domingo, 8 de noviembre de 2020

Los fantasmicocos

Pues resulta que empezamos a celebrar Halloween quince días antes con un montón de actividades y planes chulos. Luego llegó y se fue en un suspirito, así que mis hijos no estaban nada preparados para lo que se encontraron el martes al volver del cole.

Su malvada madre había recogido todos los fantasmas, monstruos, arañas, murciélagos, momias, esqueletos... ¡¡No había ni rastro de la decoración de Halloween!! ¡¡¡¡Nooooo!!!! Sus miradas acusadores y llorosas me persiguieron durante toda la tarde. No les consoló la débil excusa de que así hacíamos hueco para al decoración de Navidad (si es que salimos de una para meternos en otra).

Sus lastimeros suspiros eran peor que los de las almas desgarradas que vagan por nuestro mundo para toda la eternidad castigadas por sus pecados y blablablabla...

El caso es que se me ocurrió que les podía hacer una merienda especial para quitarles el mal sabor de boca. Había una receta que se me había ocurrido modificar para esa fiesta, pero que ni tiempo me había dado a hacerla. La idea era montar otro taller de cocina Halloween durante el puente, pero se nos fue el tiempo volando.

Y con las semanas petadas de exámenes que nos vienen tampoco vi que ese martes fuera sobrarles tiempo (ni ganas), así que les hice yo los fantasmicos para que se los merendaran esa tarde. Éxito total. Les encantaron. Y me han pedido que repita, aunque no sean de temática Halloween.

En realidad, se trata de una receta de bolas de coco que suelo hacer bastante, pero, esta vez, en vez de esferas, les di forma de graciosos fantasmitas y les puse ojitos con pepitas de chocolate. Y, oye, que el chocolate les da un toque muy rico. ¡Vaya descubrimiento!

La receta es la siguiente:

Ingredientes:

- Coco rallado

- Leche condensada

- Galletas María (o similar)

- Pepitas de chocolate

Cómo se hace:

1- Se pica la galleta hasta que quede con la textura del pan rallado.

2- Se mezcla la galleta picada (o rallada) con la leche condensada y poco del coco rallado hasta que conseguimos una masa manipulable.

3- Se hacen bolitas y se "empanan" por el resto el coco rallado dándoles la forma de fantasmitas.

4- Se le pinchan las pepitas de chocolate a la cara a modo de ojos.

¡Y ya está! No hace falta fuegos, ni horno, ni cuchillo, ni nada peligroso (excepto la picadora, que la puede manipular el adulto). Es un postre ideal para hacer con niños.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Un finde muy Halloween

Mi mejor cara de loca jajaja
Vaya paliza de puente Halloweeniano. El próximo lo quiero tranquilito. Como asome un ánima la nariz se va a arrepentir. Y es que este Halloween ha sido muy divertido, pero también muuuuy agotador. Por aquí hemos dormido poco con tanto monstruo, espíritu y primigenio suelto. 


Invitado especial, mini Jason
Y eso que nos han faltado muchas cosas en el tintero. éste iba a ser el finde de iniciación de los peques a Arkham Horror lcg con un escenario que les llama mucho la atención y tiene pinta de no ser tan complicado como el resto (a lo mejor me toca tragarme mis palabras): Barkham, adorables perritos investigadores contra malvadas criaturas gatunas (con lo que me gustan a mí los mininos, jo). El caso es que lo tenemos encargado en una tienda de Alcobendas y aquí estamos esperando que se abran las fronteras para ir a por él. Algún día, algún día...

Espadas no aptas para interiores
También teníamos prevista una sesión de papiroflexia Halloween la mar de chula con vistas a decorar aún más nuestro, ýa de por sí, terrorífico hogar, pero ¡oye! que el tiempo vuela y sin darnos cuenta nos plantamos en el lunes y sin fantasmas, calabazas ni murciélagos de papel. Menos mal que el próximo año volvemos a celebrar Halloween. ¡Actividad guardada!

Aquí fue cuando conocí el verdadero terror
El viernes la cosa empezó de la mejor de las maneras. 

Baba Yaga y Matriuska

¡Con un cuentacuentos espeluznantemente divertido emitido en directo por Facebook! Cómo se lo curraron la bruja Baba Yaga, la más estilosa de toda Russsia, y su hermana, la brujita más dulce y bondadosa. Si queréis saber lo que pasó puedes leer Cuentacuentos de Baba Yaga especial Halloween.


Esa noche nos pusimos a ver Bitelchus en la cena cine porque a mí me hacía mucha ilusión. La recordaba como una película ideal para Halloween y no defraudó. Lo pasamos genial con las peripecias de la pareja fantasma protagonista y sus esfuerzos por echar a la excéntrica familia que pretende adueñarse de su hogar. Y como a mí la canción de la genial escena de la cena me recuerda al anuncio de Piña colada (piña, mago, coco y banana. Con piña colada colarás), pues al día siguiente nos hicimos una piña colada sin alcohol buenísima y con receta propia (que hasta zumo de naranja le echamos).



