martes, 16 de junio de 2015

MadBird Fair

Este finde se celebrababa un evento que me sonaba genial para ir en familia: MadBird Fair, una feria de la observación de la naturaleza ubicada entre la fuente de Cibeles y la de Neptuno. Estaba muy ilusionada con mi planazo, cuando me encontré con mi primer escollo. El papá venía de un viaje de trabajo de una semana y estaba para el arrastre. Con unas ojeras de vampiro me informó de que con él no contará. No pasa nada. Todavía me quedaban los niños, pero ambos estaban muy entretenidos con lo que tenían entre manos y también me dejaron tirada. Un pelín decepcionada por la poca aceptación decidí aplazar la oferta hasta la tarde. A lo mejor les pillaba más animados.

Después de comer me animé y volvía a sugerir el plan, pero tanto Raúl como Daniel proclamaron su cansancio agotador por toda la casa y se negaron a poner un pie fuera de casa. Deprimida y ya con pocas esperanzas decidí trasladar de nuevo el plan hasta la mañana del domingo. Y como compensación a tan triste negativa de mi familia decidí que me merecía una siesta. Nada más meterme en la cama y taparme hasta la nariz noto que algo salta sobre mí y me dice muy feliz: "Mamiiiii, yo zi quiero ir a la feria". Loca de contento salí de la cama, vestí al benjamín de la familia, me vestí, preparé una mochila con los "por si acaso" (por si acaso se hace pis, por si acaso tiene sed, por si acaso tiene hambre...) y nos despedimos de los dos rajados de la familia.

Llegamos a Recoletos sin incidentes y enseguida encontramos los stands. Lo primero que llamó la atención de Iván fueron las estatuas y réplicas de animales que fuimos encontrando. Al que pillaba por banda le preguntaba por la figura de turno y si se podía acariciar. Y la gente de los puestos le respondía encantada.

En cuanto vio la exposición de fotos de lobos se le iluminaron los ojitos: "El lobo feroooooz" gritó mientras corría hacia los paneles. Pero en cuanto estuvo un poco cerca se paro en seco porque alguno de los animalillos inmortalizados daban bastante respeto.

Pronto encontramos un stand con actividades infantiles. Allí le pintaron de tigre, hizo un nido con sus huevos y todo y le hicieron un buho en papel para que lo pintara, pero el chiquitín me lo dio para que lo guardara en el bolso y decidió que ya lo pintaría en casa, que allí habían muchas cosas intersantes que hacer como para ponerse a pintar. Los chicos de los talleres eran encantadores e iban disfrazados de formas muy originales: pavo real, vaquero, india... Pero la que consiguió que Iván venciera su timidez fue la que llevaba el disfraz de Angry Birds. ¡Viva el marketing!

Por mi parte, fui recopilando información sobre rutas y talleres sobre la naturaleza la mar de interesantes para hacer este verano o cuando surja la oportunidad. Tenían muchísima oferta y muy variada: observación de animales salvajes, de huellas, taller de cavernícolas, rutas de todas clases, campamentos... El paraíso del amante de la naturaleza.

Nos subimos a una torre de ocho metros que habían montado para que que quien quisiera probara productos de diferentes marcas de dispositivos fotográficos y de observación. Nosotros miramos por los telescopios, pero me daba miedo tocarlos y cambiarlos de posición así que no logramos pillar ningún pájaro habitante de los árboles de la castellana. Menos mal que tenían reproducciones de un búho y un pájaro de muchos colores colgados en la torre y mi niño fue feliz al descubrirlos.

Para convencerle de que bajara de la torre, le tenté con ver una exposición de fotos de National Geographic en la que había avistado de reojo unos pingüinos. El chiquillo bajó los escalones de dos en dos, se lanzó hacia la fuente, miró fijamente el agua un rato y me preguntó, por fin, ¿dónde están los pingüinos? A mí me entró la risa tonta al imaginarme a una familia de pingüinos viviendo en una fuente de Madrid.

Le saqué de su error y le conduje a la exposición. ¡Le encantó! la recorrimos por lo menos tres veces y me hizo volver de nuevo antes de irnos a casa. Allí conocimos a Picozapato, un ave que tiene el pico con esa forma; al pájaro Sol, un colibrí; al Casuario, el ave más peligrosa del mundo por sus potentes patadas y sus garras afiladas, al Frailecillo, que enamoró a Iván porque tiene un peluche de este animal que le trajo su papá de un viaje de trabajo que hizo a Islandia; los famosos pingüinos, por supuesto, y muchos pájaros más.

