miércoles, 18 de octubre de 2017

Covarrubias en el puente del Pilar

Mientras yo me quedaba de Rodríguez, mis churumbeles y su papá se iban de puente al pueblo. Me reuní con ellos el viernes por la tarde para descansar de una semana agotadora. Estaba tan cansada que me apetecía poco más que vegetar todo lo que pudiera. Eso no evitó que mis niños se lo pasaran genial todo el puente y vivieran miles de aventuras.

La primera de ellas consistió en ganarle la batalla a las zarzas y liberar unos árboles frutales de la abuela de sus garras. Lucharon valientemente y acabaron con muchas de ellas llevándose en el camino muchas heridas de guerra y un accidente que, afortunadamente quedó en nada y podía haber sido tremendo. Yo no estaba y cuando me lo contaron casi me da algo. Resulta que Daniel le dio a Iván sin querer en la cabeza con el azadón. menos mal que le debió dar flojo porque cuando le revisé la cabeza al pequeño sólo encontré un pequeño chichón. Vaya susto.

También hubo tarta, porque celebramos por tercera vez el cumple del más pequeño (primero con los amigos, luego en el día que nació y, finalmente, con la familia en Covarrubias). El niño sopló las velas tan feliz y recibió regalos superchulos. Hubo un momento de envidia celosilla por parte del mayor que ya habíamos pasado con el pequeño en la celebración del mayor y de los que me tengo que acostumbrar porque todos los años pasa lo mismo. Pero la sangre no llegó al río, afortunadamente.

¡Ah! Que también hubo río. Fuimos a la orilla para dar de comer a los patos, que se acercaron ávidos de pan. Allí Iván se inventó una canción muy divertida que acabamos cantando todos al ritmo de palmas, piedras entrechocadas y fuertes zancadas. Decía algo así como "ingual chichihuahuas metal", que según el autor significa chihuahua verde al que le salen diamantes de la piel.

Los niños y su padre estuvieron todo el rato de paseitos por el pueblo, pero yo no les acompañé en todas las ocasiones porque prefería quedarme tranquila a disfrutar del frescor de la casa. Porque hacía un calor horroroso, que yo creo que me bajó la tensión y todo.

¡Hasta una partida de rol organizó el padre! Nunca había visto a los peques tan entregados para llevar a buen término su misión, que por cierto realizaron con éxito. El más pequeño ahora persigue a su padre para poder estrenar la varita mágica que ganó con su hazaña en su próxima aventura.

Y por fin, volvimos a casa y tuve que volver a la cruda realidad del no parar. Ay si yo pudiera para el tiempo. No me sacabais de la cama en un lustro.

6 comentarios:

  1. Pero si en la cama te pierdes todo!!
    Denoto que estás otra vez trabajando y claro eso quita mucho tiempo. Suerte de tus mochuelos que pudieron escaparse de puente con su padre, y tu descansar un par de días jejeje
    Besos

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    1. Descansar es una placer tan placentero como correr emocionantes aventuras jajaja
      Lo cierto es que no estoy trabajando, sino haciendo un curso del Inem en el que no nos dan ni un sólo festivo lectivo que sea laborable, así que va a tocar hacer equilibrios con los peques ;)

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  2. Hay q ver lo q os "aburrís" en el pueblo del papi ;-)

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  3. Menos mal que el accidente se quedó en un susto porque, sí, pudo ser tremendo... Me alegro de que hayas podido descansar. Yo también ando agotada, qué vida loca. Jajajaja. Besotes!!!

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    1. Ya te digo. A mí casi me dan los siete males cuando me lo contó el pater tan tranquilo. Hasta le hice el test ese de la batería de preguntas, sigue mi dedo con la vista y cuantos dedos tengo aquí, aunque hubiera pasado tanto tiempo. Ainsss
      Espero que tengas también alguna ocasión de descansar. Ese horario tuyo es matador!!

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