El ventilador en peligro de muerte

El sábado los peques no tenían muchas ganas de disfrazarse, pero sí de jugar con atrezo, así que se pasaron todo el día con la sierra mecánica y las espadas de Ataque a los Titanes para arriba y para abajo. La sierra era manejable, pero con las espadas vivimos momentos de auténtico terror. Son demasiado largas y vimos peligrar la tele y nuestra integridad física en varias ocasiones. Es más que probable que las haga desaparecer muy pronto como si fuera cosa de magia...

Magia desde nuestro salón
Y cosa de magia fue el espectáculo que tuvimos la suerte de vivir el sábado por la noche de la mano de Pedro Volta, Magic Bunker. Una sesión divertidísima, participativa a más no poder y muy muy mágica. Y todo gracias a un sorteo de Vigopeques que ganamos. Si quieres saber más, puedes leer Magic Bunker online con Pedro Volta.

Pero hubo más magia ese fin de semana porque también estuvimos viendo el vídeo especial Halloween de Un papá mago: ¡Invocación! Que chulo. Nos gustó tanto que estuvimos buscando más especiales Halloween en su canal. Que buenos todos. Dijimos que le haríamos el truco que nos enseña este año al padre de las criaturas para que lo flipara, pero al final no dio tiempo. Y eso que no necesita mucha preparación. Lo tenemos pendiente. Tenemos que hacerle una sesión terrorífica con todos los trucos que aprendimos en su canal.



Los primigenios se ponen las botas jajaja
Pero volvamos a la noche del sábado... Tras el espectáculo de magia online nos pusimos a hacer la cena. Sacamos la receta del recetario que regalaba Fantasy Flight Games con motivo de las Arkham Nights de este año. Nada más terrorífico que un libro de recetas lleno de tentáculos de primigenios. Esa noche probamos el sandwich Reuben, que debe ser muy famoso en EEUU y no es de extrañar porque está buenísimo. 

Deliciosas magdalenas de calabaza

Y, después, cena cine con Consejos de una canguro para cazar monstruos (Netflix), que resultó ser entretenida. Los monstruos animados eran una monada y el malo malísimo tenía mucha chispa. Eso suplió un poco lo anodino de los adolescentes que aparecen, niñeras incluídas. Lo único que me gustó de ellas fue el momento en el que la más guerrera le increpa a la protagonista por asustarse de la tía buena de su clase que se mete con ella y del chico que le gusta cuando están enfrentándose a terribles monstruos. A mis hijos les gustó mucho y eso es lo que importa.

Aventura loca y descacharrante
Cuando terminó la peli y dejé a los peques bien arropaditos en sus camas, me metí en una partida de Fiasco que organizaba Paloma, de Refuerzo Divertido. En esta ocasión, no jugaba directamente, pero había sido convocada para hacer de fantasmita diablillo para liar más la cosa. Lo malo es que estaba tan cansada que pocas diabluras hice y todo el peso de la maldad se o pasé al otro fantasma jugón, que sí que se la liaba bien parda a los jugadores. Fiasco es un juego de rol rápido que no requiere de casi ninguna preparación y que se juega sin máster. Se montan unas historias muy locas, al estilo de las películas de los hermanos Cohen, que hacen que a los jugadores se les caigan las lágrimas de la risa. Aquí os dejo el relato de la partida organizada por Paloma que sí jugué y otro de mi primera partida a este juego.

Velitas led por las que ya no están
El domingo, lo primero que hice fue poner unas velas en recuerdo de los que ya no están. Como Daniel decía que no se acordaba de ellos (a muchos no los conoció), me pidió que pusiera fotos. Y así lo hice con unos pocos, pero le aclaré que las velas las ponía por muchos más que nos han dejado y a los que echamos de menos. Por supuesto, también estaban encendidas por Missi y Fantasma, nuestros preciosos gatitos.

Piña, coco, mango, banana y huesos de santo
También aprovechamos para comer huesos de santo, que es lo típico en este día de Todos los Santos, acompañados con la piña colada que nos inventamos tras ver Bitelchus. Delicioso todo. Hay que repetirlo.

Truco o trato en una farmacia muy inquietante
El resto del día me lo pasé limpiando, recogiendo e intentando preparar una partida especial Halloween de Misterios de Arkham para esa misma noche. Fue una tarea titánica que me exigió un sobre esfuerzo tremendo. Así estaba yo el lunes que no tenía ganas ni de pestañear. En fin, que lo conseguí y tuvieron su partida, aunque con algunos fallos por las prisas. Estuvieron encantados de señalarme todos y cada uno de ellos y darme valiosísimas opiniones para mejorar la partida estratosféricamente. Al menos se lo pasaron bien y tuvieron una buena ración de horror, misterio y tensión en la calle de los Caramelos Diabólicos Sonrientes.

¡El hospital se llena de monstruos!
Como digo, el lunes acabé para el arrastre, así que nos dedicamos a descansar, leer y a jugar a juegos de mesa. El sábado por la mañana nos habíamos dado un salto a Akira cómics y teníamos unas cuantas nuevas adquisiciones de lo más interesante. Entre ellas la expansión de Halloween de virus, con la que echamos unas cuantas partiditas. 

