jueves, 14 de junio de 2018

Tengo que llevar a Daniel más veces al supermercado

Como persona práctica que soy siempre busco hueco para ir al supermercado sin niños. Es una tarea que me parece de lo más engorrosa y cuanto antes acabe mejor. De hecho, la mayoría de las veces se me olvida algo de la lista por las prisas que tengo por terminar lo antes posible. Es por eso que mis peques lo pisan poco. Por eso, y porque nada más entrar ya están pidiendo por esa boquita que dios les ha dado: "Quiero helados", "Quiero estas galletas", "Mira estas zanahorias", "¡Vamos a coger también esto y lo otro y lo de más allá!", buuuuf. Me marean.

Pero el otro día Daniel me interceptó antes de que pudiera escapar. La idea era dejarles con mi marido e irme tan ricamente a llenar la despensa, pero la mirada de bambi del mayor es bastante efectiva en según qué situaciones. Y la verdad es que no se me ocurría ninguna excusa no ofensiva para conseguir que se quedara en casa. Así que me lo llevé conmigo. Total, con lo mayor que está seguro que terminábamos pronto. Error.

A mi lado trotaba un niño extremadamente emocionado. Por supuesto, ya iba pidiéndome cosas incluso por el camino. Cuando llegamos y vio que habían puesto en el suelo mini pegatinas de canchas de fútbol para promocionar los productos típicos para ver los partidos del mundial por la tele se volvió loco corriendo de un lado a otro, simulando jugar un partido de lo más emocionante mientras los usuarios le esquivaban horrorizados.

Le cogí por el cogote y le llamé al orden haciéndole ver que había demasiada gente para hacer tanto escándalo. Pero el crío no se amilanó. "Mira mamá, esquivo a la gente como un ninja fiuuuu fiuuuu fiuuuu" saltaba de una esquina a otra cruzándose por el camino de las personas sin ningún cuidado. "Basta, basta" le pedí sin poder reprimir la sonrisa, "Venga, vamos a la frutería". "Pero yo quiero ir a la pescadería, a la pescaderíaaaaaaaaaaaaaaa. Yo me voy a la pescadería que está al lado de la frutería y así no me pierdes de vista, síiiii, ¿mami? síiiiii", lo decía tan contento que cualquiera le dice que no. Así que le dejé ir a admirar piezas de pescado muerto mientras yo intentaba encontrar plátanos decentes.

Cuando me di la vuelta estaba arrimado casi encima del género duchándose con el vaporizador de agua que dejan caer de vez en cuando. Indignada le pegué un chillido y le hice gestos para que volviera inmediatamente a mi lado. Está visto que no le podía dejar sólo.

Entonces comenzó su periplo por la casa de los horrores. "Noooooooo. No cojas los champiñones, son venenooooo", "Aléjate del calabacín insensataaaaaa", "Aaaaarg lechuga . Ni la mires". "Mmmmm, brooocoli, brocoli, sí". La gente nos miraba un poco raro ya. "¡Calabaza! Me encanta la calabaza. Compra una. Yo la peso" y salió disparado hacia las pesas colándose descaradamente a una señora que estaba pesando en ese mismo momento sus cosas. "¡Hola! Mire que calabaza. Me encanta la calabaza", la mujer se debió quedar pasmada, pero menos mal que era maja y se echó a reír. Luego no me dejó reñirle asegurando que el peque ni se había dado cuenta de que estaba ella. Eso sí, el sermón sí que se lo llevó en cuanto dejamos esa sección.

Yo no sabía si había metido todo lo que necesitaba en el carro o no, pero sentía la imperiosa necesidad de salir de allí antes de que el entusiasmo de Daniel se desbordara mucho más, así que nos dirigimos a las cajas de autocompra. Pero si me creía que ya todo sería tranquilidad estaba muy equivocada. "Mami yo disparo con la pistola de rayos láser y tú me pones en medio a los enemigos" me pidió con ojitos brillantes, "las patatas lo último que es el megamalo". "¡¡¡¿Queeeee?!!!", pues efectivamente, yo le ponía el producto delante y el escaneaba el código con un "Muere maldito" o similar. Que conste que le dejé hacerlo porque no había casi gente en las cajas. Porque el caso es que tardamos más del doble que si hubiera pasado yo todo por el escáner.

"Mami, ¿a que te lo has pasado genial? Como ha molado lo de huir del calabacín, ¿eeeeeh?", la verdad es que me había reído mucho, no lo voy a negar, pero creo que voy a tener que traer muchas más veces al mayor al supermercado para que deje de verlo como algo así como un parque de atracciones.

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Eso es porque no lo hace de continuo jajaja
      Cuando es un deber ya no es tan divertido buuuf

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  2. Jajajajaja. Ay, me muero... Llévalo todas las veces que vayas. Aunque llueva, aunque nieve, aunque estén echando su programa favorito en la tele. Ya verás cómo en tres o cuatro visitas se le pasan las ganas. Jajajaja. Besotes!!!

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    1. Acabarán prohibiéndonos la entrada. Lo estoy viendo jajaja

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  3. jajajajaja un parque de atracciones para él!!! jajajaj
    Confieso que yo también busco el hueco para ir solaaaa, mi momentazo xD
    Y lo que te reíste??? ^^
    Un beso enormeee

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