparición del biberón. me pilló de sorpresa hasta a mí. Una mañana, me miró fijamente a los ojos y me dijo: "Yo quero como Danel". Esa oportunidad había que aprovecharla, así que le preparé un tazón idéntico al de su hermano y le puse los cereales delante. Se lo comió muy bien.

Esa misma tarde se le antojó una taza de desayuno que había de oferta en el supermercado. ¡Al carro! Ahora sí que no hay vuelta atrás. A Daniel le compré otra para que no se desconsolara. Así tienen tazón y taza a elegir según el acompañamiento.

Pasaron los días y seguíamos con los desayunos de mayores, pero sucedió lo inevitable. Una mañana, abrió los ojos y exclamó: "¡Quero bibi!"

Pero mamá los había tirado todos (estaban para el arrastre los pobres) y le contó al peque que en la tienda me habían dicho que él era demasiado mayor ya y que no me los vendían. Se tuvo que conformar y seguir desayunando como los niños mayores. y ya que estamos, merendando, que también le ponía biberón antes por las tardes.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Castigado, castigado, ¡¡¡castigado!!

Que mal les sienta el verano a estos dos chiquillos. Están asalvajados, desobedientes, desafiantes...
Ya les puedo decir veinte veces que no salten en el sofá, que en cuanto deje de mirarles van a volver a brincar como locos. Que me den la mano para cruzar, que se revolverán y me darán alguna sorpresa si no me ando con cuidado. Que no coman con las manos, que mastiquen con la boca cerrada, que no digan cosas desagradables... En fin, la lista es interminable.

Entiendo que con tantas normas se vuelvan locos, pero es que todo me parece básico. Sobre todo en el caso de Daniel, que ya casi tiene cinco añazos. Su mayor problema es que no tiene cuidado con nada, ni siquiera consigo mismo. Da igual las veces que le pida que se fije en lo que hace, que tenga cuidado... Él va brincando cual cabrita por el mundo y así se pega los porrazos que se da. Un día, incluso amaneció con un chichón bastante curioso. El me juró y perjuró que no se acuerda de haberse dado ningún golpe durante la noche.

Lo del pequeño me parece increíble. Es algo así como la cabezonería elevada a su grado máximo. Da igual que le digas que no haga algo. Él va a seguir haciéndolo aunque sea más despacio. Da igual que le castigues, le grites o le des un azote... Va a seguir erre que erre. Y si le impides llevar a cabo la actividad que le ocupa, la perreta es colosal.

Y no es que sean malos... Que no lo son. Al contrario. Son cariñosos, la mayor parte del tiempo; agradecidos; suelen compartir lo que tienen; intentan ayudar en la medida de sus posibilidades... Pero son muy muy muy desobedientes y muy muy muy teatreros. Hay que ver las historias que te cuentan para conseguir sus objetivos.

Con este panorama, vamos de castigo en castigo. Ya no sé con qué amenazarles, porque les da igual. ¡Sin tablet!¡Sin postre!¡Sin tele! Y como si oyen llover. Cuando vienen pidiendo lo que les he dicho que les iba a quitar si no se portaban bien y les explico por qué no se lo voy a dar, el mayor lloriquea un poco y el pequeño ni eso. Se limita a exclamar un sentido "vaaaaaale", que debe significar algo así como "Ya está mamá tocando las narices otra vez", que me pone negra.

Ni yo les voy a cambiar, ni ellos me van a cambiar a mí, así que así seguiremos. Aunque espero que la vuelta al cole les influya un poquito en el tema obediencia y tengamos alguna mejoría.