¡Los monstruos nos acorralan!
También nos viciamos al modo cooperativo de El castillo del Terror 2, qué difícil es ganar con este modo, pero que divertido jugarlo. Como nos picamos.

Deliciosos fantasmicocos
Y hasta aquí la crónica de nuestro fin de semana terrorífico. Al día siguiente saqué un ratito para quitar toda la decoración de terror para hacer hueco a la alegre festiva navideña. A los peques les sentó como un tiro llegar a casa del cole y verse las paredes desnudas de murciélagos, fantasmas y monstruos varios. Así que hice un esfuercito más y les preparé una merienda Halloween a base de fantasmicocos, una variación Halloween de las típicas bolitas de cocos. Mano de santo. Tras el subidón de azúcar ya volvía a tenerlos felices, pero ahora sí que sí, se acabó la fiesta de los monstruos y los espíritus en esta casa por este año.

Por aquí dejo una lista de otras actividades que hicimos en días anteriores para preparar Halloween, la fiesta preferida de las fieras:






viernes, 6 de noviembre de 2020

Virus Expansión Halloween

El sábado de Halloween por la mañana no perdimos la oportunidad de dar un paseito y disfrutar del pedazo de día que nos hizo. Nuestros pasos nos llevaron a Akira Cómics y, como siempre que acabamos allí por la razón que sea, sucumbimos a la tentación y salimos con una bolsa bastante cargadita. Entre las nuevas adquisiciones cayó la expansión Halloween de Virus, que le teníamos muchas ganas. 

Así que el lunes, día en el que yo me levanté para el arrastre y decidimos que sería tranquilito por fin, lo estrenamos con mucha ilusión. El sobre lo abrieron entre las dos fieras que se fueron pasando las cartas y comentándolas entusiasmados mientras el padre se leía las reglas.

Al poco ya estábamos jugando a contagiar, curar, robar órganos... esa cosillas normales y rutinarias jajaja Y que tanto pegan en una fin de semana de Halloween... Encima, en la expansión el hospital se llena de monstruos para poner la cosa aún más interesante.

Como es lógico se necesita el juego básico. Es imposible jugar sólo con las doce cartas que vienen en el sobre. Estas nuevas cartas permiten robar hasta los órganos inmunizados y hacer la puñeta más y mejor a nuestros contrincantes, sanitarios un pelín psicópatas o científicos locos, lo que más os guste.

A nosotros la que más nos ha gustado ha sido la de la calabaza que te obliga a curar a otro jugador, con lo que fastidia eso, para poder quitártela de encima. ojo, que el que la tenga no puede gana aunque tenga los cuatro órganos sanos. Inciso: a mí, personalmente, me ha ganado el órgano tentacular jajaja

La idea de expansiones temáticas en sobres y a un precio tan asequible nos ha parecido genial, aunque las fieras quieren incluir un comentario para los autores: Meted al menos una copia más de cada órgano. Con tanta carta de acción, virus y medicinas, era todo un logro encontrar los órganos jajaja

A no ser que tengas tanta suerte como tuve yo muahahaha. En realidad, lo dicen desde la envidia porque siempre me tocaban a mí y ellos sólo podían robármelos como malvados jugadores que son.





jueves, 5 de noviembre de 2020

MdA Especial Halloween: La calle de los caramelos diabólicos sonrientes

Quería haber preparado una aventura terrorífica del sistema de rol en vivo que estoy escribiendo, Misterios de Arkham, para la mismísima noche de Halloween, pero fue imposible. No pude llegar a todo. Pero sí que la tuve lista (masss o menosss) para la noche siguiente. Esta vez cogí las imágenes de internet, en vez de dibujarlas yo misma, y los párrafos de ambientación no estaban tan currados como en las otras aventuras, pero conseguí que pasáramos una rato espeluznantemente divertido, que era el objetivo.

Después de cenar coloqué cada pista en su lugar y ¡comenzó la nueva misión!

En esta ocasión, los investigadores reciben una carta de una señora, que vive con su sobrino en la calle de los Caramelos Diabólicos Sonrientes, pidiéndoles que resuelvan el misterio que hay detrás de los extraños sucesos que están pasando en el barrio. Sobre todo, quiere que acaben con las terribles pesadillas que acosan a su sobrino.

Encima, es la noche de Halloween y todo puede pasar. Según Daniel, no es de extrañar que el niño ese tenga pesadillas viviendo en una calle con ese nombre, pero, a pesar de que ya tenía esa teoría tan válida, estaba más que dispuesto a investigar el misterio mientras iba de puerta en puerta pidiendo chuches, sobre todo unas especiales que les ha pedido, Keziah, la señora que les mandço la carta. Cuando sale a recibirles les da una lista con unas chuches concretas que servirán para animar a su aterrado sobrino, Walter, que no se atreve ni a asomar la nariz por la puerta de su casa.

