lunes, 28 de febrero de 2011

La tos otra vez

A raiz de un enfriamiento, mi pequeñín tiene una tos horrible. Cómo dicen que si es expectorante es productiva y on se le puede cortar, le aguanté cuatro o cinco días y después le llevé al pediatra desesperada. Las chicas de la guardería me habían dicho que el pobre no podía dormir la siesta. A eso había que sumarle que tampoco dormía por la noche, se pasaba las horas tosiendo y gimiendo, así que me quedaba a su ladito para darle agua con la rapidez del rayo o hacer lo que estuviera en mi mano para que estuviera más cómodo.

La habitación apestaba a cebolla (un remedio natural para mitigar la tos), le ponía el Vicks VapoRub en la planta de los pies, a pesar de que está contraindicado su uso en niños menores de dos años. Pero es que estaba desesperada. El niño no dormía y yo tampoco. Hubo una oche que no pegué ojo y me fui al trabajo arrastrándome.

Finalmente llevé a Daniel a la pediatra, que me recomendó que le diera unas gotas de Romilar durante la cena para que el pequeño pudiera descansar. "A veces es más productivo que duerma a que expulso los mocos y las flemas a través de la tos". Este medicamento también está contraindicado para menores de dos años, pero la médico me aseguró que la cantidad que le iba a dar era mínima y que no había ningún peligro.

Así que le suministré el medicamento y... efectivamente, el niño tosió mucho menos por la noche y pudo descansar. Ni qué decir que la madre también pudo cerrar el ojo tranquila. Estábamos los dos de mucho mejor humor. Ahora Daniel está mucho mejor. Tose menos, incluso por el día, que no le doy el Romilar. Puede que hoy no se lo dé tampoco para la noche. A ver cómo sigue.

domingo, 27 de febrero de 2011

En la bici con papá

Hace tiempo que pensaba que Raúl y Daniel necesitaban estar un tiempo juntos para relacionarse padre-hijo... Y dejarme a mi tiempo libre. Parece que mi marido ha encontrado un hobby que podría estrechar aún más sus lazos afectivos y que a mí me vendría de perlas para aprovechar algo de tiempo sin tener que correr detrás del enano.

Ahora le ha dado por la bici. Un deporte muy saludable y que acepta la compañía de bebés. El otro día, Raúl cogió a su hijo y, acompañado de mi cuñado Luis, se lo llevó al Parque Juan Carlos I. Una vez allí alquilaron las bicis, un servicio gratuito que tienen en ese parque, una de ellas con sillita de bebé incorporada y se lanzaron a recorrer los caminos.



Mi marido me aseguró que el pequeñajo estaba muy emocionado al principio, pero que luego se limitaba a mirar el paisaje con toda tranquilidad. Yo no estuve, porque estaba trabajando (a pesar de ser fin de semana), pero por lo que me contaron se lo pasaron muy bien los tres y parecen dispuestos a repetirlo. La verdad es que me dio un poco de pena no acompañarles, aunque a mi la bici se me da fatal. Raúl asegura que se piensa comprar una sillita de bebé que se pueda acoplar a su bici para llevarse al niño a dar un paseo de vez en cuando. A mi me parece una idea magnífica. Me encanta estar con mi chiquitín, pero hay tantas cosas que tengo que hacer y es tan difícil hacerlas con él por en medio... Ojalá las cosas fueran más fáciles y pudiera dedicarle más tiempo a Daniel.

viernes, 25 de febrero de 2011

Tantas cosas a tener en cuenta...

Cuando hablo con otras madres me doy cuenta de que ellas llevan todos los aspectos que afectan a sus hijos al milímetro. Cada diente que les sale, el peso, la medida, cada granito en la piel... ¡Cómo lo hacen! Si yo a veces no me acuerdo ni de los meses exactos que tiene mi niño.

Cuando sale un tema de esos me echo a temblar porque sé que me van a mirar de esa manera tan peculiar que quiere decir: "¡Vaya desastre de madre!". Tampoco veo tan importante saber cuantos dientes tiene el niño. Pues ya le saldrán, como a todos lo niños. Y si algo va mal, seguro que es fácil de identificar. Porque yo le miro mucho, aunque no me fije en los detalles.

