martes, 30 de septiembre de 2014

Concurso de dibujo infantil de Covarrubias

El domingo era día de regreso, pero eso no nos impidió salir a la plaza para participar en el Concurso de dibujo que celebran todos los años en fiestas. Es una idea genial. A los niños que se apuntan les dan una cartulina, lápices de colores, una lápiz, una goma y a buscar un rinconcito cómodo en el que inspirarte.

Nosotros nos acomodamos en el escenario pequeño, igual que el año pasado. No sé que tiene que es una imán para mis chicos. Pensé que en esta ocasión, al menos Daniel se curraría su obra de arte, pero el peque no parecía tener el mínimo interés. Una rayajo por aquí, una estrellita cutre por allá, torbellino de colores y... ¡listo! En cinco minutos había acabado. "Cariño, tienes que dibujar algo del pueblo" le expliqué devolviéndole la cartulina por el otro lado. Puso cara de pensar y me anunció que iba a dibujar el pasaje secreto (una puerta, túnel que hay en un muro). "¡Perfecto!" pensé yo, pero a los dos minutos me devolvía un papel con dos rayajos, una mancha indeterminada y otra torbellinos de colores. "Es que es muy difícil" me aseguró poniendo cara de circunstancias. A pesar de todo decidió volver a intentarlo y me pidió otra cartulina, pero yo no estaba dispuesta a pedir otra para que me la devolviera de nuevo al estilo Picasso. Conclusión: Enfado gordo del niño.

Menos mal que se le pasó cuando vio a los primos. Se sentó al lado del mayor a admirar su dibujo lleno de personajes de un videojuego de zombis y ninjas, por lo que entendí. Por supuesto, le encantó. E hizo prometer a su primo que se lo regalaría.
Desgraciadamente, el dibujo se perdió en algún momento.

Mientras tanto, el pequeño decidió dibujar los patos del río. Tampoco le quedó muy realista el tema. Nada más empezar se cansó, me pasó la cartulina y me soltó "Me ayudas, pofiiiiiiiii". ¿Quien le dice que no? Me dijo que le dibujara el pico. Vale. Los ojos, Bueeeeeno. Una flor. Ummmm está bien. Otro pato. eso sí que no. "Que lo tienes que hacer tuuuuuuu". Entonces, sin pensárselo dos veces, me dejó con el lápiz entre los dedos y se fue a jugar y saltar por el entablado. Lo dicho. Mínimo interés.

Aunque a la hora de entregar sus garabatos y recibir las chuches por participar no pusieron ningún reparo. ¡Vaya par de listos y vagos que tengo en casa! Como era de esperar no se clasificaron entre los ganadores. El de su primo, que estaba genial hecho, tampoco ganó, porque... ¡no tenía nada que ver con el tema "Covarrubias"! Estos niños son unos rebeldes y pasan de las reglas.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Fiestas, risas y un susto en Covarrubias

Este fin de semana eran las fiestas del pueblo de Raúl y no hemos querido perdérnoslas por nada del mundo. ¡Con lo bien que se lo pasan los peques allí!

Hemos llenado al maleta de ropa invernal, que ya se sabe que en la zona burgalesa refresca y no hemos encontrado con unas mañanas soleadas para ir en manga corta.

El sábado por la mañana pusieron castillos hinchables por cuenta de las fiestas y los niños se volvieron locos de contento. Botaban, rebotaban, se deslizaban por el inmenso tobogan... No querían ni oír hablar del castillito para pequeños. Si les atropellaban o había un choque inoportuno ni se les ocurría llorar no fuéramos a sacarlos de su paraíso.

Sólo logramos convencerlos para que salieran con el anuncio de que iba a empezar la sardinada. Eso ellos no se lo perdían. Corrieron a la cola al olor del pescadito frito y les dieron su ración acompañada con una generosa rebanada de pan a modo de plato. Iván engulló tres muy a gusto y Daniel se dedicaba a chupar la sal y la grasa que recubría la suya. Cuando intentamos dársela a trocitos se enfadó muchísimo porque se la habíamos roto. A los adultos nos acompañaban el ágape con un vasito de vinito que te rellenaban cada vez que ibas a por más. Tras tres vasitos ya estaba yo la mar de contenta.

Después de llenar la barriguita hubo que volver a los castillos por exigencias del bando infantil. Pensaba que les sentaría fatal después de comer, pero se ve que estos ni sienten ni padecen. Como el de mayores había estado al sol y quemaba se avinieron a saltar en el de pequeños hasta que lo desinflaron.