Y hace bien, porque una rata gigante con cara humana, y muy poderosa, parece campar a sus anchas entre las bonitas casas del barrio. ¿Habrá salido directamente de las pesadillas de Walter?

En cada casa que visitemos, en busca de las ansiadas chuches, nos encontraremos personajes singulares, terribles trampas, esclarecedoras pistas, inefables monstruos... Y chuches, claro. Eso también. Pero hay que tener mucho cuidado porque algunas están envenenadas.

Los investigadores persiguieron la verdad incansables, lucharon como valientes y miraron a la cara al mal supremo, pero acabaron pereciendo a manos de un horroroso primigenio. Eso sí, resolvieron el misterio bastante bien y se llevaron un murcielaguito anti estrés cada uno, que eran un monada, como premio de consolación.

Les dije que eran las brujas que quedaban con vida, que se habían convertido en murciélagos para intentar escapar, pero no contaban con los investigadores (en espíritu), que las atraparon y ahora las tienen en sus respectivos cuartos.

Si queréis saber un poco más de este juego podéis leer la primera y la segunda aventura.

Fiasco: Contabilidad mortal

Se presentaba otro aburrido día entre cifras, haberes y deberes para Daisy, contable de la gestoría ubicada en un pequeño barrio de las afueras. Tan metida estaba en el libro de cuentas, que no se fijó en su jefe hasta que lo tuvo casi encima. Muy pocas veces se aventuraba en el cuartucho donde trabajaba la mujer de mediana edad, por lo que esa aparición sólo podía interpretarse como una señal de problemas.

Daisy compuso un sonrisa falsa que le estiró la cara hasta ángulos imposibles. Su jefe la imitó, como si de un efecto espejo se tratase.

"Quería hablar contigo, querida", comenzó con voz pausada, "Últimamente el trabajo se ha incrementado y he pensado que te vendría bien una ayudante", un ligero temblor se adueñó del ojo de la contable. Nadie que no fuera ella podía acercarse a los trucados libros. Y mucho menos al cuarto del archivo.

Le costó un gran esfuerzo recomponerse y hacer frente a la noticia de su jefe poniendo un montón de razones e impedimentos a la entrada de un nuevo trabajador en su despacho. Tenía un montón de razones para seguir con sus actividades sin ojos indiscretos a su alrededor, pero el jefe fue impasible. Mañana se presentaría en la oficina Pepita como ayudante de contabilidad, y no había nada más que añadir.

La cosa era peor de lo que pensaba. Encima se trataba de Pepita. Fueron grandes amigas en el colegio, pero hace mucho que sus caminos se habían separado. Daisy optó por los números y los estudios, y Pepita por explotar su enorme belleza para vivir de gorra y nadar en la abundancia gracias a sus muchos admiradores. Le extrañaba que a estas alturas hubiera decidido ponerse a trabajar, lo más probable es que, sabiendo lo que sabía de ella, la cosa se decantara más hacia la extorsión y el chantaje.

Era el momento de echar mano de los aliados. Era el momento de hacer una visita. Por primera vez en años, Daisy dejó su puesto de trabajo desatendido en horario de pficina y salió a la calle como alma que lleva el diablo. 

No tardó en plantarse ante la casa de Hermano Mayor, dirigente de una asociación masónica con actividades pocos claras. No era difícil adivinar de dónde venían los fondos que sustentaban dicha organización a estas alturas.

Hermano Mayor se llevó una gran sorpresa al ver a Daisy en el dintel de su puerta. Se suponía que a esas horas estaba enterrada cuadrando cuentas para que no se notara el pequeño desvío de dinero que sufría la gestoría en sus ingresos. La contable no perdió el tiempo y le expuso el problema bruscamente.

- ¿Me estás pidiendo que mate a Pepita? ¿Estás loca?- Le increpó el iluminado incrédulo. Una cosa era robar y otra esto.

- No seas exagerado. Sólo te pido que impidas que Pepita venga mañana a trabajar para que me dé tiempo de deshacerme de pruebas incriminatorias sobre mí y sobre ti. Este tema nos afecta a los dos.

Hermano Mayor Mandó a Daisy de nuevo a la oficina para que comenzara con la "limpieza" con la promesa de que se encargaría del asuntillo. En cuanto hubo cerrado la puerta, hizo un llamada a un número que no tenía memorizado en su móvil.

Al segundo pitido descolgaron desde el otro lado.

- Que passsa, hermanoooo. Tengo una nueva mierda que te va a encantar. Ahí de fliparlo.- le soltó a bocajarro una voz ronca y algo pastosa. Un montón de maullidos le hicieron de coro por el fondo.

- Que interesante Paquito, pero te llamo por otra cosa. Necesito un favor. Escuchame que te interesa, que ya sabes que soy un cliente agradecido.

- SSuelta por esa boquito, pichón.- Le animó su camello.

- Necesito que le des a Paquita alguna mierda rara para que no pueda ir mañana a trabajar.- Le explicó de forma sucinta.- Te pagaré bien.