Cómo el niño está sanote, activo y sonriente, tampoco llevo al día lo que pesa y lo que mide. A simple vista está un poquito más alto que los niños de su edad y un poquito más delgado. No necesito que la báscula y el metro me diga lo que es obvio. Además, cada niño tiene su constitución y a las medias no hay que hacerles mucho caso. Está claro que los niños gruesos o de constitución delgada van a estar siempre fuera de esa media. También los hay altos y bajos. Yo soy más baja que la media española y nunca me he preocupado por eso.

Por supuesto, le llevo a todas las revisiones pediátricas, pero una vez me han dicho que todo está bien suelo olvidar el resto de los detalles unos días después. Por eso, cuando una madre me pregunta que cuanto pesa mi niño no sé que responderle. "Pues no sé" aseguro. "¡¿Cómo no lo vas a saber?!" suele ser la respuesta que me dan. "¿Cuanto pesó en la ultima revisión?" "No me acuerdoooooooo". No puedo tener tantas cosas en la cabeza. y el dato importante es que el chiquillo está bien. Aún así insisten "Venga, haz memoria" Ni que fuera algo tan importante. "Eeehhh...¿Diez kilos?" "¿Cómo va a pesar diez kilos si el mío pesa once y es más pequeño que el tuyo?" Si quieren decirme cuanto pesa el suyo, que me lo digan y ya está, que no me hagan el tercer grado. Pero no, ellas quieren comparar. Les encanta. "Pues entonces debe pesar once y medio" Y ahí ya se quedan medio contentas con la respuesta, pero con esa mirada en la cara de la que hablábamos antes y que me hace sentir un poco torpe. Si es que la final hay que estudiar para pasar esos exámenes orales que te hacen en el parque de vez en cuando.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El ciervo diabólico

El otro día le regalé una pelota de Daniel a otro niño que se había enamorado de ella. Total, la compré en lo chinos por poco dinero. Así que me fui de nuevo a la tienda de chinoa a adquirir otra porque tampoco quería que el mío se quedara sin ninguna. Al entrar me indicaron que estaban al fondo del pasillo. Llegar hasta allí con el carrito iba a ser una aventura. Me adentré en el pasillo dispuesta a evitar que Daniel sobara el género más de la cuenta. Al llegar a mi objetivo me encontré a otra de`pendienta que me recriminó por entrar con el carrito. Y a mi que me cuenta. Si su compañero de la entrada me está viendo y no me dice nada yo no soy adivina. Y ya que estaba allí no iba a irme sin la pelota. La dependienta lo entendió a la perfección y me dejó rebuscar libremente en la cesta. No había ninguna igual que la que le había conmprado la otra vez, de Dora la Exploradora, pero Daniel no tuvo problema en arrimarse con carrito y todo y agarra las dos que más le gustaron. Y no pilló otra porque no tenía más manos.Para lo que cuestan decidí comprarle las dos. para una cosa que había elegido él. Una era de Toy Story y la otra azul con bultos. ¡Ala! a pagar. De vuelta, mientras atravesávamos el pasillo, daniel se agarró a un ciervo de plástico horroroso, con ojos rojos diabólicos. Yo no tenía ningún prtoblema en comprarle también un animalito, pero ese era muy feo. Intenté intercambiarlo por una lobo más bonito, pero el niño dijo que para mi. En tonces le ofrecí un perro, un águila, incluso un cocodrilo..., pero él seguí en sus trece. Bien agarrado a su ciervo de maléficos ojos. No me quedó más remeido que comprarle el ciervo.

Nada más llegar a casa lo soltó y no le ha vuelto a hacer caso. Ahí está. Mirándome con sus ojos rojos desde la estantería. A Raúl no le parece tan feo, pero a mí me da un mal rollo...

La edad del pavo del bebé


En las revistas y libros especializados le llaman los terribles dos años. Yo digo que a mi hijo se le ha subido el pavo. Lo malo es que todavía no ha cumplido los dos años. De hecho ni siquiera año y medio. Y ya tenemos una pelea generacional de caballo. Ha llegado el momento de hacer tripas corazón y ponerse dura. A veces cuesta, pero otras veces, se te sube tanto a las barbas, que es facilísimo quedarte inamovible en tu posición.