De allí a comer y a celebrar el cumple de la abuela Paca, que es tan buen y generosa que compartió su día con sus biznietos. Cómo sabía ella que les iba a hacer muchísima ilusión volver a soplar velas. Como la abuela Chari es muy previsora había comprado velas para todos. Los tres recibieron sus regalos. Para Daniel e Iván dinero y ropa. El mayor al principio arrugó el ceño, pero luego no había quien le quitara su chaleco gustoso de encima.

Por la tarde, salimos a ver pasar las carrozas. Este año había mucha competencia para el concurso. Me parecieron todas sensacionales: Heidi con sus montañas, el circo con dos precioso leoncitos, una boda gitana con todos los detalles, la pandilla heavy macarra, los jeques forrados, los angry birds, los bomberos, la carroza de los egipcios con momia y todo... Que por cierto la momia se tiró a darle un abrazo a Daniel y éste le regaló un caramelo por si acaso venía con intención de comérselo a él.

Iván se llevó un susto tremendo cuando un payaso se acercó a él con unas tijeras enormes. Se abrazó a mi con los ojos muy abiertos, eso sí, aceptó encantado el porrón de caramelos que le dio el payaso en compensación. Los niveles de azúcar de estos niños se han elevado muchísimo este fin de semana, pero he hecho la vista gorda por ser una ocasión especial.

Los primos "de Covarrubias" invitaron a mis peques a subirse al coche de su peña, pero solo cupo Daniel. No pasaba nada porque Iván prefirió seguir la ruta en los brazos de mami (todavía oigo los lamentos de mis riñones). Tras tanta fiesta, música y alegría, los primos dijeron que se iban al castillo hinflable de pago (los gratuitos ya no estaban) y no quedó más remedio que aligerar el bolsillo y que subieran los míos también.

En esta ocasión no todo fue alegría, porque, de repente, apareció Daniel a nuestras espaldas llorando desconsoladamente. Se había caído por una agujero que tenía la red de seguridad hasta la maquinaria, había salido por una puertecilla por detrás del castillo y se había asustado mucho. Berreaba desconsolado porque ya no se atrevía a subir al castillo y se iba a perder toda la diversión. Por mi parte, fui a buscar a la encargada de la atracción y le avisé del peligro. La chica comprobó que se había roto la red y la apañó con una cuerda sin parar el juego. No me pareció muy profesional, pero puede que sea la mejor manera para que la gente no le coja miedo.

A Daniel le duró bastante el disgusto y al final decidió que sólo se montaría en Castillos hinchables "con seguridad". ¡Ole mi niño!







sábado, 27 de septiembre de 2014

Cumpleaños terrorífico en la mansión encantada

Cuando los peques llegaron del cole y se encontraron con la ambientación terminada se volvieron locos de contento. Les costó muchísimo esperar a que empezara el cumple esa tarde. Aún nos quedaban muchas horas por delante. Hasta que no comience el mes de octubre sólo van hasta la una y el cumple no empezaba hasta las cinco.

A mí se me pasaron las horas volando y enseguida empezaron a llegar amiguitos. El mayor estaba tan emocionado que empezó a portarse realmente mal. Intenté regañarle de forma cariñosa, pero tajante. No funcionó, así que volví a modo sargento. Si no se porta bien en su cumpleaños no es culpa mía. De todas formas, se lo estaba pasando genial a pesar de su madre gruñona.

Cada vez que le veía estaba ideando una trastada. Saltar en las camas, sacarme cojines del armario, arrastrar el edredón por toda la casa, avasallar a los amigos, abrirle la puerta a los gatos (los encierro por el bien de sus nervios y porque uno de los invitados es alérgico)... Y una largo etcétera. No paraba de decir que quería los regalos y cosas desagradables a los invitados. Me estaba poniendo negra negrísima. Menos mal que el resto del grupo se portó maravillosamente.

El momento de los regalos llegó y fue una poco confuso, pero lo importante es que les encantó sus regalos. Algunos los abrieron casi sin mirarlos, pero cuando acabó todo pudieron prestarles la atención que se merecían y les encantó. Para Iván, el regalo estrella fue el disfraz de Hulk. No se lo quiso quitar durante toda la velada y me costó convencerlo de que lo cambiara por el pijama. Para Daniel triunfó el juego de los Skylanders, que les regaló mi hermana a los dos. Nosotros regalamos a los peques una bolsa para hacer pedorretas que les encantó. Aunque a las madres no tanto jajaja

Milagrosamente casi no hubo lloros ni peleas. Los peques se lo pasaron genial y les encantaron las tartas. ¡Que más puedo pedir! Bueno... Que las mamis me dijeran que les había encantado la organización. Un poco de miel en los oídos nunca vienen mal.