- ¿¿Qué?? ¿Paquita? Tíooo, que sabes que hay mucho love entre esa pava y yo. No me jodas.

- Déjate de historias que sólo te quiere para follar. Y de Pascuas a ramos, que galanes no le faltan. Bueno, qué dices. ¿Quieres la pasta o no?

- Ssseh, sí. Pero sólo dejarla así un poco p'llá, ¿eh?

- Que sí, hombre. ¿Que crees? ¿Que quiero matar a semejante bellezón que nos alegra la vista, y otras cosas, a todo el barrio?

- Oye, no te passses, que estás hablando del amor de mi vida. Amos hombre, no me jodas, eh.

Paquito colgó hecho un mar de dudas, pero el dinero es un poderoso motivador, así que pilló una droga de esas que te dejan ko por un buen rato y se dirigió a casa de su amor platónico.

Allí lo recibió la aludida, bastante ligera de ropa, como venía siendo costumbre en ella y con una sonrisa deshinibida que invitaba a los pecados más prohibidos.

- Qué pasa Paquito. Mira que eres caro de ver últimamente. ¿Has traído algo bueno? Pasa hombre, pasa.

Desde una distancia prudencial, Lupi, los observaba con pena... con pena de sí misma, porque llevaba años enamorada de su patrona sin esperanza. Cada hombre que entraba en su casa se le clavaba en el pecho como un puñal. ¿Por qué no podrían gustarle las mujeres como a ella? Aunque tampoco podía echarle nada en cara, teniendo en cuenta que ni siquiera se atrevía a salir del armario. Si hasta cubría las apariencias con un marido casquivano que cada dos por tres buscaba fuera lo que ella no podía (y no quería) darle. Ya había perdido la cuenta de las veces que se habían casado y divorciado. ¿Le quedaría alguna vecina que no se hubiera tirado al muy sinvergüenza? Afortunadamente, nunca le había visto entrar en la casa de su adoraba Paquita. Eso la hubiera destrozado. 

Sumida en tan tristes pensamientos se dispuso a recoger las más bellas flores del jardín, en el que trabajaba como jardinera, para regalarle un precioso ramillete a su jefa. Como hacía cada día... Sin darse cuenta se fue acercando a una de las ventanas abiertas de la casa y no pudo evitar escuchar un trozo de la conversación.

- Pues sí tía, no sé qué le has hecho, pero tú eres el amor de mi vida. Ya lo sabessss y no puedo hacerte esta putada. Que no vayas a trabajar mañana y ya, ¿pero tú trabajas? ¿Desde cuándo, bombón?...

- ¡Buah! Sí ya sé lo que ha pasado. Esa Daisy, que desconfiada... En fin. Tranquilo, que ya lo arreglo yo...

- ¡Ah! Puesss guay. Entonces, tú y yo al lío...

- Ay no Paquito. Que tú sabes que como follamigos estamos muy bien, pero es que últimamente no puedo quitarle de encima los ojos al marido de mi jardinera. Está macizorro el tío. Ya se me pasará, pero hoy es que no estoy para mucha verbena. Anda, anda regálame algo bueno, nos lo tomamos como buenos amigos y todos felices.

Con el espanto colándose en su cerebro corrió más que voló a la casa de Hermano Mayor, su líder espiritual, tan iluminado él. Seguro que podría aconsejarle bien sobre la salvación de su señora. Desde luego, si George osaba acercarse a su objeto de deseo lo iba a pagar muy caro. Esta vez no se conformaría con un divorcio de pega.

Mientras tanto Paquito salía de casa de pepita con mal sabor de boca, primer,o porque no había habido tralalá y, segundo, porque veía el dinero que le habían prometido volar. Si es que no podía drogar así a Pepita, que no. Pero a lo mejor otra persona sí. Decidió llamar a alguien que probablemente pudiera pringar por él. No era cuestión de ir a visitarle porque seguro que sospechaba.

George, el marido de la jardinera Lupi, no le hizo esperar mucho.

- ¿Diga?

- Ey George, tío. Soy Paquito er chocolatinas.- El aparato le devolvió un silencio pesado. Estaba claro que le había pillado por sorpresa.- Oye, tengo una información muy jugosa para ti, pero claro, te va a costar guita, tío.

- ¿Eh? ¿Paquito? No entiendo nada de lo que dices. Mira, no me interesa, lo siento.

- ¡Espera! No me cuelgues. Está bien, está bien. Porque eres colega, que si no... A ver, que la Pepita, esta que está como un tren, se ha fijado en ti, macho. Que quiere lío. Y yo he pensado... Que tengo aquí una mierda muy buena. Te la vendo a precio de amigo, se la das a Pepi y os montáis una fiesta orgía primaveral subidón subidón. De nada, tío. Me debes una, eh.

- No sé yo. No me queda claro que ganas tú con todo esto.

- Una venta y un favor a una amiga. Tío, que te la estoy ofreciendo en bandeja.

