sábado, 17 de diciembre de 2022

Tercer resumen del calendario de adviento 2022

Como decía en el resumen anterior, cuando volvimos de Málaga nos encontramos con que nos habíamos quedado en el día 3 y ¡ya estábamos a 9 de diciembre! Había que ponerse las pilas si queríamos encontrar todos esos deliciosos chocolates... Y las piezas del puzzle que nos quedaban por conseguir. Eso también.

Por otro lado, de camino a Madrid nos cayeron del cielo (más bien del sorteo de Family Time) nada más y nada menos que cuatro entradas para la obra de teatro Cuento de Navidad. Yo creo que las criaturas navideñas que se esconden en nuestra casa nos están dando suerte. Así que volví a integrar un plan inesperado dentro del calendario como maniobra táctica de nuestros inquilinos para seguir reforzando nuestro espíritu navideño.

Pero no había contado con nuestro grinch particular. Daniel se negó a ir al teatro con nosotros y yo cedí porque habíamos llegado a un acuerdo por el bien de la tranquilidad familiar (y, sobre todo, la mía). Me fastidió bastante, no lo voy a negar, porque me encanta ir con todos y que no quiera unirse por motivos extraños de su adolescencia no me hace nada de gracia. 

A pesar de todo le prometí respetar su espacio y tenía que cumplir, así que se quedó en casa y se perdió algo muy bueno. Peor para él. Pero es que además creó una grieta en el espíritu navideño que el Krampus aprovechó para hacer una de sus trastadas.

Llegó la hora de comer y Daniel puso una cara muy rara cuando tomó un sorbo de su vaso. "Mamá, el agua sabe raro", me dijo con la mosca detrás de la oreja. "¡Está salada!", se quejó. Intenté mantener cara de poker, pero fue imposible. "¡El krampus! ¡El krampus!", gritaba su hermano muerto de la risa. El pequeñajo estaba al tanto de los planes de la maléfica criatura porque se habían fraguado en el camino de ida al teatro.

Al principio pensé que al mayor no le había hecho nada de gracia la broma, pero respiré aliviada cuando una enorme e inquietante sonrisa se instaló en su cara. "Voy a tener que conversar seriamente con el Krampus, mamá", me dijo con su tono más mordaz.

"¿Y a mí que me cuentas?", me hice la inocente sin mucho éxito.

"Habrá consecuencias, mamá. Habrá consecuencias", insistió mi adolescente entre risas.

Afortunadamente creo que se le ha olvidado el tema. Menos mal. Que ya no puede una ni representar el papel de Krampus tranquila. Las fieras dan mucho miedito cuando les entra la vena vengativa.

En fin, el caso es que el asunto de la broma del agua con sal quedó ahí sin más consecuencias, pero las trastadas del Krampus continuaron. El muy ladino mandó a sus ratas esbirros a desordenar las piezas del puzzle que habían ido colocando los peques cada día que habíamos descubierto en el calendario. La verdad es que Daniel ni se dio cuenta, pero Iván, que está más atento al juego, lo vio mientras desayunaba y con gran resignación volvió a colocarlas.

Ese mismo día, durante la comida, observó consternado como Gordita, la rata que le había enviado a él el Krampus, se dirigía muy ufana a repetir la faena. Urgía tomar medidas rápidas y eso hizo el chiquillo. Cogió la envoltura de un mango que se estaba comiendo su padre y atrapó a la rata en una improvisada trampa.

Pero no sufráis por Gordita. Iván se la llevó a su habitación y allí la soltó. Lejos del puzzle para que no se le ocurra volver a intentarlo.

Pancho, la rata de Daniel, quedó muy impresionado por lo que le había pasado a su compañera y no se atrevió a intentar nada raro. También acabó de nuevo en la habitación de su víctima, el mayor de los niños.

Estos esbirros son tan adorables que no se pueden enfadar con ellas por muy mal que se porten.

Por supuesto, todos estos acontecimientos quedaron reflejados en la segunda entrega del periódico de la Navidad.



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