Durante toda la visita no paró de recordarme que Daniel nos había dicho que le lleváramos un recuerdo, así que le eché el ojo a unas camisetas preciosas de animales (Biochapas) e Iván me dio el visto bueno muy entusiasmado. El peque eligió una de un lobo y para Daniel le elegí yo la del zorro, que, además de que el animal era monísimo, el color era naranja, uno de los preferidos de mi hijo mayor. El peque estaba tan emocionado con su camiseta que me hizo ponérsela inmediatamente. Y al día siguiente también me la pidió.

Cuando volvimos a casa y contamos tantas maravillas el mayor se arrepintió muchísimo de no haber ido y se cogió una pequeña rabieta. Con mimos y mucha paciencia le hice entender que él había elegido no ir, que yo no iba a obligarlo y que le podía llevar al día siguiente que aún estaban. Pero el papá se puso firme y no me dejó llevarlo para que entendiera que había que aceptar las consecuencias de nuestras decisiones. "En la próxima edición nos apuntamos nosotros también y ya está" Se ve que él también se arrepintió de no ir, a pesar del cansancio.

A Daniel se le quitó el sabor amargo por lo que se había perdido con su camiseta del zorrito. ¡Le encanto!

Si queréis más información de las rutas, actividades, etcétera podéis ir al catálogo de expositores de la página web de la feria que aparecen todas las direcciones de las empresas y organizaciones que participaron

lunes, 15 de junio de 2015

Tonterías las justas

"¡A cenaaaar!" Daniel, como casi siempre, fue el primero en sentarse. Eso de comer es algo que siempre le ha gustado. "¿Qué hay de cenar? ¿Qué hay de cenar?" Pregunta relamiéndose por anticipado.

En cambio el pequeño se lo toma con calma. Algo en su expresión me dice que se avecina una de sus perretas frías, meditadas, maquiavélicas...

"Venga Iván. Que se te enfría la sopa" Le he dado en el clavo. Sé que es un plato que le encanta y veo como se acerca como quien no quiere la cosa y se desparrama sobre la silla.

"Siéntate bien que se te va a caer todo encima" Me mira con esos ojazos que tiene muy serio y me suelta la bomba: "Hoy voy a comer con los ojos cerrados" Sin perder un segundo los cierra, coge la cuchara, la llena y tira su contenido por donde le pilla con toda su mala idea.

"¿Qué haces?" le espeto sintiendo que mis niveles de paciencia se agotan rapidamente, "¿Lo vas a limpiar tú? ¿No? ¡Pues come con los ojos bien abiertos y con cuidado!". El peque no me hace ni caso y se prepara para repetir la jugada. Pero yo ya lo tenía previsto y con certero ademán le aparto el plato a la velocidad de la luz y sin derramar ni una gota. Iván vuelva a mirarme. Esta vez con el ceño fruncido y me quita el plato de malas maneras derramando un poco más de su contenido. "¿Vas a comer bien?" le pregunto con pocas esperanzas de que esto vaya a acabar bien. "¡No!" asegura cortante. "¡Pues no comes!" le amenazo yo volviendo a retirarle el plato. El chiquillo se lanza hacia su objetivo ciegamente, pero yo soy más grande, más fuerte y más rápida (por ahora). Me levanto y me dirijo a la cocina con paso decidido y el niño trotando detrás con ganas de dar guerra.

Levanto la tapa de la basura y le repito por última vez: "¿Vas a comer con los ojos abiertos y teniendo cuidado?", "¡Nooooo!" vuelve a contestar él cada vez más agitado. Si darle tiempo a reaccionar la sopa va directa al cubo.


"Nooooo" repite el chiquillo, pero esta vez llorando, "Nooooo" Y me mira con rencor. "Cuando te apetezca cenar con los ojos abiertos me avisas" le digo aparentando toda la tranquilidad del mundo mientras vuelvo a la mesa junto a Daniel, que no se ha atrevido a decir ni una palabra durante nuestra disputa.

El resto de la cena transcurre tranquilamente, conversando con el mayor mientras el pequeño juega con unos muñecos lejos de la mesa.

Cuando acabamos, nos lavamos los dientes y nos sentamos cómodamente para comenzar la hora del cuento. En esas estábamos los dos tan a gusto, cuando oigo trotar a Iván más que dispuesto a unirse. En cuanto asoma la nariz la advierto que el que no cena no tiene cuento. "Vaaaaale" me contesta, "Quiero cenar". ""¿Pero vas a cenar con los ojos abiertos y teniendo cuidado?" le pregunto desconfiada. "Vaaaaale" asegura él. Le sirvo el segundo plato y le dejo en el salón. "Avísame cuando acabes" le pido. "Vaaaaale".