Finalmente, Paquito logró convencer a George sin mucho más esfuerzo. Está claro que le pierde su líbido. Eso sí. A cambio quería un favor, como todo hijo de vecino. Daisy le había dejado un maletín para que lo guardara durante una temporada a cambio de guardar en secreto unas pequeñas infidelidades suyas, pero le daba mala espina y quería deshacerse de él. Así que sería Paquito el que guardara el maletín hasta que la contable lo reclamara. 

Evidentemente,la mente de Paquito es más inquieta que la de George, que sólo piensa en una cosa todo el tiempo, con lo que le faltó tiempo para abrirlo y encontrarse dentro una pasta gansa recogida en fajos de billetes de quinientos. Huelga decir que los ojos le hicieron chiribitas y que armado de aguja e hilo se pegó un buen rato escondiendo el dinero en su colección de peluches.

Simultáneamente Lupi le lloraba al Hermano Mayor para que le ayudara a salvar a Pepita de los desalmados, que sólo la ven como un pedazo de carne, y hace que el cabeza de la organización masónica se arrepienta de haber intentado drogarla. Si es que esta Lupi es una alma pura y esa Pepi está demasiado buena. Cómo había podido ni siquiera pensar en hacerle daño.

También en ese momento, Pepita se presenta en la oficina de la gestoría y le explica a Daisy que no tiene de qué preocuparse, que ella sólo quiere el trabajo para cobrar, no para trabajar. Y que con lo que sabe sobre ella seguro que no le va a poner problemas en trabajar por las dos. El miedo de Daisy a ser descubierta se convierte en ira porque le tomen por tonta. Pero es una ira fría y su cerebro ya está planeando su siguiente paso. Fingiendo resignación acepta el trato de Pepita, pero como compensación, ya que va a tener que trabajar por dos, sólo le pide que le guarde una bolsa enorme en su casa hasta el día siguiente. Pepita acepta alegremente. Le parece poco pago a cobrar todos los meses sin dar ni palo.

No acaba de despedir a su vecina de cascos ligeros, y ya está haciendo una oportuna llamada a la policía. Al poco rato, vuelven a tocar a la puerta del despacho. Al abrirla se topa con Paquito el Chocolatinas. Esta vez la visita no le causa ningún quebranto porque sabe a lo que viene. El camello le hace entrega de un producto químico que se usa usualmente para embalsamar cadáveres y se va contando el dinero de su venta.

Pero las sorpresas no se han terminado aún. Daisy recibe a un ofuscado Hermano Mayor que se niega a hacer daño a Pepita y que asumirá las consecuencias de los desfalcos. La contable no pierde la calma y propone discutir el tema delante de un café y de forma calmada. Muy aliviado, Hermano Mayor acepta su oferta y disfruta de su café... hasta que se desmaya y cae redondo ante Daisy. Lo ha envenenado con el líquido de embalsamar. Harta de tanto sinsentido, la contable psicópata decide hacerse cargo del asunto ella misma. Se acabaron los cabos sueltos. Con mucha tranquilidad, mete el cadáver en una gran bolsa y llama a Paquito para que venga a por él y empiece a disecarlo. Pronto formará parte de us colección. paquito acepta encantado. No es el primer encargo de este tipo que le hace y le supone mucha pasta en los bolsillos... Arreglado el tema del cadácer, dirige sus pasos a la casa de Hermano Mayor para dar comienzo a su plan.

Pepita, por parte, se da cuenta de que la bolsa empieza a soltar un olorcillo la mar de desagradable, así que decide no entrarla a casa y guardarla en el seto desde el que sabe que su jardinera la espía, noche sí y noche también, con sus gafas de visión nocturna. En esas está cuando oye las sirenas de policía y ve como un par de coches patrulla aparcan en su puerta. Todo esto le está oliendo fatal y no sólo por la bolsita de marras. Muy asustada llama a su fiel Paquito y le pide ayuda para que vaya a salvarla. El camello no se lo piensa dos veces. Esto huele a polvo seguro. Deja la bolsa con el cadáver de Hermano Mayor en su casa, tras echarle un rápido vistazo (le podía la curiosidad), y se presenta en la casa con un taser descargando electricidad a diestro y siniestro entre la policía.

A todo esto, Lupi ve que su escondite secreto está ocupado, así que esa noche ni siquiera podrá buscar el consuelo espiando a su amor platónico. Por otro lado, ve unas esposas en uno de los coches policía y no puede vencer la tentación de dar el cambiazo por las suyas de plástico. En el fondo es una picarona.

En esas está cuando es sorprendida por un policía, que le increpa por robar material de las fuerzas del orden. Lupi se pone muy nerviosa. Afortunadamente, ve a su marido acercarse para salvarla. O eso cree ella, porque lo que en realidad hace George es convencer al agente de que la pobre está loca para que se la lleven detenida y tener vía libre con Pepita, que a eso va el muy pillín.

Finalmente, los policías logran reducir a Paquito y se lo llevan junto con Lupi. Cuando ve que ya no hay moros en la costa, Pepita se atreve a salir del seto y se encuentra a George esperándola con unas pastillas de colores y con la intención de compartir lo que haya compartir. Menuda suerte la suya. Una oportunidad así hay que aprovecharla.