Ahora, por menos de nada, ya tenemos montada una perreta monumental. Normalmente le dejo desgañitarse despues de haberme cerciorado de que tiene algo blandito debajo de su cabeza para evitar cocazos que redoblen sus gritos. Pero, cuando el momento de ira acontece en público tienes que, por lo menos, fingir, que te interesas por el bien del niño, aunque tu ya sabes perfectamente que lo que tiene es tontitis aguda. Así que empiezo "Cariño, ¿qué te pasa?, ¿te has hecho pupita?, ¿te has dado con algo?". Y Daniel cada vez sube más el volumen de sus lloros. Hasta que me harto y lo meto como puedo en el carrrito. Ahí, como va atado en una superficie blanda, no se puede hacer daño a si mismo. Normalmente deja de llorar en cuanto empiezo a empujar.

Habrá que armarse de paciencia para superar esta nueva etapa. Espero no hacer de Daniel un auténtico tiranito.

martes, 22 de febrero de 2011

Papá y las construcciones

Raúl mucho habla de mí, pero él también ha caído en la tentación. Un día me sacó a colación el tema de los legos, los juegos de contrucción, que si eran estupendos para el niño... ¡Vamos! Que le quería comprar uno que había visto al niño. Sin ser su cumpleaños, ni ninguna ocasión especial.

¿Sabéis las veces que me ha discutido mi manía por comprarle ropa y juguetes a Daniel sin ton ni son? Infinitas. Ya compro las cosas con miedo por la cara que me va va poner. Aunque al final cede porque lo que le compro siempre es útil.


El caso es que llegó el día en el que al papá vino a casa con dos cajas de construcciones: La casa de Nody y otra de animalitos. Vino feliz con dos paquetes para su hijito, que estaba malito. Para mi fue una alegría porque el niño lleva mucho tiempo encerrado en casa y una novedad no le iba a venir mal.


Primero le dimos La casa de Nody para que lo abriera. ¡Le encantó! Y al padre más. Estuvieron jugando con las piezas un buren rato antes de abrir el siguiente paquete.




La verdad es que hacen unas cosas muy chulas para niños. Por supuesto, yo me empeñé en que Raúl construyera la casa y Daniel en destruirla. Tuve que entretenerlo con otra casa para que el padre pudiera terminar la construcción. Cuando la tuvo lista nos llamó. Y el pequeñajo tardó un milisegundo en llevarse por delante media casa gorjeando emocionado.




lunes, 21 de febrero de 2011

¿Terrores nocturnos o perreta monumental?

Ultimamente, Daniel se despierta por las noches con unos gritos horrorosos. Cómo si le estuvieran matando. Si le coges para intentar calmarlo te pega patadas y manotazos sin dejar de chillar. Señala con su dedito hacia algún lugar impreciso y llora, llora y llora como si le fuera la vida en ello. Así está un buen rato. No quiere el chupete, ni el biberón, ni mimos.
He llegado a pensar que se trata de los famosos terrores nocturnos de los bebés y niños de corta edad. Esos que se supone que no son preocupantes, pero que te amargan la existencia porque ves a tu pequeño sufrir y tú no puedes hacer nada para remediarlo. Pero Raúl me ha sacado de mi error "Esto son perretas monumentales". Su teoría es que, cómo lleva sin ir a la guardería ni al parque mucho días, porque está resfriado, no se cansa lo suficiente, con lo que se despierta en la mitad de la noche totalmente desvelado y chilla para que le llevemos al salón a jugar.
Una amiga me ha comentado que podrían ser los dientes. Por lo visto les duele muchísimo. Cómo si fueran pinchazos. El dolor les despierta de repente y de muy mal humor. El caso es que nunca lo sabremos, porque a este enanito no le da la gana de aprender a hablar. Me queda el consuelo de que al rato se queda de nuevo dormidito. Cómo si no hubiera pasado nada.