Dos hermanos de la edad de Daniel e Iván enriquecieron la decoración terrorífica con unas obras de arte espectaculares. Me pareció genial la idea.

Otro de los amiguitos, aseguró que él también había pensado en traer un dibujo monstruoso, que le salían muy bien, pero que se le había olvidado. ¡Que pena! A los invitados les gustó tanto la decoración que se llevaron algunas arañitas y zombis de recuerdo. Y yo encantada del éxito.

Daniel me repitió la frase de todos los años, aunque algo cambiada. En vez de "Éste es el mejor cumpleaños de mi vida", dijo "me gustaría que siempre fuese mi cumpleaños".










viernes, 26 de septiembre de 2014

Preparando el cumple: la mamá se flipa

Este año lo he flipado un poco preparando el cumple de los peques. Se me ocurrían tantas ideas que más de la mitad se quedaron en el tintero y con lo que hice me quedé para el arrastre. Bueno, el caso es que ya está todo preparado para la gran fiesta de cumpleaños doble. Ya os contaré mañana que tal nos ha ido...

La entrada

La puerta monstruosa le encanta a Iván. Dice que es un monstruo bueno...










El salón

La idea de la armadura en papel de aluminio ya la habíamos hecho este verano en pequeñito. Hacerla en grande pegaba mucho con el tema de la fiesta. 

Las cabezas de esqueleto de "cabra" me los pidió Daniel expresamente y le di el gusto.


La mesa

El mantel de Frankenstein me costó la vida hacerlo porque soy una costurera malísima y los materiales con los que cuento son de muy mala calidad. A eso le achaco yo que se me hagan nudos cada dos por tres y se me rompa el hilo. Pero al final, no me importó hacer el esfuerzo, porque me gustó mucho el resultado.

Las tartas

La tarta de la serpiente la via en el blog La bichera y... ¡Me encantó! Tanto que se la he copiado, aunque versionada.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Árbol de otoño

Cuando vi le precioso árbol de cartón que compartió Ana en colorines en su fanpage se me quedó grabado en la mente. ¡Qué bonito! Y no parece muy difícil... ¡Tengo que hacerlo! Así que entre los fantasmas, zombis, vampiros y murciélagos del cumpleaños de la mansión encantada de mis dos peques, me busqué una excusa y me puse manos a la obra. ¿No era el cumple de la abuela de Raúl dentro de poco? Pues que le podría gustar más que una manualidad de sus nietos (además del regalo comprado de rigor).

No me lo pensé dos veces y senté a los dos chiquillos ante las témperas y los trozos de cartón recortados en forma de cuerpo de pájaritos y de un buho. Iván miró el panorama y me abandonó por lo juguetes nuevos que le habían regalado a Daniel por su cumple el sábado anterior. No me dió la más mínima oportunidad. Y eso que la actividad tenía pinceles de por medio, pero ni con esas.

Daniel se mostró más interesado, aunque no se creía que esos cachos de cartón se fueran a convertir en pájaros. Él decía que eran pétalos de flores. Conseguía que coloreara un par de ellos, pero los dejaba a la mitad y se dedicaba a enguarrar el papel que le había puesto para que no manchara la mesa.

En vista del interés desistí en implicarles y me dediqué a disfrutar de la manualidad. Me interrumpieron ventisiete mil veces, pero conseguí terminarla. Me dio pena que no hubieran participado más los chiquillos, pero no les puedo obligar si no les apetece. Una vez terminado les encantó el árbol. Y Daniel por fin se convenció de que los pájaros que había pintado eran aves y no pétalos de flores.

Al final no me quedó mal. Hasta que da pena regalarlo...

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Iván es un pieza

Corrí del edificio de los mayores con Daniel pisándome los talones al de los pequeños para recoger a Iván. En la escalera estaba mi peque sentado y estirando bine el cuello, buscándome con la mirada. En cuanto me vió se le iluminaron los ojos y me regaló su sonrisa más radiante.

Si pensaba que su profesora me lo iba a entregar sin más estaba muy equivocada. En cuanto la vi con la chaqueta del peque en la mano me olí que tocaba conversación serie. Y así fue.