Ambos se ponen hasta arriba de pastillas y comienzan un viaje lleno de colores, mientras Daisy busca la llave de la casa de Hermano Mayor bajo el felpudo y entra en ella con mucho sigilo. No tarda en encontrar lo que está buscando. La afiladísima espada Klingon de la colección friki de su socio. Justo lo que necesitaba, se dice dirigiéndose a la casa de Pepita.

Mientras, en la comisaría, Paquito encuentra placer en torturar a la pobre Lupi contándole que su querido Hermano Mayor yace más tieso que la mojama en una bolsa negra en su casa. La torturada jardinera pierde el control y se echa encima del camello como si fuera una bestia salvaje. Su comportamiento hace aún más creíble la teoría de su supuesta locura expuesta por su marido infiel. Sin poder hacer nada por evitarlo, Lupi, acaba empujada sin muchos miramientos al interior de una celda acolchada.

Paquito tiene más suerte, uno de los policías que le custodia es un cliente habitual suyo, que lo deja libre para no buscarse problemas. El camello no lo duda y mete la quinta hasta su casa, en la que le esperan los 100 gatos asilvestrados que viven con él, exigiendo comida a maullido limpio. Sin dudarlo, los aparta con más brusquedad de la necesaria y se introduce en la vivienda con mucha prisa.

En ese momento, Lupi está llorando en un rincón de su celda cuando, de repente, se pone en marcha un espectáculo que ni en la película de Polstergeist. Es el espíritu de Hermano Mayor, que ha decidido que aquí la único alma pura que merece la pena salvar es la de la jardinera, que piensa más en la casquivana de Pepita que en ella misma.

Así que, con un numerito de luces, lamentos y fenómenos inexplicables, hace huir a sus carceleros y le abre la puerta dándole vía libre hacia la libertad. Lupi, que no se para a preguntarse qué rayos ha pasado ahí y va directa a la casa de Paquito para recuperar el cuerpo de su guía espiritual (aunque sea masón, no nos perdamos en detalles importancia...).

Cuando llega a la casa se encuentra con la puerta entornada y la empuja sin pensarlo dos veces, provocando una avalancha de gatos salvajes que se abalanzan sobre ella muertos de hambre, justo en ese momento, ve con el rabillo del ojo como el camello salta por la ventana agarrando el oso de peluche más grande que ha visto en su vida. La pobre Lupi retrocede espantada para acabar bajo las ruedas de un coche.

Volviendo a Daisy, la contable toca al timbre de la puerta de su odiada ex amiga de la infancia e, inesperadamente, le abre la puerta una criada. Normal, teniendo en cuenta que la dueña de la casa está alucinando en el salón de su casa. Sin tiempo para explicaciones estúpidas, le rebana el cuello de un solo tajo, con la icónica espada, y se introduce hasta la puerta de acceso al salón, pero las voces que surgen de su interior la obligan a parar sus ansias asesinas. Dentro, Pepita y George se están contando sus más profundos secretos. Será mejor buscar un escondite para pegar la oreja, piensa Daisy.

Pero las cosas nunca salen como uno las planea y un George completamente ido se acerca a un armario para cotillear y se da de bruces con una contable psicópata armada con una afilada espada klingon. Ni siquiera ve venir el primer tajo, que fue seguido de muchos más y que lo dejó agonizando en un charco de sangre.

Es inútil retrasar lo inevitable. Espada en ristre, Daisy avanza hacia Pepita, que lejos de asustarse la mira con ojos brillantes. Puede ver amor en esos ojos. De repente duda, le tiembla el pulso. Es incapaz de acabar con su antigua amiga. No quería verlo, pero en realidad, hacía mucho que estaba enamorada de ella. Desolada, Daisy tira la espada al suelo y sale corriendo para perderse en la noche...

Pepita se da cuenta de que a ella le pasa lo mismo. Siempre ha estado enamorada de Daisy y se tiraba a todo lo que se movía para llamar su atención. Cuando ve que ha perdido al amor de su vida para siempre, cae en una terrible depresión. 

Lupi sobrevive al accidente, pero queda atada a una cama para el resto de sus días y troca su amor por Pepita en profundo odio.

George también sobrevivió, pero el ataque de Daisy lo dejó terriblemente desfigurado. Sus días de galán han terminado para siempre. Ahora se conforma con que los niños no huyan despavoridos al verle.

Hermano Mayor vaga por las calles del barrio como fantasma, lamentándose por no haber podido salvar el alma de Lupi.

Paquito el chocolatinas logra huir forrado del dinero que se encontraba escondido en el oso de peluche gigante que se llevó consigo y vuelve a comenzar el negocio desde cero en otro barrio, en otra ciudad.