Nos dio tiempo a leer tres cuentos hasta que el peque volvió a acercarse. "¿Ya has acabado?" "Síiiiiiii" "Pues a lavarte los dientes" Una vez aseados nos sentamos los tres para disfrutar del cuarto cuento, el primero para Iván. Alargué un poco la sesión para que el rebelde de la familia tuviera un rato relajado antes de irse a dormir. Algo que también alegró mucho al mayor. Pero llegó el momento de irse a dormir sin remedio y allá que me los llevé a los dos con sendas sonrisas en las caras.

¡Como si no hubiera pasado nada! En fin, Casi mejor.

domingo, 14 de junio de 2015

Premio Excellence

Natalia, de Qué vida más fácil, ha pensado en mi y me ha dado un alegrón con el premio Excellence. ¡¡Muchas gracias!! Que ilusión. Y encima me ha dedicado unas palabras preciosas. Y yo, que soy lo peor de lo peor, tardo casi un mes (Sí, ¡un mes!) en responder. No tengo perdón.

Tiene un blog de lo más interesante: recomendaciones chulas, rutas, visitas, curiosidades... ¡¡Me encanta!!

Ahora tengo que, en primer lugar, escribir lo que siento y mis motivaciones al recibir el premio. Felicidad porque Natalia se ha acordado de mí y me siento motivada a esforzarme más en la calidad de los contenidos (a ver si empiezo a releer los post antes de publicar ¿Verdad? A veces encuentro unas meteduras de gambaaaaa). En segundo lugar, poner la imagen del premio: ¡Listo también! Seguir al blog que te nomina: ya lo hacía jejeje

Y nominar a diez blogs. Allá voy:

Mamá Blogger
La Vera Donna
Animalitos tú y yo
Una bruja y sus dos sapitos
Pensamiento Divergente
La opinión de mamá
Una mamá sin mala leche
Princess and Owl Stories
La Guinda de Limón
La Jirafa

sábado, 13 de junio de 2015

El premio de la E

Volvemos a las andadas. Iván salió de clase con sendas Es dibujadas en cada moflete y clamando con alguna manualidad referente a tan respetada vocal. "Quiero un elefanteeeee" bramaba como si él mismo fuera uno. "Quiero un elefante para que me den el premio de la E" aseguraba con ojos de bambi. Y mamá le dibujó y recortó un elefantito con una E mayúscula y una e minúscula pintadas e el cuerpo. Me inspiré en el libro de "El elefante rosa" que les regaló Arahí,de Pensamiento Divergente (Vale, lo copié impunemente jajaja).

Iván lo miró y lo remiró embelesado. De repente frunció el ceño y me dijo: "No tenía que tener ninguna E, mamá. Sólo el elefante". Arreglamos el asunto con unos gomets redondos, plateados y brillantes que colocó entusiasmado donde mejor le parecio. "Ahora brilla mami. ¡Me van a dar un premio de la E!" Como les gusta a estos peques las coronas.

Porque en eso consistía el premio de E, igual que el que ya le dieron de la A, pero con una E mayúscula y otra minúscula como las que había puesto yo en el elefantito antes de que Iván las tapara a base de gomets plateados.

El niño estaba inmensamente feliz con su corona y eligió un lugar destacado del salón para que adornara y todo el mundo pudiera verla.

viernes, 12 de junio de 2015

La llamada

Estaba casi llegando al curso en el metro cuando, de repente, me sonó el móvil. Algunas zonas tienen cobertura y se ve que pasaba por una. Miré la pantalla y vi el nombre de mi marido. Lo cogí un poco preocupada. "Raúl, ¿Ha pasado algo con los niños?" fue mi saludo. "Mamaaaaa, mamaaaa" me llegó desde el otro hilo, "Soy Daniel, Daaaaanieeeeeel. No soy papáaaaaa". "Ya te oigo hijo. Estoy en el metro y a lo mejor se corta" le respondía un poco sorprendida. "Valeeeee. Mamáaaaaa, Iván está pegando a los gatos y papá no me hace caso. Yo no quiero que pegue a los gatos y te llamo para que llames a papá y le digas que haga algo" me explicó muy rápido. Cada vez más angustiada le pregunté que dónde estaba Raúl. "En el estudio, mami, pero no me hace casoooooo". Vale, vale ¿Y por qué no le hacía caso al niño y dejaba que Iván hiciera de godzilla? "Es que esta hablando con alguien y me ha dicho que me espere. ¡Tengo una "indea"! Vamos a hablar hasta que papá acabe". Me pareció una idea genial, pero antes le pedí que me pasara con el pequeño salvaje que por lo visto ahora se dedicaba a tirar todo por los aires, según el mayor, que me retransmitía la jugada cada vez más emocionado.

