sábado, 2 de junio de 2018

El anillo de la tragedia

Esa tarde Daniel salió del colegio con una expresión que amenazaba tormenta. Tiró la mochila a mis piés y se fue a un rincón de patio a rumiar su malestar mientras yo esperaba a su hermano. Enseguida, otras madres me recomendaron que le dejara un rato tranquilo. No quería agobiarle, pero es que la mala educación me subleva. Aún así me mordí la lengua e intenté controlar mi risa nerviosa y mi ceño fruncido, pero sin perder de vista al damnificado de esta historia. ¡Que narices le habría pasado!

Poco después salía su hermano. Cuando Daniel comprobó que ya no había madres a mi alrededor se acercó y me dio un sentido abrazo que me asustó un poco. Le pregunté si me lo iba a contar y, afortunadamente, afirmó. Buf, ya me veía haciendo labores de detective a lo bestia para averiguarlo. Y no es broma, que un hijo duele siempre y no hay razones ni límites para llegar al fin del asunto cuando así se requiere.

Yo ya me imaginaba lo peor y lo peor de lo peor. Se oyen tantas cosas que estos pensamientos eran muy negros, os lo aseguro. Pero la cosa era mucho más simple. Por un cumpleaños le habían regalado un anillo de plástico cutre que había dejado en su estuche para que no se le rompiera antes de irse a gimnasia. Al volver a clase no lo encontró y al preguntar la profe le dijo que se lo había tirado. "¿Así? ¿Sin más? ¿Sin motivo, sin explicaciones? ¡Imposible!" solté sin pensar. Mi hijo mayor empezó a poner esa cara de "Mi mamá es una Judas" que pone cuando no se siente lo suficientemente apoyado por mí. No es que quiera bajar su autoestima, pero es que no creo en los brotes de locura entre profesores que llevan a hacer cosas tan incongruentes como tirar un juguete a la basura porque sí.

Pero el crío insistía e insistía en su versión. Y a todo lo que yo proponía decía que no. "¿Estabas jugando con él en clase?", "¿Estaba jugando un compañero?", "¿Te portaste mal?", "¿Le contestaste mal?"... Y a todo que no, que no. Que él había sido poco más que un angelito en todo momento y que no se merecía algo taaaan injusto.

"¿¿Pero que demonios tiene de especial ese anillo??? Ya te daré uno de los míos en casa", pero nada, tenía que ser ese anillo. ESE. Me pidió que iniciáramos la búsqueda del anillo por todo el barrio, a lo que me negué por dos motivos: ¡Si pierde algo y se lo compro vaya apaño! y paso de perder toda una tarde detrás de algo que a lo mejor ni lo venden por la zona.

Por supuesto me llamó de todo. Que si no confiaba en él, que si era una pobre víctima, que por qué a él, que qué había hecho mal, que por qué no le creía, mala, traidora, insensible... En fin.

A ver, que yo me creía su versión, pero no había manera de hacerle entender que ahí faltaba mucha información importante para poder hacerme una idea realista de la situación. Creerme que la profesora le había tirado el anillo era algo que me sobrepasaba, pero tampoco quería que pensara que no confiaba en su palabra. ¡Que no era eso Jolín!

Total, toda la tarde hundiéndose en su miseria mientras mamá intentaba no quitarle importancia a su "problema", pero tampoco darle demasiada (chungo, chungo). Me negué a comprarle nada, pero me pegué la tarde enseñándole mis escasas joyas y de manualidades para hacer un anillo que se asemejara al perdido.

Cuando ya estaba a punto de estrangularlo (es que...) se me encendió la bombilla (tarde, lo sé. Pero es que me puso la cabeza como un bombo desde el minuto uno) y le pregunté si había mirado bien en el estuche. "Síiiiiiii", dijo con tono desgarrador. "Bueno, pues vamos a mirar otra vez por si acaso", sacamos el estuche tricremallera de la mochila y abrimos el primer compartimento. "¡¡¡¿Pero que es toda esta mi.... digooo... basuraaaa?!!!", exclamé asustada. "Son mis tesoros", contestó nervioso, "No le digas nada a papá que me los va a querer tirar". Le juré y perjuré que no diría nada y empecé a sacar guarrerías. Os diría que eran, pero es que no lo sé. Piezas extrañas, cachos de papel o de cosas no identificadas... Terrorífico. Porque se acaba el curso que si no...

El caso es que al abrir el último compartimento... ¡Ahí estaba el anillo!. A Daniel se le quedó una cara de pocker que no debía envidiar nada a la mía. "Aaaaah, ahora sé por qué cuando me dijo que me lo había tirado estaba sonriendo...", comentó el peque por lo bajini. "¡¡¡¡QUEEEEE!!!", exclamé al borde de un ataque de nervios, "¡¡¡Pero tú sabes la tarde de mirrr... mmmmfff... de porquería que me has dado por este anillo!!!", solté a punto de estallar. "Y yo te lo agradezco taaaanto", me contestó dándome su mejor abrazo.

Respira, respira, respira.

En fin. El caso es que la cosa acabó bien.

Luego contándoselo al padre me explicó que se parecía mucho al anillo con el que hipnotizan al Capitán Calzoncillos y que a lo mejor por eso le pareció tan grave la cosa. ¡Porque vamos! ¡Ni que se hubiera tratado de la PS4! En fin, mejor olvidar.


10 comentarios:

  1. jajaja menuda odisea!!! si es que... de verdad que tienen una manera de buscar.... que a veces los mataríamos.
    Menos mal que finalmente ha salido bien, no?? jajaja
    Un beso

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    1. Pues sí, menos mal, pero que pena que no se me ocurrió mirar antes en el estuche me hubiera ahorrado muchas lágrimas y lamentaciones ainss ¡Qué tarde me dio!

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  2. Un anillo para gobernarlos a todos... Jajajaja. Besotes!!!

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    1. Y para dar de collejas a los niños trágicos ainsss

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  3. Un poco increíble su versión pero ¡era verdad!
    Recuerdo los años de instituto que tenía una compañera que siempre decía me han robado la goma/boli/lápiz y luego siempre lo tenía por ahí o se le había caído al suelo jajaja
    Besos

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    1. Jajaja que despistada tu compi, ¡y que desconfiada!
      Daniel decía la verdad, pero yo tenía razón, faltaban datos en la historia jajaja

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  4. Me quedo tranquila que no soy la única madre con niños que tienen el estuche atestado de mier... digo de tesoros. Los míos de 10 y 6 parecen urracas, eso si, no busques el lapiz o el boli en el estuche que eso no lo llevan nunca, pero bolitas, hama beads, canicas, tornillos, gomitas, envoltorios... de eso lo que quieras.

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    1. Pues también me dejas más tranquila a mí porque no te imaginas cómo venía ese estuche. Y lo que tu dices: porquerías las que quieras, pero un simple lápiz... Eso no es tan importante ainsss

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  5. JAJAJAJAJA Por favor, no dejan de sorprenderme!! YO de pequeña guardaba trocitos de baldosas que me iba encontrando. Y mi madrido botones dorado de los vestidos de fallero y fallera. en fin...

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    1. Jajjajjaja Pues se ve que esto de los tesoros es de lo más normal. Yo no recuerdo meter nada en el estuche. Que sosa era, ahora que lo pienso. Lo de los botones de las falleras me parece ya el summum jajaja

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