Daisy, en su loca huida tiene un momento de lucidez y se pasa por la casa de Paquito en busca de ayuda, pero lo único que encuentra son un montón de peluches desgarrados por finas uñas de gato y con billetes sobresaliendo de sus barrigas esponjosas. La sangre que adorna la puerta no la asusta ni lo más mínimo. Coge todo el dinero que puede cargar y se aleja de su amada sin volver la vista atrás.

Poco después, una vez instalada en un nuevo barrio y con otro trabajo de contable a sus espaldas, monta una fiesta en su casa para evaluar a sus posibles futuras víctimas, digooo, para conocer a sus vecinos... Su mirada se cruza con la de un hombre de ojos tristes. En ese momento sabe que ha encontrado al nuevo amor de su vida.




miércoles, 4 de noviembre de 2020

Magic Bunker con Pedro Volta

Que alegrón nos dio a todos la noticia de que había ganado el sorteo de Vigopeques para el espectáculo de Magic Bunker  online con Pedro Volta. ¡Con lo que nos gusta la magia! Y encima en la noche de Halloween. ¡Que mejor plan puede haber que un encuentro con la magia en la noche de los espíritus!

El día D a la hora H, el padre de las criaturas ya nos tenía todo preparado para que disfrutáramos a tope repantigados en el sofá de casa. Cámara con trípode y micrófono de calidad chachi incluído. 

Y ahí estaba el mago Pedro Volta hablándonos como si lo tuviéramos delante. Nosotros le veíamos a él y el veía a todas las familias presentes en su tablet. Así podía elegir con comodidad voluntarios para que le ayudaran con su magia. 

Nos pareció muy emocionante y cercano. Desde luego, las tecnologías han avanzado una barbaridad y con estas cosas parece hasta que traspasan las pantallas. ¡Una chulada!

Pedro volta cambiada de cámara con gran maestría y nos mostraba su mesa, su refugio mágico o a la familia voluntaria según fuera necesario. También nos pedía que le lanzáramos algo imaginariamente o que aplaudiéramos desde casa. Es muy divertido participar aunque sea a través de la pantalla.

¡Nosotros fuimos voluntarios en uno de los números! Fue genial. Y nos dejó con la boca abierta. Teníamos que contestar unas preguntas y a veces nos costó ponernos de acuerdo entre nosotros jajaja Era imposible que adivinara nuestras respuestas, pero ¡lo hizo! ¡Wualaaaaa!

Y con el resto de trucos nos dejó igual de impresionados. Todos los participantes eran la mar de salados. Que risas. Y qué emoción se leía en las caritas de los niños. Todos flipábamos con cada nuevo truco. ¡¡¡Cómo lo hace!!! La verdad es que estuvo muy bien.

Los espectáculos online en directo y con la participación del público son una genial forma de reinventarse en los tiempos que nos ha tocado vivir. Está claro que no es lo mismo que en un teatro, pero a mí me ha gustado muchísimo la experiencia. Nos lo hemos pasado genial, interactuando con el mago, alucinando con la magia desde primerísima fila y con la comodidad de estar en nuestro propio salón. ¡Una maravilla!


martes, 3 de noviembre de 2020

Cuentacuentos Baba Yaga especial Halloween

El viernes pre Halloween la cosa empezó de la mejor de las maneras. ¡Con un cuentacuentos espeluznantemente divertido emitido en directo por Facebook desde el grupo Solo Palabras! Cómo se lo curraron la bruja Baba Yaga, la más estilosa de toda Russsia, y su hermana, la brujita más dulce y bondadosa. 

La ladina bruja rusa pretendía engatusar a los niños para que se tomaran confianza, aparecieran por su casa y ¡comérselos!, pero con esto del coronavirus su plan era inviable, así que decidió leer cuentos de mucho miedo para asustarlo, pero su hermana hechizó los cuentos y los hizo amables, encantadores, tiernos y divertidos. Uy, como se enfadaba Yaya cada vez que terminaba de contar uno. "¡Has sido tú! Me los has hechizados todos y así no hay manera de asustar a nadie", le increpaba a su hermana.

Con ayuda de preciosos animalitos de peluche de lo más Halloween, la malvada bruja , leyó La oveja que vino a cenar, Murciélagos en la biblioteca, ¡Como mola tu Escoba! y Rady, el gatito enfermero. Con éste último casi acabamos todos llorando de la emoción, que precioso relato basado en un hecho real.

La verdad es que escuchar a Baba Yaga nos llevó en una montaña rusa de emociones, desde la risa, al temor, pasando por la sorpresa. Fue divertidísimo y se nos hizo muy corto cuando por fin se despidieron.

Por cierto, que Baba consiguió que un par de niños se acercaran por fin a su casa, pero cerró la puerta a cal y canto cuando su hermana le informó que eran hansel y Gretel, famosos por comer ¡brujas!

Si queréis verlo lo tenéis en esta publicación, pero tenéis que uniros al grupo, porque es privado. Al principio está girado, pero enseguida lo arreglan. No os perdáis los consejos de las brujas para combatir el COVID.

Por cierto, el trailer del cuentacuentos también nos gustó muchísimo. 

¡Queremos más cuentacuentos de María José!