"Vaaaale" me contestó mi niño cuando le dije que me pasara con el otro, "Iván, Iván. Es mamá" "....." "Mami, le ha pegado un puñetazo el móvil. No se quiere poner. Ahora está tirando los libros... ¡Iván, eso no se hace!... Mámá tienes que hacer algo" ¡Y qué quería que hiciera desde la otra punta de Madrid!" Le aclaré, conteniendo el aliento, que tendríamos que esperar a que el padre terminara de hablar y tomara cartas en el asunto. "Valeeeeeee. Pues hablamos nosotros. ¿Has visto que puedo usar solito el móvil? ¿Lo has visto? Te he llamado yo solito. Ya me podéis dejar un móvil cuando queráis"¡Vaya listo! No tiene seis años y ya anda pidiéndonos un móvil . ¡La que nos espera! Evidentemente le dije que eso en sus sueños, pero en la realidad todavía quedaba muuuucho, muuucho tiempo para que pusieras sus manitas sobre uno. "¿Cuando cumpla ocho?..." y ahí se cortó la comunicación dejándome en ascuas de si iba a tener casa cuando volviera o si Iván la iba a desmantelar entera, si Daniel nos iba a engrosar la factura del móvil hasta límites insospechados y preguntándome con quien demonios hablaba Raúl tan despreocupadamente. Aunque sabía que el móvil lo tenía mi benjamín, le puse un whatsapp a mi marido con la esperanza de que antes o después los vería y me dejaría tranquila con respecto a todo lo que de acababa de plantear.

Fue bastante después. Desde luego no se dio prisa, no. Resulta que estaba en una videoconferencia del trabajo. Cuando acabó con su reunión los dos bichillos se llevaron un buen rapapolvo. Parece que Daniel no había llamado a nadie más y se había dedicado a hacer fotos alegremente y que Iván no había roto nada en su perreta destructiva. Menos mal.

Por lo menos nos ha quedado claro que Daniel es un niño con recursos.

jueves, 11 de junio de 2015

Ejercitando la psicomotricidad fina

Mis chicos no tiene mucha fuerza en los dedos. Por lo visto es normal. Los niños cada vez desarrollan antes la inteligencia y más tarde la psicomotricidad. Así que cuando leí el post Mommy's tales sobre el tema me entraron unas ganas terribles de poner en práctica todas las actividades que propone.

Ahora tengo menos tiempo para estar con ellos y prepararles actividades, pero éstas son tan sencillas que tampoco necesité mucho que preparar. Un ratito que les vi sin hacer nada este fin de semana, les propuse ejercitar los dedos. Como han dejado claro que ellos el ejercicio lo adoran. Enseguida les enganché, aunque Iván se me descolgó por el camino ante un juguete muy atrayente. Daniel se sentó expectante y empezó a emocionarse al ver la de cosas que le ponía delante.

Le dije que íbamos a hacerlo por niveles de dificultad. Primero usaríamos el vaso para escurrir cubiertos que está lleno de agujeros y resulta que es el mismo que el que aparece en el post de mommystales. La di pajitas de colores y le animé a insertarlas. Se pus a ellos muy contento, pero no le resultaba fácil acertar. Cuando vi que empezaba a desanimarse le propuse hacerlo juntos y eso ya le gustó mucho más. Enseguida le cogió el truco y le dejé sólo de nuevo, pero no habían pasado dos minutos cuando vino a pedirme pasar al segundo nivel.

Le di limpiapipas y le dije que tenía que hacer los mismo, pero ahora con el nuevo material. Tenía que habérselo dado en el primer nivel porque se le dio mucho mejor. Tampoco le duró mucho el entretenimiento y ya me pedía el tercer nivel. Mientras le sacaba el el escurridor de pasta le encontró otra utilidad lúdica a los limpiapipas. Cuando regresé al comedor se lo estaban pasando pipa él y Missi. Le di el escurridor y le animé a insertar unos hilos de plásticos largos de los que se usan para hacer pulseras. "Es como coser" exclamó entusiasmado y se puso a ello muy contento.