"¡Vaya elemento es Iván!" Fue lo primero que me soltó, "No escucha, no hace caso, no sigue las instrucciones... Iván dile por qué tengo yo la chaqueta" A modo de respuesta el chiquitín le lanzó una patada desganada a su "seño". Roja de la vergüenza y la ira le espeté una airado "¡Castigado!", e intenté sentarlo en las escaleras, pero el niño tenía el día rebelde y enseguida se levantó.

"Tengo yo la chaqueta porque la tira al suelo... Y el baby también..." Tierra trágame, pensé yo. Daniel, en un momento de distracción se plantó entre las dos y comenzó a defender a su hermano a capa y espada.

"Es que sólo tiene ¡tres aaaaaaños! Sólo tres aaaaños. Y las profesoras tenéis que enseñaaaaarles porque es un bebé" le explicaba a la docente. "Pues explícame cómo lo hago" le soltó divertida al hermano mayor. "¡No lo séeeeee" Exclamó Daniel como diciendo "Eso es cosa tuya".

Volviendo al tema, me explicó que tenía que hablarle muy despacio y mirándole a la cara. También debía procurar que el chiquillo hablara despacio y pronunciando bien. Además de hacerles juegos que fomenten su capacidad de atención. Le expliqué que estábamos en plena etapa de los pulsos y me aseguró que no tenía nada nuevo que contarle, que eso de ella sabía mucho. Con la franja de edad de la que se ocupa no me extraña.

Lo cierto, es que fue un encanto. Y me lo explicó todo muy suave y amablemente. Yo ya sé que mi Iván de cara de angelito, en realidad, es una energúmeno con mucha mala uva. Seguiremos trabajando en su cabezonería, atención y mal carácter.

martes, 23 de septiembre de 2014

Ludo Ergo Sum

El domingo, a pesar del cansancio acumulado del día anterior por la celebración del cumple del mayor, papá no quiso que no perdiéramos las jornadas Ludo Ergo Sum que se celebraban en Alcorcón. Para algo tenemos un fanático de los juegos de mesa en casa.

Después de una noche infernal con Iván, que no paró de despertarse y hablar dormido (en una ocasión me lo encontré de cara a la pared señalando un imaginario póster de juguetes y exclamando "quero ete, y ete, y ete tamben...", me levanté un poco tarde, pero mi maridín lo comprendió y no me metió ninguna prisa a pesar de su patente emoción por llegar lo antes posible.

Preparé los desayunos, la mochila de mudas de Iván, agua y algo de picar por si acaso y nos fuimos pitando al pabellón del vicio de los juegos.

La verdad es que estuvo muy bien. Tenían torneos, en lo que no quisieron participar los peques, y una ludoteca de la que hicimos buen uso. Daniel estaba feliz porque también fueron los primos de "Covarrubias" y son unos expertos en estos juegos. Así que desde que llegaron ellos se lo pasó bomba con la selección de lujo que les hizo su tío.

Iván en cambio, entre que estaba cansado de la mala noche y que últimamente se porta fatal, me lo hizo pasar francamente mal. Se escapaba, tocaba las cosas de las tiendas, se tiraba al suelo poniéndose en peligro él y a los que iban y venían, no hacía caso de nada... Tal fue la cosa que me lo tuve que llevar al parque de enfrente del polígono donde se celebraban las jornadas más de una vez. Menos mal que los columpios estaban tan bien que hasta Daniel se animó a venir con nosotros para descansar un poco de estar sentado.

Los grandes descubrimientos fueron El Aviador Loco, clara apuesta para estas Navidades, y Super Rino, para ejercitar la psicomotricidad fina de una forma muy divertida.

Además, nos encontramos con el autor de Ikonikus, un juego que me parece sensacional. Se lo trajo a los niños su padre cuando fue a unas jornadas "ludópatas" este verano y les encantó. Es un juego para trabajar las emociones muy original y efectivo. Además a mí me ayudó a conocer más profundamente a mis hijos: sus miedos, preocupaciones, ilusiones... Daniel se volvió loco de contento cuando lo conoció en persona. Tanto que le pidió un autógrafo y casi lo mata a achuchones.

En el acto de fin de las jornadas, regalaron muchos juegos y uno le tocó a Daniel, así que el domingo también fue un día muy especial para él. "Mira mamá, otro regalo de cumple" me dijo agitando una caja enorme. En cuanto llegó a casa se puso a ver su juego nuevecito con el papá y parece que promete.

Iván y yo, como contraste, llegamos enfadados el uno con el otro y acabamos el día de gresca. Después de mucho llorar (por una parte y por otra), hicimos las paces justo antes de meterle en cama. Como siempre me prometió que se iba a portar "beeeeeeen", se dio la vuelta y se quedó frito.