Al rato me lo veo en la habitación de los juguetes tan feliz. "¿Y el entrenamiento de dedos?" le pregunto sorprendida. "Ya me he cansado, mami" Pues nada que juegue feliz. Cuando fui a recogerlo todo me encontré con que Iván había tomado el lugar de su hermano y ensartaba pajitas y limpiapipas en el escurridor de cubiertos tan alegremente. Le dejé hacer y me dejé de niveles y reglas. Cuando se cansó también el pequeño recogí todo.

Seguramente volveré a repetir la actividad porque al rato Daniel me pidió el escurridor de cubiertos y los limpiapipas de nuevo, pero no pude satisfacer su deseo porque lo estaba usando en la pila.

miércoles, 10 de junio de 2015

Un bibliotecario infantil con poca vocación

Existe un personaje en la sección infantil de la biblioteca a la que vamos, que no cambia el gesto adusto de su semblante por una sonrisa jamás, mira a los niños con desaprobación y a los padres con desprecio. Pasea su triste figura entre los estantes y no pierde la oportunidad de criticar, reñir y tocar las narices a todo el que pilla. En vista de esta actitud tan negativa he llegado a la conclusión que a los mejor este señor no es el más adecuado para realizar una labor de bibliotecario en la sección infantil.

Normalmente le ignoro, pero esta vez colmó el vaso y yo, que suelo ser amable con todo el mundo, le dediqué mi mirada envenenada más ponzoñosa y mi tono de voz más seco y cortante. Confieso que ni le había visto pulular cerca, mientras mi niño más pequeño y yo disfrutábamos de un libro de animales depredadores con unos pop ups alucinantes. Lo estábamos leyendo por tercera vez cuando oigo su agria voz a mis espaldas: "Mucho cuidado con ese libro hum hum". ¡Cómo si lo estuviéramos tratando mal! Por qué cree que lo estábamos leyendo juntos. Vigilo a mi hijo para que no se emocione y algún trozo de papel salga perdiendo. En mi casa nos gustan los libros y los cuidamos. Le ignoré y seguimos a lo nuestro. 

Mis hijos tiene muy claras las normas de la biblioteca. A veces les puede el entusiasmo y acaban hablando en voz alta, pero para eso estamos su padre y yo. Para recordarles dónde estamos. No todos los padres son tan estrictos, pero teniendo en cuenta que es la sección infantil veo normal algo de jolgorio. Así que encuentro insufribles sus "chisssst", "Silencio", "Ssssss"... Pero también se los pasé por alto.

Cuando ya habíamos elegido un buen montón de libros para hacer más divertida la hora del cuento, les dijimos a los niños que fueran a la mesa de recepción para sacarlos. Daniel estaba muy ilusionado por sacar uno en concreto, se olvidó por un momento en dónde estaba y fue corriendo hasta el mostrador. El energúmeno en cuestión le heló la sangre con sólo una mirada y le escupió: "Aquí no se corre" con toda su mala baba. El peque, que suele ser muy resuelto, se puso blanco, dio media vuelta y se escondió a mis espaldas. Alucinada estaba. Le dije que se entretuviera admirando una preciosa exposición de cajas decoradas que tenían en la puerta y que ya cogía yo los libros. 

En cuanto me vio acercarme con los ojos echando chispas, se levantó y se puso a hacer el tonto para no atenderme. Pero ahí me quedé yo alimentando mi odio hasta que se dignó a sentarse de nuevo después de su paseo estúpido removiendo papeles de un lugar a otro sin orden ni concierto. "¿Quiere algo?" tiene la desvergüenza de decirme, "Un huevo frito, no te fastidia" pensé. De un empujón seco acerqué los libros hacia él, "Para devolver" le dije con un tono de voz que cortaba el aire. Sin decir ni mu, los pasó por la máquina. Muy digna le tiré el carnet casi a la cara (os aseguro que lo hice, me quedé flipada de mi falta de autocontrol), le puse el otro montón de libros delante y le dije "para coger" retándole con la mirada a que se le ocurriera exigir que viniera mi hijo mayor en persona a recogerlos (No es la primera vez que nos exigen que el titular tiene que ser la persona que recoja los libros). No lo hizo. Algo de luces tiene. 

Cogí los libros muy enfadada y tiré la mitad al suelo. Jurando en arameo los recogí, los guardé en la mochila y no me fui dando un portazo porque la puerta estaba abierta. Mi marido me dio la razón en todo y me aconsejó que lo ignorara como siempre hemos hecho, pero ese día pasó la raya. Y se ha ganado una enemiga. Por supuesto, no tiene nada que temer de mí, pero para él voy a ser siempre la persona gruñona y malencarada que se encontró este sábado.